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Full text of "Los pueblos hispanoamericanos en el siglo XX"

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LOS  PUEBLOS 
HISPANOAMERICANOS 

EN    EL    SIGLO    XX 


LOS  PUEBLOS 


HISPANOAMERICANOS 


EN    EL    SIGLO    XX 


LOS  PUEBLOS 

HISPANOAMERICANOS 

EN  EL  SIGLO  XX 


POR 


Ricardo  Beltrán  y  Rózpide 

DB  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA 
T  BIBLIOTECARIO  DB  LA  REAL  SOCIEDAD  GEOORAPICA 


1901—1903 


-(Refundición  y  ampliación  de  las  «Hevistas  hispanoamericanas»  publicadas 
por  el  autor  en  La  ilustración  Artística^  de  Barcelona). 


^ 


MADRID 

IMPRENTA    DR    ADMINISTRAOIÓlf   MILITAR 
1904 


í  ' 


PRÓLOGO 


En  Noviembre  de  1900  se  reunió  en  la  capital  de  EspafSa 
el  Congreso  hispanoamericano.  Era  un  esfuerzo  más  para 
estrechar  relaciones  entre  los  españoles  de  Europa  y  de 
América. 

En  uno  y  otro  lado  del  Atlántico,  los  hombres  de  raza 
y  de  lengua  espaüolas  sienten  la  necesidad  de  fortalecer 
vínculos  que  consoliden  los  lazos  ya  creados  por  la  natu- 
raleza y  por  la  historia. 

Los  hispanoeuropeos— como  decía  en  pública  confe- 
rencia un  ilustre  escritor  (1) —  tienden  á  modernizar  sus 
puntos  de  vista  sobre  América  y  parecen  dispuestos  á 
adoptar  una  vida  externa  más  amplia,  que  les  permita  re- 
cibir la  ayuda  de  los  pueblos  hispanoamericanos. 

Los  hispanoamericanos,  cuya  población  se  refuerza  de 
continuo  con  el  elemento  hispanoeuropeo  mediante  inmi- 
gración constante  de  espaüoles,  ya  no  sólo  por  fraternal 
afecto  á  los  hombres  de  su  raza^  sino  por  interés  propio 
nacional,  desean  intimar  de  cada  vez  más  con  esa  Madre 
patria  que  aun  les  envía  sus  hijos  para  labrar  las  fértiles 
extensas  tierras  del  Nuevo  Mundo  y  para  constituir  en 
ellas  nuevos  hogares  v  nuevos  centros  de  aciividnd  eco* 
nómica. 


(1)    D.Matías  Atonso  Orlado,  en  la  8eBi6ü  de  la  Bocl<.Ml«d  Oeogrdñaa  á& 
Madrid  el  20  de  Dkíemhic  de  1900. 


LOS   PUEBLOS  HISPANOAHBRICANOS 


El  fin  á  que  se  aspira  por  una  y  otra  parte,  el  objeto 
que  perseguimos  aquí  y  allá,  es  un  ideal  que  seguramente 
puede  realizarse  á  condición  de  que  unos  y  otros  ponga- 
mos en  tan  grandioso  empeño  toda  nuestra  voluntad,  y 
perseveremos  en  él  sin  desmaj'os  ni  vacilaciones. 

Hasta  ahora,  y  en  cuanto  á  nosotros  los  hispanoeuro- 
peos,  el  esfuerzo  es  débil  é  inconsistente.  Xo  hay  en  los  que 
¿obíernan,  en  los  que  dirigen  la  vida  internacional,  poli 
tica  bien  definida  que  rija  nuestras  relaciones  con  los  Es- 
tados republicanos  de  la  América  española,  y  subsisten  en 
gran  parte  los  obstáculos  que  dificultan  el  tráfico  y  las  co- 
municaciones entre  aquéllos  y  España.  Xo  tenemos  en  esta 
materia  hombres  de  gobierno  con  principios  fijos  é  inicia- 
tivas propias. 

Xo  ha  habido  tampoco,  en  sazón  oportuna  — doloroso  es 
decirlo—,  opinión  hecha,  sólidamente  arraigada  en  la  con- 
ciencia del  pueblo  español,  respecto  á  la  capital  importan- 
ci.i  que  para  todos  tenia  y  tiene  la  comunidad  de  intereses 
entre  las  gentes  de  nuestra  raza.  Admiramos  y  envidiamos 
al  anglosajón:  pero  no  hemos  sabido  tomar  en  él  ejemplo 
y  enseñanza. 

Ahora,  en  estos  últimos  años,  como  sentimos  la  impe- 
riosa necesidad  de  dar  mayor  amplitud  á  nuestra  vida  na- 
cional y  de  vivir  acordes  con  los  pueblos  modernos,  de 
Vv  z  en  cuando  se  producen  movimientos  de  opinión  lavo- 
r.,Mes  al  desarrollo  de  nuevas  y  más  activas  y  fecundas 
re-aciones  cor.  An^.érica.  Xo  hay.  sin  embargo,  constancia 
en  esos  movi:n:en:os.  Hubimos  menester  de  un  gran  Cen- 
ivnario.  el  de  :S^J,  para  convocar  á  nuestros  hermanos  de 
iil^ende  ei  Oce.ir.o  en  magnos  Congresos:  preciso  fué  que 
nvs  expuls.ir.m  de  tierra  amerio.ma  para  quo  volviéramos 
¿"i  pensar  en  '..»  .  bra  iniciac.i  seis  años  antes. 

Hi  recutri-  ¿e  pasadas  grandezas,  el  dolor  do  ].-,>  pre- 
^enie>  des¿r.^c.¿s.  \a  devconnanza  en  lo  porvenir,  ni  s  hi- 


cieron  fijar  con  mayor  insistencia  la  atención  en  los  pueblos 
españoles  de  América,  y  presumimos  entonces  que,  me* 
díante  comunidad  de  intereses  y  trato  más  íntimo  con  las 
jóvenes  naciones  que  aquéllos  han  formado,  seria  empresa 
posible  y  relativamente  fácil  espaciar  Jos  estrechos  hori- 
zontes que  limitan  ahora  nuestra  vida  exterior. 

Si  tal  presunción  tiene  fundamento,  si  efectivamente  el 
porvenir  ofrece  nuevos  y  prósperos  destinos  para  la  raza 
española  á  condición  de  unirnos  todos  con  el  mutuo  interés 
de  contrarrestar  el  predominio  absorbente  de  otras  razas, 
fuerza  será,  repito,  perseverar  en  el  propósito. 

No  bastan  ráfagas  de  entusiasmos  retóricos.  Hay  que 
normalizar  la  corriente.  Res,  non  verba. 

Muy  meritoria  lué  la  tarea  de  aquellas  Asambleas  con- 
vocadas por  iniciativa  de  ilustres  Corporaciones.  Elocuen- 
tes discursos  se  oyeron,  y  adoptáronse  acuerdos  que,  He* 
vados  á  la  pt;áctica,  habrían  de  aproximarnos  ciertamente 
al  ideal  que  perseguimos. 

Pero  la  eficacia  de  esos  trabajos  pierde  virtud  y  fuerza 
porque  no  se  persevera  en  ellos.  Durante  unos  días»  las 
tdeas  expuestas  en  Congresos  ó  Asambleas  de  la  raza  es- 
pañola se  imponen  á  todos  tos  ánimos^  con  entusiasmo  se 
habla  en  todas  partes  de  la  labor  del  Congreso^  y  la  prensa 
llena  sus  columnas  con  extractos  de  conferencias  y  discur* 
sosj  y  elogios  á  los  oradores.  Después,  el  olvido  ó  la  indife- 
rencia. La  impresión  se  borra,  los  entusiasmos  se  apagan, 
j  de  nuestra  América,  de  la  América  española,  nada  nos 
dice  esa  misma  prensa,  como  no  sea  alguna  que  otra  noti- 
cia transmitida  desde  París  ó  Londres  por  las  agencias 
telegráficas. 

Si  es  cierto  que  entre  las  gentes  y  razas  del  mundo  son 
las  de  la  América  española  las  que  más  estimamos,  porque 
un  mismo  origen  tenemos,  y  con  ellas  viven  y  á  confun- 


I-.08    FUKBLOS   HlSrAKriAMKIíICAXAS 


dirse  con  ellas  van  millares  de  compatriatas  nuestros,  san 
imperdonables  la  indiferencia  ó  el  olvido. 

Nuestra  literatura  y  nuestra  ciencia»  nuestra  prensa 
periódica,  deben  tener  como  predilecto  tema  de  inspira- 
ción, de  estudio  y  de  información  la  vida  social  y  polftica 
de  los  pueblos  hispanoamericanos.  Lo  que  allí  sucede  ha 
de  importamos  é  interesamos  mucho  más  que  lo  que  acon- 
tezca en  Rusia  ó  en  el  Celeste  Imperio. 

Los  hispanoamericanos  y  los  españoles  que  residen  en 
América  son  más  consecuentes  que  nosotros.  Tienen  siem- 
pre la  vista  fija  en  España,  y  sus  diarios  de  gran  circula 
ción  dedican  buena  parte  de  sus  planas  á  la  política  espa- 
ñola, á  nuestros  hombres,  á  nuestro  movimiento  científico 
y  literario.  Nos  conocen  allí  mucho  mejor  que  nosotros  á 
ellos.  Aquí,  ni  sus  periódicos  leemos.  Hay  en  Madrid  cen- 
tros á  que  concurren  las  personas  más  significadas  en  po- 
lítica y  de  mayor  prestigio  en  el  mundo  de  las  letras  y  las 
ciencias,  en  cuyas  bibliotecas  y  salones  de  lectura  no  se 
encuentra  ni  un  solo  diario,  ni  una  sola  revista  periódica 
hispanoamericana* 

La  historia  de  América,  la  geografía  americana»  no  se 
enseñan  especialmente  en  ningún  establecimiento  cienti- 
6co  de  España.  Sólo  hace  unos  cuantos  meses  que  se  creóla 
cátedra  de  Historia  de  América  en  el  Doctorado  de  la  Fa- 
cilitad de  Filosofía  y  Letras  de  la  Uni%*ersídad  Central.  En 
los  colegios,  en  los  institutos— como  hacia  notar  el  señor 
D.  Rafael  Calcada  en  la  hermosa  conferencia  que  pronun- 
ció ante  la  Sociedad  Geográfica  de  Madrid  (I)—,  los  libros 
de  texto  dedican  apenas  unas  líneas  al  estudio  geográfico  é 
histórico  de  las  grandes  nacionalidades  que  hemos  creado 
en  el  Nuevo  Continente. 


uclA  tabí^  U  fieitd^itlcn  Ariteoiuit  tn  U  «««idD  pÉblio&iIel  15  de 


Pitui^fKin 


De  esta  suerte,  impüsible»  ó  muy  difícil,  será  llegar  á  la 
intimidad  y  compenetración  que  se  proclaman  como  ideal 
de  raza  en  los  Cangresos  hispanoamericanos.  No  podrá 
tampoco  España  abrir  nuevas  corrientes  á  su  vida  eco- 
nómica, sí  prescinde  del  trato  y  comunicación  constantes 
con  los  mismos  pueblos  hacia  donde  pretende  dirigir  esas 
corrientes,  y  hacia  los  cuales  debemos  tender  nuestros 
brazos  en  demanda  de  filial  apoyo,  porque  la  gran  metró- 
poli de  América  ha  de  tener  más  necesidad  de  las  hijas  que 
éstas  de  la  madre.  Empiezan  á  vivir  cuando  nosotros  de* 
dínamos. 

Son  hechos  estos  que  nadie  puede  negan  Y  si  hay  que 
proceder  en  consonancia  con  ellos,  si  por  lo  mismo  tene- 
mos que  variar  el  régimen  de  vida,  no  basta  reconocerlo 
y  declararlo,  sino  que  es  preciso  ajustar  nuestros  actos  á 
las  nuevas  circunstancias  que  se  imponen,  » 


Para  intimar,  para  vivir  en  comunidad  de  ideas,  intere- 
ses y  aspiraciones  con  los  hispanoamericanos,  menester  es 
ante  todo  conocerlos*  Sun  muy  vagas  y  están  poco  genera- 
lizadas las  nociones  que  hay  entre  nosotros  de  aquellos 
pueblos,  y  conviene,  por  esto  mism^j,  divulgar  toda  clase 
de  datos  é  informes  que  sirvan  para  adquirir  cabal  cono* 
cimiento  de  lo  que  han  llegado  á  ser  en  nuestros  días  las 
Repúblicas  americanas  de  origen  español,  y  de  los  elemen* 
tos  de  riqueza  y  consiguiente  prosperidad  que  hay  en  ellas, 
elementos  cuya  explot'ación  6  desarrollo  apenas  empieza, 
y  de  valor  tal,  que  fundamenta  la  opinión  de  los  que 
añrman  que  el  porvenir  de  América  no  es  de  los  anglo- 
sajones, sino  de  la  raza  española* 

Esos  anglosajones,  mejor  dicho^  esa  mezcolanza  étnica 
que  forma  la  población  de  los  Estados  Unidos  del  Norte, 
vive  Con  demasiada  rapidez  y  está  más  cerca  del  ñn*  Razas 
y  pueblos  evolucionan  para  ir  ganando  estados  superiores 


10  LOS  PUEBLOS   HlSFANOAMBUiCANOS 

en  todos  los  órdenes  de  la  vida,  para  perfeccionar  y  robus- 
tecer su  organismo  social  y  político.  Pero  jamás  alcanza 
la  evolución  desarrollo  completo;  la  revolución  ó  la  diso- 
lución lo  impiden,  y  pueblos  y  razas  desaparecen,  se  trans- 
forman ó  pierden  su  propia  individualidad.  Los  Estados 
Unidos  han  de  disgregarse  y  morir  cuando  aún  estén  en 
los  principios  de  su  evolución  las  naciones  hispanoameri- 
canas, cuyo  desarrollo  és  mucho  más  lento. 

Ya  no  tenemos  misión  ninguna  que  cumplir  en  el  Viejo 
Continente.  Ni  un  palmo  de  terreno  conservamos  en  Asia 
ni  en  Oceanía.  Aún  se  oye  nuestro  idioma  en  el  confín  oi'ien- 
tal  de  Europa  y  en  Asia,  pero  lo  hablan  gentes  de  otras 
razas.  En  África  nos  han  cerrado  todos  los  caminos  de  ex- 
pansión. Sólo  en  América  quedan  los  nuestros,  las  nacio- 
nalidades de  nuestra  raza  y  nuestra  lengua ,  los  retoños 
vigorosos  del  antiguo  imperio  español. 

Cuando  la  España  europea  acabe,  aún  será  joven  y  ro- 
busta la  España  americana;  acaso  tendrá  la  preponderan- 
cia en  el  mundo  occidental,  y  quién  sabe  si  estas  tierras  de 
la  vieja  Europa  se  habrán  convertido  en  colonias  ó  protec- 
torados de  América,  como  hoy  lo  son  de  potencias  euro- 
peas algunas  de  las  que  en  pasados  siglos  pertenecieron  á 
poderosos  imperios  orientales.  La  civilización  y  el  cetro 
del  mundo  siguen  el  camino  aparente  del  sol. 

Deber  es,  pues,  de  todos  los  espaiioles~de  los  que  rigen 
el  gobierno  y  la  administración,  de  los  que  más  ó  menos 
directamente  influyen  en  la  vida  económica  del  país,  de 
todas  las  corporaciones  científicas,  de  la  prensa  que  tanto 
enseña  y  tanto  mueve  y  encauza  la  opinión— cooperar  con 
esfuerzo  decidido  y  empeño  tenaz  y  perseverante  en  la 
obra  genuinamente  española  de  difundir  y  vulgarizar  el 
conocimiento  entre  nosotros  de  los  países  hispanoamerica- 


i 


PKÓLOGO  11 


nos,  demostrando  así  á  éstos  el  buen  aprecio  que  hacemos 
de  todo  lo  suyo  y  el  interés  vivísimo  que  tomamos  en  su 
prosperidad  y  engrandecimiento. 

En  empeño  tan  noble  y  tan  grandioso  por  la  magnitud 
y  excelencia  del  fin  á  que  se  dirige,  pongo  mi  modesto 
concurso. 

Consignaré  los  hechos  de  índole  varia  y  de  mayor  re- 
lieve acontecidos  en  aquellos  países,  y  expondré  informes 
y  juicios  sobre  la  política  hispanoamericana  en  general  y 
sobre  la  situación  interior  y  relaciones  exteriores  de  cada 
Estado. 

Podrán,  así,  considerarse  las  páginas  que  siguen  como 
sucinta  narración  y  crítica  de  los  acontecimientos  más  no- 
tables en  la  vida  contemporánea  de  los  pueblos  hispano- 
americanos. 

Madrid,  Bnero  de  1901. 


t 


CUBA 


I 

La  interTención  yinaui  (1),— El  céneo  de  población. —Necesidad  de  repoblar 
Ib  isla,— La  i  d  mi  gr  rae  ion  española.  — Valor  del  elemento  español  en  Ouba.— 
Loa  parbidarioe  de  la  anexión  á  loe  Estados  l^oidoB. 

Al  comenzar  el  afio  1901  estaba  Cuba  bajo  la  administraciÓD 
de  los  Estados  Unidos  norteamericanos.  Era  Gobernador  ge- 
aeral  militar  Leonardo  Wood. 

La  Asamblea  oonstitnjente  se  babía  reunido  el  5  de  Noviem- 
bre de  1900,  el  21  de  Febrero  de  1901  se  aprobó  la  Constitución 
y  el  20  de  Mayo  de  1902  Wood  bizo  entrega  del  Gobierno  al 
primer  Presidente  de  la  nueva  República  de  Cuba,  Tomás  Es- 
trada Palma. 

Durante  el  período  de  intervención  hablase  hecho  el  censo 
de  la  isla.  El  Gobierno  de  Washington  encomendó  los  primeros 


{1)  nomo  es  sabidOt  no  bay  vocablo  que  exprese  la  gente,  Dación  d  patria 
A  que  pertenecen  los  cíuda^anoB  de  loa  Bstados  ÜDidos  de  América.  AmvHca- 
ttoi,  como  eilofl  se  diceti  y  se  tes  llama  también  en  Europa  y  bosta  en  América, 
ea  voz  impropia,  pues  americanos  son  todos  loe  ciudadanoa  lie  la»  demás  Re- 
públicas del  Nuevo  Mondo.  Norteamericano,  angloamericano  y  yanqui  no  son 
tampoco  rleaomínacíonea  rigurosamente  propias,  pero  al  menos  señalan  con 
alguna  mayor  precisión  la  especie  de  hombres  de  que  se  trata. 

Recientemente,  algunos  yanquis  han  Unirlo  la  peregrina  idea  de  propo- 
ner que  se  adopte  para  designarlos  la  palabra  r«o<?  6  usona,  formada  por  las 
tuiciales  del  nombre  de  su  República  ( ÜAittá  Siaíes  of  Am9ri€a  ó  United  States 
oí  ?íorth  America  I, 


14  LOS   PUEBLOS  HISPANOAMBRICANOS 

trabajos,  los  de  mayor  empeño  y  difícaltad,  á  naturales  del 
país;  «el  nuevo  censo— había  dicho  el  Teniente  Coronel  yanqui 
encargado  de  dirigirlo — va  ¿  demostramos  la  aptitud  de  los 
cubanos  para  cumplir  un  importante  deber  cívico».  Y  cubanos 
y  cubanas— que  ellas  también  tomaron  parte  en  las  operaciones 
del  censo — cumplieron  bien.  Hubo  agentes  que  necesitaron 
hacer  verdaderos  viajes  de  exploración,  acampar  bajo  tiendas 
y  vivir  de  la  caza. 

Aquella  administración  es  m&s  activa  y  expedita  que  la 
nuestra.  El  16  de  Octubre  dé  1899  se  emprendieron  los  trabajos, 
y  en  fin  de  Noviembre  todo  estaba  terminado  en  la  isla.  En  6  de 
Enero  de  1903  se  enviaban  A  Washington  los  boletines  ó  pa- 
drones, el  31  del  mismo  mes  se  conocían  ya  los  resultados  ge- 
nerales, á  fines  de  Agosto  empezó  la  impresión  del  censo  com- 
pleto y  en  Diciembre  se  publicaba  grueso  volamem,  en  español 
é  inglés,  con  mapas,  diagramas,  fototipias,  etc. 

Cuba,  con  la  isla  adyacente  de  Pinos,  tiene  1.572.797  habi- 
tantes, es  decir,  58.890  (1)  menos  que  en  1887.  La  guerra,  pues, 
ha  reducido  la  población  en  un  3*6  por  100. 

El  67  por  100  de  los  habitantes  son  blancos  (910.299  cubanos 
y  142.198  extranjeros);  el  38  por  100  de  color  (234.638  negros, 
270.805  mulatos  y  14.857  chinos). 

Hay  57.613  varones  más  que  hembras.  El  exceso  corresponde 
á  los 'distritos  rurales,  pues  en  las  ciudades  predominan  las 
hembras. 

Ningún  país  ofrece  proporción  tan  reducida  de  niños  meno- 
res de  cinco  años.  Entre  1894  y  1899  nacieron  menos ,  y  de  los 
nacidos  murieron  más  que  en  los  años  anteriores.  Se  calcula  que 


1)  El  Informe  »obre  el  Cento  de  Cuba  (edic.  española,  páp.  77^  consigna  como 
resultados  de  los  censos  de  1887  y  18í>9  los  totales  de  1.63Lfi87  y  1.572.7^7  res- 
pectiTamentc.  y  añade  que  «al  comparar  la  población  total  que  resulta  de 
estos  dos  r^onsos  se  ve  que  la  pérdida  sufrida  dorante  los  doce  años  ascendió 
á  59.84-2..  No  nos  explicamos  tal  error  aritmético,  y  consignamos  la  verds- 
deradife'-'Tscia. 


hay  100.000  niüoB  menos  que  los  que  debería  haber,  dada  la  firo- 
f>orción  que  con  las  deináa  edades  se  observa  en  otros  países. 

Los  habitantes  de  Cuba  nacidos  en  países  extranjeros  son 
172.535  (142,153  blancos,  15.768  negros  y  nanlatos  y  14.614  chi- 
nos) El  74'9  por  100  del  total  de  extranjeros,  ó  sea  129.240,  son 
españoles*  Hay  6^444  y&nqnis. 

No  sabe  leer  el  64  por  100  de  la  poblacidn  j  sabe  leer,  pero  no 
U  tscrlbir^  el  2  por  100.  Excluyendo  los  niños  menores  de  diez  añog^ 
*Ía  (íroporción  de  los  analfabetos  se  reduce  á  57  por  100>  Un  he- 
cho curioso  es  que  entre  los  negros  que  saben  leer  hay  raáa 
mnjeres  que  hombres. 

Es  interesante  también  la  siguiente  clasifícación  de  Íos417»993 
cjadadanos  de  edad  electoral,  6  sea  mayores  de  veintiún  años; 

De  los  290.!)05  oubanoe^  suben  leer  y  escribir  114446,  ó  sea 
89*23  por  too. 

De  los  9.500  ciudadanos  nacidos  en  España,  leen  y  escriben 
|L2^,  6  sea  el  W7fi  por  100. 

De  los  T*5.6(i9  ciudadanos  en  suspenso-^españoles  (|UB  en  la 
fecha  del  censo  no  habían  resuelto  si  permanecían  siendo  8ál>- 
ditos  de  España  ó  tomaban  la  ciudadanía  cabana— saben  leer  y 
escribir  mM^^  esto  es,  el  76'77  por  100. 

De  los  ciudadanos  extranjeros  ó  de  origen  desconocido,  que 
son  en  total  40.919,  leen  y  escriben  13.»a'>,  el  34'18  por  100. 

De  los  18  términos  municipales  que  cuentan  mis  de  20.000 
almas,  ha  aumentado  la  población  en  la  Habana,  Cienfiiegos, 
Puerto  Príncipe,  Pinar  del  Río,  Holguin,  Guantánamo,  Carde- 
ñas,  Baracoa,  Sagua  la  Orande,  Gibara  y  Bayamo;  ha  dis- 
minuido en  Santiago  de  Cuba,  Matanzas^  Manzanillo,  .Santa 
Glata^  Sanctí  Spíritng,  Trinidad  y  Guanabacoa,  El  total  au- 
mento en  las  fíiiraeras  es  de  lOQ.OíX)  en  cifra  redonda;  la  dismi- 
nación  en  las  segundas  suma  48.000,  Hay,  pues,  una  diferencia 
de  52.000  á  favor  del  aumento  de  población  en  las  grandes  aglo- 
meraciones urbanas.  La  Habana  ha  ganado  41  .^^íV)  liíihirrintr*^ 
Cienfnego*  18.000,  Pnerto  Prmdpe  12.000. 


]ÍÍ  LOH    PUKBTiOS   1IISPAN0AMRK1CA>Í0S 


La  mayor  pérdida  corresponde  á  Santiago  de  Cuba  y  á  Ma- 
innisaEi,  que  tienen  14.000  y  11.000  habitantes  menos,  respeoti- 
vamente. 

En  cuanto  i  la  producción  agrícola  y  al  estado  de  los  cul- 
tivos, los  resultados  del  censo  fueron  desconsoladores. 

El  área  tot>al  de  las  60.710  fincas  de  labor  que  hay  en  la  isla 
era  de  Í262.858  caballerías ,  ó  sea  8.600.000  hectáreas;  pero  sólo  &• 
cultivaba  la  décima  parte,  27.082  caballerías  (1),  unas  860.000 
hectáreas,  esto  es«  el  8  por  100  de  los  11.800.000  hectáreas  que 
tiene  la  superficie  de  Cuba.  £1  resto  de  las  tierras  yacían  aban- 
donadas é  improductivas  por  falta  de  brazos. 

En  l8W>/sin  contar  la  provincia  de  Puerto  Principe,  de  la 
que  no  trae  datos  el  censo^  el  ¿rea  cultivada  era  de  41.791  caba- 
larías, es  decir,  una$  .VX>.000  hectáreas.  Contando  los  terrenos 
que  entonces  se  cultivasen  en  la  citada  provincia ,  resalta  que 
en  el  transcurso  de  cvtatro  años  llegaron  á  quedar  abandonadas 
CA.SÍ  la  mitad  de  las  tierras  que  antes  se  trabajaban. 

Oc*nfirmó.  pues,  el  censo  los  hechos  ya  conocidos  y  dio  razón 
v^.el  males^Uv  que  se  sentía  en  la  isla. 

Ref<*blar  Is^s  campos  de  la  Gran  An tilla  es  una  n^tce^dad 
imT^riosa.  Comprendiéndolo  asi,  sus  gobernantes  riroruran  fo- 
mentar la  inmigración  con  gent^is  que  hayan  probado  su  resis- 
r^noi*  V  sns  br.enas  a^tit-.^de^  para  las  faenaos  agri celias  y  para 
«-.port*T  los  ricores  de*,  o^.ima  cubano,  Y^as  ger¿tes  son  *ios  hom- 
bría or;nTídos  ae  tierra  española,  que  laoi^mer.re  se  oor.:unden 
oóT.  iu  -.^oVif.oiór.  íse  Cr.bfi  y  se  adar-t44ri  á  eV.h 

A  est-f-  T.-or-Asito  respondí,^  r.r,  oeoreto  .^e  ]h  Seo'.'f-rAría  de 
.A,críru -tnra.  .rcnsrrifi  y  Oomercio.  F;  Tesorr  ^e  ;a  isla  oe  Cnba 
■leh.f.  <..->Jveíir  los  gRstos  ene  .N**sior.>k^  1*  iriv.ic-rfi.-.oT.  áe  bra- 
oerr.>  :"  ñf  t».TT.  ':  íí-  i.r.^.-^e.^r.tes  ^e  \h  Ver.irr^^.-.f,  <>sr.í,fir.ifi.  Ba- 
■!Pí.-í^  ;  r.í.nr.:iíi.v  h  í  víerív<  ?:e  otVecfi  r.-fibr..-  ^eci;--  v -me.^oT 
TpiT    r    '^.'■\-  ■• '>»^  '-'r  f     ..fi-,s  ,1,-  ,-.vv^^r  . 


•?  r<  -7    ,. 


■^ 


CUBA 


17 


No  cabe  dada  que  el  medio  es  conveniente  y  político  desde  el 
panto  de  vista  de  los  intereses  de  Cuba  j  de  la  raza  española  en 
América.  Se  resuelve  el  problema  de  la  falta  de  brazos  y  se 
atrae  una  población  homogi^.nea;  se  refuerza  el  elemento  espa- 
ñol y  se  crea  para  lo  porvenir  mayor  obstáculo  á  la  política 
absorbente  de  los  anglosajones  de  América.  Favorece  también 
al  mayor  predominio  del  elemento  blanco  sobre  la  población  de 
color. 

Pero  las  circunstancias  en  que  esta  inmigración  se  realiza  y 
la  Índole  del  trabajo  á  que  deben  dedicarse  los  inmigrantes  ,  no 
son»  ciertamente,  ventajosas  para  éste*  Según  el  preámbulo  del 
decreto,  el  Gobierno  cubano  deseaba  traer  de  España  meros 
braceros  como  auxiliar  perentorio  de  la  agricultura,  y  familias 
procedentes,  como  aquéllos,  de  los  campos  y  á  sus  duras  faenas 
habituados.  Kl  español  soporta  bien  climas  tropicales;  pero  en 
determinadas  condiciones  áe  vida,  alimentación  y  tmbajo. 
^,Qué  suerte  será  la  del  emigrante  que  desde  los  climas  más 
ó'menos  templados  de  Castilla,  Andalucía,  Asturias  ó  Galicia 
pase^  casi  sin  transición,  á  las  vegas  é  ingenios  de  Cuba  á  tra- 
bajar como  trabaja  el  negro»  bajo  el  sol  del  trópico,  y  ."«ometido, 
obligado  á  labor  continua,  á  la  fatiga,  á  las  emanaciones  del 
bosque  y  del  pantano,  en  suma,  á  todo  cuanto  favorece  á  la 
terrible  infección  palúdica? 

I  Vengan  en  buen  hora — decía  un  periódico  de  Cienfuegos— 
los  que  por  sqs  aptitudes  ú  otras  circunstancias  puedan  dedi- 
carse al  comercio,  á  las  profesiones  ó  á  determinadas  industrias; 
pero  no  aquéllos  que  sólo  fijan  su  aspiración  en  los  trabajos 
agrícolas,  tan  penosos  como  poco  productivos  boy». 


Reconociendo,  en  términos  generales,  que  en  ninguna  otra 
parte  mejor  que  en  España  podría  Cuba  encontrar  la  población 
que  necesita  para  reconstituir  el  país,  se  argumentó  contra  el 
nuevo  plan  de  inmigración  considerándolo  como  inoportuno  ó 
prematuro,  porque  aún  no  había  seguridad  personal  en  los  pue- 

2 


blo9  del  campo  y  macho  menos  en  los  sitios  de  labor  adoode 
necesariamente  tienen  que  ir  los  braceros  que  aUi  se  necesitan. 
Por  otra  parte,  se  temía  que  las  autoridades  norteamericanas 
procurasen  fomentar  la  discordia  entre  los  distintos  elementos 
del  país  para  hacer  valer  pretextos  qne  cohonestaran  la  ocupa- 
ejón  detínitira  de  la  isla. 

Lo  cierto  es  que  a  juzgar  por  lo  que  escribía  la  prenda  eapa* 
ñola  de  Cuba,  la  situación  de  nuestros  emigrantes  no  era  envi- 
diable. «Todo  se  les  presenta  hostil t  empezando  por  el  clima  y 

concluyendo  con  sus  prójimos La  concordia  de  que  tanto  se 

alardea  está  más  en  los  labios  qne  en  los  corazones  de  loa  cu- 
banos..... A  excepción  de  los  hombres  cultos  y  de  aquellos  que 
creen  que  la  unión  entre  cubanos  y  españoles  conviene  a  deter- 
minados fines  políticos,  los  demás  nos  miran  con  el  mismo 
disgusto  que  hace  dos  años9.  {La  Unión  Española^  de  la  Ha- 
bana, del  19  de  Enero  de  1901). 


De  la  armonía  entre  españoles  y  cubanos  depende  en  grail 
parte  la  prosperidad  y  la  vida  de  la  Kepáblica  Cubana,  Muy 
breve  es  el  tiempo  hasta  hoy  transcurrido  desde  los  días  en  que 
unos  y  otros  combatíanse  como  enemigos  mortales,  y  en  las 
gentes  del  campo^  naturales  de  Cuba,  aún  persiste  el  odio  ó  la 
antipatía  á  todo  lo  español.  La  obra  de  concordia  y  de  fusión 
moral  entre  la  masa  del  pueblo  cubano  y  la  colonia  española 
tiene  que  ser  lenta  y  exige  mucha  prudencia,  gran  tacto  poli- 
tioo  en  las  clases  sociales  que  por  su  posición  ó  su  cultura  in* 
fluyen  más  ó  me» os  directamente  en  la  vida  colectiva* 

Exige  el  español  aprecio  y  consideración;  necesita  el  cubano 
el  concurso  de  los  nuestros  para  robustecer  á  la  nueva  nacio- 
nalidad hispanoamericana^  que  en  el  momento  mismo  de  nacer 
cae  en  brasos  que  aún  no  sabemos  si  son  brazos  que  amparan 
ó  brazos  que  ahogan. 

Por  si  acaso,  importa  mucho  á  los  cubanos  evitar  todo  con- 
flicto, ya  con  los  inmigrantes  españoles,  ya  entre  ellos  por  di- 


CUBA 


19 


herencias  de  apreciación  en  las  cuestiones  políticas.  Siempre, 
pero  hoy  más  qae  unnoa,  la  pax  en  Cuba  será  la  principal  gua- 
ran tía  de  independencia  j  dd  progreso,  <(No  hay  que  olvidar 
— escribía  el  Demócrata,  de  Santa  Clara— que  el  primer  grito  de 
rebelión  armada,  que  el  primer  tiro  que  resonara  en  nuestros 
campos  seria  la  firma  echada  por  el  miamo  cubano  á  la  sen- 
tencia  de  muerte  de  la  independencia  de  la  patria.....  Evitar  que 
■suene  ese  tiro  es  obra  de  humanidad  y  labor  de  patriotismo  in- 
teligente », 


También  hay  que  tener  en  cuenta,  como  dato  de  algún  valor 
-en  la  solución  definitiva  del  problema  cubanOi  el  concurso  que, 
en  caso  de  rompimiento  con  los  protectoren^  habrían  de  pres- 
tar á  los  Estados  Unidos  personalidades  de  gran  prestigio  por 
sus  antecedentes  políticos  ó  por  su  ilustración  reconocida  que, 
impacientes  y  pesimistas  á  la  veís,  desconfian  de  la  aptitud  y 
de  las  condiciones  del  pueblo  cubano  para  vivir  como  nación 
libre  y  soberana  y  resueltamente  piden  la  anexión  á  los  Estados 
Unidos  como  medio  seguro,  á  su  entender^  de  fomentar  desde 
luego,  y  con  los  crecidos  capitales  de  que  los  yanquis  disponen, 
los  poderosos  elementos  de  riqueza  que  hay  en  la  Gran  Antilla* 

Expuso  y  razonó  estas  asinraciones  y  aquellos  pesimismos 
«U  un  libro  D.  José  Ignacio  Rodríguez,  El  autor  es  de  los  que 
ban  perdido  toda  fe  en  los  destinos  de  la  raza  española  en 
América.  Cree  que  una  ley  fatal  pesa^  no  sólo  sobre  Cuba,  sino 
sobre  todo  el  continente  americano,  ley  por  virtud  de  la  cual  la 
isla  caerá  en  plazo  más  ó  menos  remoto  bajo  el  dominio  de  los 
Estados  Unidos,  Le  deslumhran ^  como  á  muchos,  el  poderío  y 
la  riqueza  de  los  anglosajones;  no  ve  salvación  pofíible  para 
Ctiba  sino  bajo  la  soberanía  de  la  gran  República,  y  e*ítima  que 
no  debe  ponerse  obstáculo  á  la  finexión^  sino  antes  bien  favo* 
recerla,  abreviando  así  períodos  de  ííiterinidad,  que  tan  funes* 
tos  son  á  los  pueblos. 


>  \ 

<¿í)  |,í»H    IMJKHLOH    iriHI'ANOAMBRICANOS 


ÍI 


HHimPlrtti  iHilUlm  dn  Cti>»n  en  IWl— La  Asombloa  Constituyente. -Loa  par- 
lliInH.  Atií'xInnlHtni»  y  nndonallRtas.  -La  Constitución  cabana.— La  en- 
tnlptiiln  IMntt.  Kxl>ronrlni  y  tenacidad  del  Gobierno  de  Washington.— La 
H<*lM'il)1lrii  dn  Cuba. 

(^)!^  n»/óii  uflrmiiba  Nestlev  Triooohe,  en  la  Revvefran^aise 
th  ht^(nuHjvi\  \|Uo  la  situación  de  Cuba  era  más  difícil  de  defi- 
nir on  líHM  t|UP  on  los  i'il timos  meses  de  1898. 

Kn  «^iviolloM  días  podía  suponerse  que  el  Gobierno  de  Wá- 
!*bin>t!AM\  oslaba  disiuiosto  k  proceder  tal  como  el  Congreso  de 
la  Tnión  había  declarado  &  propuesta  de  Teller.  «Los  Estados 
ruidos  uo  (ionou  propv^sito  de  ejercer  soberanía,  jurisdicción  ó 
pv\>(tvt\M*ado  sobro  la  isla,  excepto  para  la  pacificación;  conse- 
guida la  paK,  ol  puoblo  cubano  podrá  gobernarse  libremente^. 

Tros  aí\os  dtvspui^s.  ese  mismo  Congreso  se  impone  á  la 
Asamblea  oubaua  v  la  obliga  á  admitir  en  su  Constitución  cláu- 
sula^ O'»'"»  ^^*^  beoho.  ponen  á  la  isla  bajo  la  tutela  de  Ic^s  £st«- 
dxV<  Ir.  id  os. 

Ku  ,''uv»io  0.0  l^W  Wood,  el  Gobernador  militar  de  Cuba, 
AUtoviíO.  o:;  nomVre  de  su  ^^-^biernc».  la  convocatoria  para  la 
v^^r,v^;;o,^-r.  ,^  \sav.\b:ea  Oor.s: i t urente.  Keunida  é>ui.  entran 
^r.  :  x<*c.*  >  í^-  'v^x'^a  '.as  oj';u\<:as  as;  iracior.es  rerreisentadas 
vo;  'o<  ■  A-.  ;;oos  ro -.vio^^  ^í^ie  asvírab&r.  á  dirigir  la  r.r,eva  R*pú- 
>*.x*^  v^^ .  :s^";s:as  a  cv*ier.es  cor. ver.:*  c;;^  ".os  Ylsiaáos  Tnidos 
v.o  s  Ni.  •  ■•  O  *  s  *<•  V.  ■  Ji  •.  v'  s  xV  r  se  vt^  ,-  c-  ros  y  ar.  v:  c;:  os  .^  \;:cmi  oaiistas 
;.;í  ^.^  *v  ::*-s.i  .'.O  o  $<<:A>.Ar.  ,l-.>,'o.í>ío>  i  :r.^r.>íc:r  oon 
W  .r^r  :-  -\í.ro.?:  í;r:Ao>o  ^í;  Vva::;Ao  V-.-  ?^í-o:ráiic*s 
\.>      ^>:o  :^í.->í  -.  ft  :rsrv.jí.7  oo.-  :os  V^ta^^cí  V-^^os-  l^s  c:=e 

.>'•■:.>    '    r  f  ~f.r.  *^-<    :.s:..*   ¿í   .-.   f^.  c:í.A.'  "a  «.r í\ ..-^  ¿  -* 
•^   *-     *^^      r    ^^^    ^-.::.:    ;  =:*:::   os  :-- .f—.>  c:r -^.^rr*  ripias 

**       >  ^>        >    -í  f        ::.    #.  :í».^í.  í-.   ^  ^>:  ^x    ;  ^>  .r  ::::^:oaa- 


CUBA 


21 


rios,  los  que  fueron  más  resueltos  enemigos  de  España,  los  que 
perdieron  su  hacienda  y  derramaron  su 'sangre  por  defender  la 
independencia,  se  agrupaban  en  el  gran  partido  nacional  y 
veían  con  disgusto  toda  ingerencia  de  los  Estados  Unidos  en 
los  asuntos  de  Cuba;  desde  el  punto  de  vista  étnico,  se  podría 
decir  que  formaban  el  partido  español,  Se  avenían  con  los  de 
la  Unión  Democrática  algunos  de  los  más  caracterizados  en  el 
partido  republicano  que  fundó  Juan  Gualberto  Gómez;  éstos 
también  aprovechaban  toda  ocasión  de  zaherir  á  España  y  á 
los  españoles  j  proclamar  las  excelencias  del  pueblo  norteame- 
ricano (1;, 

En  los  primeros  meses  que  siguieron  á  la  ocupación  de  Cuba 
por  los  yanquifi  eran  pocos  loa  anexionistas,  ó  por  lo  menos  se 
guardaban  de  exponer  públicamente  sus  aspiraciones,  ó  bien, 
como  los  Estados  Unidos  continuaban  haciendo  alarde  de  ge* 
nerosos  propósitos,  presentándose  como  valedores  de  la  inde* 
pendencia,  podíase  ensalzar  y  glorificar  al  pueblo  libertador  de 
Cuba  sin  tener  que  renunciar  á  aquélla. 

Así,   el   nacionalismo   triunfó   en   la  Convención,    y   pudo 


(1)  Por  aqaellos  días  Re  babía  estrenadu  ea  la  Habaaa  la  obra  de  Bar  lo u 
«Lofl  Keyesdel  Tociuo*.  Mm  pronto  ae  prohibieroii  las  represen tacionea^  con 
a|>lauso  de  republicanos  y  demóo ratas.  «Nosotros  los  cubanos— decía  La  Dis- 
cmión-'.  después  de  haber  estado  cuatro  siglos  bajo  el  látigo  de  la  dominación 
eapañola^  no  bubléramoe  conBentido  que  se  ponga  en  eacena  una  obra  en  que 
ae  ofendieae  á  la  mujer  española,  á  la  madre  espaíLola».  Y  naturalmente,  vi. 
viendo  bajo  el  látigo  de  la  dominación  yanqui,  instrumento  que,  aln  duda, 
manejaba  muj  á  guisto  de  ellos  el  General  Wood,  ¿cómo  habiaa  de  tolei'ar 
que  06  represen  Use  ^n  los  teatros  de  la  Habana  «Loa  Eeyes  del  Tocino»?  \ 
procuraba  La  ÚUcmim  remachar  el  clavo  para  que  no  pudiera  ponerse  en 
teta  de  juicio  la  opinión  que  tenía  formada  de  loa  españoles  y  en  general  de 
i09  pueblos  latinos;  en  sus  cúmentarios  y  critica  de  la  obra  de  Sardo u  nios. 
traba  todo  el  desprecio  que  le  inspira  nuestra  raza^  esa  desdicbada  ru^&a  latina» 
decia^  que  uo  tiene  en  su  historia  máa  páginas  herOIOdft  que  Metz,  8edáo« 
Maalla  y  Santuig-f»  \\&  Cuba. 


22 


LÜS    FUBflLOb    HiBI'ANOAMEBlCANO» 


creerse  que  Cuba  ibft  á  ser  una  República  completamente  libr^ 
é  independiente* 

Eu  efecto;  la  Confititución  votada  en  Pebrero  de  1901  declA- 
raba  la  soberanía  é  independencia  del  pueblo  otibano  oonati- 
tuido  en  Hepiíblica,  Un  Senado,  que  ha  de  renovarse  cada  trea 
años  por  terceras  partes,  y  ana  Cámara  de  Representantes,  que 
se  renueva  póv  mitad  cada  dos  años,  forman  el  Poder  Legisla- 
tivo. El  Ejecutivo  lo  ejerce  un  Presidente,  que  cesa  á  los  cuatra 
años.  El  Vicepresidente  preside  el  Senado  y  reemplassa  al  Pre- 
sidente de  la  lie  pública  fii  éste  muere  ó  se  incapacita.  El  Tri- 
bunal Supremo  de  Justicia  ostenta  la  más  alta  representación 
del  Poder  judicial  y  decide  acerca  de  la  constitucionalidad  de 
las  leyey.  Gobernadores  de  departamento  ó  provincia,  electi- 
vos, y  Asambleas  provinciales  ó  de i^artamen tales,  Alcaldes  y 
Ayuntamientos,  también  designados  por  elección,  completan 
el  régimen  de  Gobierno»  Todos  los  ciudadanos  tienen  voto,  y 
ejercen  este  derecho  respecto  de  los  cargos  electivos,  directa  d 
indirectamente  (colegios  especiales  ó  compromisarios  para  ©le» 
gir  Presidente,  Vicepresidente  y  Senadores). 

No  faltaron  en  la  Asamblea  manifestaciones  de  gratitud  ni 
expresión  entasiastica  de  ñlial  cariño  al  gran  pueblo  que  ha- 
bía dado  hombres  y  dinero  para  que  los  cubanos  expulsaran  a 
España,  ni  ofertas  de  tratos  ó  convenios  comerciales  para  que 
pttd&era  aqnél  resarcirse  de  los  sacrifícios  hechos,  dado  caso  qua 
Puerto  ttico  y  Filipinas  no  se  considerasen  oomo  suficiente 
compensación. 

Pero  los  yanquis  son  gentes  prácticas,  muy  positivas;  la 
mera  expresión  de  reconocimiento  por  el  bien  hecho  ó  el  servi- 
cio prestado,  la  utilidad  presente  garantida  por  convenios  qu© 
ana  nación  libre  y  soberana  puede  annlar  en  lo  futuro,  po- 
drían satisfacer,  como  diría  La  Disvunión  (1),  á  pueblos  idea* 
listas,  á  hombres  de  raza  inferior,  de  ninguna  suerte  á  esos  sn- 


(t  I    VéftSfi  tu  Qota  de  U  p^lg'iuB  «mtorior. 


OÜBA 


M 


perhombres  que  por  selección  de  lo  mejor  de  Europa  se  han 
formado  en  la  América  del  Norte. 

La  Constitución  cubana  no  agradó^  pues,  en  los  Estados 
Unidos.  Ai  conocerla,  aquellos  republicanos  imperialistas  pro- 
rrumpieron en  gritos  de  indignación.  Ellos,  que  habían  substi- 
tuido el  látigo  español  con  sus  cariñosos  brazos,  que  reforma- 
ban el  sistema  de  impuestos,  que  establecían  una  honrada 
administración,  que  instruían  al  puebío,  etc*,  efcc,  ¿no  merecían  • 
siquiera  que  los  cubanos  pidiesen  y  acatasen  su  protectorado  ó 
les  dieran  activa  intervención  en  sus  asuntos?  Los  ingratos  ha- 
bían tomado  en  serio  su  papel  legislativo,  j  en  vez  de  acordar 
•que  se  les  hiciera  el  honor  de  admitir  á  Cuba  como  territorio  de 
la  Unión,  tenían  la  audacia  de  romper  todo  lazo  con  ésta. 
Creían,  sin  duda,  que  se  habían  batido  por  su  libertad  y  no 
para  cambiar  de  amo,  y  rechazaban  al  nuevo  señor,  k  pesar  de 
que  éste,  como  decía  irónicamente  The  Weekly  Post,  se  les  pre- 
sentaba nada  menos  que  con  un  nuevo  sistema  de  cloacas»  Y  4 
propósito  de  la  honrada  administración  de  que  alardean  los 
yanquis,  objeto  también  de  las  ironías  ó  censuras  de  otros  perió- 
dicos norteamericanos,  recuerda  Nestler  que  por  aquella  época 
ocurrieron  en  Cuba  el  escándalo  del  servicio  de  correos,  el  epi- 
sodio no  menos  edificante  del  contrato  Dady  y  otras  de  las  que 
nosotros  por  eufemismo  llamamos  irregalaridades. 

El  Gabinete  de  Wáslungton  había  pedido  á  la  Convención 
que  expusiera  su  parecer  acerca  de  las  relaciones  de  la  nueva 
Hepáblica  con  los  Estados  Unidos.  Sin  esperar  respuesta,  en  el 
Senado  3'*anqui  el  Presidente  de  la  Comisión  de  relaciones  con 
Cuba  presentó,  á  ñnes  de  Febrero  de  1901,  la  famosa  enmienda 
que  establecía  como  condición  para  el  reconocimiento  por  los 
Estados  Unidos  de  la  independencia  cubana  la  inclusión  en  la 
ley  constitutiva  de  varios  artículos  que  limitaban  el  derecho  de 
Cuba  a  celebrar  tratados  y  administrar  su  hacienda  y  la  obli- 
gaban á  observar  medidas  sanitarias,  a  no  resolver  sobre  el 
dominio  de  la  isla  de  Pinos,  y  á  consentir  que  los  Estados 


24  LOÜ    PUUBL08   HlüPANOAMEKIOANüS 


Unidos  tuvieran  el  derecho  de  intervención  para  velar  por  la 
independencia  de  Cuba  y  procurar  que  hubiese  en  la  isla  Go- 
biernos capaces  de  garantir  la  vida,  la  propiedad  y  la  libertad 
individual)  y  de  cumplir  las  obligaciones  impuestas  por  el  tra- 
tado de  París.  Además,  para  que  los  Estados  Unidos  pudieran 
mantener  la  independencia  de  Cuba  y  proteger  al  pueblo  cu- 
banO)  como  también  en  interés  de  la  propia  defensa,  el  Gobierno 
de  la  isla  vendería  ó  arrendaría  á  los  Estados  Unidos  los  te- 
rrenos necesarios  para  establecer  depósitos  de  carbón  ó  esta- 
ciones navales. 

Que  el  Gobierno  de  Washington  se  proponía  no  cejar  en  sus 
pretensiones,  lo  demostró  bien  pronto  su  Ministro  de  la  Guerra, 
enviando  al  General  Miles  ¿  que  inspeccionara  la  isla  de  Pinos, 
que  los  Estados  Unidos  deseaban  conservar,  como  ya  se  indi- 
oalya  en  la  enmienda  Platt. 

Los  individuos  de  la  Convención  que  aún  confiaban  en  la 
nobleca  y  ^nerosidad  de  Mac  Kinley,  comprendieron  su  error. 
Aquélla  rechazó  los  artículos  de  la  enmienda  relativos  á  la 
iiispe«c<'.ión  finanoiera  y  sanitaria  y  A  la  posible  intervención 
militar  de  los  Estados  Unidos,  y  $e  entró  en  el  periodo  de  des- 
oor.'ñanza^,  de  agitación  política,  de  temores  de  guerra  que 
i^nova^  los  tristes  últimos  días  de  la  dominación  española  y 
■  ;ae  diera  y.retexro  á  los  yaTiqrás  para  la  definitiva  conquista  y 
i  «ara  iniciar  «n  Cnba  los  procedimientos  de  tiranía  y  violencia 
aplioados  ya  en  Pnerto  Kioo, 

A  partir  de  esta  épocA,  el  toando  anexionista  oobró  mayoi^s 
í>rioí..  Justar  es  decir  oue  mnchos  de  los  qne  apoyaban  esta  so- 
'¡noión  is^  hfc^fcn  í»arft  evitar  que  s>o)>revinieraii  mayores  daños 
*  n  la  desírraí.iiida  i^.ia.  y  T»or  la  desc^^nfianea  de  que  Cnlia  pueda 
>-iTir  iiidependient*  si  ios  Estados  Unido*  «  ¿iroponen  oon  re- 
í:ueU^  empeñe  í»efiorearsf  ce  ella.  Oreian,  sin  dnda.  cue  era  prc- 
denr^  adr.pt^r  ia  cor.ínonik  de:  viajero  ó  caminarte  que  alia  en 
la  primera  mitac  del  f^a^o  siglo,  per  íai^var  s»r.  existencia  «n- 


tiegaba  cuanto  poseía  á  los  reyes  de  Sierra  Morena.  Hay  que 
üitetierse  á  los  tiempos  y  á  las  circuDstaDcias.  Entre  nosotros , 
eá08  reyes  ya  no  reinan  en  los  montes,  gracias  á  la  Guardia 
civil  y  á  los  Tribunales  de  justicia.  Pero  en  la  vida  internacio- 
nal aún  prevalecen  las  costumbres  y  prácticas  de  antaño,  por- 
que el  pueblo  que  atenta  contra  el  derecho  de  los  demás ,  si  tiene 
fuerza,  impune  queda.  Por  esto  los  prudentes^  los  que  i  todo 
trance  quieren  vivir  con  tranquilidad  disfrutando  de  la  propia 
hacienda  ó  del  producto  de  su  trabajo,  ceden  ante  el  fuerte,  y 
para  cohonestar  la  humillación,  buscan  motivo  ó  pretexto  que 
justifique  ó  excuse  su  actitud*  De  la  especie  boer  quedan  ya 
pocos  ejemplares  en  la  tierra. 

El  Gobierno  de  Washington  insistía  en  sus  exigencias;  de- 
mócratas y  republicanos  estaban  dispuestos  á  someterse;  los 
nacionalistas,  los  más  resueltos  partidarios  de  la  independen* 
cia,  comprendían  que  no  había  ya  más  que  dos  soluciones^  acep- 
tar la  enmienda  Platt  ó  declarar  la  guerra  á  los  Estados  Unidos, 
La  Convención  procuró  ganar  tiempo  y  obtener  alguna  conce* 
sión;  no  pudo  entenderse  con  Wood,  y  en  Abril  envió  comisio- 
nados á  Washington.  Mac  Kinley  les  aseguró  que  sólo  se  ape- 
laría á  la  intervención  armada,  en  caso  de  anarquia;  por  otra 
parte»  procuró  halagar  y  atraerse  á  loa  hacendados  y  plantado- 
reS|  indicando  la  posibilidad  de  que  se  rebajasen  los  derechos  de 
importación  de  los  productos  Gubanos  en  los  Estados  IJnidosT 
principalmente  los  derechos  sobre  el  azúcar  y  el  tabaco. 

Machos  intransigentes  se  dejaron  convencer,  y  áfin  de  Mayo 
la  Asamblea,  por  un  voto  de  mayoría,  aceptó  la  enmienda  Platt» 
insertándola  como  apéndice  a  la  Constitución  y  con  documentos 
suscritos  por  altos  funcionarios  norteamericanos  que  la  comen- 
taban ó  explicaban.  No  se  avino  con  ello  el  Gobierno  de  Wa- 
shington, y  exigió  que  lisa  y  llanamente  se  intercalara  la  en- 
mienda en  la  Constitución  como  parte  de  ésta.  La  Convención 
&e  niega;  los  plantadores  protestan  contra  el  acuerdo  de  la 
Asamblea;  el  Ministro  Root  dirígela  un  ultimátum  y  declara  que 


96 


LO»  PISBBLOB   HlSPABTOAaiBJtlCANOS 


911  Gobierno  e^rtá  dispuesto  a  transigir  suprimiendo  frases  que 
pueden  molestar  á  los  oubanosi  las  que  dicen  «para  poner  á  los 
Egtados  Unidos  en  condiciones  da  mantener  la  independencia 
de  la  isla  y  de  proteger  al  pueblo  cubano».  Se  acepta  asi  la  en- 
mienda, sin  comentarios,  tal  como  el  Gobierno  norteamericano 
qnieo,  y  lo  que  resta  de  la  independencia  de  Cuba  y  del  hanar 
americano— según  escribía  The  Weekty  Po«¿— queda  en  manos 
del  Ministro  yanqui  de  Asuntos  extranjeros,  á  quien  incumba 
determinar  concretamente  las  relaciones  entre  ambos  pueblos. 

AJ  terminar,  pues,  el  año  1901,  con  limitaciones  en  su  der©». 
cho  de  soberanía,  sometido  más  6  menos  al  influjo  del  gabinete 
de  Wisbington,  que  no  vacila  en  apoyar  candidato  paralapre* 
Bidencia  de  la  nueva  República,  existe  un  estado  hispanoame- 
picaño  más,  Cuba,  Pero  dada  la  política  actual  de  los  gobernan^ 
tes  yanquis,  teniendo  en  cuenta  el  prestigio  y  la  autoridad  de 
que  gozan  individuos  muy  caracterizados  como  resueltos  partí* 
darios  de  la  anexión,  así  en  los  Estados  Unidos  como  en  Cuba, 
no  es  posible  estimar  como  deünitiva  la  situación  de  la  isla. 

La  enmienda  Platt  había  pasado,  mas  no  sabemos  si  á  gusto 
y  satisfacción  de  los  norteamericanos.  Hay  demasiada  doblez  en 
su  Oobierno,  y  cabe  sospechar  que  acaso  les  hubiera  complacido 
una  enérgica  repulsa.  La  docilidad  de  la  Asamblea  y  la  pruden- 
cia del  pueblo  cubano  pueden  haber  salvado,  por  ahora,  lo  qué 
renta  de  la  independencia  de  Cuba. 


m 


Liui  el0celoties  presidenciales.— Tomás  Estrada  Palmn:  eu  eignlflcacióay  sus 
propósitos*  — PolílJOR  de  unión  y  de  arntoiiía  entre  los  elementos  español  y 
cutiano.  — Un  fiecreto  de  Wood,— Trabnjoe  de  satieam lento. 

En  el  último  día  del  año  1901  quedai'on  elegidos  los  compro- 
ísat'ios  que  en  Febrero  próximo  habían  de  designar  con  sus 
votos  la  [vergoña  llamada  á  ejercer  la  presidencja  de  la  Repú- 


,  C06A 


Mica  CubaoA.  La.  coaUr.ión  de  partidarias  de  Masó  había  acor- 
dado  el  retraimiento,  y  triunfaroD  los  amigos  de  Tomás  Estradar 
Palma. 

De  las  eircanstanoios  en  que  esa  elección  a©  veriflcó|  no  es 
fácil  formar  idea  exacta,  pues  son  muy  contradictorios  entre  sí 
los  informes  que  en  la  prensa  de  Cuba  leímos-  Indiferencia  ge- 
uprali  desanimación  en  los  colegios ^  grandes  esfuerzos  de  los 
estradistas  para  llevar  á  ellos  electores,  según  unos;  número 
abrumador  de  éstos  y  entusiasmo  en  todos  los  ciudadanos  para^ 
aoudir  á  las  urnas,  según  otros.  Cada  cual  relató  los  hechos  del 
modo  que  más  favoreciera  á  sus  afectos  ó  intereses,  y  no  es  ta- 
rea* sencilla  la  investigación  de  la  verdad.  Alguna  razón  tenía 
el  gran  Campoamor  para  no  creer  en  la  Historia  antigua  desde 
qti«  había  visto  cómo  se  escribe  la  Historia  moderna* 

Sea  lo  que  fuere,  atengámonos  á  los  resultados,  y  ellos  nos 
dicen  que  el  primer  Presidente  de  la  Eepública  Cubana,  libre  ó 
protegida  por  los  Estados  Unidos,  es  el  que  fué  Presidente  de  la 
Bepública  de  iusor rectos  combatidos  por  España.  £1  triunfo  del 
jefe  d©  los  antiguos  laborantes  cubanos  de  Nueva  York  implica 
la  victoria  en  Cuba  de  la  influencia  yanqui,  y  el  Gobierno  de 
Washington  podrá  entenderse  perfectamente  con  quien  ya, 
dende  muchos  afios  hace,  venía  representando,  en  el  propio  te- 
rritorio de  los  Estados  Unidos,  á  los  que  solicitaban  la  inter- 
vención y  ayuda  de  la  gran  República  norteamericana  contra 
los  españoles  I 

No  es,  pues,  extraño  que,  desde  el  momento  en  que  se  tuvo 
noticia  del  resultado  de  las  elecciones,  surgiera  la  sospecha  de 
que  el  primer  Presidente  constitucional  deCuba  libre  de  España 
pudiese  trabajar  en  favor  de  la  anexión  de  la  isla  á  los  Estados 
Unidos.  Estrada  negó  que  tal  cosa  se  propusiera.  Hay  que  ad- 
mitir, por  tanto,  que  bajo  su  dirección  la  República  Cubana 
conservara  la  relativa  independencia  que  hoy  tiene»  Aürmó  que 
na  le  han  de  preocupar  por  ahora  las  cuestiones  de  política  in- 
terior promovidas  por  loü  partidos;  que  su  ideal  es  conseguir 


3R 


LOS    PUEBLOS   HtSPAaíOAMBKICANO» 


qne  desaparezca  todo  anta¿onismo,  qiie  ae  borre  toda  diferencia 
enfere  ctibanos  y  espa^o}6a.  Unos  y  otros  pertenecen  á  la  misma 
familia,  y  unos  y  otros  pueden  dar  al  Gobierno  loa  elementos 
de  orden  y  de  buena  administración  que  son  indispensables  para 
garantir  la  prosperidad  de  la  nueva  República. 

El  malestar  que  en  la  isla  se  sentía  como  consecuencia  de  la 
guerra,  obligaba  á  conceder  preferen^ie  atención  á  los  problemas 
económicos  y  á  poner  enjuego  cuantos  recursos  pueden  utili* 
zarse  para  lograr  que  la  riqueza  de  Cuba  vuelva  á  ser,  por  lo 
menos^  lo  que  era  en  los  tiempos  en  que  formaba  parte jle  la  na- 
ción española.  Por  esto,  sin  duda,  anunció  Estrada  que  su  predi- 
lecta aspiración  era  obtener  una  importante  baja  en  el  arancel 
norteameri  cano  para  el  tabaco  y  el  azúcar.  En  cambio^  Cuba  otor- 
gnría  i  los  Estados  unidos  las  mayores  ventajas  arancelarias. 

Tanto  confiaba  Estrada  en  la  buena  fe  del  Gobierno  norte- 
americano, que  se  dijo  que  estaba  resuelto  á  no  pedir  la  eva 
caación  de  la  isla  por  las  tropas  yanquis,  sino  conforme  se  fuera 
ot'jganizando  la  guardia  rural  cubana.  La  situación  de  Cuba 
inspiraba  también  mucha  confianza  á  los  yanquis,  puesto  que 
algunos  de  los  regimientos  de  éatos  habían  salido  ya  de  la  isla 
y  otros  se  preparaban  para  regresar  á  su  país.  Los  35,000  bom* 
bi-es  que  constituían  la  guarnición  norteamericana  á  principios 
de  1899,  habían  quedado  reducidos  á  5,000  en  los  primeros  días 
de  1901, 


En  Mayo  se  hallaba  ya  en  tierra  cubana  el  nuevo  jefe  del 
Estado. 

El  11  de  Abril  había  publicado  la  Gaceta^  en  número  extra- 
ordinario, la  Constitución  de  la  República  y  una  orden  del  Ge- 
neral  Wood  mandando  disolver  la  Convención  Constituyente^ 
6(]  suspenso  desde  3  de  Octubre  de  1901,  y  convocando  para 
el  5  de  Mayo  el  Congreso  cubano.  El  día  20  debía  inaugurarse 
el  Gobierno  de  la  Bepública  de  Cuba  bajo  la  presidencia  de  Es- 
ti'ada  Pal  mí»  * 


CUBA 


Los  primeros  actos  y  discursos  de  Estrada  Palma  confirmaron 
los  propósitos  que  anunció  desde  los  Estados  Unidos.  Aceptó 
con  regooijo  solemnes  festejos  y  banquetes  que  le  ofrecieron  loa 
españoles  en  Santiago»  en  Cienfuegos  y  en  otras  poblaciones,  y 
en  ellos  proclamó  como  una  de  las  bases  principales  de  sn  polí- 
tica la  unión  y  armonía  entre  los  elementos  español  y  cubano. 
Aquél  es,  seg^ún  Estrada,  «factor  indispensable  para  la  felicidad 
de  la  República*.  Bien  avenidos  unos  y  otros^  Cuba  podrá  llegar 
á  ser  un  país  próspero,  sin  discordias  interiores  que  den  pretexto 
4  los  yanquis  para  intentar  la  conquista  ó  anexión  de  la  isla. 

Acaso,  con  la  mira  de  atraerse,  por  gratitud  ó  conveniencia, 
amigos  y  partidarios  que  en  su  día  pudieran  secundar  las  aspi- 
raciones dé  aquéllos,  Wood  dio  un  decreto  por  virtud  del  cual 
se  declaró  inamovibles  á  los  funcionarios  que  desempeñaban 
cargos  de  la  antoridad  judicial  ó  fiscal.  Tal  decreto,  dictado  un 
mes  antes  de  constituirse  el  G-obierno  independiente^  produjo 
pésimo  efecto  en  los  cubanos;  lo  consideraron  inoportuno,  y  era 
voz  general  en  el  país  que  la  República  de  Cuba  no  qnedaba 
obligada  á  admitir  los  nombramientos  hechos  por  el  Interven-* 
tor  militar  extranjero. 

En  cambio,  algo  bueno  dejó  esa  intervención,  qtiej  segura- 
mente, respetará  el  nuevo  Gobierno,  Me  refiero  á  los  trabajos 
de  saneamiento  que  ha  realizado,  y  á  los  cuales  se  debe  la  dismi- 
nución  de  mortalidad.  El  Departamento  de  Sanidad  cree  qne  la 
terrible  fiebre  amarilla  está  vencida  (1). 


(1)  No  conviene,  sin  embnrg^o,  oooñ&r  demusiado;  en  los  últimos  trea  unos 
I&8  liguas  han  sido  relativamente  eacasAS,  y  lita  circutiaUnclAS  sanit&riaa  ptj- 
rlJeran  oambinr  caaado  Bobroveagan  Hovias  abundantes»  Tratando  de  eate 
aaimto  escrihia  el  Diario  de  la  Marina:  «Hay  que  vivir  prevenidoa^  no  aea  el 
diablo  que  ahora  que  los  americanos  no8  entre^ran  la  Sanidad^  si  le  da  lagaoa 
al  viSmjto  de  decir  «jaqni  estoy!.^  vfetido  reaparecer  bus  efectos  con  la  misma 
fuerza  q^ue  antes,  digan  ellos,  l&v&ndos«  laB  manos  y  atribuyendo  &  su  ftrt« 
lo  que  no  fhé  mÁ9  que  un  fenómeno  natural:  «¿Lo  ven  udtedefl?  Apenas  deja- 
mos ooéotrvs  de  perseguirla,  Tnel  ve  la  epidemia...  ¡Si  es  sabido*  Cubtj 
puede  ser  felif  sin  loa  americanos». 


S<>  LOS   PUEBLOS   H1SPAN0AMBRICAN08- 


IV 


Estrada  Palma  en  la  Habana.  -Fin  de  la  interTeBclón  direeU  de  lo8  yanquis. 
—La  colonia  española.  -El  problema  económico  en  relacióB  con  la  Mtítad 
j  politice  de  los  Estados  Unidos. —Pin  de  la  primeim  l^slatura. 

£1 11  de  Mayo  de  1902,  llegaba  Estrada  ¿  la  Habana.  Nume- 
rosas embarcaciones  salieron  á  esperarle,  y  fué  de  notar  que 
entre  las  banderas  de  Cuba  y  de  los  Estados  Unidos  y  sobre  un 
remolcador  que  conducía  á  la  Comisión  del  Centro  filipino  flo- 
taba un  pabellón  desconocido:  era  la  República  filipina  qne 
daba  la  bienvenida  al  Presidente  de  la  República  cabana;  en  el 
espigón  de  la  Luz  esperaban  á  éste,  y  le  recibieron  entre  aplau- 
sos y  vítores,  hermosas  doncellas  rodeadas  de  niñas,  con  cestos 
de  flores  que  iban  arrojando  al  paso  del  Presidente:  representa- 
ban a  las  Repúblicas  americanas  de  origen  latino. 

El  día  20.  al  amanecer,  todas  las  casas  de  la  ciudad  estaban 
'  ya  engalanadas,  todos  los  buques  del  puerto  empavesados.  En 
el  Parque  cae  de  su  pedestal  Isabel  la  Católica  y  se  abca  en  él 
la  estatua  de  la  Libertad.  A  medio  día  cesa  el  Gobierno  inter- 
ventor«  se  arría  el  pabellón  de  los  yanquis  y  tremola  la  bandera 
cubana.  Wood  entrega  ¿  Estrada  el  Gobierno  de  la  isla  y  una 
carta  autógrafa  de  Roosevelt  felicitándole  por  haber  obtenido 
la  primera  magistratura  de  la  República.  Después,  el  Ayonta- 
miento  de  la  Habana,  los  Delegados  de  los  demás  manicipios 
de  Cuba,  las  Corporaciones  oficiales  y  las  fuerias  cubanas  se 
reúnen  en  la  plaza  de  Armas  para  despedir  al  honorable  Gene- 
ral Lei-^nardo  Wood  y  sus  tropas,  ao  >mpañándole  con  bandas 
de  música  hasta  más  allá  del  Mor  ro  en  la  flotilla  del  puerto  or- 
ganizada al  efecto. 

No  quedó,  pues,  Wood  en  Cuba,  según  algunos  temieron, 
ooiuv^  tutvT  ó  protectv>r  de  la  UepüMioa.  El  fírooklt/n  se  lo  llevó 
á  sus  tierras  oon  gran  satisfacción  de  casi  todos  los  cubanos. 


CUBA 


ííl 


Pi*osigQÍeron  los  festejos  en  Iob  días  sigaientes:  regatas,  pro- 
oesiones  cívicas,  concurso  de  carrozftS|  festines,  bailes^  eto.  El 
21  B6  puso  la  primera  piedra  del  Arco  del  Triunfo  en  la  avenida 
de  la  Independencia,  nuevo  nombre  de  la  avenida  de  Carlos  III» 

Desaparecen  de  la  Habana  el  nombre  y  la  efigie  de  ilustres 
fieyes  de  España;  los  reemplazan  el  nombre  y  el  símbolo  de  In- 
dependencia  y  Libertad,  Y  los  españolee  de  allá  no  protestan. 
Residen  en  Cuba;  como  los  cubanos,  quieren  que  esa  República 
en  que  viven  sea  independiente  y  libre»  están  dispuestos  á coope- 
rar en  la  política  de  concordia  que  proclama  Estrada  Palma,  y  la 
colonia  española  de  la  capital  y  de  todas  las  ciudades  de  la  isla 
contribuye  á  los  festejos  con  sus  donativos  y  con  su  adhesión 
personal.  Kn  Santa  Clara  se  unen  en  estrecho  abrazo,  entre 
^aplausos  y  aclamaciones,  el  Presidente  de  la  Repdblica  y  el 
Presidente  del  Centro  español;  en  Colón  se  engalana  el  pueblo 
con  los  colores  de  Cuba  y  España;  en  Matanzas,  Estrada,  Mén* 
dez  Capote,  Freiré  de  Andrade  y  Betanconrt  ae  sientan  con  los 
españoles  en  fraternal  banquete  bajo  las  banderas  de  España. 


Pasaron  los  primeros  momentos  en  que  todo  fué  regocijo  y 
entusiasmo.  Estrada  nombró  su  Gobierno ,  y  empieza  la  labor 
polftica  y  administrativa.  En  el  interior,  conseguida  la  concor- 
dia entre  cubanos  y  españoles,  la  tarea  no  ha  de  ofrecer  gran- 
des dificultades.  El  peligro  está*  en  las  relaciones  exteriores, 
principal^  mejor  dicho,  ánicamente  en  las  relaciones  con  los 
Estados  Unidos. 

8e  expresó  el  temor  de  qne  esa  potencia  pudiera  exigirá 
Onba  la  compensación  de  los  gastos  que  había  hecho  durante 
el  período  en  que  actuó  como  interventora  ó  protectora.  Mas  no 
llegaron  á  tanto  sus  exigencias.  La  acción  de  los  Estados  Uni- 
dos contra  España  y  en  favor  de  Cuba  se  llevó  á  efecto  porque 
desde  los  puntos  de  vista  político  y  económico  les  convenía  ex- 
pulsar á  los  españoles  de  aquella  isla  y  de  Puerto  Rico.  Acó» 
metieron  la  empresa  en  beneticio  propio  y  la  realizaron  con 


32 


LnR   PUEBLOS   HlSPANOAMKrtlCAXOS 


fortuna.  Si  es  cierto  que  Caba  sin  el  anxilio  de  los  Estados 
Unidos  aún  no  habría  logrado  sus  aspiraciones,  también  lo  es 
que  sin  el  concurso  activo  de  los  cubanos  y  pasivo  de  los  porto- 
rriqueños^  seguro  hubiera  sido  ©1  fracaso  de  los  yanquis  en  el 
supuesto  de  que  se  hubiesen  aventurado  á  entrar  en  campaña 
en  tan  desfavorables  condiciones.  Por  otra  parte,  desde  el  doble 
pnnto  de  vista  á  que  nos  referimos,  bien  compensados  se  hallan 
los  Estados  Unidos  con  la  ley  Platt  y  consiguiente  decisiva 
influencia  que  así  han  obtenido  en  las  Antillas  y  en  el  golfo  de 
Méjico.  Y  en  último  término,  ya  se  han  cobrado  sus  servicios 
á  costa  de  España. 

Bealmente,  quien  puede  tener  derecho  á  pedir  indemnización 
es  Cuba,  Si  ésta  debe  ¿  loa  Estados  Unidos  su  independencia, 
podrá,  en  cambio,  deberle  su  ruina  económica,  porque  la  rebaja 
en  los  aranceles  que  aquéllos  ofrecían  significaba  muy  poco 
en  favor  de  la  reconstitución  de  la  riqueza  de  la  isla,  sobre 
todo  respecto  del  azúcar  y  el  tabaco.  Muchos  creen  que  sin  un 
sopor  100  de  reducción^  Cuba,  á  la  que  se  han  cerrado  anti- 
guos y  buenos  mercados,  corre  peligro  de  caer  en  la  mayor 
miseria,  y  los  hechos  entonces  darían  la  razón  á  los  que  añrman 
que  la  isla  no  está  aiin  en  condiciones  de  vivir  como  naciona- 
lidad independiente. 

El  problema  económico,  en  relación  con  los  Estados  Unidos, 
es,  pues,  el  problema  más  importante  que  ha  de  estudiar  y  re* 
solver  Estrada  Palma,  Recelábase  que  por  ese  lado  vinieran  los 
ardides  y  añagazas  del  Gobierno  de  Washington,  y  esta  descon- 
fianza se  reveló  ya  por  aquellos  días  en  el  lenguaje  de  buena 
parte  de  la  prensa  cubana,  que,  en  términos  muy  duros,  protes- 
taba contra  las  exigencias  de  los  yanquis,  á  quienes  suponían 
resueltos  á  hacer  befa  y  escarnio  de  la  Constitución  de  la  nueva 
Repáblica,  A  tal  actitud  respondían  los  periódicos  de  los  Esta- 
dos Unidos  con  artículos  insolentes  y  agresivos,  en  los  que  se 
aseguraba  que  la  situación  de  Cuba  pedia  fuerte  y  vigorosa 
acción  por  parte  del  Gobierno  de  Washington;  que  allí,  en  la 


38 


isla,  la  vida  y  propiedad  d©  los  americanos  (entié^ndase  los  ame- 
doanos  yanquis)  estaban  á  merced  de  la  violencia  de  los  natu- 
rales; que  para  expulsar  á  aquéllos  se  apelaba  á  los  métodos  de 
la  crueldad  castellana  y  á  los  expedientes  de  las  persecuciones 
españolas;  qne  los  ciudadanos  de  los  Estados  Unidos  se  veían 
asaltados^  robados,  redncidos  á  pnsión  y  asesinados  para  satis- 
facer la  sed  de  venganza  de  esos  ingratos  hijos  de  Cuba ;  en 

fin,  de  tal  modo  se  trataba  ¿  los  cabanos,  que  <ísólo  entre  los 
bebedores  de  wbiskey  de  toda  la  rosa  nán tica— escribía  El 
3fw «lío— pueden  causar  efecto  tan  descaradas  mentiras^j. 

Lo  malo  es  que  cunden  y  se  creen,  y  así  se  creía  todo  aquello 
de  la  tradicional  crueldad  castellana,  Como  escribió  Ernesto 
Neison,  de  la  Universidad  de  Oolumbia,  en  una  Revista  ar^'en- 
tina,  el  yanqui  tiene  una  cultura  muy  incompleta  y  superficial» 
y  una  mala  ilustración  es  la  peor  de  las  ignorancias;  de  lo  que 
sucede  en  otros  paisas  no  lee  ni  entiende  ni  sabe  niils  que  lo  que 
le  dicen  en  inglés^  y  en  el  inglés  de  allí  estampan  periódicos  y 
libros  muchos  disparates  (1). 


El  2L  de  Octubre  de  1902  terminó  la  primera  legislatura 
de  las  Cámaras  cabanas.  El  mes  anterior  babia  autorizado  el 
Congreso   la  emisión  de  un  empréstito  por  valor  nominal  de 


(1)    Sirva  de  maestra  el  ai/dt-uiente^  que  Neison  tradujo  de  The  Netc-Yf^rk 

^Muerta  de  Xgutks  /.  ^íty  /ta  tft  /*<»/rt¿/<?«»fl.— Aquiíe»  I,  Rey»  como  se  sah'j  de 
Putftj^OQÍa  y  Arauvama,  mvirj6  ayer  deneumonia*  Oomo  también  es  taMd&^ 
Acjuilés  1  sueedíó  á  su  primo  Antonio  ^1 17  de  Septiembre  de  1Í?7S.  Se  ^ncon- 
tralla  ahora  fuera  de  su  reino,  adonde  no  consideraba  oportuno  i'egrpsar  ío- 
tnviíi,  en  viata  de  laí*  dificultades  suseitadaa  entre  el  reino  de  la  Pata^'-onm  y 
(  Lile.  El  gran  chambelán  informó  hoy  A  los  reportara  qae  el  difunto  rey  ba 
nombrado  sacesor  por  testamento;  pero  A^egó  que  no  podía  bacer  público 
MI  nombre^  pues  la  etiqueta  requiere  que  los  soberanoa  europeos  y  el  presi- 
K^nte  de  ios  Estados  UnfdoB  seun  informados  primerot» 

Parece  esto  una  notícin  de  día  de  Inot^entes.  Pero  é.  los?  buenos  yanquis  se 
Iji  dan  como  cosa  mt/y  mHda  y  lo  creen  coro<j  artículo  de  fe. 


31  LOS    PUBBLOS   HISPANOAMBRIGANOS 

;r).000.000  de  pesos  oro,  garantido  por  el  10  por  100  del  pro- 
ducto total  de  las  Aduanas  y  por  un  impuesto  permanente  sobre 
las  bebidas  alcohólicas.  Con  el  importe  del  empréstito  el  Go- 
bierno se  pro}.ionía  saldar  las  cuentas  pendientes  desde  la  última 
guerra  y  dar  impulso  á  la  agricultura  y  á  la  industria. 

Entre  las  cuentas  pendientes  figuran  indemnizaciones,  re- 
comt^ensas  ó  premios  á  las  familias  de  los  que  murieron  por 
conquistar  la  independencia  que  ahora  disfruta  Cuba.  Sin  em- 
bargo, el  Gobierno  no  dio  pruebas  de  mucha  generosidad  en 
favor  de  aquéllas,  á  juzgar  por  uno  de  sus  acuerdos.  Para  so- 
lemnizar el  10  de  Octubre,  resolvió  pedir  al  Congreso  un  crédito 
de  16.000  pesos  que  habían  de  distribuirse  entre  los  inválidos 
de  la  revolución,  y  de  dicha  cantidad  destinaba  1.500  pesos  á 
las  viudas  ó  hijos  de  Antonio  y  José  Maceo,  de  Flor  Crombet, 
de  Guillermo  Moneada  y  de  Francisco  Borrero.  ¡Una  limosna 
de  i^(X)  pesos  á  la  viuda  de  Antonio  Maceo! 


t.«  »itu«ci<Sn  financiar»  en  1908.-  La  lotería  nacional.— El  empréstito  y  el  ejér- 
cito libértate or.— Asemos  de  rebelión.— La  isla  dePindsylaa  estaciones 
naTale^i  yanquis  en  Cnba. 

En  1^08,  la  cuestión  financiera  sigue  preocupando  á  los  go- 
bernantas de  la  nueva  República.  Buscan  con  empeño  recursos, 
poroue  sobre  las  atenciones  propias  de  un  Estado  soberano,  hay 
que  satisfacer  las  exigencias  de  los  que  tomaron  parte,  con  las 
armas,  en  ^a  pasada  guerra,  y  riden  sueldos  ó  recompensas  que 
'.es  fueron  ofrecí  a  i>s. 

Por  ley  de  57  de  Febrero  quedó  der.nitivamente  resuelto 
cv.e  se  negociara  el  empréstito  á  que  ant*s  nos  bemcvs  referido, 
V  se  crearon  ittir cestos  especinles  y  ata  hacer  frente  i  los  inte- 
rés fs  y  amor  ti  ya  cien  de  aquél . 

kVn  'v^s  3?.iW.«XV>  del  emvréstito  deb:«  vaírarse  al  e;éncito 


35 


revolnoionai'io  j  estimular  ó  favorecer  los  trabajos  del  campo. 
Pero  resultaba  que  ese  ejército  fué taix numeroso  que»  prestando 
erudita  ¿  todos  los  que  reclamaban  algo,  debió  pasar  de  60.CXX> 
combatientes.  División  hubo  de  500  4  1.000  hombresjque,  ahora, 
caando  se  trataba  de  cobrar,  aparecía  con  un  cero  más  á  la  de- 
rftchii.  Todos  ae  llamaron  á  la  parte,  y  aún  se  pretendió  que 
e>ntre  los  individuos  del  ejército  libertador  que  no  disfrutaban 
destino  público  se  repartiera,  desde  luego,  el  excedente  de  casi 
2,000.000  de  pesos  con  que  se  había  saldado  ©1  áltimo  presupuesto. 
La  situación  económica  es,  pues,  difícil;  de  aquí  impuestos 
generales  y  provinciales;  gravámenes  sobre  cerillas  fosfóricas^ 
cigarros,  licores  y  otras  materias;  disgusto  en  la  Habana  y  cie- 
rra de  ostablecimientoscomerciales,  y  por  fin,  propósito  de  res- 
tiiblecer  la  tan  odiada  lotería,  á  la  que  tanta  afición ^  sin  em- 
bargo, tienen  muchos  cubanos,  como  lo  demuestra  el  hecho  de 
qno,  después  de  abolida  por  los  yanquis,  se  han  venido  intro- 
duciendo en  la  isla  billetes  de  la  lotería  española  y  de  otras  ex- 
tranjeras. Y  la  verdad  es  que  si  el  dinero  cubano  ha  de  favore* 
cer  k  los  demás  Estados  ó  á  sus  empresas  loteras,  vale  mis 
establecer  la  lotería  nacional  y  aprovechar,  en  benetíoio  |)ropio, 
la  afición  de  los  jugadores.  Así  piensan  muchos  en  la  isla,  pero 
e!  Presidente  se  opone  resueltamente  k  ello.  No  quiere  legalizar 
el  juego»  bino  perseguirle  y  extirparle  con  mano  fuerte.  »La  lo- 
tería, dice,  desmoraliza,  empocxoña  la  Administracióij.  En  ella 
tiene  la  colonia  las  más  bochornosas  páginas  del  capítulo  de 
í^ns  fraudes,,.,.  Resucitar  la  lotería  es  resucitar  el  régimen  es- 
pañol, y  entonces  veríamos  que  la  revolución  no  ha  regenerado 
nada  ni  redimido  á  nadie.  He  sido  el  más  fervoroso  predicador 
de  la  concordia  entre  cubanos  y  españoles;  pero  precisamente 
para  que  éstos  nos  ayuden  k  formar  una  patria  grande,  noble» 
digna»  verdaderamente  libre.  ¿De  que  modo?  Limpiando  de! 
pspírifcn  público  cuanto  ptueda  traer  al  recuerdo  la  lepra  voló- 
niaL  Betrás  de  la  lotería  vendrá   todo  lo  que  nos  dio  motivo 
para  que  deseáramoíi  separarnos  de  España,...  » 


36  T.OS   PUEBLOS   HlSPANOAMBRtCANOS 

En  las  Cámaras,  la  mayoría  de  Senadores  y  Representantes 
no  participa,  en  este  punto,  de  las  ideas  del  Presidente.  A  fines 
de  Noviembre,  el  Senado  aprobó  un  proyecto  de  lotería  con  tres 
sorteos  por  mes  y  dos  más  extraordinarios  al  año.  Los  produc- 
tos íntegros  deben  destinarse  al  pago  de  haberes  del  ejército  li- 
bertador. 

La  Comisión  encargada  de  hacer  la  nómina  de  dicho  ejército 
incluyó  (contando  los  muertos)  53.774  individuos,  y  fijó  en 
unos  51.000.000  de  pesos  la  cantidad  que  se  les  adeuda.  Si  á  ella 
se  agregan  los  3.000.000  que  aproximadamente  importan  los 
bonos  que  emitió  la  Delegación  revolucionaria  de  Nueva  York, 
y  los  6  ó  7  millones  á  que  ascenderá  la  deuda  contraída  con  las 
clases  civiles  de  la  isla,  resultan  unos  60.000.000,  es  decir,  casi  el 
doble  del  valor  del  empréstito.  Por  esto  hay  quien  recuerda 
como  solución  los  famosos  cortes  de  cuentas  á  que  apeló  España 
en  casos  semejantes,  y  otros  proponen  que  se  invite  á  los  vetera- 
nos de  la  guerra  á  renunciar  á  parte  de  sus  créditos.  Dar  largas 
al  cumplimiento  de  la  obligación  ofrece  cierto  peligro,  pues  no 
parece  que  aquellas  gentes  sean  tan  sufridas  como  nuestros  in- 
felices repatriados.  Ha  habido  ya,  por  esta  causa,  rebeliones  en 
la  parte  oriental  de  la  isla.  "^ 

En  efecto,  á  mediados  de  Julio  se  formó  en  Vicana,  juris- 
dicción de  Manzanillo,  una  partida  de  unos  6ü  hombres,  según 
parte  oficial  del  G-obierno;  más,  según  otras  referencias.  Hubo 
gran  alarma,  y  se  dijo  que  los  rebeldes— que  se  corrieron  hacia 
la  jurisdicción  de  Bayamo — contaban  con  auxiliares  en  otras 
comarcas  y  tendían  a  destituir  al  Presidente.  Dos  meses  des- 
pués, el  13  de  Septiembre,  apareció  nueva  partida  insurrecta  en 
Sevilla,  barrio  del  Caney.  Una  y  otra  fueron  fácilmente  disuel- 
tas, y  sus  cabecillas  principales  cayeron  en  poder  de  la  guardia 
rural. 

La  tentativa  revolucionaria  no  encontró  buena  acogida  en 
el  país;  pero,  no  obstante,  en  la  prensa  arreciaron  las  censuras 


contra  el  Pre^ideiiu^^  .-  ,-,ii  outjit-]  no,  porque  muclios  de  los  que 
nada  hicieron  para  libertar  a  Cuba  obtienen  cargos  ó  destinas^ 
públicos,  y  los  que  vertieron  su  sangre  en  los  campos  de  bata- 
lla perecen  de  hambre. 

Si  el  movimiento  insurreccional  se  renueva  y  persiste,  habrá 
lugar  á  la  intervención  yanqui,  según  la  enmienda  Platt,  y  esa 
intervención  podrá  serla  ruina  de  la  República  cubana,  no»  por 
cierto,  con  provecho  para  los  interventores,  que  se  expondrían 
á  sufrir  fracasos  militares  y  sobre  todo  económico!^  muy  consi- 
derableSf  si  la  mayoría  de  los  cubanos  rechazaran  su  domi- 
nación. 

Conviene  más  á  los  yanquis  Cuba  libre,  pacifica  y  prós- 
pera, que  Cuba  poseída  por  la  fuerza  de  las  armas,  pero 
rebelde,  yerma*  sus  tierras  y  entregada  á  todos  los  azares  de  la 
guerra. 


El  2  de  Julio,  D.  José  M.  García  Montes,  Secretario  de  Ha- 
cienda de  la  Uepóbiica  de  Cuba,  y  el  Sr.  G.  ¡Squiers,  Ministro 
plenipotenciario  del  Gobierno  de  Washington  en  la  Habana, 
firmaron  en  esta  ciudad  los  dos  tratados  referentes  á  la  propie- 
dad de  la  isla  da  Pinos  y  á  las  estaciones  navales  que  Cuba  con- 
cedió á  los  Estados  Unidos  por  convenios  de  16  y  23  de  Febrero 
de  1903,  en  cumplimiento  de  lo  qne  preceptuaba  «1  artit^ulo  7.° 
del  Apéndice  á  la  Constitución  cubana. 

Según  uno  de  loa  artículos  de  la  ley  de  relaciones  entre  los 
Estados  Unidos  y  Cuba,  artículo  que  se  incluyó  en  el  citadc» 
Apéndice^  la  u^la  de  Pinos  quedaba  fuera  de  los  limites  de  Cuba 
propuestos  por  la  Constitución,  y  en  |iostenor  tratado  habría 
do  fijarse  á  quién  pertenecía.  Ahora  los  yanquis,  en  considera- 
ción á  la  concesión  de  estacionen  navales,  renuncian  á  favor  de 
ia  República  cubana  toda  reclamación  que  acerca  del  derecho 
á  la  isla  de  Pinos  se  liaya  hecho  ó  hiciere  en  virtud  de  los  at- 
tf eulos  1 /' y  *2 . **  del  tratado  de  poíí  i|Ué  tnit>iisieron  á  Kspaña 
en  1898. 


38 


\X>H    F1TEBL08   HISVANOAMBIKIQAKOS 


Las  estaciones  navales  y  carboneras  que,  coxno  se  ha  dicho,' 
cedió  Cuba  á  loa  Estados  Unidos^  son  laü  de  Guantánamo  y 
Babia  Honda^  y  en  el  segundo  de  los  tratados  á  qne  nos  refe- 
rimos se  determinan  las  condiciones  de  arrendamiento  de  las 
áreas  de  terreno  y  agua  necesarias  para  establecerlas.  Los  yan- 
quis pagarán  á  la  República  de  Cuba  2.000  pesos  oro  anuales. 
Torios  los  terrenos  de  propiedad  particular  y  otros  bienes  in- 
muebles comprendidos  en  dichas  áreas  serán  adquiridos  sin  de- 
mora por  la  República  de  Cuba.  Los  Estados  Unidos  convienen 
en  suministrar  i  Cuba  las  cantidades  necesarias  p^ra  la  compra 
de  diclios  terrenos  y  bienes  de  propiedad  particular»  y  la  Repú' 
blica  de  Cuba  aceptará  dichas  cantidades  como  pago  adelantado 
á  cuenta  de  la  renta  debida  en  virtud  de  este  convenio.  Bichas 
áreas  serán  deslindadas  y  sus  linderos  marcados  con  precisión 
por  medio  de  cercas  ó  vallados  permanentes.  Los  gastos  de 
construcción  y  conservación  de  estas  cercas  ó  vallados  serán 
sufragados  por  los  Estados  Unidos.  No  se  permitirá  á  persona, 
sociedad  ó  asociación  alguna  establecer  ó  ejercer  empresas  co- 
merciales, industriales  ó  de  otra  clase  dentro  de  estas  áreas. 
Los  demás  artículos  del  tratado  se  refieren  al  régimen  adua- 
nero, sanitario  y  de  policía,  y  á  la  extradición  de  criminales 
sujetos  á  la  jurisdicción  de  las  leyes  cubanas  refugiados  en  las 
concesiones^  y  de  los  que  cometieron  delito  6  falta  en  ellas  y 
bnyan  á  territorio  de  Cuba. 

Los  tales  tratados  no  han  satisfecho  completamente  á  los 
cubanos.  Los  Estados  Unidos  renuncian  á  sus  pretensiones  sobre 
la  isla  de  Pinos  á  cambio  de  la  concesión  de  las  estaciones,  oon 
lo  que,  d©  modo  implícito,  se  declara  y  reconoce  que  dicha  isla 
les  pertenecía  ó  que  tenían  derecho  á  ella^  lo  cual  no  es  cierto, 
Dícese  además  qne  el  Presidente  Estrada  ha  accedido  á  varias 
exigencias  de  los  yanquis,  entre  otras  que  el  alcalde  de  Pinos 
sea  persona  grata  á  aquéllos  y  que  haya  escuelas  primarias  en 
que  se  dé  la  enseñanza  en  inglés.  También  están  disgustados 
los  capitalistas  yanquis  que  se  afincaron  en  Pinos.  Alegan  que 


i>UBA  Bd 

compraron  terrenos  é  hicieron  gastos  considerables  en  el  sa- 
paesto  de  que  sus  bacjendas  j  sas  derechos  quedarían  bajo  la 
salvaguardia  del  Gobierno  de  los  Estados  Unidos;  pero  que  el 
de  Cuba  les  inspira  mny  poca  confianjsa,  los  trata  con  descon- 
sideración y  los  agobia^con  impuestos  excesivos. 


VJ 


Negociación  del  etüpréfitito, -Nuevos  impueiBto&.— Keconstitución  de  la  ri- 
íjuezadela  íhIu.— El  problema  de  La  iuinierracióa.— Instruoción  pública.- 
Tratado  de  reciprocidad  comercial  con  loa  Estados  Unidoa. 

La  Comisión  encargada  de  negociar  en  el  extranjero  el  em- 
préstito de  los  a5.000.000  salió  de  la  Habana  el  12  de  Septiem- 
bre. Llegó  á  Kueva  York  el  15,  precisamente  en  los  mismos  días 
en  que  se  supo  el  alzamiento  de  partidas  insurrectas  en  Sevilla. 
Mala  impresión  produjo  esta  noticia  entre  los  financieros  neo- 
yorkinos.  Querían  garantías  muy  sólidas,  no  confiaban  en  que 
pudieran  hacerse  efectivos  los  impuestos  creados  para  atender 
á  las  obligaciones  del  empréstito,  y  pretendían  una  interven- 
ción en  la  renta  de  las  Aduanas* 

El  Presidente  de  Cuba,  en  el  Mensaje  que  leyó  ante  el  Con- 
greso el  2  de  Noviembre,  participó  que  los  Comisionados 
estaban  ya  de  regreso  y  prescindían  del  proyectado  viaje  á  Eu- 
ropftf  «por  considerar  asegurado  el  empréstito  en  la  banca  de  los 
Estados  Unidoa», 

Entre  tanto,  algunos  de  los  impuestos  á  que  antes  nos  ha- 
mos referido  ^  ó  sea  los  que  se  establecieron  para  responder  al 
pago  de  los  intereses  y  amortización  de  los  85.000.000  de  pesos, 
suscitaban  vivas  protestas.  La  Cámara  internacional  de  Co- 
mercio y  otras  entidades  mercantiles  de  la  isla  los  caliÜcaban 
de  onerosos,  perjudiciales  é  inadecuados  en  su  forma. 

El  19  de  Noviembre^  el  Poder  Ejecutivo  dirigió  Mensaje  es- 
pecial al  Congreso  dándole  cuenta  de  los  resultados  obtenidos 
en  la  negociación  del  empréstito.  Los  banqueros  neoyorkinos 


40  LOS   PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 

habían  solicitado  modificaciones,  y  en  vista  de  ellas  se  some- 
tían á  la  resolución  del  Congreso  las  siguientes  bases: 

Cuba  emitirá  Bonos  de  una  Deuda  exterior  por  cantidad  que 
no  exceda  de  35.000.000  pesos  oro  en  moneda  de  los  Estados 
Unidos,  al  tipo  de  4  pesos  86  centavos  por  cada  libra  esterlina. 
Dichos  Bonos  devengarán  interés  de  5  por  100  anual  y  se  amor- 
tizarán en  cuarenta  años.  El  pago  de  intereses  y  amortización 
ha  de  garantirse  mediante  autorización  al  Poder  Ejecutivo  de 
Cuba  para  destinar,  comprometer  é  hipotecar  á  ese  efecto  una 
cantidad  suficiente  de  los  ingresos  de  las  Aduanas  de  la  Repú- 
blica. 

En  el  Mensaje  antes  citado  de  2  de  Noviembre,  el  Presidente 
se  mostraba  muy  optimista.  Las  obras  públicas  toman  gran 
desarrollo  gracias  á  los  capitalistas  yanquis.  Según  datos  con- 
signados en  ese  y  anteriores  Mensajes,  2'he  Cuba  Company^ 
The  Cuban  Eastern  Railway^  la  Insular  Railway  Company  y 
The  Western  Raüways  of  Havana  van  uniendo  entre  sí  todas 
las  plazas  mercantiles  de  importancia  y  completando  la  red  de 
ferrocarriles  de  la  isla  (1). 

Se  confía  mucho  en  las  favorables  consecuencias  que  puede 
tener  la  ratificación  del  tratado  comercial  con  los  Estados 
Unidos,  mediante  el  cual  los  capitales  yanquis  encontrarán 
mayores  alicientes  para  dedicarse  á  la  explotación  agrícola, 
forestal  y  minera  de  Cuba.  Sin  esos  ú  otros  capitales  extran- 
jeros, no  podría  reconstituirse  la  riqueza  pública. 

Dada  la  situación  y  condiciones  en  que  se  hallan  los  culti- 
vos, gran  parte  del  capital  ha  de  emplearse  en  atraer  y  pagar 
bien  los  brazos  que  se  necesitan  para  trabajar  en  las  fincas.  Por 
esto.  Estrada  Palma,  al  finalizar  su  Mensaje,  excitaba  al  Con- 
greso para  que  se  ocupe  en  reformar  las  disposiciones  sobre  in- 
migración, con  el  objeto  de  resolver  ese  importante  problema 

1  Desde  el  15  de  Noviembre  hay  servicio  diarlo  y  directo  del  ferrocarril 
cen tr;)l  entre  la  Habana  y  Santiago  de  Cnba  (.veinticinco  horas  de  viaje). 


CUBA 


41 


sooial  y  económico  que  hoy  más  que  nunca  preocupa  los  km- 
mos.Haceu  faltan  inmigran  tes  con  familia^  sanos,  fuertes,  labo- 
liosos  y  fácilmente  adaptables,  por  sue  condiciones  étnicas,  al 
clima  y  al  medio  social  de  Cuba». 

A  este  propósito  responde  la  proposición  de  ley  presentada 
á  la  Cámara  de  Representantes  el  11  de  Noviembre,  Próxima  á 
realizarse  la  zafra  mayor  que  quizá  haya  hecho  Cuba^  se  teme 
que  falten  brazos  para  llevarla  á  término^  perdiéndose  así  parte 
del  gran  capital  invertido  en  los  cultivos,  y  se  propone  que  se 
conceda  al  Ejecutivo  un  crédito  de  150.000  pesos  para  dedicaríoa 
inmediatamente  i  los  gastos  de  inmigración  de  campesinos 
europeos  y  canarios.  Con  tal  objeto  se  autorizará  á  los  Cónsules 
de  las  provincias  del  Norte  de  España,  de  Cataluña,  Canarias  y 
Norte  de  Italia  para  satisfacer  los  pasajes  de  los  inmigrantes, 
y  en  determinados  casos  de  sus  familias.  La  mínima  y  máxima 
edad  de  aquéllos  han  de  ser  de  diez  y  ocho  y  cuarenta  y  cinco 
años. 

Merecen  también  mención  especial  los  párrafos  del  Mensaje 
dedicados  al  estado  de  la  instrucción.  Afirma  el  Presidente  que 
Bsta  adelanta  mucho,  y  cree  que  la  inmensa  mayoría  de  la  slv- 
tual  generación  tendrá  la  cultura  elemental  indispensable  á 
todo  ciudadano  de  un  pueblo  libre.  Van  aumentando  el  número 
da  escueias  y  los  asistentes  ¿  ellas,  y  se  pone  gran  esmero  en 
la  elección  y  enseñanza  de  maestros. 


En  Diciembre  de  1902  ee  había  pactado  el  tratado  de  reci- 
procidad comercial  entre  Cuba  y  los  Estados  Unidos.  Lo  apro- 
baron los  Presidentes  de  ambas  Repúblicas  y  el  Senado  cubano, 
y  se  canjearon  las  ratificaciones  el  31  de  Marxo  de  1903* 

Faltaba  la  aprobación  del  Congreso  yanqui,  Este,  reunido 
en  sesión  extraordinaria,  lo  aceptó  el  19  de  Novietíibre  por  336 
votos  contra  21.  El  Senado  dejó  en  suspenso  la  Itjy  hapta  el  16 
de  Dioierobre,  á  fin  de  que  cualquier  Senador  pudiere  aún  hacer 
observaciones*  El  17  quedó  aprobada  definitivamente; 


4a 


LOS   PU&BLOS   Ulí»PANOAMBMlCANO(& 


El  tratado  estari  vigente  durante  cinco  afiosj  y  después  se 
considerará  prorrogado  de  año  en  año,  en  tanto  que  no  lo  de- 
nuncie alguna  de  las  parte::;  contratantes. 

Aparte  las  mercancías  de  uno  y  otro  paie  que  ya  gozaban  y 
conservarán  franquicia  en  la  respectiva  importación^  se  conce- 
den aquéllos  mutuamente  una  rebaja  del  20  por  100  en  los  dere- 
chos  de  las  tarifas  actuales  ó  las  que  pudieran  establecerse  en 
lo  suoesivOr  Se  consignan  reducciones  del  25  por  100  al  40  por  100 
I  favor  de  numerosos  artículos  de  la  producción  é  industrias 
yanquis,  con  lo  que  casi  por  completo  se  cierra  el  mercado  de 
Cuba  á  Europa  y  especialmente  á  España, 

El  tratado,  como  se  ve,  á  quien  principalmente  beneficia  es 
á  los  Estados  Unidos.  No  obstante ,  el  Presidente  Rosseryelt 
adoptó  la  actitud  que  siempre  toman  en  estos  casos  los  políti- 
cos yanquis:  la  de  protector  del  pueblo  á  quien  pretenden  ex- 
plotar, Todo  se  había  becho  en  obsequio  de  Cuba*  «El  honor 
nacional — decía  poco  más  ó  menos  en  su  discurso  del  10  de  No- 
viembre—exige que  ios  Estados  Unidos  hagan  concesiones 
arancelarias  á  Cuba*  Esta  cumple  fielmente  sus  corapromiaos 
con  nosotros,  lo  ^ue  la  da  derecho  á  que  la  hagamos  concesio- 
nes fiscales  tan  grandes  como  las  que  nos  otorga.  Como  prueba 
de  buena  fe  respecto  á  nuestra  joven  hermana,  cuya  suerte  debe 
estar  estrecha  y  eternamente  unida  á  la  de  los  Estados  Unidos, 
debemos  i>rorurar  su  prosperidad,  y  al  hacerlo  así^  nos  ayuda- 
remos á  nosotros  mismos». 

La  tal  ayuda^  median  te  la  cual  los  tejido»  de  toda  clase,  la 
maquinaria,  los  aguardientes,  las  conservas,  los  vidrios  y  cris- 
tales, el  papel,  el  calzado^  el  jabón,  el  ganado,  las  harinas,  el 
arroz,  los  vinos,  efec,,  etc.,  disfrutan  del  25  al  40  por  100  de  re- 
ducción en  las  aduanas  de  Cuba  — bien  vab'a  Ja  pena  de  otorgar 
á  ésta  la  limosna  del  20  por  100  en  las  aduanas  de  los  Estados 
Unidos. 

Ahora,  en  la  isla,  donde  hay  almacenadas  grandes  caotída 
des  de  azúcar,  podrán  hacerse  buenas  ventas;  pero  en  los  pro- 


c:imA 


4B 


xímos  años  es  muy  de  temer  que  los  hechos  den  la  razón  á  los 
que  pedían  mayor  rebaja  en  beneficio  del  adúcar  y  el  tabaco  cu- 
banos^ como  necesaria  para  poder  competir  en  los  Estados  Uni- 
dos con  el  azúcar  en  ellos  producido.  En  realidad,  ni  falta  hace 
q^ne  los  hechos  confirmen  ese  temor.  Seguramente,  ai  fuera  te- 
mible la  competencia  cubana,  los  hacendados  de  la  Lni&iana  j 
lo«  remolacheros  de  Iop  Estados  del  Oeste  ya  hubieran  hallado 
medio  de  oponerse  con  mayor  empuje,  y  no  hubiese  quedado  re* 
diinida  la  oposición  á  21  votos. 

La  dependencia  económica  de  CuhaVá  los  Estados  "unidos 
que  implica  el  tratado,  dio  motivo  k  que  algunos  Senadores 
yftnquÍ5>,  con  ocasión  del  debate,  insistieran  en  la  conven  ¡encía 
para  Cuba  de  pedir  su  ingreso  entre  los  Estados  de  la  Unión. 
La  anexión,  según  Mr.  Newlands,  podría  hacerse  ahora  en  con- 
diciones más  ventajof+as  para  lo»  cubanos,  Los  3o.00(}»CKX)  de 
pesos  de  la  Deuda  se  convertirían  en  bonos  de  lo»  Kstados 
unidos.  Puerto  Rico  podría  ser  una  provincia  del  Estado  de 
Cuba.  Previendo  que  la  anexión  pudiese  contrariar  á  (os  actua- 
les funcionarios  electivos  de  la  isla,  propuso  que  siguieran  en 
sas  cargos  basta  la  expiración  de  su  mandato.  La  Guardia 
rural  se  incorporaría  al  ejército  de  la  Unión. 


La  mayor  parte  de  las  tropas  yanquis  qne  aún  permanecían 
en  Cuba  han  marchado  á  su  país.  Quedan  las  fuerzas  que  han  de 
guarnecer  las  estaciones  nayales  cedidas  á  los  Estados  Unidos. 


PUERTO  RICO 


Sü  poDiadOB  y  «u  eetaáo  actual,— La  miseria,  el  hambre  y  Is  emig-rBoióo.— 
PortorríqtieñOii  al  Pací  fleo,— Falto  de  aptitudes  colnnizadfiras  de  loa  yan- 
•iQifí.— Rég^iriieD  político.— Lu  ÍDinoralidad  ríe  la  A  d  mi  o  i  strnción.— Com- 
paración entre  Paerto  Rico  proviaeia  6  parte  de  la  Nación  ««pañola,  y 
Fuerto  Rioo  tirani^jida  por  los  yanquis. 


En  virtud  del  tratado  de  paz  que  en  1898  impusieron  ¿  Es- 
pana  los  Estados  Unidos  norteamericanos,  pasó  al  dominio  de 
éstos  una  de  las  tierras  más  pobladas  del  Nuevo  Mundo. 

Puerto  Rico,  cajtk  población  desde  1825  á  lSb7  se  había  cua- 
drapllcado.,  en  el  último  de  dichos  años  tenía  7f^8«000  habitan- 
tes. El  censo  hecho  en  1899  dio  953.000,  de  ellos  590.000  blancos, 
oasi  todos  de  origen  español,  304.000  mulatos  y  5ÍK000  negros. 
Hay,  pues,  en  la  isla  102  habitantes  por  kilómetro  cuadrado. 
Para  que  España  tuviera  igual  densidad  habríamos  de  contar 
51.000.000  de  almas. 

Más  venturosa  que  Cuba,  no  ha  sufrido  Puerto  Hico  la  plaga 
de  la  guerra,  y  bajo  esa  administración  española  tan  maltra* 
tada,  vivían  los  portorriqueños  en  condiciones  tale,s  de  tranqni- 
lidad,  bienestar  y  saluda  que  su  población,  rural  la  mayor  parte 
(8Ólo  el  21  por  100  habitan  en  poblados  de  más  de  l.OOO  indivi- 
duos), ha  podido  aumentar  casi  en  un  20  por  100  en  los  doce 
años  transcurridos  de  1887  á  1899,  y  hoy,  según  las  estadís- 
ticas formadas  ei*  Washington^  la  proporción  de  niños  menores 
do  diez  años  es  del  31  por  100,  proporción  superior  á  la  de  cual- 


U\  TiOfi   PirBRIiOS   HISPANOAMERICANOS 


q\nor  estftdo  6  territorio  de  la  Unión  norteamerioana  y  de  la 
Kuropa  oooidental. 

Bajo  la  administración  yanqui,  las  circunstancias  han  cam- 
biado por  completo.  Los  daftos  que  causó  el  ciclón  de  18^  hu- 
hioran  v^ido  pasajeros  si  la  isla  hubiese  continuado  siendo  una 
provincia  de  Espafia.  Por  desgracia,  estaba  ya  sometida  al  po- 
der de  t^os  yanquis,  que,  impacientes  por  sacar  provecho  de  sn 
nuertk  colonia,  la  trataron  como  país  conquistado,  adoptando 
dispiviioiones  tales,  que  no  fué  (>osibIe  remediar  los  perjuicios 
oca$\ouAdos  por  aquella  (perturbación  atmosférica:  antes  al  con- 
trario«  U  ruina,  la  desv^lación,  la  miseria  se  extendieron  rápida- 
menii^  por  todo  el  pais. 

Ka  moneda  norteamericana  substituyó  á  la  española; 
mediante  la  eon versión,  los  especuladores  yanquis  hicieron 
ex<^l<*uies  nejfvvivVit,  y  lo  que  ^naron  ellos  lo  perdieron  los 
|y^rI^^rriqueA^v^  disminuyó  la  importación  á  España,  y  no  se 
ahner^^n  a  lo*  pr\viuc;v>55  de  la  iiüa  nuevos  mercados. 

r,^r  o;ra  vAr:o,  ooxíven:*  á  los  produo;ores  y  mercaderes  de 
*,,NS  V\v:4i,5os  Vr,;^lv^^  rratía-  ;jk  P^ierto  K:co.  ¿esvie  e'  v:ir.to  ¿e  vista 

*  r  A  V,  .^  U  * :  ,^ ,  o  ,^;v»  ^^  cierra  e  x  te  a  r.  >er* .  y  se  a  v  1  ic  -^ .  v  -^ "  -  *  -^ y  I^*** 

*  *  k<^ :  A  V : :  *,  ,t  í  '.  A  V  /,  a  t  a  *.  ■ :  a  •'*:  r,  c>  y .  < :;  b*  c^  a  <i :  e*.  i  í^"  -  o  de  los 
A.;  ,'  /,/.^  ,',í  vr;iuírA  v,es.vs',,lA,:^  «-v,;^^  eV,^>  í*.  ar-^cr  *m>^  de  la 
A>.'.víri:jí,".,'r,  ,í^  '.*.s  ,'Ar«v■esv.•.,^s  V".  Arr.^*  '.v,,v..*  c-ieJ:,"-  exiraor- 
• :  V.  A . :  A V.'  í  ". ;  í  ac  A  ^-^ft  5. ," ,  y  '^. ,;  ro  ^  ue  xV r:^  r  TA r  í ",  A  r  r.* j  .if  La  Lid- 

s;av,a  í:;a->  ,'atv  c  xí  .."  ;ta  a^  r.íl  Av.i^^  !./■?  .',*  r;-.'rT:c  .'.íi.Ví  sa- 
t  A  V  .  i  s  :  ,*  r: .:  *.  *>  ,1  í  *  >,  a  r,',  >  rí .  ,>?  r,*  ,:^  /  a  -, :  a  r,  ^-^  r*s  v-a  -  c  -ís 
vsv,  <« .   /  .vX'-sA-'Ní  ;;v.,vi  ,-,*Av;.'.s '."    í-í    -.í  .'„<.Ars  r.-.A> 

*,  -s  s.  ;.:*,-*,y'?',  .*<  *^  ;:*  its  ,,',"*  \'cs  ¿",7.:??*  í'A  Va  :.-  <:  s:r:;A  i 
v-r-, Y  .■  .  .  .v<  ,; #  ;?»;  ',;<,"  ^  ■';■  í  ■  A  '^.A  ,"*  ^  ; *.- '.  /  r  .v  a ,* ,'  -. .  V*-  ' ■ '•  1 .: A3i« . 
-.x;"-Á  :■.-  Tí-      .:a   .  ^  ,;í  ^-í^a  <i>»*    a  r.-.  ^ít-.a  v   ,--/r^  ^  .  í--:-f  "rr. -rrA* 

Í-T    C      ■:'       A,*    í  ■•/.:■    *  ^    ^-  -        í 'V       ""V 


PUERTO  KÍCO 


vista  de  la  indiferencia  con  que  los  dominadores  contemplaban 
la  ruina  de  Puerto  Rico  sin  tomar  medida  ningana  qne  la  con- 
tuviera, surgió  la  aospecíia»  consignada  en  rauchoa  periódicos 
del  Norte  y  Snr  de  América,  de  que  el  Gobierno  de  Wáshinj^ton 
se  proponía  des'afttar  la  isla* 

Acosados  por  el  hambre,  huían  á  millares  los  portorrique- 
ños de  su  tierra  querida.  Los  menos,  los  que  aán  disponían  de 
algunos  centenares  de  pesos  para  pa^ar  el  pasaje,  emigraban 
por  cuenta  propia  á  otros  países  de  lengua  española;  los  más, 
por  no  perecer  de  inanición,  aceptaban  duras  contratas  para 
trabajar  en  remotos  lugares;  desde  aquellos  campos  y  vegas 
dol  interior,  antes  tan  poblados  y  tan  ricos,  hombres,  mujeres 
y  nifios^  sufriendo  las  burlas  y  los  cula tastos  de  la  soldadesca, 
eran  arrastados  hasta  los  puertos,  donde  los  embarcaban  para 
condurirlos  lejos,  muy  lejos,  á  islas  situadas  en  pleno  Océano 
Pacífico,  al  archipiélago  de  Haiíaü,  en  el  que  eran  menester 
braceros  para  que  no  se  arruinasen  los  plantadores,  porque 
desde  que  los  Estados  Unidos  establecieron  en  él  sn  inñaencia 
y  protectorado,  ahora  convertido  en  soberanía,  se  impidió  la 
entrada  de  chinos  y  japoneses,  faltó  la  mano  de  obra  y  sobreví- 
nieron  las  perturbaciones  y  crisis  económicas, 

Hacinados  en  las  cubiertas  ó  en  las  bodegas  de  los  barcos, 
sometidos  á  trato  igual  ó  peor  que  el  que  recibían  de  los  negre- 
ros  los  antiguos  cargamentos  de  ébano ^  han  ido  los  portor rí- 
cenos á  repoblar  y  cultivar  aquellas  tterras  calcinadas  y 
volcánicas,  que  á  vecds  tiemblan  y  vacilan  como  si  les  faltara 
base,  donde  hay  cráteres  de  15  kilómetros  de  eircunlerencia, 
lagos  de  ardiente  lava  y  valles  que  se  abren  para  lanzar  colum- 
nas de  cálido  cieno  y  enormes  piedras  incandescentes.  La  tran- 
sición es  grande.'  otro  suelo,  otros  horizontes»  otro  Océano,  ais* 
lamienta  casi  completo,  pues  centenares  de  leguas  separarán 
á  esos  desgraciados  de  los  continentes  más  próximos,  América 
y  Asia.  Muertos  en  vida,  de  su  suerte  apenas  tendremos  ya 
laoticia. 


48  LOS   PUBBLOS  HISPANOAMERICANOS 

Entre  tanto,  decían  algunos,  Puerto  Rico  irá  perdiendo  su 
actual  población;  sus  tierras,  abandonadas  y  yermas,  podrán 
distribuirse,  cual  nuevas  soyates  harharicae^  entre  los  conquista- 
dores, y  acaso— como  escribía  El  Heraldo  Español^  de  Cara- 
cas—, «pasados  diez  años  ó  menos,  no  quedará  en  la  desventu- 
rada isla  un  solo  elemento  latino». 

No  creo  que  tal  sea  propósito  deliberado  de  los  yanquis .  De 
día  en  día  va  siendo  más  difícil  encontrar  braceros  para  las  la- 
bores del  campo,  sobre  todo  en  países  tropicales,  y  no  les  con- 
viene perder  población  rural  en  Puerto  Rico.  La  emigración  es 
consecuencia  de  la  miseria  ocasionada  por  las  causas  que  se 
han  indicado,  y  el  malestar  persiste  porque  los  yanquis  carecen 
de  aptitudes  colonizadoras.  Lo  que  les  sucede  en  Hauaii,  les 
sucederá  en  Puerto  Rico  y  en  Filipinas.  Algunos  ya  lo  compren- 
den y  piden  para  estas  últimas  un  régimen  análogo  al  do  Cuba. 
Por  efecto  del  predominio  exagerado  que  entre  esas  gentes  tiene 
el  interés  individual,  se  imponen,  con  todas  sus  impacientes 
codicias,  el  mercantilismo  y  la  especulación,  que  impiden  el 
desarrollo  normal  de  la  riqueza  en  las  colonias,  y  que  produ- 
cirán también  los  grandes  desastres  financieros  y  económicos 
que  han  de  llevar  á  los  Estados  Unidos  á  la  revolución  y  á  la 
disolución  (1). 

El  régimen  militar  cesó  en  1.®  de  Mayo  de  1901.  Desde  en- 
tonces ejerce  el  mando  supremo  de  la  isla  un  Gobernador  nom- 
brado por  el  Presidente  de  los  Estados  Unidos,  y  funciona  ade- 
más un  Consejo  Ejecutivo  de  11  individuos,  de  los  cuales  5  son 


(1)    «No  es  enemigo  extranjero  el  que  tenemos  enfrente,  ni  tampoco  una  re- 
belión separatista;  pero  nos  amenazan  peligros  no  menos  temibles  y  mucho 

míís  solapados ¿Cómo  detener  esta  locura  contemporánea  por  el  dinero, 

que  todo  lo  invade?  ¿Cómo  combatir  este  cáncer  de  la  corrupción  oficial,  cada 
día  más  arraigado?  ¿Cómo  contener  esta  amenaza  de  la  ley  del  motín,  cada  día 
m«i3  patente?»  fConferencia  de  Jobn  Woodward,  magistrado  de  la  Sala  de  Ca- 
saoiún  del  Tribunal  Supremo  de  Justicia  de  Nueva  York,  el  6  de  Diciembre 
de  19):í) 


PÜBRTO   RICO 


portorriqueños.  Gobernador  y  Consejo  deben  renovarse  cada 
cuatro  añoSf  y  el  segundo  tiene  también  la  consideración  de  alta 
Cámara  ó  Senado.  Re  dispuso  además  qne,  por  períodos  de  dos 
en  dos  añoa^  se  eligiese  una  Cámara  de  B5  Diputados,  Pero  cual- 
quier resolución  que  adopte  esa  Cámara  puede  ser  anulada  por 
el  Congreso  yanqui. 

Ni  la  nueva  organización,  ni  tampoco  alguna  que  otra  re- 
forma establecida  después^  como  la  abolición  del  régimen  aran- 
celario^ han  servido  para  mejorar  el  estado  general  del  país. 
Poco  más  ó  menos  siguen  las  cosas  como  estaban,  y  claramente 
manifiestan  su  dií^gusto  la  mayor  parte  de  los  portorriqueños. 
La  consideración  de  éstos  es  poco  envidiable:  ni  siquiera  pue* 
den  llamarse  colonos  de  una  gran  potencia.  Oficialmente,  los 
habiiantes  de  PueHo  Rico  constituyeTi  un  pueblo  qtie  se  halla  bc^o 
el proteHorado  de  los  Estados  Unidos,  Un  portorriqueño  no  es 
un  ciudadano  libre  en  su  país,  y  es  un  extranjero  en  los  Estados 
Uiudos.  Asi,  pues,  la  emigración  continúa;  muchos  van  á  Cuba 
y  á  México;  algunos  centenares  han  ido  á  fundar  colonias  en 
Yucatán.  El  Gobernador,  William  H.  Hunt,  tiene  que  sufrir 
con  frecuencia  ruidosas  manifestaciones  de  desagrado,  en  las 
que  toma  parte  muy  activa  el  elemento  obrero. 

Contribuyen  á  aumentar  la  animadversión  y  el  desprecio  á 
los  yanquis  los  escándalos  de  la  Administración,  cuya  nota 
dominante  es  la  inmoralidad,  con  el  nombre  inglés  de  busineüS, 
El  contrabando,  los  fraudes  de  otro  género,  las  irregularidades 
que  decimos  nosotros,  están  á  la  orden  del  día.  En  los  delitos 
de  contrabando  aparecen  complicadas  personas  de  la  más  alta 
categoría  social:  militares,  marinos,  hombres  civiles;  y  en  la 
lista  de  contrabandistas  los  Smith,  Lowndes,  Grabbs,  Giles, 
Steriing,  piedominan  sobre  los  Pérez,  García  y  otros  apellidos 
de  prosapia  española.  No  hubo  medio  de  dar  con  200.000  pesos, 
producto  de  un  empréstito  que  emitió  la  municipalidad  de  San 
Joan  para  fomento  de  las  obras  públicas.  El  Procurador  gene- 
ral de  los  Estados  Unidos  se  mostraba  muy  benévolo  con  los 


50  LOS   PUEBLOS  HISPANOAMERICANOS 

ac asados;  alguna  que  otra  multa,  y  orden  á  raja  tabla  de  sus- 
pender los  procedimientos. 

No  se  recatan  los  portorriqueños  en  expresar  públicamente 
su  descontento  y  sus  protestas.  En  Noviembre  de  1903,  en  un 
periódico  de  la  isla,  La  Democracia^  se  decía  lo  siguiente: 

«En  tiempos  de  España,  los  Municipios  eran  autónomos ;  los 
contribuyentes  imponían  las  cuotas  que  debían  satisfacer;  te- 
níamos sufragio 

»La  libertad  civil  nos  iluminaba  con  sus  potentes  focos,  sin 
que  la  libertad  política  trajera  el  libertinaje  y  la  opresión. 

oLos  delegados  á  la  Cámara  insular,  los  Ministros  y  los  em- 
pleados, con  muy  contadas  excepciones,  eran  portorriqueños. 

»E1  predominio  de  los  nativos  era  innegable.  La  Patria  era 
nuestra. 

•  Nosotros  administrábamos  y  legislábamos. 

»La  ley  Moret  nos  hacía  hombres  libres,  nos  dignificaba,  nos 
engrandecía.  Teníamos  la  responsabilidad  de  nuestros  actos 
sólo  ante  los  Tribunales  de  justicia,  y  teníamos  libertad, 

»>Podíamos  dar  impulso  á  las  nacientes  industrias,  velar  con 
celo  por  la  salvación  de  nuestros  productos.  Teníamos  voz  y 
voto  para  las  resoluciones  de  los  arduos  problemas  nacionales 
en  el  Congreso  de  Madrid. 

*Hoy  tenemos  la  ley  Foraker,  que  es  la  ley  centralizadora 
y  deprimente,  y  con  la  ley  Foraker,  cuerda  de  acero  que  nos 
ata,  una  Cámara  portorriqueña  con  facultades  limitadísimas, 
perfectamente  inútil,  porque  ha  menester  que  sus  resoluciones 

obtengan  la  sanción  del  Consejo  Ejecutivo,  y en  el|Consejo 

Ejecutivo  resutlvt  y  manda  la  mayoría  de  Consejeros  america- 
nos, que,  presididos  por  el  Gobernador,  son  los  legisladores,  los 
administradores  y  los  amos» 

•  Hoy  tenemos  el  hill  Hollandtr^  que  es  la  maza  de  hierro 
que  aplasta  las  industrias  del  país,  que  hace  tasar  las  fincas 
por  conducto  de  los  tasadores  que  no  conocen,  que  no  han  visto 


PUERTO  KIOO 


51 


nunca  las  tierras  que  valoran  ó  caja  valoración  aumentan; 
que  hacen  rematar  las  propiedades  por  el  valor  — lean  bien  los 
que  aplauden  la  tiranía — por  el  valor  de  las  contribuciones;  que 
toman  la  base  del  capital  para  fijar  las  ciíotas,  cuando  las  tie- 
rras del  café  nada  producen  jlas  tierras  del  tabaco  sólo  ofrecen» 
en  estoB  días  de  prosperidad  asoinbrosa  ^  resultados  negativos. 
»Hoy  tenemos  que  los  A  juntamientos,  sin  atribuciones  y  sin 
recursos,  organismos  inútiles,  pueden  sólo  ver  cómo  pueblos, 
ayer  florecientes,  hoy  son  pobres  aldeas  sobre  las  que  soplan 
los  fríos  airee  de  la  muerte, 

•Tenemos  que  el  Consejo  Ejecutivo  lia  de  aprobar  las  tarifas 
para  que  éstas  adquieran  legalidad;  que  el  Secretario  de  Puerto 
Rico  ha  de  sancionarlos  acuerdos  en  que  se  disponga  !a  venta 
ó  arrendamiento  de  bienes  municipales;  que  los  Ayuntamientos 
no  fijan  el  cupo  de  la  contribución  territorial,  y  que  deben  sa- 
tisfacer de  sus  pobres  recursos  del  15  al  25  por  100  para  fondos 
escolaren,  y  el  25  por  100  para  fondos  de  caminos;  que  dichas 
Corporaciones  solo  pueden  orear  loa  impuestos  autorizados  por 
la  ley  sobre  municipalidades,  y  que  no  puederi  salv^ar  á  los  Mu* 
moipios  de  la  bancarrota  que  los  amenaza,  de  la  ruina  que  los 
acecha,  de  la  desgracia  que  los  hiere  sin  piedad. 

►Tenemos  que  los  Ministros,  los  Ministros  que  tienen  facul- 
tades omnímodas,  son  americanos;  que  los  hombres  de  la  Cá- 
mara, sin  atribuciones,  sin  poder  alguno,  son  portorriqueños. 
Pasan  los  hillfi  que  quieren  aceptar  ios  Consejeros  continentales. 
Fué  ahogado  el  bilí  del  empréstito,  que  era  de  ios  nativos;  fué 
ley  el  hUl  de  contribuciones,  que  era  de  los  americanos» 

^Tenemos  que  el  sufragio  es  mentira,  que  la  liberta^  eg 
mentira,  que  el  derecho  es  mentira;  que  sólo  existen  la  centra- 
lizaoiÓTi  y  la  opresión;  que  solo  priva  la  voluntad  de  los  hombres 
del  Norte^  que  vienen  á  Puerto  Rico  á  ser  eftiptrádorts  repre» 
mentando  á  la  Kepüblica. 

»¡La  Uepiiblica!  Nos  arrebata  el  tesoro  que  supo  legarnos  la 
Monarqnia. 


LOS  PUEBLOS  H18PANOAMBBI0AN0S 


»Para  nosotros^  para  los  infelices  portorriqueños,  conde- 
nados á  soportar  el  yago,  la  laz  es  la  sombra ;  la  sombra  es  la 
laz;  la  República  es  la  Monarquía,  porque  nos  trae  la  centra- 
lización, y  la  Monarquía  es  la  República,  porque  nos  ^ió  la  li- 
bertad. 

»¡0h,  Washington!  Tu  carta  luminosa  no  nos  trae  aún  tus 
bendiciones. 

*;0h,  Lincoln!  Hijos  tuyos  unen  enBorinquen  los  eslabones 
de  las  cadenas  que  supiste  romper  con  tu  espada  de  fuego  j 
con  el  fuego  de  tus  ideas  redentoras». 


U 


REPÚBLICA  DOMINICANA 


Conflictos  ecoDómicoB.^Propógttos  de  anexión  A  los  Eetadoa  Unidos.— 'Nua- 
TBfl  revolucione»,— Alejandro  Wos  y  QiL— La  neutralizaci6n  de  los  inarefi 
dorainieanoB  y  loe  puertos  franco». ^Oposición  de  lois  yanqui».— Otra  revo- 
Inción.— Gobierno  provinouaL 


La  Bepáblica  dominicana  entró  en  el  siglo  xx  bajo  la  pre- 
sidencia  de  D.  Jnaii  Isidoro  Jiménez. 

No  cesan  las  dificultades  económicas  ni  los  trastornos  rovo* 
IttcionarioSk 

Percibía  la  renta  de  las  aduanas  nn  sindicato  norteameri- 
cano,  la  Santo  Domingo  Improvement  Company,  es  decir,  la 
Compañía  iiara  el  adelanto  ó  mejora  de  la  República  domini- 
eana.  £1  Gobierno  de  éata  anuló  el  contrato,  el  de  Washington 
intervino,  y  el  Ministro  de  Asnntos  extranjeros  de  Santo  Do- 
mingo 80  hallaba  á  principios  de  Marzo  de  1901  en  la  capital  de 
la  Unión  y  se  proponía  concertar  nna  avenencia  que  satisficiera 
¿  los  accionistas  y  evitase  ing'erencias  peligrosas  ó  humillantes 
para  los  dominicanos,  á  quienes  apoyaba  el  representante  de  los 
acreedores  belgas  y  franceses.  La  misión  del  Ministro  de  Santo 
Domingo  tenía,  sin  embargo,  nn  doble  objeto:  dar  solución  al 
conflicto  con  la  Compañía  y  arbitrar  nuevos  recursos  mediante 
los  cuales  pudiera  normalizarse  la  vida  económica  del  Estado, 
Y  oomo,  por  desgracia,  no  gosan  de  gran  crédito  los  Gobiernos 
dominicanos,  había  lugar  á  temer  que  los  yanquis  exigieran 
garantía  muy  sólida»  el  territorio  de  aquéllos.  Decíase  que  Ji- 
ménez no  se  mostraba  rebacio  á  consentir  en  la  anexión. 

Pensase  así  ó  no  Jiménez»  paréceme  que,  más  que  la  cues- 


54  LOS    PUmBLOti   HlBPANUAMJ^UiUANütí 


tiÓD  fiuttnoiera,  es  el  desorden  casi  permanente,  la  frecuencia 
de  las  revoluciones,  lo  que  puede  dar  motivo  ft  que  algunos  do- 
minicanos sean  partidarios  de  la  anexión  á  los  Estados  Unidos. 
Los  hombres  que  saben  vivir  y  los  pueblos  que  saben  gober- 
narse, aunque  caigan  en  dependencia  económica  de  otros,  no 
pierden  9U  propia  personalidad,  no  se  anulan*  O r acias  al  con- 
curso que  les  presta,  con  su  cuenta  y  razón,  el  capitalista  ó  el 
poderoso,  gozan  de  mayor  bienestar,  desarrollan  nuevas  activi- 
dades, y  dando  amplio  vuelo  á  bub  aptitudes,  sin  la  escasez  de 
medios  que  antes  las  cohibían ,  asegúranse  para  lo  porvenir 
vida  próspera  ó  independiente.  Pero  ni  pueden  oumplir^se  com* 
promisos  ó  convenios  pactados  con  aquéllos,  ni  son  posibles 
prosperidad  é  independencia  cuando  la  guerra  civil  es  el  estado 
permanente  de  un  pueblo. 

En  1902  se  produjo  nuevo  movimiento  revolucionario  en 
Hanto  Domingo^  dirigido  por  el  Vicepresidente  de  la  República 
Vázquez.  A  principios  de  Mayo  las  tropas  leales  al  Presidente 
Jiménez  ae  habían  concentrado  ©n  Puerto  Plata»  cuyo  Gobernar 
dor j  Deschampa,  estaba  dispuesto  á  la  defensa.  Pero  el  día  2  ca* 
pituló  la  ciudad  de  Santo  Domingo,  y^  derrotadas  aquéllas,  rin- 
diéronhíe  también  Puerto  Plata  y  Montecristi,  y  los  vencidos  se 
dispersaron  buscando  refugio  en  los  consulados  y  buques  ex- 
tranjeros, Jiméneü  renunció  sus  derechos,  y  se  constituyó  Go- 
bierno provisional  bajo  la  presidencia  de  Horacio  Vázquez. 

Los  enemigos  de  éste  renovaron  la  contienda,  y  llegó  el 
nuevo  año  sin  haberse  restablecido  la  paz» 

Á  mediados  de  Abril  de  1903  se  batía  bien  el  cobre  en  Santo 
Domingo.  Habíanle  librado  sangrientos  combates  entre  las 
fuerzas  del  Gobierno  y  los  revolucionarios.  Yanquis,  alemanes, 
ingleses  y  holandeses  desembarcaron  marinería  para  proteger 
á  los  suyos.  En  la  época  citada,  el  Presidente  Vázquez  hízose 
fuerte  en  la  capital  de  la  República,  y  aunque  sus  tropas  supe- 
raban en  número  á  las  délos  contrarios,  faltáronle  municiones 


UfíPOBLIÜA   DOMINICANA 


y  tuvo  que  ceder  á  ésto.s  el  campo,  retirándose  al  interior  de  la 
isla  según  unos,  embarcándose  según  otros  en  un  cañonero  para 
dirigirse  á  Cuba.  Se  formó  Gobierno  provisional,  y  poco  después 
la  situación  política  quedó  normalizada  bajo  la  presidencia  de 
D,  Alejandro  Woa  y  Gil. 

Pareció  que  se  aüanzaba  el  orden,  y  esperábase  que  el  nuevo 
Presidente,  bien  conceptuado,  lograría  imponerse  A  los  partidos 
políticos.  Agobiado,  no  obstante^  por  las  imposiciones  de  ios 
yanquis,  que  no  perdonaban  niedio  de  hacer  efectivos  los  crédi- 
tos que  tenían  á  su  favor  por  viVtud  de  los  contratos  á  que  dio 
lugar  el  arreglo  con  la  «Santo  Domingo  Improvement»^  buscó 
el  medio  de  substraer  á  su  país  de  la  acción  preponderante  de 
aquéllos,  procurando  que  pudieran  crearse  intereses  suficiente- 
mente poderosos  para  compensar  ó  equilibrar,  por  lo  menos,  la 
inñuenoia  que  han  llegado  á  ejercer  allí  los  yanquis. 

Proponíase  decretar  la  absoluta  nevitralización  délas  aguas 
de  la  República,  dejando  á  salvo  el  derecho  de  defensa  de  los 
puertos  y  del  litoral  por  las  fuerzas  de  mar  y  tierra  en  caso  de 
agresión  exterior,  y  declarar  puertos  francos  á  Sam^aná  y  Man- 
zanillo, reservándose  el  £stado  la  parte  interior  de  las  bahías 
para  establecer  la  2ona  ñscaL 

De  esta  suerte — á  condición,  por  supuesto,  de  garantir  la  paz 
pública — Santo  Domingo  podría  llegar  á  representar  papel  im- 
portantísimo en  el  comercio  internacional,  sobre  todo  si  llega  á 
abrirse  el  canal  de  Panamá  y  se  desarrolla,  en  consecuencia, 
mayor  movimiento  marítimo  entre  Europa  y  el  Pacífico» 

Pero  todo  cuanto  pueda  influir  en  beneficio  de  la  riqñe2a  y 
bienestar  de  los  Estados  independientes  de  las  Antillas  y  de 
Centro  América,  suscita  la  resuelta  o|>osición  de  los  yanquis, 
quienes  se  apresuraron  á  poner  su  veto  al  propósito  de  Wos 
y  Gil,  so  pretexto  de  que,  si  llegaba  á  realizarse ,  los  barcos  de 
guerra  europeos  podrían  surtirse  de  carbón  en  loa  puertos  de 
Santo  Domingo. 

Los  enemigos  del  Presidente  no  vacilaron  en  aprovecbar  la 


56  LOS   PUEBLOS   H1SPAN0AMBRICAN08 

ocasión  para  derribarlo  del  poder.  Al  Gobierno  de  Washington 
no  podía  convenir  que  siguiera  en  él  un  hombre  que  reunía  cir- 
cunstancias de  inteligencia  y  de  carácter  suficientes  para  ro- 
bustecer las  decaídas  fuerzas  de  la  República,  y  necesariamente 
yió  con  simpatía,  y  aun  alentó,  la  rebelión.  Los  revolucionarios, 
en  el  manifiesto  que  dieron,  acusaban  á  Wos  de  haber  ideado 
el  antipcUriótico  proyecto  de  neutralizar  las  aguas  y  los  puertos 
de  la  República  y  de  haber  entablado  negociaciones  con  una 
Compañía  de  navegación  alemana  para  obtener  un  anticipo  de 
los  derechos  de  puerto  que  los  buques  de  aquélla  debían  satis- 
facer durante  cierto  número  de  años.  Lo  antipatriótico,  pues, 
era  entenderse  con  capitalistas  europeos,  fomentar  relaciones 
con  las  principales  plazas  mercantiles  de  Europa,  suscitar,  en 
suma,  competencias  molestas  y  perjudiciales  á  los  yanquis. 

A  fines  de  Octubre  los  revolucionarios  habían  conseguido  do- 
minar en  varias  poblaciones.  En  Puerto  Plata  comandaba  á  los 
rebeldes  el  General  Morales,  de  acuerdo,  al  parecer,  con  los  er- 
presidentes  Jiménez  y  Vázquez.  Tomaron  también  á  Santiago 
de  los  Caballeros,  y  pronto  acometieron  á  la  capital,  que  tras  al- 
gunos días  de  brava  resistencia  tuvo  que  capitular. 

Wos  y  Gil  se  embarcó  en  un  buque  extranjero,  y  el  partido 
triunfante  constituyó  Gobierno  provisional,  comprometiéndose 
con  los  Ministros  ó  Cónsules  de  España,  Bélgica ,  Haití  y  Esta- 
dos Unidos — que  habían  intervenido  en  la  capitulación — á  con- 
vocar al  cuerpo  electoral  para  elegir  Presidente  en  el  plazo  de 
tres  meses.  El  nuevo  Gobierno  debe  quedar  instalado  el  27  de 
Febrero  de  1904. 

Entre  tanto,  el  Gobierno  provisional  que  dirige  el  General 
Morales  no  disfrutaba  tranquilamente  del  poder.  El  telégrafo 
nos  transmitía  en  Diciembre  la  noticia  de  que  Jiménez,  fiando 
poco  de  aquél,  se  hacía  fuerte  en  Montecristi,  y  que  en  la  zona 
del  Sur  imperaba  con  sus  partidarios  otro  General. 


MÉXICO 


ProtperirUd  ñe  esta  República.— Su  aligación  en  1901.  -Los  indio»  mayai* 

En  México»  el  Gobierno  del  General  Porfirio  Díaz  pasa  al 
siglo  XX  con  todos  sus  prestigios,  con  tod»  su  popularidad. 
Nuevamente  reelegido  en  1900  para  la  suprema  magistratura 
de  la  Repiiblica»  la  prensa  mexicana  recuerda  sus  ^j^randes  me- 
recimientos como  hombre  de  Estadoj  y  no  es  la  que  menos  elo- 
l^gioB  1p  prodiga^  por  medio  de  sus  periódicos ,  la  numerosa  é 
influyente  colonia  española. 

Á  principios  de  1ÍM31,  El  Correo  Español  comparaba  la  situa- 
ción de  México  veinte  año^  ha  con  la  actual.  El  défícit  crónico 
lia  desaparecido,  y  hay  constante  superávit.  Cubiertas  se  halla- 
ban las  atenciones  de  toda  índole,  y  el  Gobierno  contaba  ©n  los 
Bancos  con  una  reserva  de  30.000.000.  Los  ingresos  fiscales  se 
han  duplicado^  3^  en  el  último  ejercicio  ascendían  é  (33.000,000 
de  pesos. 

Vastas  haciendas  y  ricos  distritos  mineros^  antes  abandona- 
dos, se  trabagan  con  gran  actividad  y  acierto;  numerosos  colo- 
nos del  Japón  y  de  otros  países  se  dedican  al  cultivo  del  hule  y 
á»  las  labores  de  los  ingenios  de  ass^úcar;  labradores  del  Idaho 
y  otros  Estados  occidentales  de  la  Unión  Norteamericana  piden 
concesiones  de  tierras  en  Estados  mexicanos;  se  van  aprove- 
chando las  corrientes  y  los  saltos  de  los  ríos  como  fuerza  motri 35; 
se  construyen  y  proyectan  nuevas  vías  férreas,  y  capitalistas 
de  Europa  y  de  América  forman  sindicatos  y  compañías  p&ra 


58  LOS   PUEBLOS   HISPANOAMBKICANOS 


explotar  las  múltiples  riquezas  naturales  de  aquel  país,  que 
no  figura,  áin  embargo,  hasta  hoy,  entre  los  preferidos  por  los 
emigrantes  europeos. 

La  red  de  ferrocarriles  y  telégrafos  ha  alcanzado  sorpren- 
dente desarrollo.  En  1880  no  pasaban  de  600  kilómetros  las  vías 
férreas  de  la  República;  en  1901  se  aproximan  á  15.000.  Muy 
cerca  de  100.000  kilómet;*os  sumaban  las  redes  telegráfica  y 
telefónica. 

Dos  Bancos  había  en  1881;  en  1901  existían  más  de  20  esta- 
blecimientos de  crédito,  con  un  capital  total  de  60.000.000  de 
pesos.  Las  industrias,  principalmente  la  minera,  toman  porten- 
toso vuelo.  El  comercio  exterior  está  representado  por  cifra 
algo  superior  á  250.000.000  de  pesos. 

Trece  millones  de  habitantes  tienen  los  Estados  Unidos  Me- 
xicanos; á  cada  uno  de  aquéllos  corresponde,  pues,  una  parti- 
cipación de  19  pesos  en  el  comercio  general.  Setenta  millones 
de  almas  cuentan  los  Estados  Unidos  Norteamericanos,  y  cal- 
culando en  número  redondo  de  2.000.000.000  su  comercio, 
la  proporción  por  habitante  resulta  de  28  á  29.  No  es  mucha, 
como  se  ve,  la  diferencia,  si  consideramos  que  se  ponen  frente 
á  frente  la  poderosa  República  y  uno  de  esos  pueblos  hispano- 
americanos, que,  según  algunos,  carecen  de  virtualidad  propia 
para  engrandecerse  y  prosperar. 

Por  su  propio  esfuerzo,  México  prospera,  como  progresan 
también  rápidamente  otras  Repúblicas  de  la  América  del  Sur. 

El  4  de  Mayo  de  1901  las  fuerzas  mexicanas  ocuparon  el 
cuartel  general  y  ciudad  sagrada  de  los  rebeldes  mayas,  Chan- 
santacruz,  y  se  preparaban  para  apoderarse  de  los  sembrados 
y  praderas  de  los  indios  hacia  el  lado  del  mar  Caribe. 

Son  estos  mayas  los  descendientes  de  una  de  las  grandes  na- 
ciones que  vivían  en  la  península  del  Yucatán  cuando  corrieron 
su  costa  é  invadieron  el  país  las  gentes  de  Grijalva  y  Hernán 
Cortés. 


México 


59 


Primera  tierra  qne  recibió  el  nombre  d©  Nueva  España,  por 
sus  dilatadas  llaouras  avanísaron  hacia  Tabasco  los  soldados  j 
aventureros  españoles  que,  iiiterD¿ndose  después  en  los  domi- 
nioB  aztecas,  dejaron  atrás,  no  bien  dominados,  á  indios  vale- 
rosos y  amantes  de  su  independencia^  que  aún  tenían  memoria 
de  pasadas  grandeasas^  de  las  que  daban  y  dan  testimonio  restos 
de  antiguas  construcción  es  >  cuyas  imponentes  ruinas  son  hoy 
mismo  la  admiración  de  los  arqueólogos.  Allí  están  el  famoso 
castillo  y  los  preciosos  relieves  y  escultnras  de  Cbichén-Itzá, 
los  palacios  de  Uxmal  y  las  pirámides  de  Izam&l,  páginas  ele- 
oaentes  de  la  historia  y  la  civilización  preoolombianaf^  en  el 
Nuevo  Mundo. 

Y  aquella  tierra  á  qne  los  nuestroa  dieron  el  nombre  de  la 
saya  es,  después  de  cuatro  siglos,  la  menos  español»  y  la  más 
americana  de  México,  porque  esos  mayas  conservan  las  tradi^ 
clones  y  las  cualidades  de  lara/^a;  belicosos  y  astutos,  son  aún 
los  «valientes  indios;^  de  que  hablan  los  historiadores  del  si- 
glo XVI,  los  que  tanto  resistieron  á  Francisco  de  MontejOj  y 
los  que  maestros  entonces  como  ahora  en  la  guerra  de  embos^ 
cadas,  se  fraccionan  y  huyen  cuando  no  pueden  vencer,  y  pre- 
paran sorpresas  tan  temidas  de  sus  enemigos  que,  para  evi- 
tarlas, las  tropas  federales  han  adiestrado  á  inteligentes  pe- 
rros, y  de  ellos  se  han  servido  como  exploradores^  y  con  buen. 
éxito,  en  la  presente  campaña. 

Más  de  cincuenta  años  hace  que  viven  los  mayas  en  guerra; 
el  Presidente  Díaz  se  ha  propuesto  someterlos;  varias  colum- 
&aa  los  van  cercando  desde  el  interior  hacia  la  costa;  sus  prin- 
cipales plazas  han  caído  en  poder  de  aquéllas,  y  ya  parece  pro- 
bable la  completa  pacificación  del  Yucatán,  cuyos  progresoB 
ha  paralissado  esa  larga  contienda  con  los  tenaces  indios* 


60  LOS   PUBBLOS   H1SPAN0AMBU1GAN08 


U 

México  en  1903. —Vías  de  comunicación.- Empresas  de  colonización.— Datos 
estadísticos.— Informe  presidencial  .—Reclamaciones  de  la  Ig-lesia  católica 
México  y  los  Estados  Unidos  ante  el  Tribunal  de  La.  Haya. 

En  1902,  el  progreso  de  México  continuó  siendo  tema  pre- 
dilecto de  importantes  publicaciones  financieras  y  mercantiles 
de  Inglatería  y  los  Estados  Unidos.  Fijan  se  con  interés  ingle- 
ses y  yanquis  en  las  nuevas  comunicaciones  que  se  establecen 
en  aquel  país  para  facilitar  el  comercio  transcontinental.  Sin 
preocuparse  gran  cosa  de  la  competencia  que  en  su  día  pueda 
kacer  el  canal  interoceánico,  procuran  los  mexicanos  abrir  ca- 
minos al  tráfico,  por  medio  de  ferrocarriles,  entre  sus  costas 
del  Golfo  y  las  del  G-ran  Océano. 

Nueve  mil  hombres,  reclutados  en  varios  Estados  de  la  Fe- 
deración, se  hallaban  esparcidos  á  lo  largo  de  las  líneas  férreas 
que  están  construyendo  las  empresas  del  «Nacional  de  México», 
ocCentral  Mexicano»,  tCoahuila  y  Pacífico»  y  «Chihuahua  y  Pa- 
cífico». 

El  presupuesto  diario  de  todas  estas  obras  para  pago  de  jor- 
nales y  compra  de  material  fijo  y  móvil  se  calculaba  en  80.000 
pesos,  cantidad  que  ha  de  triplicarse  cuando  empiecen  á  colo- 
carse los  nuevos  carriles  del  Nacional  y  el  Central  en  los  tra- 
mos que  se  preparan  para  recibirlos.  Entonces  ya  no  serán 
9.000,  sino  20.000  los  hombres  ocupados  en  estos  trabajos. 

«¡Ese  es  —  exclamaba  El  Economista  Mexicano — el  ejército 
revolucionario  de  México,  el  ejército  que  va  á  operar  una  ver- 
dadera revolución  en  los  destinos  económicos  de  la  República!» 

La  actividad  industrial  no  cesa ,  y  el  corresponsal  de  un  pe- 
riódico de  Nueva  York  que  visitó  la  Exposición  de  productos 
agrícolas  é  industriales  de  Puebla,  decía  que  «aquella  gente 
puede  enseñar  algo  á  los  Estados  Unidos  en  el  ramo  manufac- 
turero». 


míixido 


01 


Prosiguieron  tambiéTi  las  empresas  de  colonización-  Capita- 
UstaB  de  Berlín  pedían  enorme  concesión  de  tierras  en  la  costa 
del  Estado  de  Titlisco  y  preparaban  los  medios  de  establecer  en 
ellas  colonos  alemanes;  numerosos  emigrantes  de  Guatemala 
entraban  en  Ghiapas  para  trabajar  en  las  plantaciones  de  café^ 
familiaíí  japonesas  iban  por  su  propia  cuenta  á  establecerse  en 
^  litoral  del  Pacífico.  Había  eaperanaaSf  muy  fundadas,  de  pa* 
cificar  por  completo  la  península  del  Yucatán,  sometiendo  de 
modo  definitivo  á  las  rebeldes  tribus  mayas,  cayo  paia,  ya 
Cf»n vertido  en  el  nuevo  «Territorio  Quintana  Roo»,  ofrece  gran 
porvenir  por  la  fertilidad  de  sus  campos,  por  la  abundancia  de 
preciosas  maderas  y  por  la  situación  y  condiciones  de  su  costa, 
donde  pueden  abrirse  puertos  que  faciliten  el  desarrollo  del  co 
mercio  con  las  Antillas  y  cou  la  vecina  colonia  de  Belize. 

Por  todos  estos  motivos,  México  ejerce  más  atracción  de 
emigrantes  y  capitalistas  extranjeros  que  en  pasados  años,  y 
Legaciones»  europeas,  como  la  de  Bélgica,  informan  detallada- 
mente desde  la  capital  de  la  República  para  que  los  suyos  se- 
pan á  qué  atenerse  respecto  á  las  circunstancias  de  la  vida, 
del  traba^jo  y  de  las  relaciones  sociales  en  campos  y  ciudades. 
Por  cierto  que  en  ese  Informe  se  llamaba  la  atención  de  los 
belgas  acerca  de  la  conveniencia  de  evitar  litigios  por  las  difi- 
líaltades  y  complicaciones  que  ofrecen  los  procedimientos  judi- 
ciales en  México;  ^e  necesitan,  dice,  mucba  paciencia  y  muy 
Viuen  humor  para  soportar  todas  sus  minucias».  Lo  mismo  que 
en  España. 

Según  una  estadística,  habla  entonces  en  México  IB  Bancos, 
118  fábricas  de  hilados  y  tejidos  de  algodón,  2,211  fábricas  d« 
h*loohol,  721  de  cigarros  y  72  de  cerveza.  El  valor  fiscal  de  la 
■propiedad  urbana  era  de  B5O.524.0iX)  pesos  oro;  el  de  la  rústica, 
424.000.000.  Se  contaban  1L925  escuelas,  33  museos,  139  biblio- 
tecas, 49  sociedades  científicas  y  literarias  y  702  periódicos. 

El  informe  leído  por  el  Presidente  de  la  República  Mexi- 
cana al  abrirse  el  primer  periodo  de  sesiones  del  XXI  Con- 


62  LOS   PUBBLOS   fllSPANOAMBRlOANOS 

greso  de  la  Unión  el  16  de  Septiembre  de  1902,  dio  perfecta 
idea  de  los  progresos  realizados  en  ese  país,  de  «los  continuos 
adelantos  que  se  observan  en  los  diversos  ramos  de  la  Admi- 
nistración pública,  adelantos  logrados,  no  solamente  por  los  es- 
fuerzos del  Ejecutivo,  siempre  deseoso  de  corresponder  á  la 
confianza  del  pueblo,  sino  muy  principalmente  por  el  movi- 
miento general  y  progresivo  con  que  la  nación  señala  los  bene- 
ficios de  la  paz  y  del  trabajo». 

Obras  de  saneamiento  y  estudios  y  servicios  especiales  para 
evitar  la  propagación  de  epidemias;  reformas  en  las  escuelas 
con  arreglo  á  los  mejores  métodos  pedagógico^;  adquisición  de 
costosas  maquinarias  para  atender  con  el  mayor  empeño  á  la 
enseñanza  industrial;  entrega  á  la  propiedad  particular  y  al 
cultivo  de  miles  y  miles  de  hectáreas  de  terreno  nacional;  des- 
arrollo  extraordinario  de  la  minería;  aprovechamiento  de  agua 
para  riegos  y  para  fuerza  motriz;  construcción  de  puertos,  fe- 
rrocarriles, puentes  y  líneas  telegráficas;  aumentos  en  la  re- 
caudación fiscal;  establecimiento  de  nuevas  instituciones'  de 
crédito;  refuerzo  y  renovación  en  los  armamentos  de  tierra  y 
mar,  todo  esto  se  viene  haciendo  ó  logrando  en  México  año 
tras  año,  y  de  todo  ello  se  hablaba  en  el  Mensaje  presidencial, 
conciso  documento  que  puede,  ciertamente,  estimarse  como 
testimonio  de  la  perseverante  y  patriótica  labor  y  del  sentido 
práctico  de  los  hombres  de  Estado  que  rigeíi  el  Gobierno  de 
aquella  República. 

En  la  parte  ó  capítulo  que  trata  de  las  relaciones  interna- 
cionales, se  consignaba  un  hecho  que  merece  consideración  es- 
pecial. 

Por  mutuo  consentimiento  se  había  sometido  al  Tribunal 
permanente  de  Arbitraje  instituido  en  La  Haya  el  primer  caso 
internacional  contencioso,  siendo  las  partes  contendientes  Mé- 
xico y  los  Estados  unidos  de  América.  Provenía  este  caso  de 
una  reclamación  entablada  por  la  Iglesia  católica  de  la  Alta 
California  contra  México  y  sostenida  por  el  Gobierno  de  los 


Estados  Unidos,  demandando  el  pago  de  ciertos  íntereFíes  de  un 
fondo  qne  en  la  época  colonial  i'ué  instituido  para  las  núsiones 
en  aquella  antigua  parte  del  territorio  mexicaDo. 

Primitivamente  este  fondo  fué  confiado  á  los  jesuítas  para 
BUS  misiones  en  laa  Californias,  mas  en  virtud  de  la  Eeal  orden 
que  los  expulsó  de  loa  dominios  españoles,  los  bienes  que  lo 
constituían  pasaron  á  la  Corona  de  España,  la  que  encomendó 
8U  administración  á  una  Comisión  Real,  en  cuja  guarda  se  en- 
contraban cuando  se  consumó  la  independencia  de  México. 

El  Gobierno  mexicano  fué  desde  entonces  el  administrador 
de  aquel  fondo,  cuyos  productos  se  invertían  en  la  reducción  de 
los  indios  bárbaros  y  su  conversióu  al  cristianismo. 

Segregada  la  Alta  California,  en  1848^  de  la  Federación  Me- 
xicana, y  apoyado  principalmente  en  el  artículo  14  del  tratado 
de  paz  con  los  Estados  Unidos,  que  declaró  fenecidos  y  cancela- 
dos todos  los  créditos  y  reclamaciones  que  pudieran  alegar  los 
eíadadanos  de  los  Estados  Unidos  contra  México,  el  Gobierno 
mexicano  se  consideró  libre  de  todo  compromiso  con  los  repre- 
sentantes de  la  Iglesia  de  California,  quienes,  si  con  algún  de- 
recho se  creían  para  reclamar,  debieron  hacerlo  al  Gobierno  ¿L 
onya  soberanía  había  pasado  la  Alta  California  con  todos  los 
derechos  y  obligaciones  anexos. 

La  referida  Iglesia  recurrió,  no  obstante,  á  la  Comisión 
mixta  de  reclamaciones  establecida  en  Washington ,  pidiendo 
el  pago  de  réditos  vencidos  hasta  la  fecha*  No  hubo  acuerdo 
entre  los  comisionados,  y  se  sometió  el  caso  á  un  arbitro  ó  ter* 
cero  en  discordia,  que  condenó  k  México  al  pago  de  cierta  suma. 
El  Gobierno  mexicano  cumplió  la  sentencia. 

Después  judió  la  Iglesia  que  la  República  siguiera  pagando 
ios  réditos  posteriores.  Cambiáronse  notas  entre  el  Represen- 
tante de  los  Estados  Unidos  y  el  Secretario  de  Relaciones  exte- 
riores del  Gobierno  de  México,  y  como  no  hubo  acuerdo,  se 
convino  en  someter  el  caso  á  la  decisión  del  Tribunal  de  La 
Haya*  Ambos  Gobiernos  nombraron  sus  respectivos  arbitros, 


que  se  i  eonieroii  en  la  oitaJn  ciudad  y  eligieron  el  stiperárbitro 
qae  debía  fallar  au  caso  de  desacuerdo. 

El  Tribunal  dictó  eenteucia  en  14  de  Octubre  admitiendo  la 
deuda*  pero  no  su  pago  en  oro,  aunque  México  negaba  aquélla 
alegando  que  no  debía  nada  4  una  asociación  religiosa  extran* 
jera^  que  ni  siquiera  tenia  existencia  legal  en  la  época  de  que 
hacia  datar  la  deuda.  Por  lo  tanto,  México  debía  entregará  los 
Estados  Unidos  1.420.683  dollars  en  moneda  mexicana. 

El  Tribunal  de  Arbitraje  dispuso  además  que  la  parte  con- 
denada pagase  indefinidamente  una  anualidad  de  43,051  dollars 
á  la  Iglesia  de  la  Alta  California. 


III 


México  en  1906.— Informes  presiüenctales.     EmpreeaB  de  colonizaciÓD:  \0ñ 
moriDODee:  los  cheroquia:  los  boers. 


El  I."  de  Abril  de  190^  se  inauguró  el  segundo  período  de 
sesiones  del  XXI  Congreso  de  la  Unión  Mexicana.  Ante  la 
Asamblea  de  Diputados  y  Senadores  leyó  extenso  informe  e] 
Presidente  de  la  República  para  dar  cuenta,  en  cumplimiento 
del  precepto  constitucional^  del  estado  que  guardan  los  intere- 
ses nacionales  confiados  a  la  administración  del  Poder  Ejecu- 
tivo. A  modo  de  resumen  hacíase  constar  en  ese  informe  que  la 
República  no  se  detiene  en  la  marcha  progresiva  qtie  ha  era- 
prendido,  y  que,  no  obstante  ciertas  dificultades  económicas 
con  qne  amenaza  el  sistema  monetario  allí  vigente— aunque 
sin  perturbar  hasta  ahora  el  equilibrio  de  los  presupuestos»  ni 
inspirar  serios  temores  en  este  punto — ,  el  Comercio  y  la  Indus- 
tria siguen  floreciendo,  y  todos  los  ramos  de  la  Administración 
pública  se  mantienen  en  constante  desarrollo.  Tan  bonancible 
situación  se  debe,  á  juicio  del  Presidente,  no  sólo  á  los  esfuer- 
xos  del  Ejecutivo  por  impulsar  los  adelantos  del  país,  sino  al 
buen  sentido  de  sus  habitantes ,  á  las  virtudes  del  pueblo  me- 


3CÍoanOf  rjiíe  lioy  estima  los  benetícios  de  la  [>az  y  del  ti*abajo, 
subiendo  además  apreciar  el  patriofcisrn'*  v  .^[pv^ir!-*  í  íUmi  io  de 
sus  legisladores. 

Díio  de  ios  datos  qoe  mejor  prneban  el  eelo  y  el  buen  seri- 
tido  de  los  gober  lian  tes  mexicanos  es  la  iniciativa  tomada  para 
}.prot<oner  á  la  Cámara  de  Di[»utados  el  aumento  de  los  sueldos 
ijue  hoy  disfrutan  los  em(deados  públicos.  Allí,  como  aquí,  los 
*íueldos  son  los  mismos  desde  hace  muchos  añoB,  y  la  vida  de  dia 
nn  día  viene  encareciéndose,  ün  Ministro  de  Hacienda  eaj>añol, 
Ante  lina  depreoiftción  moiietana  como  la  que  sufre  México  y  las 
<'rf>nfi^uient6«  dificultades  económicas,  pondría  el  ¿^^rito  én  él 
Aielo  si  alguien  le  aoon5eja>se  aumentar  gastos  mejorando  la  si- 
tuación de  los  í'unciotiarios  públicos.  Los  Ministros  de  Hacienrln 
•mexicano»  ipíensan  da  oitro  modof  toman  en  cuenta  la  &itua 
especial  délos  servidores  de  la' nación,  y  procuran  satisfacer 
HXis  necesidades,  especialmente  las  de  los  que  fí^nriin  an  los 
Al  timos  lugares  de  la  jí»rarqufa  adíninistrativíi. 


El  Informe  presidencial  leído  el  16  de  Septiembre  en  la  aper- 
Ultli  del  tercer  período  legislativo,  acredita  una  -rey-  más  el 
firogreso  moral  y  material  de  México. 

Merecen  allí  preferente  atención  del  Gobierno  la  instruocion 
pública  y  los  trabajos  y  servicios  cientitícos.  Se  Kan  creado 
nuevas  eBcn«las,  aumentando  el  personal  doceute  en  más 
de  100  Profesores,  y  se  procura  ir  da  mío  mayores  sueldos  á.  los 
Mfté8tro5.  Amplía  use  las  partidas  con  signad  a$í  para  mate  nal 
de  enseñanisa  y  para  excursiones  escolare-í,  y  establecida  por  la 
1«^  La  práctica  del  trabajo  manual  como  labor  educativa  em  Iü 
Cu^ia,  í^e  han  enviado  Profesores  á  loa  Estados  l'nidos  para 
|ae  perfeccionen  stus*  conocimientos  técnicos  en  esta  mat<t;ria» 
f|ne  va  á  Uacerse  extensiva  á  todas  las  Escuelas  primarias  ele- 
mentales. Inteligentes  Maestrais  estudian  también  la  organiza- 
ción de  los  Jardines  de  niños,  las  FlscueUis  Normales  tomají 
mayor  desarrollo^  créanse  clases  es  pedal  e!«  de  con  fe  re  netas  y 


QQ  LOS   PUBBLOS   HISPANOAMERICANOS 

lecturas  en  las  qne  los  alumnos  se  ejercitan  en  el  buen  uso  de  la 
lengua  nacional,  y  los  educandos  de  las  Escuelas  de  Artes  y 
Oficios  que  terminan  sus  cursos  hacen  excursiones  á  los  prin- 
cipales centros  fabriles  de  la  República, 

Prosiguen  y  completan  sus  importantes  tareas  las  Comisio- 
nes encargadas  de  medir  y  planificar  el  territorio  y  trazar  la 
carta  general  de  México.  La  obra  de  exploración  y  recuento  fie 
las  riquezas  arqueológicas  del  país,  apenas  iniciada,  va  reali- 
zándose con  particular  empeño,  no  obstante  las  naturales  di- 
ficultades que  presenta.  Se  han  explorado  las  célebres  minas 
de  la  Quemada,  en  el  Estado  de  Zacatecas;  se  están  haciendo 
importantes  excavaciones  en  Huexotla,  del  distrito  de  Texcoco, 
y  se  procede  activamente  á  desembarazar  de  maleza  y  á  des- 
montar los  admirables  grupos  arqueológicos  del  Estado  de  Yu- 
.  catán,  sobre  todo  los  de  Chichén-Itzá ,  cuyas  ruinas  estaban 
sufriendo  los  perjuicios  causados  por  la  exuberante  vegetación 
de  los  trópicos. 

El  servicio  meteorológico  se  ha  perfeccionado  de  tal  modo, 
que  se  puede  hacer  el  pronóstico  del  tiempo  con  más  exactitud 
y  dar  á  conocer  sus  indicaciones  por  las  vías  telegráficas,  por 
la  prensa  y  por  la  carta  del  tiempo,  con  gran  provecho  para  la 
agricultura  y  para  la  navegación.  En  el  Distrito  Federal  ha 
empezado  á  enviarse  á  domicilio  ese  pronóstico  en  el  resello  de 
la  correspondencia. 

A  fin  de  favorecer  el  desarrollo  de  la  industria  y  riqueza  na- 
cionales, se  está  organizando  un  gran  Museo  tecnológico  in- 
dustrial, establecimiento  en  el  que  han  de  reunirse  muestras  de 
las  materias  priuias  que  se  producen  en  el  país,  acompañadas 
de  cuadros  explicativos,  datos  de  coste,  medios  de  transporte, 
catálogos  de  maquinaria,  etc.,  para  que  los  interesados  puedan 
obtener  gratuitamente  todos  los  informes  que  necesiten  res- 
pecto á  las  varias  industrias  y  para  facilitar  las  relaciones 
entre  productores  y  consumidores. 

En  cuanto  á  obras  públicas,  el  Informe  presidencial  consigna 


MÉXICO 


r,i 


tiotícJas  nmy  satisfactorias.  En  Tampico,  en  Yeracruift^  tni  Coat- 
zacoalcns,en  MazatlánjOn  Matizanillo»  en  Salina  Cruz,  etc,,etc,, 
f?e  llevan  á  calió  tí-abajos  de  saneamiento  j  de  provisión  de 
aguas;  se  construyen  muelles  y  rompeolas;  se  limpian  y  cana- 
tizan  rio&;  se  levantan  faros  y  eciificios  para  aduanas,  almace* 
nes  y  oficinas  de  correos  y  telégrafos.  Se  extiende  sin  cesar  la 
red  de  ferrocarriles.  Estos  suman  ya  ©n  conjunto  lf».918  kiló- 
n\6tros^  que  n nidos  á  las  vías  de  los  Estados  y  ramales  particu- 
lares dan  im  total  de  18.197  kilómetros. 

Se  ha  Goncertado  tma  de  las  operaciones  do  mayor  trascen- 
dencia para  el  porvenir  de  la  República:  la  intervención  del  Go- 
biertio,  no  como  Poder  público,  sino  con  el  carácter  de  interesado 
principal,  en  la  dirección  superior  de  tres  de  lus  más  grandes 
empresas  de  ferrocarril,  la  del  Nacional  de  México,  la  del  Inter- 
nacional y  la  del  Interoceánico.  Era  ya  urgente  i|He  se  sintiese 
con  mayor  firmeza  la  influencia  del  írohiptrno  en  pro  de  los  inte- 
reses públicos,  así  como  impedir  que  hubiera  éntrelas  empresas 
rivalidades  estériles  y  hasta  perjudiciales,  y  sobre  todo,  con* 
jnrar  el  i>eligro,  cada  día  más  iuininenter  de  una  consolidación 
llenera]  de  intereses  ferroviarios  que  constituyese  frente  al 
Gobierno  una  entidad,  cayos  elementos  é  influencia  ejercerían 
l^reponderancia  decisiva  en  la  vida  económica  Je  la  nación, 

F.Htas  resultados  se  han  asegurado  meiiiante  la  emisión  de 
nblífjaciones  del  Tesoro  por  valor  de  12.50Ó.C)00  doUars,  que 
j)or  el  rédito  bajo  que  causan  y  el  buen  precio  que  tienen  en  el 
mercado  han  afirmado  todavía  más  el  crédito  dli  hi  im/^ión,  y 
í^uyo  servicio  de  réditos,  lo  mismo  quo  él  de  amortización,  6s 
de  esperarse  fundadamente  que  se  haga,  en  gran  parte,  con  las 
ntilidade^  p<!?cnniarias  que  proporcione  al  Gobierno  el  capital 
ifívertido  en  la  e-^impra  de  títulos  ílo  ferrocarril  (1). 


íli    TüTuriru-  itruaentado  a\  Presjtleiyu  riri  ia  República  \)o\   yl  Secretario  de 
||i  ij  püblioo  {Sr  lrÍaiii,iitoar||  8obr9  l(>f  e»tudi08  5- gÁdtiúnes 

do  14  secr   {.»     I    le  au  ont^ú  tín  nsuit  os  \\b  fenofUirriJéH.— Dieppe,  JíiIíjs  20 
Il0^ 


LOS   PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 


Desde  el  punto  de  vista  financiero,  la  situación  es  también 
satisfactoria.  Aun  cuando  no  han  terminado  los  trabajos  de 
concentración  y  depuración  de  la  cuenta  del  Erario  por  el  afio 
económico  de  1902-1903,  hay  datos  para  calcular  un  ingreso  de 
más  de  74.500.000  pesos,  superior  en  algunos  millones  al  que  se 
obtuvo  en  el  ejercicio  de  1901 1902.  El  producto  de  los  derechos 
de  importación,  prescindiendo  del  recargo  variable  que  ahora 
se  cobra  sobre  ellos,  aumentó  en  más  de  3.000.000,  y  ep  más  de 
(i.OOO.OOO  si  se  computa  dicho  recargo.  El  ingreso  por  los  im- 
puestos de  Timbre  excedió  en  más  de  2.500.000  pesos  á  la  can- 
tidad que  produjeron  en  el  año  fiscal  anterior.  Sumados  los 
rendimientos  de  sólo  estos  dos  grupos  de  rentas,  representan 
nn  total  de  64.000.000. 

El  problema  capital  que  preocupa  hoy  á  los  financieros  me- 
xicanos es  el  de  impedir  las  variaciones  que  sufre  constante- 
mente el  valor  en  oro  de  la  moneda  nacional.  El  Gobierno  no 
pierde  de  vista  esta  difícil  é  importante  cuestión  del  cambio,  y 
procura  conseguir  la  estabilidad  posible  y  á  la  vez  proteger  la 
minería  del  país  (1),  rectificando  el  criterio  desfavorable  á  la 
plata  y  promoviendo  las  aplicaciones  de  este  metal.  Sus  ges- 
tiones se  dirigen  hoy  á  lograr  que  los  países  que  tienen  el  pa- 
trón de  plata  sigan  haciendo  uso  de  este  metal  como  moneda, 
dándole,  cuando  fuere  posible,  un  valor  fijo  con  relación  al  oro; 
que  sean  uniformes  las  bases  fundamentales  de  las  reformas 
que  se  acepten,  para  que  de  esa  suerte  la  solución  tenga  en  to- 
das partes  mayor  firmeza  y  prestigio;  que  se  adopten,  por  úl- 
timo, medidas  con  el  fin  de  evitar  que  continúen  produciendo 
sus  efectos  perniciosos  muchas  de  las  principales  causas  que 
trastornan  el  mercado  de  la  plata. 

La  obra  de  colonización  no  se  interrumpe  en  México.  Capi- 

(1)  Segrún  recientes  datos,  la  producción  minera  de  México  en  el  año  fis- 
cal 1902-190H  suma  un  valor  de  140.000.000  pe^^os,  de  los  ijuc  82.500.000  corres- 
ponden á  la  plata,  3b. 000.000  al  oro,  20.000  0  0  al  cobre  y  5.700.000  al  plomo. 


México 


6i) 


t&listiis  mor£noiia&  han  recorrido  la  parte  occidental  del  Esfcaao 
de  TabftSüo  en  busca  de  buenos  terrenos  para  establecer  unn 
gran  colonia  agrícola.  Con  este  motivo.  El  EGonomistta  Me 
cano  bacía  notar  que  precisamente  al  Oeste  de  Tabasco,  y  lxlu^ 
cerca  de  su  línea  divisoria  con  Veracnu,  se  hallan  las  comarcas 
conocidas  con  el  nombre  d«l  Blasillo  y  San  Felipe  llío  Huevo» 
famoBag  por  ans  grandes  y  espesas  selvas  ^ue  tan  enorme  can-^ 
tidad  de  caobas  han  ofrecido  á  la  exportación.  Además,  ha}'  allí 
grandes  sabanas  y  no  pocos  ríos  y  lagos  internos,  y  con  lacilidaii 
podrán  exportarse  los  productos,  sobre  todo  cuando  se  termine 
el  ferrocarril  á  Río  Seco,  cuya  vía  pasará  á  i»ocas  legnas  de  esa 
comarca.  En  cuanto  á  los  mormones,  bien  conocidos  son  sufe» 
h4bit08  de  trabajo  y  sus  raras  aptitudes  para  la  agricultura, 
Baficientemente  probadas  en  el  Lago  Salado  de  los  Estados 
TTnidos  y  en  el  mismo  México,  en  Chihiíaliua  y  en  Sonora, 

Se  reparten  ó  venden  lotes  de  tierras  á  indios  pacíficos  y  aco- 
lónos extranjeros  que  han  ido  á  establecerse  con  sns  familias  en 
iu  región  del  Yaqui,  Prosperan  mucho  las  colonia.s  fundadas  por 
familias  dinamarquesas  en  la  parte  Sur  del  Estado  de  Jalisco. 

Indígenas  de  los  Estados  Unidos^  los  cheroquis,  hermosi 
inteligente  raza  de  indios  del  Norte  de  América  que  ahora  vive 
reclaída  en  el  Territorio  Indio  de  la  Unión ^  se  preparan  para 
abandonar  i^us  hogares  y  establecerse  en  los  Estados  XTnidos 
^texicanos. 

í>an,  á  principios  del  siglo  xix,  una  gran  confederacióxi  de 
tribus  que  ocupaban  los  territorios  del  Kéntticky  y  Tennessee 
y  parte  de  la  Georgia  y  Carolinas;  tenían  grandes  aldeas,  culti- 
vaban las  tierras,  regíanse  por  instituciones  semidemocráti- 
cas.  Los  colonos  europeos  los  expulsai-on  de  sus  dominios  « 
viva  fuerza  y  los  relegaron  hacia  el  interior ,  en  el  Ivdian  Te- 
rriíory. 

Aliicho  tuvieron  que  sufrir  aqvieÜüs  desgraciados.  La  codicia 
M  hombre  blanco  los  redujo  á  la  mayor  miseria;  las  guerrah. 
Iaá  enfermedades,  el  liainbre,  mermaron  sus  energías  físicas 


70  LOS   PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 

sólo  eran  unos  12.000  cuando  terminó  su  forzada  peregrinación 
y  lograron  relativa  paz  y  tranquilidad  en  los  lejanos  territorios 
del  río  Arkansas. 

Allí  restauraron  y  perfeccionaron  su  régimen  social  y  sus 
formas  tradicionales  de  gobierno.  La  agricultura  volvió  á  ser 
su  ocupación  predilecta,  adoptaron  un  alfabeto  silábico  para 
escribir  su  idioma,  se  dieron  una  constitución  política,  funda- 
ron escuelas  y  asilos,  imprimieron  libros  y  periódicos,  y  la  po- 
blación fué  aumentando  hasta  alcanzar  muy  cerca  de  20.000 
almas.  Pero  esas  gentes  no  viven  á  gusto  entre  los  yanquis. 
Saben  que  no  muy  lejos  de  sus  tierras  hay  otro  país  donde  los 
descendientes  de  las  primitivas  razas  americanas  obtienen  ma- 
yor aprecio,  y  han  resuelto  iniciar  un  movimiento  de  emigra- 
ción en  grandes  masas  hacia  México. 

A  principios  de  Junio  de  1903  se  supo  en  la  capital  de  la  Re- 
pública mexicana  que  uHa  comisión  de  chercquis  se  dii'igía  á 
ella  con  propósito  de  pedir  una  gran  concesión  de  terreno  para 
una  primera  colonia  de  1.000  individuos.  Van  á  reconocer  tie- 
rras en  el  Estado  de  Veracruz  y  en  los  de  la  costa  del  Pacífico; 
buscan  en  uno  y  otro  lado  lugares  convenientes  para  explota- 
ciones agrícolas,  y  anuncian  que  á  la  primera  colonia  han  de 
seguir  otra  y  otras,  pues  todos  los  cheroquis  aspiran  á  ser  ciu- 
dadanos de  México. 

Seguramente,  estos  emigrantes  pueden  considerarse  como 
una  adquisición  de  inmenso  valor.  Los  cheroquis  se  distinguen 
por  sus  excelentes  condiciones  físicas,  por  sus  hábitos  de  tra- 
bajo y  por  sus  aptitudes  para  la  vida  sedentaria  y  civilizada.  De 
color  muy  claro,  robustos  y  de  gran  estatura  los  hombiecí,  es 
beltas  y  graciosas  las  mujeres ,  constituyen  un  elemento  étnico 
de  gran  importancia  para  el  porvenir  de  la  verdadera  raza  his- 
panoamericana. Por  otra  parte,  proyectan  vender  á  los  yanquis 
las  tierras  que  poseen  en  el  Territorio  Indio,  y  por  consiguiente, 
irán  á  México  con  buenos  capitales,  que  han  de  invertir  en  los 
trabajos  de  colonización. 


MÉXICO 


71 


Del  viejo  Continente,  de  las  tierras  australes  de  África,  han 
ido  é.  México  algunos  colonos.  En  terrenos  concedidos  al  Gene- 
ral boer  Snyman  en  Chihuahua  se  han  instalado  7  familias  sur- 
africanas.  Decíase  que  son  más  de  200  las  que  han  pedido  con- 
cesiones en  Tamaulipas  y  Chihuahua,  y  que  algunas  de  ellas 
estaban  ya  en  camino  de  América  conducidas  por  el  General 
yiljoen. 


GUATEMALA 


'  I^Dfñéntndela  instrucciun  pilfilicíi  -Comiinicncioijea.  — Reforin*  CülriatíMiciO 
nai:  1:»  riH^lecciun  ile  Presi tiente.  -Trastornos  K^eolópicn». 


Deíifle  lHfí9  |)t'eside  la  República  D.  Manuel  Estrada  Ca- 
brera. 

Ba]o  su  gobierno  se  ha  procurado  lUtniídir  la  iiistrucüión 
eletneatal  y  pei'feccioiiar  lo&^  métodos  de  enseñanza  en  todoa^^us 
grados.  Es  esta  una  de  las  más  im|>ortaiites  y  trascendentales 
fiincíones  del  Estado,  y  reconociéndolo  así,  se  abrió  un  con- 
curso para  elegii*  el  mejor  plan  de  instrucción  pál)licR,  y  se 
enviaron  á  la  He  pública  Norteamericana,  por  menta  del  Es* 
lado  y  con  cargo  al  capítulo  de  gastos  extraorclinaríofi  de  los 
Minitíterios,  Maestros  y  Maestras  para  qvie  estndietj  los  método.^ 
de  enseñanza  más  perfectos.  La  prensa  guatemalteca  aplaudió 
laxn»?»dida;  pero  algún  penódico  liiíso  observar,  con  razón,  que 
»o  debían  tomarse  como  único  modelo  las  escuelas  de  los  Esta 
dos  Unidos,  El  medio  social  en  i|Ue  viven  los  yanquis  difiere 
mucho  de  las  costumbres  y  modo  de  ser  de  los  centroameri 
nos^y  convendría  que»  si  no  todos,  algunos  Maestros  y  Maestra^ 
noaocieríin  los  métodos  adoptados  en  las  escuelas  de  la  Enropa 
Oei^ídental. 

En  el  Mensaje  de  1903  hacía  constar  el  Presidente  que,  perse- 
verando en  sus  propósitos,  se  habían  oreado  Escnelan  Normales 
y  una  Normal  Central  de  Profesores,  La  fiesta  de  Minerva, 
errada  en  1899  para  ensalzar  la  educación  de  la  juventud,  ha 


74  LOS   PUEBLOS   HISPANOAMBKICANOS 

entrado  ya  en  las  costumbres  nacionales,  y  se  celebra  todos  los 
años  con  gran  esplendidez  (1).  . 

Pónese  también  celoso  empeño  en  satisfacer  las  necesidades 
económicas,  y  se  activa  la  construcción  del  ferrocarril  que  ha 
de  enlazar  el  interior  del  país  con  los  dos  Océanos.  Se  constru 
yen  asimismo  carreteras  para  unir  entre  sí  las  principales  en- 
tidades de  población,  y  en  el  Mensaje  antes  citado  se  enumeran 
como  nuevos  53  puentes,  28  de  ellos  en  el  camino  de  Cobán  á 
Flores. 

La  Asamblea  nacional  acordó  en  30  de  Mayo  de  1908  convocar 
una  Asamblea  constituyente  para  la  reforma  del  artículo  f)6  de 
la  ley  fundamental,  que  prohibe  la  reelección  del  Presidente 
de  la  Eepública. 

Trátase,  pues,  de  reelegir  al  Sr,  Estrada  Cabrera,  que  du- 
rante su  breve  gobierno  ha  demostrado  grandes  dotes  de  esta- 
dista, fomentando  la  instrucción  pública  y  la  agricultura, 
creando  verdadero  espíritu  público  en  el  interior  y  afirmando 
el  crédito  de  la  República  en  el  exterior. 

En  términos  generales,  mediante  la  modificación  propuesta, 
Guatemala  podrá  proceder  como  México  y  otras  Repúblicas, 
manteniendo  al  frente  del  Gobierno  á  hombres  eminentes  por 


(\)  El  decreto  que  estableció  este  solemne  y  nacional  festejo  decía  así: 
«Considerando  que  es  un  deber  de  todo  Gobierno  que  se  inspira  en  el  progreso 
y  bien  de  la  Patria,  poner  cuantos  medios  estén  á  su  alcance  para  mejorar  la 
condición  y  porvenir  moral  de  un  pueblo,  cosas  ambas  que  indudablemente 
radican  en  la  educación  que  sedéala  juventud,  y  que  es  muy  justo,  tanto  el 
coronar  de  una  manera  digrna  los  trabajos  del  Magisterio,  en  cuyas  manos 
está  depositado  el  porvenir  de  la  nación,  como  el  de  estimular  con  manifes- 
taciones de  público  rpjrocijo  los  esfuerzos  y  tareas  de  la  juventud  estudiosa, 
se  destina  el  último  domingo  de  Octubre  de  cada  año,  comenzando  por  el  pre- 
sente, para  la  celebración  de  una  solemne  fiesta  popular  y  general  en  toda  la 
República,  consa^^rada  exclusivamente  á  ensalzar  la  educación  de  In  juventud, 
festividad  á  la  cumI  c«tín  oblifrado^  n  concurrir  los  Directores,  Profesores  y 
alumnos  de  todos  los  establecimientos  de  enseñanza  de  la  República». 


OUATAMALA 


76 


MU  patriotismo  y  por  su  acierto  en  el  difícil  arte  <ie  regir  pue- 
blos. 

La  Constituyente  se  reunió  el  4  de  Julio,  y  á  ella  ooncu- 
rHeron  representantes  de  todos  los  partidos  políticos  y  clases 
Hoeiales* 

En  la  sesión  inaugural,  el  8r.  Estrada  Cabrera  leyó  breve  y 
expresivo  Mensaje.  Pres «untábase  ante  los  Diputados  como  mo- 
desto  obrero  del  derecho  y  sincero  defensor  de  la  democracia, 
qoe  ni  contrarió^  porque  no  debía  hacerlo,  las  iniciativas  pava 
la  reforma  constitucional,  ni  tomó  la  más  mínima  parte  en  los 
trabajos  que  dieron  por  resultado  la  convocatoria  y  reunión  d© 
lo.  Asamblea.  En  ésta,  como  en  todo  el  país,  i>redDmÍnan  los 
partidarios  de  la  reforma,  y  salvo  contingencias  no  previstas 
será  reele^do  Estrada  Cabrera  para  el  próximo  período  presi- 
den cía  L 

El  15  de  Septiembre  empesíó  á  circular  el  manifiesto  en  que 
el  partido  liberal  giiatf^malteco  declaraba  solemne  su  voluntad 
líe  que  el  Sr.  Licenciado  ü*  Manuel  Estrada  V.  sea  sucandi- 
«lato  para  la  Presidencia  de  la  República  en  el  próximo  periodo 
oon«titucionaK  Suscribían  el  documento  inmenso  número  de 
delegados  de  todas  las  asociaciones  políticas  del  país. 

Como  los  movimientos  de  opinión  nunca  son  unánimes, 
i.iaro  as  que  hay  guatemaltecos  á  quienes  contraría  la  proba- 
ble  reelección  de  Estrada,  y  en  correspondencias  dirigidas  á 
Europa  procuran  desacreditar  la  gestión  administrativa  de 
éste  y  protestan  coutra  la  reforma,  constitucional. 


En  1902,  los  temblores  de  tierra  destruyeron  varias  ciudades 
y  aldeas  en  Guatemala,  San  Marcos»  San  Pedro,  TotonicapáQ^ 
Maza  ten  augo.  Quezal  tanango,  quedaron  arruinadas.  De  la  ÚU 
tiitia  ciudad  citada  puede  decirse  que  nada  quedó  en  pie;  el  de- 
sastre fué  completo*  Durante  muchos  días  las  familias  tuvieron 
qoG  acampar  al  aire  libre  ó  bajo  tiendas»  en  torno  de  gnindes fo- 
gatas por  la  noche,  y  los  más  afortunados  ó  raás  vicos,  los  qac 


76  LOS    PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 


podían  pagar  10  pesos  diarios,  vivían  en  el  interior  de  los  oa> 
rruajes  de  tranvías.  Casas,  maquinarias,  plantaciones,  todo 
desapareció;  las  pérdidas  materiales  se  calcularon  en  200  millo- 
nes de  pesos.  El  Gobierno  dispuso  que  se  procediera  inmediata- 
mente á  reedificar  la  ciudad  de  Quezal tenango  hacia  el  Norte 
del  lugar  que  ocupaba,  y  se  donaron  terrenos  á  los  propietarios 
de  las  casas  destituidas. 

Hubo  nuevos  trastornos  geológicos  en  19(^.  En  el  interior, 
los  volcanes  están  con  frecuencia  en  erupción,  y  la  tierra  se  es- 
tremece. En  el  litoral  del  Pacífico,  muy  cerca  de  México,  hay  un 
municipio,  el  de  Ocós,  cuj^o  pueblo  y  puerto  van  á  desaparecer. 
El  río  que  allí  desaguaba  ha  cambiado  de  curso  y  se  ha  abierto 
nuevas  bocas,  con  lo  que  las  aguas  del  mar,  rechazadas  en 
un  sitio,  afluj^en  sobre  otro  en  el  mismo  puerto,  y  van  ganando 
terreno  con  tal  rapidez,  que  hay  quien  predice  el  fin  de  Ocós  en 
plazo  de  muy  [)ocos  años. 


EL  SALVADOR 


Población  de  la  República.— Gobierno  del  Presidente  D.  Tomás  Regalado.— 
Fomento  de  la  agricultura.— Ferrocarriles.  — El  nuevo  Presidente  D.  Pe- 
dro José  Escalón. — Obra^  y  servicios  públicos.— Reforma  de  la  enseñanza 
superior.— Precauciones  contra  el  anarquismo. 

La  población  de  El  Salvador  continúa  en  aumento.  El  1.^  de 
Enero  de  1901  tenía  91"  .512  habitantes.  Es  la  más  pequeña  de 
las  cinco  Repúblicas  de  la  América  Central ;  pero  la  de  mayor 
población  relativa  (43  hab.  por  kil.2) 

En  1.®  de  Marzo  de  1903  cesó,  como  Presidente,  D.  Tomás 
Regalado.  En  los  cuatro  años  de  su  gobierno  se  ha  procurado 
el  acrecentamiento  de  la  riqueza  pública,  mediante  el  desarro- 
llo de  cultivos  y  de  vías  de  comunicación. 

Siendo  la  agricultura  la  primera  fuente  d(í  la.riqueza  nacio- 
nal, se  ha  tenido  el  más  especial  cuidado  en  fomentarla  por 
todos  los  medios  prácticos  aconsejados  por  la  experiencia,  ta- 
les como  la  emisión  de  la  ley  orgánica  de  ese  ramo,  ó  Código 
de  Agricultura;  el  establecimiento  del  estudio  obligatorio  de 
la  Agricultura  en  las  escuelas  primarias;  la  creación  de  una 
Facultad  especial  de  Ingeniería  agronómica  en  la  Universidad 
Nacional;  la  institución  de  fiestas  y  certámenes  agrícolas;  la 
fundación  de  un  Museo  Científico  Agrícola  é  Industrial;  la  or- 
ganización de  Juntas  y  Comisiones  de  Agí  icultura,  á  las  que 
se  han  asignado  rentas  especiales  y  cuyos  servicios  han  sido 
de  pública  utilidad;   la   creación   de   un   Laboratorio  químico. 


78  LOS   PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 

que  constará  de  dos  secciones  independientes:  nna  destinada 
especialmente  á  la  Agricultura,  y  otra  á  los  análisis  médico- 
legales. 

Se  ha  terminado  el  ferrocarril  occidental,  obra  que  pre- 
ocupó  grandemente  la  atención  del  Gobierno  desde  su  inaugu- 
ración, por  su  trascendental  importancia  y  por  hallarse  ínti- 
mamente vinculado  con  ella  el  crédito  de  la  República  en  el 
exterior. 

Como  conclusión  de  esa  importante  vía  férrea,  en  Marzo 
de  1900  se  puso  al  servicio  público  el  muelle  construido  en  Aca- 
jutla,  en  el  punto  denominado  Puerto  Viejo,  y  desde  entonces 
funciona  con  entera  regularidad.  Desgraciadamente,  no  puede 
decirse  lo  mismo  del  ferrocarril  central;  no  obstante  los  vehe- 
mentes deseos  del  G-obierno  por  el  feliz  coronamiento  de  esa 
empresa,  de  tan  trascendental  importancia  para  el  país,  como 
que  está  llamada  á  dar  nueva  vida  á  toda  la  zona  oriental  de  la 
República,  las  tentativas  hechas  han  sido  infructuosas.  Se  ce- 
lebraron dos  contratas  con  el  fin  de  terminar  el  ferrocarril  de 
La  Unión  á  San  Miguel  y  de  construir  el  que  ha  de  unir  la  me- 
trópoli oriental  con  esta  ciudad;  pero  los  concesionarios  trope- 
zaron con  serias  dificultades  pecuniarias  para  la  realización  de 
la  obra,  motivo  por  el  cual  se  rescindiei'on  ambas  contratas. 

Procuró  también  el  Gobierno  fomentar  las  relaciones  comer- 
ciales con  los  grandes  centros  de  producción  5'  riqueza.  Con  tal 
l)ropósito,  puso  gran  interés  en  ajustar  con  las  naciones  euro- 
peas nuevos  tratados  de  comercio  que  constitu3'^an  la  expresión 
fiel  de  las  tendencias  económicas  y  de  las  necesidades  indus- 
triales que  se  manifiestan  por  medio  del  cambio  mercantil.  El 
Convenio  sobre  recipi-ocidad  aduanera  con  Francia  ha  dado 
muy  buenos  resultados,  y  se  lia  celebrado  un  arre<¿;lo  semejante 
con  Alemania  por  ukmIío  de  un  simple  canje  de  Notas,  mientras 
se  llega  á  la  conclusión  definitiva  do  un  tratado  de  comercio. 
Con  España  se  inició  un  tratado  de  reciprocidad  comercial,  con 
objeto  principal  de  favorecer  los  añiles,  librándolos,  en  parte. 


ESL   SALVADOR 


7!* 


íi^  lus  fuertes  gravámenes  con  que  san  tratados  en  Jas  aduanas 


El  nuevo  Presidente  de  la  Kepública  es  D,  Pedro  José  Esca- 
IAPí  aifricalfcor  y  propietario  que  lia  vivido  y  vive  en  excelentes 
relaciones  de  amistad  con  el  anterior^  D,  Tomás  Regalado. 
Goza  de  gran  prestigio,  no  precisamente  como  político,  sino 
como  hombre  de  probidad  y  patriotismo  reconocido»^  y  loa  sal- 
vHdoveüos  fundan  en  sn  gestión  balagtieñas  esperanzas. 

I  n  toda  tranquilidad  efectuóse  el  cambio  presidencial,  po^ 
niétidose  en  evidencia  la  honrada  política  qne  inspiró  todos  los 
aero»  del  Gobierno  del  General  Begalado.  Casi  medio  siglo  ha- 
ría que  siempre  se  había  hecho  por  medios  violentos  y  arbitra- 
rios la  transmisión  del  Poder  Supremo;  hízose  ahora  legal- 
mente,  y  la  Asamblea  Nacional  de-  la  Repúlilica  d»5Cídió  cele- 
1  i.u  t«n  fivnsto  acontecimiento  declarando  fiesta  nacional  ©1 
\rar20  del  afio  en  curso, 

Kl  Gobierno  del  Sr,  Escalón  sigue  los  mismos  acertados 
rmnbo*  que  el  anterior.  De  las  medidas  recientemente  adopta- 
da©,  y  de  los  reíniltadon  de  las  que  ya  se  pusieron  en  práctica 
en  aB08  precedentes,  dio  noticia  el  Secretario  de  Gobernación 
y  Fometitüi  en  la  iiltima  Memoria  presentada  al  Congreso  de 
Oiputados. 

El  fftrrocarril  de  Occidente»  servido  por  una  Compañía  in* 
glesn,  funciona  con  regalarirlad^  y  se  trabaja  para  conseguir 
que  continúen  las  obras  del  ferrocarril  central  y  que  aumente 
el  servicio  de  vapores  en  el  Pacífico.  Se  han  hecho  i  in  portan  te* 
oliras  de  saneamiento  en  la  ciudad  de  San  Salvador»  Da  exce- 
lentes rasiiltados  la  Escuela  do  Ai'tes,  Oficios  y  Agricultura, 
dirigida  por  los  PP.  8ale*íTano8.  Entá  bien  organizado  el  servi- 
OJO  de  estadística;  el  nuevo  Cuerpo  de  Ingenieros  oficiales  ha 
roAlirádo  trabajos  de  importancia,  y  pronto  se  terminará  el 
"'  *'^'  mapa  de  la  Repúhlicaí  encomendado  á  la  casa  ingleníi. 
i  low  Son5  Limited. 


80  LOS    PUEBLOS    HISPANOAMERICANOS 

El  ramo  de  agricultura,  fuente  principal  de  la  riqueza  del 
país,  está  á  cargo  de  Juntas  y  Comisiones  especiales,  y  hay  una 
ñaca  modelo  en  la  que  se  ensayan  nuevos  cultivos  y  nuevos 
procedimientos  de  producción.  La  «Fiesta  de  los  árboles «,  en 
3  de  MavQ,  es  fiesta  nacional.  A  partir  de  este  año  de  1903  se  ce- 
lebrarán todos  los  años,  en  Julio  y  Agosto,  certámenes  agríco- 
las é  industriales. 

Por  decreto  de  13  de  Junio  de  1903  se  reformó  la  enseñanza 
superior.  Se  híin  suprimido  el  Consejo  de  Instrucción  pública  y 
el  Kectorado  de  la  Universidad  Nacional,  y  se  crean  las  siguien- 
tes Facultades,  con  el  carácter  de  Escuelas  profesionales:  Juris- 
prudencia; Medicina,  Farmacia  y  Cirugía  dental ;  Ingeniería, 
anexa  á  la  Escuela  Politécnica.  Cada  Facultad  tendrá  su  Junta 
directiva,  cuyos  Vocales  serán  nombrados  por  el  Poder  Ejecu- 
tivo hasta  que  se  promulgue  la  ley  orgánica  de  Instrucción 
pública,  y  después  per  los  Profesores  de  cada  Facultad,  en  vo- 
tación nominal.  En  la  Facultad  de  Medicina  y  Farmacia  se  ad- 
mitirán señoras  y  señoritas. 

Pónese  en  guardia  el  Gobierno  contra  posibles  agitaciones 
(le  carácter  socialista.  El  Diario  Oficial  de  la  República  hizo 
saber  que,  así  en  la  capital  como  en  otros  lugares  del  país,  al- 
ganos  obreros  han  venido  pidiendo  á  los  jefes  de  sus  respectivos 
calieres  aumento  de  salarios. 

El  hecho  en  sí  nada  tiene  de  particular,  tanto  más  habién 
(lose  verificado  ese  movimiento  con  orden  y  en  condiciones 
propicias  para  el  mutuo  entendimiento  entre  los  jefes  de  talle- 
res y  los  obreros.  Pero  al  favor  de  esa  aspiración  de  los  obreros, 
•íiertos  espíritus  revoltosos  han  querido  excitar  los  ánimos  de 
las  clases  trabajadoras,  y  abusando  de  la  libertad  que  las  leyes 
íí^arantizan  á  todos  los  ciudadanos,  hacen  propaganda  anar- 
((uista  y  tienden  á  producir  conflictos,  que  la  autoridad  no 
puede  ni  debe  tolerar  si  ha  de  mantener  el  orden  y  el  equilibrio 
sociales.  VA  ÍTobierno  declara  (jue,  naturalmente,  desea  el  bien- 


EL  SALVADOR 


H1 


estar  y  progreso  de  las  clases  obreras  del  país»  y  a  ello  h ¡i  de 
contribuir  siempre  con  toda  efieacia;  pero  no  pnede  consentir 
•jue  98  perturbe  la  marcha  armónica  de  hi  colectividad  social,  y 
tieDe  la  firme  resolución  de  proceder  j  si  las  circunistancias  lo 
exigieran,  con  toda  la  energía  que  la  tranquilidad  y  Ir.^  5nfP^ 
reaes  páblicos  demandan, 

II 


Kt  tsunto  Burrell -La  «Compañía  Comercidl  de  SI  Salvadorn.— Preteosio- 
nefideloR  p^nquls. —Laudo  arbitral  protestado  por  el  QobierQo  aalvado- 
riao,- Nueva?  negociftciones,— Convenio  entre  la  República  y  la  Coxnpa- 
ñín.—RatiflcadoD  del  Convenio  y  proteataá  de  ia  Asamblea  Nacional, -El 
AiUUtoGulrolo. 

En  el  año  1B94,  el  Gobierno  de  El  Salvador  concedió  ¿i  luia 
compañía  el  privilegio  de  transbordar  pasajeros  y  mercancías 
en  el  puerto  del  Triunfo.  Un  tal  Burrell  constituyó  en  San 
Francisco  de  California  otra  Sociedad,  «The  Salvador  Com- 
mercial  Oompanyí>j  que  suscribió  501  a(!ciones  de  la  del  Triunfo, 
con  lo  que  el  citado  yanqui  y  un  su  liermano  consiguieron  diri- 
gir, de  acuerdo  con  otros  compatriotas  suyos»  los  asuntos  de  esta 
última  empresa.  Pero  la  dirección  fué  desastrosar  ^^  Compañía 
se  arruinaba  y  hubo  necesidad  de  declarar  la  rjuiebra. 

Se  procedió  en  todo  con  arreglo  á  lo  que  prevenían  los  Esta- 
tutos de  la  Sociedad  y  disponen  las  leyes  del  país.  No  obstante, 
ios  Hccioiiistas  norteamericanos  se  propusieron  hacer  bueno 
para  ellos  el  negocio  á  costa  de  los  salvadoreños  j  y  reclamaron^ 
a])oyados  por  su  Gobierno^  que  tnvo  la  osadía  de  pretender  que 
1m  autoridades  judiciales  de  El  Salvador  anularan  sus  propias 
decisiones,  que  se  reconstituyera  la  empresa  y  que  se  diese  á 
los  reclamantes  los  cargos  que  en  ella  tenían.  Como  era  natural^ 
él  G-obíerno  de  aquella  R6páblic&  se  opuso  á  tales  exigencias; 
^1  de  Washington  pidió  entonces  448.800  pesos  oro  para  los 
suyos,  no  se  avino  tampoco  El  Salvador^  y  al  fin  se  sometió  la 
cuestión  á  un  arbitraje, 

6 


LOS   PUKBDOS   KISPANÜAMMRIOANOíi 


y  ios  arbitros  reanidos  en  Washington  tuvieron  á  bieu  con- 
tienar  á  la  ReíjábÜGa  de  El  Salvador  al  pago  de  523,178  pesos 
oro,  con  lo  que  Burrell  y  sus  colegas  hacían  negocio  redondo; 
bajo  su  administnitíiíSn  so  consamió  la  mayor  parte  del  capital 
de  la  Compañía  del  Triunfo,  se  llevaron  el  vapor  de  ésta,  impi- 
diendo así  que  pudiera  continuar  el  tráfico  á  qne  estaba  obli- 
gada por  la  concesión  y  arrebatando  ese  importante  activo  á 
la  Sociedad  en  quiebra,  j  además  pretendían  embolsarse  los 
523.000  pesos. 

Tratando  de  este  enojoso  asunto  el  último  Mensaje  del  Ge- 
neral Regalado,  hacía  constar  el  sentimiento  de  indignación 
que  el  laudo  de  la  mayoría  de  los  arbitros  produjo  en  el  cora- 
sEÓn  de  los  salvadoreños,  «sectimiento  qne  ha  encontrado  un 
eoo  universal  de  simpatía,  manifestado  ya  por  medio  de  las 
principales  publicaciones  de  Europa  y  América.  En  oumpli- 
miento  de  lo  acordado  por  la  Asamblea  Nacional  del  año  ante- 
rior, que  protestó  contra  dicho  laudo,  el  Ejecutivo  está  en  la 
disposición  de  no  aceptarlo,  por  ser  vicioso  y  nulo,  tanto  por 
los  procedimientos  festinados  qne  empleó  la  mayoría  del  Tri- 
banal  de  A_rbi traje,  como  porqne  en  su  esencia  conculca  las 
principales  estipulaciones  del  Protocolo  de  Wáshioj^ton^  de 
donde  íie  originaron  los  poderes  que  los  arbitros  han  extrali- 
mitado al  dictar  tan  trascendental  resolución.  Así  lo  han  he- 
cho constar  algunos  de  los  principales  órganos  de  la  prensa  de 
Europa  y  América,  y  así  lo  sostienen  también  eminentes  pu- 
blicistas de  reputación  universal  que  espontáneamente  han 
estudiado  el  asunto». 

Fuerte  con  el  apoyo  de  tan  célebres  eminencias  jurídicas ^ 
creyó  el  Gobierno  de  El  Salvador  qne  no  se  infringía  ningún 
principio  de  Derecho  Internacional  al  desconocer  toda  autori- 
dad legal  al  laudo  Dickson*Strong. 

Al  efecto^  la  Cancillería  salvadoreña,  por  medio  de  su  Lega- 
ción en  Washington,  abrió  nuevas  negociaciones,  á  fin  de  que 
SUS  intereses  no  quedasen  conculcados  por  la  injuata  resol ncCdn 


m*   SALVADOR 


H3 


I  los  jueces  antes  mencionados.  Para  lograr  ese  objeto»  el  ár^ 
biüro  de  El  Salvador,  cuyos  derechos  le  fueron  de5conocidos 
por  loB  otros  jueces  i  raíz  de  pronunciada  la  sentejicia;  pro- 
testó enérgicamente  contra  ella,  dejando  á  salvo  los  derechoa 
de  la  República, 

Signiendo  el  espíritu  de  las  conclusiones  adoptadas  por  el 
Congreso  Panamericano  de  México,  la  Cancillería  salvadoreña 
jazgó  que  el  caso  estaba  coraprendido  en  los  Pactos  que  aquel 
Congj'eso  celebró  con  relación  á  la  materia  de  reclamaciones 
pecnní arias.  Con  ese  fín  se  dirigió  á  las  demás  Cancillerías 
ti  span  o  americanas,  solicitando  la  cooperación  de  sus  buenos 
o^cios,  toda  vez  que  el  asunto  se  relacionaba  con  las  estipn- 
laciODds  4e  los  Pactos  en  que  aquéllas  son  c on si g^n atarías  con 
la  de  El  Salvador, 

El  rei^ultado  de  las  nuevas  negocirtriories  no  st?  hizo  esperar 
mucho.  La  irritante  reclamación  de  la  ^Salvador  Commercial 
Cortipany*  y  de  otros  ciudadanos  yanquis,  conocida  con  el  nom- 
bre de  c  Asunto  BurrelU,  va  á  ser  satisfecha,  con  las  posibles  y 
rdlatívas  ventajas  que  ba  logrado  el  Gobierno  de  El  Salvador 
El  capital  qne  el  laudo  les  reconoció  se  reduce  á  un  67  por  l(X). 
pagadero  á  razón  de  50.000  pesos  oro  americano  cada  año,  con 
eX  interés  del  6  por  100  desde  el  8  de  Mayo  de  1902  basta  la  can- 
celación definitiva  (1). 


I  í  ifíulosá y  3í1él  C(»nvenio difien  «sí:  ^La  Rejnihlicft  ítc  Kl  Sahotínr 
«ntTí»|fiirí»  «lentrode  cuatro  raesea,  lí  contar  4e  In  fechn  <ie  este  ínstnimenlo 
n?  de  Ajíufítú)  ftl  TniúD  Natinoal  Bank  of  naklimd^  Oaklanj),  CAlifomla^  como 
flii^Í<^f»iiif  jjartú  fi«  loá  feclamantes,  boDÓ&  nacionttles  de  dicliA  Ui»pút>tÍ(ilL,  ga« 
nutif.Atíúñ  por  un  diez  por  rieato  ññ  loe  íierecboí^  de  Arluanat^i  que  re|>reftea- 
títii  lin  raínr  equiViiLente  hI  sesenta  y  aiete  y  medio  (>t7  Vj%'  V^^  tu'nU>  íle  la 
«djii'ticíición  liBchu  el  ocho  de  Mayo  de  mil  novecientos  rtos  ^  }>a,jio  <;]  Proto- 
colo Ha>'-Z*ldíviír,  quea8(?jeade  á  quinlentoii  veiiiítítri^a  tüiI  ciento  selentu  y 
fnít^ú  (»e&os  ^esetiift  y  rnutro  centavos  ($  d*^J7H^H4).  T*os  erpreandos  bonos  se 
hmti  lie  eoiUir  en  atete  ^erie^,  que  r«'|ir<*.sentiin  kij8  rttitpp<rtivo8  año§  de  v^nci- 
taleuio. 


84  LOS    PUBBLOS   HISPANOAMBUICANOS 


El  famoso  laudó  de  8  de  Mayo  de  1902  fué  un  verdadero  ul- 
traje á  los  derechos  de  la  República  de  El  Salvador.  Como  el 
Dr.  Luis  von  Bar,  miembro  del  Tribunal  de  Arbitros  de  La 
Haya,  declaró  en  razonado  dictamen,  aquel  laudo  era  comple- 
tamente nulo;  en  primer  término,  «por  graves  vicios  de  fondo, 
á  saber:  carencia  de  motivación,  ó  sea  de  exposición  razonada 
de  motivos  ó  fundamentos  del  fallo,  y  vicio  substancial,  con- 
sistente en  no  haber  estudiado  cosa  alguna  acerca  de  las  deu- 
das de  la  Sociedad,  y  en  segundo,  de  una  manera  especialísima 
é  incontrovertible,  por  extralimitación  de  los  arbitros  en  el 
desempeño  de  su  cometido». 

Sin  embargo,  el  actual  Gobierno  de  El  Salvador,  procediendo 
con  exquisita  corrección,  ha  considerado  como  deber  de  honor 
«íumplir  las  decisiones  del  Tribunal  de  Arbitraje,  por  injustas 
que  sean.  Ha  instado  y  conseguido  la  deducción  indicada,  y 
procura  ahora  arbitrar  los  recursos  necesarios  para  satisfacer 
la  obligación. 

La  primera  anualidad  ha  de  pagarse  en  Mayo  próximo,  y 
con  este  objeto  y  el  de  reconstruir  el  Palacio  Nacional,  el  Pre- 
sidente acudió  al  Congreso,  convocándolo  á  reunión  extraordi- 
naria. El  Mensaje  de  aquél  se  leyó  en  la  sesión  del  4  de  Sep- 
tiembre. Se  propuso  un  empréstito  de  1.000.000  de  pesos- oro  y 
la  creación  de  varios  nuevos  impuestos,  y  se  pidió  también  au- 
torización para  cancelar  en  masa  la  reclamación  Burrell,  caso 
que  los  interesados  concedieran  compensaciones  suficientes  á 
ese  sacrificio. 

Sobre  estas  proposiciones  informó  cuatro  días  después  la 
Comisión  de  Hacienda.  La  mayoría,  en  su  dictamen,  después 
de  consignar  que  la  historia  de  las  Repúblicas  de  América  no 
registra  una  página  tan  triste  como  la  que  actualmente  se  con- 
signa en  la  de  El  Salvador,  toda  vez  que  se  le  obliga  á  pagar 
una  suma  que  nunca  ha  debido,  por  el  solo  capricho  de  un  país 
poderoso  que  se  dice  atntgo  y  protector,  se  declaraba  resuelta- 
mente opuesta  á  todo  empréstito  extranjero,  pues   una  triste 


eatpftrieDCia  ha  enseñado  á  los  salvadoreños  que  tales  negocia- 
Hones  dieron  siempre  resultados  contraproducentes  y  onerosos 
4  loB  intereses  nacionales.  Opinaba,  pues,  que  para  pagarla  re- 
cljimftción  Bmrell  se  recarriera  á  las  fuerza>s  propias  del  país, 
o§  decir,  á  la  riqueza  nacional,  estableciendo  nuevos  impuestos 
basados  en  la  necesidad  imperiosa  que  por  ahora  aflige,  y  en 
cuanto  es  posible  en  la  justicia  é  igualdad,  y  propuso  varios 
recargos  sobre  aforos  de  mercaderías,  metales  preciosos,  ag^uar- 
dientes^  exportación  de  cueros^  hule  j  plata  acuñada^  cédulas 
de  vecindad  y  sueldos  de  empleados. 

La  minoría  de  la  Comisión  formulo  voto  aparte  por  creer 
inconvenientes^  antieoonómicos  é  impolíticos  algunos  de  los 
impuestos  citados,  y  teniendo  en  cuenta  que  las  sumas  que  ex- 
traen las  Sociedades  mineras  de  los  Departamentos  Orientales, 
segán  datos  auténticos  publicados  ofícialmente,  son  cuantio- 
sas, y  las  utilidades  que  obtienen  enormes,  pues  exportan  en 
conjunto  en  un  año  de  2  4  3  millones  de  pesos  oro,  con  una 
ganancia  líquida  de  dO  á.  40  por  100,  propuso  que  se  gravara  su 
exportación  con  2  */•  por  105  oro  ad  valorem^  impuesto  que  re- 
presentará* poco  más  ó  menos,  lo  que  las  referidas  empresas 
lian  recibido,  reciben  y  continuarán  recibiendo  del  Gobierno 
on  franquicia»  aduaneras>  Al  menos,  en  circunstancia»  ano 
males  como  la  presente,  es  muy  justo  que  contribuyan  los  qut^ 
í.!%nto  provecho  sacan  del  pa^íe.  Con  esto  y  otros  impuestos  ad- 
misibles habría  recursos  sobrados  para  atender  el  servicio  de 
la  deuda  BurrelL 

El  Convenio,  que  tenía  fecha  de  17  de  Agosto,  fuératiticado 
por  la  Asamblea  Nacional  de  El  Salvador  el  22  de  Sejítiembre; 
maB  no  sin  protestar  una  vez  más  contra  la  injusticia  de  obligar 
á  la  República  al  pago  de  una  cantidad  que  no  debe.  En  el  se- 
gundo coiisideraado  se  dice:  Mque  aunque  el  laudo  arbitral  del 
8dd  Mayo  de  1902  fué  injusto  é  ilegal  por  no  haberse  sujetado  á 
Ia«  bases  del  Protocolo  Hay*Zaldívar,  por  haberse  dado  á  los 
recia  man  t<?«  una  indemnización  puramente  especulativa  é  imp»- 


gjuaria.oon  violación  expresa  del  nrüíciüo  6.*^  de  dicho  Pro- 
tocólo,  lo  cual  constituye  una  extral imitación  de  poderj  y  en 
vista  déla  actitud  oficial  y  hostil  del  Gobierno  americano,  quien 
ba  mandado  cumplir  aquella  sentencia  inicua»  y  para  evitar 
h1  país  una  mayor  humillación  y  más  graves  perjuicioa,  ge 
decreta,  etc.# 

Y  el  artículo  4."  recomienda  al  Poder  Ejecutivo  *que  se  di- 
rija á'los  Gobiernos  de  las  Repúhlicas  Latinoamericanas,  bis* 
toriando  este  escandaloso  negociado  por  medio  de  una  exposi- 
ción razonada  de  las  cansas  qne  originaron  la  reclamación 
Biirrell,  de  la  conducta  irregular  y  anómala  de  los  Jueces  ar- 
bitros y  la  observada  por  el  Gobierno  de  los  Estados  Unidos, 
con  la  correspondiente  protesta  de  la  violación  de  nuestros  de- 
rechos, por  si  alguna  vez  podemos  reivindicarlos,  que  no  du- 
damos será  cuando  se  abran  paso  la  razón  y  la  justicia  ante  el 
Gobierno  de  aquella  nación  civilizada». 

Otro  asunto  referente  también  4  deuda  contraída  por  el  Eíí- 
tado,  ocasionó  algunos  desórdenes  en  la  capital  de  la  Repúblícíi 
en  los  últimos  días  de  Septiembre  de  1903. 

Se  trataba  de  una  obligación  contraída  por  el  Poder  Eíecn- 
livo  en  Mayo  de  1893  á  favor  de  I>.  Ángel  Guirola^  á  quien  se 
reconoció  un  crédito  de  2B3.CXX)  pesos  oro»  Transcurrieron  los 
años  sin  poder  amortizarlo^  y  en  6  de  Junio  de  1908  se  pactó  con- 
venio, estipulando  que  se  hiciera  al  pago  en  dinero  efectivo. 
El  Gobierno  dio  cuenta  de  lo  convenido  al  Cuerpo  Legislativo, 
y  el  Congreso  aprobó  el  arreglo  hecho*  «Engañado  el  pueblo 
por  algunos  agitadores,  se  le  hizo  creer  que  se  trataba  de  reco- 
nocer al  Sr»  Guií'ola  una  suma  de  diez  ó  doce  millones  de  pesos; 
que  habían  mediado  fuertes  sumas  entre  el  prestamisttii  el  Con* 
greso  y  el  Ejecutivo;  que  se  obligaría  á  las  clases  proletarias  á 
dar  parte  considerable  de  sus  pequeñas  ganancias,  para  can- 
oelai'  aquel  crédito^  procedente  de  imaginarios  perjuicios,  per 
íidamente  reconocidos,  Se  llegó  hasta  el  extremo  de  regar  di 


EL    SALVADOR 


ñero  entre  las  clases  ínfimas  de  la  sociedad,  á  fin  de  mantener 
ana  agitación  permanente»  (1). 

Los  tumultos  populares  llegaron  á  la  galería  misma  del  Con- 
greso, perturbaron  los  trabajos  de  éste,  y  reconsiderado  el 
acuerdo  anterior,  fué  desaprobada  la  contrata  por  unanimidad, 
dictándose,  en  consecuencia,  el  decreto  del  1.°  de  Octubre,  por 
virtud  del  cual  el  crédito  del  Sr.  Guirola  queda  comprendido  en 
el  decreto  legislativo  de  15  de  Mayo  de  1901,  que  mandó  liqui- 
dar y  convertir  en  bonos  de  El  Salvador,  actualmente  corrien- 
tes, las  deudas  del  Estado  no  prescritas  que  hasta  aquella  fecha 
no  hubieran  sido  presentadas  para  su  conversión. 

Las  imputaciones  de  peculado  hechas  al  Presidente  y  á  su 
Gabinete  quedaron  absolutamente  desmentidas  por  la  conducta 
del  Ejecutivo,  que  procedió  en  plena  luz  y  á  la  faz  de  la  nación. 
Negocios  turbios  requieren  misterio  y  obscuridad  y  no  se  en- 
tregan á  la  discusión  y  al  examen  público. 


(1 )    Diario  Oficial  de  la  República  de  El  Salvador,  del  13  de  Octubre  de  19as. 


HONDURAS 


Pobidción  ele  la  Re[íút)lícu.  -Los  Siodictttos  norieamericunos.— rorvenir  dol 
pats.  -Gobierno  de  Tereuoio  Sierra. -Lb  elección  presidencial.— 0,  Ju&Q 
An(tei  A.rifiKy  \K  Manuel  Bouílki -Querrá civil. -^Triunfo  de  Bonilla. 


En  1888  se  calculaba  la  ]>oblaoióii  de  Honduras  en  382.000 
almas.  En  1901,  se§^ún  los  cuadros  que  como  trabajo  prelimi- 
nar del  censo  se  lian  publicado^  tenía  la  República  774,800,  re- 
sultado relativamente  exacto,  aunque  deficiente  t  o  da  vi  a ,  pues 
no  están  comprendidas  las  tribus  selváticas;  podría,  pues,  sin 
bipérbole,  afirmarse  que  el  námero  vei^dadero  de  habitantes  en 
Honduras  no  baja  de  800.000. 

Bajo  el  aspecto  económico^  Honduras  casi  puede  conside- 
rarse como  una  colonia  de  los  Estados  Unidos.  El  elemento 
'extranjero,  predominantemente  norteamericano,  le  lleva  los 
capitales  necesarios  para  im^pulsar  la  agricultura,  para  estable- 
cer industrias,  para  activar  el  comercio,  para  abrir  nuevas  vías 
de  comunicación.  The  líondura^  St/ndicate  pide  y  obtiene  con- 
cesiones y  privilegios  para  construir  el  ferrocarril  de  Puerto 
Cortés  á  la  bahía  de  Fonsec&j  es  decir,  de  mar  é.  mar;  la  ^711  e- 
ricati  Honduras  Company  se  compromete  á  canalizar  el  Pa- 
tuca y  á  crear  un  puerto  en  la  barra  de  dicho  ríoj  otra  Compa- 
ñía toma  é*  su  cargo  el  ferrocarril  económico  de  Ti'ujillo  á 
Olanchitoj  grandes  empresas  explotan  las  caobas  y  los  cedros 
de  Oaratasca,  Cortés  y  Santa  Barbara,  y  las  minas  de  oro  y 
plata  de  los  departamentos  de  Tegucigalpa  y  Yalle, 


BO  LOS  PUEBLOS  HISPANOAMERICANOS 

La  intervención  de  Sindicatos  ó  Compañías  mercantiles 
norteamericanas  en  los  asuntos  financieros  ó  económicos  de 
esta  y  otras  Repúblicas  de  la  América  Central,  da  motivos  á 
recelos  de  que,  en  plazo  más  ó  menos  remoto,  puedan  los  Esta- 
dos Unidos,  haciendo  valer  intereses  ó  derechos  creados,  ejer- 
cer acción  directa  en  la  suerte  de  esas  Repúblicas,  recelo  que 
cobra  mayor  fuerza  ante  la  probabilidad  de  que  sean  los  mis- 
mos yanquis  quienes  construyan  y  exploten  el  canal  inter- 
oceánico. 

Sin  embargo,  la  normalidad  en  la  vida  política  y  adminis- 
trativa, la  paz  y  las  cordiales  relaciones  entre  las  cinco  Re- 
públicas hermanas,  serán  la  mejor  garantía  contra  posibles 
ingerencias  ó  pretensiones  de  los  Estados  Unidos,  atentatorias 
á  la  soberanía  ó  independencia  do  aquéllas.  Ferrocarriles  y  ca- 
nales proporcionarán  pingües  beneficios  á  los  Sindicatos  y  al 
comercio  norteamericano,  y  podrá  suceder  que  en  circunstan- 
cias críticas  alguna  República  extreme  sus  concesiones,  aban- 
donando prerrogativas  ó  derechos  del  Estado.  Pero  si  hay  orden 
en  el  interior  y  paz  en  el  exterior,  día  llegará  en  que  sea  posible 
recuperar  la  integridad  de  las  atribuciones  propias  de  la  sobe- 
ranía, y  en  que  aquellos  canales  y  ferrocarriles,  construidos  en 
territorio  hispanoamericano,  de  los  pueblos  hispanoamericanos 
sean. 

De  los  trabajos  que  se  acometen  con  capitales  extranjeros,  y 
que  revelan  la  importancia  económica  y  positivo  valor  del  te- 
rritorio hondureno ,  y  en  general  de  la  situación  política  y  del 
desarrollo  que  alcanzan  los  intereses  materiales  del  país,  daban 
cuenta  minuciosa  en  1901  la  Memoria  del  Ministro  de  Fomento 
y  Obras  públicas  y  el  folleto  publicado  en  ese  mismo  año  por 
Mr.  Jalhay,  Cónsul  de  la  República  de  Honduras  en  Bruselas. 

Si  la  paz  y  el  orden,  factores  indispensables  de  todo  progreso 
en  los  pueblos,  se  consolidan.  Honduras  tiene  excelente  porve- 
nir. Tierra  de  gran  fertilidad  y  abundante  en  minerales  y  ma- 
deras, ofrece  ventajoso  empleo  á  los  capitales,  y  el  ferrocarril 


interoceánico  será,  como  dioe  Jalhay^  el  sistema  arterial  que 
transmitirá  la  vida  á  toda  la  República,  facilitando  la  expor* 
lacióü  de  los  productos  naturales  del  suelo,  atrayendo  nume- 
rosa inmigración  y  dáwdo  mayor  valor  á  las  riquezas  minera  y 
forestal. 

Teténcio  Sierra,  el  Presidente  de  Honduras»  visitaba  todos 
lo<í  dci^artamentoa  de  la  República  para  conocer  por  sí  mismo 
Ids  progresos  materiales  que  se  han  realizado  y  darse  cuenta  de 
las  reformas  administrativas  que  convenia  establecer  para  ma- 
yor cultura  y  bienestar  del  pueblo  en  campos  y  ciudades. 

En  el  Mensaje  qne  dirigió  aquél  al  soberano  Congreso  Na- 
cional el  h**  de  Enero  de  1903 »  hacíase  constar  que  dorante  los 
uttatro  unos  de  su  gobierno  se  ha  fundado  el  departamento  de 
Ift  At]¿ntida  en  tina  de  l&s  más  favorecidas  porciones  del  te- 
rritorio, y  se  han  creado  14  pueblos  con  sus  correspondientes 
municipalidades;  se  ha  hecho  el  censo  de  la  población;  se  ha 
atendido  con  perseverancia  y  buena  voluntad  á  la  instrucción 
páblica,  aumentando  el  número  de  escuelas  y  reorganizando 
las  Normales  y  la  de  Artes  y  Oficios;  se  ha  reducido  la  Deuda 
públictv.  y  se  ha  goxado  de  completa  pa¡c. 


Loa  principios  del  año  190¡i  han  sido  menos  satisfactorios. 

En  1*"  de  Febrero  terminaba  el  periodo  presidencial  del  Ge- 
neral Sierra,  y  en  Octubre  de  1902  se  hHbía  hecho  la  elección  de 
Presidente  y  Vicepresidente,  y  de  Magistrados  de  la  Corte  su- 
prema de  Justicia.  Eran  candidatos  á  la  Presidencia  el  General 
D*  Manuel  Bonilla,  el  Dr.  D.  Marco  Aurelio  Soto  y  el  Dr.  D.  Juan 
Ángel  Arias.  8e  puso  gran  empeño  por  parte  de  unos  y  otros  en 
la  campaña  electoral.  Hasta  las  mujeres  tomaban  intervención 
en  ella.  La  prensa  publicaba  largas  listas  de  adhesiones  á  tal 
6  cual  d@  los  candidatos  3^  abría  «sección  de  honor»  para  las 
actas  y  manifestaciones  de  las  damas  hondurenas^ 

Obtuvo  mayoría  de  votos  D.  Manuel  Bonilla;  pero  la  Comi* 
sión  de  escrutinio  no  presentó  el  dictamen  correspondiente  para 


92 


LOS   PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 


hacer  la  declaración  que  procedía  antes  del  1.°  de  Febrero.  Se 
atribuyó  este  aplazamiento  á  propósitos  de  Sierra  de  anular 
las  elecciones  con  provecho  propio  ó  de  alg^ano  de  los  otros  c&n* 
didatos.  A  fines  de  Enero  el  Dr,  Soto  salió  de  la  República  por 
la  frontera  de  Nicaragua.  Quedaban  frente  4  frente  el  Dr.  Arias 
y  el  General  Bonilla,  Se  sabía  y»  que  el  General  Sierra  era  re- 
sueltamente  hostil  á  Bonilla^  E»te,  con  los  suyos,  se  preparaba 
para  hacerse  fuerte  en  Amapala, 

El  25  de  Enero,  Terencio  Sierra,  en  comunicación  dirigida 
al  Encargado  de  Negocios  del  Imperio  alemán,  decíale: 

«íijento  mucho  que  á  U.  S.  hayan  informado  que  yo  no  es- 
toy en  ejercicio  del  Poder  Ejecutivo^  y  que  U.  S,  se  dirija  al 
General  Bonilla  en  calidad  de  Presidente  de  Honduras.  El  Ge- 
neral Bonilla  e:;  uno  de  los  tres  candidatos  que  obtuvo  mayores 
votos;  pero  la  elección  no  ha  sido  declarada  por  el  Congreso^  y 
aj^tiialmente  se  ocupa  del  escrutinio,  Sí  el  1/'  de  Febrero  no 
«stá  aún  resuelto  quién  sea  /el  Presidente,  según  el  articulo  lOT 
de  nuestra  Constitución  el  Poder  ^eoutivo  quedai'á  a  cargo 
<iel  Consejo  de  Ministros^. 

y  en  efecto,  pocos  días  después  la  prensa  oficiosa  de  Tegnci- 
galpa  decía  que  «el  1.**  de  Febrero  terminó  su  período  el  Presi- 
dente de  la  República  D.  Terenoio  Sierra»  y  no  hallando  eUcto 
el  Presidente  que  debía  sucederle,  niel  Vicepresidente  y  De- 
ííignados  que  determina  la  ley,  hiiEO  entrega  del  Poder  íyaou- 
tivo  al  Consejo  de  Ministros.  Entró  éste  en  el  ejercicio  de  sus 
funciones  legales,  y  como  no  estaba  prevista  por  las  leyes  la 
forma  de  transmisión  de  la  Comandancia  general  en  casos  como 
el  presente,  y  no  podía  ejercer  diobo  empleo  el  Consejo  por  in- 
compatibilidad, resolvió  reconocer  como  Comandante  general 
de  la  República  á  D.  Terencio  Sierra,  y  éste,  aunque  deseaba 
volver  á  su  hogar,  viendo  oraenazado  el  Poder  legitimo  que  él 
mismo  había  constitaído,  no  puso  ditícultad  para  aceptar  el 
puesto  que  la  ley,  el  patriotismo  y  la  conveniencia  pública  le 
señalaban  I  púv  el  tiempo  que  las  necesidades  lo  exigí esenii^. 


HílKDÜRAS 


93 


Pero  en  el  mismo  día  1,*  de  Febrero,  el  General  D.  Manuel 
Bonilla  consti traía  Gobierno  en  Amapala,  dirigía,  como  Presi- 
dente, un  manifiesto  á  los  bbndnreños  y  nombraba  Ministro  de 
la  Guerra  al  General  D.  Salomón  Ordóñez,  encargándole  ade- 
más, interinamente,  el  desempeño  del  Ministerio  General.  Sin 
perder  tiempo,  los  Generales  Ortez  y  Medal,  del  partido  de  Bo- 
nula,  abrieron  campaña  contra  loa  de  Sierra,  y  hubo  escara 
masas  y  combates  en  el  portillo  de  Lob  Limones  y  en  otros 
pnntoa. 

l^  se  renníó  en  Tegncigalpa  el  Congreso  Nacional,  al  que 
faltaron  mticbos  de  los  Diputados  propietarios;  dióse  cuenta 
del  dictf^men  de  la  Comisión  <jne  había  hecho  el  escrutinio  de 
votos  j>ara  la  Presidencia  y  Vicepresidencift,  y,  descontadas  las 
áetas  de  varios  pueblos  pbr  carecer  de  autenticidad,  se  llegó,  en 
cnaoto  á  la  Presidencia,  al  rebultado  siguiente: 

General  D.  Manuel  Bonilla, .     .  -     28.560  votos. 
Doctor    D.  Juan  A*  Arias.  25,118      ^ 

»         D.  Marcos  A.  ."^ot>  4>iF>7       * 


Como  la  mitad  del  número  total  de  electores  era  29*2<i9,  no 
bübo  mayoría  absoluta  para  ninguno  de  los  candidatos  y,  con- 
forme al  precepto  constitucional,  el  Congreso  debía  elegir  entre 
los  que  habían  obtenido  mayor  numero  de  sufragios.  Vota- 
ron  ^S  á  Arias*  3  á  8oto  y  2  A  Bonilla.  Inmediatamente  tomó 
posesión  Arias  de  la  Presidencia  de  la  Bepúblioa. 

Los  bonillistas  no  reconocieron  la  legalidad  de  los  actos  del 
Congreso*  La  Asamblea  Nacional  se  hallaba  disuelfca  por  ha- 
berse  retirado  hacia  la  frontera  la  mayor  parte  de  los  Diputa- 
dos, entre  ellos  el  Presidente  del  Congreso,  y  no  podía  reinsta- 
larse sin  previa  convocatoria.  Además,  habíanse  anulado  márü* 
de  la  tercera  parte  de  las  actas  sin  causa  justa. 

Entre  tanto,  el  Comandante  general  Sierra,  al  frente  de 
unos  2,000  hombres  y  con  6  cañones  había  acudido  en  auxilio 


9\ 


LOS  rusBr.o8  hispanoamhiiioanos 


d©  los  Generales  que  sostuvieron  las  primeras  acometidas  d© 
lo8  bouilüstas.  Estos  iban  levantando  fuerzas  en  todas  partes; 
MondragÓD  vencía  á  Ferrera  en  Ocotepeque,  Meda)  h  Tallado- 
res en  Lamaní.  Días  después  moría  fusilado  "Valladares^  según 
fie  dijo  por  instigaciones  ú  órdenes  de  Arias,  que  atribuyó  k  ti'ai- 
GÍón  el  fracaso  de  Lamaní.  El  22  se  encontraron  en  El  Aceituno 
Bonilla  y  Sierra;  se  peleó  hasta  el  24,  y  el  segando  tuvo  que 
retirarse» 

A  ! principios  de  Marzo  habían  ganado  mucho  terreno  los 
bonillístas.  Márcala  era  su  cuartel  generaL  El  4  era  derrotado 
y  muerto  en  Talgna  el  artista  Fervora;  el  8  Medal  vence  otra  vez 
en  Lamaní  y  ocupa  ¿  La  Paz,  Comayagua  y  otras  plazas.  Tam- 
bién en  los  distritos  del  Norte  iban  predominando  los  partida- 
rios de  Bonilla,  El  día  15  hubo  empeñado  combate  en  Pespire, 
al  Sur:  los  de  uno  y  otro  bando  se  atribuyeron  la  victoria. 

Al  empezar  Abril,  las  fuerzas  boníl listas,  qne  acaudillaba  el 
General  en  Jefe  Al  varado,  están  ya  en  disposición  de  caer  sobre 
Tegucigalpa.  En  el  Sur»  el  General  Gallardo  vence  en  Coray  el 
día  7.  Sierra  estaba  en  Nacaome;  de  aquí  sale  con  9CX3  hombres 
y  (?  piessas,  y  íroma  el  desquite  contra  GN-Ilardo,  que  cae  heindo  de 
tres  balazos.  A  todo  trance  quería  Sierra  recuperar  su  hacienda 
de  Coray  para  poner  á  salvo  papeles  de  importancia*  Acuden  de 
todos  lados  fuerzas  bonillistas,  que  cercan  á  Sierra.  Las  tropas 
de  éste»  segán  decía  un  periódico  del  país  afecto  k  Bonilla ,  «se 
batían  como  demonios».  La  noche  del  8  al  9  f iii^  terrible;  mu* 
rieron  sobre  el  campo  más  de  100  por  ambas  partes,  cifra  con- 
siderable» paes  los  combatientes  no  llegaban  á.  2.000.  A  las  cinco 
de  la  mañana  del  9  emprendió  Sierra  la  retirada»  yéndose  hacia 
la  fro litera  salvadoreña» 

Quedaba  Arias  en  Tegucigalpa  con  unos  800  hombres;  le  ro- 
dearon de  7.000  á  8.000  enemigos,  que  iniciaron  ataque  contra 
las  posiciones  qlie  defendían  la  ciudad*  Mediaron  los  Cónsules 
y  Arias  capituló,  <iomprometi endose  a  salir  sólo  con  su  Estado 
Mavor  armado  hiisfca  la  frontera.  Pero  se  llevó  más  fuersaB^ 


HONDURAS 


95 


municiones  j  metálico.  El  mismo  Cuerpo  consular  der^laru  qxi& 
Arias  no  había  cumplido  la  capituiación.  Además,  se  encontró 
el  cadáver  del  español  D.  Nicolás  Arnero,  &  quien  se  haljía 
ahorcado  y  sepultado  en  un  patio  del  Palacio  Nacional.  Por 
todo  esto,  Arias  y  sus  compañeros  fueron  detenidos  en  la  ma- 
ñana del  15, 

En  La  Gaceta  de  2(1  de  Abril  se  insertaron  los  primeros  de- 
cretos firmados  en  Amapala  por  el  Presidente  M^annel  Bonilla, 
General  de  división.  Un  semanario  semioficial,  ElUepublirano, 
ba  publicado  documentos  relativos  á  la  contienda  entre  Arias 
y  Bonilla,  y  á  la  campaña  que  terminó  el  13  del  citado  mes. 
Entre  ellos  figuran  telegramas  tomados  del  copiador  de  la  Co- 
mandancia general,  segdií  los  cuales  el  Gobierno  del  Doctor 
D,  Juan  Ángel  Arias  prescindió  del  articulo  27  de  la  Constitu- 
ción hondurena,  que  declara  absolutamente  abolida  la  pena  de 
muerte,  y  mandó  que  se  fusilara,  de  sargento  á  G-eneral,  á  todo 
prisionero  de  guerra.  El  estado  anormal  del  país,  á  pesar  de 
los  elementos  con  que  contaban  Arias  y  Sierra,  sólo  ha  durado 
poco  más  de  dos  meses.  En  todas  esas  Repiíblicas  hay  ahora 
gran  deseo  de  paz  y  las  guerras  civiles  acaban  pronto- 

El  17  de  Mayo  el  Greneral  Bonilla  ratificó  ante  el  Congreso 
Nacional  la  promesa  que  había  prestado  ante  el  Alcalde  muni- 
cipal de  Amapala  el  1/'  de  Febrero,  fecha  en  que  asumió  el  Po- 
der Ejecutivo. 


IT 


El  (eri'GCttiTil  interaceAwiCií  y  loa  emfu'éstitos:  uoa  deudii  <le  ÍHLf)OO.(X)0  «li* 
pesoA  rírt),  — AuClllutJ,  propósitos  y  rioadoctii  del  hctunl  Presí denle. 


Eu  asunto  de  suma  gravedad  se  halla  ahora  empeñado  el 
Gobierno  hondureno. 

"unos  cuarenta  años  hace  que  se  trató  de  llevar  á  cabo  la 
construcción  de  una  línea  férrea  que  uniera  ambos  Océanos, 
desde  Puerto  Cortés  al  golfo  de  Foiiseca.  Hubo  que  buscar  re- 


96  LOS   PUBBL08   HISPANOAMBRICANOS 

carsos  fuera  del  país;  se  acudió  al  empréstito^  obtuviéronse  en 
Londres  los  capitales  qne,  según  presupuesto,  se  consideraban 
necesarios  para  tan  importante  obra,  y  empezaron  los  trabajos. 
Fué  preciso  susp^iderlos,  cuando  sólo  se  babian  constrnido 
unos  90  kilómetros —de  Puerto  Cortés  á  La  Pimienta — ,  porque 
faltaban  fondos,  y  tal  desprestigio  cayó  sobre  los  bonos  de  los 
empréstitos,  que  llegaron  á  cotizarse  al  2  por  100  de  su  valor. 

Del  capital  de  los  empréstitos,  parece  que,  á  lo  sumo,  ha- 
bían llegado  unos  500.000  pesos  oro  á  poder  de  la  Administra- 
ción hondurena;  pero  con  tal  arte  han  procedido  los  especula- 
dores, los  cuervos  del  agio,  que  esos  500.000  pesos  son  ya 
96.000.000. 

¡Xoventa  y  seis  millones  de  pesos  oro  debe  la  Hepública  de 
Honduras  á  una  Sociedad  ó  Sindicato  inglés  ¡  ¡Noventa  y  seis 
millones  de  pesos  oro  ha  costado  un  ferrocarril  construido  en 
terreno  llano,  ciyo  total  recorrido  debía  ser  de  unos  300  kiló- 
metros y  del  que  sólo  ^e  explotan  92!  ¡A  más  de  millón  de  pesos 
oro  el  kilómetro! 

Los  fautores  del  negrocio  lo  han  venido  preparando  magis- 
tralmente.  Consiguieron  primero  el  descrédito  y  la  consiguiente 
enorme  baja  de  los  valores:  compraron  después  los  bonos  á 
ínfimo  precio,  y  cuando  se  presentó  en  Londres  un  represen- 
tante -le  Honduras  para  pactar  un  convenio  con  los  tenedores 
'i'*  aquór..-^>.  necráronse  á  aceptar  proposición  ninguna  Exigen 
■iue  H:n.i;;ras  pague  ínteiriw  la  deuda  ficticiamente  creada,  ó 
.[.le  se  someta  á  las  dur.is  o'»ndioiones  impuestas  por  los  acree- 
dores. 

En  efecto,  on  nomb"o  de  T'ie  C  riKiration  '^r  Fortit/n  Jyond- 
fi.^iih-  -s.  le  Loii.iros,  Ni".  Wir.ianí  .T.  IV.aiu  reclama  '.a  entrega 
'.oí  ferroo.irri'  de  P/.er:.^  Cortés  íi  La  riinienta.  y  e!  i  ago  de  la 
antigua  deuaa  e\tvan;or.i  vio  -a  -vo:  üb'ic.i  y  vie  'os  empréstitos 
contrata. K>s  eiv  ISí*T.  l^-*^^  y  1^70  i\i"a  'a  v',->'.:struoc:.r.  del  ferro- 
carril i  t;  :  c  r o »,  »\\  II i  c .-»  H  muí  u  r  a  s .  p  uo  s .  d  o  ■  ^  {»  o  u  t  r e  ¿r ;i  r  e  1  f erro- 
carril  c.^nst-uivlo   V   cu   c  Mi^:ruccion  do  ::.ar  á    !r.ar.  con  todos 


HONDURAS 


97 


sas  anejos,  con  todas  las  tierras  q^ae  estaban  hipotecadas  al 
pago  de  los  empré^jtitos  y  con  todas  las  concesiones  que  el  Go- 
bierno había  otorgado  para  la  construcción  de  la  citada  via; 
pagar  los  empréstitos  qne  hoy,  con  ana  intereses»  importan  los 
íí^  millones  de  pesos  Ot'o,  hiíiotecando  en  garantía  las  Aduanas, 
de  las  en  al  es  debe  sacar,  con  preferencia  á  toda  otra  obliga- 
ción,  100.000  pesos  en  cada  uno  de  los  primeros  cnatro  años, 
120.000  en  los  cuatro  siguientes »  y  asi  aumentando  hasta  llegar 
A  1,000,000  anualas;  pagar  los  gastos  anteriores  de  todas  estas 
negociaciones  y  los  actuales;  hacer  esos  pa^os  así  en  paz  como 
en  gnerraf  procurar,  por  último,  que  intervengan  en  el  asunto 
los  Gobiernos  de  8,  M   Británica  y  de  los  Estados  Unidos. 

En  suma;  »i  tales  exigencias  prosperasen»  Honduras  perde- 
ríay#con  el  ferrocarril,  la  mejor  parte  de  su  territorio,  tendría 
que  pagar  integro  el  capital  de  los  empréstitos  y  los  Intereses 
y  gaí5tto8  de  Jos  tenedores  de  bonos  en  relación  con  aquéllos,  no 
jiercibiria  rentas  de  aduanas  y  quedaría  sctmetida  á  la  tiitela  de 
ingleses  y  yanquis.  Es  decir,  desaparecería  Honduras  del  mapa 
político  de  America  como  nación  libre  y  soberana, 

Claro  es  que  para  que  las  cosas  hayan  llegado  á  tal  situa- 
ción han  sido  precisas,  no  tan  sólo  las  malas  artes  de  la  usura 
y  la  mala  fe  de  los  extranjeros  y  nacionales  que  intervinieron 
en  este  negocio,  sino  también  la  incuria  de  los  gormantes 
hondurenos,  en  parte  excusada  por  el  anormal  estado  del  país 
en  aüos  anteriores. 

La  reclamación  de  Mv,  Blain  ha  sorprendido  &  todo;^.  Nadie 
conocía  en  Honduras  el  verdadero  origen  de  esa  enorme  deuda 
ni  9u  estado  actual,  y  todos  se  asombran  de  que  la  i pequeña 
República  haya  podido  devorar  96.000,000  de  pesos  oro  con 
motivo  de  la  constr acción  del  ferrocarril. 

Lo  qne  sí  puede  asegurarse  es  que  los  intereses  de  la  Repú- 
blica han  sido  escandalosamente  defraudados  por  cuantos  en 
Europa  tomaron  parte  en  las  negociaciones  de  los  €tmf»re¿stitos 
en  la  administración  de  los  fondos  que  produjeron,  y  que  por 


98 


LOS   PUBBLO^   HISFANOAMERIGANOS 


consecuencia  de  tales  fraudes  se  frustraron  laa  aspiraciones  del 
p&is  y  el  pensamiento  del  Grobierno  respecto  del  ferrocarril, 
arruinando  al  mismo  tiempo  el  crédito  de  la  nación  en  el  ex- 
terior. 

Años  hace  qne  este  asunto,  así  como  l^s  empréstitos  del  Pa- 
raguay, Santo  Domingo  y  Costa  Rica,  llamaron  la  atención 
del  Parlamento  inglés,  que  en  1875  nombró  una  Comisión  en- 
cargada de  investigar  las  circunístanciaB  de  esos  contratos  y  las 
causas  que  motivaban  la  falta  de  cumplimiento.  Entonces  se 
pusieron  en  evidencia  los  fraudes  y  se  demostró  el  origen  vi- 
cioso de  las  den  das.  No  obstante,  ahora  parece  que  el  Gobierno 
británico  apoya  las  reclamaciones,  y  basta  se  trata  de  interesar 
en  ellas  á  los  yanquis,  sin  duda  para  que  no  se  opongan,  en 
nombre  de  Monroe,  á  cualquier  acto  ^e  fuerza  que  contra  hon- 
duras pueda  intentar  la  Gran  Bretaña. 

El  actual  Presidente  de  la  República,  General  Bonilla,  com- 
prende el  peligro  y  rompe  con  la  tradicional  apatía  de  los  polí- 
ticos hondurenos;  pide  á  los  reclamantes  la  justiticaeión  desús 
créditos,  y  resuelve  buscar  y  láiblicar  cuantos  documentos  sir* 
van  para  demostrar  la  irresponsabilidad  de  Honduras  en  los 
fraudes  y  especulaciones  que  han  originado  la  enormOi  incon- 
cebible deuda. 

Ahondando  en  la  investigación^  han  de  salir  á  luz  muchas 
írregttlaridades.  Desde  luego,  y  con  referencia  á  noticias  de 
Nueva  York,  á  que  dio  publicidad  el  Diaria  Oficial  de  Kl  Salva- 
dor, parece  que  el  Sindicato  norteamericano  que  tomó  ¿  su  cargo 
la  construcción  del  ferrocarril  y  que  no  cumplió  sus  compro* 
misos,  estaba  obligado  á  pagar  los  intereses  de  los  bonos  que 
había  en  Inglaterra.  Se  ha  dicho  que  la  cláusula  que  establecía 
esa  obligación  se  suprimió  al  traducir  del  español  al  inglés  el 
contrato*  Niega  este  supuesto  Mr.  Sprague^  Vicepresidente  de 
la  Compañía,  pero  afirma  que  no  se  pagaron  los  intereses  por- 
que los  tales  bonos  son  ilegales. 

De  todos  modos,  loque  resulta  indudable  es  la  confabula 


HONDURAS 


99 


cíón  de  especaladores  yanquis,  ingleses^  y  acaso  alguno  que 
otro  hondureno,  para  realizar  lo  que  en  el  lenguaje  financiero 
se  llama  un  buen  uegocio^  y  en.  los  Códigos  penales  tiene  otra 
denominación. 

Conñamos  en  que  los  actuales  gobernanteij  de  Honduras 
tendrán  la  energía  necesaria  para  impedir  que  se  perpetre  esta 
gran  estafa  internacionat. 

Bonilla  es  hombre  de  carácter  y  parece  que  1©  animan  bue- 
nos propósitos.  Pone  empeño  en  fomentar  la  riqueza  pública^ 
medio  el  más  eficaz  de  impedir  moyimientos  revolucionarios  y 
de  consolidar  la  paz  pública,  y  con  ella  ganar  crédibo  y  atraerse 
la  simpatía  y  consideración  de  los  demás  Estados.  Quiere  inmi- 
grantes útiles  para  la  agricultara  y  la  industria,  y  ha  circulado 
tnstrnccíones  a  los  representantes  de  Honduras  en  el  extranjero 
para  qne  informen  acerca  de  las  medidas  que  los  respectivos 
Oobiernos  ban  tomado  con  objeto  de  aumentarla  inmigración^ 
sobre  los  sistemas  de  cultivo  de  frutos  que  produzca  ó  pueda 
producir  Honduras  y  que  se  hayan  emi'leado  con  buen  éxito  en 
los  países  en  que  residen  dichos  representantes,  sobre  la  con 
srenieneia  de  abrir  mercados  para  los  productos  hondurenos, 
sobre  el  sistema  de  educación  popular  y  sobre  lo  dispuesto 
para  fomento  de  la  agricultura,  ganadería,  minería  y  demás 
industrias. 

Todo  esto  podrá  realiísarse  s¡  no  lo  imfiden  los  adversarios 
del  nuevo  Presidente, 

El  General  Bonilla,  después  de  haber  conquistado  el  Poder 
por  la  fuerza  de  las  armas,  hizo  que  el  Honí^reso  Naolonal  de* 
clarase  la  nulidad  de  todos  los  actos  de  la  Asamblea  reunida 
entre  el  13  de  Febrero  y  el  21  de  Marzo  de  1903  y,  posterior- 
mente, por  decreio  de  28  de  Octubre,  mandó  crear  una  Junta 
para  el  examen  de  las  cuentas  que  llevaron  los  empleados  del 
orden  civil  y  militar  electos  por  aquella  Asamblea,  y,  en  gene 
ral^  de  las  de  todos  los  que,  por  algún  concepto,  manejaron 
fondos   públicos  desde   el  31   de   Enero  al  13  de  Abril.  Entre 


100  LOS   PUEBLOS   HtSPANOAMHKlCANOS 

tanto,  fancionaban  los  Tribunales  de  Justicia  para  aplicar  se- 
veramente la  ley  á  los  que  la  hubieran  infringido  durante  el 
periodo  de  la  guerra  civil. 

No  es,  pues,  el  actual  Presidente  de  Honduras  de  los  caudi 
líos  vencedores  que  transigen  ó  perdonan,  y,  por  consiguiente, 
los  vencidos  y  humillados  por  él  mantienen  vivo  su  resenti- 
miento ,  se  agitan  y  conspiran ,  y  ya  los  periódicos  oficiosos  ó 
semiofioiales  de  Tegucigalpa  anunciaban  á  fin  de  Noviembre 
que  ora  preciso  tomar  medidas  enérgicas  para  asegurar  la  tran- 
quilidad pública  amenazada. 


NICARAGUA 


Cu pi tal ea  extranjeros  y  empresas  de  obma  páblíc*a  y  euloniKiicíón.-Nue- 
voñ  códíges.  -TentBtíYaa  revoluciouariiiB.  -Aimiistíft,— El  PTesidetite  y  U 
Asamblea  NhcíodhI  LegUlHtivH. 


Preside  esta  Eepáblio»  el  General  D,  José  Santos  Zelaya.^ 
reelegido  para  el  período  1902-1906. 

También  los  capitales  extranjeros  briscan  empleo  en  Nicara- 
gna,  Sn  Gobierno  desea  fomentar  laí!  obras  públicas,  especial- 
mente los  ferrooarrile^,  y  abrir  fácil  salida  á  los  frutos  que  pro- 
duce su  fértil  territorio. 

En  el  Mensaje  que  leyó  el  Presidente  el  1.**  de  Agosto  de  1903| 
se  declaraba  que,  convencido  el  Gobierno  de  que  el  Estado  no 
puede  ni  debe  administrar  empresas  de  ferrocarriles,  habfn 
risto  con  gusto  la  propuesta  del  Sr,  Frank  B.  Passmore,  re- 
presentante de  un  grupo  de  capitalistas  ingleses.  Al  efecto,  se 
esperaba  la  contestación  que  dicho  señor  debía  dar  ¿  las  condi- 
ciones en  que  el  Gobierno  está  dispuesto  4  vender  íos  ferroca- 
rriles y  vapores  nacionales.  El  Sr.  Carlos  Th ornas  Manniíig,  en 
representación  de  una  sociedad  de  los  Estados  Unidos  de  Amé- 
rica, ofrecía  comprar  la  misma  empresa  en  condiciones  favora- 
bles, y  si  el  contrato  se  lleva  i  efecto  se  obliga  á  construir 
nuevas  líneas  que  establezcan  comunicación  fácil  con  los  De- 
partamentos del  Norte  y  con  la  costa  atlántica» 

En  lo  de  Mar'üo  se  había  puesto  al  servicio  público  la  nueva 
línea  del  ferrocarril  central,  suprimiéndose  en  consecuencia  el 
tr&ñco  de  vapores  en  el  lago  de  Managua. 


102  L08   PUlfiBLOS  HISPANOAMERICANOS 

Un  yanqui,  Mr.  Dietrik,  se  propone  colonizar  en  el  departa- 
mento de  Nueva  Segovia  y  comarca  de  Gracias-á-Dios.  Según 
contrato  que  celebró  con  el  Gobierno,  obtuvo  en  arrendamiento 
tierras  por  un  período  de  veinticinco  años.  Construirá  muelles 
en  el  río  Segovia  y  una  nueva  ciudad,  Puerto  Dietrik,  en  una- 
isla  que  hay  en  la  desembocadura  del  rio. 

Esta  concesión  ha  motivado  reclamaciones  por  parte  de 
Honduras ,  que  alega  derechos  sobre  los  territorios  del  cabo  de 
Gracias-á-Dios. 

El  Gobierno  no  omite  medios  para  dotar  al  país  oe  una  le- 
gislación avanzada,  completa  hasta  donde  es  humanamente 
posible  y,  de  conformidad  con  anteriores  disposiciones,  nombró 
una  Comisión  Codificadora  compuesta  de  ilustrados  jurisconsul- 
tos, la  cual  ha  concluido  ya  el  Código  Civil  y  el  de  Procedi- 
mientos. 

Algunas  tentativas  revolucionarias  han  alterado  la  tranqui- 
lidad pública  en  estos  últimos  tiempos.  Los  enemigos  de  Ze- 
laya,  más  ó  menos  directamente  apoyados  por 'colombianos, 
en  1902  fletaron  un  vapor  para  hacer  desembarco  en  la  costa 
oriental,  en  la  zona  de  Blewfields;  vencidos,  tuvieron  que  ren- 
dirse, y  casi  todos  los  invasores  quedaron  prisioneros. 

Zelaya  tiene  significación  liberal,  y  no  se  había  recatado  en 
mostrar  simpatía  hacia  los  hombres  de  sus  ideas  que  combatían 
til  Gobierno  conservador  de  Colombia.  De  aquí  el  apoyo  con  que 
éste  favorecía  á  los  adversarios  del  Presidente  de  Nicaragua. 

Al  año  siguiente,  en  1903,  con  motivo  de  la  guerra  civil  de 
Honduras,  se  renovó  la  agitación  en  Nicaragua.  Hay  entre  esas 
Repúblicas  de  la  América  Central  y  entre  sus  partidos  políticos 
relaciones  muy  íntimas  y  demasiada  comunidad  de  intereses 
para  que  la  suerte  de  unos  Gobiernos  pueda  ser  indiferente  á 
los  otros.  Zelaya  era  afecto  á  Sierra  y  Arias,  y,  naturalmente 
los  bonillistas  procuraban  suscitarle  dificultades.  Las  tropas  de 
aquél  tuvieron  que  abrir  ruda  campaña  contra  los  que  preten- 


NICARAGUA 


W3 


dían  derribarlo  del  poder  y  qne  lograron,  durante  algunos  días, 
dominar  en  pueblos  del  la^o  y  de  su  zona  oriental,  Se  consiguió 
desalojarlos  de  San  Carlos,  á  orillas  de  San  Juan  y  cerca  del 
lago  Nicaragua,  y  ¿  mediados  de  Abril  la  revolución  estaba 
sufocada. 

El  11  de  Julio  se  decretó  amplio  perdón  é  incondicional  am- 
nistía para  todos  los  reos  de  delitos  políticos.  Lros  que  estaban 
presos  fueron  paestos  inmediatamente  en  libertad. 

Después  solicitó  Zelaya  autorización  del  Congreso  para  au- 
sentarse temporalmente  del  país. 

cPara  corresponder^  decía,  á  la  contíanza  que  en  mí  depositó 
el  pueblo  he  tenido  que  trabajar  demasiado»  La  tensión  cons^ 
tantfi  de  mis  escasas  facultades  mentales  y  la  labor  ímproba  que 
lian  ocasionado  nuestras  reformas  y  la  represión  de  movimten* 
tos  subversivos  tan  repetidos  en  el  período  de  diez  años,  han 
iilterado  de  modo  notable  mi  salud;  y  f»ai'a  recuperarla  pido  á 
vosotros^  honorables  Representantes,  me  concedáis  permiso 
para  salir  de  la  República  cuando  las  circunstancias  lo  per- 
mitan». 

El  Congreso  negó  el  permiso,  y  el  Ministro  de  la  Goberna- 
ción, contestando  al  oficio  que  le  dirigió  la  Secretaria  de  aquél 
informándole  de  la  resolución  de  la  Cámai^aí  se  expresaba  así: 
'Cumpliendo  con  lo  dispuesto  por  la  Asamblea  Nacional  Legiíi 
lativa  puse  eu  uianos  del  Sr,  Presidente  de  la  Bepiiblica,  el  Qe* 
neral  B.  José  Santos  Zelaya,  la  iniciativa  que  le  hace  este 
augusto  Cuerpo,  á  fin  de  qne.  apartando  toda  consideración  per- 
sonal y  obedeciendo  á  la  voluntad  del  pueblo,  no  se  separe  de  la 
Presidencia  de  la  RepViblioa  antes  de  haber  cumplido  con  el 
programa  de  la  revolución  liberal  de  11  de  Julio  de  1893;  el 
Sr.  Presidente  me  ha  dado  instrucciones  para  contestar  á  la 
augusta  Representación  Nacional,  que  es  para  él  motivo  de  le- 
^^ítima  satisfacción  saber  que  los  representantes  del  pueblo 
aprecian  con  justicia  los  esfuerzos  que  ha  hecho  para  sostener 
In  reforma  liberal  y  para  impulsar  á  la  RepViblica  por  la  senda 


-Q^  LOS   PUBBL08   HISPANOAMERICANOS 

Ael  positivo  progreso;  pero  cree  que  el  mi^mo  hecho  reconocido 

A.el  »^^°  ^^®  ^*  puesto  por  desempeñar  dignamente  las  eleva- 

s  funciones  que  le  ha  encomendado  el  puehlo  nicaragüense, 

aaba  derecho  para  esperar  que  la  Asamblea  Legislativa  tu- 

,    j-a  la  deferencia  de  concederle  el  permiso  temporal  que  soli- 

^\ó  con  el  objeto  de  disfrutar  de  algún  descanso  y  recuperar 

^*     energías  que  necesita  en  la  improba  tarea  que  se  le  ha  im- 


COST.A 


RICA 


r-  -^^  que  estén  "*'''"  "«'•** del  ^         '"'"''Muesea 


106  LOH    PUBBL08   HISPAJfOAMJBRlCAXOS 


pm-rtícularmente  Mangle  Chico^  Mangle  (rrcmde.  Cayos  de  Al- 
bnrquerq^íej  San  Andrés,  Santa  Catalina,  Providencia,  Estando 
de  Veragua,  así  como  todas  las  otaras  islas,  islotes  y  bancos  que 
pertenecieron  á  la  antignia  provincia  de'Cartajsrena,  bajo  la  de- 
nominación de  Cantón  de  San  Andrés,  se  entiende  que  «1  terri- 
torio de  dichas  islas,  sin  exceptuar  ninguna  de  ellas,  pertenece 
4  los  Estados  Unidos  de  Colombia  (1). 

Del  lado  del  Océano  Pacífico,  Colombia  poseerá  igualmente 
desde  las  islas  Bnrica  inclusive,  todas  las  islas  al  Este  de  la 
punta  del  mismo  nombre;  las  que  están  situadas  al  Oeste  de 
aquella  punta  pertenecerán  á  Costa  Rica. 

Después  ha  reclamado  Nicaragua  contra  la  mención  de  algu- 
nas de  las  islas  que  se  adjudican  á  Colombia  y  que  aquélla 
tiene  por  suyas. 

Á  Costa  Rica  le  ha  contrariado  mucho  perder  el  valle  del 
Hío  .Sixanla:  pero,  afortunadamente  para  esta  República,  no  se 
atenrlíeron  las  pretensiones  de  Colombia  en  cuanto  al  derecho 
fiur-  al^í^aba  de  llegar  por  el  Norte  hasta  el  Río  San  Juan.  Si 
hubieran  prevalecido.  Costa  Rica  dejaba  de  tener  costa  en  el 
litoral  atlántico. 

Kste  lítíí^io  debía  haberse  sentenciado  por  España.  En  nues- 
tros archivos  se  encuentran  todos  los  documentos  necesarios 
f»ara  fl'ícid ir  sobre  cuestiones  de  límites  entre  países  hispano- 
arnericariOH,  y  es  absurdo  que  tales  documentos,  de  difícil  tra- 
ducción rniK'hos,  tengan  que  verterse  á  idiomas  extranjeros,  y 
'ifi'í  f»ersonas  que  desconocen  la  historia  de  la  América  española 
-^an  las  llarníídas  á  resolver. 

.íii-to  es  consignar,  sin  embargo,  que  en  el  arbitraje  á  que 
nos  referimos  intervinieron,  para  reunir  la  documentación, 
aclarar  fHjntos  dudosos  y  sostener  los  derechos  de  las  partes, 
personalidades  muy  doctas   \    de  gran   prestigio  en  España  y 


M      A  v:i3  laints  (fnis  (!«•  (UiUmibie,  (l¡c«  f  1  texto  francés  quo  tenemos  á  la  vista. 
Hftíw  íifií.B  Vil  <ni"  í'<ilnii'l»i;i  II"  '"s  lt<'|)iil)lica  ff^'l^^ial. 


-emética   taífi^  ^^      ^^^^ — " — '~-,^  i 

•^^  CoJon^bia-  n  \        '*"'^'«<'o  Sílbela         ""'"*  :>'  Costa  fi¡J 

^'  •^«^'"»  y  Bilbao.  ""'  ^'■'^í'i^eros  ,  ' 

.  ^*-^  «n  Costa  Rí,. 

* ''^«cíente  expo,l!'  ^^'^««'*'«e«te  I«  T   ^"  ^"^ '"^ '««a^o 
»rte.  -."a.  ,„.  ,,^       J-«  '^'»'í-eo.a^,.,,„. 


108  LOS   PUEBLOS    HISPANOAMBRICANOS 

ques  de  que  se  sirve  aquélla  llevó  recieotemente  á  Inglaterra 
83.250  racimos.  En  el  viaje  desde  Puerto  Limón  á  Southamp- 
ton  invirtió  diez  y  nueve  días,  y  la  fruta  llegó  en  perfecto 
estado. 


POLÍTICA    INTERNACIONAL 
CENTROAMERICANA 


El  pacto  de  Amapala  y  los  Estados  Unidos  de  Centro  América.— Fracaso  de 
la  Federación  y  sus  causas.— Persistencia  de  la  tendencia  federntiva  y  me 
dios  de  realizarla.— Los  Congresos  jurídicos.— El  Congreso  de  periodistas. 
—  Los  Congresos  de  estudiantes.— La  Unión  aduanera. 

En  1895,  Honduras,  Nicaragua  y  El  Salvador  habían  pac 
tado  en  Amapala  la  Confederación  llamada  República  mayor 
de  Centro  América.  En  Agosto  de  1898  se  aprobó  sn  constitu- 
ción y  se  substituyó  aquel  nombre  por  el  de  Estados  Unidos  de 
Centro  América. 

Pero  la  unión  en  la  forma  y  condiciones  en  que  se  había 
hecho,  no  satisfizo  á  todos  los  ciudadanos  de  las  tres  Reinibli- 
cas;  D.  Tomás  Regalado,  el  nuevo  Presidente  de  El  S?alvador, 
acaudilló  el  movimiento  de  protesta,  y  la  Confederación  no 
pudo  subsistir. 

En  el  último  Mensaje  que  aquél  leyó  á  la  Asamblea  Nacio- 
nal, el  12  de  Febrero  de  1903,  declaraba  que  el  [)acto  de  Ama- 
pala,  «por  más  que  fuera  la  encarnación  de  altas  y  nobilísimas 
aspiraciones,  tenía  que  ser  efímero  ó  ineficaz,  desde  que  no  era 
la  obra. legítima  y  natural  de  los  pueblos.  La  consagración  do 
una  forma  ó  sistema  de  Gobierno  debe  ser  la  consecupncia  ló 
gica  de  necesidades,  conveniencias  y  j)ro pósitos  que.  i.or  seu- 
generales  y  comunes  y  por  hallarse  sólidamf^nte  arrait»ados  fu 


L08    PUEBL08   HiapANOAMERtOANOM 


las  costumbres,  pasan,  naturalmente,  sin  violencias  ni  festina- 
oión«  al  organismo  constituoional. 

»No  son  la  conveniencia  del  momento,  ni  el  criterio  de  unoj» 
pocoSf  por  ilustrado  que  sea,  las  razones  capaces  de  garantir  la 
subsistencia  de  un  contrato  de  tal  índole. 

¡^Tampoco  podía  ser  perdurable  el  pacto  desde  el  punto  de 
v^ista  de  las  conveniencias  mutuas.  La  evidente  desííí"al"^ívd  de 
condiciones  en  que  Jos  tres  listados  se  encontrabant  debió,  na- 
turalmente, ser  tomada  en  consideración  y  no  lo  ftié. 

»Por  otra  parte,  í>i  el  objetivo  que  se  persegnia  era  la  reinte- 
gración de  la  antigua  Patria  Centro  Americana,  como  impro- 
cedente j  hasta  como  perjudicial  debió  considerarse  la  alianza 
de  sólo  tres  Estados  por  las  demás  secciones  excluidas,  aun 
cuando  esa  exclusión  proviniera  de  la  voluntad  de  ellas, 

>FA  mejor  testimonio  de  que  no  había  llegado  la  oportunidad 
y  de  que  las  concliciones  fijadas  no  eran  las  mis  propias  p a itk 
asegurar  el  bienestar  y  engrandecimiento  de  los  pueblos  qUí»  s0 
unían,  es  el  hecbo  de  haber  terminado  la  evolución  de  una  Uia- 
Bera  rápida  y  espontánea,  con  el  beneplácito  de  la  generalidad 
de  los  salvadoreños  y  sin  haber  ocasionado  conflictos  sjangrien- 
tos  entre  los  iiaíses  federados,  k  pesar  de  ía  excepcional  grave- 
dad de  la  situación». 

»En  mi  concepto—añadía  el  Presidente — ,  la  buena  armonía 
^ntre  los  Gobiernos  de  los  Estados  de  Centro  América,  sibien 
\  una  condición  preciosa  para  el  logro  de  sus  nobles  anhelos 
en  el  sentido  de  la  unión,  no  basta  por  sí  sola  para  el  feliz  co- 
ronamiento de  la  empresa.  La  labor  oficial  tiene  sus  límites, 
fuera  de  los  cuales  el  querer  de  los  pueblos  es  soberano  man^* 
dato;  si  hay  algo  que  éstos  no  delegan  al  Gobierno,  sonsas 
sentimientos  nacionales:  por  sobre  la  obra  de  las  Cancillerías, 
las  fronteras  morales  se  conservan,  y  desaparecen,  en  cambio, 
las  líneas  divisoiias,  cuando  las  patrias  costumbres  van  más 
allá  de  ellas,  filntre  pueblos  de  idéntico  origen,  de  hábitos 
¡guales,  de  tendencias  comunes  y  afines  sentimientos,  la  divi- 


FOUTIUA    INTBHNACIUNAL   OttNTBOAMKHIOAN  A         lU 


8ÍÚ11  territorial  sólo  existe  en  las  cartas  geográficas;  poro  donde 
no  se  ha  logrado  por  entero  esa  similitud,  donde  las  costana- 
bre^  no  80n  comunes  y  las  tendencias  difieren,  ni  la  fuerza  ni 
0I  cálcalo  son  parta  á  retundir  en  sólo  una  patria  dos  unidades 
nacionales « 

»l!lsto  no  significa  que  yo  considere  desligados  del  todo  núes- 
tro«  hábitos  y  aspiraciones;  por  el  con trario^  creo  que  nos  li- 
gan podei'osos  nexos  de  simpatía,  y  que  los  puntos  de  contacto 
entre  los  Ej?tado.s  centroamericanos  son  múltiples;  pero  aán 
hay  que  laborar  asiduamente  para  que  toda  diferencia  des- 
aparezca, Una  tarea  de  aproximación  de  estos  pueblos,  sabia 
y  prudentemente  dirigida  hasta  conseguir,  por  el  frecuente 
trato  comercial,  social  y  político^  la  compenetración  de  las 
costumbres,  sería  más  eficax  y  más  segura». 

En  términos  análogos  se  expresaba  el  nuevo  Presidente  de 
Honduras,  D,  Manuel  Bonilla»  en  el  manificáto  que  dirigió  al 
pueblo.  Empezaba  dedicando  un  recuerdo  á  los  ilustres  padres 
de  la  patria  que  organizaron  la  República  federal  de  Centro 
Améiica,  y  terminaba  declarando  su  propósito  de  estrechar 
los  vínculos  cou  las  Repúblicas  vecinas  y  hermanas,  las  que 
en  unión  de  Honduras  formaron  la  antigua  federación.  «Centro 
Américaí  decía»  podrá  volver  á  ser  lo  que  fué  si  las  secciones 
disgregadas  se  aproximaran,  cada  vez  más,  por  la  unificación 
de  interese^ y  la  analogía  de  instituciones.  Y  ai  á  esto  se  agre- 
gan medios  de  comunicación  que  nos  pongan  en  contacto  in* 
inediati'  con  todos  los  centroamericanos,  entonces  podría  de- 
eirse,  fundadamente^  qne  estaba  restaurada  la  nacionalidad;  en- 
tonces no  habría  más  que  convertir  el  hecho  en  derecho ^  y  la 
obra  qtiedarla  concluida.  Allá  debemos  encaminarnos,  en  la 
justa  confianza  de  que  llegaremos  ai  fin  propuesto*  Esta  es  mi 
eeperan^ia,  y  es  al  mismo  tiempo  el  ideal  de  la  juventud  hon- 
durena t. 

■       Y  en  La  noble  tarea  de  realizar  ese  ideal  están  ahora  empe- 
ñados los  pueblos  centroamericanos.  La  tendencia  federativa 


11*2  M)A    ff.'RHLOH   HI^PANOAMKKICAN'OS 


persiste}  se  procura  llegar  k  la  tiníón  estableciendo  leyes  é  iu- 
terftses  ootrinnes  que  insensiblemente  conduzcan  á  ella,  y  como 
iinf»  '1f!  los  medios  más  adecuados  de  lograr  esa  comunidad,  re- 
preftfíiiiHnte'^  de  las  cinco  Repúblicas  se  reúnen  en  Asambleas 
ó  rJon^resns  convocados  con  un  fin  especial. 

Por  iniciativa  del  I)r.  Francisco  A.  Reyes,  Ministro  de 
Asuntos  extranjeros  de  El  Salvador,  se  convocó  el  segundo 
Congreso  jurídico  centroamericano,  que  inauguró  sus  tareas 
el  2t  de  Knerr»  de  1901  en  la  Universidad  nacional  de  San  Sal- 
vador. í'Kl  siglo  que  comenzamos,  decía  Reyes  en  sn  discurso, 
impone  a  estos  Gobiernos  el  alto  y  trascendental  deber  de 
imprimir  A  los  pueblos  de  la  América  Central  una  dirección  ar- 

n\ónioa Se  convoca  en  patriótica  Asamblea  álos  represen- 

tnntes  de  las  cinco  Repúblicas  para  departir  sobre  asuntos  que 
interesan  á  la  familia  centroamericana  y  acoi-dar  de  consuno 

i  a  nueva  direcoión  que  dobo  darse  á  sus  destinos Hay  que 

unificar  inviít  ni-'-íonev  y  leyes  para  asimilar  usos  y  costumbres, 
pMr;i  fijH!-  1m  t'<''rmnla  c»-»mún  en  todas  las  relaciones  , ir.  r  id  i  cas  de 
la  ^•ida  so.^iai  y  nara  consoliñhv  en  luminosa  crim penetración, 
m1  calor  dr  la  iVatemiriad.  los  ideales  de  la  raza  v  los  sen ti- 
i]ii«Mitos  tic  lo>  puo}»los.  los  ai.Jif'jr.s  df-  sus  Gohie:'nf«s  y  las  tra- 

']i<Monev  x\o  SK  historia La  A]iií'*rir.a  (""entral.  disirreírada,  es 

la  i'oni-.rM'lii^i».i.Sn  de  esas  mi'^inas  tradifiones  y  do  la>  if-yfts  de  la 
Mani;"hii""/íi  •.  :>:  sunifv.  f^.  f.rii-t''.  primordl>i':  v  iiimiH^.iato  del 
< 'ontrvp^;.--  ovu.  f.oni''  afi.-jíjí.r.S'  »-".  I)..  Morít  ífav.  reaÜ/.ar  la  uni- 
•  ;nd  •M;'m'I:  •;.    .   -^'".í-.jíi..  ñ^   .  :>  "r,-tn«'V:>  cei;i.:\.rtmi''riofinos. 

vei:]ii;    ■■ '      :,      ■  r.     ;;.;.      -•;,    -¡r-.       •■'-;.. 
■■^i^l-'  --OH!  ■  ■■■•■-r;.T-  ■*-      '■        :'•:.::     '  ■  *  ■ 


ilr.nL-       ,71.' 

1     "í.  :d(^}i  de 

-»nj-:'o^.      • 

.  ■•  -"-Mlistas 

Hi.^;    -.v^,.- 

im^  recia 

-    ■•....   -.-. 

.^^  =  ;:i.  de 

•v     .     :.:^--   :■ 

^  r-.r.iiíios 

•  •..      .      '■ 

•■■•     •«    las 

i'CIhlTICA  INTICUXACloNAL  CKNTKfYAStfiíniCANA 


*^ínco  RepiVbHcaíi.  Por  otra  parte,  asociando  elementos  int^lec- 
caales  j  materiales,  loa  periódicos  de  la  América  central  se 
f^ondrian  en  condiciones  iie  hacer  amplia  y  verídica  inforroa- 
Qión  de  MU  vida  política,  dándola  ;^ran  publicidad  y  contribn- 
vendo  asi  á  rectificar  errores  y  á  impedir  qne  en  el  reato  de 
Amériioa  y  en  Enropa  prevalecieran  juicios  falsos  ó  inexactos 
sobre  esas  Repúblicas.  La  pésima  ¡dea,  tan  opuesta  A  la  verdad, 
que  en  Earopa  Be  tiene  de  ia  América  española  en  general,  se 
debe  principalmente  i  las  agencias  ó  centrod  telegráficos  de 
Nueva  York  j  Washington,  que  acaparan  el  monopolio  de  las 
noticias  para  transmitirlas  á  Londres  ó  á  Pan'«  *^f^  ^IoimIt^  <jp 
difunden  por  todo  nuestro  continente  {!), 


(1>  M«if.í»tran  Tou  yanquis  rf-suelln  erapeño  en  deprimir  é  los  puelílus  íils- 
ptnottmericAnos,  y  do  vfiúUii.ii  «ii  ^stiim|mt  A  stibfenilas^  canmlo  <!&  ellofi  trft- 
tan,  errores  ó  falsedades  «n  libros  y  periódicos.  Sirva  (te  ejemplo  el  cas» 
étgruiente:  Pimrion»  en  WdshlnglOíi  lo  -Otidím  <ie  fas  RfiinljÜcas  smerica- 
n«8»,  creHdH,  por  acuerdo  <1e  Ift  Conferencín  Internacional  nmBricaita  de  1888, 
pÉra  a.dqufrir  ;  propagar  fnfortnt»$t  comerciales  d«  todo  el  NuérvoC'oililneiite. 
Mr*  William  ^'^  Cartis,  AWecUtr  úe  esa  oficinn  en  IfiOl,  y  rlegpu^s  tlt^teg^tir»  d<»l 
GroWerDu  ytimptí  eii  Ijim  Kepúbltea«i  del  Plata  para  pslinlinr  mi  fH»si  el  comer- 
iñ<3,  eaiuvo  t)imhi6n  en  Bolivia  con  objeto  de  recoger  «latos  «ceroft  da  «u  CUl- 
lar&  y  A>A  sus  riqnexaH  naturales.  Loa  rt^aultadoa  de  la  niiBlóu  <'i  vitije  úv 
*Cr.  CurU«í  biiéeped  de  !«  ciudad  de  la  Paz  ©u  «1  mea  de  Ágrosto  de  IfiOO,  ae 
Unn  pübUendo  ea  un  ^ran  voluroeo,  y  sod  latea  los  dispuríites  que  en  ^\  hñy 
y  íñMton  lú»  «frorp«3»«n  qn^  incurre  Curtís,  que  el  director  lie  t*  Qfleína  üb 
VropnstaúdH  g-eog-iAñca  ^e  Boltvía,  í).  Manuel  V.  líallivliln,  craj o  n<jceBflrio  ep- 
eribiral  actual  iJirccTor  delaOñcioa  <1t»las  HepábllcaaunitíricanaapHra  «hacer 
roui>cer  á  *««ta  iu  mala  itupresión  que  ha  causado  la  lectura  ile  la  obra  de 
Mr  Curtís,  cuyos  erroreuy  apreoiacioaes  tan  njeuiísá  la  vtM-dad,  no  han  po- 
Áid<i  roeaos  quA  causar  extruj^e^^  por  lo  mis luo  que,  en  cuanto  fué  posible, 
I*  BífpatticíAfi  que  «Mi  j|o  puatí  eü  m»uos  dií  dicho  ifeñoi''  bu.  uiiy^ 

Mtedístícwis  y  í\t^  tdro  tr«íü«ro,  en  nouaiderable  eolccfíMu  »Ir  j  -  Bde 

liw  diferente»  Oflcinae  del  Estado,  euminittraudo  asi  rrietit»*B  ¿jenuioaí'  qui* 
pudieran  depurar  el  crtwrío  <ie  quien  st  proponln  Detiftr  doM^rtr  ^„.n>^  mtft 
ifil(ií<Sfi  olicialt.  SI  «al  proceden  los  dircietoro»  de  la  luformaci  Uaa 

ritiTUAciouiil,  pued<4  prtisumiráfi  lo  4jii  -  d*i- 

■hir  ^|M^  H»*nfrt   bu'»  mriIrírtR  i]Uh  iif»-  n   las 


114  LOS   PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 

El  Congreso  de  periodistas  centroamericanos  inauguró  sus 
tareas  en  Octubre  bajo  la  presidencia  del  Ministro  del  Interior 
de  El  Salvador,  y  las  terminó  con  solemne  sesión  presidida  por 
el  Jefe  del  Estado.  Los  Doctores  Barrios  y  Mayor ga  recibieron 
el  encargo  de  redactar  las  bases  para  una  Asociación  de  la 
Prensa.  Después,  el  Comité  central  de  ésta  remitió  á  todos  los 
periódicos  de  las  cinco  Repúblicas  copia  impresa  de  las  conclu- 
siones adoptadas,  mediante  las  cuales  se  aspira  á  que  el  perio- 
dismo tenga  un  principio  de  unidad  que  prevalezca  sobre  todas 
las  divergencias  que  ocasionan  los  intereses  particulares  y  las 
contradicciones  de  la  lucha;  en  una  palabra,  á  que  adquiera 
verdadero  espíritu  nacional,  condición  indispensable  para  el 
acierto  en  la  dirección  de  la  opinión  pública,  y  para  que  pueda 
ejercer  su  misión  civilizadora  en  armonía  con  las  tendencias, 
rarácter  y  necesidades  de  los  pueblos  centroamericanos. 

En  Septiembre  de  1901  se  había  reunido  también  el  primer 
Congreso  centroamericano  de  Estudiantes.  El  12  de  Septiem- 
bre de  1903  el  Comité  de  Estudiantes  de  Nicaragua  publicaba 
la  convocatoria  para  el  tercer  Congreso  que  liabía  de  celebrarse 
en  la  ciudad  de  Managua  el  día  12  de  Octubre,  á  fin  de  tratar 
de  hacer  efectiva  la  Federación  de  Estudiantes,  llevando  á  la 
práctica  las  conclusiones  aprobadas  en  anteriores  Congresos,  y 
para  ocuparse,  además,  en  todo  cuanto  conviniera  y  se  acor- 
dara, siempre  que  tenga  por  fin  la  unidad  de  Centro  América. 

Con  este  motivo,  el  Grobierno  de  Nicaragua  dio  nuevas  prue- 
bas de  su  adliesión  á  las  iniciativas  y  trabajos  que  tienden  á 
realizar  ese  id(5al.  Concedió  franquicia  postal,  telegráfica  y  de 
ferrocarriles  á  los  delegados  de  las  cinco  Repúblicas,  y  acordó 
;i,bonar  por  cuenta  del  Estado  los  gastos  de  permanencia  de 
a(jiiéllos  en  Managua  durante  los  días  en  que  el  Congreso  cele- 
brase sus  sesiones. 

Los  acuerdos  de  este  tercer  Congreso  han  confirmado  y  am- 
pliado las  resoluciones  anteriores.  Se  propone  la  constitución 


I     . 


POLÍTICA  ÍNTBRNACinNAL  GEN TltOAMlflKJCASA 


116 


de  vm  Congreso  permanente  centroamericano  para  laborar  de 
continuo  en  la  obra  de  unificación^  y  pídese  que  se  trabaje  con 
empaño  para  llevar  esta  unificación ,  en  plazo  breve,  á  la  ense- 
ñanza y  á  los  códigos  de  Centro  América. 

Por  otros  rumbos,  no  rueños  oouvenienteJSi  se  camina  también 
hacia  ella.  Kl  Gobierno  de  Gruatemala  ha  concedido  franquicia 
de  derechos  á  todos  los  productos  naturales  ó  manufactui-ados 
procedentes  de  El  Salvador,  Honduras,  Nicaragua  y  Co8ta  Rica. 
Exceptúanse  sólo  los  artículos  que  coustitnyen  monopolio  del 
Estado,  como  la  sal  y  el  tabaco. 

Realícense  la  unidad  jurídica,  la  unificación  y  difutiión  en  Ja 
enseñanza  y  la  unión  aduanera,  y  ya  no  serán  menester  grandes 
esfuerzos  para  crear  y  consolidar  la  Repáblica  de  los  Estados 
Unidos  de  la  Amárics  Central. 


ri 


i.a  coQfereticía  de  Coríuto^y  el  arbitraje  obligatorio.  -Actitud  de  Guatemala. 
— iBütalaclóti  del  Tributinl  de  arbitraje.— Hechos  que  coütrarían  la  teiiden- 
0ia  federativa."  Aceídn  coniÚD  para  evitarlo».— La  conrerencia  de  Acajú tta 
y  el  aflansaraíento  de  la  pass  en  Centro  América. 

Conñrman  la  tendencia' federativa  de  Centro  América  los 
actos  y  acuerdos  de  sus  Presidentes.  Éstos  decidieron  reunirse 
cti  Corinto,  puerto  de  la  República  de  Nicaragua,  para  confe- 
reociftr  ijcerca  dfe  los  medios  de  establecei'  relaciones  más  cor- 
diales entre  los  cinco  Estados  y  garantir  la  paz  permanente. 

La  reunión  dio  los  satisfactorios  resultados  que  eran  de  es- 
perar. El  í20  de  Enero  de  190'2  cuatro  de  las  cinco  Repúblicas 
Cr;ntroamencannS|  Honduras,  El  Salvador,  Nicaragua  y  Costa 
Rica  suscribieron  Convenio  aceptando,  en  la  forma  de  Tratado 
público,  lasL  conclusioues  á  que  habían  lltígadu  los  Presidentes, 
ExmoB*  y  res.  D.  Terencio  Sierra,  D.  Tomás  Regalado,  D.  José 
Santos  Zelaya  y  D.  Rafael  íglesia!:^^  eu  las  varias  conferencias 


116  LOS  PUEBLOS   HISPANOAMBRI0AN08 

que  tuvieron  en  el  citado  puerto  para  mantener  y  asegurar,  por 
todos  los  medios  posibles,  la  paz  de  Centro  América. 

Los  Gobiernos  contratantes  establecieron  el  principio  del 
arbitraje  obligatorio  para  dirimir  toda  dificultad  ó  cuestión  que 
pudiera  presentarse  entre  ellos ,  comprometiéndose ,  en  conse- 
cuencia, á  someterlas  á  un  Tribunal  de  arbitros  centroamerica- 
nos. Sólo  las  cuestiones  de  límites  podrán  entregarse  al  cono- 
cimiento y  resolución  de  un  arbitro  extranjero  de  nacionalidad 
americana.  La  presidencia  del  Tribunal  se  ejercerá  alternativa- 
mente, por  períodos^  anuales,  por  cada  uno  de  sus  miembros, 
siguiéndose  el  orden  alfabético  de  los  Estados  que  representen, 
correspondiendo  ejercerla  el  primer  año  al  arbitro  costarri- 
cense, el  segundo  al  de  El  Salvador  y  así  sucesivamente. 

El  Tribunal  arbitral  debía  instalarse  en  San  Jobé  de  Costa 
Rica  el  día  15  de  Septiembre ,  aniversario  de  la  Independencia. 
Y  con  deseo  de  que  este  Convenio  ligase  á  todos  los  Estados  d© 
la  familia  centroamericana,  los  Gobiernos  signatarios  acorda- 
ron invitar  conjuntamente  ó  por  separado  al  Gobierno  de  Gua- 
temala para  que  se  adhiriese  á  sus  estipulaciones. 

En  cumplimiento,  pues,  de  lo  acordado,  aquellos  Gobiernos 
invitaron  al  de  Guatemala  para  que  prestase  su  adhesión  al. 
Convenio  de  Corinto.  El  Gobierno  de  Guatemala  contestó  pro- 
metiendo en  principio  su  adhe.-íión,  y  dejando  á  ulteriores  ne- 
gociaciones la  forma  final  de  su  incorporación.  Con  tal  objeto, 
los  Gobiernos  de  El  Salvador,  Honduras,  Nicaragua  y  Costa 
Rica,  con  fecha  7  de  Mayo' de  1902,  acreditaron  ante  el  de  Gua- 
temala una  Legación  conjunta,  como  que  era  común  el  interés 
que  se  perseguía,  misión  que  fué  encomendada  al  distinguido 
estadista  salvadoreño  Doctor  José  Antonio  Rodríguez.  A  pe- 
sar de  sus  buenos  deseos,  el  Doctor  Rodríguez  no  pudo  allanar 
los  inconvenientes  de  forma  y  de  detalle  que,  en  concepto  del 
Gobierno  guatemalteco,  existían  para  prestar  su  formal  incor- 
poración al  Pacto  de  Corinto. 

101  2  de  Octubre  de  1902  el  Ministro  de  Relaciones  exteriores 


POLÍTICA  INTtóRNAOluNAl,  ütíNintOAMMItKíANA  117 


de  Costa  Rica  comanicaba  á  lovS  de  Nicaragua,  Honduras  y  El 
Salvador  la  buena  nueva  de  haberse  instalado  el  Tribunal  de 
arbitraje  en  el  Salón  del  Congreso,  La  ceremonia  fué  solemne; 
la  presidió  el  primer  Magistrado  de  la  República,  acompañado 
de  los  Secretarios  de  Estado^  y  concurrieron  también^  por  invi- 
tación ü3pecial|  el  Presidente  del  Congreso,  la  Corte  Suprema 
de  Justicia,  el  Gobernador  de  la  diócesis  y  los  Cnerpos  diplo- 
mático y  consular.  «Ningiin  motivo  más  justificado— decíase  en 
la  comunicaeión  — ,  más  simpático  y  honroso  como  el  presente, 
para  enviar  á  los  pueblos  en  tan  augusto  Tribunal  representa- 
dos, en  nombre  deJ  derecho,  de  la  paz  y  de  la  tVaternidad,  las 
más  cordiale.s  y  entusiastas  congratulapiones  por  el  digno  me- 
(\\o  de  V.  E*  Cumplo  para  con  el  esforzado  pueblo  nicaragüensíe, 
hondureno  y  salvadoreño,  según  sea»  con  tan  grato  deber  - 

La  prensa  ile  asas  llepúblicas  tuvo  sobrada  raxón  para  teli- 
citarse.  y  a^í  lo  hiüo*  por  el  establecimiento  del  Tribunal,  por- 
que, como  escribía  El  Pabellón  dé  /Tbncíí/míf,  la  guerra,  con 
sus  epopeyas,  con  sus  heroísmos  y  sacrificios,  ea  siempre  un 
recnrso  de  la  barbarie  y  una  mancha  de  la  humanidad;  mien- 
tras que  el  arbitraje  representa  la  imposición  del  derecho  sobre 
la  fuerza  del  hecho*  de  la  palabra  sobre  el  acero-  «Pero,  añadía, 
si  es  de  principio  universalmente  aceptado  el  arbitraje»  lo  es 
mucho  más  tratándose  de  nosotros,  donde  cualquier  contienda 
armada  eíería  una  guerra  civil^  porque  por  la  sangre,  por  la 
historia  y  por  la  geografía  somos  una  misma  nación,  constitní* 
inos  una  entidad  política  en  el  pasado  y  seremos  un  mismo 
grande  emi»orio  de  progreso  en  lo  f^or venir». 


Kn  los  primeros  meses  de  V.nj'ó,  las  agencias  telegr áticas  de 
Nueva  Yoi'k  nos  trajeron  la  nueva  de  revoluciones  eu  Hondu- 
ras* en  Nicaragua  y  en  El  Salvador,  de  alianzas  contra  Guate- 
mala y  de  jtroitÓHitos  de  crear  la  Unión  Centroamericana  por  la 
fuerza  de  las  armas,  imponiéndola  á  las  ííepublicas  que  no  ]n 
aceptasen. 


118  LOS    PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 

Ya  hemos  indicado  que  conviene  siempre  poner  en  tela  de 
juicio  cuantos  informes  nos  llegan,  de  origen  norteamericano, 
acerca  de  motines  y  revoluciones  en  los  demás  países  de  Amé- 
rica. El  ideal  de  los  yanquis  es  la  gaerra  civil  perpetua  en  las 
Repúblicas  hispanoamericanas,  sobre  todo  en  las  del  Centro  y 
en  Colombia  y  Venezuela.  Para  llegar  á  dominar  en  el  mar  de 
las  Antillas,  impórtales  mucho  que  ninguno  de  esos  Estados 
pueda  hacer  vida  normal.  Procuran  fomentar  la  discordia  en 
ellos,  y  se  complacen  sobre  manera  en  humillarlos  con  la  rela- 
ción, uno  y  otro  día  repetida,  de  conflictos  políticos  ó  interna- 
cionales, qiie  inventan  cuando  no  los  hay,  ó  cuyas  proporciones 
exageran  cuando  realmente  se  producen. 

Esto  último  hicieron  en  la  época  á  que  nos  referimos.  Como 
se  ha  dicho  en  los  capítulos  anteriores,  habían  sobrevenido,  en 
efecto,  el  conflicto  hondureno  con  motivo  de  la  renovación  de 
Presidente  y  la  breve  é  insignificante  revolución  en  Nicaragua. 
Pero  en  una  y  otra  República  el  orden  se  restableció  pronto,  y 
ni  hubo  revolución  en  El  Salvador,  ni  nadie  pensó  en  imponer 
por  la  fuerza  la  unión  ó  federación.  Verdad  es  que  el  Presidente 
de  Guatemala  parecía  algún  tanto  receloso,  y  en  una  proclama 
que  en  Febrero  dirigió  á  la  nación  declaraba  que  era  preciso  de- 
fender la  integridad  y  la  independencia  nacionales,  amenazadas 
por  algunos  Estados  del  Centro  América.  Se  refería  á  las  intri- 
gas que  malos  hijos  de  Guatemala  habían  puesto  en  juego  en 
las  Repúblicas  vecinas  para  trastornar  el  orden  público.  A  juz- 
gar por  alguno  que  otro  artículo  que  publicaron  j^eriódicos  de 
Rl  Salvador  y  de  Nicaragua,  el  Presidente  de  Guatemala,  que 
no  se  adhirió  á  la  convención  de  Corinto,  quiso  después  invali 
darla  y,  como  no  lo  consiguió,  procuraba  causar  disturbios  en 
los  Estados  convenidos. 

La  causa  principal  de  estas  desavenencias  es  la  facilidad  con 
que  los  enemigos  de  tal  ó  cual  Presidente  se  reúnen  y  conspiran 
en  territorio  de  otra  República  vecina,  y  los  consiguientes  ró- 
celos del  Gobierno  que  se  cree  amenazado;  circunstancias  que 


rjEilNAUlUNAL  CÉNTKv)AMBRlLrANA 


iilf 


contrarían  la  cordial  y  constante  inteligencia  entre  los  Jefes  de 
los  Estados  y  demoran,  por  tanto,  la  reftUzajjión  del  ideal  co* 
¡aún,  el  establecimiento,  sobre  bases  sólidas  y  permanentes,  de 
I  a  gran  Confederación  Centroamericana. 

Por  fortuna,  las  revoluciones  en  Honduras  y  Nicaragua  ter 
minaron  oatíi  apenas  iniciadas^  y  los  Presidentes  de  El  Salvador 
y  Ouatemala  tuvieron  una  tantrevista  en  Santa  Ana  y  lograron 
«anjiir  amistosn mente  las  ditereiicias  que  había  entre  ambos. 
Estrada  Cabrera  publicó  un  maniíiesto  anunciando  ijue  se  ha- 
bían restablecido  las  buena»  relaciones  con  la  vecina  República 
de  El  Salvador. 


Para  asegurar  más  el  mautenimienlro  de  la  paz^  por  inicia 
tíva  del  Presidente  de  El  í^alvador,  Sr.  Escalón,  se  han  reunido 
rn  Acajú  tía  delegado?  centroamericanos,  con  el  fin  principal 
de  adoptar,  de  común  acuerdo,  medidüs  que  dificúltenlas  cons- 
plracioneB  que  lo$  desterrados  ó  fugitivos  de  unas  Repúblican 
organiasan  en  otras» 

Bajo  el  ej^íigrafe  de  i^hl  arianzamiento  ie  la  paz  «n  (Jfnir  ' 
Américaiií,  el  Diario  Oficial  de  El  Salvador  decía  en  su  número 
disl  4  de  Noviembre: 

«Espíritus  inff  nietos  y  amigos  de  las  revueltas,  y  que  al  i»re- 
sente  se  hallan  asilados  en  lais  cinco  Rejn'ibUcas  del  Istmo,  han 
emprendido  la  ingrata  labor  de  esparcir  noticias,  infundadas 
arinque  alarmantes  con  r^rspecto  k  las  relaciones  de  amistad  que 
Hgan  á  los  Gobiernos  de  estos  países^,  con  el  malévolo  propósito 
de  sembrar  la  desooufianza  entre  aquéllos  y  x*omper,  de  esta 
manera,  el  equilibrio  centroamericano.  Esos  descontentos  soü 
emigrados  de  El  Salvador,  Guatemala,  Honduras  y  Nicaragna, 
a^í lados  en  las  jlLs tintas  Ilepúblicas^  y  que  d^^^Muri  un  cambio 
poHttco  para  volver  á  sus  bogares. 

rtSt^  conocrBTi  sus  ti'abajos^  y  eu  el  deseo  de  que  la  paz  un 
fuera  perturba,{la,  se  convino  en  que  hubiera  una  conferencia 
de   represen ta^rite^  de  los  cuatro  Gobiernos  interesados  en  fl 


120  LOS    PUEBLOS   HISPANO AMHimCANOS 

asunto;  y  al  efecto,  acaban  de  regresar  los  delegados  de  Gua* 
témala,  Honduras  y  Nicaragua,  después  de  corta  permanencia 
en  esta  capital  y  de  haber  llenado  su  misión  de  manera  satis- 
factoria para  todos. 

»De  suerte  que  podemos  asegurar  que,  hoy  por  hoy,  y  más 
que  nunca,  el  horizonte  político  se  encuentra  despejado;  que  no 
hay  el  más  pequeño  motivo  de  alarma  ni  de  una  ni  de  otra  parte; 
que  se  han  estrechado  más  las  relaciones  entre  los  cuatro  Gro- 
biernos,  y  que  este  es  un  motivo  de  alta  satisfacción  para  el  Jefe 
de  El  Salvador,  pues  él  comprende  que  la  paz  es  un  tesoro  in* 
apreciable  y  que  no  es  ni  honrado  ni  noble  el  tratar  de  pertur- 
barla por  fútiles  motivos,  inspirados  en  bastardos  intereses». 


1  CANAL  INTEROCEÁNICO 


I 


Lna  EBUdoEi  Tnifloft  y  la  6r»n  Bretaña  en  la  cmi^slión  det  caddI  int«roceAjiícn . 
— A  jtecedButeB:  el  tratado  Butwer-Cloytoii.— Lor  tratados  ntty-Pauurefote 
d*  iWJOy  ]fWU.  -NicíirAguíi  y  Píitiainá,— Los  fetTOcarrÜcs  iütei-oceftnic<íB. 

En  I9Q0  parecía  que  los  Estados  unidos  del  Norte  jn^^istían 
en  abrir  el  caufll  interoceánico  por  el  río  San  Juan,  el  lag^o  de 
Nicnra;2riia  y  el  istmo  de  Riva».  Aplastaban  la  resolución  detiní- 
tiva  ios  recelos  de  Inglaterra  en  cuanto  á  la  neutralidad  del 
canal.  En  el  Senado  dw  Wásbiugton  se  había  tratado  ya»  sin  que 
recayera  acuerdo,  de  la  autorización  qne  debía  concederse  al 
Presidente  á  fin  de  qne  pndiese  pactar  con  Nicaragua  y  Cost» 
Hica  sobre  adquisición  de  los  terrenos  necesarios  jiara  cons- 
truir el  canal. 

En  1901  la  cuestión  entrñ  an  nueva  lase,  Nu  era  tan  Hi-me  Ja 
decisión  d«  los  Estados  Unidos  del  Norte  en  favor  del  lianal  de 
,Kio«<ragua,  y  b^bía  motivos  pá,ra  sosper.bar  que  todo^  los  tra* 
bajos  que  venían  realissando  en  tal  sentido  eran  ardid  de  mer* 
cader;  procuraban  ^anar  tiempo  para  desesperar  á  los  accio* 
nlstas  de  Pananiá,  amenazándoles  con  defíiritiva  ruina  sise 
construía  el  cannl  por  el  lago,  y  preparaniio  así  las  cosas  de 
iianerk  que  en  ocasión  ofíortuna  [«ndíesen  iidquirir  en  muy 
tentajosas  condiciones  los  derechos  de  ftqutdlos.  Por  otra  p3.rte. 
los  Estados  UtJtdos  no  cedír.n  ante  las  pretensiones  de  Inglatr 
pfA,  y  para  evitar  conflictos  se  buscaba  solución  que  satisficiera 
á  lo«  exigentes  yanquis  y  dejase  en  buen  lu^ar  el  prestigio  díí 
Ib  G-ian  Bretaña 


122  LOS   PUEBLOS    HISPANOAMERICANOS 


Medio  siglo  hace  (15  Abril  1850)  que  el  inglés  Bulwer  y  el 
norteamericano  Clayton  firmaron  el  tratado  por  virtud  del  cual 
— y  en  previsión  de  la  apertura  de  un  canal  navegable  por  Ni- 
caragua ó  por  otro  lugar  del  istmo — se  convino  en  que  ninguna 
de  las  potencias  contratantes  pudiera  construirlo  bajo  su  inter- 
vención exclusiva,  que  los  buques  de  una  y  otra  gozarían  de 
iguales  derechos,  que  en  tiempo  de  guerra  se  neutralizaría  el 
canal  y  que  no  habrían  de  levantarse  fortificaciones  en  las  ori- 
llas. No  pudieron  tener  aplicación  estas  cláusulas  al  canal  de 
Panamá,  puesto  que  ni  Inglaterra  ni  los  Estados  Unidos  inter^ 
venían  en  la  empresa.  Mas  fracasó  ésta,  con  gran  satisfacción 
de  los  yanquis,  y  el  Gobierno  de  Washington  decidió  poner  mano 
en  la  obra,  ya  tomando  á  su  cargo  la  canalización  por  Panamá, 
ya  construyendo  el  canal  por  Nicaragua.  Lo  primero  ofrecía 
grandes  dificultades  por  la  necesidad  de  contar  con  la  aquies- 
cencia de  los  accionistas  de  la  Compañía  y  con  el  Gobierno  de 
Colombia.  Optaron,  pues,  los  yanquis  por  el  canal  de  Nicara- 
gua, aunque  sin  perder  de  vista  la  eventualidad  de  que  las  cir- 
cunstancias cambiasen  y  fuera  posible  negociar  á  su  favor  la 
transferencia  de  la  concesión  del  canal  de  Panamá. 

Pero  si  á  mediados  del  pasado  siglo  los  Estados  Unidos  s-e 
avenían  á  tratar  de  igual  á  igual  con  la  Gran  Bretaña,  ahora 
les  contrariaba  sobre  manera  tener  que  compartir  con  los  ingle- 
ses la  alta  inspección  en  la  zona  del  canal.  Abriéronse  negocia- 
ciones [)ara  modificar  el  convenio  de  1850,  y  como  resultado  de 
ellas,  el  F]m bajador  inglés  en  Washington  Sir  Pauncefote  y  el 
Secretario  de  Estado  Mr.  Hay  pactaron  nuevo  tratado  en  5  de 
Febrero  de  1900.  Inglaterra  renunció  su  derecho  de  inspección, 
limitándose  á  exigir  el  libre  acceso  al  canal,  la  neutralidad  en 
tiempo  (le  guerra  y  el  compromiso  de  no  establecer  fortificacio- 
nes. Intransigente  la  mayoría  del  Senado  norteamericano,  mo- 
dificó ele  tal  suerte  el  convenio,  que  la  cláusula  de  neutralidad 
([uedaba  anulada  ó  á  merced  de  los  Estados  Unidos;  sin  rebozo 
manifestaron  éstos  el  propósito  de  dominar  absolutamente  en 


EL    GANAL    INTEROCEÁNICO 


128 


el  cana!»  y  en  11  de  Marzo  de  1901,  Pauncefote  entregó  á  Hay 
nota  de  su  Grobierno  declarando  que  éste  no  podía  ratificar  el 
tratado,  porque  las  enmiendas  hechas  lo  desnatnralízabau  por 
completo. 

EtJ  Libro  Aistil  á  la  sazón  piiblioado  se  hizo  la  bistoi  ia  de  este 
asunto  y  se  exponían  los  motivos  en  que  se  t'iindaba  Inglaterra 
para  no  aceptar  las  modificaciones  introducidas  por  el  Senado. 

l^uedó^  pues,  en  vigor  el  tratado  de  1850,  rudamente  comba- 
tido por  el  Senador  Morgan  y  demás  imperialistas,  que  pedían 
sadenuucia;  Inj^laterra,  á  quien  tan  mal  pagaban  los  yanquis  el 
apoyo  indirecto  que  les  prestó  en  1898  contra  España,  ya  se  cui- 
daría de  evitar  c.onflictos  ó  humillación,  entablando  en  mo- 
mento propicio  nuevas  negociaciones,  y  entretanto,  como  aqué* 
Uoé  querían  á  todo  trance  tener  su  canal,  procuraban  también 
satisfactorio  arreg^lo  con  el  doble  tin  de  apropiarse  el  canal  de 
Panamá  y  facilitar  á  la  Gran  Bretaña  pretexto  razonable  para 
más  concesiones  y  aun  para  el  abandono  de  los  derechos  que 
l6  dio  el  tratado  Biilwer-Clayton. 

En  efecto  I  volvieron  á  estar  en  alza  los  ingenieros  norte- 
americanos que  preoonii'abau  las  excelencias  de  la  vía  navega- 
ble por  Panamá;  el  Ministro  de  Asuntos  extranjeros  de  Colom- 
bia y  el  representante  de  la  Compañía  trataron  de  la  cesión  de 
esta  gran  empresa^  y  se  habló  ya  de  un  triple  concierto,  me- 
diante el  cual  Colombia,  con  consentiiuiento  de  la  tíran  Bre* 
taña,  permitiría  á  los  Estados  Unidos  la  construcción  y  expío- 
fcación  del  canal,  concediéndoles  los  terrenos  que  necesitasen  en 
una  y  otra  o  filia,  sin  renunciar  Colombia  á  la  goberanin  terri* 
torial.  Como  8e  ve.  las  circunstanoiaB  variaban;  lá  intervención 
de  la  Compañía  y  del  Gobierno  colombiano  podrían  ser  el  pr<>- 
texto  para  anular  el  tratado  de  1850,  y  el  amor  propio  de  i  a 
Gran  Bretaña  quedaría  satisfecho,  pues  habría  esta  nación 
prestado  su  consentimiento  para  el  nuevo  convenio. 


PoGOR  ineKes  transcurrieron,  é  Inglaterra  cedió  por  completo 


124  i. os    PUEBLOS    HISPANOAMUIRIOANOS 

á  los  deseos  ó  exigencias  de  los  Estados  Unidos.  El  18  de  No- 
viembre de  1901  se  firmó  en  Washington  nuevo  tratado  con  in- 
tervención de  los  mismos  plenipotenciarios  que  suscribieron  el 
de  Febrero  de  1900,  Hay  y  Paiincefote. 

La  Gran  Bretaña  abandonó  todos  los  derechos  y  todas  las 
ventajas  que  tenía  por  virtud  del  tratado  de  1850.  El  convenio 
Bulwer-Clayton  quedaba  abolido.  El  canal  ¡fodrá  construirse 
bajo  los  auspicios  de  los  Estados  Unidos,  ya  á  su  costa,  ya  con 
ayuda  de  capitales  que  cedan  ó  presten  particulares  ó  corpora- 
ciones, ya  en  forma  de  suscripción  ó  de  compra  de  acciones.  El 
Gobierno  de  los  Estados  Unidos  tendrá  el  derecho  exclusivo 
de  reglamentar  y  explotar  el  tráfico.  Se  adoptaban  como  base 
de  neutralización  los  reglamentos  que  rigen  para  el  canal  de 
Suez. 

El  canal  interoceánico  americano  será  libre  y  estará  abierto 
álos  buques  mercantes  y  de  guerra  de  las  naciones  que  se  hayan 
adherido  á  esos  reglamentos  y  con  perfecta  igualdad  para  to- 
das. No  podrá  bloquearse  ni  se  consentirá  acto  ninguno  de  gue- 
rra y  de  hostilidad  en  él.  Sólo  en  caso  de  absoluta  necesidad 
podrán  abastecerse  en  el  canal  los  buques  de  guerra  de  un  beli- 
gerante. Estas  disposiciones  se  aplicarán  á  las  vías  fluviales 
adyacentes  en  un  perímetro  de  4  millas  marinas  por  todos  la- 
dos. Los  Estados  Unidos  podrán  mantener  en  la  zona  del  canal 
las  fuerzas  de  policía  necesarias  para  protegerlo.  El  material, 
los  establecimientos,  los  edificios  y  todas  las  obras  indispensa- 
bles para  la  construcción,  conservación  y  operaciones  se  consi- 
derarán como  parte  del  canal,  y  así  en  tiempo  de  guerra  como 
en  tiempo  de  paz  gozarán  de  completa  inmunidad.  Los  cambios 
que  puedan  sobrevenir  en  la  soberanía  territorial  ó  en  las  rela- 
ciones internacionales  del  país  ó  países  que  atraviese  el  canal, 
no  afectarán  al  principio  general  de  neutralización  ni  á  los 
compromisos  adquiridos  por  las  partes  contratantes. 

Terminadas,  pues,  las  diferencias  con  Inglaterra,  y  habiendo 


BL   CANAL   INTtóftOCBÁNlUO 


1-?5 


abdicado  ésta,  de  todos  sus  derechos,  llegó  ya  la  ocasión  de  qn© 
los  Estados  Unidos  eligieran  trazado. 

El  de  Nieara^na  estaba  en  baja,  Según  los  informes  de  la 
Comisión  nombrada  para  estudiar  este  asunto,  qae  dio  á  oono- 
oer  mi  dictamen  en  Diciembre  de  1901,  la  conservación  y  **xpl*>- 
tación  del  canal  de  Nioaragna  costaría  anualmente  L350,(X)0 
dollars  más  qtie  el  canal  de  Panamá;  en  el'trayecto  por  aquél  b© 
invertirían  treinta  y  tres  horas,  y  bastarán  doce  por  el  de  Pa- 
namá. En  cambio,  el  Nicaragua  podía  construirse  en  seis  años 
y  serán  neoesarida  ocho  para  acabar  el  de  Panamá  Las  obras 
del  primero  importarían  1H9.864.000  dollars,  y  las  que  faltan  d«l 
segundo  144.253,000,  cantidad  á  la  cnal  baWía  que  sumarlo 
que  costase  la  compra  de  las  acciones  y  derechos  de  los  conce- 
sionarios, 

Ijft  Comísíün  pesó  ventajas  y  desventajas,  y  se  decidió  por  el 
eanal  de  Nicaragua.  8in  embargo^  ingenieros,  geógrafos  y  geó- 
logos preferían  y  prefieren,  bajo  mochos  conceptos,  el  canal  de 
Panamá;  el  mismo  actual  Presidente  de  los  Estados  Unidos  es 
favorable  á  este  trazado,  y  la  opÍTiión  general  era  que  no  habría 
canal  por  Nicaragua. 

En  Junta  general  de  accionistas  del  Panamá  se  acordó 
reanudar  las  negociaciones  con  la  Comisión  del  istmo  sobre  la 
base  de  !200.000,000  de  fiancos  ,  suma  en  que  aquélla  había  bs* 
timado  el  valor  de  la  propiedad  del  canal;  de  modo  que,  admi* 
tído  dicho  precio,  resultaba  Panamá  más  barato  en  o.O<injMX)dí> 
pesos  oro  que  Nicaragua.  Además,  éste  exige  ncbo  grandes  es- 
clusas; aquél  sólo  cuatro  á  lo  más,  si  no  se  vencen  lasdiñcultades 
para  hacerlo  á  niveL  Ténganse  también  en  cuenta  las  malas 
condiciones  del  río  San  Juan,  que  deben  remontar  los  buques 
para  llegar  al  lago  de  Nicaragua,  y  la  necesidad  de  completar 
los  estudios  y  reconocimientos  topográficos  en  los  terrenos  com- 
prendidos entre  el  lago  y  el  Pacífico,  y  se  comprenderá  que  es 
preciso  añadir  todavía  algunos  millones  al  preSTipnestr»  ifílí-u- 
lado  por  la  Comisión. 


im 


L08   PUDBL08   Hli^PANOAMDRlCAKOS 


Por  otra  parte,  el  lago  de  Nioaragna,  ¿  jnzgar  por  compara- 
cione8  hedías  entre  datos  antiguos  y  modernos,  ys.  teniendo  do 
año  en  año  nivel  m^  bajo.  En  un  siglo  ha  perdido  9  metroa* 
Las  aguas  se  retiran  y  aumentan  los  arenales  de  la  costa.  El 
canal  que  lo  une  con  el  lago  de  Managua  se  acorta  y  su  pro- 
fundidad disminuye.  Agregúese  á  esto  la  naturaleza  volcánica 
del  territorio,  donde  son  tan  frecuentes  los  terremotos.  Por  con- 
sigiiitüitef  al  canal  interoceánico  por  Nicaragua  kabría  de  ha- 
llarse expuesto  á  gravísimas  contingencias  y  exigiría  gastos  de 
conservación  y  reparación  cuya  importancia  no  es  posible  pre- 
«apouer. 

No  desconocían  estos  hechos»  aegnramenta,  los  individuos  de 
la  Comisión  ni  los  demás  ingenieros  y  políticos  yanquis  que  se 
presentaban  como  partidarios  del  canal  de  Nicaragua,  ni,  por 
otra  parte j  era  verosímil  que  perdieran  de  vista  la  probabilidad, 
más  ó  menos  remota,  de  la  competencia  que  podría  establecerse 
si  llegara  día  en  que  empresa  europea  ó  americana  tomase á  sn 
cargo  la  couistruccíón  del  canal  de  Panamá.  Agentes  colotnbia- 
no8  iniciaron  ya  gestiones  en  tal  sentido,  no  mal  acogidas  en 
principio  por  importantes  entidades  financieras. 

La  campaña  á  favor  del  Nicaragua  parecía,  como  hemos  ya 
indicado,  un  ardid  de  mercader,  un  medio  de  Lnfluit'  en  la  Com 
pañía  del  Panamá  para  lograr  que  los  accionlstab  cedieran  en 
sus  exigencias  y  vendiesen  muy  barato. 


Ya  que  de  competencia  hemos  hablado,  no  estará  de  más  re- 
ferirnos á  la  que,  bajo  el  aspecto  financiero,  pudiera  hacer  al 
canal  el  ferrocarril  de  Tehuantepec.  Es  punto  interesante  que, 
previo  estudio  del  tráfico  que  habrán  de  disputarse  todas  las 
vías  de  oomunioación  fluviales  y  férreas  que  crucen  la  América, 
trató  Bf  Economwta  Mexicano. 

Regla  general  es  que  un  ferrocarril  no  pu&de  competir 
«Km  un  canal;  pero  la  regla  falla  cuando  ese  canal  no  está  á 
iiiveL  bino  ííervido   por  esclusas;   en  tal  caso,  el  gasto  para 


BL    CANAL    INTÉllí OCEÁNICO 


127 


tinstruir  las  esclusas  v  pura  mantenerlas  en  corriente  es  con- 
iderable, 

Cftloüla  la  citada  revista,  y  calcula  bien,  que  el  cana)  de  Pa- 
namá representará,  una  vez  concluido,  un  capital  de  19CJ  000  000 
peso$  oro,  por  lo  menos.  Si  se  aspira  á  obtener  nn  interés 
ractivo  para  loa  accionistas,  un  G  por  100,  seria  preciso  que  el 
aal  diera  utilidades  líquidas  por  valor  de  10.800.000  pesos 
Jto,  A  sea  unos  23.<X)0,000  de  pesos  plata. 

El  ferrocarril  de  Tehuantepec,  cuyo  coste  total  desde  1878 no 
ucede  de  4.6.000,000  de  pesos  plata»  sólo  tiene  que  producir 
|.70(i,000  anaalmente  como  beneficio  líquido  para  rendir  el 
I  por  100  sobre  el  capital  íntegro  de  construcción.  Respecto  dt 
istosde  explotación,  los  del  Tehuautepec  tienen  qae  ser  muy 
aferiores  á  los  del  canal  ^  atendiendo  á  las  cuatro  eRclusas  de 
Bte  y  á  la  circunstancia  de  que  los  sueldos  y  jornales  son  en 
panamá,  más  altos  y  se  pagan  en  oro. 

Considerando  la  cuestión  desde  otros  puntos  de  vista,  po- 
ríanse  aún  reforzarlos  argumentos  que  aduce  El  Economista 
líexirano  en  pro  del  ferrocarril  de  Tehoautepec. 

Bsa  vía  férrea  es  UTia  línea  de  310  kilómetros  que  va  desde 
^oatscacoalcos,  en  el  golfo  de  México,  á  Salina  Crui»,  ifu  el  Paci- 
Bgo.  Se  ooustruyó  en  malas  condiciones;  muchos  de  sus  puen- 
Qs  eran  de  madera,  que  se  destruye  pronto  en  aquellos  climas, 
'  que^  por  otra  parte,  tiene  poca  resistencia  contra  las  aveni- 
las  de  los  ríos.  Los  dos  citados  puertos  de  los  extremos  oarecían 
|e  los  elementos  necesarios  para  la  rápida  carj^ii  y  ilescar^a  de 
liercancías. 

Ahora  las  circunstancias  han  cambiado;  se  ha  reconstruido 
vía,  á  los  puentes  de  madera  substituyen  puentes  de  hierro  ó 
|e  fábrica,  y  se  realizan  importantísimos  trabajos  en  Coatxa- 
ftaloofi  y  en  Salina  Cruz,  dragados,  muelles,  rompeolasv  grúas, 
fctcétera,  con  virtiéndolos  asi  en  excelentes  puertos  comerciales, 
koft  lo  cual  el  ferrocarril  servirá  ya  las  necesidades  de  un  trá- 
Hüo  intenso  y  veloz.  A  las  veinticuatro  horas  de  haber  llegado 


12*^  LOS   PITRBLOS   HISPANOAMERICANOS 


un  buquti  á  uno  de  los  puertos,  podrá  hallarse  su  carga  á  bordo 
del  que  haya  de  recibirla  en  el  otro. 

En  1906  estarán  terminadas  todas  las  obras,  que  se  llevan  á 
cabo  con  capitales  ingleses.  Inglaterra  cedió  á  los  Estados 
Unidos  los  derechos  que  podía  alegar  sobre  el  canal  en  virtud 
de  tratados  anteriores;  pero  les  prepara  para  lo  porvenir  njuy 
seria  concurrencia. 

Mucho  antes  que  el  canal  pueda  abrirse  al  comercio,  habrá, 
ya  establecidas  corrientes  de  tráfico  de  mar  á  mar  por  el  ferro- 
carril de  Tehuantepec,  y  sabidoes  cuántas  dificultades  ofrece 
la  empresa  de  desviar  al  comercio  de  sus  rutas  de  costumbre 
cuando  lo  nuevo  no  proporciona  positiva,  segura  é  inmediata 
ventaja. 

El  fin  principal  de  estos  canales  y  ferrocarriles  es  acortar 
distancias:  ahora  bien,  el  comercio  inglés  y  el  de  los  puertos 
yanquis  del  Atlántico  ahorrarán  días,  y  consiguientemente 
gastos,  tomando  la  vía  del  ferrocarril  para  pasar  al  Pacífico.  De 
Plymouth  á  San  Francisco  de  California  hay  9.100  millas  por 
el  canal  de  Panamá;  7.765  por  el  ferrocarril  de  Tehuantepec. 
De  Nueva  York  á  San  Francisco  (^.270  y  5.000  respectivamente. 
Ha  de  ser  también  el  ferrocarril  la  vía  preferida  por  muchas 
de  las  Compañías  de  navegación  que  hacen  el  tráfico  entre  el 
Oeste  de  Europa  ó  la  costa  oriental  de  la  América  del  Norte  y 
los  puertos  del  Japón,  de  la  China  y  del  Archipiélago  asiático. 
De  Salina  Cruz  A  Manila,  Singapur,  Hong-Kong  ó  Yokohama, 
hay  1.055  millas  menos  que  entre  Panamá  y  dichos  puertos  (1). 
El  ahorro  de  unos  cuantos  días  de  navegación  puede  muy 
bien  compensar  todas  las  ventajas  ó  comodidades  que  ofrezca 
el  paso  por  el  canal. 

Además  del  ferrocarril  de  Tehuantei)ec  hay  otros  construí- 
dos,  en  construcción  ó  en  ])royerto,  que  algún  din.  el  i  sienta  rán  al 


(1)    Todos  esto.s  (hitos  constan  en  vjirins  r«'\  istns  técnicas  y  freográíicas,  en- 
tre elliis  la  Uerite  de  fTcof/rap/iie,  -le  París,  y  A7  Rronomista  Mexicano. 


EL   CANAL    INTBBOCBANICO 


canal  parte  del  tráfico  interoceánico;  son  los  ferrocarriles  (i e 
jSueva  York  á  San  Francisco,  de  Panamá,  de  Costa  Rica,  de 
Hond\ira8,  de  Manzanillo  á  los  Estados  Unidos^  de  Topólo- 
hdmpo  á  Kansas,  j  ©1  proyectado  por  los  Estados  mexioanos  de 
Tabasco  y  Chiapaa . 


II 


Proyecto  de  tratado  yanqoicolombiajio  para  la  constrocción  del  canal  por 
Panttmé.— Estado  de  la  opinión  en  Colombia.— Desaprobación  del  tratado 
HerrAn-Hay.— Actitud  de  Colombia,  y  de  los  Estados  luidíis— Tendencias 
Beparntifttas  en  et  istmo.— La  independencia  de  Panamá. 

A  toediados  de  1902  aún  no  estaba  resuelta  en  Washington 
rie  modo  definitivo  la  cuestión  del  canal.  En  la  Comisión  del  Se- 
nado una  minoría  respetable  hacía  \raTer  todos  los  argumentos 
k  favor  del  Panamá^  y  pedía  que  los  Estados  Unidos  adquirie- 
sen de  la  Compañía  francesa  derechos^  acciones^  material  j 
obras.  Colombia^  de  acuerdo  con  entidades  financieras  de  Eu- 
ropa y  de  América,  procuraba  formar  nueva  Compañía  para 
construir  ese  canal  que  oruata  su  propio  territorio.  Se  habló 
también  de  asociación  de  bancos,  sociedades  y  banqueros  espa- 
ñoles é  hispanoamericanos  para  llevar  á  cabo  la  empresa. 

Por  fin  los  yanquis  se  decidieron,  y  en  Enero  de  1903  se  hizo 
ya  piiblieo  el  proyecto  de  tratado  para  construir  el  canal  por  el 
istmo  de  Panamá,  Véase,  á  continuación  ,  un  extracto  de  sus 
principales  cláusulas: 

El  gobierno  colombiano  autorií^a  á  la  nueva  Compañía  del 
canal  para  transferir  á  los  Estados  Unidos  sus  derechos,  privi- 
legios, propiedades^  concesiones  y  el  ferrocarril  de  Panamá,  con 
todas  ó  parte  de  las  acciones  de  dicha  Compañía,  exceptuando 
loa  terrenoíí  nacionales  situados  fuera  de  la  aona  que  en  el 
mismo  tratado  se  determina. 

El  período  de  la  concesión  será  de  cien  años  y  se  fjodrá  ro- 
iiovar  perpetuamente  el  arrendamiento* 


130  LOS    PUEBLOS    HISPANOAMERICANOS 

Se  concede  á  los  Estados  Unidos  una  zona  de  territorio  para 
canales  auxiliares,  la  cual  zona  no  podrá  exceder  en  ningún 
caso  de  15  millas,  contando  desde  el  canal  principal.  Ocuparán 
aquéllos  el  grupo  de  pequeñas  islas,  en  la  bahía  de  Panamá,  lla- 
madas «Perico»,  «Naos»,  «Culebra»  y  «Flamenco»,  pero  sin  in- 
cluir las  ciudades  de  Panamá  y  Colón,  á  no  ser  las  tierras  y 
otras  propiedades  pertenecientes  á  la  Compañía  del  canal  ó  á  la 
Compañía  del  ferrocarril.  Los  Estados  Unidos  garantizan  á 
Colombia  la  soberanía  de  la  zona  neutral. 

Los  Estados  Unidos  rechazan  toda  idea  ó  intención  de  aten- 
tar á  la  soberanía  de  Colombia,  ni  de  aumentar  su  territorio  á 
expensas  de  Colombia  ó  de  las  Repúblicas  de  Centro  ó  de  Sur 
América. 

Colombia  autoriza  á  los  Estados  Unidos  para  construir  y 
conservar  á  cada  entrada  ó  término  del  canal  un  puerto  para 
buques,  faros  convenientes  y  otras  obras  que  faciliten  la  na- 
vegación; podrá  usar  y  ocupar,  dentro  de  los  límites  ñjados  en 
esta  convención ,  partes  de  la  línea  de  la  costa ,  tierras  é  islas 
adyacentes  que  sean  necesarias  para  esta  obra ,  incluyendo  la 
construcción  y  conservación  de  diques,  muelles,  embarcade- 
ros, estaciones  carboneras,  doques  y  otras  obras  convenientes, 
siendo  todos  los  gastos  de  cuenta  de  los  Estados  Unidos. 

Los  puertos  que  se  establezcan  serán  puertos  libres,  y  su 
demarcación  habrá  de  determinarse  con  toda  claridad. 

Los  Estados  Unidos  cuidarán  de  la  construcción  y  conser- 
vación especial  de  las  obras  de  saneamiento.  Construirán  y  or- 
ganizarán hospitales  á  lo  largo  de  la  línea  det  canal  y  proveerán 
á  Colón  y  Panamá  de  acueductos  y  desagües  para  evitar  que 
esas  ciudades  sean  focos  de  infección. 

Colombia  se  compromete  á  no  vender  ni  arrendar  á  Estados 
extranjeros  ninguna  de  sus  islas  ó  ensenadas  dentro  de  ó  adya- 
centes á  la  bahía  de  Panamá,  ni  tampoco  en  la  parte  de  Colom- 
bia en  el  Atlántico,  entre  el  río  Atrato  y  el  límite  del  Depar- 
tamento de  Panamá,  para  establecer  fortificaciones,  estaciones 


ÍÜNAL   INrBttOOfljicílOO 


131 


navales  ó  carboneras,  puestos  militares^  doques  ú  otras  obras 
qae  puedan  inñnir  en  la  constracción,  conservación,  operación 
ó  seguridad  del  libre  uso  del  canal  ó  de  sus  obras  auxiliares. 
Los  Estados  Unidos  darán  á  Colonibia  el  apoyo  que  sea  nece^ 
sario  para  evitar  la  ocupación  de  esas  islas  j  puertos,  garanti- 
zando á  Coló  rabia  su  soberanía  sobre  ellos  y  la  independencia  ó 
integridad  de  la  República. 

Panamá,  y  Colón  serán  declarados  puertos  libras  para  los 
buques  y  mercaderías  destinados  á  atravesar  el  canal* 

Ko  se  imiíondrá  ninguna  carga  á.  las  personas  relacionadas 
eom  la  construcción  á  operaciones  del  canal,  ni  á  ningúji  bu- 
qae^  herramientas,  etc.,  para  aso  de  dicho  canal  ó  de  su  cons- 
trucción. 

Se  consentirá  la  entrada  de  emigrantes  de  todas  las  nació* 
nalidades  para  trabajar  en  las  obras  del  canal. 

Los  Estados  Unidos  quedan  autori;&ados  para  proteger  y  dar 
segundades  al  canal,  á  los  ferrocarriles  y  demás  obras  auxilia- 
res ^  á  fin  de  conservar  el  ordeu  y  disciplina  entre  los  trabaja- 
dores y  otras  personas  que  puedan  reunirse  en  esa  región.  Obli- 
gará á  observar  los  reglamentos  de  policía  y  de  salubridad, 
adoptando  los  medios  que  juzgue  necesarios ,  4  fin  de  conservar 
el  orden  público  y  la  salttd,  protegiendo  la  navegación  y  el  co- 
mercio en  todo  el  canal,  ferrocarriles  y  otras  obras  y  dependen- 
cias, para  evitar  interrupciones  ó  daños, 

Colombia  podrá  establecer  Tribunales  en  dicha  zona  y  tener 
jurisdicción  exclusiva  sobre  las  controversias  de  sus  ciudada» 
nos  ó  entre  éstos  y  ciudadanos  de  otra  nación  extranjera,  excep* 
tuando  de  los  Estados  Unidos.  Éstos  pueden  establecer  Tri* 
bunales,  que  tendrán  jurisdicción  exclusiva  sobre  ciudadanos 
americanos  y  ciudadanos  de  cualquiera  nación  extranjera,  ex- 
ceptuando de  Colombia.  Las  controversias  qae  se  relacionen 
con  la  construccióui  conservación  ú  operaciones  del  canal,  del 
ferrocarril  y  otras  obras,  se  decidirán  por  Tribunales  mixtos  con 
jurisdicción  civil  y  criminal. 


132  LOS  PUBBLOS  HI8PAN0AMBRICAN0S 

Los  Estados  Unidos  podrán  utilizar  todos  los  puertos  de  Co- 
lombia y  abrir  lugares  de  refugio  para  los  buques  empleados 
en  la  empresa  del  canal  y  para  los  buques  en  apuro  que,  con 
derecho  de  pasar  por  el  canal,  quieran  anclar  en  dichos  puer- 
tos, no  debiéndoseles  cobrar  derechos  de  anclaje  ni  de  tonelaje 
por  parte  de  Colombia, 

En  todo  tiempo  en  que  sea  necesario  emplear  fuerza  armada 
para  proteger  el  canal  ó  los  buques,  los  Estados  Unidos  podrán 
hacerlo.  Colombia  se  compromete,  según  las  circunstancias,  á 
dar  fuerzas  con  ese  fin,  pero  si  no  puede  cumplir  con  esta  obli- 
gación, con  su  consentimiento  ó  á  petición  de  ella  los  Estados 
Unidos  emplearán  las  fuerzas  necesarias  á  ese  único  objeto; 
fuerzas  que  retirará  tan  pronto  como  ya  no  sean  necesarias. 
Pero  encaso  imprevisto  de  gran  peligro  para  dichas  obras  ó  para 
las  personas  en  ellas  empleadas,  los  Estados  Unidos  quedan  fa- 
cultados para  hacer  desde  luego  uso  de  sus  fuerzas,  poniéndolo 
antes  en  conocimiento  de  Colombia.  Si  llegan  después  fuerzas 
suficientes  de  ésta,  se  retirarán  las  de  los  Estados  Unidos. 

Los  trabajos  preliminares  deben  terminarse  en  el  plazo  de 
dos  años,  y  el  canal  propiamente  dicho  ha  de  concluirse  á  lo» 
doce  años. 

Dividióse  la  opinión  en  Colombia  respecto  á  la  conveniencia 
de  aceptar  este  tratado. 

El  Presidente,  Sr.  Marroquín,  en  proclama  que  dirigió  á  la 
nación  el  1.®  de  Enero  de  1903,  hacía  ya  notar  que  su  G-obierno 
se  encontraba  ante  el  siguiente  dilema:  si  los  norteamericanos 
construyen  el  canal  en  el  istmo ,  que  es  donde  todos  los  colom- 
bianos desean  que  se  construya,  se  acusará  al  Gobierno  de  no 
haber  defendido  los  derechos  de  soberanía.  Si  por  no  permitir 
que  se  afecte  desfavorablemente  á  ésta,  el  canal  no  se  cons- 
truye en  territorio  de  Colombia,  se  achacará  al  Gobierno  el 
haber  perdido  la  oportunidad  de  una  feliz  circunstancia  que 
generalmente  se  mira  como  causa  de  prosperidad  y  engrande- 


MI.   CANAL   iNTBHOCBAMuo 


13Í3 


cimiento  para  el  país*  Opinaba  Marroquin  ue  no  debían  po* 
nerse  obstáculos  á  la  reaUzaoión  de  esta  grande  empresa  por 
loH  norteamericanos;  pero  «felizmente  para  mí,  decía,  la  in- 
mensa responsabilidad  de  decidir  la  cuestión  pesa  sobre  el  Con- 
greso». 

Los  periódicos  y  las  Asambleas  departamentales  abogaban 
anos  en  pro,  otros,  los  más,  en  contra  del  tratado  Herrán-Hay. 

La  Asamblea  del  departamento  de  Bolívar  solicitó  del  Con- 
^'eso  de  la  EepábUoa  que  negase  su  aprobación  al  tratado, 
porque  era  atentatorio  contra  la  integridad  del  territorio  patrio, 
p^r  el  becbo  de  estipular  la  cesión  de  la  zona  del  canal  por  cien 
años,  prorrogables  indefinidamente  á  opción  única  de  los  Esta- 
dos Unidos;  porf|ue  lesionaba  la  jurisdicción  de  Colombia,  por 
el  hecbo  de  estatuir  ingerencia  extranjera  en  las  funciones  de 
los  Poderes  legislativo  y  jtidicial  en  la  zona  del  canal;  porque 
hería  la  soberanía  de  Colombia,  por  la  prohibición  de  disponer, 
como  corresponde  á  una  nación  libre  ó  independiente,  de  las 
costas  é  islas  adyacentes  á  la  vía  marítima;  porque  perjudicaba 
los  intereses  del  fisco,  no  sólo  por  la  renuncia  que  mediante  él 
hace  el  país  á  derechos  adquiridos  en  contratos  anteriores,  sino 
también  por  ser  de  escasa  significación  las  compensaciones  de 
carácter  financiero  que  estipula  el  mencionado  acto  interna* 
cionaL 

En  este  último  argumento  hacían  gran  hincapié  muchos  co- 
lombianos* Parecíales  poco  los  10.000. (DOO  de  pesos  ofrecidos  por 
los  yanquis,  y  excesivo  los  40.000.000  que  daban  éstos  á  los  ac- 
cionistas de  la  Compañía  del  canal,  que  estaban  apunto  de  per- 
der todos  sus  derechos  por  no  haberlo  construido  en  el  plazo  que 
d6  convino.  Se  dijo  que  aquéllos,  viendo  el  pleito  malparado,  se 
hallaban  dispuestos  á  entregar  k  Colombia  la  tercera  parte  do 
sus  40.000.000. 

Las  Cámaras  constituyeron  las  respectivas  Comisiones  para 
el  estudio  del  tratado.  En  el  Senado  hubo  en  los  primeros  días 
de  Julio  vivo  debate  porque  el  Sr.  Caro,  ex  Presidente,  se  opuso 


184  LOS    PUEBLOS   HISPANO  AMERICANOS 

á  que  aquél  se  discutiera  sin  que  llevase  la  firma  del  Presi- 
dente; se  acordó  prescindir  de  este  requisito.  El  Sr.  Marroquín, 
consecuente  con  sus  anteriores  declaraciones,  no  quería  res- 
ponsabilidades en  tan  grave  asunto.  Se  calculaba  entonces  que 
sólo  la  cuarta  parte  del  Senado  era  favorable  k  la  aprobación 
del  convenio. 

Entre  tanto,  los  impacientes  yanquis  se  agitaban  y  hacían 
un  doble  juego.  Soliviantaban  los  ánimos  en  el  departamento 
de  Panamá  y  volvían  á  hablar  de  negociaciones  con  Nicaragua 
y  Costa  Rica;  así  amenazaban  á  Colombia  con  el  peligro  de  re- 
belión en  el  istmo,  y  á  Colombia  y  á  los  accionistas  de  Panamá 
con  la  posibilidad  de  favorecer  la  construcción  del  canal  por 
Nicaragua.  El  telégrafo  atribuyó  á  Roosevelt  la  declaración  de 
que  el  canal  de  Panamá  se  construiría  aunque  el  Congreso  co- 
lombiano no  aprobase  el  tratado.  Para  esto  era  preciso  que  los 
yanquis  se  apoderasen  del  istmo  ó  que  el  departamento  de  Pa- 
namá, independiente,  tratase  directamente  con  ellos.  La  sos- 
pecha tan  sólo  de  que  tal  propósito  tuviera  el  Presidente  de  los 
Estados  Unidos  produjo  pésimo  efecto  en  América. 

Como  se  presumía,  el  tratado  Herrán-Hay  fué  rechazado. 

¿Es  que  Colombia  se  opone  á  la  ejecución  de  esa  grandiosa 
obra  por  su  territorio?  De  ningún  modo.  Colombia  quiere  canal; 
lo  que  no  quiere  es  someterse  á  las  duras  condiciones  (jue  le  im- 
ponen los  yanquis,  ni  sufrir  menoscabo  en  sus  derechos  y  en  sus 
intereses  con  beneficio  sólo  de  los  nuevos  constructores  y  de  los 
que  ostentan  los  derechos  de  la  antigua  Compañía. 

Colombia  ha  procurado  con  perseverante  empeño  que  reali- 
zase la  obra  la  primitiva  Compañía  del  canal  ú  otra  reorgani- 
zada en  la  misma  Francia;  con  este  objeto  hizo  concesiones 
onerosas  para  ella,  y  una  y  otra  vez  prorrogó  el  plazo  dentro 
del  cual  debían  terminarse  los  trabajos.  De  nada  le  sirvieron 
sus  buenos  deseos.  Se  evaporaron  en  manos  de  especuladores  y 
políticos  franceses  l.OCK). 000. 000  de  francos,  y  Colombia  cayó 


iüL    CAKAL    |l^TfíItí»CEANICO 


ta5 


bajo  las  gaiTas  de  los  yanquis.  Estos  apretaron  demasiado^  y  ni 
«líos  ni  los  acaparadores  de  las  acciones  de  la  Compañía,  que  se 
proponían  embobar  200,000.000  de  francos,  habían  consef^uido 
realizar  sus  designios.  Y  unos  y  otros  pusieron  el  gríto  en  el 
cielo  y  se  revolvían  airados  contra  el  Gobierno  de  Bogotá.  Pero 
Colombia  tenía  que  defender  su  soberanía  y  sus  intereses  y  la 
obligación  moral  de  procurar  que  el  canal  sirva  por  igual  A  to- 
das  las  naciones^  sin  privilegios  para  ninguna.  El  Senado  co» 
lombiano  cumplió,  pues,  c.on  su  deber.  Quien  no  ha  cumplido  es 
Francia,  que  por  dignitlad,  por  decoro,  debía  haberse  puesto  ai 
frente  de  un  esfuerzo  colectivo  de  Europa  y  de  América  para 
llevar  á  cabo  la  empresa. 

No  confiaba  Colombia  en  ese  esfuerzo;  tanto  es  asi,  que  no 
rechazó  en  absoluto  la  intervención  yanqui.  Pero  sí  exigía 
otras  condiciones,  otro  contrato;  pidió  qae  la  Compañía  íVan- 
cesa  obtuviera  ante  todo  autoi*ización  del  Gobierno  colombiano 
para  transferir  á  los  Estados  Unidos  sus  concesiones,  derechos 
y  privilegios;  que  por  esa  transferencia  pagase  á  Colombia 
BO.OOO.OOOde  francos;  que  los  Estados  unidos  adquiriesen  sola- 
mente la  zona  necesaria  para  la  construcción  del  canal;  que  sus 
leyes  no  tuvieran  validez  alguna  en  territorio  de  Colombia»;  que 
no  funcionasen  Tribunales  mixtos,  sino  Tribunales  colombia- 
nosj  y  que  se  fijara  un  plazo  de  construcción  con  la  cláusula  de 
caducidad  si  dentro  de  él  no  se  bubiese  terminado  el  canal. 

Los  yanquis  replicaron  con  amenazas  más  ó  menos  emboza > 
das  y,  de  acuerdo  con  la  Compañía  francesa  del  canal,  pusieron 
en  juego  medios  eficaces  para  crear  nueva  situación  en  el  istmo « 
cayos  pobladores,  temerosos  de  qae  el  canal  se  abra  fuera  de  su 
territorio,  pretendían  evitarlo,  ya  imponiéndose  revoluciona- 
riamente á  su  actual  Gobierno  para  substituirlo  con  personali- 
dades más  dóciles  á  las  exigencias  del  de  Washington,  ya  aven- 
turándose en  un  movimiento  separatista  para  poder  entenderse 
directamente  con  éste» 

En  Agosto,  un  periódico  d©  Panamá,  Et  Istmeño,  publicó  nn 


Xf. 


136  LOS   PUEBLOS   HISPANOAMBRIOANOS 

artículo  defendiendo  la  independencia.  «¿Correspondió  Colom- 
bia, decía,  á  la  sincera  adhesión,  lealtad  é  importantes  servi- 
cios del  istmo  de  Panamá  después  de  la  muerte  de  Bolívar,  y  que 
naturalmente  eran  de  esperarse  siendo  del  mismo  origen,  te 
niendo  las  mismas  tendencias,  sentimientos  religiosos  é  idioma? 
¿Puede  alguien  contestar  afirmativamente?  ¿Es  feliz  y  próspero 
el  istmo  de  Panamá  perteneciendo  á  Colombia?  ¿No  sería  más 
feliz  separándose  como  República  soberana  ó  independiente? 
¿No  es  este  el  ideal  que  hace  años  germina  en  el  corazón  de  los 
istmeños  patriotas,  debido  á  justificados  resentimientos  de  esta 
noble  pero  desgraciada  tira  de  tierra  que  se  anexó  á  Colombia 
de  su  propia  y  libre  voluntad?  Panamá  puede  y  debe  ser  absolu- 
tamente independiente.  No  somos  felices  ni  estamos  satisfechos 
en  manera  alguna  bajo  el  dominio  central;  los  istmeños,  sin 
excepción ,  somos  separatistas  y  soñamos  con  la  independen» 
cia  de  la  patria;  no  buscamos  anexión  á  potencias  extranjeras; 
sostenemos  y  proclamamos  una  República  soberana,  gobernada 
por  los  istmeños  mismos.  Costa  Rica  es  una  pequeña  nación,  y 
sin  embavgo,  es  feliz  y  próspera.  ¿Porqué  no  puede  llegar  á  ser 
el  istmo  independiente  y  próspero,  siendo  más  grande  y  con  más 
-  elementos?» 

Esta  aspiración  ha  entrado  ya  en  vías  de  hecho,  los  istme- 
üos  colombianos  se  han  declarado  independientes,  y  desde  les 
primeros  días  de  Noviembre  de  1903  la  historia  del  canal  inter- 
oceánico enlaza  con  la  historia  de  un  nuevo  Estado  americano. 


PANAMÁ 


SI  departameato  colombiano  de  Panamá.— Bebelián  é  tnclependeacia:  la  Re 
publica  de  Faika.niá.'-ConiplJci(lad  é  intervención  de  los  yanquis  contra  Co' 
lombiti. '  Actoa  y  propóiitos  del  Gobierno  colombiano.  —  OlrcaQstanciaa 
dciveutajOBas  para  la  couatracctón  y  explotación  del  canal. 

Hay  un  nuevo  Estado  en  América:  la  República  de  Panami. 

Si  lo  constituye  todo  lo  qne  fué  departamento  de  Panamá 
en  la  Hepáblica  de  Colombia,  tendrá  tinos  90,000  kilómetros 
cuadrados  de  sup'erficie  y  340.000  habitantes^  la  mayor  parte 
indios  y  mestizos.  Desde  el  punto  d©  vista  de  la  instrucción, 
era  al  departamento  más  atrasado. 

Montes ,  colinas  y  llanuras ,  selvas  y  desiertos  forman  la  es- 
trecha y  larga  zona  del  istmo  panameño;  á  la  selva,  á  la  mon- 
tana inhabitada,  al  país  desierto  corresponde  más  de  la  mitad 
de  la  superñcie  total.  Aparte  el  ferrocarril  de  Colón  á  Panamá, 
las  vías  terrestres  de  comnnicación  son  fragosas  y  pésimas.  La 
agricultura  y  la  ganadería  son  rudimentarias;  la  industria  mi* 
ñera  está  abandonada.  En  suma:  es  uno  de  los  países  más  po- 
bres y  más  atrasados  del  mundo.  Su  progreso  ha  sido  casi 
nulo,  lo  mismo  bajo  la  forma  unitaria  de  gobierno  que  bajo  el 
régimen  federal. 

Sin  embargo,  el  proyecto  de  canal  interoceánico  ha  dado 
excepcional  importancia  á  este  territorio,  y  alientos  á  sus  ha^ 
bitantes  para  proclamar  la  independencia,  que  parece  vana 
lograr^  gracias  al  amparo  de  los  yanquis. 


138  LOS   PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 

Rechazado  el  convenio  Herrán-Hay,  el  Gobierno  de  Wa- 
shington se  decidió  á  obrar  con  rapidez,  para  no  dar  tiempo  á 
que  el  colombiano  adoptase  resoluciones  que  aún  pudieran  difi- 
cultar más  el  predominio  absoluto  de  los  yanquis  en  el  canal. 

El  27  de  Octubre  discutióse  en  el  Senado  de  Colombia  el 
proyecto  de  ley  que  confería  al  Presidente  poderes  para  nego- 
ciar nuevo  tratado  con  los  Estados  Unidos.  Muchos  Senadores 
se  opusieron  y  no  llegó  á  tomarse  acuerdo.  Por  otra  parte,  días 
antes  habíase  dicho  en  Washington  que  el  comisionado  espe- 
cial de  Colombia  Sr.  Arciniega  iba  á  salir  para  Europa  con 
propósito  de  gestionar  la  construcción  del  canal  por  cuenta  de 
aquella  República  y  con  capital  europeo,  y  se  agregaba  que  los 
Estados  Unidos  no  tolerarían  que  tal  cosa  se  hiciese. 

El  medio  más  eficaz  de  impedirlo  ,  el  procedimiento  más  se- 
guro para  quitar  toda  esperanza  al  Gobierno  de  Colombia ,  era 
arrebatarle  la  parte  de  su  territorio  por  donde  debe  pasar  el 
canal.  Nada  mejor,  en  consecuencia,  que  apoyar  resueltamente 
al  partido  separatista  del  istmo. 

Contando,  pues,  con  la  aquiescencia  de  los  yanquis,  el  día  3 
de  Noviembre  de  1903  se  proclamó  la  independencia  en  la  ciu- 
dad de  Panamá.  Estaba  ganado  el  elemento  militar,  y  al  frente 
del  movimiento  se  puso  el  General  Huertas.  También  se  con- 
taba con  el  Comandante  del  crucero  Padilla  y  el  cual,  aprove- 
chándose de  la  excitación  y  la  sorpresa,  se  acercó  al  crucero 
Bogotá  con  disposiciones  de  apoderarse  de  él ;  pero  el  Bogotá 
se  alejó  á  toda  máquina,  y  á  medida  que  se  retiraba  arrojaba 
proyectiles  sobre  la  ciudad ,  que  afortunadamente  no  causaron 
más  daño  que  la  muerte  de  un  chino  y  la  de  un  nativo.  Se 
ordenó  el  enganche  de  1.000  hombres  para  hacer  frente  alas 
fuerzas  colombianas  en  caso  de  que  éstas  atacaran.  Por  la  no- 
che, miles  de  personas  recorrieron  las  calles  con  bandas  de 
música  y  la  bandera  de  la  nueva  República. 

Al  día  siguiente  hubo  cabildo  abierto  en  el  Ayuntamiento 
para  leer  el  Acta  de  Independencia,  y  se  declaró  solemnemente 


PAñiMI 


189 


que  los  pueblos  de  la  jurisdicción  se  separaban  para  siempre  de 
la  Repáblica  de  Colombia  y,  de  acuerdo  con  otros  del  departa- 
mento, Gonstitnían  una  República  independiente  con  ¿^-obierno 
democrático  y  representativo,  y  una  nacionalidad  libre  de  toda 
intervención  de  potencia  extranjera, 

«Los  colombianos— decíase  en  el  manifiesto— son  nuestros 
Hermanos  y  no3  separamos  de  ellos  sin  pesar,  pero  sin  alegría, 
Elios  ban  sido  la  causa  de  nuestros  Vejámenes»  que  hubiéramos 
resistido  con  resignación  por  amor  á  la  nnión  y  á  la  armonía 
nacional  si  hubiéramos  tenido  esperanzas  de  mejorar  nuestra 
condición.  Pero  nuestras  esperanzas  hubieran  sido  infnndadas 
y  nuestros  sacrificios  inútiles,  porque  el  Gobierno  de  Colombia 
sólo  tenía  miras  determinadas  y  estrechas,  al  uso  d»>l  G-obierno 
colonial  español  y  de  los  Gobiernos  europeos  de  la  Edad  Media. 
PÁ  antiguo  departamento  de  Panamá  cree  ser  digno  de  contarse 
entre  las  naciones  libres». 

Formado  Gobierno  provisional,  sus  primeros  actos  fueron 
pedir  el  reconocimiento  por  parte  del  de  los  Estados  Unidos^  y 
nombrar  representante  en  Washington  al  francés  Mr»  Bunau 
VariUa,  agente  de  la  Compañía  de  Panamá. 

Colón  y  los  principales  municipios  del  departamento  se  ad- 
hirieron al  movimiento  revolucionario,  y  en  los  ni  guíenles  in- 
mediatos días  los  yanquis  desembarcaron  fuerzas  so  pretexto 
de  velar  por  los  intereses  de  sus  conciudadanos  residentas  en 
Panamá^  é  hicieron  saber  que  sus  buques  tenían  orden  de  impe- 
dir desembarcos  de  tropas  colombianas.  Roosevelt  se  declaró 
protector  de  la  nueva  República,  el  Gobierno  colombiano  pro» 
testó  con  energía,  y  el  panameño  nombró  una  Comisión  que 
procediera,  sin  |>érdida  de  momento,  A  tratar  con  los  yanquis 
respecto  de  las  condiciones  en  que  ha  de  conintruirse  v  explo- 
Itarse  el  canaL 

El  Gobierno  de  Washington,  procuró  cohonestar  su  inter- 
vención recordando  el  tratado  de  1846  por  el  cual  la  Nueva 
Granada,  hoy  Colombia,  garantizó  á  los  Estados  Unidos  la  li- 


140  LOK    i^líKBL08    Hl^PANOAMEUlCAKOK 


bertad  de  tránsito  por  todas  las  vías  de  comunicación  existen- 
tes ó  qae  se  construyesen  en  el  istmo»  Por  virtud  de  tal  tratado 
el  Gobierno  yanqui  supone  qae  adquirid  el  derecho  y  la  obliga- 
ción de  garantir  la  neutralidad  del  istmo  jiara  que  el  libre  paso 
por  él  no  se  interrumpa.  Los  Estados  Unidos  siempre  habían 
ejercido  ese  derecho  y  cumplido  esa  obligación,  y  menos  que 
nunca  podían  (.irescindir  de  ello  desde  que  ondea  el  pabellón  ei- 
trellado  en  islas  del  Pacífico.  Ratificación  y  complemento  del 
antiguo  tratado  debía  ser  el  de  Herrán-Hay.  Pero  Colombia  lo 
rachazó,  Panamá  se  ha  hecho  independiente,  y  como  por  el 
nuevo  Estado  ha  de  pasar  el  canal,  natural  es  que  el  Gobierno 
de  Washington  se  entienda  con  el  de  Panamá  á  fin  de  estable- 
cer las  garantías  necesarias  para  la  seguridad  del  tráfico^  evi- 
tando conflictos  ó  revoluciones  que  en  su  día  pudieran  parau- 
sarlo. Los  Estados  Unidos  intervenían,  pues,  en  interés  propio 
y  en  beneficio  del  comercio  del  mundo  entero.  Por  esto  se  apre* 
suraron  á  pactar  con  loa  delegados  del  Gobierno  proviaional  de^ 
Panamá f  bien  dispuestos  á  otorgar  á  aquéllos  aún  mayores  de- 
rechos que  los  que  les  concedía  el  tratado  Herrán-Hay  sobre  la 
faja  de  territorio  adyacente  al  canal. 

De  lo  que  hacía  ó  pensaba  hacer  Colombia,  nada  se  supo  con 
certeza  en  los  primeros  días.  Las  noticias  de  Bogotá  llegan  por 
el  cable  que  va  desde  la  Buenaventura  á  Panamá,  y  aquí  se  in- 
terceptan ó  tergiversan  los  despachos^  de  modo  que  quedaba  el 
Gobierno  colombiano  aislado  del  resto  del  mundo.  A  juzgar  por 
los  informes  que  el  telégrafo  transmitía,  se  hallaba  resuelto  ¿ 
someter  por  la  faerza  á  los  panameños  y  procuraba  una  acción 
coman  de  Estados  europeos  y  americanos  contra  los  yanquis, 
aspirando  á  hacer  valer,  en  primer  término^  el  tratado  secreto 
que  pactó  con  el  Ecuador  y  con  Chile,  y  cuya  existencia  reveló 
en  1902  el  Sun  de  Nueva  York. 

Días  después  fué  ya  conocida  la  alocución  qne  Marroquin  y 
sa  Gobierno  dirigieron,  con  fecha  6  de  Noviembre,  al  pueblo 


PANAMÁ 


colombiano,  En  él  se  decía  qne  si  la  Tnag-nitut!  del  movimiento 
y  la  indolencia  ó  complicidad  de  muchos  ti^ajeren  por  resnl- 
tftdo  la  prolongación  de  aquel  estado  de  desconocimiento  k  la 
autoridad  nacional,  el  G-obíerno  creía  hacer  una  interpretación 
correcta  del  sentimiento  de  los  colombianos  declarando,  como 
declaraba,  que  no  habrá  esfuerzo  que  no  haga  ni  sacrificio  que 
rehuse  para  mantener  la  soberanía  é  integridad  del  territorio 
patrio. 

Se  envió  también  protesta  al  Senado  y  Grobierno  de  Wa- 
shington, documento  que  terminaba  apelando  «á  la  dignidad  y 
al  honor  del  Senado  v  del  pueblo  americanos». 

En  circular  transmitida  á  los  Presidentes  de  las  demás  Re- 
públicas americanas  se  recordaba  qne  la  causa  de  la  soberanía 
é  integridad  de  los  países  de  la  América  latina  es  solidaria, 
pues  todo  lo  que  tienda  á  desmembrarlos  labra  su  debilidad  y 
los  expone  á  ser  victimas  de  los  más  fuertes,  haciendo  así  in- 
fructuosa la  magna  obra  de  los  que  les  dieron  autonomía  é  in- 
dependencia. Por  esto,  el  Gobierno  colombiano  esperaba,  fon- 
iadanaente^  que  los  pueblos  hermanos  de  la  América  española 
^operarían  con  sus  muestras  de  simpatía  á  la  labor  patriótica 
que  había  emprendido  de  mantener  la  unidad  de  Colombia,  y 
reprobarán  los  actos  de  lesa  patria  que  se  están  cumpliendo  en 
el  istmo  de  Paniimá.  Si  éstos  llegan  A  consumarse,  constituirán 
el  más  peligroso  antecedente  para  el  porvenir  de  los  pueblos 
Ubres  de  América. 

A  las  principales  legaciones  de  Colombia  an  la  América  me- 
ridional y  en  Europa  se  les  encargaba  que  protestaran  enérgi- 
camente ante  los  Gobiernos  respectivos  contra  los  Estados  Uni- 
dos por  haber  fomentado  la  rebelión  del  istmo,  por  amparar  á 
la  nueva  República  y  por  impedir  que  el  Gobierno  de  Colombia, 
oon  fuericas  y  elementos  euficientes  para  ello,  sometiera  á  los 
rebeldes. 

Sobre  la  confabulación  de  yanquis»  separatistas  panameños 
y  agentes  de  la  Qampañia  francesa  de  Panamá,  hacía  gran  hin* 


142  LOS   PUEBLOS   HLSPANO AMERICANOS 

oapié  la  prensa  colombiana.  Los  rebeldes,  decían,  haa  sido  com- 
prados con  oro,  que  puede  haber  salido  de  los  sótanos  de  la 
Tesorería  de  Washington  y  de  las  cajas  de  la  Compañía.  Ade- 
más, decían,  el  movimiento  no  fué  secundado  por  Colón,  ni  por 
Portobelo,  ni  por  Bocas  del  Toro,  ni  por  David,  ni  por  Peno- 
nomé,  hasta  que  la  marina  yanqui  transportó  las  nuevas  auto- 
ridades. Esa  marina  se  dedicó  desde  un  principio  á  hacer  la 
policía  marítima  de  los  puertos  del  istmo,  y  no  permitió  des- 
embarcar en  ellos  fuerzas  colombianas.  Dos  mil  hombres  hu- 
bieran bastado  para  ahogar  en  el  acto  la  intentona  separatista, 
y  entonces  se  hubiera  conocido  la  verdadera  opinión  de  los 
habitantes  del  istmo,  del  istmo  que  no  es  sólo  Panamá  y  Colón 
y  pequeñas  y  ruines  poblaciones  de  la  línea  del  ferrocarril, 
pueblos  que  han  decaído,  desgraciadamente,  con  la  suspensión 
de  los  trabajos  del  canal,  y  que  anhelan,  sobre  todas  las  cosas  y 
sobre  todos  los  sentimientos,  que  esos  trabajos  recomiencen, 
para  que  el  oro,  cualquiera  que  sea  su  cuño,  sea  francés  ó  yan- 
qui, vuelva  á  pasar  por  sus  manos  (1). 

Súpose  también  que,  contra  lo  que  indicaban  despachos  de 
Panamá  y  de  Washington,  todos  los  partidos  de  Colombia  se 
habían  ofrecido  incondicionalmente  al  G-obierno;  que  se  habían 
abierto  suscripciones  públicas  para  los  gastos  de  la  guerra  con 
los  panameños,  y  que  se  había  llamado  á  las  armas  á  todos  los 
hombres  de  diez  y  ocho  á  cincuenta  años  de  edad  á  fin  de  elevar 
las  fuerzas  militares  hasta  100.000  soldados. 

Sin  embargo,  Colombia  procuraba  evitar  rompimiento  for- 
mal con  los  Estados  Unidos,  é  intentó  avenencia ,  fundándose 
en  aquel  mismo  convenio  de  1846,  uno  de  cuyos  artículos  decía: 
«Para  seguridad  del  goce  tranquilo  y  constante  de  estas  ven- 
tajas, y  en  especial  compensación  de  ellas  y  de  los  favores  ad- 
quiridos según  los  artículos  4.®,  5.®  y  C.®  de  este  tratado,  los 
Estados  Unidos  garantizan  positiva  y  eficazmente  á  la  Nueva 


(1)    Bl  Porvenir,  de  Cartagena,  número  2.058. 


fanamI 


143 


Granada,  por  la  presente  estipulaolón,  la  perfecta  veiiivalidad 
del  ya  mencionado  iatniOf  con  la  mira  de  que  en  ningún  tiempo, 
existiendo  este  tratado^  sea  interrumpido  ni  embaraisado  el 
libre  tránsito  de  uno  á  otro  mar,  y,  por  consiguiente,  garanti- 
zan de  la  misma  manera  los  derechos  de  soberanía  y  propiedad 
que  lú  llueva  Granada  tiene  y  posee  solire  dicho  territorio. 

Y  después  se  consignaba  que  si  alguno  d  algunos  de  los  ciu- 
dadanos de  una  ú  otra  parte  infringieren  alguno  de  los  artícu- 
los contenidos  en  el  presente  tratado,  dichos  ciudadanos  serán 
por  ello  personalmente  responsables,  j  no  se  interrumpirá|  en 
líu  consecuencia,  la  armonía  y  buena  correspondencia  éntrelas 
do»  naciones,  voinprometiéjtdose  cada  una  á  no  proteyer  dé 
modo^  alguno  al  ofennor  ni  á  sanciofmr  semejante  violación. 

Como,  evidentemente,  loa  Estados  Unidos  íiabían  faltado  al 
solemne  compromiso  pactado,  el  Gobierno  de  Colombia  pudo 
tener  esperanza  de  que  el  Senado  y  el  pueblo  yanquis  obligasen 
al  de  Washington  á  proceder  más  correctamente^  y  á  tal  espe- 
ranza respondiíS  el  viaje  del  General  Reyes  á  Washington. 

Buscaba  Colombia  fórmulas  de  transacción,  medio  tl»^  concer- 
tar con  los  yanquis  bandera  de  paz.  Decidida  á  no  consentir  la 
des mem.br ación  del  territorio,  se  suponía  que  acaso  mostrase 
menos  intransigencia  en  la  cuestión  del  canal  y  tratara  de 
halagar  á  los  panameños  trasladando  á  Panamá  la  capitalidad 
de  la  República.  Pero  si  el  Gobierno  de  Washington  no  rectifi* 
caba  su  conducta,  de  temer  era  que  las  banderas  de  reclutas 
recorriesen  todo  el  país  colombiano  desdft  las  mesetas  y  hondo- 
nadas de  Pasto  hasta  las  montañas  del  Darién. 

Claro  es  que  en  la  situación  á  que  habían  llegado  las  cosas, 
todas  las  probabilidades,  en  caso  de  guerra,  estaban  contra 
Colombia,  Las  energías  de  que  bacía  alarde,  debió  haberlas 
empleado  en  impedir  la  rebellón.  No  se  trataba  de  un  hecho 
imprevisto.  Muchos  días  antes  del  3  de  Noviembre  eran  bien 
públicas  las  aspiraciones  de  los  separatistas  de  Panamá,  y  se 
aospeohaba  su  connivencia  con  los  yanquis.  £1  Gobierno  deCo* 


144  LOS   PUEBLOS    HISPANOAMERICANOS 

lombia  pecó  de  exceso  de  co afianza.  Para  evitar  el  alzamiento 
le  sobraban  recursos;  disponía  de  tropas  suficientes,  de  gente 
aguerrida  tras  largo  período  de  contienda  civil,  y  debió  ha- 
ber enviado  al  departamento  fuerzas  numerosas  antes  de  que 
los  yanquis  tuvieran  pretexto  para  oponerse  á  los  desem- 
barcos. 

Ahora,  sin  buenos  caminos  por  el  interior  é  interceptada 
la  vía  marítima  por  los  buques  de  aquéllos,  Colombia  se  ha» 
Ha  en  condiciones  muy  desfavorables  para  sostener  una  cam- 
paña. 

Por  otra  parte,  cuando  pueda  iniciarse  la  acción  "militar*, 
estará  resuelta  la  cuestión  del  canal,  porque  Varilla  y  sus  co- 
legas aceptan  todas  las  exigencias -de  los  yanquis.  Estos,  pues, 
podrán  alegar  mejor  derecho  á  defender,  como  cosa  suya,  el 
libre  tránsito  por  el  istmo,  ó  tal  vez,  no  necesitando  ya  de  la 
pantalla  del  Estado  independiente,  serán  capaces  de  retirarle 
la  protección  si  el  Gobierno  de  Bogotá  acepta  el  tratado  con- 
venido con  los  panameños. 

Si  esto  último  no  sucede,  y  Colombia  persiste  en  sus  propósi- 
tos de  reivindicación,  podrán  crearse  en  el  istmo  circunstancias 
muy  desventajosas  para  la  construcción  y  explotación  del  canal. 
Cierto  es  que  los  Estados  Unidos  tienen  recursos  de  sobra  para 
imponerse;  pero  empresas  de  esta  índole  sólo  prosperan  en  con- 
diciones de  absoluta  confianza  y  seguridad  para  el  tráfico,  y  sin 
ellas  no  sería  difícil  que  fracasara  el  negocio  en  que  tantas  es- 
peranzas fundan  los  panamistas  franceses  y  yanquis. 

Hay  colombianos,  y  de  gran  prestigio  y  autoridad  en  su  país, 
á  quienes  no  inspira  entusiasmo  el  famoso  canal,  y  que  habrían 
de  preferir  un  estado  permanente  de  guerra  ó  de  alarma  si  con 
él  impedían  que  los  yanquis  lograsen  su  propósito,  ocasionán- 
doles enormes  dispendios  y  acaso  un  desastre  financiero  aná- 
logo al  de  la  primera  Compañía  francesa.  Recordemos  que,  se- 
gún el  geógrafo  Sr.  Vergara,  «esa  obra  (el  canal  interoceánico), 
que  se  ha  querido  equiparar  malamente  en  importancia  al  de 


145 


8iie»  (1),  no  tiene  sjüo  un  interés  amerieano,  y  el  Nnevo  Mundo 
disfca  mucho  de  ser  lo  que  es  el  Viejo  Continente.  Con  el  andar 
ílel  tiempo  las  cosas  habrán  mejorado,  pero  por  lo  pronto  (18í)8) 
nos  explicamos  perfectamente  que  Europa  no  quiera  gastar 
«iiás  sumas  en  abrir  ese  fosn^  que  en  verdad  nr>  interesa  sino 
á  los  Estados  ütiidos.  Por  esta  rasión  desearíamos  que  la  Repú- 
blica del  Norte  optara  por  la  vía  de  Nioaragtia,  pues  sí  a  ésta 
ttOca  abrir  el  de  Panamá^  nuestra  autonomía  sufrirá  rudísimo 
golpe  sin  ventaja  ninguna  (2)». 

De  los  peligros  ó  diíicultades  que  pueden  sobrevenir  para  el 
canal  si  persiste  la  hostilidad  de  Colombia,  daba  clara  idea  el 
colombiano  D.  Pedro  Vélez  en  la  carta  que,  con  fecha  30  de 
Noviembre  (3),  dirigió  á  Mr.  Williaiii  Nelson  Cromwell,  agente 
de  la  CúmpaBía  francesa  de  Panamá  en  los  Estados  Unidos. 

«8i  el  desmembramiento  de  nuestro  territorio — decía  el  se- 
ñor Véle^  — ha  de  ser  deünitivo,  con  violación  de  todas  Jas  leyes 
divinas  y  humanas,  tendrán  ustedes  un  contrato  de  canal  ba- 
rato t  y  tendrán  un  satélite  más  en  la  coní^telación  de  colonias 
microscópicas  que  están  f^^rmando;  pero  para  la  misma  obra 
I  tía  faltaría  el  inapreciable  y  necesario  apoyo  del  honrado  brazo 
del  trabajador  colombiano,  un  ico  \\xke  resiste  la  influencia  mor- 
tífera de  aquel  clima  y  único  cuyos  miiscnlos  no  se  relajan  y 
atíojan  bajo  los  ardores  de  nuestro  solj  les  faltará  lo  que  sieui* 
prt  faé  el  granero  del  istmo,  y,  ó  tendrán  que  destruir  nuestros 
puertos  indefensos,  cubriéndose  de  vergüenza  y  de  ignominia, 
ó  vivir  siempre  con  el  arma  al  brazo  en  toda  la  línea  de  sus 


(1)  Sin  negar  el  valoi  Uiie  realmente  tiene  el  cuñal  intei-oc^áiilco  y  ijue, 
tnáa  ó  menos»,  ha  de  favorecer  al  c!^oiuercia  dt»  todos  los  pueblos.  preeiat:i  es 
ííonveuír  en  que  bc  ha  exay'erntlo  baataote  sh  impcjilitnoitt,  Ni  i^vrí^  nuacíi  ly 
f|ue  es  e!  rrntial  <le  Buex,  ni  aún  sera  tampooo  el  iiníco  caiuino  qu^sparn  ileij:ar 
«1  t^ociflco  tome  el  eomftrejo  americauo  «lésde  loa  puertos  »Jel  Atlántico^  Véttse 
el  oafnta]Q  anterior. 

(81  Nu9tfa  GéOf/rufiíi  de  Colomhia^  McrUa  pof  rcgiants  naturfítes,  por  K,  J.  Ver- 
gura  y  VelftÉico.— Tórtio  I.  Bogotá.  íím,  pAp.  MXK 

(3^    inserid  en  el  niimí»ro  antet»  citüdo  de  A-¿  f-orr^entr. 


un 


LOS  PDSBL08   mSPANOAMBRlCANOS 


trabajos^  porqne  el  clarín  de  guerra  suena  ya  de  un  extremo  á 
otro  del  país  y  los  batallones  brotan  de  la  tierra  como  nuestra 
vegetación  tropical,  y  no  hay  nadie  ni  nada  que  pueda  contener 
este  movimiento,  porijiie  Colonibia  está  resuelta  á  no  sobrevi- 
vir al  ultraje-  ¡A  destruirnos,  pues,  y  caiga  sobre  la  cabeza  de 
ustedes  la  gloria  y  la  recompensa  de  tan  espléndida  hazañaíi* 


11 


Preparatívrts  bellicos,— Gcstíonea  conciliadoras.— El  Centro  colombiauo  de 
Parii  y  la  iniaíóD  del  Oeneral  Reyea  en  WAahlng-ton,— Criterio  de  algunos 
Senadores  jnnq  11  ífi. — El  contrato  Hay-Varilla. — El  reconocimiento  de  ta 
República  de  Panamá  y  la  deuda  eoíomhiana. 


A  fines  de  año,  los  yanquis  se  apercibían  en  previsión  del 
oonfíicto^  y  sus  buques  de  í^uerra  iban  y  venían  por  las  a^uas 
próximas  al  istmo»  desembarcaban  tropas  y  proviaionea  de  boca 
y  guerra  y  ponían  gran  diligencia  en  vigilar  loa  movimientos 
de  las  fuerzas  colombianasi.  A  mediados  de  Diciembre  algunas 
de  éstas  se  hallaban  ya  acampadas  al  Oeste  del  río  Atrato  y  en 
disposición  de  ir  avanzando  hacia  Panamá. 

Perseveraba  Colombia  en  8U  propósito  de  agotar  todos  los 
recursos  que  pudieran  atílizarse  para  evitar  la  guerra.  En  París 
se  constituyó  un  Centro  para  la  defensa  de  los  derechos  é  inte* 
reses  de  Colombia  y  para  atraer  hacia  su  país  las  simpatías  de 
Europa,  Pretendía  hacer  valer  lo  convenido  por  el  tratado 
de  1846,  en  cuanto  á  la  obligación  contraída  por  los  Estados 
Unidos  de  mantener  la  soberanía  colombiana  en  e\  istmo,  y  &i 
esto  no  se  lograba,  someter  la  cuestión  al  Tribunal  de  La  Haya» 
Iguales  gestiones  llevaba  4  cabo  el  General  Beyes  en  Wa- 
shington. 

Seguramente  las  grandes  potencias  europeas  han  de  hacer 
por  Colombia  lo  mismo  que  hicieron  por  España  en  1898.  Toman 
por  pretexto,  para  no  contrariar  á  los  yanquis,  el  interés  que 
todoa  tienen  en  que  Be  construya  el  canal  interoceánico* 


PANAMÁ 


147 


Míis  apoyo  encontró  Reyes  en  los  mismos  Estados  Unidca. 
Siempre  los  Presidentes  de  esta  República  tuvierou  mayores 
fttribaciones  é  inioiativas  que  los  Monarcas  constitucionales,  y 
ahora f  en  los  tiempos  imperiales  de  Mackinley  y  Roosevelt, 
usan  y  abusan  de  ellas  en  forma  y  términos  no  conocidos  ni 
practicados  antes.  Le  plugo  al  actual  Presidente  qwe  se  hiciera 
el  canal  por  Panamá,  consideró  preciso  para  ello  privar  á  Co- 
lombia de  ese  territorio,  y  surgió  la  República  del  istmo. 

Al  país  y  á  las  Cámaras  no  se  dio  cxienta  de  nada;  todo  se  la 
encontraron  hecho.  Por  esto,  las  reclamaciones  de  Reyes  tuvie- 
ron algún  eco  en  la  opinión,  es  decir>  en  la  opinión  de  los  adver- 
sarios políticos  de  Roosevelt,  y  los  demócratas  del  Senado  afir- 
maron qtie  se  habían  infringido  el  tratado  de  1846,  las  leyes  de 
neutralidad  y  los  nsos  internacionales,  impedir  á  Colombia  qu© 
reprimiera  la  sedición  del  istmo  era  hacerle  indirectamente  la 
gaerra,  y  el  Presidente  carece  de  facultades  para  hacer  la  gue- 
rra á  un  país  que  está  en  paz  con  los  Estados  Unidos.  Entre  los 
Senadores  de!  partido  republicano  hubo  también  quien  alzó  la 
voz  contra  el  Gobierno  de  Roosevelt  y  declaró  que  los  Estados 
Jnidos  querían  el  canal,  <\pero  sin  mengua  para  el  honor  de  la 
Éación».  Lo  que  aquél  ha  hecho,  decían,  nos  deshonra;  es  sentar 
el  principio  de  que  las  Repúblicas  hispanoamericanas^  porque 
son  más  débiles  qne  los  Estados  Unidos,  sólo  poseen  lo  suyo 
hasta  donde  lo  permita  el  derecho  de  dominio  eminente  que 
«obre  ÁHiérica  se  atribuyen  los  yanquis. 

I  )r  esas  razones,  el  nuevo  tratado  convenido  por  Hay  y 
Va4  illa  para  la  construcción  del  canal  encontjaba  oposición  en 
el  Senado.  Se  pacta  con  los  representantes  de  una  provincia  re- 
belde, á  cuya  rebelión  ha  contribuido  la  otra  parte  contratante. 
Si  el  canal  conviene  á  los  Estados  Unidos  y  á  todo  trance  debe 
construirse,  que  se  proceda^-exclamaban  algunos — más  correc- 
tamente, sin  incurrir  en  hipocresía  y  doblest,  y  que  se  anexione 
el  istmo  á  la  Unión.  Entonces,  el  Presidente  y  la  nación  podrán 
haoer  en  lo  suyo  lo  que  mejor  les  cuadre. 


14o  LOS   PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 

El  tratado  Hay- Varilla  es,  en  realidad,  un  contrato  de  com- 
praventa mediante  el  cual  los  Estados  Unidos  adquieren,  á  tí- 
tulo de  alquiler  á  perpetuidad,  la  plena  propiedad  y  soberanía 
de  parte  del  territorio  panameño.  Terminantemente  se  consigna 
que  dentro  de  la  zona  del  territorio  necesaria  para  el  canal,  los 
Estados  Unidos  tendrán  todos  los  derechos,  poder  y  autoridad, 
de  cuyo  ejercicio  habrá  de  abstenerse  Panamá.  Por  si  hubiere 
lugar  á  duda,  se  añade  que  los  Estados  Unidos  podrán,  siempre 
que  las  circunstancias  lo  exijan,  mandar  fuerzas  al  istmo  y 
establecer  fortificaciones,  y  además  que,  sin  consentimiento  de 
los  Estados  Unidos,  las  estipulaciones  convenidas  no  podrán 
sufrir  alteración  ninguna  por  cambio  de  Gobierno,  reforma  en 
la  legislación  ó  nuevos  tratados  que  concierte  la  República  de 
Panamá.  De  modo  que  aunque  ésta  entrase  á  formar  parte  de 
otro  Estado  ó  Confederación,  los  derechos  de  los  Estados  Uni- 
dos quedarán  intactos. 

En  virtud  del  contrato,  la  República  de  Panamá  vende  á  los 
Estados  Unidos: 

1.°  El  uso  perpetuo  y  absoluto  dominio  de  una  zona  de  10  mi- 
llas de  ancho  (5  á  cada  lado  del  canal)  á  través  del  istmo, es  de- 
cir, lo  mejor  y  más  poblado  de  éste. 

2.°  El  uso,  ocupación  y  dominio  de  otros  terrenos  y  aguas 
fuera  de  dicha  zona  que  puedan  ser  necesarios  y  convenientes 
para  el  sostenimiento,  operaciones,  salubridad  y  protección  del 
canal  ó  de  algunos  otros  canales  auxiliares  ú  obras  necesarias 
á  las  exigencias  de  esta  empresa. 

3.°  El  uso,  ocupación  y  dominio  de  todas  las  islas  situadas 
dentro  de  los  límites  de  la  zona  citada. 

4.*"  El  derecho  de  usar  de  ríos,  corrientes,  lagos  y  presas 
dentro  de  los  límites  de  la  nueva  República,  para  la  navega- 
ción, para  tomas  de  agua  ó  para  otros  tines  necesarios  y  con- 
venientes á  las  construcciones,  fomento,  operaciones  y  protección 
del  canal. 
5S     El  monopolio  para  la  construcción  y  operaciones  de  todo- 


sistema  de  comuDicaciÓD  por  el  canal  ó  por  ferrocarril  á  través 
del  teri'itorio  entre  el  mar  Caribe  j  el  Océano  Pacífico. 

Todas  estas  concesiones  son,  como  el  alquiler,  á  i)erpetuidad. 
f?«**  Dentro  de  los  limites  de  las  ciudades  de  Panamá  y  Colón 
y  de  SVLÜ  bahías  adyacentes,  el  derecho  de  adquirir  por  compra, 
6  por  ejercicio  del  derecho  de  dominio,  terrenos,  edifícios,  ma- 
nantiales y  otras  propiedades  necesarias  y  convenientes  á.  la 
*?.onstrucción,  fomento  y  protección  del  canal. 

7  "  El  derecho  y  autoridad  de  mantener  el  orden  público, 
caso  de  que  Panamá  no  pudiera  hacerlo,  en  Panamá  y  Colón. 

H,^  Todos  los  derechos  para  negociar  el  traspaso  de  las 
concesiones  de  la  Compañía  del  canal  de  Panamá  y  de  la  Com- 
pañía del  ferrocarril  de  Panamá,  como  lesultado  de  la  trasla* 
ción  de  soberanía  de  Colombia  á  Panamá  sobre  el  istmo. 

^.^  El  uso  de  todos  los  puertos  de  la  República  abiertos  al 
comercio,  como  sitios  de  refugio  para  algunos  de  los  buque» 
empleados  en  las  obras  del  canal j  y  en  general  para  toda  em- 
barcación que  se  encuentre  en  peligro^  sin  cobrar  derechos  de 
tonelaje. 

La  Repiiblica  de  los  Estados  Unidos  da  ó  paga  á  la  de  Pa- 
namá; 

h°  La  garantía  para  el  mantenimiento  de  ia  independencia 
de  ia  República  de  Panamá,  es  decir,  las  tuerzas  marítimas  y 
terrestres  necesarias  para  impedir  que  Colombia  recupere  el 
Departamento. 

2  "  Diez  millones  de  pesos  oro  al  sancionarse  el  convenio  y, 
anualmente,  nueve  años  después  de  la  fecha  de  aquél,  250.000 
pesos. 

En  el  tratado  ó  contrato  á  «^ue  me  refiero  se  consigna  tam- 
bién que  el  canal  será  neutral,  libre  su  tránsito  al  comercio  de 
todas  las  naciones  y  Libres  los  puertos  de  Panamá  y  Colón.  Se- 
gún otra  cláusula,  ia  República  de  Panamá  otorga  autorización 
á  la  Compañía  del  canal  para  ceder  ó  vender  4  los  Estados  Uni- 
dos todos  sus  derechos. 


150  LOS   PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 

Los  Estados  Unidos  y  Francia,  es  decir,  las  potencias  á  quie- 
nes, ó  á  cuyos  ciudadanos,  interesa  más,  como  negocio  en  que 
han  invertido  capitales,  la  construcción  del  canal,  fueron  las 
primeras  en  reconocer  á  la  República  de  Panamá.  Las  demás 
quedaron  á  la  expectativa;  algunas,  especialmente  Inglaterra 
y  Holanda,  donde  hay  tenedores  de  la  Deuda  exterior  de  Co- 
lombia, esperaron  á  que  el  nuevo  Estado  asumiese  la  obligación 
de  satisfacer  parte  proporcional  de  aquélla. 

Con  los  50.000.000  de  francos  que  dan  los  Estados  Unidos  y 
lo  que  puedan  valer  los  terrenos  adyacentes  á  la  zona  del  canal 
vendidos  á  los  yanquis,  Panamá  estará  en  mejores  condiciones 
que  Colombia  para  satisfacer  réditos  y  amortizar  deuda.  Gra- 
cias al  dinero  de  los  yanquis,  Panamá  podrá  alcanzar  mayor 
crédito  y  solvencia  que  Colombia,  circunstancia  muy  digna  de 
tenerse  en  cuenta,  dado  el  criterio  ó  sentido  ec«.nómico  que  hoy 
predomina  en  las  relaciones  internacionales.  Según  ese  criterio, 
que  hace  mangas  y  capirotes  de  la  moral  y  del  derecho,  la  Re- 
pública de  Panamá  merece  ser  reconocida  si  paga  ó  garantiza 
á  los  acreedores  un  tanto  por  ciento  de  la  deuda  colombiana. 

Dispuestos  se  hallaban  los  panameños  á  comprar  el  derecho 
á  ese  reconocimiento;  al  terminar  el  año  había  ya  pedidos  y 
ofertas  y  los  regateos  consiguientes,  y  la  nueva  República  es- 
taba reconocida  por  Inglaterra,  Holanda,  Italia,  Alemania, 
Austria-Hungría,  Rusia,  Suecia  y  Noruega,  Dinamarca,  Cuba, 
Nicaragua,  Costa  Rica,  Perú,  China,  y  Japón. 


J 


COLOMBIA 


Guerra  civil.— Deplorable  situación  del  país:  el  comercio  y  los  cambios.— 
Esfuerzos  del  Gobierno  para  restablecer  la  paz.— Intervención  de  los  yan- 
quis.—Fin  de  las  hostilidades.— La  Presidencia  de  la  República. 

Desde  hace  algunos  años,  continuas  agitaciones,  promovi- 
das por  los  partidos  políticos,  han  mantenido  á  Colombia  en 
un  estado  de  intranquilidad  incompatible  con  la  buena  admi- 
nistración. 

En  los  primeros  meses  de  1901  estaban  en  armas  varios  de- 
partamentos de  la  República,  y  aunque  el  Gobierno  colombiano 
daba  casi  por  vencida  la  rebelión  y  á  fines  de  Enero  declaraba 
que  sólo  había  ya  partidas  insignificantes  en  Cundinamarca  y 
Boyaoá  y  que  pronto  iba  á  proclamarse  la  paz  general,  lo  cierto 
era  que  la  guerra  civil  duraba  todavía  en  Panamá  y  otras  pro- 
vincias. Uribe,  el  jefe  del  partido  liberal,  no  cedía,  y  para  pro- 
seguir la  lucha  buscaba  recursos  en  Venezuela  y  los  Estados 
Unidos. 

Cuando  el  año  terminó,  ardía  aún  la  guerra  civil,  con  grave 
daño  para  los  intereses  de  esa  República,  cuyo  fértil  suelo  y  rico 
subsuelo  ofrecen  tesoros  de  inmenso  valor  mediante  explotación 
inteligente  y  activa  y  apertura  de  vías  que  faciliten  los  trans- 
portes. Su  territorio  equivale,  por  lo  menos,  á  los  de  España, 
Portugal  y  Francia  juntos,  y  en  esa  vasta  extensión  superficial 
no  llegan  á600  los  kilómetros  de  ferrocarril  construidos. 

La  guerra,  que  había  empezado,  ó  mejor  dicho,  que  se  re- 
novó  en  1899,  jparalizó  la  producción,   el  cumercio  v  los  ne?;o- 


152  L08    PUEBLOS    HISPANOAMERICANOS 

cios.  No  había  seguridad  en  los  campos  ni  en  los  caminos;  eran 
punto  menos  que  imposibles  las  comunicaciones;  los  indios  se 
morían  de  hambre,  y  la  miseria  reinaba  en  todas  partes. 

En  comprobación  de  los  enormes  perjuicios  que  esa  empe- 
ñada contienda  causaba  al  país ,  véanse  las  siguientes  cifras 
relativas  al  valor,  en  libras  esterlinas,  de  la  exportación  de  los 
principales  productos  colombianos  en  1899  y  1900: 

1809  IODO 


Café 508.820  270.876 

Copaiba 707.190  6 

Oro 860.962  99.266 

Plata 106.133  49.149 


El  comercio  total  (importación  y  exportación)  con  la  Gran 
Bretaña' había  valido,  de  1897  á  1899,  1.471.590  libras  al  año, 
por  término  medio.  En  1900  se  redujo  á  627.799,  es  decir,  á 
menos  de  la  mitad.  Al  año  siguiente,  dominada  la  rebelión  en 
algunos  departamentos,  pudo  ya,  sin  duda,  normalizarse  el 
tráfico,  y  alcanzó  aquel  comercio  un  valor  de  1.419.806  libras 
esterlinas  (1). 

No  hay  que  decir  hasta  qué  punto  bajó  el  valor  de  la  moneda 
nacional.  Unos  cuantos  años  antes,  un  peso  en  papel  valía  3*50 
francos;  ahora  oscilaba  entre  15  y  50  céntimos.  En  la  costa  va- 
lía menos  que  en  el  interior.  Los  periódicos  diarios  de  Carta- 
gena consignaban  como  precio  del  número  suelto  un  peno. 

En  los  primeros  meses  de  1902  se  extremaban  tanto  las  pre- 
cauciones contra  el  movimiento  revolucionario,  que  algunos 
Jefes  ó  Gobernadores  de  departamento,  como  el  de  i^olívaí . 
anunciaban  que,  en  uso  de  facultades  extraordinarias,  habían 
dispuesto  que  la  correspondencia  se  depositara  abierta  en  las 


(1)     Véase  The  Statesman^s  ytar-book  de  1903. 


estafetas  de  correos,  para  que  el  Gobierno  pudiera  cerciorarse 
de  que  en  ella  no  se  trataba  de  asuntos  relaciünadoa  con  la 
gaerra. 

No  hay  que  consignar  los  comentarios  que  con  este  motivo 
hicieron  al^j^inos  periódicos  de  Europa;  estas  cosas,  decían,  sólo 
suceden  en  «sa  desagraciada  América  del  Sur,  donde  no  hay  se- 
guridad personíil  ni  garantía  de  ningún  derecho.  Loa  que  así 
comentaban  si  caso,  son  de  los  que  ven  la  paja  en  el  ojo  ajeno^ 
y  no  la  viga  en  el  suyo,  pues  igual  procedimiento  ó  peor  aplicaba 
entonces;  el  gx-an  Imperio  Británico  á  la  correspondencia  que  iba 
al  África  del  Sur  6  de  allí  venía.  Por  aquellos  dias  recibí  una 
carta  de  Jobannesburg;  en  el  sobre  se  veía  sello  en  tinta  con  la 
inscripción  Press  Censo)',  y  sobre  banda  roja  Opened  mider  the 
Martial  íaw.  On  His  Majesty^s  Sernite,  Esto  es,  que  Inglaterra 
no  se  tomaba  la  molestia  de  advertir  que  no  se  cerrasen  las 
íiartas^  Ins  abría,  violaba  la  correspondencia,  para  que  el  censor 
^e  euterase,  y  declaraba  paladinamente  que  babía  sido  abierta 
bajo  la  ley  marcial  en  servicio  de  Su  Majestad.  Puea  el  mismo 
iterecho  que  en  estado  de  guerra  tienen  las  autoridades  inglesas 
para  leer,  en  servicio  de  S.  M.  el  Rey,  las  cartas  particulares,  lo 
tienen^  para  bacerlo  mismo,  las  autoridades  de  cualquier  lie- 
páblioa  en  servicio  de  B.  K.  el  Presidenta. 

Los  partidarios  de  Uribe,  vencidos  en  el  interior,  mantenían 
la  guerra  eu  Panamá,  £1  Gobierno  ponía  enjuego  toda  clase  de 
medios  para  restablecer  la  paz;  enviaba  numerosas  fuerzas  al 
istmo  y  disponía  que  se  abrieran  negociaciones  en  Nueva  York 
entre  los  bandos  enemigos,  representados  los  liberales  por  el 
iJeneral  Vargas  Santos  y  el  Gobierno  por  el  General  Reyes  y  el 
Di\  Concha.  En  Bogotá  no  estaban  de  acuerdo  los  Ministros, 
pues  unos  exigían  la  sumisión  incondicional  de  los  revolu- 
cionarios y  otros  se  hallaban  dispuestos  á  transigir.  Px^edomi- 
I) aban  los  temperamentos  de  concordia,  acaso  gracias  á  tos 
buenos  oficios  del  Gobierno  de  Washington,  á  quien  convem'a 
U  normalidad  i>ara  tratar  sobre  el  asunto  del  canal,  y  an  priu 


154  LOS    FUBBL08   HISPANOAMBKICANOS 

cipio  se  pactó  la  pacificación  sobre  la  base  de  amplia  amnistía 
para  los  delitos  políticos. 

Los  convenios  acordados  entre  conservadores  y  liberales 
surtieron  efecto  en  todo  el  país  menos  en  el  departamento  de 
Panamá,  donde  aún  peleaban  con  encarnizamiento  las  huestes 
de  uno  y  otro  bando. 

Los  revolucionarios  del  interior  habían  depuesto  las  armas, 
acatando  la  autoridad  del  Gobierno,  que  les  ofreció  toda  clase 
de  garantías.  Sólo  se  mantenían  en  actitud  belicosa  las  guerri- 
llas del  citado  departamento,  contra  las  cuales  envió  el  Go- 
bierno nacional  un  ejército  de  6.000  hombres  al  mando  del 
General  D.  Pompilio  Gutiérrez.  Confiábase  en  que  dichas 
guerrillas  se  someterían  pronto,  obedeciendo  á  la  voz  de  los 
principales  jefes  de  la  revolución,  quienes,  convencidos  de  la 
impotencia  de  sus  medios,  trabajaban  por  poner  término  á  esa 
guerra  fratricida,  que  tantos  males  ha  causado  á  Colombia. 

Entre  tanto,  los  yanquis,  so  pretexto  de  garantir  la  seguri- 
dad del  servicio  en  el  ferrocarril  de  Panamá,  desembarcaban  y 
tomaban  posiciones  en  el  istmo.  Los  fusiles  colombianos  hicie- 
ron fuego  contra  los  marinos  yanquis;  pero  el  incidente  no  tuvo 
consecuencias.  El  Gobierno  de  Washington  se  presentó  bas- 
tante conciliador;  no  qnería  conflictos  en  tanto  que  no  quedase 
definitivamente  resuelta  la  cuestión  del  canal. 

Afortunadamente,  se  iba  imponiendo  cada  vez  más  la  nece- 
sidad de  la  paz.  El  General  Uribe,  después  de  reñida  batalla  en 
Octubre  de  1902,  depuso  las  armas  para  <¡ae  nunca  se  le  pudiera 
culpar  de  la  usurpación  de  la  soberanía  del  istmo  por  los  yan- 
quis. El  General  Herrera,  otro  de  los  caudillos  revolucionarios, 
no  podía  ya  triunfar,  y  se  consideraba  como  crimen  de  lesa 
nación  proloní^ar  la  guerra,  cuyo  resultado  inmediato  podría 
ser  prolongar  también,  indefinidamente,  la  permanencia  de  las 
tropas  extranjeras  en  el  istmo. 

Cesaron,  por  fin,  las  hostilidades  en  el  territorio  de  Panamá; 
se  concedió  amplia  amnistía  á  los  liberales,  y  se  acordó  reunir 


COLOMBIA 


155 


una  Asamblea  con  delegados  ó  representantes  de  ambos  parti- 
dos, en  igual  número,  para  acordar  la  forma  definitiva  de  Go- 
bierno. 

Los  Estados  Unidos  del  Norte,  no  por  humanidad  ni  por 
ionericanúfno^  sino  por  el  propio  interés,  á  ultima  hora  ha- 
bían puesto  de  su  parte  cuanto  pudieron  para  llegar  á  esta  ave- 
nencia.  Surgían  de  día  en  día  uiayores  dificultades  para  convenir 
en  ciertas  cláusulas  del  tratado  relativo  al  canal  de  Panamá,  y 
el  Gobierno  yanqui j  que  no  llevaba  todavía  sus  audacias  hasta 
romper  abiertamente  non  los  pueblos  americanos,  comprendió 
que  necesitaba  una  situación  normal  y  tranquila  en  Colombia 
para  obtener  la  cesión  en  condiciones  que  pudieran  merecer 
respeto  y  ofreciesen  garantía  para  lo  porvenir. 

Terminada,  pues,  la  guerra  civil,  tendían  las  co.sac^  á  uorma* 
Uzarse,  Conservadores  y  liberales  mostraban  buen  deseo  de  es- 
tablecer la  concordia  sobre  bases  sólidas^  y  ^nos  y  otros  en  la 
prensa  exponían  opiniones  y  publicaban  programas  de  Gobier- 
no. Claro  es  que  en  estos  programas  figuraban  los  lugares  comu- 
nes de  fiieroprer  fomento  de  la  agricultura,  mayor  actividad  en 
las  transacciones  mercantiles,  at)ertura  de  vías  de  comunicación, 
etcétera.  Todo  es  posible  si  los  partidos  se  avienen  y  cesan  las 
intransigencias.  Por  desgracia,  el  gravísimo  conflicto  ahora 
promovido  por  panameños  y  yanquis*  (1)  crea  una  situación  bien 
poco  favorable  para  el  cumplimiento  de  aqnellos  propósitos. 

Durante  el  período  á  que  nos  referimos,  la  dirección  de  los 
asuntos  públicos  ha  estado  encomendada  al  Si\  Marroquí n» 
primero  como  Vicepresidente,  y  actuando  después  d«í*  Presi- 
dente, á  partir  del  81  de  Julio  de  1900. 

Entie  las  personas  eminentes  que  los  distintos  partidos  co- 
lombianos consideran  con  méritos  para  ocupvar  constitucional- 
mente  la  Presidencia,  figuran  el  expresidente  D.  Miguel  Án- 


{\)    Véase  el  capítulo  anterior,  Pumma, 


156  LOS   PUEBLOS   HI8PANOAMBRICAN0S 

tonio  Caro,  los  Generales  Reyes,  Perdomo,  Fernández  y  Gon- 
zález Valencia;  el  Senador  D.  Joaquín  T.  Vélez;  D.  Lorenzo 
Marroquín,  hijo  del  actual  Presidente,  y  D.  José  Concha, 
Ministro  de  la  República  en  Washington. 


VENEZUELA 


I 

El  Presidente  D.  Cipriano  Castro.— Cuestionet  ó  conflictos  económicos  coa 
los  yanquis.— Participación  de  colombianos  y  venezolanos  en  sus  respec 
tivas  revoluciones  y  guerras  civiles.  -Conservadores  y  liberales  en  Amé- 
rica.—Intervención  indirecta  de  los  yanquis  en  esas  guerras.—  Llama- 
miento á  Europa.— Aspiraciones  á  reconstituirla  antigua  gran  República 
de  Colombia.  -  Recrudecimiento  de  la  guerra  civil  en  Venezuela,  y  últi- 
mos esfuerzos  de  Matos,  jefe  de  los  revolucionarios.— Victoriosa  campaña 
de  Castro.— Reclamaciones  de  subditos  extranjeros. 

La  historia  de  Venezuela  en  estos  primeros  años  del  siglo 
es  también  la  historia  de  una  revolución.  Su  Presidente,  el  Ge- 
neral D.  Cipriano  Castro,  ha  hecho  esfuerzos  poderosos  para 
imponerse  á  sus  enemigos.  Convocó  Asamblea  Nacional  Cons- 
tituyente, la  cual  le  designó  para  ejercer  interinamente  la  Pre- 
sidencia, hasta  que,  reconstituida  la  República,  fuera  elegido 
el  ciudadano  que  hubiese  de  desempeñar  tan  elevada  función. 
En  26  de  Febrero  de  1901,  Castro  dirigió  un  Mensaje  á  la  Asam- 
blea aceptando  el  cargo  y  jurando,  ante  el  altar  de  la  patria, 
que  sabría  cumplir  con  su  deber. 

El  Gobierno  venezolano  había  procurado  satisfacer  los  com- 
promisos financieros,  pagando  los  intereses  de  la  Deuda  exte- 
rior, con  lo  que  cesó  por  el  pronto  la  presión  de  las  potencias 
europeaS;  especialmente  de  Alemania.  En  cambio,  le  promovían 
conflictos  esos  yanquis,  que  gozaban  antes  de  gran  predica- 
mento en  Venezuela  porque  su  Presidente  Cleveland  amparó 
la  República  contra  las  exigencias  de  Inglaterra  sobre  sobera- 
nía en  territorios  de  la  Guayana. 


158  LOS  PUBBLOS   HISPANOAMBRICANOS 

Con  motivo  de  cuestiones  surgidas  entre  Compañías  norte- 
americanas que  explotan  asfalto  en  Venezuela,  entendió  el  Go- 
bierno que  procedía  retirarles  la  concesión.  El  Ministro  de  los 
Estados  Unidos  en  Caracas,  Mr.  Loomis,  no  omitió  esfuerzo  ni 
intriga  para  favorecer  á  las  Compañías;  pidió  á  su  país  buques 
de  guerra  é  hizo  comprender  que  en  caso  necesario  no  vacilaría 
en  dar  orden  de  que  desembarcasen  tropas.  Castro,  cuya  con- 
ducta aprobó  la  Asamblea  Nacional  por  el  hecho  de  confirmarle 
en  la  Presidencia,  no  cedió  un  ápice,  y  firme  y  resuelto,  hasta 
negó  toda  satisfacción  á  los  Estados  Unidos  por  la  prisión  de 
uno  de  sus  agentes  consulares.  Sostuvo  que  el  conflicto  de  las 
Compañías  era  asunto  que  competía  á  los  Tribunales  venezola- 
nos, y  no  toleraba  que  potencia  extraña  interviniera  en  él.  A 
este  criterio  subordinó  toda  concesión  á  extranjeros,  y  así  se 
consignó  terminantemente  en  contrato  celebrado  entre  el  Mi- 
nistro de  Fomento  y  un  tal  DairOrse  para  la  explotación  del 
caucho. 

Ciertamente,  no  pretendía  Venezuela  imponerse  por  la  fuerza 
á  los  Estados  Unidos.  Toda  su  marina  de  guerra  se  reduce  á  un 
viejo  yate,  comprado  por  125.000  dóllars,  provisto  de  7  ca- 
ñones y  rebautizado  con  el  nombre  de  «Restaurador».  Pero  de- 
fendía los  derechos  inherentes  á  la  soberanía,  los  fueros  de  sus 
Tribunales  de  justicia,  y  razones  poderosas  debió  tener  para 
proceder *así,  cuando  la  misma  prensa  de  los  Estados  Unidos, 
el  New  York  Tintes^  puso  en  duda  las  noticias  transmitidas  por 
Mr.  Loomis,  y  en  el  Senado  de  Washington  hubo  quien  pidió 
que  se  abriese  una  información  acerca  de  la  conducta  del  Mi- 
nistro yanqui,  á  quien  se  suponía  interesado  en  los  negocios  de 
la  New-York-Bermúdez  Company,  explotadora  de  los  asfaltos 
venezolanos. 

Loomis  salió  de  Caracas  llamado  por  su  Gobierno.  En  esta 
campaña  diplomática  el  triunfo  fué,  pues,  de  Venezuela. 

En  Julio  de  1901  se  agravó  la  situación  política  de  la  Repú- 


VBSmzVBLA 


blioa  inediante  la  intervención  de  colombianos  en  la  gnorra 
civil. 

A  mediados  de  mes  eran  ó  parecían  cordiales  las  relaciones 
"entre  ambas  Kepiiblicas  Las  Comisiones  cieu tíficas*  encargadas 
de  fijar  sobre  el  terreno  la  línea  señalada  en  el  laudo  de  España 
de  1891,  trabajaban  junta  y  separadamente  con  el  ahinco  de 
poner  cabo  á  tarea  de  tal  entidad  para  los  dos  países.  La  Repú* 
blioa  venezolana,  por  medio  de  extensa  circular^  había  expre- 
sado á  sus  hermanas  de  América  el  vivo  deseo  que  tenía  de 
contribuir  con  la  major  eficacia  posible  á  la  obra  de  armonía 
y  fraternidad  que  estaba  llamada  a  realizar  la  próxima  Conle- 
rencía  internacional  americana  de  México. 

Pocos  días  después  la  Gaceta  Oficial  de  Venezuela  publicaba 
la  siguiente  proclama: 

«Cipriano  Castro,  presidente  provisional  de  la  República, 
general  en  jefe  de  sus  ejércitos,  etc.,  etc.,  á  los  venezolanos,— 
¡OompatriotasI  El  sagrado  territorio  de  la  patria  ha  sido  inva- 
dido por  un  ejército  de  colombianos  comandado  por  el  traidor 
Garlos  Rangel  G^arbi tas,  penetrando  por  las  vias  de  Urena  y 
San  Antonio.  ~  Al  anunciaros  este  atentado,  que  afecta  al  honor 
y  la  paz  de  la  República,  cumplo  con  mía  deberes  de  primer 
responsable  de  la  suerte  de  Venezuela,  diciéndoosqneya  áesta 
hora  han  sido  dictadas  todas  las  disposiciones  que  tan  grave 
atentado  reclaman.  De  modo  que,  para  facilitar  el  ejercicio  de 
mi  autoridad  discrecional,  como  comandante  en  jefe  del  ejér- 
cito venezolano,  y  conciliar  á  la  ve:6  con  aquélla  mis  deberes 
de  presidente  de  la  República,  el  Ejecutivo  Federal  ha  becho 
uso  de  la  atribución  21.*  del  artículo  89  de  la  Constitución  Na- 
cional suspendiendo  aquellas  garantías  individuales  cuyo  ejer- 
cicio puede  ser  incompatible  con  la  defensa  del  orden  público.— 
Y  al  propio  tiempo  he  ordenado  que  diez  mil  veteranos  del  ejér* 
cito  de  Occidente  marchen  inmediatamente  sobre  San  Cristóbal 
i  apoyar  la  autoridad  del  gobierno  del  estado  Táohira,  y  hacer 
respetar  la  soberanía  y  la  integridad  del  territorio  nacional.— 


160  LOS    PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 


Estamos,  pues,  de  pie,  el  gobierno  y  el  ejército;  y  al  participá- 
roslo, juro  por  ambos,  en  nombre  de  la  República,  que  todos 
nuestros  deberes  serán  cumplidos. — Así,  pues,  compatriotas, 
pido  y  reclamo  en  nombre  de  Venezuela,  en  estos  momentos* 
solemnes,  el  concurso  decidido  de  todos  sus  hijos  que  no  sean — 
como  Rangel  Garbiras— traidores  á  la  patria,  y  que  tengan 
exacta  noción  del  honor  y  del  deber. — Palacio  de  Miraflores  en 
Caracas,  á  26  de  Julio  de  1901». 

El  teatro  de  la  guerra  iba  á  ser  la  montañosa  zona  de  los 
Andes  venezolanos  que  se  avecina  á  Colombia,  el  Estado  del 
Táchira,  separado  de  esta  República  por  el  río  de  igual  nombre 
(Táchira),  que,  según  el  laudo  arbitral  dictado  por  España 
en  1891,  forma  frontera  entre  Venezuela  y  Colombia.  No  era 
difícil  allí  cerrar  el  paso  á  los  invasores. 

Según  los  partes,  oficiales,  también  publicados  en  la  citada 
Gaceta,  Rangel  traía  6.000  liombres.  Superiores  en  nútnero  eran 
las  fuerzas  de  que  podían,  disponer  los  venezolanos,  y  muy  dili- 
gentes fueron  sus  G-enerales;  el  28  estaban  ya  en  las  alturas  de 
San  Cristóbal,  y  á  las  doce  del  día,  en  las  cercanías  de  esta  ciu- 
dad, atacaban  á  los  invasores.  Se  peleó  todo  el  día  y  casi  toda 
la  noche;  se  renovaron  las  cargas  al  amanecer  del  29,  y  se  siguió 
combatiendo  hasta  las  dos  de  la  tarde.  Rangel  quedó  derrotado, 
y  los  restos  de  sus  tropas  retrocedieron  hacia  Colombia.  Los 
venezolanos  habían  tenido  muy  sensibles  bajas:  un  General  y 
tres  Coroneles  muertos,  dos  Generales  y  otros  tres  Coroneles 
heridos.  Conviene  recordar  que  en  el  ejército  de  Venezuela  son 
muy  numerosos  los  Generales  y  los  Coroneles. 

Con  este  motivo  ,  en  Europa  y  en  la  América  del  Norte, 
las  Agencias  telegráficas  y  los  corresponsales  de  la  prensa 
diaria  nos  pintaron  con  los  más  negros  colores  la  situación 
interior  de  Venezuela  y  de  Colombia.  Decían  que  Venezuela 
procuraba  fomentar  las  rebeliones  dentro  del  territorio  colom- 
biano, y  el  Gobierno  de  Colombia  atizaba  la  discordia  en  el  país 
vecino;  (jiie  los  revolucionarios  dominaban  entre  Colón  y  Pa- 


tiaini,  y  operaban  taTiibién  en  el  Cauca  y  íi o  lejos  de  Bogotá; 
que,  segán  el  Cónsul  de  loá  Estados  Unidos  en  Panamá,  pare- 
cía, inminente  un  levantamiento  general;  qae  una  segunda 
invasión  colombiana  en  Venezuela  había  sido  completamente 
derrotada;  que  30  000  soldados  venezolanos  guardaban  la  fron- 
tera;  que  el  conÜicto  se  agravaba,  ya  porque  Castro  iba  á  enviar 
una  expedición  naval  á  Barranquilla  ('puerto  fluvial  en  el  Mag- 
dalena en  comunicación  con  el  mar)  con  fuerzas  de  desembarco 
para  invadir  el  territorio  colombiano  y  apoyar  á  los  revolucio- 
narios, ya  también  porque  se  proponian  intervenir  en  la  guerra 
las  Repúblicas  de  El  Ecuador  y  Nicaragua. 

Segán  nn  memorándum  que  Castro  dirigió  á  las  potencias, 
los  invasores  no  eran  gente  venezolana,  armada  con  fusiles  de 
Colombia  y  equipada  en  secreto  por  sus  autoridades ^  sino  tro- 
pas de  linea  f>et  tenecientes  á  dioba  Bejíáblica  y  salidas  en  pleno 
día  de  su  natura]  acantonamiento  para  efectuar  la  agresión.  No 
se  trataba  de  grupos  sigilosamente  reunidos  que  ati'avriesan  las 
fronteras  favorecidos  por  la  imposibilidad  de  la  total  vigilan- 
cia de  ellas,  a^ino  de  fuerzas  militariuente  organizadas  que  cru- 
zan á  plena  luz  el  territorio  vecino  para  traer  á  él  el  desorden  y 
la  guerra  bajo  la  bandera  ó  el  nombre  de  un  asilado  revolucio- 
nario. 

Venezuela  creyó  procedente  in^^uirir  liasta  dónde  pudiera 
caber  la  responsabilidad  del  acto  consumado  á  las  autoridades 
superiores  de  Colombia,*  y  al  efecto  dirigió  una  íiota  a  la  Lega- 
ción de  esta  Reíalblica  en  Caracas.  Contestó  el  Ministro  colom- 
biano con  manifestaciones  de  sorpresa  por  la  noticia  de  la 
invasión,  y  con  el  parecer  de  que  el  becbo  no  liabia  podido 
efectuarse  «sino  contrariando  las  órdenes  terminantes  comtmi- 
cadas  á  todos  los  empleados  civiles  y  militares  de  las  fronteras 
dd  Colombia,  en  el  sentido  de  bacer  observar  estricta  neutrali- 
dad en  los  asuntos  domésticos  de  los  Estados  vecinos».  Ofrecía 
además  remitir  á  Bogotá  la  nota  de  Venezuela. 

La  respuesta  no  satisñzo  al  Gobierno  de  Castro^  el  cual  re- 

II 


162  LOS   PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 

solvió,  mientras  llegaba  la  del  Gobierno  colombiano,  mantener 
en  suspenso  sus  relaciones  con  la  Legación.  En  tales  circuns- 
tancias, era  difícil  y  poco  grata  la  situación  del  Ministro  de 
Colombia  en  Caracas,  por  lo  que  decidió  embarcarse  para  su 
país,  como  lo  hizo  el  12  de  Agosto  sin  el  menor  inconveniente 
de  parte  del  Gobierno  venezolano. 

A  los  pocos  días,  el  15  de  Agosto,  el  Ministro  de  Relaciones 
exteriores  de  Venezuela  firmaba  el  memorandíivi  á  que  nos  re- 
ferimos, en  cuyo  último  párrafo  se  «protesta  solemnemente 
ante  los  pueblos  civilizados  del  mundo  contra  la  agresión  de 
una  parte  del  territorio  nacional  por  fuerzas  militares  pertene- 
cientes al  ejército  regular  de  Colombia  y  contra  los  actos  por 
ella  cometidos». 

En  realidad,  no  pudo  considerarse  esta  contienda  como  una 
guerra  internacional.  Fué  una  fase  más  de  la  lucha  entre  libe- 
rales y  conservadores  en  América  y  en  todo  el  mundo.  En  el 
gobierno  de  Colombia  predomina  el  partido  conservador;  en 
Venezuela  el  bando  liberal.  Los  conservadores  de  Venezuela 
buscaban  apoyo  en  los  de  Colombia  para  robustecer  sus  fuerzas, 
muy  debilitadas  por  consecuencia  del  triunfo  de  Castro,  y  en 
cambio  éste  alentaba  v  favorecía  á  los  jefes  del  movimiento 
revolucionario  en  Colombia,  que  venían  manteniendo  la  intran- 
quilidad y  la  guerra  civil  en  ese  país. 

Según  declaraciones  semioficiales  del  Presidente  de  Vene- 
zuela ó  de  funcionarios  muy  allegados  á  él,  no  hubo  propósito 
deliberado  en  ninguna  de  las  dos  Repúblicas  de  atentar  contra 
la  independencia  de  la  otra;  la  guerra  fué  «la  obra  del  gobierno 
conservador  colombiano,  dirigida  contra  la  majestad  de  la  na- 
ción venezolana». 

En  el  mismo  sentido  se  expresaban  los  colombianos:  «esta 
guerra  que  nos  amenaza  jamás  la  emprenderán  nuestros  pue- 
blos, uno  contra  otro;  se  empeñará,  de  una  parte,  por  un  hom- 
bre (Castro)  que,  colocado  en  presencia  de  dificultades  interio- 


VENEZUELA  163 


res,  emplea  los  fondos  de  la  nación  en  atizar  la  discordia  entre 
dos  Repúblicas  hermanas  y  en  derramar  la  sangre  inocente  para 
satisfacer  su  insaciable  ambición,  y  de  otra,  por  el  G-obierno 
legalmente  constituido  en  Colombia,  que,  apoyado  en  la  jus- 
ticia y  visiblemente  ayudado  por  la  Providencia,  triunfará  de 
ese  odioso  ataque». 

La  prensa  liberal  avanzada  de  América  y  Fluropa  simpati- 
zaba con  Venezuela.  Presentaba  á  Colombia  como  país  domi- 
nado por  el  clericalismo,  donde  miles  de  frailes  y  monjas  viven 
como  parásitos  y  ponen  empeño  en  alejar  del  Gobierno,  del 
Congreso  y  de  las  Asambleas  provinciales  á  todos  los  hombres 
afectos  al  régimen  de  libertad  y  democracia.  Enaltecía  á  Castro, 
cuyas  energías  habían  impedido  que  los  yanquis  pusieran  mano 
sobre  los  lagos  de  asfalto.  «Castro— decían  — es  el  ídolo  del 
pueblo;  tiene  de  su  parte  á  las  masas,  á  la  clase  media  ilustrada 

a 

y  á  la  mayoría  de  los  comerciantes  de  la  colonia  extranjera, 
que  no  transigen  con  la  codicia  de  los  norteamericanos  ni  con 
el  predominio  de  los  conservadores  clericales». 

Contra  este  predominio  protestaba  en  sus  manifiestos  Uribe, 
el  Jefe  de  la  revolución  liberal  en  Colombia,  que  insistía  una  y 
otra  vez  en  la  necesidad  de  derrocar  el  Gobierno  reaccionario 
de  su  j)aís.  «Hay  que  crear  Gobiernos  afines,  entre  los  cuales 
reinen  simpatías  recíprocas»  y  aquél  es  el  único  que  rompe  la 
armonía.  Cuando  el  liberalismo  sea  una  doctrina  común  á  los 
tres  países,  estará  allanado  el  camino  para  pactar  la  reconsti- 
tución de  la  entidad  fundada  por  el  genio  de  Bolívar». 

Empeñados  en  atribuir  á  maniobras  del  clericalismo  la  causa 
del  conflicto,  los  periodistas  radicales  recordaban  que  en  Co- 
lombia, en  el  Ecuador,  en  Venezuela,  en  Nicaragua,  en  Costa 
Rica,  los  ciudadanos  se  han  dividido  en  dos  campos:  los  que 
odian  á  Roma  y  los  que  se  someten  á  la  autoridad  de  la.  Iglesia. 
En  estos  últimos  tiempos,  los  segundos  llevan  la  peor  parte. 
Predomina  en  Venezuela  el  bando  radical;  á  los  Gobiernos 
ecuatorianos  que  decretaban  en  nombre  de  la  Santísima  Trini- 


164  LOS    PUEBLOS   HISPANOAMBRIOANOS 


dad,  substituyó  el  vencedor  de  los  guerrilleros  católicos,  el  Ge- 
neral Alfaro;  eran  liberales  Iglesias  y  Zelaya,  que  presidían  res- 
pectivamente las  Repúblicas  de  Costa  Rica  y  Nicaragua.  Queda 
Colombia  como  único  refugio  de  las  congregaciones  religiosas, 
siempre  dispuestas  á  favorecer  á  los  enemigos  de  Castro,  de 
Alfaro,  de  Iglesias  y  de  Zela5'^a. 

Con  el  apoyo  del  G-obierno  colombiano,  Rangel  invadió  á 
Venezuela,  y  expediciones  análogas  se  habían  preparado  contra 
el  Ecuador  y  Nicaragua  á  las  órdenes  del  Dr.  Calderón  y  del 
General  Arbán.  Castro  rechazó  la  invasión  en  Venezuela,  y 
tomó  la  ofensiva;  el  Ecuador  y  Nicaragua  brindaron  su  con- 
curso á  Venezuela;  Costa  Rica,  ya  mal  avenida  con  Colombia 
por  cuestión  de  fronteras,  seguiría  probablemente  el  ejemplo 
de  aquéllas.  Entraba  enjuego  el  Gobierno  de  Washington,  cuya 
intervención  en  el  conflicto  rechazó  Castro;  pero  como  Colom- 
bia estaba  aislada,  oon  la  guerra  civil  en  el  interior  y  la  ame- 
naza de  la  cuádruple  alianza  en  el  exterior,  surgía  el  peligro, 
gravísimo  para  la  América  española,  de  que  aceptara  auxilio 
más  ó  menos  directo  de  los  yanquis. 

Los  adictos  al  Gobierno  de  Colombia  y  sus  mantenedores  en 
Europa  calificaban  de  intriga  política  esa  campaña  emprendida 
en  nombre  y  defensa  del  liberalismo,  y  negaban  toda  razón  á 
Venezuela  para  provocar  la  guerra.  Sostenían  que  ninguna 
parte  tomaron  las  autoridades  superiores  de  Colombia  en  la  in- 
tentona de  Rangel,  y  atribuían  á  la  desapoderada  ambición  de 
Castro  las  agresiones  contra  esa  República.  Temió  el  Presi- 
dente de  Venezuela  que  una  nueva  revolución  le  privase  del 
mando  supremo;  sus  enemigos  personales  y  políticos,  que  son 
muchos,  no  cejaban  en  su  empeño  de  derribarle,  y  necesitaba 
guerra  con  el  extranjero  para  unir  bajo  una  bandera  á  todos  los 
venezolanos  y  evitar  su  propia  ruina. 

En  apoyo  de  estas  afirmaciones  se  alegó  el  descarado  apoyo 
que  prestaba  Castro  á  los  revolucionarios  colombianos,  ayu- 
dándoles nada  menos  que  con  tropas  organizadas  por  Jefes  ve- 


VBNEIZUHLA 


nezolanoSi  facAiltados  para  reclutar  hombres  en  b1  añsuio  terri- 
torio de  Venezuela  y  para  tomar  armas  en  los  parques  de  dicha 
nación  Esas  fueron  las  tropas  que,  con  el  nombre  de  «Ejército 
restaurador  auxiliar  del  Atlántico*,  invadieron,  por  la  Goajira, 
el  territorio  de  Colombia  en  Septiembre  de  1901  y  fueron  ven- 
oidas  el  13  en  el  campo  de  Carazúa.  Así  lo  declararon  algunos 
de  los  prisioneros  hechos  en  eaa  jornada  (1). 

En  cuanto  &  la  intervención  ó  ayuda  de  los  Estados  Unidos, 
í<  jitzgar  por  lo  que  decían  los  partidarios  del  Grobierno  de  Co- 
Inmbia»  y  según  cartas  particulares,  no  parecían  dispuestos  los 
colombianos  á  coadyuvar  en  los  fines  y  aspiraciones  de  los  yan- 
quis. ítTodo  este  embrollo  de  guerra  internacional  de  Venezuela 
y  el  Ecuador  y  Nicaragua  contra  Colombia,  tiene  por  objeto 
tomar  el  istmo  de  Panaraáí*,  Así  me  escribía  en  1901  persona 
muy  respetable  de  Bogotá,  Daba  á  entender,  sin  duda»  que  los 
KstadoFi  Unidos,  procediendo  con  esa  artera  política  que  años 
hace  vienen  practicando  y  que  alcanzó  su  apogeo  y  sus  triunfos 
máíi  importantes  bajo  la  presidencia  del  difunto  Mac-Xinley, 
habían  promovido  el  conflicto  ó  procuraron  agravarlo  con  pro- 
pósito de  que  el  canal  de  Panamá  pase  directamente  á  sus  ma» 
nos^  ó  bien  caiga  el  istmo  en  poder  de  otra  llepublica  menos 
opuesta  que  Colombia  á  sus  designios. 

La  persona  á  quien  me  refiero  confiaba  en  que  Colombia  lo- 
graría imponerse  á  sus  enemigos^  pero  «como  la  agitación  ¡aiede 
prolongarse,  y  de  esta  revuelta  se  aprovecharán  los  consabidos 
pescadores  (los  yanquis )^  ¿no  querrá  Europa  hacer  algo  por  su 
propia  causa  y  la  de  la  civilización?» 

Desde  Colombia,  pues,  se  hacía  un  llamamiento  á  P^uropa 
para  que  procurase  avenir  á  los  contendientes,  evitando  los 
trances  y  consecuencias  de  una  guerra  fratricida  que  sólo  puede 
favorecer  al  imperio  yanqui,  con  grave  daño  á  las  relaciones 
económicas  entre  los  pueblos  del  antiguo  y  nuevo  mundo. 

fl )    CuMtién  ¿w/o<w*o-f<!fí<fíí)/fl*wi.— Dftel&rMcionea  íle  los  prisioneros  venezo- 
Iaqoa  de  Carazúa.— EdiciuD  oíícíaL— Bogotá,  1902. 


166  T.OS   PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 


También  en  el  campo  opuesto,  Castro,  que  desconfía  de  los 
Estados  Unidos,  halagaba  á  Alemania  y  procuraba  renovar 
amistades  con  Francia,  enviando  á  París  delegado  especial 
para  asentar  las  bases  de  un  tratado  de  comercio.  La  muerte  de 
un  ilustre  diplomático  que  representaba  á  España  en  Caracas 
le  brindó  triste  ocasión  de  prodigar  á  la  madre  patria  señaladas 
muestras  de  deferencia.  Por  decreto  de  10  de  Agosto  de  1901, 
Cipriano  Castro  hizo  saber  que  era  motivo  de  duelo  oficial  la 
muerte  delExcmo.  Sr.  D.  Agustín  González  del  Campillo,  mandó 
qne  el  pabellón  nacional  se  enarbolase  á  media  asta  en  todos  los 
edificios  públicos  durante  tres  días,  dispuso  que  el  Poder  Eje- 
cutivo federal  presidiera  el  entierro,  é  invitó  á  la  ceremonia  al 
Cuerpo  diplomático,  á  los  altos  Cuerpos  oficiales  y  á  los  em- 
pleados dependientes  de  los  Ministerios  del  Despacho  ejecutivo 
y  de  la  Gobernación  del  Distrito  federal. 

Con  ocasión  del  conflicto,  pareció  que  se  avivaban  las  aspi- 
raciones á  rehacer  la  obra  del  gran  Bolívar,  la  República  de 
Colombia,  constituida  por  las  actuales  de  Venezuela,  Colombia 
y  Ecuador,  y  hubo  quien  sospechó  que  era  éste  el  fin  principal 
de  la  guerra.  Pero  nadie  entre  los  contendientes  alzó  resuelta- 
mente la  bandera  de  la  Unión. 

En  una  de  sus  proclamas  declaró  E^angel  que  el  supremo 
deseo  de  los  pueblos  que  formaron  la  Gran  Colombia  es  re- 
constituir aquella  gloriosa  nacionalidad,  que  apremiantes  exi- 
gencias de  la  época  hacen  más  necesaria  que  nunca.  «Nuestro 
pabellón — dijo— no  debe  ser  el  de  los  partidos  y  ondear  sobre 
nuestras  querellas  intestinas;  debe  ser  el  estandarte  de  la  Gran 
Colombia.  Pero  es  insensato— añadtí—pretender  que  la  unión, 
la  gran  confederación  de  Estados  del  Norte  de  la  América  del 
Sur  (acaso  con  algunos  de  la  América  Central)  se  realice  por  la 
fuerza  de  las  armas  é  imponiéndose  uno  de  ellos  á  los  demás. 
Es  menester  el  acuerdo  de  todas  las  nacionalidades  que  hayan 
de  formarla,  y  este  acuerdo  difícilmente  se  alcanzará  si  per- 


8iste  la  oposición  de  doctiiDas  y  procedimientos  políticos  entre 
los  gobernantes  de  aquellos  países*. 

Llegar  á  este  acuerdo  es,  en  verdad,  el  ideal  de  los  grandes 
políticos  venezolanos,  colombianos  y  ecuatorianos.  Las  descar- 
gas de  los  Maoser  y  el  estampido  de  loa  Krupp  y  Maxim  no 
acallan  las  voces  de  paz  y  concordia  y  las  invocaciones  á  la 
alianisa  ó  confederación  de  los  tres  Estados  que  formaron  uno 
solo  en  los  primeros  tiempos  de  la  independencia.  Con  motivo 
de  la  inauguración  de  las  líneas  telegráficas  que  enlazan  al 
Ecuador  con  Colombia»  el  Presidente  de  aquella  República,  Leó- 
nidas Plaza,  recordó  la  obra  de  los  ilustres  patriotas  que  habían 
procurado  fundar  la  Unión  colombiana,  la  gran  confederación 
que  ba  de  extenderse  desde  el  Orinoco  al  Amazonas,  desde  el 
Atlántico  al  Pacífico. 


Entre  tanto,  la  guena  civil  no  llevaba  trabas  de  terminar 
en  Venezuela,  y  se  paralizaban  ó  aplazaban  obras  y  proyectos 
de  ímportiuitísimas  líneai*  de  comunicación,  tales  como  los  fe- 
rrocarriles del  golfo  de  Maracaibo  A  Barqnisimeto  y  de  Ba- 
rnmquitos  á  las  llanuras  de  San  Ignacio,  obras  que  babrian  de 
atraer  numerosos  inmigrantes* 

Cuando  las  fuerzas  rebeldes  pai*ecían  vencidas,  se  las  veía 
rehacerse  y  tomar  posiciones  ventajosas,  como  si  mano  oculta 
l&s  amparase,  como  si  valedor  generoso  las  proporcionara  re- 
cursos con  deliberado  propósito  de  impedir  que  se  restableciera 
la  paz. 

Matos,  caudillo  de  los  rebeldes,  nombraba  un  Gobierno  pro- 
vÍ£Íonali  y  Castro  obtenía  del  Congreso  plenos  poderes  para 
combatir  á  los  revolucionarios,  procuraba  asegurarse  en  el  Po- 
der resistiendo,  con  tenacidad  y  bravura  incontrastables,  al 
bando  conservador  ó  clerical^  más  ó  menos  abiertamente  apo- 
yado  f»or  las  autoridades  colombianas^  y  pactaba  convenios  de 
amistad  con  las  potencias  europeas,  reanudando  las  buenas  re- 
laciones con  Francia  y  dirimiendo  el  conflicto  con  Alemania» 


168  LOS    PUEBLOS   HlSPANOAMBlilCANOS 


promovido  por  desplantes  del  director  de  la  empresa  alemana 
del  gran  ferrocarril  de  Venezuela,  que  obligaron  al  Gobierno  á 
suspender  el  servicio  en  dicha  linea.  Había  moditícado  el  Gabi- 
nete en  Mayo  de  1902,  y  dejó  en  suspenso  todas  las  garantías 
constitucionales.  Matos,  actuando  ya  como  Jefe  de  Gobierno 
provisional,  lanzaba  proclamas  contra  Castro,  «contra  la  in- 
fame tiranía,  dijo,  del  hombre  que  ha  arruinado  y  deshonrado 
á  la  República». 

Ciudad  Bolívar  y  otras  poblaciones  fueron  ocupadas  por  las 
fuerzas  enemigas  del  Presidente,  y  fué  preciso  declarar  blo- 
queados las  bocas  del  Orinoco  y  algunos  puertos.  Los  revolu- 
cionarios se  apoderaron  también  de  Barcelona,  donde,  si  hemos 
de  dar  crédito  á  las  informaciones  de  Nueva  York,  los  invasores 
maltrataroü  á  mujeres  y  niños  y  saquearon  la  población. 

Pero  ya  se  sabe  que  conviene  estar  prevenido  contra  tales 
informaciones.  Hay  siempre  en  la  República  yanqui  verdadera 
complacencia  en  denostar  á  los  hispanoamericanos,  y  no  se 
pierde  allí  ocasión  de  recargar  las  tintas  cuando  se  da  noticia 
de  los  trances  ó  incidentes  de  estas  contiendas.  Y  lo  grave  del 
caso  es  que  las  tales  referencias  se  toman  como  artículo  de  fe 
aquí  en  España  y  en  Europa,  y  ni  se  tiene  en  cuenta  tampoco 
que  si  en  épocas  de  guerra  civil,  cuando  las  pasiones  se  exacer- 
ban, los  ciudadanos  de  esas  Repúblicas  americanas  pueden  acaso 
olvidar  deberes  de  humanidad,  en  tiempos  normales  muestran 
mayor  civismo  y  cultura  y  más  nobles  sentimientos  que  muchos 
de  los  ciudadanos  de  la  República  que  se  ha  dado  en  estimar 
como  modelo,  donde  hay  grandes  comarcas  que  permanente- 
mente se  encuentran  en  tan  desordenada  condición  como  lo  más 
desolado  y  anárquico,  hoy,  de  Venezuela  y  Colombia;  allí  se 
dan  batallas,  corre  la  sangre,  se  aplica  de  continuo  la  ley  mar- 
cial; allí  se  ha  trasladado  la  Sierra  Morena  tradicional  de  Es 
paña,  y  bandas  de  foragidos  roban  y  asesinan  al  viajero;  allí 
hay  poblaciones,  como  Lexington  (Kéntucky),  en  que  la  rivali- 
dad entre  bandos  ó  personajes  políticos  y  los  consiguientes  odios 


^^^ílí^  crean  ^^^^""^^^-—33 

..    ^^  Gobie.no  vo„e,„,  «'«««cierto.  Jej 

;"-'-or..,;V-'^-^o  P.o,.:.r'-- o.  Caraca.  , 
'•'«*- pararen,^..   *'''    ""'''"do  c„a.,  ''"^''""•«r  ^„   .     '  "^ 

'"  --  3-  trae.,: ,?:''""  "^«^  v;!::  "^^'^'"^  ^- 


^^Éfa 


170  L08   PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 


II 


Alianza  anglogermana  contra  Venezuela,— Actos  de  hostilidad.— Bloqueo  de 
Jos  puertos  venezolanos.— Causas  de  la  agresión.— Alemania  é  Inglaterra 
contra  las  aspiraciones  de  los  Estados  Unidos  á  la  heguemonía  política  en 
América  y  al  predominio  mercantil  en  el  mando.  — Primer  triunfo  de 
Europa  sobre  la  América  yanqui,  é  infracción,  tolerada  por  ésta,  de  la 
doctrina  de  Monroe. 

En  Diciembre  de  1902,  escuadrillas  de  Alemania  y  de  Ingla- 
terra entraban  en  son  de  guerra  por  los  mares  de  Colón,  acer- 
cábanse á  las  costas  de  Venezuela,  sorprendían  y  apresaban 
buques  venezolanos  indefensos,  destruían  fuertes  y  bombardea- 
ban y  hacían  desembarcos  en  Puerto  Cabello  y  otros  puntos, 
donde  los  soldados  ingleses  pillaron  y  saquearon  cuanto  hu- 
bieron á  mano. 

El  20  de  Diciembre  los  Gobiernos  alemán  y  británico  procla- 
maron el  bloqueo,  que,  desde  luego,  comenzó  á  hacerse  efectivo 
en  Puerto  Cabello  y  en  Maracaibo,  y  pocos  días  después  se  de- 
claró también  en  los  de  la  Guaira,  Carenero,  Guanta,  Cumaná 
y  Carúpano  y  en  las  bocas  del  Orinoco. 

¿Qué  había  sucedido?  ¿Qué  razón  motivaba  este  inesperado 
rudo  ataque  contra  Venezuela  por  parte  de  dos  grandes  nacior 
nes  europeas?  ¿Qué  ofensas  había  inferido  el  Gobierno  vejiezo- 
lano  al  honor  del  Imperio  alemán  y  del  Reino  Unido  de  la  Gran 
Bretaña  é  Irlanda?  ¿Qué  planes  se  fraguaban  en  esa  República 
contra  los  subditos,  los  territorios  ó  los  derechos  de  esos  pode- 
rosos Estados? 

No  había,  ciertamente,  ni  peligros  ni  ofensas  que  justificasen 
ese  acto  de  fuerza;  no  había  más  que  la  negativa  de  los  Estados 
Unidos  de  Venezuela  á  someterse,  sin  reservas,  á  las  reclama- 
ciones pecuniarias  de  acreedores  ingleses  y  alemanes. 

Alemania  é  Inglaterra,  sin  admitir  prueba  en  contrario,  ni 


hííicIjo  menos  reconvención  del  Gobierno  venezolauo  por  daños 
y  perjuicios  que  los  subditos  de  aquéllas  habían  cansado  á  1» 
pats  y  tranquilidad  de  Venezuela^  sostenían  que  ésta  era  deu- 
dora de  nnos  cuantos  miles  de  pesos  á  particulares  y  sociedades 
de  la  respectiva  nacionalidad. 

Inglaterra  y  Aleiriania  no  consentían  ya  excusa  ni  aplaza- 
TOií^ntos,  y  resol  vieron,  robrar  á  cañonazos. 

Italia  también,  *la  trAnsfaga  de  la  Unión  latina»,  se  Hamo 
¿  la  parte.  No  era  cosa  de  perder  unos  cuantos  dóllars  que  re- 
clamaban subditos  suyos,  y  se  adhirió  á  la  acción  angloger- 
mana. 

¡Y  en  qué  ocasión  tan  oportuna  se  combinaron  estas  tres 
potencias  para  imponer  sus  ulH^natum^ k  Venety^ueM  Cuando 
esta  liepública  se  preparaba  á  entrar  en  período  normal  y  había 
esperanza  de  ir  restaurando  las  agotadas  fuerzas  del  pais.  No 
parecía  sino  que  tomaban  la  imposición  como  pretexto  para  re- 
animar y  fortalecer  al  bando  vencido* 

Pero  ni  la  agresión  intimidó  á  los  venezolanos,  ni  nadie 
simpatizó  con  la  actitud  de  esas  potencias,  porque  los  pueblos 
cultos  no  deben  jamás  apelar  á  tales  medios  para  resolver  asi, 
airadamente^  los  litigios  en  que  se  hallan  interesados  sus  ciu- 
dadanos residentes  en  el  territorio  de  otra  nación  también  civi- 
lizada. 

Castro  lanzó  vina  proclama  contra  «íIob  extranjeros  cuyos 
pies  insolentes  han  profanado  el  s\ielo  sagrado  de  Tenexuela^. 
Lo  que  ingleses  y  alemanes  han  hecho,  decía^  *no  tiene  prece- 
dente en  la  historia  de  las  naciones  civiliífiadaa;  es  un  acto  de 
barbarie  que  conculca  los  principios  más  elementales  del  dere- 
cho de  las  naciones;  es  nn  acto  innoble,  porque  es  producto  de 
una  mezcla  de  inmoralidad  v  cobardía,  de  fuerza  y  de  perfidia*. 
En  otra  alocución  protestaba  contra  el  bombardeo  de  la  ciudad 
de  Puerto  Cabello,  que  se  llevó  á  cabo  sin  una  previa  declara- 
ción de  guerra  y  sin  llenar  las  formalidades  prescritas,  puesto 
que  no  se  dio  tiempo  para  substraer  del  peligro  á  las  mujeres  y 


172  LOS    PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 

á  los  niños.  «Esto,  añadía,  no  es  sólo  una  cobardía,  sino  un  in- 
sulto á  todas  las  naciones». 

La  prensa  en  América  y  en  Europa  expresó,  en  tonos  más  ó 
menos  vivos,  asombro  é  indignación  ante  el  proceder  de  esos 
acreedores  implacables;  escribió  artículos  sobre  «las  nuevas 
salvajadas  de  Inglaterra  y  Alemania»,  y  basta  en  las  Cámaras 
legislativas  de  algún  Estado  hispanoamericano  se  oyó  la  pro- 
testa contra  la  brutalidad  de  las  potencias  anglogermanas  y  la 
invitación  á  formar  alianzas  que  pudieran  servir  de  salvaguar- 
dia del  derecho  contra  la  fuerza. 

A  pesar  de  que  en  la  historia  contemporánea  se  han  dado 
repetidos  casos  de  la  desconsideración  con  que  el  fuerte  trata 
al  débil,  el  hecho  era  tan  extraordinario,  tan  inaudito,  que  ya 
los  mismos  venezolanos  se  preguntaban,  desde  un  principio, 
cuál  podía  ser  el  verdadero  objeto  que  perseguían  los  aliados. 

¡Una  alianza  anglogermanoitaliana,  los  buques  de  guerra 
de  estas  potencias  en  el  mar  de  las  Antillas,  barcos  venezolanos 
echados  á  pique  ó  apresados,  bombardeo,  bloqueo,  amenazas  de 
invasión,  desembarcos,  propósitos  de  incautarse  de  las  adua- 
nas, tanto  y  tanto  aparato  bélico  para  que  un  sindicato  ó  una 
compañía  de  obras  públicas  y  unos  cuantos  aventureros  pudie- 
ran embolsarse  cantidades  que  les  eran  ó  no  debidas! 

Para  tomar  á  viva  fuerza  al  G-obierno  venezolano  unos  mi- 
llares de  libras  ó  de  marcos,  Inglaterra  y  Alemania  moviliza- 
ban sus  buques  y  gastaban  más  de  lo  que  importan  los  créditos, 
y  se  exponían  á  graves  contrariedades  si  tenían  que  mantener 
fuerzas  en  tierra  y  que  incautarse  de  las  aduanas,  ó  á  hacer 
ridículo  papel  si  ñolas  intervenían  ni  desembarcaban,  acabando 
por  aceptar  el  arbitraje. 

Ahora  bien;  ¿cabe  admitir  que  los  directores  de  la  política 
internacional  en  Alemania  é  Inglaterra  procedieron  de  ligero? 
¿Tan  torpes  son  que  no  tenían  previstas  las  consecuencias  de 
sus  acuerdos? 


B2ÜB1.A 


173 


Hubo,    indudablemente,    otro   ñu.   un   propósito   idterior, 

8e  supuso  que  el  de  favorecer  al  vencido,  á  Matos,  procu- 
Indoíe  ocasión  ventajosa  de  abrir  nueva  campaña.  Fii éralo  ó 
lo,  el  hecho  es  qn»^  la  as¡;reaión  redundó  en  beneficio  de  ¿ate,  que 
|olvió  A  ]»  carga  aprovechando  la  crítica  situación  de  Castro. 
Claro  e^  que  las  simpatías  de  qne  Aíatos  pn diera  gozar  en 
la  Cortes  de  Berlín,  Londres  y  Roma  no  llegaban  á  tanto  qae 
lebieran  considerarse  como  el  único  motivo  de  la  acción  com* 
inada  de  ingleses,  alemanes  é  italianos.  Esa  explicación  no 
Éene  otro  fundamento  racional  que  el  de  confiar  aquéllos  en  que 
ajo  un  Gobierno  presidido  por  Matos  los  acreedores  habrían 
le  hacer  efectivos  sus  créditos,  y  más  aún  que  pidieran»  pues 
la  gratitud  obliga  a  mucho. 

Pero  así  volvemos  al  punto  de  partida.  Si  las  escuadras  de 
Inglaterra  y  Alemania  no  se  pusieron  al  servicio  de  un  preten- 
den te  a  la  Presidencia  de  tma  Hepública  suramericaaa,  lo  es- 
iban-^en  el  supuesto  á  que  nos  referimos— 4  la  de  banqueros, 
jiotistas  ó  industriales  que  fiaban  el  buen  éxito  del  negocio  en 
1  triunfo  de  Matos,  y  á  móvil  tan  mezquino  habría  que  atri- 
ttiip,  pues,  la  agresión. 

No,  Hubo,  indudablemente^  otras  causas,  y  no  será  diíicii 
ivestigarlas  si  atendemos  al  estado  actual  3^  á  las  probables 
Dntingencias  de  las  relaciones  entre  América  y  los  pueblos 
livopeos  de  mayor  poder  marítimo  y  de  más  fuerza  expansiva 
or  su  industria,  su  producción  y  su  comercio, 

Necesitan  esos  pueblos  evitar  t  todo  trance  que  la  gran  Ee- 
iblica  norteamericana  llegue  á  conseguir  la  preponderancia 
Bonómica  en  el  mundo.  Ni  Alemania  ni  Inglaterra  están  dis- 
nestas  á  tolerar  que  los  Estados  Unidos  realicen  sus  aspira* 
iones  de  heguemonía  política  en  América  y  de  predominio 
¡jercantil  en  todas  partes. 

Como  dice  Levasseur,  Inglaterra  y  Alemania  parecen  desti- 
nadas ¿  ser  las  dos  primeías  victimas  de  ese  pulpo  gigantesco 


174  LOS   PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 


que  extiende  sus  brazos  y  sus  ventosas  por  la  América  del  Sur, 
por  el  Japón  y  la  China,  y  hacia  África  y  Europa. 

Para  ambas  potencias,  ya  muy  quebrantadas  por  la  concu- 
rrencia norteamericana  y  por  otras  causas,  el  peligro  es  inmi- 
nente, y  se  anuncia  con  caracteres  de  suma  gravedad.  Si  aisla- 
das habríales  de  ser  muy  difícil  impedir  el  daño,  unidas  tal  vez 
puedan  debilitar  las  enormes  fuerzas  del  adversario,  sobre  todo 
si  se  apresuran  á  provocar  conflictos  para  ir  á  la  lucha  armada 
en  condiciones  favorables,  que  dentro  de  algunos  años  no  las 
tendrán,  salvo  si  sobrevinieran  en  los  Estkdos  Unidos  excisio- 
nes de  índole  social,  ya  iniciadas,  ó  catástrofes  financieras,  no 
mny  improbables  si  continúan  en  auge  los  famosos  trusts. 

Perdieron  la  excelente  ocasión  que  les  ofreció  la  guerra 
hispanoyanqui;  no,  ciertamente,  por  culpa  de  Alemania,  que, 
más  previsora  que  la  Gran  Bretaña,  hizo  cnanto  pudo  para  es- 
tablecer una  inteligencia  entre  los  Estados  europeos,  y  aun  para 
obligarlos  á  ella.  La. actitud  de  la  escuadra  alemana  allá  en  los 
mares  de  Oriente,  sostenida  á  ciencia  y  paciencia  del  Almi- 
rante yanqui,  bien  la  recuerdan  los  que  entonces  residían  en  la 
capital  del  Archipiélago  filipino. 

Ahora  nueva  ocasión  se  presentaba,  y  Alemania,  con  más 
fortuna  que  en  1898,  consiguió  arrastrar  á  Inglaterra.  No  ne- 
cesitaban acometer  empresa  tan  arriesgada  como  hubiera  po- 
dido ser  la  otra;  no  había  que  ponerse  frente  á  frente  de  los 
Estados  Unidos. 

Bastaba  demostrar  á  los  americanos  de  origen  latino  que,  á 
pesar  de  los  alardes  de  los  yanquis,  que  tanto  se  ufanan  de  ser 
los  protectores  de  los  pueblos  de  América  contra  Europa,  es- 
cuadras europeas  podían  entrar  impunemente  en  el  mar  de  las 
Antillas  y  realizar  en  él  operaciones  de  guerra, 

Y  el  Gobierno  de  Washington  dejó  hacer.  Después,  nego- 
ciaciones diplomáticas  para  terminar  el  asunto  por  medio  de 
arbitraje  ó  conferencias,  y  nada  más. 

Ya  saben,  pues,  los  hispanoamericanos  que  cuando  una  po- 


icia  europea  quiera  iiiterverdr  en  sus  asuntos»  y  echar  á  pi- 
je sus  barcos  y  cañonear  su  litoral,  si  esa  potencia  es  fuerte 
bs  Estados  Unidos  se  cvujsarán  d©  brassos.  Quedó  infringida  la 
doctrina  de  Monroe.  Este  había  dicho,  retiriéndoae  álos  pueblos 
aericanos  independientes,  que  ^'Cualijuier  interpoí^ición  con 
ropósito  de  oprimirlos  ó  disponer  de  cualquier  majiera  de  sus 
stinoSf  se  consideraría  como  una  disposición  hostil  á  los  Es- 
¡idos  Unidos».  Y  una  manera  de  disponer  de  los  destinos  de  un 
aeblo  es  favorecer,  directa  6  indirectamente,  á  un  bando  poli- 
Ico  contra  otro.  Los  yanquis  no  se  dieron  por  entendidos.  Ob- 
prvaciones  muy  razonadas  sobre  el  derecho  de  bloqueo  y  ofre* 
tniíento  de  buenos  oficios;  de  aquí  no  pasaron, 

Pero  Alemania  iba  más  lejos.  No  quería  que  el  canal  de  Pa- 
namá fuese  yanqui  ó  diera  pretexto  á  los  yanquis  para  mono- 
DÜzar  el  comercio  interoceánico. 

Por  una  parte,  Colombia  no  se  avenía  á  aceptar  todas  las 
^ndidones  impuestas  por  los  Estados  Unidos  respecto  al  uso 
fel  canal  y  derechos  sobre  él  y  zona  adyacente;  por  otra,  se  ha- 
Jaba  de  un  sindicato  alemán  que  había  entrado  en  tratos  y 
Bgociación  con  la  Compañía  francesa  de  Panamá. 
La  intervención  en  el  canal  de  europeos  6  de  empresas  crea- 
las  con  capitales  de  nacionalidad  varia^  ofrecía  mayores  ga- 
antias  al  comercio  universal  y  menos  peligro  á  los  hispano 
aericanoB  que  la  ingerencia  yanqui  en  esa  importante  vía  de 
>municación. 

¿Estaría  dispuesto  el  Gobierno  de  Colombia  á  favorecer  en 
bto  asunto  la  gestión  ó  las  pretensiones  de  Alemania,  alas  que 
encubiertamente  cooperaba  Inglaterra?  En  tal  caso,  como  el 
residente  di».  Venezuela  era  enemigo  de  los  hombres  que  go- 
rmaban en  Colombia,  y  como  convenía  mucho  contar  también 
ra  lo  presente  y  para  lo  porvenir  con  el  concurso  de  aquella 
Bpüblica,  hacía  falta  derribar  á  Castro  del  Poder. 

Ya  se  ven,  pues,  rabones  de  mayor  peso  que  la  reclamación 
I  créditos  para  explicar  la  brusca  acometida  de  los  aliados. 


176  LOS    PUHJBLO.S    HI8PAN()AMH3KIÜAN()S 

¡El  canal  libre  de  la  opresora  mano  yanqui!  ¡  Acasy  Colombia 
y  Venezuela  unidas  para  constituir  la  gran  República  en  que 
soñó  Bolívar! 

A  pesar  de  las  atrocidades  que  hicieron  allí  ingleses  y  ale 
manes,  habría  motivo  para  conciliarnos  con  ellos. 

III 

Los  alemanes  en  Maracaibo.— Transgresión  de  los  principios  generalmente 
admitidos  en  Derecho  internacional.— Los  anglos  y  los  germanos  rebar- 
barizados,  según  Spencer:  verdadero  concepto  de  la  superioridad  de  razas. 
—Fin  de  las  hostilidades.— Los  Estados  Unidos  en  connivencia  con  Europa 
contra  una  República  americana.  —Los  acreedores  de  Venezuela.  —El  Tri- 
bunal de  La  Haya.  -Las  Comisiones  mixtas  y  los  arbitros.— La  reclamación 
de  México  sometida  al  arbitraje  del  Ministro  de  España  en  Caracas. 

El  cañón  europeo,  á  pesar  de  la  doctrina  Monroe,  siguió  so- 
nando en  los  mares  de  América. 

So  pretexto  de  hacer  m.ás  efectivo  el  bloqueo,  pretendieron 
los  buques  alemanes  internarse  en  el  lago  de  Maracaibo.  En  el 
estrecho  que  lo  pone  en  comunicación  con  el  golfo  del  mismo 
nombre,  cuya  entrada  angosta  considerablemente  la  isla  Za- 
para, hay  islotes  y  bancos  de  arena  que  hacen  difícil  y  peli- 
grosa la  navegación,  y  en  uno  de  esos  islotes,  que  está  á  la 
parte  Norte,  es  decir,  en  aguas  del  golfo,  en  el  llamado  San 
Carlos,  se  alza  un  fuerte  medianamente  artillado  que  impide 
el  libre  acceso  al  estrecho  y,  por  consiguiente,  á  la  importante 
ciudad  de  Maracaibo,  edificada  en  la  orilla  occidental  de  aquél. 

La  fortaleza  de  San  Carlos  rompió  el  fuego  contra  el  primer 
barco  alemán  que  intentó  la  aventara,  obligándole  á  retirarse. 
Tres  buques  repitieron  luego  la  tentativa,  y  procurando  })0- 
nerse  fuera  del  alcance  de  las  piezas  venezolanas  lanzaron  sus 
obuses  contra  el  fuerte,  y  casi  impunemente  consiguieron  dejar 
sin  vida  á  unos  cuantos  hombres  de  la  guarnición  y  á  gentes 
indefensas  que  habitaban  en  los  poblados  inmediatos,  y  cuyos 
albergues  quedaron  destruidos  por  los  proyectiles  alemanes. 


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178  LOS   PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 

ñero  «hombre»,  por  mayor  ó  menor  imperio  en  él  del  elemento 
racional  "ó  idea  de  lo  justo,  el  primero  tiene  que  ocupar  lugar 
preferente.  Por  idéntico  motivo  es  absurdo  atribuir  superior  i  - 
dad  á  pueblos  ó  razas  que  todo  lo  subordinan  al  instinto  animal 
de  conservación,  que  para  favorecer  el  desarrollo  de  sus  inte- 
reses materiales  se  apropian  los  elementos  de  riqueza  que  los 
demás  'poseen,  que  abusan,  en  suma,  de  su  fuerza  para  quebran- 
tar impunemente  toda  ley  moral  (1). 

La  continuación  del  bloqueo,  el  refuerzo  de  la  escuadra  ale- 
mana, el  ataque  al  fuerte  de  San  Cíirlds,  todo  ello  después  de 
aeeptada  la  mediación  de  los  Estados  Unidos,  son  hechos  que 
prueban  una  vez  más  que  ni  Alemania  ni  Inglaterra  habían 
agredido  á  Venezuela  sólo  por  obligarla  á  que  pagase  á  sus 
acreedores.  Los  aliados,  y  Alemania  especialmente,  estaban  re- 
sueltos á  no  abandonar  el  campo  sin  obtener  nuevos  triunfos 
contra  el  prestigio  de  los  Estados  Unidos  en  América.  Los  su- 
cesores de  Monroe,  los  mantenedores  obligados  de  su  doctrina, 
han  cambiado  los  papeles.  Ya  no  patrocinan  á  los  pueblos  ame- 
ricanos contra  las  intervenciones  más  ó  menos  veladas  de  los 
europeos;  antes  al  contrario',  pónense  de  parte  de  éstos,  pues 
no  vieron  otro  medio  de  obligar  á  sus  escuadras  á  que  salieran 
del  mar  de  las  Antillas  que  admitir  como  buenas  sus  exigencias 
y  garantirles  el  pago  de  las  deudas  que  reclamaban,  entrome- 
tiéndose el  Gobierno  de  Washington  en  la  recaudación  de  las 
aduanas  venezolanas.  Es  decir,  los  Estados  Unidos  aliados  con 
Europa  contra  una  República  americana.  Son  los  intermedia- 
rios que  dan  la  razón  al  más  fuerte,  y  que  además  procuran 
cobrarse  la  comisión  á  costa,  por  supuesto,  de  Venezuela. 

El  16  de  Febrero  de  1903  se  levantó  el  bloqueo,  ))or  las  fuer- 
zas de  mar  alemanas,  de  los  puertos  venezolanos  de  Puerto  Ca- 


li)   La  Geografía  en  1898,  por  Ricardo  Beltrán  y  Rózpide.— Madriri,  J 


VBNBZUBL^A 


179 


bUo  j  Maracaibo;  y  por  las  fuerzas  de  mar  británicas,  en  la 

oche  del  14  al  15,  el  bloqueo  de  los  de  La  Guaira,  Carenero^ 

l^uanta,  Cnmariá,  Oarúpano  y  bocas  del  Orinoco.  Después,  Ale- 

nía  é  Inglaterra  devolvieron  á  Venezuela  los  cañoneros  que 

llabíau  apresado, 

¿Cuál  fué  la  solución?  En  lo  esencial,  la  que  pretendían  los 
pitados  europeos.  Inglaterra,  Italia  y  Alemania  bacían  efecti 
vos  sus  créditos  sin  que  los  tribunales  venezolanos  dictasen 
fallo  acerca  de  la  justicia  de  las  reclamaciones  promovidas  por 
los  especuladores  extranjeros  El  representante  inglés  percibió 
5.500  libras  en  el  acto  de  firmar  su  protocolo.  A  favor  de  Italia 
se  reconoció  cantidad  igual,  pagadera  en  dos  meses.  Se  entre- 
garía al  Gobierno  alemán  340.000  pesos  en  cinco  mensualida- 
des, á  partir  del  15  de  Marzo.  Venezuela  ofreció  en  garantía  de 
odas  sus  deudas  el  30  por  100  de  los  ingresos  de  las  aduanas  de 
,  Guaira  y  Puerto  Cabello  desde  el  l,'^  de  Marzo  actual.  Co- 
ttisiones  ó  Tribunales  mixtos  (un  venezolano  y  otro  del  respec- 
tivo país)  decidirán  sobre  las  reclamaciones  que  aén  no  liayan 
^do  falladas.  ¡Si  bay  desacuerdo,  un  tercer  juez  procederá  como 
S-rbitro.  El  orden  de  prelaoión  entre  los  acreedores  lo  fijará  el 
Tribunal  de  Arbitraje  de  La  Haya,  Se  dijo  que  Veneznela  quiso 
evitar  la  ingerencia  del  citado  Tribnníil  y  pretendía  garantir 
Jos  derecbos  de  las  potencias  que  no  cooperaron  n]  bloqueo  ex 
fíidiendo  pagarés  á  plazo  fijo. 

Esas  potencias  eran  España,  Francia,  Bélgica,  Holanda, 
Suecia  y  México,  y  no  hay  que  decir  que  en  primer  término 
Npftrecí:i  el  Gobierno  de  Wáabington,  que  se  había  apresurado 
.  firmar  el  correspondiente  protocolo,  atando  bien  los  cabos;  la 
^Comisión  había  de  reunirse  antes  del  1."  de  Junio,  y  Venezuela 
endría  que  pagar  en  oro.  En  los  demás  protocolos  no  se  men- 
nionó  la  clase  de  moneda.  Ya  que  la  doctrina  de  Monroe  no  que- 
lilaba  por  esta  vez  muy  bien  parada,  los  yanquis  se  consolaron 
lasegurando  su  parte  en  el  botín  y  sentando  un  precedente  más 
[para  cobrar  cuentas  por  la  tremenda. 


180  LOS   PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 

Durante  el  conflicto,  53  buques  yanquis,  con  14.000  tripulan- 
tes, á  las  órdenes  de  Dewey,  iban  y  venían  por  el  mar  de  las 
Antillas,  entre  Puerto  Rico  y  el  golfo  de  Paria.  Tales  alardes 
de  fuerza  de  nada  han  servido  á  Venezuela.  Las  escuadrillas 
alemana  é  inglesa  establecieron  el  bloqueo,  apresaron  ó  echaron 
á  pique  los  barcos  venezolanos,  bombardearon  puertos  y  fuer- 
tes, incendiaron  caseríos,  y  por  ñfi  lograron  embargar  parte  de 
las  rentas  de  las  aduanas  venezolanas.  A  eso  fueron,  según  de- 
cían; á  exigir  dinero  contante  y  sonante,  y  si  no  lo  conseguían 
á  incautarse  de  las  aduanas.  No  han  tenido  necesidad  de  to- 
marse ese  trabajo;  los  Estados  Unidos  los  substituyen,  y  bajo 
su  garantía  se  hará  la  retención  correspondiente  al  30  por  100. 
Tan  eficaz  ha  sido  la  mediación  de  aquéllos,  que  ahora  Vene- 
zuela tiene  que  dedicar  los  ingresos  de  sus  aduanas,  no  sólo  á 
satisfacer  las  reclamaciones  de  las  potencias  que  la  agredieron, 
3Íno  las  de  todos  los  Estados  que  alegan  créditos  contra  ella. 

En  resumen;  el  Gobierno  de  Washington  no  pudo  ó  no  quiso 
impedir  que  Europa  hiciera  presa  sobre  la  renta  de  aduanas  de 
una  República  suramericana;  negó  á  ésta,  en  connivencia  con 
las  potencias  aliadas,  la  facultad  de  administrar  justicia,  y 
europeos  y  yanquis  estuvieron  de  acuerdo  en  reconocer  que 
hubo  motivo  para  que  Alemania  é  Inglaterra  agredieran  á  Ve- 
nezuela, puesto  que  ninguna  responsabilidad  se  les  exigió  y 
nada  deben  indemnizar  por  los  daños  causados  al  Gobierno  y  á 
subditos  venezolanos,  ni  siquiera  por  los  cañoneros  que  echaron 
á  pique. 

En  cumplimiento  de  lo  pactado,  á  principios  de  Octubre  se 
constituyó  el  Tribunal  arbitral,  presidido  por  el  Conde  Mu- 
ravief. 

Alemania,  Inglaterra,  Italia,  Francia,  Bélgica,  Holanda, 
España,  Suecia  y  Noruega,  México  y  los  Estados  Unidos  re- 
claman de  Venezuela  el  pago  de  créditos,  cuyo  importe  total 
asciende  á  unos  190.000.000  de  francos. 


VÍ9NBZUKLA 


181 


De  dichas  poteiunas,  las  tres  primeras,  las  que  á  mano  ar- 
.mada,  á  cañonazos,  exigieron  el  pago  de  la  deuda,  estable- 
ciendo el  bloqueo  de  los  puertos  venezolanos^  pretenden  cobrar 
&US  respectivos  créditos  con  preferencia  á  todas  las  demás j  es 
decir,  que  despnós  de  haber  ellas  percibido  el  importe  total  de 
cuanto  reclaman,  las  otras  podrán  distribuirse  á  prorrata  lo 
que  quede.  Pero  éstas  no  se  avienen  con  semejante  pretensión, 
ly  piden  nn  reparto  proporcional,  bajo  pie  de  igualdad» ^entre 
I  todos  los  acreedores. 

El  punto,  pues,  sobre  el  que  ha  de  decidir  el  Tribunal  de  La 
Haya,  es:  ¿El  hecho  de  que  algunos  Estados  acreedores  liajan 
^comenzado  las  hostilidades  contra  el  deudor,  les  puede  ó  no 
7aler  derecho  de  preferencia  siobre  los  demás  acreedores?  ICn  el 
Derecho  común,  la  cuestión  se  ]>lantearía  en  estos  términos; 
¿Los  acreedores  que  a])alean  al  deudor,  tienen  derecho  prefe- 
B^rente  sobre  los  dt^más  acreedores  del  mismo?  La  decisión  de 
cualquier  Tribunal  ordinario,  en  este  caso,  no  sería  dudosa; 
pero  en  el  llamado  Derecho  internacional  se  aprecian  otras  cir^ 
'cunstancias  y  se  tienen  puntos  de  vista  que  se  apartan  bastante 
de  los  princ.i()ios  de  razón  y  de  las  reglas  de  justicia,  Al  termi- 
nar el  año  190B  aun  no  se  había  dictado  sentencia. 

Entre  tanto,  el  tallo  de  algunas  de  las  Comisiones  mixtas  ó 
le  Jos  superárbitros  encargados  de  establecer  el  deí-echo  de  los 
partictilares  y  corporaciones  que  se  consideran  perjudicados,  y 
Ide  fijar  el  importe  de  la  indemnización  que  en  cada  caso  pro- 
cediera, ocasionaba  en  Venezuela  disgustos  y  protestas,  de  las 
que  se  hacían  eco,  en  términos  bastante  duros»  los  periódicos 
de  esa  República. 

Muy  censurados  fueron^  entre  otros,  los  actos  de  represen- 
[tantea  de  España  que,  ya  en  cumplimiento  del  deber  que  tienen 
Ide  proteger  los  intereses  de  los  españoles  que  allí  residen,  ya 
Icomo  arbitros  designados  para  decidir  sobre  las  reclamaciones 
[pendientes,  realizaron  gestiones  ó  tomaron  acuerdos  que  no  sa- 
Ltisfacían  á  los  deseos  ó  pretensiones  del  Gobierno  venezolano. 


182  L.OH    PUEBLOS    HISPAN0AMER1CAN0« 

A  las  censuras  ó  críticas  de  la  prensa  acompañaron  ó  siguieron 
resoluciones  airadas  de  aquél;  se  le  retiró  el  exequátur  al  Cónsul 
de  España  en  La  Guaira,  porque  había  intervenido  en  el  asunto 
de  las  reclamaciones,  y  se  dijo  que  iban  á  expedirse  pasaportes  á 
nuestro  Ministro  en  Caracas.  Lo  cierto  es  que  éste,  el  Sr.  Gay- 
tán  de  Ayala,  creyó  prudente  ausentarse  de  la  República.  Su 
fallo,  como  arbitro  en  la  reclamación  de  México,  había  sido 
muy  mal  acogido  y  se  le  trataba  con  descortesía  intolerable. 

México  reclamaba  antigua  deuda  procedente  de  la  época  en 
que  Venezuela,  Colombia  y  Ecuador  formaban  un  solo  Estado. 
Cuando  en  1830  se  separaron,  cada  cual  se  comprometió  á  re- 
embolsar la  deuda  mexicana,  en  la  proporción  de  50  por  100  Co- 
lombia, 21  Va  por  100  el  Ecuador  y  28  Va  por  100  Venezuela. 
En  1866  México  vendió  su  derecho  á  una  casa  de  banca,  hoy 
representada  por  los  Sres.  Martínez  del  Río. 

La  parte  de  Venezuela  importaba  unos  450.000  bolívares  ó 
francos,  más  los  intereses  al  6  por  100  á  partir  de  diez  y  ocho 
meses  después  de  la  época  del  préstamo  (1826). 

México  había  sometido  el  asunto  al  fallo  de  los  Tribunales 
venezolanos,  y  éstos  dejaron  transcurrir  años  y  años  sin  dictar 
resolución.  Ahora,  en  1902,  como  se  había  acordado  que  las  Co- 
misiones arbitrales  no  entendiesen  en  litigios  ó  reclamaciones 
que  se  hallaren  resueltas  antes  de  constituirse  aquéllas,  el  Go- 
bierno de  Castro  se  apresuró  á  activar  el  fallo.  El  Tribunal  á 
quien  competía  el  caso  dictó  sentencia  y  reconoció  la  deuda; 
pero  dedujo  de  ella  el  importe  ó  valor  de  servicios  y  suministros 
que  Venezuela  había  hecho  á  México.  El  acreedor  no  se  avino, 
negó  la  realidad  de  suministros  ó  servicios,  pidióse  prueba  de 
ellos  á  Venezuela,  y  como  no  la  adujo,  el  superárbitro  creyó 
fallar  en  justicia  condenando  á  dicha  República  al  pago  de  lo 
que  debía,  es  decir,  algo  más  de  2.680.000  bolívares,  ó  sea  el  ca- 
pital con  los  intereses  de  setenta  y  seis  años  y  con  el  13  por  lüO 
que  México  satisfizo  en  su  día  por  la  negociación  del  empréstito 
en  favor  de  la  Gran  Colombia. 


YliKfilSSUELA 


IV 


Renuncia  del  Preairtenle  Ciiitro,  nú  tíámiXvia  por  el  Congreso.— La  guerm 
civil  y  Ib  intervención  extranjera.  -Aspiraciones  coloniales  ile  Alematlift 
©n  Atnérica.— Nuevag  dlfi{>osiciones  Hobre extranjero»  ilomiciliados  y  t.r»ii- 
senates  en  Venezuela. —BumiSK^n  y  tnaniffeBto  de  Hatos,  —tTitlroos  IrAnoe? 
de  la  irnerra.— El  candil Inje  y  las  oligrarquiai^  en  América, 

Las  escuadras  alemniia  é  i^iglesa  habían  levantado  el  blo- 
queo,  como  se  ha  dicho,  á  mediados  de  Febrero. 

Un  mes  después,  el  21  de  Marzo,  Castro  dirigió  nn  menisaje 
ai  Conjifreso  venezolano  renunciando  la  Presidencin»  Fundán- 
dose en  documentos  que  habían  llegado  á  su  [joder — y  ea|iecial 
mente  en  una  comanicación  en  la  que  se  hacía  constar  que  el 
Comandante  de  uno  de  los  buques  de  guerra  alemanes  declaró 
que  stt  nación  no  hoatilizaba  á  Venezuela,  sino  al  Gobierno  del 
Oeneral  Castro,  jr  que  todas  las  dificultades  se  arreglarían  sí  el 
Poder  pasaba  á  otras  manos — ,  pedía  que  se  le  admitiera  la  di- 
misión y  que  se  procediese  á  elegir  otro  Presidente,  capaz  de 
conseguir  la  unión  de  todos  los  venezolanos»  tánico  raeilio  de 
salvar  la  República. 

Sucedió  lo  que  era  de  presumir  que  aconteciese.  El  Con- 
greso, por  unanimidad,  se  negó  á  complaceu  á  Castro,  y  éste 
eontinuó  en  el  Poder  con  mayor  libertad  de  acción  que  antes.  El 
voto  del  Congreso  había  sido  una  impUcíta  aprobación  de  la 
política  de  aquél. 


La  guerra  civil  aVín  no  había  «terminado,  y  los  aliados  tte- 
gníau  interviniendo  en  ella»  pues  no  otra  cosa  que  un  acto  de 
intervención  fué  el  apresamiento  de  un  buque  venezolano  pot 
fd  crucero  inglés  Pallas,  so  pretexto  de  que  aquél  ejercía  actos 
'l«  piratería.  Todo  lo  relativo  al  tratado  se  llevaba  muy  despa- 
cio; pudiera  creerse  que  había  descontían^a  en  unos,  mn)a  íe  ó 
¿ioca  voluntad  en  otros. 


184  LOS    PUEBLOS    HISPANOAMERICANOS 

No  se  halla  conjurado  el  peligro  del  conflicto  europeoameri- 
cano.  Alemania  se  da  por  satisfecha,  pero  en  realidad  no  lo 
está.  Indudablemente,  persevera  en  sus  planes.  Como  decía  Sir 
Robert  Grriffen  en  Tke  Times,  no  hay  que  olvidar  las  condicio- 
nes militares  de  Alemania,  que  debe  su  posición  actual  á  la 
guerra;  que  su  marina,  por  el  número  de  buques,  es  más  fuerte 
que  la  de  los  norteamericanos;  que  el  ejército  de  éstos,  en  com- 
paración con  el  alemán,  es  un  puñado  de  malos  soldados.  Se 
puede  suponer  que  Alemania  calcula  que  si  todo  le  sale  mal,  los 
Estad-os  Unidos  no  pueden  causarle  ningún  grave  daño  mate- 
rial, mientras  que  si  los  vence,  inmediatamente  se  convertirá 
en  el  poder  naval  más  grande  del  mundo,  después  de  Inglate- 
rra. Persuadido  está  Griffen  de  que  nada  hará  desistir  á  Ale- 
mania de  ser  agresiva,  exceptuando  el  caso  de  alianza  entre 
Inglaterra  y  los  Estados  Unidos. 

Alemania  necesita  colonias  en  América;  por  supuesto,  en  la 
América  del  Sur,  y  especialmente  en  Venezuela,  según  Griffen. 
^,Y  porqué  no  en  la  misma  América  del  Norte?  El  clima,  y  en 
general  las  condiciones  físicas  y  de  producción  de  gran  parte 
del  territorio  angloamericano,  se  prestan  mucho  mejor  á  la 
colonización  alemana;  díganlo  los  millones  de  alemanes  que 
hoy  viven  ya  en  la  República  yanqui.  Y  si,  como  da  á  entender 
Griften,  en  guerra  germanos  y  yanquis,  éstos,  sin  el  apoyo  de 
Inglaterra,  podían  ser  fácilmente  vencidos,  natural  parece  que 
el  punto  de  mira  de  aquéllos  sea  tomarles  sus  propias  tierras 
para  favorecer  la  colonización  y  el  comercio  alemanes.  En  últi- 
mo término,  podrían  seccionarse  los  actuales  Estados  Unidos 
en  Estados  Unidos  yanquis  y  alemanes.  Estos  tienen  ya  sufi- 
ciente práctica  del  régimen  federal  para  gobernar  con  indepen- 
dencia de  Washington. 

Muchos  venezolanos  atribuían  la  frecuencia  de  las  guerras 
civiles,  y  especialmente  el  conflicto  con  Alemania  é  Inglaterra, 
á  la  excesiva  ingerencia  que  los  extranjeros  tienen  en  la  vida 


VSNB52UELA 


186 


política  y  financiera  de  la  República.  Para  evitar  este  peligro 
en  lo  sucesivo,  dictó  el  Gobierno^  en  Abril,  un  decreto  que 
eayy  como  una  bomba  sobre  los  extranjeros  residentes  en  Ve- 
nezuela. 

Según  ese  decreto,  los  extranjeros  en  Venezuela  se  clasincasi 
en  dos  categorías:  domiciliados  y  transeúntes, 

Son  domiciliados  todos  los  que  hubieren  adquirido  residen- 
cia conforme  á  las  prescripciones  del  Código  civil,  ios  ([ue  vo- 
hintariamente  j  sin  interrupción  hayan  residido  en  el  territorio 
nacional  sin  carácter  diplomático  por  más  de  dos  años,  lospro* 
(uefcarios  de  bienes  raíces  en  dicho  territorio  y  que  tengan  eüta- 
blecida  resid&ncia  permanente  en  él,  los  que  hayan  residido  por 
más  de  dos  años  y  se  ocupen  en  negocios  de  comercio  ó  cual- 
quiera otra  industria,  siempre  que  tengan  casa  permanente, 
aun  lo8  investidos  con  el  carácter  de  Cónsules.  í^on  extranjeros 
transeúntes  todos  los  que  no  se  encuentren  comprendidos  en  las 
anteriores  excepciones. 

Los  extranjeros  residentes  están  sujetos  á  las  mismas  obli- 
gaciones que  afectan  á  los  venezolanos,  así  en  sus  personas 
como  en  sus  propiedades,  con  excepción  del  servicio  militar  y 
pago  de  contribaciooes  forzosas  ó  extraordinarias  en  caso  do 
revolución  ó  guerra  intestina.  Tanto  á  los  extranjeros  domici- 
liados como  á  los  transeúntes,  les  queda  probilíido  mezclarse 
en  los  asuntos  políticos  del  país^  ni  en  cosa  alguna  que  á  éstos 
se  reSera;  de  manera  que  no  pueden  tbrmar  parte  de  sociedades 
políticas,  editar  periódicos  políticos  ó  escribir  en  algunos  sobre 
tales  asuntoSt  bien  en  referencia  á  las  Cuestiones  interiores 
como  á  las  exteriores  de  Venezuela.  Tampoco  podrán  servir 
puestos  públicos  de  ninguna  naturaleza  sin  permiso  del  Con- 
greso, tomar  armas  en  las  coniieudas  domésticas  ó  pronunciar 
discursos  que  se  refieran  á  la  política.  Los  extranjeros  domici- 
liados que  violat  en  lo  arriba  establecido  quedan  ipsü  fado  su- 
jetos 4  las  responsabilidades,  cargas  y  obligaciones  que  afectan 
á  Jos  mismos  nacionales  en  los  disturbios  intestinos.  Los  ex- 


186  LOS   PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 

tranjeros  en  tránsito,  contraventores,  serán  expulsados  inme- 
diatamente del  territorio  de  la  República. 

M  los  domiciliados  ni  los  en  tránsito  tendrán  derecho  á 
recurrir  á  la  vía  diplomática,  excepto  cuando  hayan  agotado  to- 
dos los  medios  legales  ante  las  autoridades  competentes  y  haya 
habido  denegacidn  de  justicia,  injusticia  notoria  ó  evidente 
violación  de  los  preceptos  del  Derecho  internacional. 

Todos  los  extranjeros  domiciliados  ó  que  se  domiciliaren  en 
Venezuela,  así  como  los  transeúntes,  están  obligados  á  hacer 
una  declaración,  ante  la  autoridad  civil  del  lugar  respectivo,  de 
que  se  someten  á  las  disposiciones  de  esta  ley,  lo  mismo  que  á 
las  anteriores  relativas  á  las  reglas  de  indemnización  de  ex- 
tranjeros de  que  trata  el  decreto  de  12  de  Febrero  de  1673.  Los 
contraventores  serán  expulsados  del  territorio  de  la  República 
dentro  de  un  término  fijado  por  el  Ejecutivo  Nacional* 

El  Ejecutivo  Nacional  no  expedirá  exequátur  á  ningún  Cón- 
sul ó  Vicecónsul  que  tenga  negocios  de  comercio. 

Queda  prohibido  el  establtjcimiento  de  sociedades  ó  corpo- 
raciones, de  cualquier  género,  que  no  tengan  sus  oficinas  direc- 
tivas ó  su  domicilio  en  el  país. 

Los  extranjeros  tienen  derecho,  al  igual  de  los  naturales,  á 
presentar  reclamaciones  contra  la  nación,  por  daños  sufridos 
en  tiempo  de  guerra  y  ocasionados  por  autoridades  civiles  ó 
militares  legalmehte  constituidas,  siempre  que  las  tales  hayan 
obrado  en  su  carácter  político;  dichas  reclamaciones  se  harán 
de  acuerdo  con  los  procedimientos  establecidos  por  la  legisla- 
ción nacional.  La  nación  no  es  responsable  por  daños  causados 
por  agentes  ó  partidas  revolucionarias;  pero  los  damnificados 
podrán  intentar  acción  personal  contra  los  autores  del  per- 
juicio. 

Para  la  admisión  de  un  extranjero  en  Venezuela  se  requiere 
la  presentación  de  documentos  emanados  de  las  autoridades  del 
lugar  de  procedencia  que  acrediten  la  buena  conducta,  ante- 
cedentes del  recién  llegado,  etc. 


VKNBZOISLA 


1«7 


31  con  estas  disposiciones  se  evitEi  un  daño,  acaso  »e  produ- 
cirá otro  mayor,  pues  es  posible  que  cesen  ó  disminuyan  con- 
siderablemente la  inniigraciÓG  y  la  introducción  de  capitales 
en  la  República, 


En  el  verano^  la  í»ituación  interior  del  país  mejoraba,  pues 
IfltOíT  se  dio  por  vencido^  depuso  las  armas  y  lanzó  un  mani- 
fiesto declarando  que  se  hallaba  dispnesto  á  reconocer  el  Go- 
bierno de  Castio.  á  condición  de  que  éste  ofreciera  amnistía  y 
garantías  de  seguridad  á  todos  los  que  tomaron  parte  en  la  re» 
•  volución, 

Sin  embargo,  no  se  logró  el  inmediato  restablecimiento  de 
la  paz.  El  General  Rolando,  con  numeroso  grupo  de  rebeldes, 
negó  la  aumisión  á  Castro  y  se  hizo  fuerte  en  la  parte  oriental 
de  la  República.  Las  tropas  del  Gobierno,  acaudilladas  por  el 
Vicepresidente  Gómez,  tomaron  á  Soledad  y  luego  á  Ciudad 
Bolívar,  después  de  sangriento  combate  en  que  las  gentes  de 
Rolando  quedaron  vencidas  (24  Julio). 

No  puede  negarse  que  en  esta  guerra,  con  todas  las  gravísL 
mas  complicaciones  que  promovieron  Inglaterra  y  Alemania, 
Castro  ha  mostrado  poderosas  energías*  Si  tenaces  han  sido  sus 
enemigos^  les  ba  ganado  en  perseverancia  y  en  tesón.  Si  la  paz 
se  consolida,  tendrá  justo  motivo  para  enorgullecerse —  como 
lo  decía  en  so  mensaje  de  21  de  Marzo — por  haber  vencido  al 
funesto  caudillaje  histórico,  «muerto,  añadía,  por  mi  propia 
mano,"  sobre  el  campo  de  batalla  pasado  al  filo  db  mi  espada», 
Pero  ha  de  hallar  motivo  mayor  de  satisfacción^  de  orgullo  y 
de  gloria,  si  pone  ahora  todas  esas  energías,  de  que  ha  hecho 
alarde  en  la  guerra,  al  servicio  de  una  buena  administración; 
sí  toma  como  punto  capital  de  mira  la  educación  de  su  pueblo, 
que  sólo  puede  prosperar  y  engrandecerse  mediante  instrucción 
y  trabajo.  Que  tenga  muy  en  cuenta  lo  que  ha  escrito  reciente- 
mente el  venezolano  Bolet  Peraza*  En  Venezuela  y  en  algunas 
otras  Repúblicas  de  América,  donde  el  apasionamiento  de  In^ 


188  LOS    PUEBLOS    HISPANOAMERICANOS 

partidos  y  la  frecuencia  de  las  guerras  civiles  paralizan  todo 
progreso,  el  mal  no  está  en  la  sangre,  proviene  de  la  educación. 
Se  han  falseado  los  fundamentos  de  la  democracia;  la  autoridad 
se  convierte  en  despotismo,  la  libertad  en  licencia.  «Y  así,  con 
una  oligarquía  inteligente,  pero  autoritaria,  arriba,  y  un  pue- 
blo bueno,  pero  ignorante,  abajo,  hemos  venido  de  tumbo  en 
tumbo,  de  guerra  en  guerra...,  perdiendo  por  gradaciones  rápi- 
das la  fe  en  los  principios  y  la  fe  en  los  hombres...;  hay  igno- 
rancia, hay  falta  de  cordura,  hay  perversión  de  ideas,  hay  ido- 
latrías de  hombres». 

Ciertamente,  pueblos  ignorantes,  atrasados,  en  los  que  la 
cultura,  el  saber  ó  el  buen  sentido  son  una  excepción,  no  pue- 
den constituir  verdaderas  democracias.  Son,  en  el  hecho,  efí- 
meras monarquías  ú  oligarquías  que  viven  cambiando  de  con- 
tinuo y  revolucionariamente  de  amo  ó  señor.  Sólo  la  Escuela 
puede  acabar  con  los  tiranuelos  y  con  las  revoluciones. 


ECUADOR 


Trabajos  geodésicos:  la  revisión  del  arco  de  meridiano  medido  en  el  si- 
glo XVIII.— T.as  vías  de  comunicación:  el  ferrocarril  de  Guayaquil  á  Quito.— 
Los  partidos  políticos.  -El  matrimonio  civil.— Situación  financiera. 

El  Bl  de  Agosto  de  1901,  el  General  D.  Eloy  Alfaro  entregó 
la  Presidencia  de  la  República  del  Ecuador  á  su  sucesor  el  Ge- 
neral D.  Leónidas  Plaza. 

Esta  República,  en  cuyo  territorio  matemáticos,  franceses  y 
españoles  midieron,  en  el  siglo  xviii,  un  arco  de  meridiano, 
atrae  de  nuevo  la  atención  del  mundo  científico. 

Francia  también  ahora,  por  iniciativa  de  la  Asociación  geo- 
désica internacional,  acomete  y  renueva  estos  trabajos  (1). 
Geodestas  franceses  realizan  en  los  mismos  lugares  operaciones 


(1)  En  las  conferencias  celebradas  por  la  Asociación  geodésica  interna- 
cional en  Septiembre  de  1898,  el  Delegado  español  D.  Bernardo  Sagasta  re- 
clamó el  derecho  de  España  á  colaborar  en  dichos  trabajos,  y  en  su  conse- 
cuencia acordó  la  Asociación  que  la  revisión  del  arco  del  Perú  fuera  ejecu- 
tada por  Francia  y  Bepaña  reunidas,  como  en  el  siglo  xviii,  y  se  nombró  al 
efecto  una  comisión,  de  la  cual  formaba  parte  el  Sr.  Sagasta,  para  que  estu- 
diara y  propusiera  los  medios  de  llevar  á  cabo  las  operaciones  necesarias. 
Sin  embargo,  no  hemos  tomado  parte  en  ellas,  y  es  muy  de  lamentar  que 
por  culpa  de  quien  fuere  se  vea  en  esta  ocasión  privada  España  de  la  gloria 
científica  de  haber  coadyuvado  á  las  operaciones  con  su  dinero  y  con  los  In- 
genieros geógrafos  de  nuestro  Instituto  Geográfico,  que  ni  en  ciencia  ni  en 
pericia  tienen  nada  que  envidiar  á  los  de  las  naciones  más  adelantadas.  {Los 
geodestas  D,  Jorge  Jimn  y  D.  Antonio  de  Ulloa  en  el  Perú,,  conferencia  dada  el  10 
de  Noviembre  de  1903  en  la  Real  Sociedad  Geográfica  por  su  Vicepresidente 
D.  Adolfo  de  Motta>. 


190  LOS   PUEBLOS    HISPANOAMERICANOS 

análogas  á  las  que  c(amplieron  los  sabios  de  aquel  siglo,  pero 
midiendo  arco  de  mayor  amplitud  y  con  aparatos  y  mediante 
procedimientos  mucho  más  perfectos  que  los  que  hubieron  de 
utilizarse  hace  ciento  sesenta  años.  El  Gobierno  del  Ecuador 
concedió  20.000  sucres  para  auxiliar  los  trabajos. 

Se  instalaron  un  pequeño  observatorio  sobre  el  monte  Pa- 
necillo, cerro  situado  en  el  extremo  Sur  de  la  ciudad  de  Quito, 
y  puestos  ó  estaciones  de  señales  en  el  Pichincha  y  en  las  al- 
turas de  Pampamarca,  del  Corazón  y  otras,  y  se  tendieron  las 
nuevas  líneas  telegráficas  que  se  consideraban  indispensables 
para  la  mayor  exactitud  y  consiguiente  perfección  de  los  tra- 
bajos, los  cuales,  probablemente,  no  terminarán  hasta  fines 
de  1904. 

Entre  tanto,  el  jefe  de  la  misión.  Comandante  Bourgeois,  no 
limitándose  al  cumplimiento  estricto  del  encargo  que  recibió 
,  de  su  Grobierno,  estudiaba  el  país,  y  especialmente  sus  elemen- 
tos de  producción  y  riqueza,  y  comunicó  interesantes  datos  á 
las  Sociedades  y  Revistas  geográficas  de  Francia. 

Expresó  gran  confianza  en  el  porvenir  del  Ecuador,  cuya 
región  interandina  tiene  excelentes  condiciones  de  habitabili- 
dad. El  único  obstáculo  que  se  opone  (como  en  la  mayor  parte 
de  la  América  meridional)  al  progreso  económico  es  la  falta  de 
vías  de  comunicación.  Desde  este  punto  de  vista,  el  Ecuador, 
en  1902,  se  hallaba  casi  en  el  mismo  estado  que  bajo  la  domina- 
ción española,  es  decir,  en  la  época  en  que  allí  estuvieron  y  tra- 
bajaron con  los  comisionados  franceses  D.  Jorge  Juan  y  don 
Antonio  de  Ulloa.  El  antiguo  camino  real,  que  atraviesa  la  Re- 
pública de  Norte  á  Sur,  y  un  par  de  sendas  que  van  desde  Gua- 
yaquil hasta  la  meseta  andina,  constituyen  toda  la  ved  de  ca- 
minos por  los  que  las  provincias  del  interior  pueden  comuni- 
car con  la  costa  y,  por  consiguiente,  con  el  resto  del  mundo. 

De  Guayaquil  parte  hacia  la  Cordillera  un  ramal  de  ferro- 
carril. Por  éste  y  por  vía  fluvial  llegan  las  mercancías  á  Puente 
de  Chimbo  ó  á  Bobahoyo  ó  Bodegas;  desde  aquí,  los  arrieros 


í  encardan  d&  transportarlas  á  lomó  de  mulos  hastn  Quito,  Y 
bs  tales  arrieros  son  los  arbitros  del  tráfico}  bulbos  luuy  pesa- 
ps  ó  de  forma  poco  adecuada  para  cargarlos  sobre  las  caba* 
Brías,  no  pasan.  Nos  cuenta  Bourgeois  que  hace  años  está  en 
lobahojo  la  caja  dcismontada  de  uu  lando  destinado  al  Presi- 
sute  de  la  Repúblir.a 

Compréndese,  pues,  la  gran  importancia  qiie  tiene  la  cons- 
puccióii  del  ferrocarril  proyectado  entre  fxuayaquil  y  Quito. 
Septiembre  de  1902  lleg^aLa  el  tren  á  Alansí,  en  1h  meseta,  á 
ll40  metros  de  altitud.  La  empresa  conisti'nctora  asegura  que 
►  fines  de  lí^M  se  alcanzarán  las  faldas  del  Pichincha 

Hay  otro  proyecto,  la  línea  directa  de  Quito  al  Pacífico,  en 

,  bahía  de  Caracas  ó  Caraquez,  por  los  valles  de  loa  ríos  Toachi 

Chones»  Bourgeois  es  partidario  de  esta  línea,  ©n,tre  otras 

pisones,  porque  la  patrocina  la  colonia  francesa  del  Ecuador. 

bene  en  contra  la  circunstancia,  muy  atendible,  de  que  no  hay 

aerto  en  la  citada  bahía,  y  sería  preciso  construirlo» 

Lo  indudable  es  que  con  la  llegada  del  ferrocarril  á  la  meseta. 

República  ecuatoriana  tomará  nueva  fase  económica,  modi- 

eándose  profundamente  las  condiciones  de  vida  en  ese  país, 

nes  se  calcula  que,  aparte  Ja  rapidez  de  los  viajes,  mediante  la 

ía  férrea  el  precio  de  ciertos  artículos  de  comercio  bajará  en 

pro[)orciijn  de  10  á  1. 


La  República  del  Ecuador  ha  sido  uno  de  los  Estados  en  que 
bayor  |»redominio  ejercieron,  basta  muy  entrada  la  segunda 
litad  del  siglo  xix,  el  clero  católico  y  las  ideas  tradicionales, 
lo  hace  aún  cuarenta  años,  en  tiempos  del  Presidente  García 
loreno,  el  autor  de  la  Dffefisn  de  los  jfíSititaSp  imperaba  en  ab- 
plato  el  llamado  partido  clerical;  la  instrucción  estaba  á  cargo 

la  Compañía  de  Jesús,  de  los  Hermanos  de  las  Escuelas  cris- 
kiana¿»  y  de  las  Hermanas  de  los  Sagrados  Corazones,  y  no  pa- 
l^ba  por  las  aduanas  libro  aliruiM*  <jiih  fii^nrase  en  los  índices 
rEoiua» 


192  LOS   PUEBLOS   HLSPANOAMEUICANOS 


Liberales  y  conservadores  lian  sostenido  durante  años  em- 
peñada contienda.  Ahora  dominan  los  primeros  y  transigen  los 
segundos.  La  Iglesia  recomienda  al  clero  que  no  tome  parte 
activa  en  la  política  y  que  procure  la  paz  y  concordia  entre  to- 
dos los'ecuatorianos. 

Las  circunstancias  han  cambiado  de  tal  modo,  que,  á  pesar 
de  la  natural  y  ruda  oposición  del  clero,  los  ecuatorianos  pue- 
den ya  casarse  civilmente,  ante  los  jefes  políticos  en  las  cabe- 
ceras de  los  cantones,  y  ante  los  tenientes  políticos  en  las  parro- 
quias rurales.  Se  han  celebrado  varios  matrimonios  con  arreglo 
á  la  nueva  ley,  objeto  de  gran  curiosidad  y  apasionados  comen- 
tarios entre  los  naturales.  Por  telégrafo  dábase  cuenta  al  Mi- 
nistro de  Justicia  de  la  celebración  de  un  matrimonio  civil  en 
Manabí  el  1."  de  Enero  de  1903. 

La  confianza  que  inspira  el  nuevo  estado  de  cosas,  que  por 
ahora  pone  fin  á  la  histórica  lucha  entre  los  bandos  clerical  y 
militar,  alienta  á  los  capitalistas  del  país  y  extranjeros  para 
emprender  obras  de  utilidad  pública.  Van  á  construirse  un  mue- 
lle y  nuevo  edificio  para  aduana  en  Guayaquil,  además  del  ci- 
tado ferrocarril  de  Quito  á  la  costa,  mediante  el  cual  en  veinti- 
cuatro horas  podrá  hacerse  el  viaje  entre  el  Pacífico  y  la  capital 
de  la  República. 

La  situación  financiera  es  excelente,  porque  se  han  cancelado 
los  bonos  de  la  Deuda  exterior  ó  inglesa,  que  databa  del  tiempo 
de'la  Gran  Colombia. 


PERÚ 


Progresos  y  DAtado  a«tiial  ie  In  República.  -Los  capitules  extmujeros  y  Ims 
eti]pre.sae  ruinenia.-UneiiB  rte  n&yegwoíÓD,  íerrocarrile»  y  tranvías,— L» 
reaovRcíóti  de  Presidente.— D.  Manuel  Cundamo  y  9u  prog^ratna  de  go- 
tiierno.— Los  partidos  políticos. 


En  1901^  un  informe  oficial  de  nuestro  Cónsul  en  el  Callao, 
publicado  en  la  Gareta  cIp  Madrid^  nos  daba,  idea  mtty  exacta 
de  los  progresos  del  Perú  en  loa  últimos  años  del  pasado  siglo 
y  de  BU  Situación  presente.  Cierto  es  que  no  se  encuentra  aán  á 
la  altnra  de  su  legendaria  reputación,  ni  con  aquella  exuberan- 
cia de  riquezas  que  dio  fama  á  esta  República  en  el  mercado 
iuiiversal.  I^a  guerra  cou  Chile  casi  la  aniquiló;  peidió  el  salitre 
lie  Tara  paca  y  quedaron  destraídas  las  demás  fuentes  de  ri- 
quejsa  del  país,  viniendo  como  consecuencias  naturales  é  Inme- 
diatas la  quiebra  de  bancos  de  crédito,  la  extinción  del  billete 
fiscal  Y  del  papel  moneda,  lo  que  dejó  sin  valor  ni  curso  legal  á 
más  de  80  millones  de  soles  de  plata  (8  millones  de  libras  ester- 
linas), la  depreciación  de  la  propiedad,  y  con  todo  ello  la  ruina 
de  la  agricultura  y  de  las  industrias* 

Pero  ahora,  dominadas  esas  destructoras  causas,  el  Perú  se 
repone  rápidamente,  como  lo  demuestran  las  cifras  de  sii  co- 
mercio general,  que  en  1900  pasó  de  80  millones  de  pesos,  y  el 
aumento  de  las  rentas  piVblícas,  habiéndose  oasi  daplicado  los 
ingresos  en  seis  años,  puesto  que  eran  aquéllos  poco  más  de 
7  millones  de  soles  en  18fi4  y  llegaron  á  muy  cerca  de  14  mi- 
llones en  1900,  En  ocho  años  los  valles  de  la  provincia  de  Tru 
jillo  han  triplicado  su  producción  de  azúcar.  Los  productos  de 

18 


194  LOS    PUBBLOS   HISPANOAMERICANOS 

las  minas  pasan  de  15  millones,  de  los  que  más  de  la  mitad  co- 
rresponden á  la  plata. 

Por  esto,  los  capitales  extranjeros  afluyen  ya  hacia  el  Perú.. 
Un  sindicato  constituido  en  Londres  aporta  350.000  libras  ester- 
linas para  explotar  minas;  otra  compañía  inglesa  ofrece  200.000 
libras  por  300  minas  del  Cerro  de  Pasco;  en  París  se  funda  una 
sociedad  para  explotar  azufre,  petróleo,  grafito  y  otros  minera- 
les en  el  distrito  de  Sechura.  Y  los  informes  del  explorador 
Conway,  que  ha  poco  regresó  á  la  capital  de  Inglaterra,  estimu- 
lan y  avivan  la  codicia  de  los  aficionados  á  negocios  mineros, 
pues  cuenta  que  ha  visto  yacimientos  y  arenas  tan  ricos  en  oro, 
que  pueden  competir  con  los  criaderos  del  Transvaal  y  de 
Alaska. 

Como  en  Bolivia,  otro  producto  que  atrae  preferentemente 
á  industriales  y  capitalistas  es  el  caucho,  y  son  varias  las  con 
cesiones  ya  otorgadas  para  explotar  las  zonas  en  que  abundan 
los  árboles  gomeros. 

Y  como  el  desarrollo  de  las  empresas  minoras  y  agrícolas 
depende  en  gran  parte  de  la  facilidad  de  las  comunicaciones 
para  transportar  los  productos  que  se  benefiSic»',  créanse  nue- 
vas compañías  de  navegación  en  la  costa  del  Pacífico,  que  el 
Gobierno  peruano  favorece  y  aun  se  propone  subvencionar  para 
obtener  la  baja  de  fletes  y  pasajes  entre  sus  puertos  y  los  de 
Chile,  Ecuador  y  Colombia,  y  principalmente  con  Panamá.  Este 
puerto  y  Valparaíso  son  los  dos  extremos  de  la  línea  de  vapores 
que  organizaba  un  sindicato  inglés. 

Según  informe  presentado  en  1903  por  el  Director  de  Obras 
públicas  al  Ministro  del  ramo,  adelantan  rápidamente  los  tra 
bajos  emprendidos  con  el  fin  de  facilitar  las  comunicaciones 
por  el  interior  del  país.  Prestan  ya  servicio  en  toda  su  exten- 
sión (130  kilómetros)  el  ferrocarril  del  Oroya  al  gran  centro  mi- 
nero de  Cerro  de  Pasco,  y  también  los  ferrocarriles  mineros  de 
Morococha  y  del  Carmen  á  Casapalca.  Se  ha  constituido  una 
Compañía,  con  capital  de  500.000  libras  esterlinas,  para  la  ex- 


^lotaciÓD  del  ferrocarril  ile  Lima  á  i'i^ou.   v  mí  íi<t^.»:h  estudios 

trabajos  para  Ja  constniccíón  de  varios  ferrocarriles  desde  ia 

osta  á  lo$  grandes  ríos  tributarios,  del  Aiuazonasi  y  de  tranvías 

lléotricos  de  doble  vía  entre  las  principales  poblaciones  de  la 

¡República.  Los  mis  importantes  de  estos  tranvías  son  el  de 

lia  Á.  CkorriUos  y  el  da  Lima  al  Callao. 

Kn  casi  todas  estas  empresas  interviene  el  capital  extr añ- 
ero. Alemanes,  yanquis,  ingleses  y  franceses  llevan  a  la  Amé- 
rica española  sus  iniciativas  mercantiles  y  sus  aptitudes  in- 
dustriales, avaloradas  con  el  capital  necesario  para  fomentar  la 
fíqneza  pública.  Nosotros,  por  desgracia^  no  tomamos  parte 
llrecta  en  esas  empresas,  que  tanto  contribuyen  al  engrande- 
cimiento y  prosperidad  de  los  Estados  bispanoamericanos. 


En  las  elecciones  presidenciales  de  IfKB  lian  triunfado  los 
sirtidos  constitucional  y  civilista^  aliados  contra  los  demóora- 
Ha  sido  elegida  Presidente  el  Jefe  del  partido  civilista,  don 
lannel  Candamo,  y  Vicepresidentes  primero  y  segundo  un 
Constitucional  y  un  civilista,  Candamo  es  Presidente  de  la  Cá- 
uara  de  Comercio  de  Lima,  y  ha  sido  Alcalde  de  esti^  ciudad  \ 
^residente  4el  Senado.  Es  hombre  de  unos  sesenta  ftílos  y  se 
Jistingaió  mucho  en  la  guerra  del  Pacífico. 

El  Presidente  cesante,  Sr.  Romana,  le  hizo  entrega  del  mando 
|ttpremo  el  tí  de  Septiembre. 

La  solemne  ceremonia  se  veri  tico  aute  el  Congreso^  presidido 
por  el  del  Senado  1).  Antero  Aspiílaga,  quien  recibió  del  Sr.  Ro- 
mana las  insignias  de  la  más  alta  magistratura  del  Estado  y 

!  pasó  al  Sr*  Candamo,  deg^pués  de  ítaber  éste  prestado  jura* 
uento. 

Los  últimos  votos  de  Romana,  expresados  en  el  breve  dis- 
kurso  qne  pronunció,  fueron  por  la  felicidad  de  la  patria  y  por 

ventura  personal  del  nuevo  Presidente,  que  hoy  encarna  las 
speranícas  de  la  nación. 

También  Candamo  dirigió  su  palabra  k  los  representantes 


196  LOS  PUBBLiOS   HISPANOAMERICANOS 

del  país,  ofreciéndoles  un  verdadero  programa  de  gobierno. 
Anunció  que  en  breve  solicitaría  su  concurso  para  llevar  ade  - 
lante  dos  reformas  exigidas  por  la  opinión  publica  é  imperiosa- 
mente reclamadas  por  elevadas  consideraciones  de  moralidad 
pública  y  social:  la  de  la  ley  Electoral  y  la  de  Imprenta. 

La  ley  Electoral,  á  más  de  que  contiene  disposiciones  inade- 
cuadas al  estado  del  país,  según  lo  han  comprobado  las  pocas 
aplicaciones  que  ha  tenido  hasta  hoy,  fomenta  y  estimula,  on 
cierto  modo,  esa  tendencia  á  transgredir  las  leyes,  ese  menos 
precio  por  su  carácter  obligatorio,  que,  por  desgracia,  va  ha- 
ciéndose habitual  entre  los  peruanos  y  constituye  grave  daño, 
que  es  preciso  remediar  sin  tardanza. 

La  ley  de  Imprenta  es  un  cartel  de  permanente  descrédito 
para  la  Repiiblica.  Una  ley  á  la  cual,  por  una  causa  ú  otra,  no 
se  le  da,  no  se  le  puede  dar  jamás  el  debido  cumplimiento,  y  quo 
por  esa  razón  consigna  tácitamente  el  principio  de  la  absoluta 
libertad  sustentada  por  la  absoluta  irresponsabilidad,  es  una 
aberración  inconcebible  que  no  debe,  que  no  puede  subsistir 
por  más  tiempo. 

En  su  último  mensaje  al  Congreso,  el  Sr.  Romana  se  ex- 
presó con  merecida  severidad  sobre  el  alarmante  extremo  á  que 
ha  llegado  el  abuso  que,  con  vergonzoso  escándalo,  está  ha- 
ciéndose de  esa  valiosa  garantía,  é  invocó  con  vehemencia  la 
necesidad  de  expedir  una  nueva  ley,  necesidad  que  el  actual 
Presidente  se  proponía  satisfacer  remitiendo,  con  tal  fin,  un 
proyecto  á  las  Cámaras  en  el  curso  de  la  presente  legislatura. 
En  el  orden  económico  cree  el  Sr.  Cándame  que  las  Cámaras 
y  el  Ejecutivo  deben  consagrarse,  de  toda  preferencia,  al  estu- 
dio concienzudo  de  las  cuestiones  referentes  á  vías  de  comuni- 
cación, irrigación  de  los  terrenos  de  la  costa  é  inmigración  ex- 
tranjera, á  fin  de  darles  soluciones  prácticas,  compatibles  con 
las  circunstancias  del  país  y  los  recursos  del  Erario.  A  ellas  es- 
tán en  gran  parte  vinculados  el  desarrollo  de  las  industrias,  el 
aumento  de  la  riqueza  y  el  progreso  nacional,  y  son  las  que,  en 


á 


PKüir 


1117 


,  día,  ioten¿s.an  más  vivamente  á  la  opinión  pública,  tatigada 
de  estériles  agitaciones  políticas  y  ansiosa  de  que  la  nación 
plique  suá  f  uer^aa  á  empresas  útiles  que  la  Itagan  adelantar  y 
posperar. 

iSon  igualmente  asuntos  de  altíísima  importancia^  y  que  los 
poderes  públicos  deben  considerar  con  la  mayor  solicitud,  la 
educacjón  índaéttial  y,  particularmente,  la  enseñanza  de  las 
rtes  mecáüicas  en  planteles  destinados  á  ese  tsxclusivo  objeto, 
¡  de  los  cuales  no  puede  carecer  niu^^rm  ritís  regularmente  or- 
üizado. 

El  Sr,  Caudamo  áe  proponía  solicitar,  por  de  pronto,  la  au- 
briscación  legislativa  correspondiente   para  establecer  en   la 
lepúblicft  una  Escuela  de  artes  y  oficios,  con  arreglo  á  los  ade- 
lantos modernos,  haciendo  venir  de  Europa  el  Director,  los 
Profesores  y  el  material  necesario  para  ello. 

Parte  del  programa  de  Oandamo  estaba  ya,  á  tines  de  año 

Iti  vías  de  realización.  En  el  Congreso  se  había  discutido  1& 

neva  ley'  de  Imprenta.  El  Gobierno  ponía  empeño  en  fomentar 

i  colon ísiación  de  la  zona  oriental^  abriendo  caminos  hacia  ella; 

la  comisión  cientíÜca  iba  ii  estudiar  la  dora  de  las  montañas» 

[entraban  en  período  de  gran  actividad  las  gestiones  para  ven- 

Br  las  dificultades  que  se  oponían  á  la  construcción  de  impor 

B.nteá  ferrocarriles,  sobre  todo  el  de  Oroya  á  Ayacucho  y  el  del 

ll»ral»  El  Ministro  de  Hacienda,  con  el  fuopósito  de  aumentar 

%B  rentas  públicas,  había  sometido  á  las  Cámaras  varios  pro- 

BOtos,  tales  como  el  establecimiento  de  nuevos  arbitrios  sobre 

assiúcarf  los  {ósibroa  y  las  bujías^  el  estanco  del  tabaco  y  la 

feduoctón  de  los  puertos  mayores  á  cuatro;  Callao,  Paytat  Mo- 

lendo  y  el  fluvial  de  Iquitos. 


Llega  Cándame  al  Poder,  según  él  mismo  decía,  tras  larga 

cha  qu«  exacerbó  las  pasiones  políticas  y  tuvo  al  país  alar- 

t&do  con  la  ejípectativa  de  violentas  y  dañosas  soluciones, 

ero  que  afortunada luen te  no  llegó  á  tan  deplorable  extremo 


198  LOS    PUEBLOS   HISPANOAMBUiCANOS 

por  la  prudencia  y  sensatez  con  que  los  partidos  conteudientes 
adoptaron  honroso  acuerdo  para  dejar  que  prevalecieran  los 
mandatos  de  la  ley,  el  interés  del  Estado  y  la  manifiesta  volun- 
tad de  la  Nación.  Por  esto,  á  la  hora  presente,  en  toda  la  Re- 
p&blica  imperan  la  paz  y  el  orden. 

Como  condición  para  garantir  en  lo  sucesivo  el  manteni- 
miento de  una  y  otro,  se  impone  la  necesidad  de  reorganizar, 
mejor  dicho,  deformar  nuevos  partidos  políticos,  mediante  fu- 
sión de  los  que  hoy  existen,  y  no  con  el  fin  concreto  de  impo- 
ner determinadas  candidaturas  para  el  Gobierno,  como  se  hizo 
en  las  últimas  elecciones  presidenciales,  sino  para  conseguir 
predominio  en  la  opinión  y  en  las  Cámaras,  y  realizar  así,  por 
medios  legales,  las  aspiraciones  en  que,  en  lo  fundamental, 
convienen  varios  de  ellos.  La  Unión  nacional,  la  Unión  cívica", 
el  partido  civilista,  los  constitucionales,  los  demócratas,  los 
federales,  pueden  prescindir  de  los  principios  de  orden  secun- 
dario que  los  separan  y  constituirse  en  agrupaciones  de  verda 
dera  importancia  y  fuerza,  con  lo  que  habría  de  normalizarse, 
seguramente,  la  vida  política  del  país. 

Algunos  de  esos  partidos  son  disidencias,  desprendimientos 
de  otros,  sin  base  propia  de  doctrina,  y  muy  beneficioso  sería 
que  los  afines  se  concertaran  bajo  la  idea  común  y  capital  en 
que  todos  se  suman. 


BOLIVIA 


I 


Lm  cueatlones  fie  límites.— La  frontera  entre  Bolivia  y  el  Brasil*— Antece- 
dentes. -Resumen  de  laa  negooiaciones  y  estudios  hechos  para  determinar 
aquella  frontera*— El  país  del  Acre  y  de  la  (^oma  eláatic&.—LafideleK^ciQ- 
nea  y  las  aduanaa  boHvirtnas  en  esta  Tejrfóa. '^Conflicto  con  los  brasile- 
ños,—La  República  del  Acre.— Guerra  entre  bolivianos  y  acrenaes,  é  ínter- 
Tención  del  B rabí L -Renovación  de  líig  neg-ociacioneB  para  fijar  la  línea 
divisoria.— Los  trabajos  de  la  Comisión  Baillvián-Cruls. 

La  determinación  de  limites  entre  los  Estados  hispanoame 
ri canos  sigue  siendo,  en  la  mayor  parte  de  ellos,  cuestión  de 
actnalidad. 

Respecto  á  Bolivia,  años  hace  que  se  entablaron  negociacio- 
nes para  demarcar  sus  fronteras  con  el  Brasil,  el  Pera  y  el  Pa- 
raguay. 

De  1863  datan  las  primeras  gestiones  formalizadas  para  lle- 
gar á  un  acuerdo  entre  Bolivia  y  Brasil.  Los  PlenipotenciarioN 
de  ambos  países,  D.  Rafael  Biistillo  y  el  Sr.  Regó  Alonteiro, 
respectivamente,  no  lograron  en  tenderse <  Bolivia  necesitaba 
abrir  salidas  hacia  el  Atlántico  por  las  vías  fluviales  del  Platíi 
y  del  Amazonas;  pero  si  se  aceptaban  las  exigencias  del  Brasil, 
aquella  BepúbHca  quedaba  sin  acceso  al  río  Paraguay,  y  en  In 
parte  Norte  perdía^  con  relación  á  sus  pretensiones,  gran  parte 
M  curso  del  Madera. 

En  1867,  bajo  la  dictadura  del  General  boliviano  Melgarejo. 
se  hizo  el  tratado  de  27  <ie  Marzo,  por  virtud  del  cual  el  Brasil 
realizaba  sus  aspiraciones;  la  única  concesión  que  hacia  á  Boli 


200  LOS   PUEBLOS    HISPANOAMERICANOS 

via  era  permitirle  la  libre  navegación,  por  seis  años,  de  los  ríos 
que  corren  por  territorio  brasileño  y  van  al  Océano.  Según  el 
artículo  2.^  del  tratado,  la  frontera  quedaba  demarcada  en  la 
forma  siguiente : 

«Partirá  del  río  Paraguay  en  la  latitud  de  20°  10',  en  donde 
desagua  la  Bahía  Negra;  seguirá  por  medio  de  ésta  hasta  el 
fondo  de  ella,  y  de  ahí  en  línea  recta  á  la  laguna  de  Cáceres, 
cortándola  por  su  mitad;  irá  de  aquí  á  la  laguna  Mandioré  y  la 
cortará  por  su  mitad,  como  también  por  las  lagunas  Gahiba  y 
Uberaba,  en  tantas  rectas  cuantas  sean  necesarias,  de  modo  que 
queden  del  lado  del  Brasil  las  tierras  altas  de  las  Piedras  de 
Amolar  y  de  la  Insúa.—Del  extremo  Norte  de  la  laguna  Ube- 
raba irá  en  línea  recta  al  extremo  Sur  de  Corixa  Grande,  sal- 
vando las  poblaciones  bolivianas  y  brasileñas,  que  quedarán 
respectivamente  del  lado  de  Bolivia  ó  del  Brasil;  del  extremo 
Sur  de  Corixa  Grande  irá  en  líneas  rectas  al  Morro  de  Biiena 
Vista  (Boa  Vista)  y  á  los  Cuatro  Hermanos  (Quatro  Irmaos); 
de  éstos  también  en  línea  recta  hasta  las  nacientes  del  río 
Verde;  bajará  por  este  río  hasta  su  confluencia  con  el  Guaporé 
y  por  medio  de  éste  y  del  Mamoré  hasta  el  Beni,  donde  princi- 
pia el  río  Madera.— De  este  río  para  el  Oeste  seguirá  la  frontera 
por  una  paralela  tirada  de  su  margen  izquierda  en  latitud  Sur 
10°  20',  hasta  encontrar  el  río  Yavary.-  Si  el  Yavary  tuviese 
sus  nacientes  al  Norte  de  aquella  línea  Este-Oeste,  seguirá  la 
frontera  desde  la  misma  latitud  por  una  recta  hasta  encontrar 
el  origen  principal  de  dicho  Yavary». 

Quiso  después  Bolivia  rectificar  este  trazado.  Se  opuso  el 
Brasil,  y  la  demarcación  de  la  frontera,  conforme  á  dicho  con- 
venio, se  hizo  de  1870  á  1878.  Pero  como  según  trabajos  que  ha 
bían  realizado  en  1874  delegados  peruanos  y  brasileños,  las  na- 
cientes del  Yavary  estaban  no  en  10°  20'  latitud  Sur,  sino  en 
7**  1'  17", 6,  la  frontera  avanzó  hasta  este  último  punto  (cuya 
longitud  es  74''  8'  27  ",7  Oeste  Greenwich). 

Faltaba  ya  sólo  la  colocación  de  hitos  en  la  línea  divisoria, 


ea  los  puntos  de  intersección  con  lo?i  rios  que  poi  allí  corren. 
Una  Comisión  mixta  em^jezó  estos  trabajos  en  Jiüio  de  1895 ►  Du- 
rante ellos,  el  Comisario  brasileño»  Coronel  Aí?evedo>  advirtió 
que,  según .inf ornees  de  gentes;  del  país,  las  fuentes  jírincípales 
del  Yavary  oorresiipondíaii  al  río  Gálvez  y  no  al  Yaqiiirana;  »iue^ 
ptív  tanto,  nc  era  exacta  la  latitud  determinada  en  IHTíI,  y  que 
este  error f  en  cuanto  ¿  la  demarcación  se  refería,  perjudicaba 
al  Estado  brasileño  de  Auiassonas,  que  perdía  una  superficie 
de  5  870  leguas  canchadas 

Tratóse  de  aclarar  e»te  punto  mediante  exploración  que  b^^so 
elCapitáa  Cunba  Gomeíu  en  Marjco  de  1897,  y  resultó  que  el 
Yftquirana,  y  no  el  Galvez,  era  el  brazo  principal  del  Yavaryj 
pero  que  las  fuBiites  estaban  en  7^*  11'  4íí",10  de  latitud  Sur,  en 
vesíde  7^  T  17",  5.  La  longitud  di  feria  también  de  la  anteí*  calcu- 
lada en  20*  42"  ,57, 

La  Cancillería  brasileña  propuso  la  r*JictiíioacÍÓD  y  que  te 
iíuspendieran  las  operaciones  demarcadoras.  Bolivia  se  negó» 
considerando  el  punto  como  delinitivamente  retíuelto,  puesto 
que  el  protocolo  confirmatorio  de  los  actos  iuternacionales 
de  1878  se  babía  pactado  d  sabiendas  de  que  la  Gomiüión  mixta 
p6ruaiio-brasileña  uo  babía  llegado  hasta  las  fuentes  del  Ya- 
vary^  limitándose  a  calcular  distancias, 

Al  fin  Bolivia  se  resignó  á  aceptar  los  resultados  de  la  ex- 
ploración brasileña  de  Cunba  G-ómez,  Pero  el  Brasil  exigió 
tuievo  reconocimiento  de  las  faeütes,  y  se  firmó  el  protocolo  de 
bO  de  Octubre  de  IS'JO^  adoptando  como  Haea  provisional  la  li- 
nea Cunba  Gómez^  y  conviniendo  en  que  una  Comisión  mixta 
reconociese  las  nacientes  del  Yavary, 

Durante  estas  negociaciones,  la  cuestión  se  había  compli- 
cado a  cousecueitcia  de  graves  disturbios  en  la  uü.sma  zona  por 
donde  pasa  la  línea  Madera-Yavary^  es  decir,  en  la  vasta  región 
vulgarmente  conocida  hoy  con  el  nombre  de  país  del  Acre  ó 
Ajíjuiryj  río  que  se  une  al  Purús,  afiuente  del  Amazonas,  eii  ty* 
mtorio  dííl  Brasil,  y  navegable  á  vapor  de  Diciembre  á  Junio. 


202  LOH  PUKBLOS   HISPANOAMURICAN- 

\).  Manuel  V.  Ballivián,  el  sabio  Director 
iriifíi^rtiuíAn,  estadística  y  propaganda  geog^f 
tsu  1)11  informe  anual  de  1901,  al  señalar  las  zo:í 
mente  propicias  para  instalar  núcleos  ó  bases  d^ 
rsolas  y  pecuarias,  se  fijaba,  entre  otras,  en  esta  2 
nomina  de  la  goma  elástica,  situada  al  Norte  del 
DioH  y  al  Occidente  del  Beni.  ^      ^"^íís, 

Allí,  en  la»  delegaciones  del  Madre  de  Dios  y  ^^  ¿íonde 

af|uel  país  dw  exuberante  y  variadísima  vegetaci^^'^  *  ^^^^ent 
hombre  encuentra  todo  cnanto  puede  necesitar  par^  ^^  ^^^'^'^  coj 
y  dem¿A  exigencias  de  la  vida,  crece  la  Siphonia  ^''^  ^x^^^  ^^ 
abundancia  y  lozanía,  y  los  industriales  dedicados  á  ^  ^i'^ca.s 
■^írin^K  y  el  caucho  pueblan  las  orillas  de  los  ríos  ooU  ^ 
'i  (fHíablecimientos,  de  día  en  día  más  numerosos.  ^aos 

Silbido  es  cuánta  importancia  tienen  en  la  actualií^^        r^^' 
I»roduíito8  por  sus  múltiples  aplicaciones  á  la  industria         ^0 
rlertiH.  Aumentando  en  considerable  proporción  la  demanda      ^^ 
ni  los,   hubo  que  aumentar  también  el  personal  de  picado^ 
como  «n  el  país  dicen,  esto  es,  de  braceros  dedicados  á  la  in^^' 
HÍí;ii,  corte  ó  pica  del  árbol  para  recoger  el  jugo,  y  se  apeló  í^ 
reclutamiento,  mejor  dicho,  á  la  caza  y  venta  de  indios  áraa'' 
nas,  Í-»a  delegación  nacional  suprimió  este  tráfico,  y  fué  precisa 
importar  obreros,  japoneses  en  unas  partes,  negros  traídos  de 
Panamá  y  Jamaica  en  otras. 

Se  multiplicaban,  pues,  los  establecimientos  en  la  región  del 
"Beni  y  del  Purús;  acudían  de  otros  territorios  de  América  y 
aun  de  Europa  gentes  codiciosas  ávidas  de  hacer  fortuna  me- 
diante la  extracción  y  venta  de  las  gomas,  y  llegaron  así  á 
crearse  núcleos  de  población  heterogénea  y  aventurera,  que, 
como  vivían  en  las  tierras  extremas  de  la  República,  en  su  con- 
fín septentrional  y  en  las  comarcas  á  que  corresponde  la  fron- 
tera brasileña  y  los  límites  vagos,  nunca  bien  definidos,  entre 
el  Perú  y  Bolivia,  y  adonde  difícilmente  alcanza  de  modo  eficaz 
y  constante  la   acción  dol  Gobierno,  se  con. -«i aeraban  de  hecho 


BOLIVIA 


^^^  independientes,  y  en  el  año  d^  lííOO habían  pretendido  lo» 
*^^  zona  Noroeste  serlo  dti  derecho,  constituyendo  un  nuevo 
I  ^'  ^**-^o,  la  llamiiíía  Eepúblioa  del  Arre, 


I  Xjos  primeros  centros  agrícolas  del  Parús  fueron  los  estahle- 

^^^Oíj  en  1872  por  el  yanqui  Piper,  fundador  de  la  ciudad  de 

^B'**>bon^  en  la  boísa  del  Aracá,  otro  de  los  afluentes  del  Puras. 

^^  PHncipios  de  1878  se  calculaba  en  8.000  el  número  de  habí- 

^^ tes  en  esa  feraz  región;  cuati'o  vapores  hacían  el  servicio 

Í^^usiial  por  el  río,  exportaban  en  oaucho  ó  goma  un  valor  de 
tQíUones  de  pesos  anuales  é  importaban  de  retomo  suma  igual 
^  varias  mercaderías.  Diez  años  después,  el  explorador  alemán 
'hrenreiob  estimaba  la  pobladón  en  50,000  almas,  y  calcula- 
ase  entonoes  la  producción  de  la  goma  en  2.950  toneladas^  con 
alor  ccimercial  de  OOO.OlX)  libras  esterlinas» 
Los  ¡iroducbos  del  Acre  salfan  por  el  Amazonas^  siu  beneficio 
ara  Bolivia,  porque  los  derechos  de  exportación  los  recauda- 
sin  las  aduanas  brasileñas  del  Para  y  de  Manaos.  El  fisco  bo- 
]ivíano  perdía  más  de  6  millone»  de  pesos  anuales. 

Entonces  BoUvia^  en  28  de  Ootubre  de  1890,  decidió  crear  las 
delegaciones  del  Acre  y  Purüs  y  del  Madre  de  Dios,  para  el  {o 
aento  y  gobierno  de  esas  comarcas.  La  ejecución  de  la  ley  ofre* 
filó  dificultades  en  lo  referente  al  Acre  y  Puriis.  Al  fin  se  cum- 
plió^ y  I  para  evitar  conflictos  con  el  Brasil,  estableciéronse  las 
^fioinas  fiscales  al  Sur  de  la  línea  Cunha  Gómez. 

En  1899  se  fundó  Puerto  Alónimo,  hoy  Puerto  Acre,  en  la  ori- 
lla izquierda  del  río  de  este  nombre,  y  se  abrieron  loa  ríos  boli- 
&DOB  al  comercio  y  navegación  mercante  de  todas  las  naciones 
imigas.  Esto  y  la  creación  de  las  aduanas  disgustó  á  los  bra- 
sileños» sobre  todo  a  los  amazonenses,  que  perdían  los  ingresos 
bonsiderables  que  venían  recaudando. 

Tratábase,  pues,  de  intereses  materiales^  y  el  oonflicto  se 
)f\üO  encima.  Los  colonos  brasileños  del  Acre  expulsaron  á  las 
llutorídades  bolivianas,  y  se  apoderaron  de  Puerto  Abniso;  d^ts- 


204  LO»    PUJflBLOS   HiSPANOAMKRlGANOS 

pues,  amparados  por  traficantes  y  políticos  del  Para  y  Manaos, 
dieron  el  mando  ó  la  dirección  de  1^  asuntos  mercantiles  á  dos 
aventureros  que  eran  ó  se  hacían  pasar  por  españoles,  Luis 
Gálvez  y  Guillermo  Uthoff.  El  primero  hizo  ó  simuló  un  movi- 
miento revolucionario  separatista,  proclamó  la  República  in- 
dependiente del  Acre,  la  señaló  límites,  dictó  un  estatuto  á  modo 
de  Constitución,  inventó  un  pabellón  y  se  erigió  en  Presidente. 
Además  de  Gálvez,  figuraron  como  caudillos  de  los  acrenses 
Víctor  da  Silva,  Gentil  Norberto,  Rodrigo  Carvalho  y  otros. 

Los  brasileños  de  Manaos  y  Para  auxiliaban  á  los  rebeldes. 
El  Acre  y  el  Puras  abren  fácil  comunicación  por  vía  fluvial  con 
el  Amazonas,  y  aquéllos,  deseando  monopolizar  el  comercio  de 
Jas  gomas,  aspiraban  á  que  el  Gobierno  federal  se  apropiase  un 
país  que  tan  gran  porvenir  ofrece.  Lo  cierto  es  que  los  brasile- 
ños hacían  cuanto  les  era  posible  para  alentar  y  favorecer  á  los 
del  Acre,  quienes  en  Diciembre  de  1900  llegaron  á  disponer  de 
una  flotilla  para  los  ríos,  compuesta  de  un  crucero,  dos  avisos 
y  un  transporte,  de  dos  cañones  revólvers,  cinco  de  tiro  rápido 
y  cinco  ametralladoras,  y  de  unos  3.500  hombres  habituados  á 
manejar  el  rifle  y  el  cuchillo. 

La  situación  era  grave.  Enemigo  fuerte  y  audaz,  y  peligro  de 
complicación  internacional.  Bolivia  resolvió  obrar  con  energía 
y  rapidez  y  no  omitir  sacrificio  ninguno  para  asegurar  su  sobe- 
ranía en  el  Acre.  Declaró  el  estado  de  guerra  en  los  territorios 
del  alto  y  bajo  Beni,  Madre  de  Dios,  Ortón,  Acre  y  Purús,  envió 
cuantas  tropas  pudo  reunir,  y  tras  muchas  é  infructuosas  ges- 
tiones consiguió  al  fin  que  el  Gobierno  del  Brasil  acordase  en- 
viar una  escuadrilla  para  intimar  á  Gálvez  la  salida  del  terri- 
torio. Más  efecto  que  este  acuerdo  produjo  en  Gálvez  la  prima 
de  420  contos  de  reis  que  recibió  de  los  brasileños  cómplices  en 
su  empresa.  Marchóse  del  país,  y  las  tropas  bolivianas  pudieron' 
volver  á  ocupar  el  territorio. 

Pero  quedaron  los  otros  caudillos,  siempre  dispuestos  á  la 
rebelión,  y  en  Río  de  Janeiro  pedían  algunos  políticos  que  se 


leolarase  la  soberanía  del  Brasil  sobre  el  Acre,  modificnndo  con 

Bte  objeto  la  linea  fronteriza  pactada.  Como  decía  el  Senador 
lliiarte,  «la  idea  de  incorporar  4  todo  trance  el  Acre»  qtie,  por 

as  riquezas  naturales  y,  sobre  todo,  por  la  masa  colosal  dó  los 

iteresesi^  ligados  á  su  explotación,  es  un  verdadero  Vellocino, 
la  desvirtuado  la  claridad  de  las  hipótesis  figuradas  en  el  tra- 

¡ido  de  iHííTi^ 
Entre  tanto,  ponía  Bolivia  gran  empeño  en   asegni-ar  su 

ominación  efectiva  en  el  Acre,  enviando  nuevos  cuerpos  ex- 

edirionariofi,   dirigidos  por  el  primer  Vicepresidente  de  la 

República  Sw  Velasco  j  por  el  Ministro  de  la  Otierra  Sr.  Mon- 

Bs*  Cuando  llegaron,  en  Octubre  de  1900,  habíase  renovado  la 

^ítacíón  revolucionaria,  y  estaba  al  frente  de  los  rebeldes  el 

rasileño  Gentil  Norbcrto. 
La  situación  de  los  bolivianos  llegó  á  ser   muy  critica;  se 

ac<irihraron  bloqueados,  sin  víveres  j  diezmados  por  la  fiebre, 
^nce  barcos  mercantes  que»  detenidos  en  Caquetá,  sl*  abrieron 

[lOra  paso^  protestaiido  cofíira  la  insurrección,  salvaron  á  la 
-flEftiarníción  de  Puerto  Acre  en  el  último  día  del  año. 


Como  el  pretexto  del  Brasil  para  favorecer  ó  no  contrariar  ¿ 
i  insurgentes  era  la  famosa  línea  divisoria,  que  aún  conside 
liba  como  provisional,  conveniaíe  á  Bolivia  resolver  definitiva^ 
ante  este  interminable  asunto.  Después  de  larga  controversia 
[mucho  cambio  de  notas,  se  consiguió  que  en  Agosto  de  1901 
fímetizara  sus  trabajos  la  Comisión  mixta  Ballivián-Cruls, 
¡lya  obra,  ya  terminada,  puede  considerarse  como  uno  dfí  los 
pontecimientos  gengrAticos  más  notables  de  nuestros  día- 

Comprobó  la  Comisión  que  el  Yaquirana  es  el  bra:ío  priíjci 

M  del  Yavary*  y  siguió  por  él  agaas  arriba,  <Epartiendo  — dice 

IComisano  boliviano  D.  A,  Ballivíán  en  su  informe  —  el  6  de 

^09to  del  río  Bjack^  y  avanzando  hasta  un  lugar  inmediato  A 

I  nacientes,  que  se  denominó  Nosaa  Senhora  da  Giuria.  Estn- 

&ido  el  campamento  de  eí^te  nombre,  se  procedió  con  activi- 


206  LOS  PUBBLOS   HISPANOAMBRiCANOS 

dad  y  cuidado  minucioso  á  explorar  y  reconocer  el  terreno,  es- 
tudiando su  formación  y  accidentes,  el  curso,  vertientes  y  bi- 
furcaciones de  las  aguas  que  dan  origen  ó  constituyen  la  prin- 
cipal naciente  del  Yavary.  Siete  actas  extensas  y  detalladas 
encierran  los  estudios  gráficos  y  las  comprobaciones  técnicas 
llevadas  á  cabo  por  la  Comisión  mixta  antes  de  fijar  el  marco 
que  señala  la  posición  geográfica  de  dicha  naciente.  Esa  opera- 
ción se  efectuó  el  día  28  de  Agosto,  colocándose  un  hito  de  ma- 
dera en  los.  7^  6'  55",  8  de  latitud  Sur,  y  en  los  73°  47'  30",  6  de 
longitud  Oeste  de  Greenwich»  (1). 

La  frontera,  pues,  que  por  el  Norte  separa  á  Bolivia  del  Bra- 
sil, parte  del  río  Madera,  se  dirige  hacia  el  Noroeste  y  pasa  en- 
tre Puerto  Acre  y  Caquetá,  en  el  río  Aquiri  ó  Acre,  yendo  á 
terminar  en  las  fuentes  del  Yaquirana,  en  la  latitud  y  longitud 
citadas. 

Dados  estos  límites,  pareció  ya  que  iba  á  consolidarse  la  so- 
beranía de  Bolivia  en  la  zona  del  Acre.  Pero  la  Comisión  bra- 
sileña se  retiró,  no  continuó  el  trazo  de  la  línea  fronteriza,  y  la 
posesión  de  aquel  territorio  quedó  de  hecho  en  tela  de  juicio. 
Por  otra  parte,  surgió'  un  nuevo  conflicto,  que  vino  á  compli- 
car la  cuestión. 

II 

Nuevo  aspecto  de  la  cuestión  del  Acre.— El  Sindicato  anprloyanqui  y  el  pro- 
yecto de  Compañía  para  la  explotación  de  esos  territorios. —Resuelta  opo- 
sición del  Brasil.— Nueva  insurrección  en  el  Acre.— Carácter  y  alcance  del 
contrato  con  el  Sindicato,  según  Bolivia. —Ventajas  é  inconvenientes  ó 
peligros  de  las  concesiones  á  extranjeros.  -Transferencia  ó  venta  al  Bra- 
sil de  los  derechos  del  Sindicato.  —El  modus  vivendi  con  Bolivia.— La  sobe- 
ranía del  Brasil  en  el  Acre. 

Desde  1900,  venía  ganando  terreno  en  Bolivia  la  idea  de  fun- 
dar una  Compañía  que  se  encargara  de  la  administración  eco- 


(1)    BoHvia-BrasiL  Exposición  que  la  Sociedad  Geográfica  de  La  Paz  dirige 
Á  las  Sociedades  geográficas  de  Europa  y  América. -La  Paz,  1908. 


nómica  en  el  país  del  Acre.  Confiaba  el  Gobierno  en  qne  ftsí 
podría  asegurarse  el  orden i  promover  el  desarrollo  material  de 
ROS  lugares  y  afianzar,  en  todo  el  territorio  del  Madera  al  Ya- 
^r\%  la  posesión  y  soberanía  de  Bolivia.  Fracasaron  las  prime- 
\  tentativas  por  culpa  del  Brasil,  y  por  fin»  en  Julio  de  1901. 
ido  celebrarse  en  Londres  Un  contrato  con  el  8r.  Willing^ford 
Whitridge,  representante  de  un  Sindicato  angloyanqui,  quien 
comprometió  á  procurar  la  formación  de  la  Compañía  que 
knbiera  de  encargarse  de  la  administración  civil  en  el  Acre  en 
Ekiidieiones  satisfactorias  y  con  el  mayor  provecho  para  sus  po- 
sadores {!). 

A  los  inicifidores  del  Sindicato  debió  parecerles  buen  nego- 
cio el  que  intentaban  realizar.  Se  trataba,  en  efecto,  de  explo- 
tar los  territorios  del  corazón  de  la  América  meridional,  de  la 
Dna  del  Amazonas  superior  dond«  coinciden  los  dominios  del 
irasil,  de  Peni  y  de  Bolivia,  país  cuya  riqueza  es  enorme.  Allí 
están  los  innumerables  gomeros  que  dan  el  caucho  y  que  jamás 
se  agotan,  y  tanto  pueden  rendir,  que  hay  quien  asegura  que, 
^ien  organizado  el  servicio  de  aduanas,  sólo  de  derechos  ha- 
i;íaü  de  recaudarse  20  millones  de  pesos  al  año.  J.o  cierto  es 
Ine,  á  pesar  de  que  el  80  por  100  de  los  colonos  contraen  perti* 
pitees  y  muchas  veces  mortales  fiebres,  de  todas  partes  acuden 
emigrantes  ansiosos  de  hacer  fortuna, 

El  Grobierno  boliviano  pactó  con  el  Sindicato  la  concesión  de 
18  tierras,  unos  50.000  kilómetros  cuadrados,  algo  así  como 
tiedia  Andalucía.  Se  dijo  que  aquél  se  había  comprometido  á 
drgar  á  la  Compañía  extraordinarios  privilegios  y  ventajas: 
,  monopolio  para  la  explotación  del  suelo  y  subsuelo,  la  auto- 
laación  para  recaudar  los  derechos  de  aduanas  y  la  policía  mi- 
ítar  del  territorio. 

El  Brasil  protestó.  Temía  la  ingerencia  de  elementos  extra- 


(1>    Memorias  de  Hetaciom»  ea^t&riores  y  C%lio^  preeentadAS  á  los  CoQgreaoi 
í  Id02  >  1908  por  «1  Ministra  Br.  VUlmxoü» 


208  LOS   PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 

ños  y  peligrosos  en  las  comai-cas  del  Amazonas.  El  Gobierno 
boliviano,  decía,  al  confiar  á  lá  Compañía  la  organización  de 
fuerzas  militares,  condición  esencial  de  la  soberanía  real  y 
efectiva,  transfiere  de  hecho  parte  de  sus  derechos  soberanos; 
de  suerte  que,  en  caso  de  abuso,  el  Gobierno  brasileño  se  en- 
contraría en  presencia  de  autoridades  que  no  debe  reconocer  y 
qué,  por  tanto,  no  reconocerá.  Así  hablaba  el  Brasil,  y  amena- 
zaba romper  las  relaciones  diplomáticas  con  Bolivia  si  persis- 
tía en  mantener  la  concesión. 

Y  no  tardó  en  llevar  á  efecto  sus  amenazas;  retiró  de  la  con- 
sideración de  sil  Congreso  el  tratado  de  comercio  y  navegación 
con  Bolivia;  ctjrró  sus  ríos  al  libre  tránsito  del  comercio  boli- 
viano; cobró  fuertes  impuestos  á  los  productos  de  Bolivia  en 
las  aduanas  de  Matto  Grosso  y  Mañaos;  suscitó  en  el  Acre 
nueva  insurrección,  facilitando  á  los  rebeldes  toda  clase  de 
elementos,  y,  por  último,  movilizó  sus  fuerzas  con  gran  apa- 
rato y  estrépito. 

La  nueva  insurrección  del  Acre  estalló  el  6  de  Agosto  de  1902 
en  el  Chapury,  y  las  guarniciones  bolivianas  de  Vuelta  de  Em- 
presa y  de  Puerto  Acre  tuvieron  que  capitular  en  Octubre  de 
dicho  año  la  primera,  y  en  Enero  de  1903  la  segunda,  después 
de  obstinada  resistencia. 

Otra  vez  quedaba  interrumpida  la  obra  de  colonización  de 
Bolivia,  cuyo  Gobierno  había  organizado  una  administración 
completa  en  toda  clase  de  servicios  y  hacía  imprimir  un  perió- 
dico, El  Acre,  cuyo  primer  numeró  declaraba  que  su  propósito 
era  dar  á  conocer  esa  región  en  el  interior  y  el  exterior,  fami- 
liai-izar  á  sus  habitantes  (casi  todos  de  origen  extranjero)  con 
los  hábitos  nacionales,  demostrarles  la  bondad  de  las  leyes  é 
instituciones  de  Bolivia,  y  en  suma,  holivianizar  el  Acre. 

El  General  Pando,  Presidente  de  Bolivia,  decidió  ponerse 
al  frente  de  las  fuerzas  necesarias  para  someter  á  los  acrerises. 
Rl  Brasil  llevó  muy  á  mal  esta  determinación,  y  por  telégrafo 


^Dzó  á  todas  sus  legaciones  ana  circular  declarando  que  había 
echo  saber  á  Bolivia  que  el  contrato  de  arrendamiento  era 
honstruoso;  que  enajenaba  la  soberanía  á  beneficio  de  una  so- 
ledad extranjera;  que  era  una  concesión  africana,  indigna  de 
tmérica;  que,  en  todo  caso,  la  concesión  era  nula,  por  haberse 
lispuesto  de  un  territorio  litigioso^  y  que  vista  la  resolución 
le  Pando,  el  Brasil  concentraba  tropas  en  los  Estados  de  Ama- 
zonas y  Matto  Grossü. 

En  el  Mensaje  leído  al  Congreso,  Pando  liabía  declarado  qui 
i  Gobierno  boliviano  insistía  en  que  su  proceder  era  correcto- 
'  declaraba  que  el  principal  objetivo  había  sido  asegurar  li» 
[►i-ganización  de  una  Sociedad  anónima  capaz  de  tomar  á  st 
Eirgo  el  desarrollo  de  aquellas  regiones  desiertas  j  mortíferas, 
r  establecer  en  ellas  una  administración  regular  y  justa  para 
E>s  colonos,  sin  participaciones  de  ningún  Gobierno  extranjero, 
amo  falsamente  se  decía,  ni  con  el  objeto  preconcebido  de 
indar  en  el  corazón  del  Amazonas,  en  el  centro  de  la  Amé- 
rica m.erídional,  una  Compañía  norteamericana,  es  decir,  ex 
tranjera. 

Esto  mismo  se  decía  en  otra  circular  de  la  Cancillería  boli- 
Hana,  en  L**  de  Febrero  de  1903.  El  contrato  del  Acre  no  es 
arrendamiento,  Bolivia  conserva  su  soberanía,  y  sólo  transfiere 
¿  la  empresa  la  recaxidación  de  los  impuestos.  La  Compañía 
tendrá  carácter  industrial,  estará  sujeta  á  las  leyes  déla  íiepú- 
blioa  y  no  puede  compararse  con  las  concesiones  africanas^  cuyo 
[»bjeto  es  organizar  colonias.  Adeudas,  el  territorio  concadido  no 
era  litigioso,  puesto  que  los  derechos  de  Bolivia  se  fundaban  en 
bl  tratado  de  1867,  los  protocolos  sucesivos  y  las  demarcaciones 
kechas  por  comisiones  mixtas.  Bolivia  no  buscaba  conñicto; 
tstaba  dispuesta  á  arreglar  diferencias  sobre  bases  equitativas 
|*or  acuerdo  directo  ó  arbitraje. 

El  Canciller  brasileño,  Barón  de  Río  Branco,  confirmó  y  am- 
Idíó  los  conceptos  de  su  despacho  telegráEco  en  otro  que  diiigió 
Lii  au  Ministro  plenipotenciario  en  La  Paz.  En  él  consignaba  que 

U 


2i0  LOS    PUEBLOS    HISPANOAMERICANOS 

si  no  era  posible  llegar  directamente  á  un  acuerdo  con  Bolivia, 
quedaría  el  recurso  del  juicio  arbitral. 

Entre  tanto,  cundía  la  agitación  en  el  Acre.  Por  una  parte 
la  actitud  del  Brasil,  por  otra  los  antiguos  aventureros,  todo 
contribuía  á  avivar  el  movimiento  revolucionario,  y  el  concurso 
que  se  disponían  á  prestarle  gentes  extrañas  parecía  indicar 
que  se  trataba  de  otro  esfuerzo  para  constituir  una  nueva  Re- 
publica. 

De  la  Argentina  principalmente  habían  salido  muchos  aven- 
tureros para  tomar  parte  en  la  contienda.  Son  hombres— decía 
un  diario  bonaerense— decididos  á  todo:  predominan  lascaras 
que  exteriorizan  el  hambre  y  la  desesperación.  Otros  van  por 
deporte,  ávidos  de  emociones.  «Gente  cruda  que  expone  el  cuero 
con  mucho  gusto».  Los  había  también  instruidos,  hombres  de 
estudio  y  de  carrera  que  han  luchado  por  la  vida  con  desgracia 
hasta  ahora;  acaso  alguno  soñase  con  una  cartera  ministerial 
en  el  Estado  del  Acre. 

Con  todo  esto,  se  retrasaba  el  aprovechamiento  de  las  gran- 
des riquezas  naturales  que  atesora  esa  disputada  comarca. 
Desde  los  puntos  de  vista  agrícola,  industrial  y  mercantil,  la 
acción  de  la  Compañía,  soberana  ó  no,  hubiera  sido,  segura- 
mente, la  más  beneficiosa. 

Los  que  se  oponían  á  la  concesión  de  soberanía  ó  de  privile- 
gios que  en  cierto  modo  equivalgan  á  ella,  aducían  como  ejem- 
plo ó  antecedente  para  justificar  sus  temores  el  caso  de  la 
famosa  Charteved  del  África  Austral,  suponiendo  que  algo  aná- 
logo á  lo  que  allí  ha  sucedido  podría  acontecer  en  América. 

Pero  hay  gran  disparidad  de  condiciones  geográficas,  que 
son  las  capitales  para  determinar  el  rumbo  y  porvenir  de  pue- 
blos y  razas.  En  África,  Inglaterra  y  la  Chartered  rodeaban, 
envolvían,  á  los  Estados  del  Orange  y  Transvaal.  En  América, 
la  Bolivia,  el  Perú  y  el  Brasil  envolverían  por  todas  partes  el 
territorio  del  Sindicato  angloamericano.  Allí,  las  condiciones 
estratégicas  y  comerciales,  derivadas  de  las  geográficas,  favo- 


peían  á  ingleses  y  á  negociantes  de  la  Compañía  inglesa:  aquí, 
América,  podrá  un  Sindicato  tener  todos  los  privilegio!?  que 
||iiera  y  pida,  y  escritos  quedaran  en  la  concesión;  pero  de 
Boho  estará  siempre  &  merced  de  los  vednos,  por  cuyo  terri- 
irio  tendrán  que  salir  al  mar.  Kl  éxito  de  la  Corapama  y  Job 
Bnefioios  de  sus  accionistas  dependerían  de  la  buena  voluntad 
los  Gobiernos  entre  cuyos  dominios  se  halla  enclavado  el  de 
:iaélla. 

¿Que  estas   mismas  rircunstancias   constituían  el  peligro, 
orq^ne   pudieran   en   un  día  servir   de   pretexto  á  ingleses  ó 
i^nqnis  para  tomar  territorio  á  las  Bepúblicas  americanas? 
¡Arriesgada  seria  la  empresa! 

Pero  ya  no  hay  Compañía  ni  arrendamiento  del  Acre^  y  no 
existe,  pues,  ese  peligro  que  tanto  algunos  temían  ó  aparenta- 
ban temer.  131  Sindicato  no  pudo  ó  no  quiso  organizar  la  Com- 
bañia  en  el  año  de  plazo  que  se  le  había  concedido^  y  el  28  de 
febrero  de  1903»  ocho  días  antes  que  el  término  venciera,  trans- 
rió  sus  derechos  al  Brasil  por  la  suma  de  114.000  libras. 
Pué  ésta,  según  la  prensa  brasileña,  una  habilísima  opera- 
felón  financiera-  Mediante  ella^  podía  el  Brasil  hacer  valer  los 
derechos  que  se  le  transferían  para  ocupar  todo  el  territorio 
i©!  Acre  hasta  los  ríos  Abana  y  Ortón  superior. 

El  convenio  entre  el  Sindicato  y  el  Gobierno  del  Brasil  no 
ardo  en  iiacerse  efectivo;  la  casa  Koth$child,*de  Londres,  pagó, 
lor  cuenta  de  aquel  Grobíerno,  los  570.000  pesos  oro.  La  opera- 
líÓtl  resultó  también  muy  hábil  y  provechosa  para  el  Sindicato» 
¡tu  buen  business.  La  víctima  fué  Boliviaj  quedaron  fallidas 
IaíS  esperanzas  que  fundaban  en  la  Compañía  para  la  gran  ex- 
plotación del  Acre,  y  se  encontró  con  que  el  Brasil  tenia  un 
pretexto  más  para  intervenir  en  aquel  país. 

En  rigor  de  derecho^  ©1  acto  realizado  por  el  Sindicato  debía 
bonaiderarse  nulo,  puesto  que  el  arttoulo  15  del  contrato  que  con 
nél  celebró  Bolivia  prohibía  en  absoluto  toda  transferencia 
ie  las  concesiones  á  un  Estado  ó  Gobierno  extranjero.  Precisa 


212  LOS   PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 


mente  se  había  tratado  de  evitar,  mediante  dicho  artículo,  una 
subrogación  de  ese  género  en  favor  del  Brasil  ó  de  los  Estados 
Unidos.  Pero  Bolivia  no  estaba  dispuesta  para  romper  abierta 
mente  con  los  brasileños,  y  tuvo  que  acer»tar  como  modus  vi- 
vendió  y  en  tanto  que  no  se  determinase  el  estado  político  del 
Acre,  la  intervención  de  aquéllos. 

Las  bases  de  este  modus  vivendi^  subscritas  el  21  de  Marzo 
de  1903,  fueron  las  siguientes: 

«1.*  El  Gobierno  del  Brasil  ocupará  militarmente  y  admi- 
nistrará la  parte  del  territorio  que  él  considera  litigioso,  ubi 
cado  al  Oriente  del  río  Yacú  y  limitado  al  Norte  por  la  línea 
geodésica  que  va  del  hito  del  río  Madera  á  la  naciente  del  Ya- 
vary;  y  al  Sud  por  el  paralelo  10®  20'  desde  el  referido  hito  hasta 
su  intersección  con  el  río  Yacú. 

2.*  El  Comandante  de  las  fuerzas  brasileras  estacionadas 
en.  ese  territorio  será  el  encargado  de  hacer  la  policía  del  te- 
rritorio entre  los  ríos  Yacú  y  Purús  al  Norte  de  la  paralela 
10O20'. 

3.*  El  Gobierno  del  Brasil  reconoce  que  el  territorio  del 
Acre  al  Sud  de  la  paralela  10^  20'  es  boliviano,  en  virtud  del 
artículo  2.°  del  tratado  de  27  de  Marzo  de  1867.  Entre  tanto, 
habiendo  sido  iniciadas  negociaciones  entre  ol  Brasil  y  Bolivia 
para  un  nuevo  tratado  que  ponga  término  á  todas  las  dificulta- 
des presentes,  y  deseando,  mientras  duren  las  negociaciones 
pendientes,  evitar  conflictos  entre  acrenses  en  armas  y  las  tro- 
pas bolivianas,  el  Gobierno  del  Brasil  propone  y  el  de  Bolivia 
acepta: 

a.  Que  pase  un  destacamento  de  tropas  brasileras  al  Sud 
del  paralelo  10°  20',  con  el  objeto  arriba  mencionado,  y  también 
con  el  de  mantener  el  orden  en  el  territorio  atravesado  por  el 
río  Acre  y  sus  afluentes,  pudiendo  establecer  avanzadas  en  el 
río  Iquir}'-  ó  lutá,  y  en  el  río  llapirrán. 

h.  Que  las  tropas  bolivianas  se  detení^au  en  el  río  Ortón  y 
sus  afluentes,  no  pasando  sus  avanzadas  del  río  Abuni. 


4.*  Los  jefes  délas  fuerzas  brasileras  y  bolivianas  recibí 
rán  instrucciones  en  el  sentido  de  mantener  el  orden  é  impedir 
C6fiílictos  é  incursiones. 

5.*  En  el  territorio  al  Norte  de  la  paralela  10"  20',  estable- 
cerá el  Gobierno  del  Brasil  los  puestos  aduaneros  ó  fiscales  que 
fueren  necesarios^  y  de  loa  derechos  de  exportación  recaudados 
por  dtcbos  puestos  sobre  la  goma  del  Alto  Acre,  6  sea  del  te- 
rritorio al  Sud  de  la  pai*alela  10^  20',  entregará  el  50  por  100  al 
Gobierno  de  Bolivia,  sufragando  el  del  Brasil  todos  los  glastos 
para  la  recaudación. 

6>  El  Gobierno  de  Bolivia  comunicará,  inmediatamente 
todas  las  estipulaciones  de  este  acuerdo  al  General  Pando,  Jefe 
de  sus  fuerzas  expedicionarias,  para  que  las  cumpla  y  modifi- 
que cualesquiera  medidas  en  contrario  que  hubiera  tomado 
antes  de  recibir  dicha  comunicación* 

7.*  Si  en  el  término  máximo  de  cuatro  meses,  contados 
desde  la  fecha  en  que  se  firmare  este  protocolo^  las  dos  altas 
partea  contratantes  no  hubieren  podido  llegar  á  un  acuerdo 
directo  y  definitivo»  se  obligan  desde  luego  á  someter  las  cues- 
tiones pendientes  á  la  decisión  arbitraL 

8.*  Vencido  el  plazo  anterior  de  cuatro  meses  sin  que  hay» 
Irabido  acuerdo  directo,  las  tropas  brasileras  destacadas  en  el 
Aere  meridional  regresarán  al  Norte  del  paralelo  10**  '20'», 

Pero  venció  el  plazo,  hubo  prórroga,  las  tropas  brasileñas  no 
abandonaron  sus  posiciones,  y  por  ñn  pareció  que  se  llegaba  á 
dar  solaclón  al  conflicto  medíante  un  convenio  según  cuyas 
princij)ales  bases  los  territorios  del  Acre  y  del  Puras,  hasta  el 
paralelo  de  11"  S\n\  i|aedaran  bajo  la  soberanía  del  Brasil.  Kste 
iudemnizaria  4  Bolivía  con  2,000.000  de  libras  esterlinas,  que 
íian  de  aplicarse  á  la  construcción  de  un  ferrocarril  entre  los 
i'iós  Madeira  y  Mamoré;  le  otorgaba  determinadas  ventajas  6 
facilidades  para  el  comercio  por  los  anuentes  del  Amrizonas^  y 
le  cedía  H.OOO  kilómetros  de  superficie  territorial  en  la  zona 
fronteriza  del  Estado  de  Alatto  Grosso  y  á  orilla  del  Madeira,  á 


214  L08   PUfiBLO»  HISPANOAMERICANOS 

fin  de  que  Bolivia  pneda  establecer  buenas  comunicaciones  flu- 
viales hacia  el  Paraguay. 

A  mediados  de  Diciembre  de  1903  estaba  sometido  el  conve- 
nio á  la  deliberación  del  Congreso  boliviano,  y  se  temía  que 
fuera  rechazado. 


in 


La  frontera  entre  Bolivia  y  Perú.— Pretensiones  de  uno  y  otro  Estado.— El 
arbitraje.— Alegatos  histór ico-geográficos.— La  frontera  paraguayoboli- 
viana.- Exploración  hidrográfica  del  Capitán  Bol land. -Proyecto  de  unión 
de  Bolivia  y  la  República  Argentina  como  principio  de  los  Estados  Unidos 
de  la  América  del  Sur.— La  situación  del  país,  según  el  mensaje  presiden- 
cial de  19(B.— Candidatos  á  la  Presidencia. 

Coincidiendo  con  las  negociaciones  y  conflictos  sobre  lími- 
tes entre  Bolivia  y  Brasil,  han  entrado  en  período  de  actividad 
los  estudios  y  gestiones  para  determinar  la  frontera  definitiva 
entre  Bolivia  y  el  Perú.  Según  la  Carta  geográfica  del  Noroeste 
de  Bolivia j  que  se  publicó  en  La  Paz  en  1902,  esa  frontera 
debe  coincidir  con  la  gran  divisoria  de  aguas  entre  la  cuenca 
del  IJcayalí  por  una  parte,  y  las  del  Yuruá,  Purús  y  Madre  de 
Dios  por  otra.  El  límite  que  el  Perú  pretende  va  mucho  más  al 
Este,  hasta  los  ríos  Beni  y  Madera.  Si  prevaleciese  esta  de- 
marcación,  Bolivia  no  sólo  perdería  el  territorio  de  Colonias 
íntegramente,  sino  casi  toda  la  provincia  de  Caupolicán,  en  el 
departamento  de  La  Paz.  Pelechuco  y  Apolobamba  serían  las 
últimas  poblaciones  bolivianas  al  NO.,  y  los  centros  industria- 
les del  Madre  de  Dios,  del  Ortón  y  del  Acre,  con  las  importantes 
explotaciones  de  gomeros,  pasarían  á  aumentar  el  territorio 
peruano  en  más  de  500.000  kilómetros  cuadrados  de  extensión. 
Se  disputa,  pues,  un  país  cuya  superficie  equivale  á  la  de  Es- 
paña, y  de  gran  porvenir  por  la  abundancia  y  riqueza  de  sus 
productos  naturales. 

El  Gobierno  peruano  hizo  ya  concesiones  de  tierras  en  la 


BOLIVI  % 


parte  Sur  de  la  zona  en  lifcií;ÍOT  y  nianiíestu  oliciainiente  que  se 
proponía  establecer  allí  estaciones  militares  y  unirlas  por  me- 
dio de  vías  de  comunicación  y  líneas  telefónicas  con  los  ferro- 
carriles de  Puno  y  Santa  Rosa.  Bolivia  protesto  contra  tales 
actos^  y  estaba  dispuesta  á  defender  su  soberanía  en  esas  regio- 
nes, en  que  el  esfuerzo  nacional  ha  explorado  el  territorio  y 
establecido  la  industria  y  el  comercio. 

En  esta  caestión  de  limites  tenía  que  intervenir  necesaria- 
mente el  Brasil,  puesto  que  el  Perú  completa  su  frontera  lle- 
vándola al  Ñor  te  ^  y  adjudicándose  todo  el  Acre  y  g^ran  parte  del 
Pilnís,  hasta  el  límite  que  se  ñjá  entre  ios  dominios  de  España 
y  Portugal  en  América  por  el  tratado  de  San  Ildefonso  de  1,**  de 
Octubre  de  1777,  6  sean  los  7"  de  latitud  Sur. 

Ahora,  si  se  ratificase  el  nuevo  convenio  entre  Bolivia  y  Bra- 
sil, esta  República  avanzaría  maclio  más  aun  al  Sur,  en  la  zona 
misma  que  reclama  el  Perú.  Por  esto,  ya  al  firmarse  el  proto- 
colo de  21  de  Marzo  entre  aquellos  Estados»  la  legación  peruana 
en  Bolivia  protestó  contra  ese  acto  diplomático^  alegando  que 
comprometía  los  derechos  territoriales  de  la  Nación  que  repre- 
senta. 

Para  decidir  la  cuestión  respecto  á  la  vasta  frontera  de  más 
de  IGO  leguas  que  se  extiende  desde  los  nevados  de  Palomani 
hasta  las  fuentes  del  río  Yavary,  se  celebró  en  'óO  de  Diciem- 
bre de  1902  un  tratado  especial  de  arbitraje  juris,  que  ya  rati- 
licaron  los  Gobiernos  boliviano  y  per^iano.  Aquél  mandó  prac- 
ticar una  prolija  investigación  de  los  títulos  que  lo  favorecen, 
y  los  resaltados  de  esa  investigación  se  han  consignado  en 
documento  oficial  (1). 

El  conflicto,  pues,  ha  salido  del  peligroso  terreno  de  las  re- 
clamaciones diplomáticas  y  de  los  debates  de  Cancillería,  que, 
por  lo  general,  suelen  enconar  más  los  ánimos  y  no  evitan  actos 


( i )    Afemoriü  d^  RHactams  ext^rioru  y  Culto  presentada  ai  Cott^f^so  ordinaria 


fn  IfcKJÜ 


de  faerza^  y  entra  eu  la  tranquila  discusión  de  los  derechos 
que  se  controvierten,  aportándose  datos  por  ona  y  otra  parte 
que  sirvan  al  arbitro  para  dictar  fallo  en  condiciones  tales  que 
satisfaga  á  las  partes  contendientes. 

En  el  Perú  y  en  Bolivia  las  Sociedades  Geográficas  de  Lima 
y  de  La  Pau  toman  plausible  iniciativa  en  estos  trabajos  y  pu- 
blican ratonados  alegatos  histó rico-geográficos  que  han  d©  faci- 
litar sobremanera  las  tareas  del  arbitro.  A  la  defensa  de  los 
derechos  de  Bolivia  ha  dedicado  I>.  Bautista  Saavedra  su  libro 
El  Litigio  perú-bol  imano,  circulado  por  la  Sociedad  Geográ- 
fjíía  de  La  Paz  á  todas  las  Sociedades  Geograticas  del  mundo. 
Eíitiraa  Saavedra  que  el  tratado  de  arbitraje  sobre  deslinde  de 
U*3  vastísimos  territorios  de  Apolobamba  es  de  interés  ameri- 
cuno,  no  precisamente  por  la  importancia  de  las  regiones  dis* 
putadaSf  cuanto  por  la  consolidación  que  el  Derecho  público 
continental  recibe  de  un  hecho  que  es  la  traduccidn  práctica 
del  principio  predicado  con  gran  intensidad  de  sentimiento  por 
los  pueblos  modernos:  el  de  orillar  pacifica  y  decorosamente 
las  diferencias  entre  los  Estados, 

Bolivia-Brasü  se  titula  otro  volumen  que  la  misma  Socie- 
dad ha  publicado^  en  forma  do  exposición  que  dirige  también 
a  las  demás  Corporaciones  análogas^  y  en  el  que  se  expone, 
documentada,  la  historia  territorial  boliviano-brasileña  desde 
üus  orígenes  hasta  los  momentos  actuales.  El  modtts  vioendi 
pactado  aseguró  al  Brasil  la  posesióu  temporal  del  Acre,  El  ar- 
bitraje debía  dar  la  solución  definitiva,  Los  geógrafos  de  La 
Pa£  temían  que  los  brasileños  lo  eludieran  para  consolidarla 
usurpación.  Pronto  los  hechos  han  demostrado  que  no  eran 
infundados  esos  temores. 


El  Paraguay  y  Bolivia  tienen  en  litigio  la  soberanía  del 
Chaco  Boreal.  En  folleto  que  dio  á  Iuís  la  Sociedad  Geográfica 
de  La  Paz  en  1901,  su  Presidente  el  Sr.  Ballivián  recordaba  que 
Bolivia  no  hizo  valer  á  tiempo  su  derecho  á  ese  territorio, 


cuando  el  Paraguay  y  la  Repúblioa  Argentina  se  dis|mtaban  el 
dominio  de  la  Villa  Oooidental,  y  sometida  la  solución  de  la 
contienda  al  fallo  del  Preaideote  de  los  Estados  Unidos  del 
Norte  de  América^  se  adjudicó  a  la  la-imeva  de  las  citadas  Re- 
páblicas  la  dicha  Vi  lia »  desde  entonces  conocida  con  el  nombre 
del  jaez  arbitro  Mr.  Hayes,  La  conaaj^ración  de  este  hecho 
hizo  arraigar  aún  más  en  el  ánimo  de  Iob  gobernantes  del  Pa- 
raguay el  deseo  de  extender  su  dominio  á  ese  Chaco»  que  desig- 
nan con  el  nombre  de  ^Paraguay  occidental». 

Para  resolver  el  conflicto,  Solivia  envió  al  Paraguay  nueva 
legación,  encomendada  al  Dr,  D.  Antonio  Quijarro,  Confiábase 
en  que  estas  diferencias  han  de  arreglarle  amistosamente, 
porque  hasta  ahora,  como  decía  el  paraguayo  Sr.  Benítez.  las 
reclamaciones  de  Bolivla  «no  están  apoyadas  en  ejércitos  ni  en 
escuadras  que  puedan  hacer  oir  los  estampidos  de  los  cañonea 
acallando  la  voz  de  la  razón.  ...;  la  voz  de  los  cañones  puede 
establecer  conveniencias,  pero  jamás  derechos;  y  sabido  es  que 
las  conveniencias  que  la  voz  del  cañón  establece^  la  misma  vo^ 
del  cañón  las  puede  destruir». 


La  República  boliviana,  sin  costa  ninguna  en  el  Océano 
desde  que  Chile  le  arrebató  su  provincia  del  litoral^  pone  em- 
peño extraordinario  en  ahrírse  salida  hacia  el  mar.  Es  para  ella 
cuestión  de  vida  ó  muerte. 

Pocos  territorios  hay — acaso  ninguno  —  tan  rico  en  metale» 
preciosos  ó  industríales.  Solamente  el  famoso  cerno  del  Potosi 
ha  entregado  á  la  circulación i  desde  1545  hasta  nuestros  días, 
unos  4,000  millones  de  pesos  de  plata.  En  la  región  andina 
fronteriza  con  el  Perú,  se  han  descubierto,  mejor  dicho,  se  han 
vuelto  á  encontrar  arenas  tan  ricas  en  oro,  que  podivian  hacer 
seria  competencia  á  las  minas  d«l  Transvaal,  Alaska  y  Austra- 
lia* Esa  zona  de  los  Andes  es»  la  mua  rica  del  mundo  en  metales 
preciosos;  allí  están  los  grande:*  yacimientos  que  explotaron 
los  Ijicas  y  los  españoles,  después  abaudonados  y  perdidos,  v 


218  LOS   PUBBL08   HISPANOAMBUIGANOS 

qae  ahora  empiezan  á  reconocerse.  La  flora  bolivia: 
por  todas  partes  frutos,  resinas,  cortezas  y  maderas 
inealoolable.  La  naturaleza  presenta  allí  todas  las  v 
del  paisaje  y  del  olimia,  desdé  las  altas  cimas  de  loi 
andinos  hasti»  los  hondos  y  cálidos  valles  ó  yangas  d€ 
Oocíiábamba/y  las  inmensas  llanuras  orientales,  cu 
selva  yirgen,  por  donde  corren  ó  se  extienden  las  a^t: 
,  dalosos.ríbs  y  lagunas. 

'Encerrada  en  el  centro  del  continente  meridio] 
cano,  Solivia  parece  que  está  más  apartada  de  Euro 
dem&s  Bepúblicas  suramericanas.  En  el  flujo  y  re:£ 
corrientes  entre  el  antiguo  y  el  nuevo  mundo,  rep 
por  la  inmigración  y  el  trafípo  mercantil,  se  halla  a\5i 
bajo  der  lugar 'á  qne  tiene  derecho  por  sus  condicl 
rales.  La  negociación  con  Chile  para  obtener  puerto 
en  el  Pacífico,  no  ha  llegado  á  resultados  deñnitivos 
ag^ñ  onmplidamente  á  Bolivia,  y  el  Gobierno  de  c 
bHca  busca  por  otro  camino  ios  medios  de  establecer 
directas  con  los  mercados  europeos. 

£n  efecto;  por  orden  de  ese  Gobierno,  y  bajo  la  dir 
Capitán  de  marina  Enrique  BoUand,  se  ha  hecho  ixub 
ción  hidrográfica  que  ha  demostrado  la  posibilidad 
salida  fluvial  desde  el  Oriente  de  Bolivia  al  Atlántico 
Paraguay  y  el  río  de  la  Plata.  En  los  confines  del 
ménto  boliviano  de  Santa  Cruz  con  el  Brasil,  donde  1í 
se  aproxima  á  la  orilla  derecha  del  río  Paraguay,  ex 
rias  expansiones  de  éste  ó  lagunas  en  comunicació 
corriente  principal.  Una  de  esas  lagunas  es  la  llamac 
que  en  su  orilla  occidental  ó  boliviana,  así  como  en  el 
que  la  une  con  el  Paraguay,  tiene  fondos  de  muy 
2  metros,  habiendo  en  el  centro  profundidades  de  4 
que  pasan  de  7  en  la  época  de  crecidas.  Desde  el  Ga 
Corumbá,  puerto  fluvial  brasileño,  pueden  navegar,  s 
lland,  vapores  de  1*50  metros  de  calado  y  65  de  eslora 


tíÜLlVlA 


^^hUn"^^^  ^'Saa   el  río  por  teriitorio  del  Brasil;  al  Suii 

í'íiía    a-^^^*^  ^^Piezaá  formar  la  frontera,  entra  despuéí 

^®^o  (ít      f/*^**  ^  ^®  ^*^^  ^1  Paraná,  La  vía  fluvial  continiiit 

^-^^mny^^^^^  ^^^^^^^^^^  hasta  el  río  de  la  Plata,  Bofl 

^^iha.  ^jt^'  ^^  ^^cir,  poco  más  de  B.OQO  kilómetros,  ^esS 

^'^^^^"ia  ^..      ^^^  Aires.  En  aquel  la^o  resolvió  el  Gobiei 


ht 


^^dud    K  P^^i'to,  que  se  ha  llamado  Puerto  Quijar 

^  de    -  ^^^  las  ventajas  que  este    puerto  j  esa 

^3  y]i  fi  14%.    *     -- 
^**^'>i3¡etr*  ^  Solivia;  pero  tamhién  podrán  ser  ori 

*^*^  de  e«í-„       ^        Hepiíblica  del  Paraguay,  por  la  cual 


si 


*^Uei-*^       ^^'^^'^i'e.  Existe  ja  de  antiguo,  como  heujos 

^tre  paraguayos  y  holiviaíios  respecto  de  au  t? 


fi'^H^*!  **^  ^1  nuevo  estado  de  cosas  ocasione  mayor  intr 

^^j«tt7^  ^Uoa  y  otros.  Por  el  pronto,  se  dijo  que  Pue 

^*^^;V  ^^  puerto  militar,  y  la  prensa  de  la  capital  del  ] 

los  ^.  *^'*^*lejaba  desconfia 


&». 


32^ 


»*i, 


:vnzas  y  llamaba  la  atención  acerca 
^^ñtos  que  se  hacían  en  Bolivia. 


^1 


t^í^V 


^Uo  de  1903  corrieron  rumores  de  negociaciones  en 


^  preparar  una  acción  combinada  de  la  ArgeB 


M 


«•«s 
''^^c. 


toj- 


^^ú  y  alguna  otra  Kepública  contra  Bolivia,  y  el  I 

' '^'ón  se  achacaba— á  rai  modo  de  ver  erróneameij 

^9^as  por  resolver  las  cuestiones  delimites  pendil 

^^ble  me  parece  que  se  trate  de  un  intento  de  anexj 

^^ dación  de  Bolivia  á  la  Hepública  Argentina  comd 


^Ptof'acftmcs  pf'odi cadas  m  el  alto  Pat'úgvay  y  m  la  ktt/una  Qniba^  po 
*1e  niarinn  í»juri(jue  Bollando  de  orden  y  por  GueijU  del  Gobiorut 
h^unúadon  de  itn  puerto,  -B\)^nos  Aires,  1901.— Un  voUune 


^^    c^^       *-?^infta,  con  mana  del  río  Alto  Pítrag'uay,  deade  Corumbáhaa 
con      ^_  ^-^- 


tíel^ 


ft<^      ^^boi,  eu  6hoJa3;  m&i)»  de  la  iaguiui  naiM^  Balila  QaiJarro(E 
\  .^^      ^^o,  pueblo  y  muelle  y  vía  férreu  ( proyectad dh,  escnla  1:  5.()G 
"^    ^  *^l^  ^^^^  Gaiba  con  t*uerto  t¿uijarro,  escala  1:  2¿'.00O^  y  mapa  demostfA 


*^> 


Uo  fluvial  defule  ílaenos  Aires  haRl»  Puerto  Quijar ro   la^M'^iua 
íjor  los  ríos  PiínuiA  y  l\^niyuny, 


220  LOS   PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 

cipio  de  los  grandes  Estados  Unidos  de  la  América  del  Snr.  Se 
dice  que  la  anexión  está  convenida,  pero  que  se  demora  hasta 
que  hayan  transcarricLo  diez  años,  plazo  que  se  considera  nece- 
cesario  para  que  Bolivia  desarrolle  sus  fuei^as  económicas. 
Entre  tanto,  se  hará  la  unión  boliviano-argentina  industrial  y 
comercial.  A  ella  podrá  contribuir  mucho  el  ferrocarril  central 
argentino,  que  ha  de  poner  en  comunicación  directa  á  Buenos 
Aires  con  Tupiza,  Potosí  y  La  Paz.  Ese  ferrocarril,  Según  frase 
del  General  Pando,  será  «la  espina  dorsal  del  organismo  eco- 
nómico de  ambos  pueblos». 

Los  partidarios  de  la  unión  insisten  en  que  Bolivia,  sin  sa- 
lida al  mar,  nunca  podrá  desarrollar  convenientemente  todos 
sus  recursos,  y  creen  que  es  preferible  que  sea  Estado  autó- 
nomo de  una  gran  federación  suramericana,  y  no  Estado  sobe- 
rano, pero  tributario  ó  dependiente,  desde  el  punto  de  vista 
económico,  de  las  Repúblicas  vecinas  por  cuyo  territorio  van 
hacia  el  Atlántico  las  grandes  vías  fluviales. 

Ante  el  Congreso  de  Senadores  y  Diputados  reunido  en  La 
Paz  el  día  30  de  Agosto  de  1903  para  inaugurar  las  sesiones  or- 
dinarias, dio  cuenta  el  Presidente  de  Bolivia,  D.  José  Manuel 
Pando,  de  los  actos  de  su  adminiístración  en  los  últimos  diez 
meses. 

Con  la  única  excepción  de  los  Estados  Unidos  del  Brasil, 
Bolivia  mantenía  sus  relaciones  con  los  demás  países  en  per- 
fecta cordialidad. 

A  nuestra  patria  dedicó  el  Presidente  en  su  Mensaje  muy 
lisonjeras  frases.  «Su  Majestad  el  Rey  de  España — dijo — ,  que 
ha  iniciado  el  período  de  su  reinado  enviando  á  los  Estados  de 
que  en  un  tiempo  fué  España  la  metrópoli  los  sentimientos 
afectuosos  de  la  madre  patria,  tan  gratos  á  nuestra  memoria, 
también  se  ha  servido  acreditar  un  Ministro  de  primera  clase 
en  esta  República,  el  que  ha  sido  recibido  por  mi  Gobierno  con 
verdadera  satisfacción,  anhelando  vivamente  cultivar  las  reía- 


221 


clones  políticas  y  comerciales  más  sinceras  y  estrechas  con 
España,  cnna  de  nuestra  nacionalidad}*. 

En  cuanto  á  los  servicios  públicos,  se  señalan  especiahnentft 
el  notable  desarrollo  alcanzado  |)or  el  de  Correos»  que  en  variar 
zonas  del  paín  se  bace  por  los  ríos,  para  lo  cuhI  se  ban  adqui- 
rido lancbas  á  vapori  los  ensayos,  nuiy  satisfactorios,  de  co- 
municación telegráfica  internacional  directa  entfe  las  oficinas 
de  !as  Repv'iblica«  de  Bol  í  vi  a,  Argentina,  Brasil,  Chile  y  Para- 
guay, y  la  oontirnuición  de  los  trabajos  del  ferrocarril  de 
Guaqni  á  La  Paz,  entregado  ya  en  parte  al  tráfico. 

El  comercio  de  importación  y  exportación  de  ha  resentido 
de  las  condicivínes  adversas  qite  pesan  sobre  el  país,  ti  conse- 
cuencia de  malas  cosechas  y  la  decadencia  de  la  minería  de 
plata.  Se  espera  que  ©í  incremento  que  toma  la  explotación  del 
estaño,  unido  á  mejores  años  aj^rícolas,  bajean  cambiar  favora- 
blemente la  situación.  En  efecto,  la  exiiorta''i'"r'  ^^  estaño  es 
cada  VW5  mayor. 

La  Oficina  nacional  de  inmigración,  estadística  y  propa- 
í;aoda  geográfica  ha  terminado  la  formación  del  censo  general 
de  la  Repúblicaj  obteniendo  como  cifra  total  la  de  1.8h>/271 
habitantes. 

El  ramo  de  colonización  requiere  ahora  del  Gobierno  cuida- 
dos muy  preferentes.  Es  indispensable  y  de  urgencia  adoptar 
un  sistema  que  no  sólo  responda  á  las  necasidadcs  que  se  pre- 
sentan» sino  que  fomente  el  progresa  de  los  territorios  que,  por 
su  riqueza  y  extensión,  constituyen  el  porvenir  de  Bolivia. 
Sería  criminal  dejar  pasar  un  día  sin  prestar  á  ellos  la  atención 
que  demandan  de  los  Poderes  públicos,  pues  es  axiomático  el 
principio  de  que  los  territorios  extensos  poco  poblados  y  que  la 
acción  dol  Estado  no  alcanza  á  proteger,  se  vuelven  un  día  con- 
tra la  nacionalidad.  Así  ha  sucedido  en  el  litoral  y  en  el  Acre, 

El  régimen  político  que  impera  en  el  Beni»  establecido  por 
el  Presidente  José  BalHvián  como  ensayo  cuandi>  contaba  con 
numerosa  población,  preparada  para  la  vida  culta  por  los  Pa- 


222  LOS   PUBBLOS   HISPANOAMERIOANOB 

dres  Jesuítas,  ha  cambiado  de  aspecto.  La  población  ha  disnai- 
nuído  por  su  alejamiento  á  las  gomeras  del  Noroeste,  y  los 
j[»ueblos  languidecen  por  falta  de  actividad  comercial  é  indus- 
trial. 

En  el  actual  territorio  de  Colonias  son  nominales  las  ga- 
rantías que  la  Constitución  otorga  á'los  ciudadanos.  Las  rela- 
ciones entre  el  capital  y  el  trabajo,  ó  sea  entre  los  patronos  y 
sus  peones  ó  contratistas,  no  se  hallan  establecidas  sobre  los 
principios  de  la  libertad  del  trabajo  y  los  preceptos  de  la  justi-  • 
cia.  Tal  estado  de  cosas  puede  producir  un  día  una  huelga  san 
grienta,-  que  es  necesario  prevenir.  La  transformación  no  puede 
hacerse  de  un  golpe;  pero  el  General  Pando  recomienda  que  se 
prepare  con  tiempo  y  que  se  lleve  á  cabo  con  suma  prudencia, 
para  armonizar  los  actuales  intereses  industriales  con  un  régi- 
men más  conforme  con  la  civilización. 

Pando  ha  sido  y  es  muy  censurado  por  sus  adversarios  po- 
líticos, que  califican  de  aciago  para  el  país  el  período  de  su 
mando.  No  han  faltado  tentativas  para  derribarle  del  poder, 
entre  ellas  el  conato  de  revolución  que  hubo  en  Oruro  en  1903. 

Han  empezado  ya  los  trabajos  para  la  elección  de  nuevo 
Presidente,  y  se  citan  como  candidatos  al  Coronel  Montes  y  á 
D.  Lucio  Pérez  Velasco. 


•■■■■.■.  «■<■■-- 


;.  .3 


PARAGUAY 


Itobierno  interino  de  D,  Héctor  Carvallo.  —  RcUcionefi  comerciales  con  loa 
Estados  Unidos.  —  El  Presidente  D*  Tuaa  A.  Ezcurra.-  Su  programa  de 
gobierno. 


Desde  Noviembre  de  1898  era  Presidente  de  la  República 
del  Pax*aguay  D.  Emilio  A^cebal,  La  revolación  impidió  qnf^ 
aloaazase  el  fin  del  período  para  que  bahía  sido  elegido,  y  tuvo 
que  encargarse  de  la  Presideücia  el  Vicepresidente  D,  Héctoi- 
Carvallo. 

De  los  principales  actos  de  la  Administración  páblica  du- 
rante el  año  1901-1902,  dio  noticia  el  Sr.  Carvallo  en  el  Mensaje 
que  presentó  á  la  Cámara.  Uno  de  aquéllos  fué  el  estableci- 
miento de  Legación  en  Washington* 

Era  el  Paraguay  el  iVnico  Estado  americano  que  tío  tenía 
representación  diplomática  en  los  Estados  Unidos  del  Norte. 
Ahora,  como  los  capitales  de  este  país  empiezan  á  buscar 
empleo  en  el  Paraguay  y  conviene  estimular  en  cuanto  sea 
]>osible  el  desenvolvimiento  de  relaciones  comerciales  entre 
ambas  Repúblicas,  el  Gobierno  paraguayo  creyó  oportuno 
acreditar  un  representante  en  Washington,  y  se  prometía  muy 
felicos  resaltados  de  la  gestión  encomendada  al  nuevo  Ministro 
e\  ciudadano  Dr.  Alejandro  Audibert, 

Por  su  parte,  los  Estados  Unidos  norteamericanos  han  de 
hacer  también  cuanto  puedan  para  fomentar  esas  relaciones. 
De  día  en  día  van  necesitando  más  mercados  para  su  produc- 
ción, porque  los  de  Europa,  que  pretenden  conquistar,  no  6on 
tan  accesibles  como  suponían*  Las  viltimas  estadísticas  han  de- 


224  LOS    PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 

bido  causar  gran  desencanto  á  los  yanquis:  en  el  año  económico 
que  terminó  en  80  de  Junio  de  1902,  los  Estados  Unidos  habían 
exportado  &  Europa  mercancías  por  valor  de  100  millones  de 
dolíais  menos  que  en  el  ano  anterior.  En  cambio,  sus  importa- 
ciones aumentaron  en  unos  60  millones  de  dóllars. 

Y  como  los  grandes  centros  industriales  y  productores  do 
Europa,  sobre  todo  de  Alemania,  ponen  resuelto  empeño  en 
aumentar  su  tráfico  con  la  América  española,  los  Estados  Uni- 
dos no  pueden  descuidarse,  so  pena  de  exponerse  en  los  suce- 
sivos años  k  sorpresas  aún  más  desagradables  que  la  de  ahora. 

Poco  duró  la  interinidad  de  Carvallo.  En  el  año  de  1902  fué 
elegido  Presidente  el  Coronel  D.  Juan  A.  Ezcurra,  factor  prin- 
cipal que  había  sido  en  el  movimiento  revolucionario  que  oca- 
sionó la  caída  de  Acebal.  En  su  programa  de  gobierno  declaro 
([ue  se  proponía  hacer  un  llamamiento  á  la  juventud  intelectual 
paraguaya  para  que  le  ayudase  en  la  empresa  que  más  importa 
al  país,  que  es  desarrollar  sus  fuerzas  económicas.  Los  latifun- 
dios, que  allí,  como  en  otros  países,  han  hecho  y  hacen  gran 
daño,  corren  peligro.  Cree  Ezcurra  que  <<.e\  pueblo  más  patriota 
y  más  trabajador  es  aquel  en  donde  la  propiedad  está  más  re- 
partida». En  las  actuales  condiciones  de  la  propiedad  en  el  Pa- 
raguay, es  punto  menos  que  imposible  resolver  el  problema  de 
la  colonización  nacional  y  extranjera. 

Después,  en  el  discurso  que  leyó  ante  el  Congreso  Nacional 
al  prestar  el  juramento  qne  la  Constitución  prescribe,  consignó 
como  puntos  principales  de  su  programa  evitar,  en  lo  posible, 
las  oscilaciones  del  valor  del  papel  moneda  y  la  consiguiente 
perturbación  comercial  qne  aquéllas  producen;  levantar  el  cré- 
dito de  la  República  y  pagar  puntualmente  á  los  acreedores  del 
Estado;  arbitrar  fondos  y  aumentar  los  del  Banco  agrícola;  esti- 
mular y  favorecer  el  trabajo  y  todas  las  actividades;  canalizar 
el  río  Paraguay;  extender  las  vías  de  comunicación;  activar  la 
solución  del  conflicto  de  límites  pendiente  con  Bolivia. 

Si  se  mantiene  la  cordialidad  que  hoy  existe  entre  las  per- 


PARAGUAY  225 


sonalidades  que  han  venido  á  constituir  la  actual  situación,  no 
ha  de  ser  difícil  que  se  realicen  tan  buenos  propósitos.  Ya  las 
rentas  públicas  aumentan,  van  siendo  mayores  las  exporta- 
ciones, en  el  extranjero  se  constituyen  sociedades  para  explo- 
tar las  riquezas  agrícolas  y  ganaderas  del  país,  se  extienden 
los  cultivos  y  toman  gran  desarrollo  las  cosechas  de  mate,  ta- 
baco y  algodón. 

El  30  de  Septiembre  de  1903  se  dictó  nueva  ley  de  coloniza- 
ción, cuyo  artículo  2.*  autoriza  al  Poder  Ejecutivo  para  fomen- 
tar preferentemente  la  clase  de  inmigración  que  juzgue  más 
adecuada  á  las  condiciones  del  país,  ó  la  que  crea  más  laboriosa, 
y  á  contener  por  medio  de  medidas  oportunas  la  corriente  de 
la  que  fuese  viciosa,  inútil  ó  perjudicial. 


ih 


URUGUAY 


ditOACióii  ecoaómiCB,— Los  partidos  blanco  y  eolorndo.—ElecoiÓii  preaiddií* 
ciaL— Movimiento  revolucionario  en  Marzo  «le  191J3  é  intntídiata  paciflca- 
cíón.- Nueva  desavenencia  de  loa  partidos  políticos »— Prosperidad  eco- 
nómica y  fl  na  nciera.— El  puerto  de  Montevideo, 


En  el  Uruguay,  una  de  las  regiones  de  América  más  favo- 
recida por  la  emigración  j  colonización  latinaS|  la  sítaación 
económica  mejora  de  día  en  día*  País  agrícola  y  ganadero  por 
excelencia,  fecundo  como  pocos  y  con  abundantes  aguas,  sus 
eo&eohas  de  cereales  y  los  productos  de  su  ganadería  van 
aumentando  prodigiosamente.  Capitalistas  franceses  explotan 
las  minas  de  oro  del  departamento  de  Rivera,  y  han  tomado  á 
su  cargo  las  obras  del  puerto  de  Houtevideo,  magna  empresa 
cuyos  gastos  se  han  oaloulado  en  irnos  65  millones  dw  francos-, 

Desde  1H99  era  Presidente  D»  Juan  lándojío  Cuestas.  Ter- 
minaba el  periodo  de  su  mando  en  Febrero  de  1908,  y  meses 
antes  comenaó  la  agitación  electoral. 

Blancos  y  colorados^  es  decif^  los  dos  partidos  políticos  en 
que  se  dividen  los  uruguayos,  habíanse  avenido  en  1897  me- 
diante pacto  que  garantizaba  la  paz  publica. 

No  obstante,  Cuestas ^  qne  gobernó  con  el  apoyo  de  los  blan* 
Ds  6  nacionalistas,  tuvo  siempre  enfrente  á  los  colorados, 
khora  en  VJQñ^  el  candidato  de  los  nacionalistas,  apoyado  por 
el  elemento  oficial,  era  B.  Eduardo  Mac  Eachen.  Como  indepen- 
diente se  presentaba  B.  Juan  Carlos  Blanco,  ¿  quien  substituyó, 
4  última  hora,  el  Sr.  BatUe  Ordóñez,  que^  con  casi  todos  los  vo- 
tos de  los  colorados  y  algunos  de  los  nacionalistas,  obtuvo 


mayoría  y  tomó  posesión  de  la  Presidencia  el  día  1.**  de  Marzo. 

Como  entre  blancos  y  colorados — aunque  los  primeros  suelen 
apellidarse  conseryadores  y  los  segundos  liberales — no  hay  di- 
ferencia fundamental  en  cuestión  de  doctrina  y  procedimientos 
de  gobierno,  la  base  del  pacto  convenido  era  la  participación 
en  cargos  públicos  del  partido  que  no  ocupase  el  Poder» 

En  el  reparto  que  de  aquéllos  se  hiao,  no  obtuvieron  loa 
blancos  todos  los  que  apetecían,  y,  considerando  roto  el  pacto 
de  1897,  apelaron  á  las  armas,  acaudillados  por  el  Coronel  ó 
General  D.  Aparicio  Sara  vi  a* 

Interrumpida  así  la  buena  inteligencia  entre  los  partidos» 
pudo  temerse  que  persistiera  la  guerra  civil,  con  grave  daño 
para  el  país,  cuya  situación  financiera  y  cuyo  crédito  habían 
mejorado  b«Lstante  durante  el  gobierno  de  Cuestas.  Pareció 
que  los  departamentos  apoyaban  resueltamente  á  los  blancos  y 
qne  iban  i  unirse  contra  la  capital^  donde  predominan  los  co- 
lorados. Cortáronse  líneas  férreas  y  telegráficas,  y  buen  golpe 
de  rebeldes  amenazaba  caer  sobre  Montevideo, 

En  menos  de  veinticuatro  horas  los  nacionalistas  pusieron 
sobre  las  armas  4,000  hombres^  y  en  los  inmediatos  días^ 
aumentó  considerablemente  la  fuerza  de  las  huestes  qne  acau-, 
díllaba  Aparicio  Saravia.  Muy  grave,  pues,  era  el  conflicto; 
pero  gracias  al  patriotismo  de  unos  y  otros,  se  resolvió  antes 
de  finalizar  el  mes  de  Manro,  y  la  temida  contienda  no  pasó  de 
ser  un  conato  de  guerra.  Animaba  á  todoe  entonces  el  espíritu 
de  transigencia,  y  á  la  transacción  se  llegó,  deponiendo  hm 
blancos  su  actitud  belicosa  ¿  condición  de  conservar  las  po£^í* 
clones  y  derechos  que  tenían  adquiridos  en  los  departamentos, 
de  Ceí'roIargOt  Treinta! tres,  Maldonado,  Flores  y  Rivera. 

El  2^  de  Mar^ío  se  t^upo  en  Montevideo  que  la  paz  estabn 

pactada;  el  30  licenciaba  Snravta  sus  tropas  en  Kíoo  Péirascf 

el  1.^  de  Abril  pasaba  i  la  Asamblea  Nacional  el  Mensaje  del 

F^er  Ejecutivo  proponiendo  amáis tia  para  todos  los  eiementois 

'QlirileB  y  militares  que  habían  tomado  parte  %u  el  moviniient^^s 


&UA\' 


D.  José  P.  Ramírez  y  D.  Alfonso  Lamas  habían  camplido, 
representando  á  uno  y  otro  bando,  la  noble  misión  de  pacifi- 
<íadores. 

Grandiosa,  magnifica  fué  la  manifestación  con  que  se  cele- 
brtV  la  ¡taz  en  la  capital  de  la  Rept'iblica;  dignas  de  quedar  gra- 
badas en  el  corazón  de  todos  los  uruguayos  las  palabras  que 
pronunció,  dirigiéndose  al  pueblo,  el  Sr.  R&mirez.  «Esta  sola- 
eídn  que  todos  anhelábamos  y  que  todos  bendecimos — dijo — no 
será  sino  ana  tregna  ó  un  aplazamiento  ai  en  adelante  no  tene- 
mos un  concepto  más  alto  déla  patria^  un  culto  más  severo  por 
los  principios  óonstitaelonales;  si  no  asimilamos^  con  la  fe 
cristiana  de  los  tiempos  paganos,  á  nuestra  conciencia  republi- 
cana el  convencimiento  de  que  la  jiatria  no  es  el  patrimonio  de 
niiigl^n  partido,  y  de  que  si  los  de  abajo  no  tienen  el  derecho 
de  conquistar  el  poder  por  las  armas,  los  de  arriba  tampoco 
tienen  el  derecho  de  conservarlo  por  la  opresión  y  la  violencia»» 

Pero  ni  los  de  arriba  ni  los  de  abajo  lograron  sobreponerse 
A  la  pasión  de  partido  y  á  los  requerimientos  del  amor  propio. 
Molestaba  ¿  los  elementos  intransigentes  del  partido  colorado 
que  personalidades  muy  signifícadas  entre  los  blancos  ejer- 
cieran altas  funciones  administrativas  en  los  departamentos. 
Censuraban  con  ditrejia  al  Jefe  político  del  departamento  de 
Rivera»  porque  no  había  impedido  que  fuerzas  brasileñas  pene* 
trasen  en  territorio  uruguayo  en  persecución  del  fugitivo  Gen- 
til Gómez,  Los  blancos  defendían  la  conducta  de  aquél^  protes- 
taban contra  la  creación  de  una  Comandancia  militar  al  Sur  del 
Río  Negro  y  contra  otros  actos  del  Gobierno  que  suponían  en- 
caminados á  mermar  su  inñuencia,  no  ocultaban  ya  bus  rece- 
los, y  aunque  el  Presidente  procuró  mantener  la  conciliación,  y 
con  tal  propósito  tuvo  entrevistas  con  los  Jefes  del  bando  na- 
cionalista y  visitó  los  departamentos  del  litoral,  no  fué  afortu- 
nado er  sos  iniciativas  y  trabajos,  y  aún  vinieron  á  enconarse 
más  los  ánimos  con  motivo  de  alguno  de  sus  discursos,  en  el 
que  hubo  frases  imprudentes  ó  mal  interpretadas. 


230  L08    PUEBLOS   Hl»PANOAMBKlCANO» 

Al  terminar  el  año  inspiraba,  pues,  poca  confianza  la  ges- 
tión política  del  Sr.  Batlle  Ordóñez,  y  parecía  inminente  otra 
revolución. 

La  situación  económica  y  financiera  continúa  siendo  satis- 
factoria. Buena  cosecha  de  trigos,  muchas  ventas  de  ganado  y 
mncho  dinero  disponible  para  industrias.  Los  gastos  de  la 
breve  contienda  habida  en  Marzo  se  cubrieron  con  los  recur- 
sos ordinarios,  y  no  hubo  necesidad  de  apelar  al  millón  de  pesos 
del  empréstito  votado  para  atender  á  aquéllos.  Con  esa  canti 
dad  T)odrá  darse  gran  impulso  á  las  obras  públicas. 
:  Mal  y  despacio  van  las  del  puerto  de  Montevideo.  Se  cons- 
truyen escolleras  que  se  hunden,  se  reparan  y  vuelven  ¿  hun- 
dirse^ Cúlpase  de  ello  al  Ingeniero  directoI^  Es  asunto  este  que 
puede  ocasionar  alguna  contrariedad  á  la  República,  porque  el 
ex-Presidente  Cuestas,  al  hacer  el  contrato,  consintió  eñ  que 
las  diferencias  que  surgieran  entre  el  Gobierno  uruguayo  y  la 
empresa  concesionaria  se  decidieran,  no  por  los  Tribunales  na- 
cionales, sino  por  arbitros  extranjeros. 


L 


REPÚBLICA  ARGENTINA 

I 


8itua«ióa  eoondmica  riel  país.  -Hl  comcFeio  exterior,— La  prodttccióii  ii^rf- 
cola.— La  industria  de  carnee  coageladas^^Afluencta  de  capitales  y  abun- 
dancia de  oro.  —La  huelga  de  la  ^'éate  de  mar.— La  c'omnnicación  flavíal  y 
loa  puertea.— La  inmigración  y  la  colonización:  loa  colonos  boera. 

La  Kepublica  Argentina^  que  ha  couBegaido  llevar  á  sua  ex- 
tensas tierras  más  de  un  millón  de  colonos  extranjeros,  italianos 
y  españoles  la  naayor  parte,  ha  desarrollado  en  poco  tiempo 
importante  riqueza  en  cultivos  y  en  ganado,  y  normaliza  su 
vida  política.  Si  sus  presupuestos  en  1902  estaban  aun  desequi- 
librados, debíase  á  los  enormes  gastos  que  hi:;o  en  previsión  de 
conflicto  bélico  con  Chile.  El  Mensaje  leído  en  dicho  año  ante 
el  Congreso  por  el  Presidente  Roca  reflejaba  gran  optimismo. 
La  cuestión  de  fronteras  con  aquella  liepública  estaba  en  ca- 
mino de  ar refalarse  amistosamente^  y  se  conñrmaban  anteriores 
noticias,  según  las  cuales  el  Comisario  inglés  Sir  Holdicb,  que 
había  tomado  datos  sobre  el  propio  terreno  objeto  de  la  disputa, 
se  proponía  regresar  á  Inglaterra  en  Julio  y  activar  los  traba- 
jos del  Tribunal  de  arbitraje  para  que  no  terminase  el  año  sin 
haber  dictado  sentencia.  Por  otra  parte^  personalidades  de 
gran  px*estigio  en  Chile  y  la  Argentina  abogaban  en  favor  de 
un  desarme  general  en  ambas  jiepúblicas.  La  situación  eco- 
nómica presentaba  buen  cariíj.  las  rentas  públicas  iban  en 
aumento^  la  Deuda  interior  y  exterior  se  reducía,  y  proseguían 
en  auge  los  trabajos  de  colonización  y  las  transacciones  co- 
merciales. 


I^OS   PtrCIBLOí^    HISPA KOAMKRICAKOS 


Kespecto  al  comercio ,  véanse  las  siguientes  cifras,  que  ex- 
presan  en  pesos  oro  el  valor  de  las  importaciones  7  exporta- 
eioaes  en  I09  últimos  diez  años: 

Importación .        £  xporUctóo . 


1894.,. 

1895.. 

1897,- 
1898,. 
189ÍÍ. 

idoo. 

1901.. 
1902.. 

líXB  (nneve  me- 


92  788.625 

95.096.438 
il2.163.59l 

93/288,948 
10T.428  900 
116.850  671 
113.485.0^39 
113.959.749 
103  039.256 


101.68r7,986 

120.067.790 
11B.802.016 
101.169. 299 
133.829  458 
184.917.531 
154,t300  412 
167.716,102 
179.486.727 


aes)... 100. 3*12.117     176.081.534 

La   diferencia   en    favor   de    la    exportación    oscila  ent 
4.038.425  en  1896  y  76.447.471  en  1902. 

Los  saldos  van  en  aumento  desde  1900,  y  puede  asegurarse  I 
qtie  en  1903  la  diferencia  ¿  favor  de  la  exportación  habrá  sido 
de  unos  100  millones. 

En  la  exportación  de  1902  correspondieron  104  millones  á 
los  productos  de  la  ganadería  j  68  millones  á  la  producción 
agrícola. 

Durante  el  ([ainqnenio  1895-99  se  exportó  ochocientas  veces 
máM  maíse  que  en  1870-74.  La  exportación  de  trigo  ha  tomado  pro- 
porciones considerables.  Del  quinquenio  1870-74  al  de  1875-79 
el  aumento  fué  de  1 .191  por  100;  en  el  quinquenio  siguiente, 
de  506  por  100;  al  otro,  223  por  100;  después,  585  por  100,  y  en 
et  quinquenio  1895-99  se  ha  exportado  diez  mil  veces  más  trigo 
que  en  el  primero  de  los  mención ados»  Este  dato  demuestra 
evidentemente  el  progreso  agrícola  de  la  República  Argen- 
tina (1). 

En  un  informo  que  en  1903  hÍ20  público  Mr,  Franck  W.  Bick- 
noll,  agente  del  Departamento  de  Agricultura  de  los  Estados 


>\\    Üatot  piitilicado»  por  D.  Cario»  Llx  Klett  en  1»  R^ffi^ia  tftf  Gtojfr^a  e^  , 
itni»t  y  mitrmt^Uff  tomo  II,  u\^moro  Jtí. 


RBPtrBLXGik    ARGENTINA 


2^ 


Unidos,  reconocíase  que  Los  recursos  naturales  agrícolas  de  la 
Argentina  son  extraordinarios,  y  se  confsignaba  el  temor  de  qne 
en  plazo  no  muy  remoto  padieran  su  agricultura  y  au  ganadevia 
arrebatar  á  los  yanquis  los  mercados  de  Europa.  Hay  posibili- 
dad de  duplicar,  sin  gran  esfuerzo,  la  ooseclia  de  cereales,  y  la 
cría  de  ganados  ofrece  allí  mayores  facilidades  que  en  cualquier 
otro  país  del  mundo^  pues  nunca  faltan  los  pastos.  Además,  las 
buenas  tierras  son  más  baratas,  el  suelo  más  fértil  y  el  clima 
menos  variable  que  el  de  los  Estados  Unidos. 

Si  la  B.ei>ública  Argentina  aún  no  ba  consegnido  la  supre- 
macía agrícola,  imponiéndose  á  los  Estados  Unidos,  es  porque 
ios  colonos  europeos,  principalmente  los  italianos^  no  tíei^en 
experiencia  ninguna  de  los  trabajos  del  campo,  emplean  malos 
instrumentos,  y  muobos  de  los  que  llegan  á  hacer  fortuna,  que 
60n  los  que  mejor  podrían  contribuir  al  progreso  de  la  agricul- 
tura, regresan  á  su  patria  y  los  substituyen  emigrantes  recién 
llegados* 

Xia  inmigración  de  australianos  y  neozelandeses  ha  de  ser 
favorable  al  desarrollo  y  perfeccionamiento  de  las  faenas  agrí- 
colas, A  los  años  de  continuada  sequía  que  se  ha  sufrido  en  In 
Australia  y  Nueva  Zelanda,  se  debe  el  éxodo  de  agricultores  de 
aquellas  colonias  que  preferentemente  se  dirigen  á  la  Repú- 
blica Argentina. 

El  comercio  y  las  industrias  habrán  de  aumentar  en  propor- 
ción con  los  adelantos  de  la  agricultura* 

Entre  las  nuevas  industrias  que  toman  gran  desarrollo 
tigoi'a  la  de  carnes  congeladas.  Hasta  ahora  el  negocio  estaba 
prácticamente  en  la  Argentina  en  manos  de  tres  Empresas. 
The  Miver  Píate  Fresh  Meat  Companxfy  en  Campana;  Sansi- 
nena  y  CJ*'^  en  el  Riachuelo,  y  Bahía  Blanca  y  Las  Palmait^ 
Cffmpany^  en  Zarate. 

Betas  Empresas  han  alcanzado  tan  sólida  posición,  y  soi^ 
operaciones  han  dado  tan  buenos  resultados,  que  otras  se  pro- 
ponen consagrarse  al  mismo  ramo  para  rivalizar  con  ellas,  si 


LÜ8    PU£1BLÜ8   HlSl^ANOAMBRiÜANOS 


bien  es  cierto  qoe  hasta  el  presente  solamente  ima  de  ellas  ha 
empezado  á  exportar» 

Las  nuevas  Empresas  son  Tjq  Blanvüj  en  el  Riachiielo,  que 
lia  comenzado  ya  á  exportar;  A7*geniina,  nneva  Compañía  que 
ha  adquirido  terrenos  á  mitad  de  camino  entre  Puente  Alsina, 
sobre  el  Riachaolo,  y  el  puente  del  ferrocarril  del  Oeste  sobre 
ese  rio;  la  Gold  Storage  Company^  en  el  Dock  Central  (La  Plata), 
que  debe  haber  empescado  á  funcionar  en  1904.  Una  casa  ita- 
liana ha  adquirido  propiedad  y  se  propone  igualmente  confla- 
grarse ¿  este  ramo,  y  también  se  dice  que  se  construirá  otro 
establecimiento  en  Río  Santiago,  en  La  Plata  (1), 

La  importación  de  capitales  europeos  va  aumentando,  Gran 
parte  de  los  progresos  conseguidos  se  debe  al  capital  europeo. 
Se  estima  en  1.500  millones  de  pesos  oro  el  capital  inglés  in- 
vertido en  la  Argentina.  Las  otras  nacionalidades  de  Europa 
tienen  asimismo  muchos  millones  colocados  en  los  Bancos,  en 
títulos  y  en  empresas  industriales.  La  contribución  de  los  Es- 
tados Unidos  es  insignificante. 

Hay  en  la  Caja  de  Conversión  una  existencia  metálica  de 
40  millones  de  pesos  oro.  Los  capitales  abundan  y  la  Hacienda 
prospera  porqne  aumentan  los  ingresos^  especialmente  los  de 
Aduanas.  En  los  nueve  primeros  meses  de  1903  la  Aduana  déla 
capital  recaudó  7  millones  más  de  pesos  oro  que  en  el  corres- 
pondiente período  de  1902,  Hasta  ahora,  sin  embargo — aca.so 
por  falta  de  buenos  planes  económicos  y  de  iniciativas  acertadas 
en  los  hombres  que  gobiernan  —  ,  la  abundancia  de  oro  inñuye 
poco  en  favor  de  la  situación  del  mercado  y  en  el  desarrollo  de 
los  negocios  y  del  comercio.  Éste,  por  otra  parte,  sufre,  al  ter- 
minar el  año  Í903j  grandes  quebrantos,  ocasionados  por  una 
persistente  huelga  de  los  trabajadores  dedicados  al  servicio  ma- 
rítimo y  al  acarreo  de  mercancías,  Marineros,  fogoneros,  esti- 
badores^ prácticos,  peones,  carreteros,  etc.,  todos  se  pusieron 


ll )    Jttvüfú  de  la  Cámara  Mertantil  de  BarrMtn  «F  Sh4,  año  tOOS. 


HKPÜBLIOA    AUaENTINA 


2-^5 


d«  acuerdo  para  suspender  el  tráfico,  y  era  impoííible  hacer  ope- 
ración ninguna.  Kn  los  tal  timos  días  del  año  había  en  el  puerto 
de  Buenos  Aires  y  en  su  rada  exterior  gran  númei*o  de  vapores 
que  no  podían  cargar  ni  descargar. 


Si  se  consolida  una  buena  situación  fínanciera,  ha  de  ser 
factible  realizar  en  breve  proyectos  de  gran  importancia  para 
ei  porvenir  del  comercio  argentino. 

Uno  de  ellos»  problema  cuya  solución  estudia  el  Gobierno 
con  empeño,  es  el  establecimiento  de  fácil  y  cómoda  comu- 
nicación fluvial  entre  los  puertos  del  interior,  la  capital  fe- 
deral y  el  Atlántica,  Según  el  Ingeniero  Foster»  la  resolución 
del  problema  depende  principalmente  del  mejoramiento  y 
corrección  de  los  grandes  ríos  Paraná  y  Uruguay,  y  sobre  todo 
del  Río  de  la  Plata,  cuyo  estudio  presenta  doble  interés,  porque 
al  cientííico  que  tiene  el  de  uno  de  los  estuarios  más  extenaos 
del  mundo,  está  unido  el  económico  del  desarrollo  comercial 
y  el  engrandecimiento  de  las  provincias  argentinas.  Mediante 
la  rectificación  del  curso  de  los  ríos  y  otras  obras  y  correcciones 
propue^as,  podrá  llegar  á  ser  fácil,  segura  y  económica  la  na- 
vegación de  lo3  buques  de  Ultramar  que  van  á  Buenos  Aires  Ó 
pasan  á  los  puertos  del  Paraná;  se  facilitará  la  navegación  flu- 
\ñal,  acortando  lo  más  posible  la  ruta  entre  Buenos  Aires  y  el 
interior  del  país;  se  mejorará,  por  Viitimo,  el  acceso  al  puerto  de 
Buenos  Aires. 

Otro  puerto  que  atrae  la  atención  del  Gobierno  argentino 
es  el  marítimo  de  San  Blas,  en  el  que  no  ha  mucbo  estuvo  el 
Presidente,  y  que  tiene,  por  su  situación  y  cirounstancias  espe- 
ciales, excelentes  condiciones  ]>ara  hacer  de  él  un  puerto  mili- 
tar y  mercante  de  primer  orden  (1). 


(1)  Cierra  y  defiende  este  puerto,  con  otras  islas»  In  Uitmadii  G&ma  ó  Gamo, 
donde  se  dice  que  hny  un  tesoro,  de  300,000  onzas  de  oro  nada  meooft,  que 
allí  ocultó,  becia  1591,  el  famo&o  pirata  inglés  Tomás  Cavendiah,  Según  Iíl 
iradidóUt  tres  pileree  de  ladrillo  señtliin  el  o«míiio  que  conduce  al  tcaoro. 


23tí 


Loa    PUKlU.OJi    HI.SPAN(»AMlfiKl»JANO¡^ 


Situpre  la  inmigración  se  ha  considerado  como  fuente  prin- 
cipal  de  riquessa  y  prosperidad  en  esta  y  otras  Repúblicas  de 
América.  Y  ahora,  en  la  Argén tiaai  se  impone  más  qne  nunca 
la  necesidad  de  aumentar  la  población,  de  atraer  ^ran  numoro 
de  inmigiantes,  porque,  como  ya  hemos  indicado,  hay  enorme 
dé«eqnílibrío  entre  las  importaciones  y  exportaciones  á  favor  de 
las  últimas,  y  esta  circunstancia  podra  ser  causa  de  qne  se  ra- 
yan cerrando  algunos  mercados  extranjeros.  Si  la  importación 
no  aamenta,  ó  disminuye,  según  parece  probable,  seditículta- 
rán  los  tratados  comerciales,  pues  no  habrá  medio  de  otorgar 
compensaciones;  la  nación  que  no  pueda  importar  á  la  Argen- 
tina, ningún  interés  tendrá  en  conceder  ventajas  arancelaríais 
4  jiroductos  de  aquella  República.  Pero  sí  mediante  numerosu 
y  continua  inmigración  la  población  aumenta,  aumentará  tam- 
bién el  consumo  interior,  qttednrá  menos  remanente  para  la 
exportación  y  habrá  que  importar  más,  sobre  todo  de  artículos 
que  los  iw  migrantes  tenían  costumbt'e  de  consumir  en  los  países 
de  origen. 

Con  la  inmigración,  pues,  á  la  vez  que  se  robustecen  las 
fuerzae  productoras,  se  consigue  el  equilibrio  de  la  balanza  ao- 
meroialj  la  producción  será  mayor,  gran  parte  do  ella  se  consu- 
mirá en  el  propio  país,  el  resto  se  exportará,  habrá  que  com- 
prar más  al  extranjero,  y  así  importación  y  exportación  irán 
^subiendo,  pero  sin  la  grnn  desproporción  qne  hoy  existe  enti-e 
una  y  otra. 

Población,  y  sobre  todo  población  agrícola,  es  lo  que  nece- 
sita la  República  Argentina.  Ahora  hay  cierto  estacionamiento 
en  la  inmigración;  el  G^obierno  procura  fomentarla  ofreciendo 
ventajosas  condiciones  á  los  colonos,  especialmente  á  los  qne 


Selmn  eatíootradodoBde  elloa;  pero  téXíM  ilar  con  el  tercero,  precisamente 
4»1  de  miR  )mportBu«ÍH^  pues  es  probable  que  bajo  eie  tercer  pilar  ñe  ettonen- 
Ireo  l«a  codici6dss  onzia,  que  han  IJU«c«ido  eo  vino  aveotoferoa  pf009é<^iit«íi 
del  Norte  de  «.mérica^  de  In^tfi tetra  y  aun  de  Aii9tralia«. 


llevan  algún  capital,  y  viene  poniendo  gran  interesen  atraer  i» 
los  boers  fugitivos  6  emigrados  del  África  austral. 

Desde  los  dias  en  que  lord  Roberts,  con  sus  millares  de  liom- 
bres  y  centenares  de  cañones,  pudo  invadir  el  Orange  y  el 
Transvaal^  muy  pocos  dudaron  ya  del  total  vencimiento  de  los 
boers,  y  suponiendo  que  no  habrían  de  soportar  el  yugo  inglés 
y  que  abandonarían  el  territorio  en  que  babíim  vivido  indepen- 
dientes^ varios  Gobiernos  de  Américu,  áviílo«  de  ganar  inmi- 
gración útil,  pensaron  en  la  conveniencia  do  atraérselos.  Con 
inmigrantes  de  tal  valía,  no  desprovistos  de  recursos  propios^ 
y  maestros  en  las  artes  y  trabajos  de  la  labor  de  tierras  y  de  la 
cría  de  ganados,  seguramente  podría  darse  extraordinario  im- 
pulso  á  la  colonización  y  población  de  Am»^nca. 

En  México  y  la  Argentina  principalmente  se  puso  empeño 
en  ofrecer  terrenos  á  los  boers^  y  aun  se  logró  14 ue  algunos  co- 
misionados de  aquéllos  fueran  á  estudiar  lus  condiciones  del 
paifi  y  de  las  tierras  que  podían  entregárselen..  ICu  la  Argentina 
86  concedía  á  los  nuevos  colonos  un  lote  de  6Ü  leguas  cuadradas, 
y  en  Julio  de  1902  había  esperanza  de  llevar  á  lus  territorios 
del  Sur  numerosa  población  surafricana. 

Habían  llegado  tres  boers,  y  uno  de  ellos  llamado  Baumaun^ 
persona  de  buena  posición,  recorrió  á  caballo  durante  veinti- 
cinco días  gran  extensión  del  país,  y  resol  vi/i  e.^tablecerse  en  el 
(>araje  que  les  había  sido  asignado  y  que  se  halla  entre  el  puerto 
Comodoro  Hibadavia  y  el  puerto  Malaspina,  crn  6  leguas  de 
frente  al  mar  por  10  de  fondo  hacia  el  interior,  ^aperábase  la 
llegada  de  buen  número  de  familias,  la  mayor  parte  de  las 
cuales  podían  aportar  un  capital  no  menor  de  10.000  pesos^ 
cada  una. 

No  or^o  aventurado  afirmar  qneesa  iDmi>í«»u*ión,  tan  conve- 
niente para  la  República  Argentina,  no  se  rnalizará,  al  me»0!<v 
en  las  proporciones  que  se  suponía. 

Los  boere  no  han  sido  vencidos,  A  raíz  d^  itiio  de  los  mayo- 
!<•  deaaslrej^  que  han  sufrido  los  ingleses,  !a  derrota  y  prisitm 


LQ8    PlTfiBLOS    HI9P XNOAMnRfCANOB 


de  Methueiii  extremaron  éstos  sus  gestiones  para  conseguir  la 
sumisión  aparente  de  aquéllos,  y  con  toda  urgencia  la  pedían, 
pties  las  interesaba  sobremanera,  obtenerla  antea  de  los  día^^ 
ser  rilados  para  la  coronación  del  Rey. 

tS aerificaron  los  boers  algo  del  amor  propio  nacional  y  de 
raza  para  lograr  ventajas  positivas  mediante  compromisos  de 
que  no  hubo  noticia  exacta  y  completa. 

El  tratado  público  satisfizo  á  medias  al  orgullo  británico; 
las  demás  condiciones,  mediante  las  cuales  loa  boers  se  deci- 
dieron á  deponer  las  armas,  hubo  qne  deducirlas  de  los  hechos, 
y  éstos  nos  dijeron,  por  ejemplo,  que  los  supuestos  vencidos 
enviaban  sus  Generales  á.  Inglaterra  en  actitud  tal,  que  no  pa- 
recía sino  que  iban  ¿  recordar  y  a  exigir  al  mismo  Monarca 
inglés  el  cumplimiento  de  loa  pactos  convenidos,  y  con  éxito 
tai|  que  la  cantidad  prometida  por  la  Gran  Bretaña  para  reedi- 
ficar las  granjas  que  destruyeron  sus  soldados  ó  para  indem- 
nizar á  los  boers  arruinados  por  la  campaña^  es  decir^  esa 
peregrina  indemnización  de  guerra  que  el  vencedor  paga  al 
vencido»  casi  se  duplicó. 

PodráUj  paeS|  los  boers  restaurar  en  el  propio  país  y  con  el 
oro  inglés  sus  fuerzas  económicas.  Desde  el  punto  de  vista  po* 
liticO)  quedaron  poco  más  ó  menos  como  no  ha  machos  años 
©ataban,  independientes  de  hecho  bajo  la  sobei-anía  nominal  del 
Rey  de  Inglaterra »  y  además  podrán  intervenir  en  los  asuntos 
de  la  Colonia  del  Cabo,  si  se  les  da  participación  en  los  Conse- 
jos y  gobierno  de  ésta,  bajo  el  supuesto  de  que  el  Orange  y  el 
Transvaal  son  parte  de  los  dominios  ingleses  d^l  África  del  Sur. 

Los  boers  admitieron  este  supuesto  para  restablecer  la  paz. 
En  la  realidad,  su  prestigio  y  su  influencia  en  África  han  ga- 
nado terreno;  hay  ahora  experiencia  más  cabal  y  completa  de  lo 
que  valen  y  pueden,  y  han  de  ser  mucho  más  respetados  y  te- 
midos que  antes  de  la  guerra. 

lín  tales  cireuntancias,  no  es  veroaími)  que  emigren.  ^Los 
boers  no  piensan  en  emigrar  en  masa»»...»*  «La  pQi*sistencÍa  de 


REPÚBLICA    ARGRNTIKA 


S3í> 


nuestro  núcleo  nacional  está  asegnrada» Así  lo  afirmaba  ro- 
tunda y  publicamente  en  ei  otoño  de  1902  el  Sr.  Reitz^  el  Secre- 
tario de  Estado  del  Transvaal. 

A  la  Améi'ica  española  luibiérale  convenido  más  tenacidad, 
más  orgullo  de  raza  ó  patriotiamo  en  los  ingleses;  acaso,  abí, 
realmente  vencidos  y  humillados  los  boers,  grandes  masas  du 
emigrantes  habrían  atravesado  el  Atlántico  para  no  convivir 
con  sus  implacables  adversarios»  Pero  éstos  se  cansaron  de  per- 
der miles  de  hombres  y  millones  de  libras  esterlinas,  y  la  Amé- 
rica española  perdió  ese  gran  refaerzo,  que  tanto  necesita^  do 
colonos  ricos,  honrados,  vigorosos  y  emprendedores» 


II 


La  Cuestión  de  límites  con  Chile.— Teincwes  de  guerra.-  Ln  conctlÍRClón  y 
tos  pactos  internacionales.— Manifestíieiones  mutuas  de  simputia  y  ami» 
tad.— La  seutencÍH  arbitral  del  Monarca  inglés.— Bases  del  Convenio  ar- 
írcüiiñochiletio,— Las  fieetaa  de  la  paz. 

Casi  al  mismo  tiempo  que  se  votaba  en  Méjico,  en  la  Confe- 
reficia  internacional  ameFÍoana»  una  moción  en  favor  de  la  pass» 
adquiría  caracteres  de  extrema  gravedad  el  litigio  sobre  límites 
planteado,  desde  1847,  entre  Chile  y  la  República  Argentina. 
Hubo  días  del  mes  de  Diciembre  (1901)  en  qnese  creyó  ine vi  tablo 
á  innünente  la  guerra  entre  dos  de  los  Estados  más  poderosos 
de  la  América  del  Sur,  y  al  comenzar  el  año  1902,  los  ánimos 
continuaban  sobremanera  excitados  en  arabas  Repúblicas  y  no 
había  absoluta  seguridad  de  haberse  evitado  el  conñtoto. 

Por  fortuna,  se  impusieron  los  políticos  sensatos,  que  á  todo 
trance  querían  mantener  la  paz.  Para  tratar  del  desarme  par- 
cial  en  ambas  Repúblicas,  celebraron  varías  conferencias  en 
Santiago  el  l^residente  Riesco,  el  Hinistro  de  Asuiitos  extran- 
jeros Vergara,  y  los  Ministros  representantes  de  la  gran  Bre- 
taña y  de  la  República  Argentina.  Los  resultados, de  estas  en- 
trevistas fueron  bien  satisfactorios.  Cgaveníai^  las,  dos  Repn- 


240 


LOS    FUHBLOH   Hl»PANOAM»K10ANOS 


blicas  en  limitar  sus  fuerzas  navales  y  en  someterse  á  un  tra- 
tado de  arbitraje  que  impidiese  toda  apelación  á  la  guerra.  En 
coTi«Pcuencift,  argentinos  y  chilenos  hicieron  alto  en  sus  gasto» 
paif.  A(>restos  bélicos^  y  auularon  acuerdos  acteriores  para  ad- 
quisición de  material  de  gnerra  y  íie  acorazados  j  cruceros. 

Perseverando  la  tendencia  pacífica,  %\  Pr»ísidente  de  la  Be- 
páblíca  chilena,  en  el  Mensaje  que  dirigió  al  Congreso  con  mo- 
tivo de  la  apertura  de  las  sesiones,  declaraba  que  el  objetivo 
único  de  la  política  exterior  de  su  Gobierno  era  mantener  la 
paz  sobre  bases  sólidas  y  duraderas.  El  conflicto  con  el  Go- 
bierno de  Buenos  Aires  se  había  evitado;  quedaba  en  pie  el  pro- 
ble  nía  respecto  al  Perú  y  Bolivia,  y  se  trataba  de  resolverlo 
conforme  k  los  tratados  y  con  toda  la  diligencia  posible,  puesto 
que  los  aplazamientos  habrían  de  perjudicar  al  progreso  eco* 
nómíco  de  los  países  interesados. 

Como  una  empresa  patriutica  se  estimó  en  el  Senado  de 
Chile  la  aprobación  de  los  pactos  convenidos  con  la  Ke pública 
Argentina;  era  preciso— se  dijo  en  la  Cámara — anular  todas  las 
causas  de  discordia  con  ese  pneblo  bermano,  del  que  Chile 
había  permanecido  distanciado  con  "visible  detrimento  dé  sn 
misma  prosperidad,  puesto  que  las  desconfianzas  ó  los  recelos 
impedían  el  desarrollo  de  relaciones  comerciales  entre  ambas 
Repúblicas* 

Por  unanimidad  fueron  aprobados  los  pactos^  y  justo  ea  de- 
cir qne  á  ello  contribuyó  en  gran  parte  un  elocuente  discurso 
del  Ministro  Vergara  Donoso,  que  recordó  el  noble  proceder  de 
los  argentinos  en  los  días  de  la  guerra  con  el  Perú  y  Bolivia. 
Empeñados  los  chilenos  en  esta  contienda,  las  circunstancia» 
fueron  entonces  muy  propicias  á  la  República  Argentina^  que 
hubiera  podido  poner  á  Chile  ea  el  duro  trance  de  ceder  á.  todas 
sus  exigencias* 

Cuando  el  Secretario  del  Senado  dio  cuenta  de  la  aproba- 
ción unánime,  se  oyeron  vivas  á  la  República  Argentina  y  41a 
alianza  de  los  dos  pueblos  hermanos» 


UBVUBLIGA    ARGBNIINA 


241 


En  Buenos  Aires  hubo  cierta  oposición  á  los  pactos,  y  la 
prensa  publicó  artículos  en  pro  y  en  contra.  En  estos  últimos 
se  expresaba  desconfianza  hacia  Ohile,  Repáblica  4  la  que  al* 
ganos  argentinos  suponían  «siempre  dispuesta  á  faltar  á  la  le- 
tra y  espíritu  de  los  tratados  que  ha  hecho».  En  el  Senado  la 
oposición  se  concretó  principalmente  á  las  cléusalas  sobre  neu- 
tralidad y  sobre  renuncia  de  expansión  territorial,  y  á  otras 
algán  tanto  ambiguas  que  en  lo  porvenir  podrían  acaso  inter- 
pretarse de  modo  distinto  y  ocasionar  desavenencias. 

Pero  así  en  la  Argentina  como  en  Chile,  se  impuso  la  nece- 
sidad de  la  concordia,  y  aun  se  habló  de  una  alianza  entre  am- 
bas Repúblicas.  Más  todavía:  se  dijo  que  iba  á.  celebrarse  una 
conferencia  diplomática  para  dar  solución  al  problema  del  Pa* 
cifico,  con  delegados  de  Chile,  Perú,  Bolivia  y  la  Argentina. 

Puestas  de  acuerdo  las  cuatro  Repúblicas,  podrían  fijar  las 
bases  de  una  cordial  inteligencia,  resolver  de  modo  definitivo 
las  cuestiones  de  límites  y  decidir  cnanto  conviniera  k  todas 
*in  punto  a  las  relaciones  comerciales  entre  ellas  y  con  las  de- 
más potencias 

¡Qué  gran  pensamiento!  Si  se  llevara  á  cabo  con  fortuna, 
motivo  habría  para  decir  qne  asomaba  ya  la  aurora  de  los  Es- 
tados Unidos  de  la  América  del  Sur. 


A  fin  de  1902,  las  dos  Repúblicas  del  extremo  meridional  de 
América,  que  tan  á  punto  estuvieron  de  venir  á  las  manos,  pro- 
digábanse manifestaciones  de  simpatía  y  amistad,  y  entre  chi- 
lenos y  argentinos  se  cruzaron  cariñosos  mensajes  de  felicita- 
ción, «De  una  y  otra  parte  de  los  Andes  concluyeron  los  gritos 
odiosos  de  guerra,  y  sobre  las  soberbias  cumbres  se  extiende 
la  hermosa  rama  de  olivo,  y  en  el  horizonte  purpúreo  reapare- 
een  los  recuerdos  históricos  de  la  independencia;  se  conmueve 
el  continente  latinoamericano,  mientras  la  historia  lo  empuja 
vigorosamente  para  conseguir  sus  destinos  y  sus  glorias >  des* 
tinos  y  glorías  de  virtud  civil».  Así  decía  la  Cámara  sindical 


242  LOS  PUBBLOS    HISPANOAMERICANOS 

de  la  Bolsa  de  Santiago  en  la  salutación  que  dirigió  á  la  de 
Buenos  Aires. 

El  pleito  de  límites  estaba  ya  definitivamente  fallado  por 
sentencia  arbitral  del  Rey  de  Inglaterra,  de  25  de  Noviembre. 

Ambas  Repúblicas  habían  fgado,  años  hace,  como  frontera, 
cía  cresta  más  elevada  de  los  Andes,  por  la  cual  pasa  la  línea 
divisoria  de  aguas».  Pero  entre  los  40**  y  los  52®  de  latitud  Sur 
la  divisoria  no  coincide  con  esa  cresta.  De  aquí  el  conflicto. 
¿Era  el  Hmite  la  cordillera,  ó  lo  era  la  divisoria?  El  arbitro 
tomó  un  término  medio,  señalando  una  frontera  que,  en  su 
mayor  parte,  aparece  trazada  entre  el  principal  relieve  de  los 
Andes  y  la  divisoria  de  aguas,  de  modo  que,  excepto  lá,  del  Lar- 
car,  las  cuencas  hidrográficas  que  en  totalidad  reclamaban 
Chile  y  la  Argentina  se  parten  ahora  entre  ambos  Estados.  De 
los  92.000  kilómetros  cuadrados  que  se  disputaban  (es  decir, 
una  superficie  casi  equivalente  á  nuestra  Andalucía),  37.000 
quedan  para  la  República  Argentina  y  55.000  para  Chile.  Aqué- 
lla recibe  ó  conserva  menos  terreno,  pero  de  mejores  condi- 
ciones. 

En  las  bases  del  último  convenio  chilenoargentino,  además 
del  compromiso  de  facilitar  al  arbitro  inglés  todos  los  datos 
necesarios  para  que  pudiera  dar  su  fallo  en  1902,  consignábase 
que  ambas  Repúblicas  deberían  apelar  al  arbitraje  para  deci- 
dir toda  clase  de  controversias;  que  la  Argentina  no  interven- 
dría en  las  cuestiones  que  Chile  tiene  pendientes  con  Perú  y 
Bolivia,  y  que  se  procuraría  establecer  el  equilibrio  naval  entre 
los  dos  países. 

Para  cumplir  esta  última  base,  uno  y  otro  convinieron  en 
reducir  y  desarmar  sus  respectivas  marinas  en  igualdad  ó  equi- 
valencia de  fuerza,  y  acordaron  vender  los  acorazados  que  te- 
nían en  construcción  en  los  astilleros  europeos.  Desde  luego, 
los  pusieron  á  disposición  del  Rey  de  Inglaterra  hasta  que  lle- 
gase el  momento  de  venderlos,  lo  cual  habría  de  efectuarse  con 
consentimiento  de  las  dos  Repúblicas. 


REPÚBLICA    ARGENTINA 


24B 


Los  iiltimos  días  de  Mayo  y  primeros  de  Junio  de  1903 
fueron  de  solemnes  fiestas  en  Buenos  Aires  y  en  Montevideo. 

Llegó  al  Río  de  la  Plata  numerosa  delegación  de  Jefes  del 
ejército  y  de  la  armada  de  Chile,  presidida  por  el  Yicealmirante 
Montt,  que  iba  á,  devolver,  en  nombre  del  Gobierno  y  pueblo 
chilenos,  la  cortés  y  cordial  visita  de  la  Com^isión  que  el  Presi- 
dente argentino  envió  á  Valparaíso  y  Santiago  con  motivo  de 
loa  recientes  tratados  de  paz  y  arbitraje. 

Es  indescriptible  el  entusiasmo  que  en  aquellos  días  de 
Mayo  reinó  en  Buenos  Aires.  Y  causa,  cíettamentei  había  para 
ello;  las  dos  grandes  Repúblicas  del  Snr  de  América,  que  no  ha 
mucho  se  armaban  «na  contra  otra,  se  unían  en  fraternal 
abrazo.  Ya  no  hay  duda  de  que  la  paz  está  hecha,  decía  un 
jieriódico  de  la  capital  argentina,  Eí  País;  paz  sólida  é  incon- 
movible, unión  de  pueblos^  confraternidad  de  Gobiernos,  Se  ha 
ratificado  la  alianza  tácita  entre  los  dos  pueblos  que,  en  ade- 
lante, harán  causa  común  para  la  defensa  de  sus  propios  dere- 
ehos  é  intereses,  que  son  los  derechos  é  intereses  de  la  América 
meridional.  Y  al  final  de  elocuente  discurso  exclamaba  el  Pre- 
sidente Roca:  «Bastó  un  movimiento  de  sana  y  juiciosa  inspi- 
ración para  que  las  perspectivas  de  la  lucha  armada  se  alejaran 

para  siempre Los  vínculos  de  la  historia  y  de  la  raza  han  de 

completar  la  obra». 

El  2  de  Junio  desembarcaban  en  Montevideo  loa  comisiona- 
dos chilenos;  y  el  Grobierno,  las  corporaciones  y  el  pueblo 
uruguayos  rivalizaron  también  en  festejar  y  agasajar  á  sus 
huéspedes,  Volvieron  después  éstos  á  Buenos  Aires  y  se  reno- 
varon las  fiestas. 

Chile  había  ido  al  Rio  de  la  Plata^para  dar  público  testi- 
monio de  su  intimidad  con  las  Repúblicas  de  una  y  otra  orilla, 
y  el  Uruguay  se  preparaba  para  hacer  solemne  demostración 
de  afecto  á  la  República  vecina,  Batlle  Ordófiez,  el  Presidente 
aru guayo,  proyectaba  cordiah'sima  visita  al  Presidente  argen- 
tino, y  se  proponía  ala  vez  demostrar  que  todos  loa  partidos  de 


244 


LOS   PUBBLO»    HISPANOAMlfiRlCANO» 


SU  país  se  bailaban  identificados  en  las  mismas  aspiraciones  de 
fraternidad  internacional,  para  lo  cual  habían  de  acompañarle 
^n  su  expedición  á  Buenos  Aires  las  personas  más  caracteriza* 
das  en  las  diversas  parcialidades  políticas  del  Uruguay. 

Estos  son  ios  caminos  para  llegar  al  complemento  de  la 
obra  grandiosa  á  que  aludía  Roca.  Pueblos  que  son  unos  por 
la  raza  y  por  la  historia,  unos  tienen  que  ser  también  en  todas 
las  manifestaciones  de  la  vida  política.  No  hay,  no  debe  haber 
intereses  opuestos  entre  los  pueblos  de  la  América  meridional* 
Menester  es  seguir  por  la  senda  emprendida,  para  afirmar  y 
robustecer  la  solidaridad  de  las  naciones  del  Sur  de  América^ 
paríi  darles  incontrastable  fuerza  de  acción  y  resistencia  y 
llevar  á  todo  el  mundo  el  convencimiento  de  qne  la  América 
del  Sor  es  para  los  surameri canos. 


III 


1  proyecto  de  ley  def  divorcio.— El  friiade  eletstoral:  la  O á in ara  de  la  pro- 
Tincift  de  Buenos,  Aires. — El  sistema  parlamentario  y  el  régimeu  reproBcn- 
tativo.—lntervencián  ilegal  del  Presidente  en  las  elecciones*— Preimialivoii 
p&ra  la  reaovacióa  de  Fres  ideóte,  -La  Conyencióa  Nacional. -El  centeuario 
d6  la  Independencia  y  la  ciudad  de  Buenos  Airea.— La  reina  de  los  pampas. 


Entre  los  asuntos  de  orden  interior  relativos  k  la  vida  social 
y  política  de  la  República,  los  que  mayor  interés  ofrecen  en 
estos  últimos  anos,  ó  sea  en  los  primeros  del  actual  siglo,  han 
sido  y  son  el  proyecto  de  ley  de  divorcio^  los  fraudes  electora» 
lea  y  la  próatima  renovación  de  Presidente. 

Presentó  el  proyecto  de  divorcio  el  Diputado  Olivera.  Las 
damas  argentinas  celebraron  varias  reuniones  en  son  de  pro- 
testa contra  la  proyectada  reforma^  y  se  hallaban  muy  decidi- 
das á  bacer  uso  de  todos  los  medios  legales  para  defender  la 
indisolubilidad  del  lazo  matrimonial.  En  cambio^  en  el  Centro 
socialista  femenino  se  daban  conferencias  públicas  á  favor  del 
divorcio;  las  mujeres  llenaban  el  salón  y  aplaudían  y  aguanta^ 


RICPÚBLIOA    ABOBNTINA 


245 


ban  discursos  como  el  de  un  orador  italiano  que  estuvo  hablando 
desde  las  ocho  hasta  las  once  déla  noche. 

Muy  apasionados  los  ánimos^  casi  por  asalto  entraba  el  pii- 
blico  en  el  Congreso,  ávido  de  escuchar  todo  cuanto  se  decía 
en  pro  j  en  contra  de  la  indisolubilidad  del  matrimonio.  En  la 
Cámara  la  opinión  estaba  muy  dividida^  y  el  resultado  era  du- 
doso; amigos  y  adversarios  del  divorcio  extremaron  sus  esfuer- 
zos para  conseguir  el  tritinto;  proniinciáronse  buenos  discursos, 
j  cuando  llegó  el  momento  de  votar^  sólo  por  dos  sufragios 
(50  contia  48)  quedó  desechado  el  proyecto. 


Entre  los  políticos  argentinos  suscitó  extraordinario  interés 
y  empeñada  polémica  la  proposición,  presentada  por  el  Senador 
Doctor  Pellegrini,  pidiendo  al  Congreso  Nacional  que  el  Poder 
Ejecutivo  interviniera  en  la  provincia  de  Buenos  Aires  para 
garantir  la  organización  y  funcionamiento  de  su  Cámara  de 
Diputados, 

Al  apoyar  dicha  proposición^  el  Sr.  Pellegrini  recordó  que 
era  el  fraude  electoral  el  vicio  que  venia  minando  el  organismo 
político^  hasta  el  punto  que  amenazaba  concluir  con  el  sistema 
representativo,  substituyendo  el  sufragio  popular  por  la  ficción 
del  Toto  público. 

Seis  meses  antes  de  una  elección  que  debía  tener  lugar  en 
la  provincia  de  Buenos  Aires,  era  ya  voz  general  que  las  frac- 
ciones políticas  de  que  se  componía  la  Cámara  se  habían  con- 
venido para  simular  la  elección,  reelegirse  los  cesantes  y  distri- 
buirse entre  los  coligados  las  bancas  legislativas.  Se  llenaron 
los  registros  del  censo  con  nombres  de  supuestos  votantes;  se 
hizo  constar,  sin  ser  ciertOi  que  la  elección  se  había  verificado 
en  tales  ó  cuales  lugares  ó  colegios,  y  aunque  la  Junta  encar- 
gada del  escrutinio  repudió  las  actas,  la  mayoría  confabulada 
de  la  Cámara  las  aprobó* 

Hechos  son  estos  que  con  frecuencia  suceden  en  nuestro 
país  y  en  todos  en  los  que  impera  el  régimen  parlamentario, 


246  LOS   PUBBLOS   H18PAN0AMBR1GANO8 

donde  los  Diputados  no  pueden  ser  procuradores  del  país,  sino 
procuradores  de  los  Ministros,  como  años  hace  decía  el  Sr.  Apa- 
risi  y  Guijarro.  Los  Grobiernos  necesitan  á  todo  trance  tener 
mayoría  en  las  Cámaras,  porque  éstas  no  se  limitan  á  su  fun- 
ción propia,  legislar,  sino  que  intervienen  y  censuran  los  actos 
de  los  demás  poderes,  y  pueden  derribar  y  levantar  Ministerios. 
El  sistema  parlamentario  y  la  sinceridad  electoral  son  incpn^- 
patibles. 

Pero  en  la  República  Argentina  la  situación  es  ó  debe  ser 
distinta,  y  el  recelo  de  que  mediante  el  falseamiento  del  sufra- 
gio pueda  llegarse  á  un  estado  de  cosas  análogo  al  de  España, 
motivó  la  proposición  de  Pellegrini.  Lo  que  ha  sucedido  en  la 
provincia  de  Baenos  Aires,  decía  éste,  equivale  á  la  supresión 
absoluta  del  sistema  representativo,  y  con  ello  vendría  á  con- 
sagrarse la  existencia  legal  y  permanente  de  una  oligarquía 
adueñada  del  Poder  legislativo  de  la  provincia. 

¿Cómo  resolver  el  conflicto?  Las  Cámaras  son  jueces  únicos 
de  la  elección  de  sus  individuos;  pero  las  mayorías  aprueban 
siempre  las  actas  de  los  suyos,  y  sólo  alguna  que  otra  de  los 
Diputados  de  oposición  para  que  pueda  así  haber  controversia 
y  con  ella  discursos  elocuentes  que  den  tono  é  importancia  á 
las  sesiones.  No  cabe,  pues,  aceptar  la  decisión  de  las  Cámaras 
en  este  punto  como  sentencia  imparcial. 

Según  la  Constitución  de  la  provincia  de  Buenos  Aires,  la 
Corte  ó  Tribunal  Supremo  de  Justicia  es,  además  de  Tribunal 
de  justicia,  alto  poder  político  conservador  y  moderador.  Pero 
en  el  caso  de  que  se  trata  se  declaró  incompetente. 

Pareció  que  no  quedaba  ya  ningún  recurso  y  que  no  había 
más  remedio  que  bajar  la  cabeza  y  tolerar  el  fraude.  Sin  em- 
bargo, Pellegrini  y  otros  políticos  argentinos  no  se  mostraron 
dispuestos  á  consentirlo.  Cuando  la  falta  ó  el  delito  son  eviden- 
tes y  de  tal  trascendencia  que  pueden  ocasionar  grave  daño 
al  país,  si  la  represión  no  se  halla  prevista  por  las  leyes  es  ne- 
cesario buscar  y  aplicar  remedios  extraordinarios.  El  régimen 


HBPUm.lCA    ARGENTINA 


247 


está  subvertido  y  hay  que  restaurarlo.  ¿De  qué  manera?  loter- 
vitüendo  la  Nación  y  obligando  á  los  que  falsean  los  principios 
genérales  de  la  Constitución  de  la  República  á  cumplirlotí  dig- 
namente. 

Pero  es  el  caso  que  los  que  representan  á  los  altos  Poderes 
nacionales  carecen  de  autoridad  para  realizar  esa  intervención 
que  pide  el  Sr,  Pellegrini,  EUos  también  son  reos  ó  cómplices 
de  fraude  electoral. 

Un  escritor  argentino,  el  Sr.  V,  de  la  Plaza  (1),  afirma  como 
hecho  incontrovertible  que  en  cada  elección,  ya  sea  de  carácter 
nacional  ó  provincial,  ya  se  trate  de  Senadores  y  Diputados  al 
Congreso  ó  á  las  legislaturas  de  las  provincias»  intervienej  se 
interpone  y  domina  la  autoridad  del  Presidente,  y  como  conse* 
cuencia  de  tal  abuso  de  autoridad,  la  iniciativa  y  el  voto  po- 
pular quedan  anulados.  El  derecho  de  sufragio  se  halla  á  mer- 
ced de  la  imposición  I  del  fraude  y  de  la  violencia;  está  minada 
la  base  del  sistema  democrático  y  subvertido  el  gobierno  re- 
presen ta  ti  vo* 

En  Octubre  de  1904  empezará  en  la  República  Argentina 
nuevo  período  presidencial. 

Los  políticos  se  preparan  ya  para  las  elecciones,  y  imo  de 

actos  realizados  con  este  fin  fué  la  reunión  en  Octubre 
de  1903  de  una  Convención  de  Notables,  con  carácter  ó  nombre 
de  Nacional,  destinada  á  escoger  y  recomendar  á  los  electores 
la  candidatura  que  se  creyera  más  conveniente  para  el  país. 

Formaron  parte  de  la  Convención  ex-Presidentes  y  ex- Vice- 
presidentes de  la  Repáblicft,  ex-Ministros  del  Poder  Ejecutivo 
y  de  la  Suprema  corte  federal,  ex-Jueces  federales  de  sección, 
ex-Ministros  plenipoteiicuuíos,    ex-Senadores  y  ex-DiputadoK 


l)  S*tH4io  vtbrt  ia  sHuaei^n  poliHe^^  9t!mómiea  y  constitvrhnái  rfí  (a  R^ft- 
biicu  Argeniiñ^i,  leído  {en  imrtei  en  el  Teatro  Oddón  él  T  de  Octubre  de  IflOQ.^ 
Huellos  Aires,  P>()3»-üii  «olünieii  éii  8/'  de  á69  pAglnna, 


248 


LOS   :PUI9BL05    UIHFANOAMBUICANOK 


del  Congreso  Nacional,  ex-Diputado8  de  las  Convenciones  áe 
carácter  constituyente ,  ex-Gobernadores  de  provincia^  Oficia- 
les g^enerales  del  ejército  y  armada,  Arzobispos  y  Obiapoa^ 
Rectores,  ex- Rectores,  Académicos  y  Profesores  de  las  Univer- 
sidades nacionales,  Presidentes  y  Directores  de  Centros»  Socie- 
dades y  Bancos  comerciales,  industriales  y  rurales. 

En  la  Comisión  ejecutiva  organizadora  figuraban  los  Docto- 
res Carlos  Pellegrini,  Juan  José  Romero,  Manuel  Quintana, 
Felipe  Yofre,  Benito  Yillanüeva,  Roque  Sáenz  y  José  Fi- 
gueroa. 

El  propósito  de  los  iniciadores  se  declaró  en  el  manifiesto 
dirigido  al  pueblo  argentino.  Querían  atraer  á  todoa  los  ele- 
mentos representativos  de  la  opinión  deJ  país,  abstracción  he- 
cha de  simpatías  y  afinidades  personales^  con  el  fin  de  bailar 
fórmula  presidencial  que  encarne  las  aspiraciones  general eS| 
sea  garantía  sólida  de  bien  público  y  satisfaga  á  los  legítimos 
anbelos  del  progreso  instítucioiial  y  político  de  la  República* 
Querían  un  Gobierno  amplio,  de  todos  y  para  todos,  no  un  Go- 
bierno de  partido,  y  por  esto  solicitaban  el  concurso  de  loe 
hombres  de  mayor  experiencia  política  y  administrativa,  y  de 
los  i|ue  lepresentaban  la  riqueza  nacional  en  sus  varias  mani- 
festaciones. 

Fi  documento  á  que  nos  referimos  pudo  también  conside- 
rarse como  programa  de  Gobierno,  El  nuevo  Presidente  deberá 
procurar  en  primer  término,  y  sobre  todo,  fomentar  la  inmi- 
gración, poblar  y  colonizar  los  extensos  territorios  aún  no  ex- 
plotados; además,  reducir  los  gastos  públicos,  cumplir  exacta 
y  fielmente  las  leyes  sobre  la  inversión  y  aplicación  de  los  cau- 
dales del  Estado,  equilibrar  los  presupuestos,  conseguir  la  es- 
tabilidad monetaria,  perfeccionar  el  régimen  aduanero  y  me- 
jorar los  servicios  de  la  administración  de  justicia. 

Se  congi-egaron  unos  260  individuos,  y  por  gran  mayoría 
fué  proclamado  candidato  á  la  presidencia  D.  Manuel  Quintana. 
Se  consideraba  á  éste  como  candidato  oficial,   es  decir,  im- 


HÍ3l'ÚBLICA    AROB.NTIIÍA 


249 


pnesto  |>or  el  ÍTeneral  RoGa^  el  actnal  Presidente,  y  huba  por 
tal  motivo  deraoBtraciones  populares  contra  la  Convención. 

Otros  elementos  nolíticos  se  proponen  presentar  al  Dootor 
T).  José  Evaristo  Uribnrn,  y  suenan  también  los  nombres  de 
loa  Sres*  Pelle^rini  y  Avellaneda. 

Se  piensa  ya  en  la  manera  de  solemnizar^  en  1010,  el  cente- 
nario de  la  Independencia.  Uno  de  los  proyectos  más  grandio- 
sos es  el  ideado  i>or  D.  Rufino  Várela^  ex-Ministro  de  Hacienda. 
Propone  que  para  dicha  época  se  baya  transformado  y  embelle- 
cido la  ciudad  de  Buenos  Aires  con  grandes  y  hermosas  aveni- 
das diagonales ,  en  cuya  intersección  ó  cruce  se  levante  un 
monumento  conmemorativo  de  la  Revolución^  con  estatuas  de 
todos  los  grandes  hombresí  que  intervinieron  en  ella.  El  presu- 
puesto asciende  á  52  millones  de  pesos  oro- 

En  todo  casso,  con  ó  sin  motivo  de  solemnidades,  Buenos 
Aires  necesitará  pronto  transformaciones  que  la  agranden,  En 
fin  de  1900  tenía  821.293  habí  tan  tes:  al  terminar  lfH31,  su  pobla* 
cióu  llegaba  á  84H.367,  En  un  año  hubo,  pues,  un  aumento 
de  27,074  por  inmigración  y  por  exceso  de  nacimientos  sobre  las 
defunciones.  En  1901  nacieron  en  la*ciudad  33/29H  personas 
í39'o  por  1.000);  murieron  15.807  (18'f5  por  1,000), 


En  el  verano  de  1902,  la  prensa  de  Buenos  Aires  nos  habló 
de  una  reina  de  los  indios  pampas^  Bibiana  García.  La  noticia 
es  curiosa  y  tiene^  además^  para  noíiotros  cierto  interés  por  tra- 
tarse de  la  hija  de  un  español. 

Al  Sur  y  no  lejos  de  Buenos  Aires^  en  Jas  orillas  é  inmedia* 
ciones  del  Arroyo  Axul,  y  al  pie  de  pequeñas  sierras  que  se  al- 
zan en  los  partidos  de  Aaul  y  Olavarría,  vivían  hace  años  los 
arrogantes  indios  pampas. 

A  mediados  del  pasado  siglo  xix  era  uno  de  sus  principales 
jefes  ó  capitanes  el  famoso  Catriel|  muy  amigo  y  devoto  de  Ro- 
«as.  Después,  invadidas  sus  tierras  por  los  colonos  argentinos 


250  LOS   PUBBLOS   HISPANOAMBRIGANOS 

j  extranjeros,  divididos  en  parcialidades  que  combatían  unas 
con  otras  en  defensa  de  sus  respectivos  caciques,  los  pampas 
fueron  desapareciendo  ó  dispersándose. 

En  1870,  cuando  luchaban  los  hijos  de  Catriel  con  el  cacique 
Lucio,  todavía  disponían  de  3.000  lanzas.  Vencido  Lucio,  apa- 
rece como  jefe  de  los  pampas  la  hija  de  una  Catriel  y  del  espa- 
ñol Florencio  García.  Joven  y  hermosa,  adivina  y  médica,  Bi- 
biana García  ejerció  sobre  los  suyos  prestigio  extraordinario; 
la  consideraban  como  un  ser  casi  sobrenatural,  y  la  mayor 
parte  de  los  grupos  dispersos  vinieron  á  reunirse  bajo  sus  órde- 
nes. Mujer  de  inteligencia  muy  clara^  comprendió  que  era  im- 
posible hacer  frente  á  la  civilización  de  los  blancos ;  transigió 
con  ella,  reconoció  la  soberanía  eminente  del  Gobierno  argen- 
tino, y  de  él  obtuvo  la  concesión  de  extensos  terrenos  en  Bío 
Negro.  Casi  todos  los  pampas  la  siguieron;  los  menos  quedá- 
ronse en  Azul,  donde  viven  en  barrio  aparte,  en  chozas  de  barro 
y  paja,  entregados  á  faenas  agrícolas  y  á  pequeñas  industrias 
manuales. 

Los  indios  de  Río  Negro  adoran  á  su  reina,  que  ahora  tiene 
de  cincuenta  á  sesenta  años  de  edad.  De  vez  en  cuando  Bibianar, 
acompañada  de  sus  ínEimos,  que  hacen  alarde  del  respeto  y 
consideración  que  les  merece,  se  presenta  en  alguna  de  las  vi- 
llas ó  partidos  del  territorio  que  fué  patrimonio  de  los  Catriel. 

En  Junio  de  1902,  según  dijo  la  prensa  de  Buenos  Aires, 
estuvo  en  Azul;  vestida  de  amplio  traje  de  seda  color  claro, 
adornada  con  largos  pendientes  y  collares  de  perlas  y  monedas 
de  oro,  cubiertos  de  anillos  los  dedos,  con  aires  de  majestad  y 
de  gran  señora,  se  dignaba  dar  audiencia  á  los  que  pedían  el 
honor  de  saludarla. 


CHILE 


Relaciones  interDaojoimlef^.'-La  cueslión  rtel  Paeíñcc—Aspiraciones  de  Bo* 
livia  y  Peré  A  re'^nhrnr  los  teiTitoHos  que  le»  pertenecieron.— Ante^eden- 
tcB.— Aprestos  militares  y  oo mentes  de  intelfprencia  entre  aquellae  He- 
públieas  y  la  Argeatina* -'Posibilidad  de  la  intervenición  ainlalo^a  de  eita 
última.— PrnpóRitog  del  ÍTobícrno  chileno,— Neg-ociacioneR  con  Bolivia,— 
EniUf  res  de  anexión  definitiva  de  Tacna  y  Arica  A  Chile. 

Según  el  Mensaje  presidencial  leído  en  1901  con  ocasión  de 
Ift  apertura  del  Congreso  chileno,  eran  mny  cordiales  y  satis^ 
li^ctorias  las  relaciones  de  la  Bepública  con  los  Gobiernos  ex* 
traiyeros.  Se  preparaban  los  documentos  necesarios  para  resol* 
yer^  mediante  arbitraje,  la  cuestión  de  límites  con  la  República 
Argén tina^  j  había  fundadas  esperanzas  de  nn  arreglo  defíni- 
tivo  con  Bolivia  y  con  el  Perú. 

Sin  embargo,  preciso  es  reconocer  que^  entre  todos  los  Esta- 
dos hispanoamericanos,  era  Chile  el  que  menos  acorde  vivia 
con  sus  vecinos, 

Perú  y  Bolivia  no  olvidan  las  derrotas  que  sufrieron  en  1882, 
ni  se  avienen  con  la  pérdida  de  territorios  que  fué  consecuen- 
cia de  aquéllas.  La  aspiración  nacional  de  los  bolivianos  es 
recobrar  su  litoral  del  Pacífico;  desea  el  Perú  que  se  cumplan 
los  compromisos  contraidos  respecto  de  Tacna  y  Arica. 

Ineficaces  han  sido  las  gestiones  que  en  diferentes  épocas 

hicieron  los  Gobiernos  peruano  y  boliviano  para  conseguir  que, 

mediante  tratados  definitivos  y  con  las  compensaciones  que  se 

acordaran  en  favor  de  Chile,  volviesen  aquellos  países  á  formar 

iPftTte  de  las  respectivas  nacionalidades. 


26*2 


HjH   pueblos   hispa NuAMBRlCANOH 


Habo  mometitoa  en  (j^ue  el  difícil  problema  pareció  qae  es- 
taba á  punto  de  resolverse.  Recordemos  4  este  propósito  que, 
según  convenio  de  16  de  Abril  de  1898,  la  Reina  Regente  de 
España  debía  fijar  las  coridicioneíj  exigidas  para  tomar  parte 
en  el  plebiscito  que  había  de  decidir  entre  el  Perú  y  Chile  la 
propiedad  y  soberanía  de  la  provincia  de  Tacna  y  Arica«  El 
Estado  que  la  conservase  pagaría  al  otro  nna  indemnización 
de  10  millones  de  pesos.  Se  consultó  al  Gobierno  español,  y  ésto 
se  manifestó  di.spuesto  á  aceptar  el  honroso  encargo. 

Surgieron,  como  siempre,  dificiiHades  de  última  hora;  éste, 
como  otros  acuerdos  ó  proyectos,  no  llegó  á  ratificarse  ó  reali- 
íarse,y  las  Sinopsis  estadísticas  y  geográficas  de  Chile  siguieron 
señalando  como  limite  Norte  de  dicha  República  el  río  Sama. 
Todo  el  territorio  en  cuestión  continuaba^  f3ues,en  poder  de  Chi- 
le. Lo  provisional  llevaba  trft/.as  de  convertirse  en  deñnitivopor 
la  fuerza  de  los  hechos^  sin  respeto  á  compromisos  anteriores. 

En  el  Mensaje  de  1902^  el  Presidente  del  Perú  Sr.  Romafia 
hacia  constar  que  Chile  había  rechazado  todas  las  proposicio» 
nes,  incluso  la  de  arbitraje,  Y  el  Perú  continuaba  esperando  & 
que  Chile  tuviera  á  bien  proponer  bases  para  reanudar  las  ne- 
gociaciones,  y  estaba  siempre  dispuesto  á  tratar  y  discutir  con 
la  mejor  voluntad  para  establecer  inteligencia  amistosa  y  llegar 
&  una  solución  justa  y  conforme  con  el  tratado  de  Ancón. 

Entretanto,  Chile  reforzaba  sus  armamentos.  Según  un  pe- 
riódico alemán,  había  adquirido  en  Europa  396  cañones  de  los 
sistemas  más  modernos,  175.000  fusiles  Mauser,  105.000  carabi- 
nas, 27.575  revólvers,  29.000  lanzas,  177.600  sables,  55.000  gra- 
nadas, Í35.000  shrapnels,  85  millones  de  proyectiles  para  fusil 
y  carabina,  2  millones  de  cápsulas  de  revólver  y  l.OílK)  carros 
pata  transporte  de  municiones. 

Perú  y  Bolivia  procuraban  también,  en  previsión  de  nuevo 
conflicto,  aumentar  sus  elementos  de  combate,  y  la  última 
acudía  á  fábricas  de  Alemania  é  Inglaterra,  y  compraba  fusiles 
Mauser  y  Mannlicher  y  cañones  de  tiro  rápido. 


CHILE 


253 


Suponíase  además  qne  había  corrientes  de  inteligencia 
entre  aquellas  Repúblicas  y  Ja  Argentina,  á  laque  inspiraba 
recelos  la  tendencia  invasora  de  Chile,  por  lo  cual  iba  tomando 
posiciones  militares  en  la  frontera  y  en  el  estrecho  de  Maga- 
llanes«  !Se  hablaba  de  obras  de  íortiñcaolón  que  los  argentinos 
hacían  en  éste,  promovíanse  debates  con  tal  motivo  en  las  Cá- 
maras chilenas,  y  algunos  Diputados  interpelaban  al  Gobierno 
y  presentaban  la  situación  como  gravísima ^  pues  temían  que 
aquéllos  se  hallasen  dispuestos  á  provocar  xui  rompimiento, 
aliados  con  peruanos  y  bolivianos, 

A  la  vess^  la  prensa  argentina  llamaba  la  atención  del  país 
sobre  los  preparativos  bélicos  de  Chile  y  los  caminos  militares 
que  establecía,  j  daba  la  voz  de  alarma  contra  la  ambición 
desapoderada  de  aquella  República,  á  la  que  se  atribuía  el  pro- 
pósito de  imponerse  sobre  todos  los  Estados  meridionales  de  la 
América  del  Sur. 

La  coalición  de  la  República  Argentina,  Perú  y  Bolivia 
habría  podido  constituir  grave  peligro  para  la  heguemonía  mi- 
litar de  Chile»  porque  la  Argentina  hubiera  representado  en 
esta  alianza  un  factor  de  mucho  poder.  Comisiones  argentinas 
habían  adquirido  en  Europa  numeroso  material  de  guerra,  y  la 
República  disponía  ó  podría  disponer  en  breve  de  armamento 
para  250,000  hombres  y  de  600  piezas  de  artillería  de  los  mejo- 
res sistemas.  En  las  maniobras  navales  de  Mayo  de  1901  pre- 
sentó en  linea  una  escuadra  de  acorazados  construidos  con 
arreglo  á  los  últimos  y  más  perfectos  modelos. 

Resuelto  el  conflicto  de  limites  y  convenidos  los  pactos  de 
amistad  y  arbitraje  entre  Chile  y  la  Argentina,  desapareció  la 
razón  inmediata  para  pensar  en  aquellas  alianzas;  pero  Perú  y 
Bolivia  pudieron  tener  más  confianza  que  antes  en  los  buenos 
oficios  del  Gobierno  argentino  en  favor  de  sus  pretensiones. 
Cierto  es  que  la  República  Argentina  podía  y  puede  alegar  en 
todo  tiempo  como  motivo  de  su  intervención  la  conveniencia 
de  establecer  base  permanente  de  relaciones  amistosas  entre 


25i 


LOS   PUEBLOS  HISPANO AMBRIC ANOS 


los  pueblos  hermanos  de  ia  Atnóríca  del  Sur;  pero  esa  interven- 
ción hubiera  lastimado,  seguramente,  el  amor  propio  nacional 
de  los  chilenos. 

Ahora  las  nircunstaneias  han  variado:  la  Argentina  no  es  el 
pueblo  rival  de  Gkile  que  ae  dispone  á  la  guerra  oontra  é^  Son 
muy  cordiales  las  relaciones  entre  ambas  Repi'iblicas;  la  Argen- 
tina está  en  mejores  Condiciones  para  manifestar  á  Chile  sus 
Vivos  deseos  de  que  se  resuelva  pronto  la  cuestión  del  Pacífico, 
y  Chile  queda  en  completa  libertad  de  acción  para  convenir 
los  pactos  definitivos  con  Perú  y  Boiivia^  sin  que  el  hecho  de 
mediar  una  potencia  amiga  pueda  tener  caracteres  de  impo* 
sición. 

El  Presidente  de  Chile  ha  declarado  que  aspiraba  á  reBolvet 
el  problema  con  la  mayor  diligencia  posible»  La  prensa  surame- 
ricana  nos  habld^  en  efecto»  de  negociaciones  secretas  entre  Bo* 
livia  y  Oiile,  y  aun  se  citaron  los  nombres  de  los  Plenipoten- 
ciarios que  nombraría  el  Gobierno  boliviano  cuando  llegara  el 
momento  de  dar  á  aquéllas  carácter  oficial  y  páblico:  los  seño- 
res D,  Adolfo  Ballivián  y  D,  Claudio  Pinillk* 

El  resultado  de  dichas  negociaciones  no  dejaba  de  preoeupar 
á  la  prensa  boliviana.  Aspírase  en  esta  Repi^blioa  á  recuperar 
todo  lo  que  fué  su  departamento  litoral»  y  se  temía  que  el  O-o^ 
bíerno  cediese  y  llegara  á  sancionar  la  pérdida  de  parte  de 
aquél  á  cambio  de  alguna  Indemnización 

Taoua  y  Arica  contiriuau  en  el  mismo  estado,  y  nada  nuevo 
puede  consignarse^  como  no  sea  la  opinión  de  un  estadista  chi- 
leno, el  8r.  Walker  Martínez,  ex-Mintstro  y  Jefe  del  partido 
conservador»  para  quien  las  tales  provincias  no  valen  la  pena 
de  que  dos  pueblos  discutan  acerca  de  su  soberanía  en  ellas. 
La  posesión  ha  de  ser  onerosa  para  la  República  á  la  que  defi* 
nitivamente  se  adjudiquen;  su  valor  económico  es  escaso,  j 
aán  han  perdido  mis  en  estos  áltimoa  años,  porque  casi  todo 
bI  tráfico  etifcre  la  costa  del  Pacífico  y  Bolivia  ha  de  hacerse  por 
loB  ferrocarriles  de  Mollendo-Puno^  vía  peruana^  al  Norte  de 


Tacna,  y  Antoíagasta-Oruro,  vía  chilena,  muy  al  Sur  de  Arica. 
Sin  embargo,  á  fines  de  1903  se  dija  que  el  Gobierno  chileno 
68ta.ba  decidido  á  resolver  la  cuestión  anexionandu  definitiva- 
mente á  la  República  lus  citados  territorios.  No  Kay  qae  con- 
slj^nar  el  mal  efecto  que  esos  rumores  causaban  en  el  Perii. 


II 


SituaoiCtn  económica.  --£1  militarismo  y  la  decadencia  de  las  fuerzas  produc- 
toras.—Nuevaa  círcuastaudas  favorables  al  ílesarrollo  de  la  riqueza  pú- 
blica.—Ventas  de  tierras  y  colonizacióii. 

No  es  posihle  constituirse  con  solidez  en  potencia  militar  y 
ejercer  una  heguemonía  permanente^  ain  fomentar  el  creci- 
miento de  la  población  y  el  desarrollo  de  loa  intereses  materia- 
les, es  decir^  de  la  riqueza  nacional. 

De^de  este  í>unto  de  vista,  la  situación  de  Chile  es  inferior 
á  la  de  otras  Repúblicas  hispanoamericanas.  «Nuestra  pobla- 
cióUf  decía  no  lia  mucho  un  escritor  chileno,  está  astacionariar  y 
nuestras  industrias  agropecuarias,  á  pesar  de  su  enorme  infe* 
rioridad  comparadas  con  las  prósperas  de  la  vecina  República 
(la  Argén  tina),  decrecen  y  languidecen  día  á  día.  La  prospera* 
dad  agrícola  y  ganadera  de  la  República  Argentina  y  su  pobla- 
ción creciente  nos  van  colocando  año  tras  año  en  una  inferiori- 
dad notoria.  En  las  lucbas  fecundas  y  pacificas  de  la  producción 
y  del  trabajo,  que  son  las  que  constituyen  la  verdadera  riqueza 
y  la  fuersíft  efectiva  nacional,  vamos  quedando  distanciados. 
¡Y  solíamos  con  imperar  en  América  y  nos  oreemos  llamados  á 
grandes  destinos!j^ 

ün  argentino,  el  Dr,  Federico  li.  Gibils,  en  un  notable  estu- 
dio comparativo  entre  ambos  pueblos,  consigna  y  demuestra 
con  datos  estadísticos  la  persistente  decadencia  de  la  agricui- 
ttira  chilena.  El  militarismo,  que  ha  hecho  abandonar  el  cultivo 
dtí  la  tierra  y  que  mina  y  corroe  como  un  cáncer  á  las  indus^ 
trias  derivadas  de  la  agricultura  y  de  la  ganadería,  ha  des- 


25ÍÍ 


Uíí8    PUEBLOtí   KlSPANuAMEKtüANO» 


viado  el  brazo  del  trabíijadoi-,  apartándole  de  las  labores  del 
campo,  ha  enoarecido  la  vida  y  ha  estimulado  el  desarrollo  del 
alcoholismo,  oaja  iaSiienoia  sobre  el  crecimiento  de  la  t><>bla- 
ción  'Se  siente  ya  desde  hace  alg-unos  años. 

Según  los  últimos  estudios  demográHcos,  la  natalidad  en 
Chile  disminuye  de  modo  alarmante,  y  la  mortalidad  infantil 
llega  á  cifras  aterradoras.  No  hay  inmigración  suficiente  para 
reforzar  la  población  indígena.  Por  el  contrario,  en  la  Repú- 
blica Argentina,  sobre  el  saldo  favorable  vegetativo  de  la  pobla- 
ción, hay  un  aumento  representado  por  los  numerosos  inmigran- 
tes que  Be  radican  en  el  país^  tral^ajan,  fundan  nuevos  hogares 
y  se  multiplican. 

En  el  proceso  de  la  producción  agrícola  pasa  lo  mismo. 
Chile  se  detiene  apenas  iniciado  el  progreso  de  sus  cultivos,  y 
luego  retrocede  y  de  exportador  de  trigos  se  convierte  en  im- 
portador de  elloa.  El  pan  se  encarece,  la  carne  llega  á  valer  nri 
peso  el  kilogramo,  y  el  aguardiente  reemplaza  al  pan  y  &  la 
Carne  encarecidos,  con  toda  su  terrible  inñuencia  sobre  la  salud 
y  la  procreación.  Como  dice  uno  de  los  higienistas  que  cita 
el  Sr.  Oibils,  los  pueblos  que  consumen  poca  carne  y  suplen  con 
el  alcohol,  por  exigencia  orgánica,  la  falta  de  alimentación 
azoada,  degeneran  y  no  procrean,  y  tienen  que  estacionarse  y 
decrecer  paulatinamente. 

üaas  cuantas  cifras  demostrarán  los  progresos  de  la  Repú- 
blica Argentina  y  la  decadencia  de  Chile  en  cuanto  á  la  pro- 
ducción del  más  importante  de  los  cereales,  Kn  diez  años, 
de  1891  á  1900,  la  exportación  de  trigo  de  la  Argentina  subió 
desde  396.9!*6  toneladas  á  2.042.367.  En  el  mismo  período  h9¿6 
en  Chile  de  178.048  en  1891,  á  9.281  en  19ÍX). 

La  conclusión  deducida  de  estos  datos  y  consideraciones  es 
que  conviene  mucho  á  Chile  volver  al  trabajo,  al  cultivo  de  sus 
tierras  y  á  la  explotación  de  las  industrias  agropecuarias»  con* 
centrando  todas  sus  fuerzas  en  la  producción,  única  base  de 
prosperidad  permanente  y  de  progresM>  efectivo. 


El  último  y  probable  definitivo  acuerdo  sobre  la  frontera 
cbilenoargentina  y  la  oondanza  de  que  por  ahora  no  ha  de  ha- 
ber motivos  que  interrumpan  la  cordialidad  de  relaciones  entre 
ambas  Repúblicas,  son  circunstancias  que  han  contribuido  á 
poner  en  movimiento  á  las  empresas  que  venían  reuniendo  ca- 
pítales  para  interesarse  en  las  obras  publicas  ha  tiempo  proyec- 
tadas en  Chile,  y  que  hicieron  alto  en  sus  gestiones  cuando  se 
temió  el  rompimiento  y  la  guerra.  Sindicatos  y  capitalistas  de 
Eai;opa  y  del  Norte  de  América  envían  comisionados  técnicob 
para  informarse  bien  de  las  condiciones  de  aquellas  obras  y 
para  estudiar  el  país  desde  los  puntos  de  vista  agrícola  y  mi- 
nero, y  se  inicia  asi  un  período  de  activa  y  fecunda  labor  en  la 
República  chilena. 

A  los  trabajos  de  demarcación  para  determinar  sobre  el 
propio  terreno  la  linea  fronteriza  de  conformidad  con  la  senten- 
cia arbitral,  seguirán  los  reconocimientos  de  la  zona  á  que  la 
frontera  corresponde.  Tratase  de  territorios  vírgenes,  la  mayor 
parte,  de  explotación,  y  en  los  que  hay  indicios  de  importantes 
yacimientos  mineros,  y  valles  y  praderas  eu  que  la  agricultura 
y  la  ganadería^  sobre  todo  en  la  sección  oriental  ó  argentina, 
pueden  alcanzar  gran  prosperidad  y  desarrollo. 

En  el  Mensaje  que  el  día  1.*  de  Junio  de  1903  leyó  el  Vice 
presidente  de  Chile  ante  el  Congreso  Nacional,  aludíase  á  esa 
zona  del  interior  por  donde  corre  la  frontera  cbilenoargentina. 
Se  daba  por  terminada  la  demarcación  en  el  terreno  y  se  enca- 
recía la  conveniencia  de  activar  proyectos  y  trabajos  para  la 
construcción  de  vías  férreas  transandinas.  Cuando  esto  se 
logra,  han  de  tomar  seguramente  mayor  valor  esas  tierras  in- 
teriores, cuyo  suelo  y  subsuelo  no  se  explotan  hoy  por  falta  de 
comunicaciones. 

En  el  mismo  citado  Mensaje  pedíase  el  conourBO  de  los  re- 
presentantes del  país  para  establecer  legalmente  nuevos  ar- 
bitrios que  permitiesen  satisfacer  las  obligaciones  pendieti- 
tes.  Las  habla  extraordinarias  y  muy  cuantiosas,  como  las 

n 


258 


LOS   PÜJSIBLOS    HISPANOAMERICANOS 


procedentes  de  los  empréstitos  hechos  para  construir  los  nuevos 
acorazados.  Con  objeto  de  obtener  mayores  ingresos^  se  pro- 
yectaba crear  un  impuesto  sobre  producción  y  venta  de  tabaco 
y  dar  más  impulso  á  la  venta  de  tierras  en  el  t*>rritorÍo  de  Ma- 
gallanes. Estas  pueden  producir  bastante.  El  írobierno  autorissó 
ya  la  enajenación  de  un  millón  de  hectáreas;  se  han  vendido 
743.000,  cuyo  importe  asciende  á  5,562.000  pesos.  Además,  con 
propósito  de  que  aumente  el  valor  de  las  tierras  australes  aáii 
no  habitadas,  se  han  celebrado  con  particulares  contratos  de 
colonissación. 

Se  han  hecho  también  gestiones  pava  el  establecimiento  de 
familias  boers  é  italianas  en  el  país  araucano.  Algunas  de  laa 
primeras  están  ya  instaladas. 


in 


PoliticR  interior,  -Nncvo  Presidente.  —Loa  purtidos  politÍcoB,-L«  coaUcióa 
para  el  Gobierno,— La  cuestión  obrerada  Valpar&ieo.—E\  parlameatariamo 
y  las  criáis  ministeriales.— Esterilidad  de  la  labor  de)  GoD^reso. 

En  orden  á  la  política  interior,  Chile,  en  los  primeros  meses 
de  1901,  estaba  en  período  de  crisis.  En  lucha  la  coalición  con* 
serradora  con  la  convención  radical,  triunfó  ésta»  y  el  Presi- 
dente Erráíiiriz  modificó  el  Ministerio,  aunque  en  oposición  con 
el  partido  dominante  en  la  Cámara  de  Diputados, 

Liberales  y  conservadores  se  agitaban  para  conseguir  que 
prevalecieran  sus  respectivos  candidatos  á  la  Presidencia  de  la 
República,  y  agravaba  la  situación  la  falta  de  salud  de  Errázu- 
riz  y  la  conducta  del  alemán  Korner,  General  de  las  tropas  chi- 
les as,  que  intervenía  más  de  lo  que  debiera  en  las  contiendas 
políticas. 

En  suma;  la  excitación  de  los  ánimos  motivada  por  la  lucha 
electoral,  los  temores  de  conñictos  con  potencias  vecinas,  la 
preponderancia  del  elemento  militar,  dirigido  por  extranjeros, 
todo  contribuía  á  crear  y  mantener  un  estado  de  inquietud  é 


oau^H 


2m 


inoertiíambre,  aumentadas  por  la  escasa  confianza  que  inspi- 
raba para  lo  porvenir  la  situación  económica  del  país. 

En  Septiembre  del  citado  año  tomó  posesión  el  nuevo  Pre* 
sidente  D.  Germán  Biésoo. 

No  tuvo  más  acierto  ó  más  fortuna  que  su  antecesor.  La  in- 
transigencia de  los  partidos  políticos  hacia  poco  menos  que 
imposible  la  tarea  normal  de  las  Cámaras  y  del  Poder  IUjeoii- 
tivo,  y  fué  preeiso  dar  partioipación  en  el  G-obierno,  mediante 
él  piloto  de  Noviembre  de  1909,  á  los  grupos  liberal  democrá.» 
tioOf  liberal  moderado  y  oonser^ador. 

Al  era  pesar  el  año  190B,  el   pHmer  Ministerio  de  coaliotén 

staba  poco  más  de  uo  mes  de  vida.  Había  que  hacer  las  eleo- 
láoneaf  en  Bnero  Be  convino  en  un  reparto  proporcional  de 
candidatos  entre  los  tres  partidos,  y  éstos  vinieron  ¿  quedar 
oon  IjL  misma  represeataoién  que  antes  tuvieron  en  el  Oon- 

gT«BO. 

El  4  de  Mayo^  el  Presidente  declinó  accidentalmente  el 
mando^  á  causa  del  mal  ^tado  de  su  saluda  en  la  persona  del 
Vicepresidente  Sr.  Barros  Lneo,  homhre  muy  equilibrado  y  de 
bastante  prestigio^  que  consiguió  mantener  la  concordia  entre 
los  coaligados. 

Por  entonces^  la  cuestión  del  día,  el  conflicto  entre  el  capi- 
tal y  el  trabajo,  oca<aionó  violentas  escenas  en  las  calles  de  la 
principal  plaza  mercantil  de  Chile,  Valparaíso.  A  los  discursos 
revolncionarios  siguieron  formidables  pedreas  contra  las  fá- 
bricas y  las  cas&8  de  los  capitalistas ,  patronos  ó  armadores, 
saqueos  de  almacenes,  incendios  de  mercancías,  sangrientos 
choques  entre  obreros  huelguistas  y  policías.  Fué  preciso  de- 
eliarar  el  estado  de  sitio,  cerráronse  tiendas  y  oficinas  y  suspen- 
dieron su  publicación  los  periódicos.  A  mediados  de. May  o  S6 
dominó  ©1  desorden:  triunfaron  la  ley  marcial  y  la  fuerza  mi* 
lltat*  L^  situación  había  llegado  £  presentar  o&racteree  de  tal 
gmvedad,  que  Gobiernos  eictr^njeros,  y  con  gran  apresura- 
miento el  de  los  yanquis,  habían  preparado  buques  de  guerra 


mo 


L(|8    PUBBLOS   mSPANOAMUKICANOS 


para  enviarlos  á  Valparaíso  y  proteger  los  intereses  de  sus  rod- 
pectivos  nacionales, 

Hiesco  reasumió  el  mando  el  4  de  Junio.  Volvieron  los 
recelos  j  loe  disgustos,  los  Ministerios  duraban  días,  y  toda  la 
labor  parlamentaria  j  administrativa  estaba  desorganizada. 

Sin  temor  ya  de  guerra  con  la  Argentina,  pareció  que  había 
llegado  la  ocasión  de  restablecer  el  crédito,  de  normalizar  la 
Hacienda  y  de  fomentar  los  intereses  materiales,  tal  como  en 
su  Mensaje  había  dicho  el  Vicepresidente^  La  instabilidad 
ministerial  y  el  parlamentarismo — éste  causa  de  aquélla — lo 
impedían.  En  las  sesiones  del  Congreso  unos  á  otros  se  suce- 
dían los  debates  estéril es^  que  solo  interesaban  á  la  perso- 
nalidad de  tal  ó  cual  Diputado^  ó  á  tal  é  cual  partido^  grupo  ó 
fracción. 

Perdíase  el  tiempo  lastimosamente  en  disci^tir  actas  y  crisis, 
y  en  el  abandono  quedaban  todos  esos  proyectos  de  ley  cuya 
importancia  tanto  encarecían  los  Mensajes  presidenciales  y  los 
programas  de  cada  Gobierno,  y  cuya  aprobación  se  consideraba 
necesaria  para  nivelar  los  presupuestos,  para  establecer  plan  de 
economías  y  de  orden  en  los  gastos,  para  activar  las  obras  pu- 
blicas y  la  colonización* 

Una  simple  cuestión  de  actas  desavenía  en  el  Congreso  á 
los  partidos  aliados,  y  esa  desavenencia  provocaba  una  crisis. 
Así  cayó  el  31  de  Octubre  el  Ministerio  que  trabajosamente 
había  organizado  I).  Arturo  Besa  el  22. 

A  los  últimos  días  del  año  correspondió  otra  de  las  crisis 
ministeriales.  Los  liberales  demócratas  se  habían  negado  á 
seguir  en  el  Gobierno,  y  en  los  intentos  para  reconstituirlo 
fracasaron  Besa,  el  Senador  Latorre,  B.  Ventura  Blanco  y  don 
Miguel  Oruchaga. 

De  vez  en  cuando,  por  caso  excepcional,  había  salido  algo 
bueno  del  Congreso;  por  ejemplo,  la  aprobación,  en  Noviembre, 
de  los  pactos  entre  Chile  y  la  Argentina  sobre  comunicaciones 
telegráficas  y  sobre  ejercicio  de  profesiones,  parte  del  vasto 


CHILB  261 

programa  de  confraternidad  que  ahora  están  realizando  ambas 
Repúblicas. 

La  situación  financiera  no  ha  empeorado,  gracias  á  la  venta 
de  los  acorazados  y  al  empréstito  de  1.500.000  libras  esterlinas 
que  se  contrató  en  Junio  último  con  la  casa  ítothschild. 


EL  PAÍS  DEL  PORVENIR 


Las  tlerriia  taagalláaicii^  y  la  Patafironia,— La  Tierra  del  Fuegro.-  La  colonia 
chilena  d«  Panta  Arenas.— OoloQÍ7,aci ó n  de  Ion  terrltorioa  chilenos. — Expe- 
diciones, eatudioa  y  coloniración  de  Ioh  argentinos  en  la,  Patagonia.— 
Puerto  0«Ue^o3,^La  ganadería  y  laa  l&naa.— El  valle  del.Chubot  y  sos 
trigrO'B-— Resumen:  chUítob^  animales,  minas  y  maderas. 


Años  hace,  hacia  1880,  un  ilostre  geógrafo  chileno,  Yidal 
G-ortnaz,  recomendaba  el  estudio  de  las  costas  australes  de  su 
país,  como  el  «mejor  medio  de  conocer  de  qué  son  capaces  las 
tierras  magallánícaa,  siempre  desdeñadas  con  inconsciente  pe^ 
simiamo»»  Dios  y  la  Naturaleza  nada  han  hecho  en  vano.  «¿Se- 
rán, acaso — decía — un  mero  capricho,  y  nada  más  que  un 
capricho  de  la  Naturaleza,  los  inextricables  archipiélagos  aus- 
trales, sus  dxtensos  seculares  bosques,  sus  pesquerías  abundan* 
tes,  sus  azulados  ventisqueros?  Loa  Andes,  con  sus  profundas 
depresiones,  sus  grandes  ríos,  sus  estuarios,  ¿serán  también 
otros  tantos  objetos  sin  objeto?  Sólo  una  obstinada  obcecación 
podría  sostenerlo^  y  si  hoy  no  les  halláramos  aplicación  inme- 
diata, deberíamos  buscar  ésta  para  hacerlos  útiles  y  prove- 
chosos*. 

Los  exploradores^  los  hombres  de  ciencia^  los  centros  técni- 
oos  de  Chile,  especialmente  la  Oficina  Hidrográfica,  pusieron 
mano  con  empeño  en  la  obra  recomendada  por  Vidal  Gormaz,  y 
oooperaron  con  ellos  los  argentinos  en  la  empresa  de  reconocer 
y  estudiar  cuencas,  lagos,  sierras  y  llanuras  de  la  Patagonia. 

Chilenos  y  argentinos  han  fundado  colonias  y  pueblos  en 
aquella  región  extrema  del  continente  americano,  y  de  lo  qut 


264  LOS    PUEBLOS    HISPANOAMERICANOS 

hoy  es  esa  dilatada  comarca,  y  de  lo  que  puede  llegar  á  ser  en 
plazo  no  muy  remoto,  nos  dan  perfecta  idea  las  obras  publica- 
das en  1901  en  Valparaíso  por  Alberto  Fagalde  y  en  París  por 
el  Conde  Enrique  de  La  Vaulx,  y  los  informes  del  agregado 
comercial  al  Consulado  general  de  Alemania  en  Buenos  Aires, 
insertos  en  el  Deutsches  Handels  Archiv,  de  Berlín. 

El  país  del  porvenir  se  titula  el  libro  de  Fagalde.  Y  en 
efecto,  en  aquellas  tierras  que  tan  triste  impresión  hicieron  en 
sus  descubridores,  allí  donde  los  navegantes  españoles  dejaron 
los  nombres  de  «Tierra  de  la  Desolación»,  «País  del  Diablo», 
«Puerto  del  Hambre»,  hay  grandes  bosques,  extensas  praderas, 
valles  fértilísimos,  ricos  yacimientos  mineros  que  ofrecen  an- 
cho campo  á  la  actividad  industrial  y  á  la  civilización  mo- 
derna. 

En  la  Tierra  del  Fuego  y  en  otras  islas  australes,  centenares 
de  hombres  cortan  maderas  ó  recogen  oro  en  los  aluviones;  los 
loberos  surcan  los  canales  y  las  aguas  tormentosas  del  Cabo  de 
Horn  á  caza  de  focas  ó  lobos  marinos;  en  la  isla  Dawson  la  mi- 
sión salesiana  explota  los  bosques  y  dispone  de  fértiles  terrenos 
y  numerosas  cabezas  de  ganado,  y  por  millones  se  cuentan  las 
que  pacen  al  otro  lado  del  estrecho,  al  Norte,  en  las  tierras  pa- 
tagónicas. En  el  dédalo  de  islas  que  bordean  la  costa  del  Pací- 
fico hay  excelentes  pastos  y  aguadas  y  condiciones  excepciona- 
les para  establecer  saladeros  y  preparar  las  pieles.  Hasta  los 
hielos  de  los  Andes  proporcionan  materia  de  explotación.  Del 
espléndido  ventisquero  de  San  Rafael,  que  se  interna  en  el  seno 
salado  de  su  nombre  por  más  de  7  kilómetros,  se  desprenden  á 
cada  momento  carámbanos  inmensos  que  flotan  sobre  las  aguas 
y  que  extrae  una  compañía  particular  privilegiada,  tan  privi- 
legiada, que  se  le  han  concedido  los  hielos...  ¡hasta  el  Polo! 

De  8  á  9.000  individuos  viven  ya  en  la  colonia  chilena  de 
Punta  Arenas,  no  lejos  del  famoso  puerto  del  Hambre  y  de  los 
Inorares  en  que  más  de  tres  siglos  hace  se  echaron  los  cimientos 
de  dos  ciudades  españolas.  Nombre  de  Jesús  y  Rey  Felipe.  Y 


tH4    hAlt»    DHL    HOttViliMí^ 


i>65 


Apenas  pasa  día  sin  que  vapore-s  procedentes  del  Pacítíco  d  d© 
Buenos  Aires  dejen  en  esa  próspera  colonia  familias  ó  emigran* 
tea  aislados  qae  se  incorporan  &  su  población  y  dan  mayor  in- 
cremento á  las  industria»  allí  establecidas  y  á  las  oonstruccionefi 
particulares  y  trabajos  públicos ^  entre  los  cuales  merece  citarse 
el  ferrocarril  á  Mina  Loreto. 

A  unos  10  kilómetros  de  Punta  Arenas  hay  ricas  minas  de 
carbón  de  piedra;  enfrente,  en  la  Tierra  del  Fueg0|  hallase 
Puerto  Porvenir,  con  200  casas  y  excelente  bahía;  en  la  isla 
Navarino  eat4  Puerto  Toro,  que  |»uede  llegar  á  ser  la  capital 
industrial  y  mercantil  de  toda  esa  aona  insular  tan  abundante 
en  lavaderos  de  oro;  en  otras  islas  y  en  las  orillas  del  Estrecho 
se  encuentran  nuevos  y  pequeños  centros  de  jíoblación  forma- 
dos por  las  gentes  que  se  dedican  ¿  lavar  las  arenas  y  á  trabajar 
en  aserraderos,  haciendas  y  minas  de  hulla,  entre  ellos  el  case- 
río de  Puerto  Consuelo,  muy  bien  situado  para  la  exportacíóu 
de  los  productos  del  interior,  principalmente  los  carbones. 

La  mayor  parte  de  estos  productos  se  llevan  á.  Punta  Are- 
nas, hoy  día  verdadero  empoi-io  de  la  extrema  región  austral 
americana^  centro  de  donde  se  proveen  y  adonde  afluyen  los 
20.tX)0  individuos  que  en  aquélla  viven  y  que  dan  valor  á  esos 
vastos  territorios  que  no  ha  muchos  años  eran  cusí  desconoci- 
dos y  que  ahora,  merced  al  trabajo»  á  hi  constancia  y  á  la  inte- 
ligencia de  los  colonos^  se  sabe  que  son  el  fiaís  de  la  ganadería, 
de  las  lanas,  de  las  pieles,  de  la  madera,  de  la  pesca,  del  oro, 
de  la  bulla  y  de  otras  industrias  que  acaso  podrán  salvar  i 
Chile  de  su  ruina  el  dia  en  que  falte  el  salitre. 

Y  sin  embargo,  los  Gobiernos  chilenos,  con  la  atención  fija 
^  en  conseguir  y  mantener  el  predominio  militar  sobre  lasHepá- 
bUcas  vecinas,  objetivo  principal  de  su  política,  no  han  cuidado 
como  debieran  de  estimular  y  proteger  la  colonización  de  los 
territorios  del  Sur.  Otorgaron  concesiones  de  terrenos  en  las 
costas  y  archipiélagos  meridionales  del  Estrecho,  tan  enormes 
algunas  como  la  que  hoy  pertenece  á  la  Sociedad  explotadora 


LOS    PUigtíLOlí   HISFANOAMBRIOANOS 


de  la  Tierra  del  Fuego,  que  aeupa  10.000  kilómetros  cuadrados, 
y  la  mayor  parte  de  las  cuales  ban  pasado  á  poder  de  Compa- 
fiias  Inglesas,  qae  sostienen  el  tráfico  con  benefício  casi  exclm- 
3ÍYO  de  la  Gran  Bretaña,  hasta  tal  punto,  que  ya  se  trató  en 
Santiago  de  revisar  ó  anular  tales  concesiones: 

Eb  los  territorios  del  Norte  del  Estrecho  se  adelanta  muy 
poco.  Por  abandono  del  Estado,  ha  muerto  la  colonia  estable- 
cida en  La  Palena,  situada  en  el  continente,  frente  al  extremo 
Norte  del  archipiélago  de  Guaitecas,  perdiéndose  así  esfuerzos 
que  mediante  la  protección  oficial  habrían  servido  para  atían- 
zar  la  colonización  y  desarrollar  las  industrias.  «Y  sj  esto  ha 
sucedido,  dice  Fagalde,  con  una  colonia  ya  establecida,  ¿qué  ha 
podido  esperarse  de  la  protección  y  amparo  del  Estado  para 
todos  los  territorios  y  los  hermosos  valle.?  regados  por  los  ríos 
patagónicos  que  sólo  ahora  despiertan  interés  porque  nos  son 
disputados  por  la  República  Argentina?* 

Muestran  los  gobernantes  argentinos  gran  interés  en  explo- 
rar, estudiar  y  poblar  los  territorios  del  Sur.  Esa  Patagouia 
que  los  textos  de  Geografía  nos  describían  como  país  seco  y 
árido,  donde  la  vida  era  poco  menos  que  imposible,  ahora,  re» 
corrida  por  viajeros  y  por  comisiones  científicas,  se  nos  presenta 
bajo  un  aspecto  muy  distinto  y  va  recibiendo  año  tras  año  nú- 
cleos de  población  que  constituyen  la  base  de  futuros  puertos 
mercantiles  y  ciudades  industriales  y  agrícolas. 

El  naturalista  Burmeister,  que  por  encargo  del  Ministerio 
I  Agricultura  realizó  tina  expedición  en  el  territorio  de  Samlá 
Cruz,  nos  dice  que  llueve  allí  con  frecuencia  y  que  en  los  dos 
últimos  inviernos  cayeron  considerables  masas  de  nieve  que 
han  producido  inundación  en  todos  los  valles  patagónicos^  Esta 
abundancia  de  nieves  y  de  lluvia  acaudala  las  aguadas  del  in- 
terior é  iniiuye  favorablemente  en  la  vegetación.  No  hay  bda^ 
ques,  no  hay  arbolado;  pero  en  las  mesetas  ó  pampas  altas  se 
encuentran  extensas  tiraderas,  y  en  las  quebradas  y  alrededor 


BL   PAtB   DflL   PORTBNIK 


207 


de  los  manantiales  crecen  gramíneas  qtie  sirven  de  alimento 
muy  ntitritivo  4  los  ganados  ^  con  la  particularidad  de  qne 
deaarrollan  singularmente  los  tejidos  adiposos.  En  el  valle  del 
rio  Gallegos  loa  carneros  y  ovejas  son  tan  gordos,  que  para  co- 
mer su  carne  es  preciso  separar  por  lo  menos  otro  tanto  de 
grasa  ó  sebo.  Los  campos  cercanos  al  río  Coyles  están  vendidos 
A  colonos  que  se  dedican  k  la  cría  de  ganado  lanar,  y  llegan  á 
obtener  hasta  5  kilogramos  de  lana  por  cabesa. 

En  la  parte  Sur  de  dicho  territorio  ó  Gobernación,  en  la 
costa  atlántica  y  no  lejos  de  la  entrada  del  estrecho  de  Maga- 
llanes, se  halla  Puerto  Gallegos,  en  la  desembocadura  del  rio 
del  mismo  nombre^  localidad  que  está  llamada  á  ser  el  princi- 
pal mercado  de  la  Patagonia  austral  argentina.  Tiene  ya 
LOOO  habitantes,  grandes  almacenes^  2  Bancos,  una  gran  fá- 
brica para  preparar  sebos,  un  matadero  para  100. CXX)  carneros 
y  en  loa  alrededores  varias  estancias  de  ganado.  En  1899  ex* 
portó  Puerto  Gallegos  unas  1*500  toneladas  de  lana.  Hállase  en 
proyecto,  si  no  se  ha  instalado  ya,  la  comunicación  telefónica 
con  Punta  Arenas  y  otros  lugares  del  Estrecho.  Veinticuatro 
horas  tardan  los  vapores  en  hacer  el  trayecto  entre  Puerto  Ga- 
llegos y  Punta  Arenas,  y  desde  ésta  hay  también  servicios  de 
navegación  á  Ushuaia^  otro  centro  argentino  de  población,  si- 
tuado en  la  Tierra  del  Fuego,  á  orilla  del  canal  de  Beagle,  y 
muy  importante  como  núcleo  de  la  explotación  de  maderas* 

Al  Korte  de  Puerto  Gallegos,  otra  expedición,  organizada 
por  el  Ministerio  de  Marina,  remontó  el  río  Santa  Cruz  desde 
el  puerto  de  este  nombre  hasta  el  lago  Argentino.  El  país  re- 
corrido ofrece  brillante  porvenir;  en  él  pueden  ortaree  millones 
de  cabezas  de  ganado  lanar.  En  vista  de  loí*  informes  de  la  ex- 
pedición, el  Gobierno  resolvió  establecer  una  colonia  en  el 
citado  lago  y  organizar  servicio  permanente  de  2  vaporee,  uno 
en  el  lago  y  otro  en  el  río. 

Corriendo  hacia  el  Norte  la  costa  atlántica  se  llega  á  Puerto 
Deseado,  en  la  desembocadura  de  otro  rio,  y  á  la  bakía  y  puerto 


'.■^? 


LOS    Pt'BBLOS    HISPANOA.HBIIICANÜS 


Camarones,  en  cuyas  playas  y  orillas  se  ven  con  frecuencia) 
enprmes  pilas  de  sacos  de  lana  procedente  de  las  estancias  del 
interior. 

Sobre  la  playa  del  fondeadero  de  las  Pirámides  se  apilan 
también  las  lanas  y  los  sacos  de  sal  común  recogida  en  las  sali-; 
ñas  de  la  península  de  Valdés,  donde  se  está  construyendo  un 
ferrocarril  á  Madrín,  puerto  al  que  van  todos  los  productos  del 
valle  del  Chubut,  valle  poblado  ya  por  unos  5.000  individuos,  y. 
donde  se  encuentran  importantes  establecimientos  fundados 
por  alemanes  y  por  ingleses  del  país  de  Gales.  En  ese  valle  se, 
cultivan  excelentes  trigos.  Es  el  límite  de  la  zona  agrícola  de; 
la  Patagonia;  al  Sur  se  extiende  la  región  ganadera  por  exce-, 
lencia. 

Se  ha  dicho  que  África  es  el  mundo  del  porvenir.  Verdad  es. 
Mas  no  porque  la  actividad  y  el  trabajo  de  los  pueblos  moder- 
nos se  hayan  repartido  ya  todo  ese  mundo  americano  que  los 
españoles  trajimos  á  la  vida  de  la  historia  y  de  la  civilización. 
Promete  un  porvenir  más  próximo  y  de  alcance  menos  difícil 
la  parte  meridional  de  América,  donde  todavía  existen,  vírge- 
nes de  explotación,  vastos  territorios  equivalentes  en  superficie 
al  continente  europeo  ó  al  tercio  del  africano. 

Y  entre  esos  territorios,  en  zona  de  clima  templado  y  sano, 
cuya  temperatura  media  no  suele  pasar  de  24**  en  estío  ni  des- 
cender de  6*  en  invierno,  figuran  la  Patagonia  y  las  tierras  ma- 
gallánicas,  de  las  cuales,  á  modo  de  resumen  de  los  elementos 
de  producción  y  riqueza  que  contienen,  diremos  con  el  citado 
viajero  francés  Conde  de  La  Vaulx  (1)  que,  gracias  á  los  infor- 
mes de  los  exploradores  y  colonos,  se  revelan  en  nuestros  días 
tales  como  son  en  realidad,  pintorescas,  fértiles,  abundantes  en 
recursos  vegetales  y  minerales. 

La  Suiza  andina  y  el  Piamonte  patagón  han  denominado , 


(1)    Voy  age  $h  Patagonie^  Paria,  Hachette,  1901. 


los  viajeros  i  comarcas  próximas  á  las  faldas  orientales  de  los 
Andes,  En  las  Exposiciones  de  París  j  Roma  los  cereales  del 
Clicibat  tnvieron  magnífica  representación.  Casi  todas  las  plan- 
tas de  Europa  se  acHiñataii  ea  aquel  país,  y  en  la  vertiente  da 
las  montañas^  en  los  alrededores  del  lago  Nalinel-Haapi,  hay 
frutales  silvestres  que  dan  productos  exquisitos. 

En  la  Pampa^  y  sobre  todo  en  las  tierrajs  inmediatas  á  los 
AndeSf  bien  regadas  y  al  abrigo  de  los  vientos^  )>uede  alcanzar 
la  ganadería  un  desarrollo  extraordinario;  no  «xi-ste  país  en 
que  baya  posibilidad  de  comer  más  y  mejor  oarue.  Los  llamas 
6  guanacos^  cuya  carne  es  también  excelente^  dan  sedoso  pelo, 
muy  semejante  al  de  la  vicuña;  los  ñandúes,  plumas  mny  apre- 
ciadas por  las  industrias  de  lujo. 

Se  han  visto  filones  de  oro  cerca  del  río  Corintos  y  del  lago 
Fontana;  hay»  como  se  ha  dicho,  aluviones  auríferos^  j  un 
aventurero,  Popper,  que  se  tituló  rey  de  la  Patagonia^  hizo 
una  fortuna  lavando  las  arenas  y  acuñó  moneda  con  el  precioso 
metal  que  recogía.  Con  plata  pura  de  la  Pamf)a  construían  los 
indios  sus  alhajas;  hay  hullas  en  las  regiones  <hl  !^ur,  salinas 
en  el  litoral^  blanquísima  caliza  en  los  acantilud'í*  1»?  la  costa^ 
canteras  de  piedra  y  pizarra  en  el  interior,  hietTc»  en  la  comarca 
de  loa  lagos  Colhné  y  Munster;  al  pasar  por  este  territorio  enlo- 
quecieron las  brújulas  de  Burmeister  y  La  Vanly. 

Los  bosques  de  la  cordillera  y  de  las  islas  fruvU^i  proveer  á 
todo  el  país  de  maderas  de  calefacción  y  de  materiales  de  cons- 
trucción de  primer  orden.  Y  fácil  es  abrir  camin*» .  i-ara  trans* 
portar  á  la  costa  minerales,  maderas  y  gaím  1%  i  orque  los 
grandes  valles  que  surcan  la  Patagonia  estable'^iuj  vjas  natn* 
rales  de  coraanicación  desde  los  Andes  al  mar. 


LA  SEGUNDA  CONFERENCIA 
INTERNACIONAL  AMERICANA 


Antecedentes.—  Programa  de  la  ConfereociA.  -  La  cuestióQ  del  arbitraje.— 
Loa  Delegados  ea  la  Conferencia  reunida  en  México,  -tnaug^uracídn  y  ta- 
re«a  de  Ift  aaatnblea.— Prcteosíones  de  loa  yanqois  — La  doctrina  «Monroe» 
7  la  doctrina  «Días» .  -  Resolnciones  de  la  Conferencia.— Juicios  sobre  el 
resaltado  de  ésta  y  sobre  le  política  internacional  americana. 

Por  iniciativa  de  los  Gobiernofs  de  la  ünidn  se  celebró  en  Wa- 
shington, en  1889^  ana  Conferencia  internacional  americana^  y 
por  segunda  vez  se  congregaron  en  la  ciudad  de  México,  en  1901, 
los  representantes  de  todos  los  Estados  de  aquel  continente. 

En  Diciembre  de  1899,  Mac  Kinley,  en  el  Mensaje  al  Con* 
greso  de  bu  país,  recomendaba  la  convocatoria  de  esta  segunda 
Conierenoíáj  y  poco  después  ©I  Secretario  de  Estado  dirigía 
una  circular  4  los  Ministros  en  Washington  de  las  Repúblicas 
americanas,  rogándoles  qne  consultasen  con  sus  respectivos 
Gobiernos  acerca  de  la  oportunidad  de  celebrar  la  Conferencia^ 
eligiendo  como  lugar  de  reunión  alguna  de  las  capitales  de 
aquéllas. 

Todos  loa  Gobiernos  consultados  resolvieron  afirmativa- 
mente, y  en  Mayo  de  1900  la  Comisión  ejecutiva  de  la  unión 
internacional  de  las  Repúblicas  americanas  acordó  el  programa 
de  tareas  6  deliberaciones^  y  fijó  como  puntos  capitales  de  es- 
tudio y  discusión  los  siguientes: 

Arbitramento. — Corte  ó  Tribunal  internacional  de  reclama- 
ciones.^ Medios  de  protección  4  la  industria^  agricultura  y 


^^ 


272  LOS    PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 

comercio:  desarrollo  de  las  comunicaciones  entre  los  países  de 
la  Unión:  reglamentos  consulares  de  puertos  y  aduanas:  esta- 
dísticas.—Reorganización  de  la  Oficina  internacional  de  las 
Repúblicas  americanas. 

Se  decidió  depués  que  los  Delegados  se  reuniesen  en  la  ca- 
pital de  México,  y  á  propuesta  del  Gobierno  de  esta  nación  se 
convino  en  inaugurar  las  sesiones  el  día  22  de  Octubre  de  1901. 

Hubo  recelo  de  que  algunas  Repúblicas  excusaran  su  asis- 
tencia, piies  la  cuestión  del  arbitraje  suscitaba  ciertos  temores 
de  adquirir  compromisos  internacionales  incompatibles  con  el 
interés  nacional.  ^ 

Era  dicha  cuestión  una  de  las  principales  que  habían  de  tra- 
tarse en  este  congreso  ó  Conferencia  internacional.  Se  aspiraba 
á  que  todos  los  Estados  americanos,  por  medio  de  sus  represen- 
tantes en  la  gran  asamblea  de  México,  se  comprometieran  á 
aceptar  el  arbitraje  para  conflictos  presentes  y  futuros,  como 
garantía  de  paz  y  de  justicia  internacionales.  Pero  Chile  se 
opusQ,  porque  no  quería  que  por  sentencia  arbitral  se  decidieran 
las  cuestiones  pendientes  con  Solivia  y  Perú,  y  ante  la  posibi- 
lidad de  una  liga  continental  para  imponer  el  arbitraje,  protes- 
taban enérgicamente  los  chilenos  y  anunciaban  su  abstención 
de  las  tareas  del  congreso. 

Se  avenían  á  aceptarlo  para  las  diferencias  que  surgiesen 
en  lo  porvenir,  y  con  las  limitaciones  que  impusieran  el  honor 
nacional,  los  intereses  vitales  de  su  país  ó  el  interés  ó  derechos 
de  un  tercero. 

El  Perú  sostenía  criterio  opuesto,  y  á  él  se  adhirieron  Boli- 
via  y  la  Argentina.  Exigían  que  el  arbitraje  se  aplicara  como 
procedimienta  obligatorio  á  todos  los  conflictos  aún  no  resuel- 
tos de  modo  definitivo,  aunque  su  origen  fuese  anterior  á  la 
reunión  ó  acuerdos  del  congreso. 

Se  temió  que  esta  discrepancia  diera  motivo  á  que  algunos 
Estados  se  abstuviesen  de  concurrir  á  la  Conferencia.  Mas  al 
fin,  dejando  este  punto  á  la  ulterior  resolución  de  la  asamblea, 


CONFBRISNOIA  INTlflRNAClONAL  AMMHICANA 


27B 


todos  acordaron  enviar  sua  delegaciones  al  tioagreso  de  México^ 
en  el  cual  se  reunieron  i>eraonalidades  de  gran  prestigio  por 
sus  talentos  y  por  los  setvicioe  qan  han  prestado  á  la  ciencia  y 
^la  adiBinisti-aeldn  pábHca. 

Los  Delegadoa  que  tomaron  parte  en  las  tareas  de  aqnél,  en 
representación  de  los  respectivos  Estados»  faeron; 

Etpáblka  Argentina.— Doctorea  J),  Antonio  Bermejo  y  don 
Lorenzo  Anadón,  y  el  Sr.  D.  Martín  García  Merou. 

Bolivia,  —  B,  Fernando  E.  Giiachalla, 

BroídL — D*  José  Hygino  Duarte  Pereira* 

Colontbia. -^GeiXiQVBJÍ  D.  Rafael  Reyes  y  Dr.  D.  Carlos  Martí- 
nez Silva. 

Cania  Hiea, — D.  Joaqain  Bernardo  Calvo. 

Chile, --D.  Emilio  Bello  Codesido,  D,  Alberto  Blest  Gana, 
D.  Augusto  Matte  y  D,  Carlos  Walker  Martínez. 

Ecuador. — D.  Lais  Felipe  Carbó  y  D.  Cristóbal  Vela* 

El  Scdvador.— Doctores  D.  Baltasar  Estupinián  y  D,  Fran* 
cisco  A.  Reyes. 

Estados  Vmdos  del  Xorte, — Si'es.  Davis,  Pepper,  Foster, 
Barret  y  Baohanan,  y  como  Director  de  la  Oficina  de  las  Repú- 
blicas americanas,  el  Sr.  W.  C.  Fox. 

Guatemala. — Dr,  T).  Antonio  Lazo,  y  Coronel  D.  Francisco 
Orla. 

HaUi. —l>i\  D.  J.  N.  Leger. 

Howcíuroif,  — D.  Fausto  Dávila  y  D.  JoséLeonard. 

Jlf cxico,— Licenciados  D.  Francisco  de  la  Barra,  D,  Alfredo 
Cliavero,  D,  José  Lópeü  Portillo,  D.  Pablo  Macedo,  D»  Emilio 
Pardo,  D,  Rosendo  Pineda,  D.  Jenaro  Raigosa  y  D.  Manuel 
Sánchez  MármoL 

NicaT-agua. —jyr.  D.  Luis  F.  Corea. 

Paraguay. ^Dr.  D.  Cecilio  Báez. 

Perú.— Doctores  D,  Mannel  Alvarez  Calderón,  D.  Isaac  At- 
^amora  y  D.  Alberto  El  more. 

Uruguay,— Bi',  D,  Juan  Cuestas, 


CONFBKBNÜIA  INTERNACIONAL  AMERICANA  275 


Así  se  expresaba  el  Sr.  Mariscal,  recordando  la  parte  que 
España  fcotnó,  coa  el  Congreso  ibero-americano  de  1900,  en  la 
noble  empresa  de  establecer  más  faertes  lazos  de  solidaridad 
entre  los  pueblos  de  América,  en  ese  movimiento  qne  tieade  á 
constituir  sobre  l)ases  sólidas  la  sociedad  internacional  y  que 
han  iniciado,  no  los  Estados  débiles  por  temor  al  fuerte»  sino 
potencias  poderosas,  Rusia  en  Europa^  loa  Estadoe;  unidos  en 
América.  Y  al  coatestar  al  Representante  del  Gobierno  mexi- 
cano el  Delegado  D.  Isaac  Alzamora,  Vicepresidente  del  Perú, 
reconocía  que  los  Congresos  de  La  Haya  y  de  Madrid»  y  sobré 
todo  la  pei'Sistente  iniciativa  de  grandes  Estados  para  dar  vida 
á  estas  asambleas,  son  prueba  indudable  de  que  babrá  de  lle- 
garse á  resultados  verdaderamente  prácticos  para  el  bien  de  los 
pueblos. 

De  acuerdo  con  las  ideas  expuestas  por  el  Sr.  Mariscal  en  el 
discurso  de  apertura,  una  de  las  primeras  resoluciones  del  con- 
greso de  México  fué  votar  que  ^la  paz  universal  es  la  primera 
condición  del  bienestar  y  del  progreso  da  los  pueblos;  que  la  ar- 
monía entre  los  Estados  representados  en  la  Conferencia  es  in- 
dispensable para  que  sus  trabajos  den  el  resultado  á  que  se 
aspira;  que  la  Conferencia,  invocando  el  origen  común,  las  tra- 
diciones históricas  y  la  solidaridad  de  intereses  de  las  Repúbli- 
cas de  Colombia  y  Venezuela,  juzga  oportuno  dirigir  palabras 
de  amistad  a  los  Grobiernos  de  dichos  países,  á  fin  de  evitar  todo 
conñicto  doloroso  que  pudiera  alterar  las  cordiales  relaciones 
entre  esas  Repúblicas  hermanas». 


Al  saludo  de  Ihs  )nja$i|  á  iaa  ttiJLDJfestiLcLonfls  de  aft^eiü  dirigidas  deade  tierr& 
de  Naevíi  Espaím  huela  la  España  vieja,  reí^pondíó  la  míls  alta  y  i.''enLifti&  re- 
presentaci6n  de  ln  metrópoli^  aug  Cortes;  en  el  Congreso  de  Diputados,  por 
medio  délos  Srefl«  Becerra  Armesto,  Buqaade  Almodóvar,  Maura,  Azcárate, 
fíavarrorreTei'ter,  Silvela^  Pradera  y  Moret;  eti  el  Scnívdo,  por  los  Sres.  Ro- 
drigoez  San  Pedro,  Calleja^  'o^  Coudes  de  Casa  Valoncía  y  de  la»  Almenas, 
loa  Marqueses  de  Aíruilar  de  Campóo  y  de  Corvera,  S»ntoa  Giizmán,  Aaícá- 
rraga,  Labra,  Portuondo,  Salvador,  Aviles  y  Mootero  Bioñ* 


276  LOS  pirxsBLos  hispanoamericanos 

En  lo  demás,  las  tareas  de  esta  asamblea  fueron  lentas  y  di- 
fíciles. Desde  un  principio  se  notó  el  recelo  que  á  muchos  de 
los  Delegados  hispanoamericanos  inspiraba  la  tendencia,  cada 
día  más  marcada,  de  los  Estados  Unidos  yanquis  á  imponer 
reglas  de  conducta  á  todo  el  Continente  occidental. 

En  la  sesión  de  2  de  Noviembre  hubo  quien  propuso  para 
presidir  la  Conferencia  al  angloamericano  Enrique  G.  Davis. 
Éste  declinó,  con  cierta  jactancia,  la  honra  que  se  le  ofrecía. 
Ellos,  los  yanquis,  dijo,  «sólo  intervienen  en  la  Conferencia 
para  ayudar  á  las  Repúblicas  de  América  en  todo  cuanto  pueda 
conducirlas  al  bien,  para  afirmar  la  doctrina  de  Monroe;  lo  cual 
significa,  añadió,  que  vuestro  territorio  será  protegido,  y  vues- 
tros derechos  políticos,  vuestros  derechos  comerciales  y  vues- 
tras libertades,  para  siempre  garantidos».  No  podía  hablar  más 
claro  el  protector. 

Y  como,  por  una  parte,  hay  Estados  americanos  que  no  ne- 
cesitan la  protección  del  coloso  del  Norte,  y  por  otra  todos  sa- 
ben ya  á  qué  atenerse  respecto  á  las  consecuencias  que  pueden 
tener  protección  y  garantía  ofrecidas  por  los  Gobiernos  de 
Washington,  las  palabras  de  Davis  vinieron  á  confirmar  la  ra- 
zón de  la  desconfianza. 

Precisamente  por  aquellos  días  la  prensa  americana  daba 
publicidad  á  las  siguientes  frases  atribuidas  al  actual  Presi- 
dente de  los  Estados  Unidos:  «Es  nuestra  creencia  que  la  Amé- 
rica del  Sur  será  nuestro  campo  de  expansión.  No  es  práctico 
seguir  tolerando  que  pueblos  tan  indolentes,  tan  reacios  al 
progreso  y  tan  incapaces  de  gobernarse  como  los  latinos  de 
Centro  y  Sur  América,  continúen  ocupando  tierras  tan  fértiles, 
tan  ricas  y  tan  productivas  como  las  del  Continente  Surameri- 
cano.  El  destino  manifiesto  de  esta  nación  (los  Estados  Unidos) 
es  poseer  todo  el  hemisferio  occidental». 

Dijera  ó  no  en  público  Mr.  Rooseveit  tales  palabras,  lo  cierto 
es  que  en  la  conciencia  de  todos  estaba  que  los  yanquis  así 
piensan.  Y  como  desde  California  hasta  el  estrecho  de  Maga- 


CONPKRKNOIA  INTflSItNAUI tlNAL  AMti3KJUANA  277 


llanes  loa  latinoamericanos  (1)  piensan  de  modo  muy  distinto, 
natural  es  que  sus  representantes  en  la  Conferencia  de  México 
bascaran  ocasión  de  demostrar  á  los  yanquis  que  tienen  orite* 
rio  propio  en  cuestiones  que  afectan  al  presente  y  porvenir  de 
América,  y  que  esas  Repúblicas  do  origen  español,  «iue,  según 
el  gran  geógrafo  lieclus,  wen  población ^  en  riqueza  y  en  ins- 
tracción  ban  conseguido  progresos  muy  superiores,  proporcio* 
nalmente,  á  los  de  las  naciones  europeas  en  el  mismo  espacio 
de  tiempo)^,  son  tan  capaces  de  gobernarse^  que  han  compren- 
dido el  juego  de  los  políticos  de  Washington,  y  sólo  cuando  les 
conviene  aceptan  ¿  promueven  acción  común  con  ellos. 

La  cuestión  del  arbitraje  vino  á  ser  el  pretexto  de  la  disi- 
dencia. Que  el  arbitraje  fuera  ó  no  obligatorio,  gGn»>ral  ó  res- 
tringido, importaba  muy  poco  á  los  yanquis.  Habían  ido  á  la 
Conferencia  con  propósito  de  obtener  privilegios  en  las  relacio- 
nes comerciales  con  las  demás  Repúblicas,  y  ústas  no  se  mos- 


{!)  Hay  que  exceptuar  alg-tmo  qne  otro  BodHffUSz,  como  el  que  citamos  en 
(ft  págiua  19  de  este  volamea,  y  A  algúa  Q&fcia^  como  el  autor  tlel  libro  &o  hi 
mucho  publÍGado  en  Mc^xlco  con  el  titulo  <le  Carácter  de  la  cott//aistü  espamla 
en  América  y  en  Mc'mico^  xeffiln  lojt  tex4os  de  los  e^criiorffs  prívñHwty  libro  escrito 
<Jon  tan  deliberado  propósito  de  maltratar  á  la  propia  raza  del  autor,  que  en 
61  8tí  consigua  todo  lo  malo  que  ae  ha  dioho  de  tiüeatros  conquistadores^  pre- 
aeotáiidolos  nomo  hombrea  de  la  peor  ralea,  y  recarga  mió  las  ti  ulna  de  ta.1 
auerifl^  que  c-aei  ji  utilera  comparArados  con  los  Scott,  los  Sibley»  los  SuUy  y 
demAsctiudiUos  yanquiefkl  siglo  xi\  que  exterminaron á  losiüdiogilelNorte 
de  América  ahorcáodoloa  por  nüUarias,  envenenando  á  tribus  entera*  por  me- 
dio de  la  estricnina  que  meíclaban  con  las  provisiones  que  le^  vendían  y  lan- 
zando contra  heridos^  enfermoSi  contra  niñoü,  viejos  y  mujeres,  jaurías  dt 
perros  feronea  y  hambrientos. 

;Y  aaoa  (iarcias  que  reniegan  de  sus  antecesores  y  que,  como  dice  un  gran 
ritor  mexicano^  D,  Franoii^co  Su&a,  creen  llevarla  mancha  indeleble  de 
i  pecado  original,  pretenden  purificarae  pidiendo  el  ba\ití3mo  ¡1  los  deseen- 
dientes  de  loe  Mtf}'úés  del  MíesisBippi,  del  Minnesota  y  In  Florida! 

En  el  Boteiin  de  la  Real  Academia  de  (a  Historia^  tomo  XXXIX,  página  i499 
(Noviembre  de  1901 1,  ae  publicó  mía  razonada  crítica  del  libro  á  que  me  reüero, 
cacrlia  imr  el  doctísimo  Secretario  perpetuo  de  aquelliL  Corporación  D.  CaiA- 
r«iu  Fernández  Duro. 


278  LOS    PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 

traron  dispuestas  á  adquirir  compromisos  que  las  pudiesen 
convertir  en  colonias  mercantiles  de  los  Estados  Unidos  del 
Norte. 

No  hubo,  pues,  acuerdo,  y  de  estériles  y  anodinas  calificó  la 
prensa  de  Nueva  York  las  sesiones  de  la  Conferencia.  Esta  fué 
un  fracaso  para  los  yanquis,  porque  no  lograron  su  propósito. 
Las  demás  Repúblicas  apretaron  su  tacto  de  codos.  Son  herma- 
nas, no  muy  bien  avenidas  algunas  entre  sí;  mas  todas  resuel- 
tas á  no  ser  juguete  del  poderoso  y  á  defender  sus  derechos  y 
sus  intereses  contra  enemigo  común. 

Extraño  hubiera  sido  que  en  un  congreso  de  americanos 
hablase  un  delegado  de  lengua  inglesa  sin  mencionar  la  adoc- 
trina de  Monroe».  No  se  le  olvidó  al  Sr.  Davis.  Y,  sin  embargo, 
son  los  yanquis  quienes  menos  derecho  tienen  á  erigirse  en 
mantenedores  de  la  tal  doctrina,  puesto  que  no  la  han  respe- 
tado. Lo  que  Monroe  dijo  en  1823  fué  que  icon  las  existentes 
colonias  ó  dependencias  de  cualquier  potencia  europea  no  he- 
mos intervenido  y  7io  intervendreynos  (1);  pero  con  respecto  de 
los  Gobiernos  que  han  declarado  su  independencia  y  la  man- 
tienen y  la  hemos  reconocido  por  motivos  serios  y  según  prin- 
cipios justos,  no  consideraremos  cualquiera  interposición  con 
propósito  de  oprimirlas  ó  disponer  de  cualquiera  otra  manera 
de  sus  destinos  por  un  poder  europeo,  sino  como  manifestación 
de  una  disposición  hostil  á  los  Estados  Unidos». 

Y  como  los  Estados  Unidos  han  intervenido,  con  perfidia, 
en  colonias  de  potencia  europea,  y  han  tomaao  á  cañonazos  de- 
pendencias de  otra  nación  en  América,  en  Asia  y  en  Oceanía, 
resulta  evidente  que  jírescinden  de  la  doctrina  de  Monroe  en  la 
parte  que  contraría  á  sus  propios  intereses  ó  ambiciones.  No 
hablen,  pues,   de  ella,  y  proclamen  paladinamente  su  nueva 


(1)    ((With  the  existing  colonies  or  dependencies  of  any  European  power, 
we  have  not  interfered  and  shall  not  interfere». 


doctrina,  la  doctrina  Mac  Kinlej  ó  Iloosevelt^  ya  con  toda  cla- 
ridad expuesita  en  las  frases  de  este  último,  antes  transcritas. 

La  doctrina  Monroe  está  derogada  por  loa  sucesores  de  su 
autor.  La  ha  substituido  la  idoctrina  Díaz»,  esto  es^  la  acep- 
tada y  proclamada  por  el  iltistre  Presidente  de  México  en  el 
Mensaje  que  leyó  ante  el  Congreso  de  su  país  en  Abril  de  1896, 
No  es  esta  doctrina  manifestación  de  tendencias  expansionia- 
tas,  no  es  uii  reto  que  el  Nuevo  Continente  lanza  contra  Europa, 
no  es  la  muralla  de  China  elevada  frente  á  los  europeos  para 
estorbar  relaciones  de  amistad  y  de  intereses;  es  sencillamente 
auna  protesta  legal  contra  toda  tentativa  de  usurpación  euro- 
pea, contra  toda  tendencia  tnonárquica  contraria  á  las  institu- 
ciones republicanas  del  Nuevo  Mundo». 

En  suma;  es  la  doctrina  de  la  propia  y  natural  defensa»  que 
igual  valor  tiene  y  de  igual  modo  se  acepta  en  América  que  en 
Empopa.  No  vale,  pues,  la  pena  de  hablar  de  ella  en  todo  mo 
mentó,  atribuyéndola  una  importancia  especial  que  no  tiene. 
Las  tentativas  de  usurpación  y  de  intervención  han  de  ser  re- 
chazadas siempre  y  por  todos  los  pmeblos^  vengan  de  donde 
vinieren.  Y  como  precisamente  en  los  actuales  días  las  tentati- 
vas contra  pueblos  americanos  se  fraguan  en  la  propia  Amé- 
rica, huelga  el  adjetivo  europeo  en  la  exposición  de  la  doctrina 
Díaz. 

Dada  la  situación  presente  de  los  Estados  del  Nnevo  Mundo ^ 
la  frase  nAmérica  para  los  americanos*  es  una  perogrullada. 
Nada  vale  ni  significa  lioy,  á  no  ser  que  se  aspire  á  crear  allá 
un  mundo  aislado,  siu  relaciones  políticas  y  económicas  con 
Europa.  Y  como  esto  es  un  disparate,  Hay  que  tomarlo  como 
(U*did  grosero  de  que  pretenden  valerse  los  americanos  que  ha- 
bian  inglés  para  explotar  y  dominar  á  los  americanos  do  otras 
lenguais. 

Prescindiendo  de  que  esa  aspiración  egoísta  y  antisocial  es 
irrealizable,  de  que  no  hay  medio  de  impedir  que  Europa  tenga 
intereses  en  América,  y  América  en  Europa^  jamás  podría  lie- 


280  LOS    PUBBLOS   HtSl'ANOAMBRIiCANOS 

garse  á  la  unión,  á  la  intimidad  de  yanquis  y  latinoamerioanos 
que  supone  aquel  concepto  del  monroismo.  «Yo  he  vivido,  es- 
cribe el  venezolano  Blanco  Fombona,  algunos  años  entre  los 
yanquis,  y  los  conozco  muy  bien.  Entre  su  ideal  y  el  nuestro 
hay  un  abismo.  Entre  su  concepción  de  la  vida  y  de  las  cosas  y 
la  nuestra  hay  grandes  diferencias.  Ellos,  "hijos  de  ingleses,  son 
egoístas,  orgullosos,  odiosos;  no  tienen  fe  más  que  en  su  raza  y- 
nos  juzgan  inferiores.  Nosotros,  suramericanos,  sólo  nos  senti- 
mos bien  cerca  de  la  Europa  latina;  Francia,  Italia,  España 
son  las  tierras  de  nuestra  raza  y  nuestro  amor.  Literaria,  social 
y  políticamente  son  estos  países  los  que  más  influyen  sobre 
nosotros».  .  ^* 

El  31  de  Enero  de  1902  terminó  sus  tareas  la  segunda  Con- 
ferencia internacional  americana. 

Sus  acuerdos  ó  mociones  pueden  resumirse  así: 

I.  La  adhesión  al  Tribunal  de  Arbitraje  de  La  Haya,  subs- 
crita por  todos  los  representantes  de  las  naciones  americanas 
que  no  concurrieron  al  Congreso  que  lo  creó.  Gestionarán  esta 
adhesión  los  Gobiernos  de  México  y  Norte  América. 

II.  Tratado  sobre  establecimiento  de  un  Tribunal  de  Arbi- 
traje Internacional  para  el  Continente  Americano,  al  cual  de-  ' 
berán  someterse  todas  aquellas  cuestiones  que  no  afecten  al 
honor  é  independencia  de  las  naciones,  siempre  que  no  pueda 
obtenerse  un  arreglo  amigable  por  la  vía  diplomática.  Consti- 
tuirán el  Tribunal  tres  re])resentantes  de  cada  nación,  teniendo 
que  ser  uno  de  ellos  norteamericano,  para  compensar  la  ma- 
yoría de  los  hispanos. 

A((uéllas  quedarán  en  libertad  de  someterse  ó  no  á  ese  Tri* 
bunal,  ó  acudir,  si  así  les  conviniera,  al  Tribunal  de  La  Haya. 

La  Delegación  Je  México  presentó  el  proyecto  de  Tratado  de 
arbitraje  obligatorio,  que  se  negaron  á  subscribir  varios  repre- 
sentantes, pretextando  falta  de  autorización  de  sus  Gobiernos 
respectivos. 


ÍKMeJNaiA  IXTIClcNAClnKAt.  AMKRICAIfA 


^1 


ITI.  Proyecto  de  reanién  en  Wáshing^ton,  dentro  de  un 
año^  de  otra  Conferencia  con  el  fin  de  expedir  un  Código  gene- 
ral de  Sanidad  para  el  Continente,  y  establec^er  un  Consejo  de 
SaUíbi'idad  internacional. 

IV.  Convenio  para  reunir  en  Río  de  Janeiro  una  Comisión 
geográfica  que  determine  los  n'oa  navegables  de  la  América  del 
Sur,  asL  como  los  qae  pudieran  serlo  mediante  trabajos  bidro- 
gráficos. 
V.  Conveniosobre  protección  de  patentesy  marcas  de  fábrica* 
yr.  Proyecto  para  establecer  en  New  York  una  Comisión 
que  estudie  la  crisis  del  cafó. 

yn.  Renníón  en  New  York  de  una  Conferencia  de  em|dea- 
dos  de  Hacienda  y  co'merciahtes  que  reglamenten  el  movimiento 
aduanero  del  Continente,  de  acuerdo  con  un  «registro  de  pala- 
bras que  sirvan  para  hacer  más  expeditos  el  tránsito  y  docu- 
mentación de  toda  clase  de  mercancías. 

yin.  Proyecto  para  nombrar  una  Comisión  de  cinco  juris- 
pdritos  americanos  que^  asesorados  por  dos  europeos,  codifiquen 
el  Derecho  privado  internacional  y  el  Derecho  que  debn.  servir 
de  norma  á  las  relaciones  entre  los  países  del  Continente. 

LX.  Proyecto  para  establecer  una  Comisión  internacional 
de  Arqueología. 

X,     Convenio  para  la  protección  de  la  propiedad  literaria. 

XL  Tratado  sobre  la  entrega  de  criininalws  y  persecución 
de  anarquistas, 

XII.  Proyecto  de  unión  de  las  Arntricas  por  medio  de  vm 
ferrocarril  intercontinental. 

XIII.  Recomendación  á  los  Delegados  para  que  hagan  toda 
clase  de  gestiones  ante  sus  respectivos  Gobiernos  á  tin  de  crear 
un  Banco  Panamericano* 

Xiy.  Convocatoria  de  la  tercera  Conferencia  internacional 
en  Washington,  donde  deberá  darse  cuenta  del  resultado  de 
todas  las  comisiones  conferidas  por  esta  segunda,  y  adicionar 
ó  reformar  los  convenios  acordados. 


^1 


282  LOS   PUEBLOS  HISPÁNOAMBRICANÓS 

En  la  sesión  de  clausura — ¿  la  que  no  asistieron  todas  las 
Delegaciones,  pues  algunas  se  habían  retirado  anteriormente — 
leyó  elocuente  discurso  D.  Ignacio  Mariscal.  Satisfecho  se  mos- 
traba «porque  se  han  vencido  las  más  serias  dificultades  y  se 
han  burlado  funestos  vaticinios  de  pesimistas  ó  enemigos  en- 
cubiertos; en  todas  las  discusiones,  en  todos  los  actos,  no  obst 
tante  la  oposición  de  sentimientos  y  aspiraciones  en  determi- 
nadas materias,  ha  prevalecido  la  deferente  cortesía  que  era  de 
esperar  en  los  representantes  de  los  Gobiernos  de  América...* 

tfSi^l  éxito  alcanzado  no  es  decisivo,  prepara  ventajosa- 
mente los  trabajos  de  la  tercera  Conferencia  internacional 
americana»:  son  estas  las  últimas  palabras  que  oyeron  del  Pre- 
sidente de  la  República  los  Delegados  que  fueron  á  saludarle 
en  acto  de  despedida. 

No  fué  decisivo  el  resultado  de  la  Conferencia,  entre  otras 
razones,  porque  no  hubo  acuerdo  unánime  respecto  del  arbi- 
traje obligatorio,  y  esta  disidencia  fué  causa  ó  pretexto  de  la 
retirada  de  varios  Delegados.  Pero  aun  con  las  limitaciones  del 
convenio  de  La  Haya,  va  ganando  terreno  el  gran  principio 
del  arbitraje,  como  hacía  notar  en  su  discurso  el  Sr.  Mariscal, 
y  si  de  una  parte  se  imponen  las  tendencias  patrocinadas  en 
este  punto  por  Chile  y  los  Estados  Unidos,  de  otra  la  República 
Argentina,  Uruguay,  Paraguay,  Bolivia  y  algunos  Estados 
más  se  conciertan  y  se  comprometen  á  someter  al  arbitraje 
obligatorio  las  cuestiones  relativas  á  límites,  derechos  de  nave- 
gación y  validez,  interpretación  y  ejecución  de  los  tratados  (1). 

Así,  poco  á  poco,  y  mediante  esas  Conferencias  internacio- 


(l)  Aprovechando  la  estancia  en  México,  con  ocasión  de  esta  Conferencia, 
de  Delegados  de  todos  los  países  de  América,  el  Gobierno  español  envió  ins- 
trucciones á  nuestro  representante  en  aquella  capital  para  la  celebración  de 
tratados  de  arbitraje  entre  España  y  cada  uno  de  los  Estados  hispanoameri- 
canos. Con  arreglo  á  esas  instrucciones,  el  Marqués  de  Prat  firmó  convenios 
con  los  representantes  de  la  mayor  parto  de  aquéllos. 

Se  someterá  al  juicio  de  arbitros  toda  controversia  que  no  haya  podido  ser 


CUNFERENCIA  INTERNACIONAL  AMERICANA 


283 


nales,  los  Estados  hispanoamericanoa  estrechan  distancias  y 
snavizan  asperezas,  y  por  su  actitud  ©n  el  Congreso  j  por  sa 
conducta  fuera  de  él  demuestran  que  hay  sentido  político  en 
los  hombres  quo  los  rigen  y  que  tienen  muy  en  cuenta  nuestro 
antiguo  refrán  de  que  al  amí^o  que  no  es  cierto,  con  un  ojo 
cerrado  y  el  otro  abierto.  Verdad  es  qne,  como  escribía  The 
Economist,  de  Londres ,  no  oonviene  á  los  yanquis  romper 
amistades  con  los  demás  pueblos  americanos  y  han  de  hacer 
todo  lo  posible  por  evitar  conflictos;  pues  la  guerra,  á  pesar 
del  predominio  que  aquéllos  tienen  en  el  mar,  habría  de  arrui- 
nar su  comercio.  Tampoco  quedarían  bien  parados  los  intere- 
ses de  las  otras  Repúblicas;  y  como  para  conservar  amistad, 
pared  en  medio,  y  la  |>ared  puede  empegar  á  resentirse  si  los 
Estados  Unidos  realizan  su  propósito  de  acaparar  por  tratados 
todo  el  comercio  que  aquéllas  hacen  con  Europa,  los  represen- 
tantes de  esas  Repúblicas  supieron  desentenderse  á  tiempo  de 
la  cuestión  económica  en  su  aspecto  arancelario.  Es^  sin  duda, 
uno  de  los  asuntos  que  quedan  preparados  para  la  tercera  Con- 
ferencia, 

Entretanto,  se  da  tiempo  al  tiempo.  En  la  gran  Repdblica 
Norteamericana  hay  ya  quien  prevé  el  nnevo  Imperio  del  Occi- 
dente. <tI)entro  de  veinticinco  años^ — ha  dicho  Hadley,  el  Rec- 
tor ó  Presidente  de  la  Universidad  de  Boston — tendremos 
Emperador  en  Wásbingtonj*.  Se  librará  formidable  batalla 
entre  los  trusts  y  el  capital;  si  vencen  los  primeros,  vendrá  la 
anarquía;  para  evitar  el  peligro^  el  pueblo  yanqui  pedirá  Rey, 
y  para  más  honrarle,   se  le  dará  Emperador.  La  contienda 


resutiltíi  par  uegotiiocíón  directa,  «siempre  que  no  afecte  í\  los  preceptos  de  la 

Constituci'jn  de  tuio  á  otro  paí»,  ni  il  la  independencia  y  al  honor  nacionnles. 

Lia  lünciooñfi  de  arbitro  seríln  encomendBd&B  con  preferencia  á  nn  Jefe  de  Es- 
pado de  una  de  t«8  Repúblicas  hispanoamericanas,  ó  á  nu  Tribunal  formado 
or  Jueces  y  Peritos  espoñol^g  ó  hiepanoatn  erica  nos-  Si  no  hubiere  acuerdo 
'  iúhte  la  desjgnacii^n  de  úrbitros^  se  Bometerá  la  cuestión  al  Tribunal  interna» 

ciODíil  perrnaQeut>e  de  La  Haya* 


284  LOB   PUBBLOS   HISPANOAMBRICANOS 

entre  partidarios  del  antiguo  y  nuevo  régimen,  la  lucha  encar- 
nizada, de  carácter  social  y  económico,  entre  aspiraciones  é 
intereses  inconciliables,  podrán  anticipar  la  disgregación  de 
los  Estados  Unidos  del  Norte  de  América. 

Por  el  contrario,  en  el  resto  del  continente  se  tiende  á  cons- 
tituir fuerzas  más  compactas  mediante  federaciones,  tratados 
de  alianza  ó  convenios  de  arbitraje.  Ciertamente,  no  están  bien 
avenidas  entre  si  algunas  de  esas  Repúblicas,  y  tal  vez  alian- 
zas y  arbitrajes  sekn  ineficaces  para  impedir  el  .conflicto.  Pero 
¿quién  podría  predecir  las  últimas  consecuencias  de  una  guerra 
entre  los  Estados  á  que  nos  referimos?  Cuando,  desgraciada- 
mente, no  hay  medio  de  concertar  á  pueblos  rivales  y  hermanos 
que  aspLpan  á  constituir  grandes  centros  de  acción  y  resisten- 
cia, por  la  guerra  suele  llegarse  á.esa  concentración  de  fuerzas 
sociales  y  políticas,  indispensable  para  contrarrestar  el  poderío 
de  razas  ó  pueblos  extraños. 


LA  RAZA  HISPÁNICA 
EN  AMÉRICA 


Lofl  CoQ{¡:re8i>9  cientiñcoa  latinoamericanos.  ~i^  El  equlUbrio  de  ra^«a  y  la, 
América  latina.  -  Aproximaciones  ó  alianzas  ontre  las  naclonalidadeff 
hlepanoamerí canas.— Los  IdiomaB  bispaaoamerlcatiod  del  porvenir. 

El  elemeato  latino  peninsular — español  y  portugués— tiende 
á  reforzarse  en  América,  y  su  decadencia  eu  las  Antillas  se 
compensa  ventajosamente  con  la  aspiración  á  establecer  mayor 
intimidad  y  relaciones  más  frecuentes  entre  todos  los  pueblos 
americanos  de  raza  hispánica.  La  unión  mediante  comunidad 
de  ideas  e  intereses  es  siempre  causa  y  garantía  de  fuerza,  y  se 
procura  llegar  k  esa  unión  congregando  en  asambleas,  en  nom- 
bre de  la  ciencia,  á  los  representantes  de  los  Estados  Unidos  del 
Brasil  y  de  los  pueblos  hispanoamericanos. 

Por  iniciativa  de  la  Sociedad  Científica  Argentina  se  reunió 
en  1898,  en  Buenos  Aires,  el  primer  Congreso  científico  latino- 
americano. Los  cuatro  tomos  de  Actas  de  ese  Congreso,  ya  pu- 
blicados, demuestran  la  valiosa  participación  que  en  el  des* 
arrollo  de  la  cultura  intelectual  toman  los  americanos  de  origen 
peninsular.  En  las  secciones  de  Ciencias  exactas  é  Ingeniería, 
de  Ciencias  físico-químicas  y  naturales  y  de  Ciencias  médicas 
se  estudiaron  y  discutieron  temas  de  capital  importancia  para 
el  progreso  moral  y  material  de  las  Repúblicas  allí  representa- 
das, mereciendo  especialísima  mención  los  excelentes  trabajos 
relativos  á  los  medios  de  establecer  comunicaciones  fáciles  y 
permanentes  entre  todas  aquéllas. 


2dG  L<>8   FUISBLO»   llltíPANOAM£iltlCAMOS 


El  segundo  Congreso  se  inauguró  el  20  de  Marzo  de  1901»  en 
Montevideo,  con  solemne  sesión,  en  la  que  uno  de  loa  Delegados, 
el  de  México,  Sr.  Pimentel,  declai*ó  que  los  hispanoamericanos 
del  Norte  hacen  causa  común  con  sus  hermanos  del  Sur,  y  de- 
dicó elocuente  y  cariñoso  saludo  4  la  madre  patria,  á  4(esa  Es" 
paña  tan  desdichada  en  la  actualidad  como  próspera  y  afortu- 
nada fué  en  otro  tiempo,  tan  agotada  hoy  como  fuerte  en  siglos 
anteriores;  pero  tan  noble,  tan  valiente,  tan  digna  hoy  como 
siempre». 

Una  de  las  resoluciones  adoptadas  en  este  Congreso  fué 
la  recomendación  del  arbitraje  obligatorio  entre  los  Estados 
hispanoamericanos,  Chile,  sin  embargo^  reservó  su  voto,  adop- 
tando la  misma  actitud  que  había  tomado  el  año  anterior  en 
el  Congreso  de  Madrid  y  que  tomó  después  en  la  Conferencia 
de  México. 

El  tercer  Congreso  se  reunirá  en  1905  en  Río  de  Janeiro. 

Doce  años  hace,  en  1892,  en  la  Memoria  que  leí  como  Secre- 
tario general  del  Congreso  GeográEco  hispanoamericano,  hacía 
notar  la  tendencia  á  substituir  con  el  equilibrio  de  razas  el  an- 
tiguo sistema  del  equilibrio  político  éntrelas  grandes  potencias. 

Para  el  progreso  y  bienestar  del  género  humano — escribía 
en  1902  Leroy  Beaulieu — es  un  peligro  la  preponderancia  de 
cualquiera  de  los  grupos  que  forman  la  humanidad.  A  todo 
trance  hay  que  establecer  y  conservar  el  equilibrio  de  razas  en 
el  mundo,  y  la  reserva  más  poderosa  para  conseguirlo  está  en 
la  América  latina,  «Es  preciso,  dice  el  ilustre  publicista  fran- 
cés, que  ésta  continúe  siendo  latina,  que  conserve  su  tradición, 
su  lengua,  sus  grandes  concepciones,  impregnándose  á  la  ve» 
del  progreso,  poblándose,  desarrollándose  y  alcanzando  de  día 
en  día  mayor  prosperidad.  Sólo  mediante  la  América  latina  las 
viejas  razas  del  Occidente  de  Europa  podrán  seguir  siendo  uno 
de  los  factores  importantes  de  la  civilización  human  a  j  y  man- 
tener, por  tanto,  en  ella  la  variedad  de  cultura  y  de  aspecto 


LA  HAZA  HISPÁNICA  EN  AM^ItJCA 


287 


n  la  cual  osa  civilización  caería  en  verdadera  decadencia, 
'oda  pérdida  que  sufra  la  América  latina  lo  será  también  para 
la  civilización  del  mundo*. 

Hoy  por  hoy^  los  rivales  de  la  raza  latina  y  de  todas  las 
razas  son  los  anglo europeos  y  los  angloamericanoa,  es  decir, 
los  anglosajones  de  Europa  y  la  raza  mestiza  del  Norte  de 
^^unérioa  que  habla  inglés.  Unos  y  otros  dominan  fácilmente  á 
^ffazas  ó  puelilos  inferiores;  frente  á  loa  demás  necesitan,  para 
I  imponerse^  hacer  esfuerzo  extraordinario  con  relación  al  ñu. 
Esclavizan  ó  exterminan  á  indios  y  africanos;  pero  sufren 
derrota  tras  derrota  en  campaña  contra  loa  boers. 

La  experiencia  les  enseña  que  la  guerra  contra  pueblos  qne 
edén  y  quieren  defenderse  ea  peligrosa  y  cuesta  muclios  mi- 
llones, aun  tratándose,  no  ya  de  boers,  sino  de  tagalos;  por 
to  afirma  Leroy  Beaulieu  qne  ♦la  invasión  de  la  América  la- 
;na  por  la  América  anglosajona  no  podría  efectuarse  por  me- 
dio de  la  conquista  brutal*.  No  temei  pues^  la  invasión  armada; 
pero  sí  la  infiltración  de  capitales  y  de  emigi-antes  de  la  América 
,el  Norte  en  la  América  española.  Para  evitarlo,  recomienda  á 
Repáblicas  de  origen  latino  <(orden  y  buen  gobierno  en  el 
terior,  paz  entre  todas  ellas  y  estrechas  velaciones  econórai- 
y  financieras  con  Europa,  de  la  que  nada  tienen  que  temer». 
No  hay  que  desatender^  ciertamente,  tan  juiciosas  recomen- 
rOiones;  pero  opino  que  tampoco  es  probable  esa  invasión  de 
igrantes  anglos  desde  la  América  septentrional  á  territorios 
la  América  latina*  Ko  llega  á  í)  habitantes  por  kilómetro 
ladrado  la  población  de  los  Estados  Unidos  del  Norte,  ni 
5  por  kilómetro  cuadrado  si  tomamos  en  cuenta  además  la 
tensión  y  población  del  dominio  inglés  del  Canadá;  tienen 
I  pues,  ancho  campo  para  espaciarse.  La  emigración  de  la 
erica  del  Norte  hacia  la  del  Sur  señalará,  cuando  acontezca, 
decadencia  política  y  económica  de  la  gran  República,  y  la 
nsígniente  dispersión  de  sus  pobladores.  En  tales  condicio- 
,  será  inmigración  aceptable  y  conveniente;  los  20  millones 


288  Ufa   i'UKHLOH    Mlí^PANOAMUlKlOAHütí 


de  kÜóm  tetros  oaadradog  que  canstittiyeti  el  patrimonio  de  1& 
raza  latina  en  América  necesitan  poblarse  y  colonizarse. 

En  todo  caso,  ahora  y  después ,  vaya  de  doode  faere^  la 
inmigración  ea  la  suprema  necesidad  de  las  Repúblicas  hispa* 
noamericanas.  Y  si  los  inmigrantes  aportau  capitalea,  tanto 
mejor.  No  caerán  sobre  tierras  vírgenes  habitadas  por  gentes 
salvajes  ó  bárbaras ;  encontrarán  rasa  vigorosa  dominante  y 
pueblos  organizados,  á  cuyas  leyes,  idioma  y  costumbres  habrán 
de  someterse.  Emigrantes  y  capitales  se  infiltrarán  en  la  iuné* 
rica  latina,  como  el  agua  se  infiltra  en  la  tierra ,  para  aumentar 
su  fuerza  productiva.  Y  tráigase  el  agua  de  donde  quiera,  las 
plantas  son  siempre  las  propias  del  terreno  y  del  clima,  y  donde 
nacen  quedan. 

Grana  terreno  la  idea  de  establecer  aproximaciones  6  alian- 
zas entre  las  Repúblicas  hispanoamericanas*  No  ha  mucho  la 
PolUischc  Coi^respondenz^  de  Viena,  llamaba  la  atención  sobre 
ello.  Quien  examine  de  cei-ca  la  política  internacional  que  des- 
arrollan las  principales  naciones  sui'amerieanas,  tendrá  que 
convenc-erse  de  que  se  está  tramitando  una  inteligencia  contra 
las  veleidades  de  la  tutela  norteamericana;  pensamientOi  pí^r 
cierto,  muy  puesto  en  razón,  pues  ya  va  siendo  preciso  preca- 
verse contra  el  peligro  que  ofrece  el  coloso  del  Norte. 

Se  ha  comentado  mucho  el  tratado  ó  alianza  secreta  que 
pactaron  Chile,  Colombia  y  El  Ecuador,  y  de  cuya  existenoía 
ya  había  noticia  en  1902.  Se  supuso  entonces  que  ase  pacto  obe- 
decía al  propósito  de  Chile  de  tomar  precauciones  en  previsiiin 
de  una  guerra  Con  los  argentinos.  Díjose  luego  que  se  miraba 
máiS  lejos^  porque  en  la  América  del  Sur  se  comprendía  la  nece* 
sldad  de  irse  preparando  para  contrarrestar  cualquiera  de  las 
posibles  veleidades  del  coloso.  El  hecho  es  que  allá,  en  el  Norte, 
no  dejó  de  inspirar  el  tratado  algún  recelo^  y  hay  quien  sospe- 
cha  que  el  New  York  Herald  hizo  saoriticios  de  bastante  oonsi^ 
deraeión  para  obtener  el  texto.  Tin  pe&'iódico  de  Chile,  Bl  Jlhr- 


LA  RAZA  HISPÁNICA  BN  AMÉRICA  289 

curiOf  refirióse  á  él,  y  aseguró  que  su  alcance  se  limita  á  estre- 
char la  amistad  y  fomentar  el  comercio  entre  los  pueblos  del 
Pacífico  suramericano,  y  que  su  principal  objeto,  por  parte  de 
Chile,  no  era  otro  que  abrir  fácil  salida  á  los  productos  del 
país  para  llevarlos  á  los  Estados  Unidos  por  la  vía  de  Panamá. 
En  las  demás  Eepúblicas  no  ha  sido  mal  acogida  la  alianza 
chilenooolombiana ;  los  mismos  peruanos  la  consideran  como 
garantía  de  solidaridad  que  podrá  favorecer  á  todos  los  pueblos 
latinoamericanos . 

¿Hay  idiomas  argentino,  peruano,  chileno,  etc?  Es  éste, 
tiempo  hace,  tema  de  discusión  entre  los  hispanoaníericanos . 
Algunos  escritores  de  Buenos  Aires  sostienen,  con  evidente 
apasionamiento,  que  hablan  una  lengua  bastante  distinta  de  la 
española,  que  merece  ya  tener  su  nombre  propio  para  diferen- 
ciarla de  aquélla;  replican  otros  que  la  diferencia  sólo  aparece 
en  los  que  no  saben  hablar  ni  escribir  bien  el  castellano.  Tercia 
discretamente  en  el  debate  el  Dr.  Pellegrini,  y  nos  dice  que 
habrá  un  idioma  argentino;  llegará  un  día  en  que  el  español 
sea  una  lengua  clásica,  como  el  latín,  después  de  haber  servido 
de  tronco  común  á  idiomas  nuevos,  entre  los  cuales  se  distin- 
guirá el  argentino,  que  seguramente  será  muy  distinto  del 
mexicano. 


19 


LOS  EUROPEOS  EN  AMÉRICA 


La  oolonixaclon.  -  El  comercio.  ^  L^s  empresas  flnftncLeras,  induAtrimleB, 
agricolfts,  ütc—  Papel  stjfj  un  diario  de  los  yanquis  en  Atnériea  <:on  relaciSn 
d  Europa.  -Dogarrollo  ile  la  inñuou'^U  alemana.  -Laxos  de  Bfeuto  y  de  la- 
ttteñta  entre  el  Nuevo  y  el  Antiguo  Mundo,  • 


Es  intolerable,  por  falta  de  fandanientOi  la  pretensión  que 
los  yanquis  tienen  de  ejercer  La  exclusiva  en  los  asuntos  de 
América. 

En  la  mayof  parte  de  las  Llepáblioas  de  la  America  del  Sur 
y  del  Centro,  la  colonia  extranjera  de  origen  yanqui  es  insig- 
nificante. Citaremos  algunos  diitos.  En  Venezuela  hay  14.000 
españoles,  6.000  ingleses,  4.000  holandeses,  3.0(X)  italianos^ 
2.500  franceses  y  1,000  alemanes:  los  yanquis  son  2y(X  En  la 
Argentina,  eu  el  Uruguay,  en  el  Paraguay  y  en  otros  Estados, 
ni  siquiera  dau  loa  censos  el  número  de  individuos  de  origen 
norteamericano;  sou  tan  pocos»  que  figuran  euglobados  eu  <tna* 
cionaUdades  varias».  Sólo  en  México  aparecen  en  segunda  lí- 
nea, después  de  lo?  españoles;  son  éstos  12.200,  aquéllos  10.200. 

Ni  tampoco  desde  los  puntos  de  vista  económicos  han  conse* 
guido  los  mercaderes,  los  industriales  y  los  capitalistas  yanquis 
imfionerse  á  los  europeos  en  América.  México  apartOj  donde 
la  inmediata  vecindad  de  la  Unión  de  Washington  y  otras  cau- 
sas  iJau  el  primer  lugar  al  comercio  con  la  República  anglo* 
americana,  exceptuando  también  algunas  Repúblicas  del  Cen- 
tro, en  los  demás  países  del  Nuevo  Mundo  predomina  el  comer* 
cío  europeo, 

En  la  misma  Am^érica  Central,  en  Nicaragua,  el  comet'cio 


292  T.OS   PlIlüBLOS    UISPAX()A.MKRICAN08 


inglés  (l:3i:.450  libras  esterlinas)  (1)  sii|)era  al  de  los  yanqais 
(311.900),  y  Alemania  (277.000)  se  acerca  al  de  éstos.  En  El  Sal- 
vador, Inglaterra,  Francia  y  Alemania  juntas  (9.13G.000dóllars) 
representan  casi  el  doble  que  los  Estados  Unidos  (S.IOO.OOO). 
En  el  comercio  argentino  éstos  figuran  después  de  Inglaterta, 
Francia,  Alemania,  Italia  y  Bélgica,  cuyo  comercio  total  suma 
213  millones  de  pesos;  es  decir,  unas  17  ó. 18  veces  más  que  el 
tráfico  yanquiargentino  (2).  En  Chile,  el  comercio  inglés  está  re- 
presentado por  155  millones  de  pesos;  el  alemán,  por  51  millo- 
nes, y  el  de  los  yanquis,  por  15,  igual  al  de  Francia.  En  el  Pera, 
el  valor  del»;omercio  inglés  es  triple  que  el  del  yanqui  (22  400.000 
y  7.300.000  pesos  respectivamente),  y  éste  casi  igual  al  alemán 
(6.800.000).  En  el  Uruguay,  Inglaterra,  Francia,  Bélgica  y 
Alemania  aparecen  sobre  los  Estados  Unidos  del  Norte:  & 
2.900.000  í)esos  oro  asciende  el  comercio  de  éstos;  el  de  aque- 
llas naciones  es  en  total  de  29.700.000:  Italia  y  España,  con 
2.8B0.000  y  2.213.000,  igualan  casi  á  los  Estados  Uñidos. 

Sobre  todo,  en  el  comercio  de  importación,  la  inferioridad  de 
los  Estados  Unidos  con  relación  á  Europa  es  tal,  que  sólo  le 
corresponde  la  octava  parte  de  las  importaciones  que  se  hacen 
á  las  Repúblicas  de  la  América  del  Sur.  De  los  327.000.000  de 
dóllars  que  aquéllas  saman,  105.000.000  son  la  parte  de  Ingla- 
terra; 41.000.000  la  de  Alemania  y  42.000.000  la  de  los  Estados 
Unidos  (3). 

Y  en  las  grandes  emi)resas  financieras  é  industriales,  labo- 
reo de  minas,  explotaciones  agrícolas,  vías  de  comunicación  y 
otras  obras  de  interés  público,  no  van  á  la  zaga  de  los  capitales 


(1)    DMtosde  1901'. 

(2i-  En  ]oa  nuevo  priinoros  meses  de  190J>  el  comcirio  de  los  Estados  Unidos 
con  la  Argentina  filé  el  (5  por  loo  del  comercio  total  de  esta  República.  Al  co- 
mercio con  1  ti ^-la térra  corrospondló  el  23i)iir  ICO;  al  francés,  el  12'.50  por  100? 
al  aleniiin,  el  Iti  por  10')  y  al  helí^a  el  7  por  100. 

(H;  Cor,i„ii:rce  of  La  fin  A„¿e.'ira.  A  brief  statistical  Remeír  prepared  and  pu- 
hlished  hy  Ihn  P/iil'(ff''lj)Iii,'  f'ij;i  ,/crcial  Mi'.senm:  1903,  20  páginas. 


■JÁ 


LOS   EUROPlflOg    UN    AlMLiiai,  V 


jys 


yanqaÍR^  los  capitales  europeos.  Basta  recordar  qile  los  estudios, 
proyectos  y  primeros  trabajos  para  llevar  á  cabo  la  obra  magna 
á%  América^  el  canal  interoceánico,  en  Europa  se  Iniciaron,  j 
Bnropa  fué  la  que  aportó  la  mayor  parte  de  los  recursos  y  ele* 
mentos  necesarios  para  acometer  la  empresa.  La  acción  de  loe 
Bstados  Unidos  se  redigo  á  entorpecer  y  diHcultar;  cooperaron 
eB  «1  fracaso  de  Panamá,,  y  si  no  hay  aún  ooraunicücióii  entre 
los  mares  Atlántico  y  Pacífico  por  el  centro  de  América,  culpa 
eÉ  de  los  gobiernos  de  Washington. 

XfBS  contiendas  políticas  y  la  guerra  en  las  Repúblicfts 
hispanoamericanas  ocasionan  mayor  perjuiolo  á  loa  intereses 
de  nacionalidades  europeas  que  al  t^apítiil  y  al  tráfico  de  los 
norteamericaiiofeí.  Hasta  tjn  la  Am<^ricft  central,  considerada  en 
conjunto,  es  muy  secundaria  la  intervención  económica  y  ñnan* 
ciera  de  los  yanquis.  Concretándose  á  Francia^  sostenía  Mon- 
sieiir  MoulemanSf  Director  de  la  Revne  DiplomMitpie^  de  Parísg 
qne  la  influoncia  francesa  en  la  América  del  Centro  puede  es» 
timarse  como  preponderante.  Más  de  HOO  millones  de  francos 
están  comprometidos  en  empréstitos,  ferrocarriles  y  grandes 
empresas  agrícolas,  sin  contar  los  1,500  millones  (¿ne  representa 
el  canal  de  Panamá, 

También  Alemania  acrece  su  influencia  en  esta  región 
americana,  sobi^e  todo  en  Guatemala,  donde,  segim  el  Cónsul 
general  de  los  Estados  Unidos  en  esa  Bepúblicaí  es  el  capital 
norteamericano  el  primero  con  relación  á  Ips  ferrocarriles^ 
pero  en  cuanto  al  comercio,  los  alemanes  figuran  en  jo  imera 
linea* 

Segi^iD  datos  recogidos  por  el  Vicecónsul  de  los  Estadoa 
Unidos  en  Francfort,  el  capital  alemán  empleado  en  la  expío* 
tftción  de  varios  negocios  en  Centro  América  asciende  á  60  mi- 
llo u  es  de  pesos <  740*000  acres  de  terreno  son  plantaciones 
alemanas,  y  el  tráfico  y  las  comunicaciones  entre  Alemania  y 
la  América  central  están  en  poder  de  compañías  marítimas 
gerináinoatri, 


29á  LOS    l'UKBLOS    HISPANOAMERICANOS 

En  Bolivia,  el  comercio  con  Alemania  adquiere  de  día  en 
día  mayor  desarrollo.  Casi  la. mitad  de  la  total  importación  en 
la  República  es  de  productos  alemanes,  gracias  al  servicio  re- 
gular que  hacen  entre  Hamburgo  y  el  Pacífico  importantes 
compañías  de  navegación,  y  al  perseverante  trabajo  y  hábil 
propaganda  de  casas  alemanas  establecidas  en  el  país,  cuyos 
representantes  forman  parte  de  las  Cámaras  ó  instituciones  de 
comercio  bolivianas. 

A  la  vez  aumentan  las  colonias  de  alemanes  en  varias  Re- 
públicas suramericanas,  sobre  todo  en  los  Estadps  del  Sur  del 
Brasil,  donde  los  germanos  tienden  á  constituir  la  población 
dominante,  y  como  conservan  sus  costumbres,  un  gran  afecto 
á  su  patria  de  origen  y  el  propio  idioma,  esos  Estados  se  van 
poco  á  poco  desnacionalizando.  En  Santa  Catarina  casi  el 
30  por  100  de  sus  habitantes  son  alemanes  ó  de  origen  alemán, 
y  no  hablan  portugués.  La  inmigración  ahora  no  es  mucha, 
pero  se  reproducen  de  modo  extraordinario.  Hay  numerosos 
matrimonios  que  tienen  de  10  á  15  hijos.  La  colonia  Blumenau 
vieue  doblando  su  población  cada  diez  años. 

Recientemente,  un  Sindicato  de  colonización  alemana  ha 
adquirido  en  Río  Grande  del  Sur,  á  lo  largo  del  río  Taquary, 
í).500  kilómetros  cuadrados  de  tierras,  y  se  propone  construir 
ferrocarriles  para  enlazar  esta  nueva  colonia  con  las  demás 
alemanas  ya  establecidas  en  el  mismo  Estado.  Aspira  el  Sindi- 
cato á  derivar  hacia  estas  comarcas  del  Brasil  la  corriente  de 
omigracióii  alemana  que  ahora  va  á  los  Estados  Unidos  del 
Norte. 

Las  iniciativas  y  perseverantes  trabajos  de  Alemania  para 
imanar  influencia  en  Aiut''rica,  molestan  sobremanera  á  los  j^an- 
quis,  cuya  ])rensa,  especialmente  los  periódicos  que  defienden 
la  política  imperialista  y  de  dominación  económica  en  el  Nuevo 
!Mundo,  se  revuelve  airada  contra  los  alemanes  y  aprovecha 
toda  ocasión  de  zalierir  á  su  Gobierno  y  á  su  Emperador.  Y  á 
tal  extremo  lleva  su  agresivo  lenguaje,  que  el  Embajador  ale- 


LOS   BUR0PE08    EN    AMÉRICA 


2Í)5 


man  eu  Washington  tuvo  que  llamar  la  atención  del  Ministro 
de  Relaciones  exteriores  de  la  República  sobre  loa  inconve- 
nientes que  la  actitud  de  esa  prensa  ofrecía  para  el  manteni- 
miento de  la  buena  amistad  entre  ambos  Estados. 

En  cambio,  á  los  brasileños  no  parece  que  les  preocupa  la 
¡situación  preponderante  que  van  tomando  en  la  República  los 
colonos  alemanes.  Sus  periódicos  hablan  de  vez  en  cuando  del 
«peligro  alemánjfr;  pero  los  gobernantes  y  el  país,  en  general, 
no  lo  temen,  porqae  comprenden  loa  inmensos  beneficios  que 
reportan  la  inmigración  y  colonisiación  como  medios  de  pro- 
greso material  y  moral.  A  medida  que  aumenta  la  población,  y 
se  fomentan  cultivos  é  industrias,  y  se  desarrollan  el  trabajo 
y  la  riqueza,  y  se  crean,  en  suma,  intereses  económicos,  el 
orden  se  impone  en  la  yida  social  y  son  menos  frecuentes  loa 
di^iturbios  políticos  y  movimientos  revolucionarios.  Por  ley 
natural,  el  orden  y  la  paz  interior  favorecen  y  estimulan  el 
mi.s  rápido  progreso  de  aquellos  intereses. 


La  fórmula  de  «Amé rica  para  los  americanos»,  en  el  sen- 
tido que  hoy  le  dan  las  gentes  del  Norte  de  ese  continente^  las 
que  se  han  apropiado  el  nombre  de  americanoif^  ni  significa 
una  realidad,  ni  puede  expresar  un  ideal.  Esas  Américas  del 
Centro  y  del  Sur  prosperan  y  se  engrandecen  principalmente 
gracias  á  sus  relaciones  con  Europa,  que  poco  á  poco  las  va 
ayudando  á  poblar  y  explotar  sus  vastos  y  fértiles  territorios, 
y  qtie  mantiene  con  ellas  tráfico  importantísimo,  reforzándose 
asi  los  lazos  de  afecto  y  de  intereses  que  unen  al  Nuevo  Mundo 
con  el  Antiguo. 

Si  alguien  Iva  de  intervenir  en  los  conflictos  que  surjan 
entre  los  Estados  liispanoamericanos^  sobre  todo  para  procu- 
rar avenencia  y  restablecer  la  paü,  son  las  naciones  europeas 
las  que  mejor  derecho  tienen,  y  no  deben  tolerar  (jue  se  inter- 
pongan los  Estados  Unidos,  como  no  sea  en  el  lugar  secundario 
<jne  les  corresponde. 


29G  LOS  PUBBLOS   HISPANOAMERICANOS 

De  día  en  día  habrán  de  ir  perdiendo  prestigio  en  América 
esos  yanquis,  cuyo  imperialismo  tiene  que  producir  sus  natu- 
rales efectos.  Los  hispanoamericanos  ya  no  pueden  considerar 
á  la  gran  República  de  Washington  como  modelo  de  pueblo  li- 
bre, justo  y  progresivo,  ni  como  amparo  contra  tentativas  de 
colonización  ó  conquista  por  parte  de  las  potencias  europeas. 
Se  apartan  de  ella,  porque  comprenden  que  es  su  mayor  ene- 
migo, y  tienden  á  establecer  más  íntimas  relaciones  con 
Europa,  en  la  que  hallarán  seguramente,  cuando  la  ocasión  sea 
oportuna,  sostén  y  defensa  contra  aquél. 

El  nuevo  estado  de  cosas  que  se  inicia  en  América  es  fruto 
de  la  política  de  Mac  Kinley.  Si  hoy  los  historiadores  encuen- 
tran las  raices  de  la  decadencia  de  España  en  los  mismos  días 
de  Carlos  I  y  de  Felipe  II,  en  los  tiempos  de  Mac  Kinley  y 
Roosevelt  habrán  de  investigar  los  historiadores  del  porvenir 
el  remoto  origen  ó  causa  primera  de  la  disolución  y  ruina  de 
los  Estados  Unidos  del  Norte  de  América. 


FIN 


1 


■.!j 


Índice 


Pá«». 


Prólogo* 


5 


13 


SO 


Cuba. 

Í-Lii  intervención  yanqui.— El  censo  ña  población.- Tí ecesld a d  de 
repoblar  la  isla. -La  intníirrBción  espiiñola.— Valor  del  elemento  es- 
pañol  en  Cubi,.— Los  partidarios  de  la  aüexidn  á  los  Estados  ünidoe. 
.—Situación  politico.  de  Cuba  en  1901 »— La  Asamblea  Constitu- 
yente,-Loa  partidos.— Anexionistas  y  naoíonallRtas.-  La  Conati- 
tQción  cabana.— La  enmienda  Ptstt.— Ejtigeneias  y  tenacidad  del 
Gobierno  de  Wíishingrton,— La  Repi^blica  de  Cuba ,,.. 

NIU.— Laa  elecciones  presidenciales.— Tomás  Estrada  Palma:  su  slgniñ- 
I      eaciÓD  y  ana  propósitos.— Política  de  unión  y  de  armonía  entre  los 
I      eletneutos  español  y  cubano*— Un  decreto  de  Wood  .—Trabajos  dé 
saneamiento . ...<,....* 

IV.— Estrada  Palma  en  la  flabana.— Fin  de  la  intervención  directa  de 
los  yanquis.— »La  colonia  española»— El  problema  económico  en  re- 

Ílaeíón  con  la  actitud  y  política  de  los  Estado»  í'nlil  is,  — Fin  ifs  in 
primera  legislatura 
—La  situación  financiera  en  1903.— La  lotería  umioimi.  Ki  empréa- 
tito  y  el  ejército  libertador.— Asomos  de  rebelión. ^La  isla  de 
Pinos  y  laa  estaciones  navales  yanqnia  cu  Cuba... B4 
.—ííegocificlón  del  empréstito.— Nuevos  impueetoa.- Reconstitución 
de  la  riqueza  de  la  Isla.- £1  problema  de  la  inmigración.— Instruc- 
ción pública.— Tratado  de  reciprocidad  comercial  con  los  Kstados 
L'nidoB, .,,.,.. .....I.,      89 

PuertiO  Bico. 

población  y  su  estado  actual.— La  miseria^  el  hambre  y  la  emigra- 
ción,—Portorriqueños  al  Paclflco.—Falta  de  aptitudes  colonizado- 
ras de  los  yanquis.- Régimen  político,— La  Inmoralidad  de  la  .\d* 
mi  Distrae  ion.  — Comparación  entre  Puerto  Rico  provincia  ó  parte 
de  la  Nación  española,  y  Puerto  Rico  tiranizada  por  los  yanquis,,      45 


SO 


Indios 

Págg 


Bepúblioa  Dominicana. 

Conflictos  ecooómicos.— Propósitos  de  anexión  á  los  Estados  Unidos.— 
Nuevas  revoluciones.— Alejandro  Wos  y  Gil. —La  neutralización  de 
los  mares  dominicanos  y  los  puertos  francos.— Oposición  de  los 
yanquis.— Otra  revolución.— Gobierno  provisional 58 

Méxioo. 

I.— Prosperidad  de  esta  República.— Su  situación  en  1901.— Los  indios 
mayas 57 

n.— México  en  1903.— Vías  de  comunicación. -Empresas  de  coloniza- 
ción—Datos estadísticos.— Informe  presidencial.- Reclamaciones 
de  la  Iglesia  católica.— México  y  los  Estados  Unidos  ante  el  Tribu- 
nal de  La  Haya 60 

III.— México  en  19(».— Informes  presidenciales.— Empresas  de  coloni- 
zación: los  mormones:  los  cheroquis:  los  boers 64 

Guatemala. 

Fomento  de  la  instrucción  pública . —Comunicaciones. —Reforma 
constitucional:  la  reelección  de  Presidente.— Trastornos  geoló- 
gicos       73 

M  Salvador. 

I— Población  de  la  República.— Gobierno  del  Presidente  D.  Tomás  Re- 
galado.—Fomento  de  la  agricultura.- Ferrocarriles.— El  nuevo 
Presidente  D.  Pedro  José  Escalón.— Obras  y  servicios  públicos.— 
Reforma  de  la  enseñanza  superior.— Precauciones  contra  el  anar- 
quismo       77 

II.— El  asunto  Burrell,— La  «Compañía  Comercial  de  El  Salvador».— 
Pretensiones  de  los  yanquis.- Laudo  arbitral  protestado  por  el 
Gobierno  salvadoreño.  — Nuevas  negociaciones.— Convenio  entre  la 
República  y  la  Compañía.— Ratificación  del  Convenio  y  protestas 
de  la  Asamblea  Nacional. -El  asunto  Guirola 81 

Honduras. 

I.— Población  de  la  República,— Los  Sindicatos  norteamericanos.— 
Porvenir  del  país.— (iobierno  de  Terencio  Sierra.  -La  elección  pre- 
sidencial.—D.  Juan  Ángel  Arias  y  D.  Manuel  Bonilla. -Guerra 
civil. -Triunfo  de  Bonilla 89 

II.— El  ferrocarril    interoceánico    y  los  empréstitos:   una  deuda  de 


ÍNDIOB  299 

96.000.000  (le  pesos  oro.— Actitud,  propósitos  y  conducta  del  actual 
Presidente 96 

Nicaragua. 

Capitales  extranjeros  y  empresas  de  obras  públicas  y  colonización.— 
Nuevos  códigos.  -Tentativasrevolucionariaa.— Amnistía.— El  Pre- 
sidente y  la  Asamblea  Nacional  Legislativa 101 

Costa  Rica. 

La  frontera  con  Colombia,  según  la  sentencia  arbitral  del  Presidente  de 
la  República  francesa. -Desarrollo.de  la  producción  agrícola —Ne- 
cesidad de  facilitar  los  medios  de  transporte.— Los  plátanos  cos- 
tarricenses     106 

Política  internacional  centroamericana. 

I.— El  pacto  de  Amapala  y  los  Estados  Unidos  de /Centro  América.— 
Fracaso  de  la  Federación  y  sus  causas.— Persistencia  de  la  tenden- 
cia federativa  y  medios  de  realizarla.— Los  Congresos  jurídicos.— 
El  Congreso  de  periodistas.— Los  Congresos  de  estudiantes. -La 
Unión  aduanera 109 

II.— La  conferencia  de  Corinto  y  el  arbitraje  obligatorio. -Actitud  de 
Guatemala.— Instalación  del  Tribunal  de  arbitraje.— Hechos  que 
contrarían  la  tendencia  federativa. -Acción  común  para  evitar- 
los.—La  conferencia  de  Acajutla  y  el  afianzamiento  de  la  paz  en 
Centro  América 115 

El  Canal  Interoceánico. 

I— Los  Estados  Unidos  y  la  Gran  Bretaña  en  la  cuestión  del  canal  inter- 
oceánico.—Antecedentes:  el  tratado  Bulwer-Clayton.— Los  tratados 
Hay-Pauncefote  de  1000  y  1901.  —Nicaragua  y  Panamá.— Los  ferro- 
carriles interoceánicos 121 

II.— Proyecto  de  tratado  yanquicolombiano  para  la  construcción  del 
canal  por  Panamá.- Estado  de  la  opinión  en  Colombia.  — Desapro- 
bación del  tratado  Herrán-Hay.— Actitud  de  Colombia  y  de  los 
Estados  Unidos  —Tendencias  separatistas  en  el  istmo.- La  inde- 
pendencia de  Panamá 129 

Panaxná. 

I.— El  departamento  colombiano  de  Panamá.  -Rebelión  é  independen 


900  tNDlCIfi 

PAgs. 

oia:  la  Bepúbliea  de  Panamá.-  Complicidad  é  intervención  de  los 
yanquis  contra  Colombia.— Actos  y  propósitos  del  Gobierno  colom- 
biano. -  Circunstancias  desYentajosas  para  la  construcción  y  explo- 
tación del  canal , ÍJCfí 

II.— Preparativos  bélicos.— Gestiones  conciliadoras. -El  Centro  colom- 
biano de  París  y  la  misión  del  General  Reyes  en  Washington.— 
Criterio  de  algunos  Senadores  yanquis.— El  contrato  Hay-Varl- 
Ua.— £1  reconocimiento  de  la  República  de  Panamá  y  la  deuda  co- 
lombiana     146 

Colombia.  ' 

Guerra  civil.— Deplorable  situación  del  país:  el  comercio  y  los  cam- 
bios.—Esfuerzos  del  Gobierno  para  restablecer  la  paz.— Interven- 
ción de  losy|inquis.— Fin  de  las  hostilidades.— La  Presidencia  de 
la  República 151 

Venezuela.  ' 

I.— El  Presidente  D.  Cipriano  Castro.— Cuestiones  ó  conflictos  eco- 
nómicos con  los  yanquis.- Participación  de  colombianos  y  vene- 
zolano»  en  sus  respectivas  revoluciones  y  guerras  civiles. -Con- 
servadores y  liberales  en  América.— Intervención  indirecta  de  los 
yanquis  en  esas  guerras.— Llamamiento  á  Europa.— Aspiraciones 
á  reconstituir  la  antigua  gran  República  de.  Colombia.  -Recrude- 
cimiento de  la  guerra  civil  en  Venezuela,  y  últimos  esfuerzos  de 
Matos,  jefe  de  los  revolucionarios.— Victoriosa  campaña  de  Cas- 
tro.—Reclamaciones  de  subditos  extranjeros 167 

II.— Alianza  anglogermana  contra  Venezuela.— Actos  de  hostilidad.- 
Bloqueo  de  los  puertos  venezolanos.  —Causas  de  la  agresión.- Ale- 
mania é  Inglaterra  contra  las  aspiraciones  de  los  Estados  Unidos  á 
la  heguemonía  política  en  América  y  al  predominio  mercantil  en  el, 
mundo.— Primer  triunfo  de  Europa  sobre  la  América  yanqui,  é  in- 
fracción, tolerada  por  ésta,  de  la  doctrina  de  Monroe •  170 

III.— Los  alemanes  en  Maracaibo.— Transgresión  de  los  principios  ge- 
neralmente admitidos  en  Derecho  internacional.— Los  anglos  y  los 
germanos  rebarbarizados,  según  Spencer:  verdadero  concepto  de 
la  superioridad  de  razas.  — Fin  de  las  hostilidades.  Los  Estados 
L^nidos  en  connivencia  con  Europa  contra  una  República  ameri- 
cana.-Los  acreedores  de  Venezuela.— El  Tribunal  de  La  Haya. - 
Las  Comisiones  mixtas  y  los  arbitros.— La  reclamación  de  México 


Bometirl&Ht  urkjttrujw  del  Xisniatnjcie  hJspnña  eti  Garacas 176 

IV.— Hetiuuciu  del  í 'residen í,e  ('astro.  nó  ailmitidu  por  el  CongreBO,— 
La  ifuerra  civil  y  la  intervención  extranjera. -Aspi Paciones  coló- 
nUlesile  Altrntanía  cu  América*-* Nuevas  diipoaidoneíi  %4ohre  ex- 
tranjeros (lomicilíntlos  y  tranaeontes  eu  Venezuela, -SumUlón  y 
míáulñesto  <le  Matos. ^Últimos  trances  de  la  guerra.— El  caudillaje 
y  liis  oUg-ariiuUs  en  América ...    188 

abaJDB  {jpeodéslcos:  U  revisióü  del  arco  de  merírlliuio  meiiido  en  el 
siglo  xvtii.—Laa  vfssde  comunicación:  el  ferrocarril  de  Guayuquil 
.IQuito.— [,08  partidoR  polftíoos.-El  matrimonio  civil.^^ituación 
Hiciera..  ..^.^^ ...... „..<..,  188 

tó^ttBos  y  üHtailo  actnal  de  la  Bepüblic^.  —Los  capitales  extranjeros 
y  laa  empresas  mineras. -Líneas  fie  nayegacíón^  ferrocarrilef  y 
tranvfíia.— La  renovación  de  Presidente.— D,  Manuel  Oandarno  y 
BU  programe  de  gobierno»— Loa  pottidoa  político», ,, IflB 


DllTia. 
ITi— Laa  cueatíouee  de  límites-  — La  frontera  entre  Boliviay  el  BtubíU  — 
Antecedentes. -Resumen  de  las  nej^oclaciones  y  eatudioa  hechos 
para  determinar  aquella,  frontera.— El  país  del  Acre  y  de  U  goma 
elástica.— Las  d{fle>^acIone8  y  laa  aduanas  boliviana!^  en  eata  re- 
^<in.— Con  nieto  con  los  brasíleñoa.— La  República  del  Acre.— 
Querrá  entre  bolivianos  y  acrenses,  é  Itttervención  del  Brasil.  -Be* 
novación  de  las  nefyotilíirioneii  para  ^ar  la  línea  diviaoriBt—Loa 

trabajos  de  h\  Comiííiün  Balllvián-íJrnls.  *...,.....» ., 

J*— Nuevo  aspecto  de  la  euestidn  del  Acre.— El  Sindicato  jingloyan^ 
quf  y  el  proyecto  de  Compañía  para  la  explotación  de  eaos  territcK 
riúfl.— Reaiielta  oposición  del  BrasiL -Nueva  insurrección  ea  el 
Acre. -Carácter  y  alcance  del  contrato  con  el  Sindicato,  aegun 
Solivia. —Ventajas  é  ¡íironvenientes  6  peligros  de  las  concesiones 
á  extranjeros.  -  Transferencia  ó  venta  al  Brasil  de  loe  derecUoe  del 
Sindicato*- El  ^^/o/.'.  ri  v...//  ron  iíaUvíi.  t,m  soberanía  del  Brasil 
eaelAore.., 

t'^Xiñ.  frontera  ruíj'H  iJoinia  v  i'^rM.  -pretfjiiifiones  de  uno  y  otro 
Estado.— El  arbitraje,- Alegatos  hlatÓrico-goográflcos.-La  frfm* 


169 


%m 


^1 


302  iNDIOB 

Págra. 

tera  paraguayoboliviana.- Exploración  hidrográfica  del  Capitán 
Bolland. -Proyecto  de  unión  de  Bolivia  y  la  República  Argentina 
como  principio  de  los  Bstados  Unidos  de  la  América  del  Sur.— La 
situación  del  pais,  según  el  mensaje  presidencial  de  1903.— Candi- 
datos á  la  Presidencia. 214 

Paraguay. 

Gobierno  interino  de  D.  Héctor  Carvallo.— Relaciones  comerciales  con 
los  Estados  Unidos.— El  Presidente  D.  Juan  A.  Ezcurra.  -Su  pro- 
grama de  gobierno....... 223 

Uruguay. 

Situación  económica.— Los  partidos  blanco  y  colorado.  -Elección  pre- 
sidencial.—Movimiento  revolucionario  en  Marzo  de  1903  é  inme- 
diata pacificación. -Nueva  desavenencia  de  los  partidos  políticos,— 
Prosperidad  económica  y  financiera  —El  puerto  de  Montevideo.. . .    237 

Bepública  Argentina. 

I.— Situación  económica  del  pais.  -El  comercio  exterior.— La  produc- 
ción agrícola.— La  industria  de  carnes  congeladas.— Afluencia  de 
capitales  y  abundancia  de  oro.  —La  huelga  de  la  gente  de  mar.— La 
comunicación  fluvial  y  los  puertos.— La  inmiíirración  y  la  coloniza- 
ción: los  colonos  boers 231 

II. -La  cuestión  de  límites  con  Chile.— 'Temores  de  guerra.— La  con- 
ciliación y  los  pactos  internacionales.  — Manifestaciones  mutuas  de 
simpatía  y  amistad.— La  sentencia  arbitral  del  Monarca  inglés.— 
Bases  del  Convenio  argentinocliileno.— Las  fiestas  de  la  paz 239 

IlL— El  proyecto  de  ley  de  divorcio— El  fraude  electoral:  la  Cámara 
de  la  provincia  de  Buenos  Aires.  -El  sistema  parlamentario  y  el  ré- 
gimen representativo.— Intervención  ilegal  del  Presidente  en  las 
elecciones. — Preparativos  para  la  renovación  de  Presidente.— La 
Convención  Nacional.— El  centenario  de  la  Independencia  y  la  ciu- 
dad de  Buenos  Aires.— La  Reina  de  los  pain[)as 244 

Chile. 

I.— Relaciones  internacionales  —La  cuestión  del  Pacífico.— Aspiracio- 
nes de  Bolivia  y  Perú  á  recobrar  los  territorios  (jue  les  pertenecie- 
ron—Antecedentes. -Aprestos  militares  y  corrientes  de  inteligen- 
cia entre  aquellas  Ropúblicas  y  la  Argentina. -Posibilidad  de  la 


Índice  303 

Págs. 


intervención  amistosa  de  esta  última.— Propósitos  del  Gobierno 
chileno.— Negociaciones  con  Bolivia.— Rumores  de  anexión  defini- 
tiva de  Tacna  y  Arica  á  Chile 251 

II.— Situación  económica.— El  militarismo  y  la  decadencia  de  las  fuer- 
zas productoras.  -Nuevas  circunstancias  favorables  al  desarrollo 
de  la  riqueza  pública  —Ventas  de  tierras  y  colonización 255 

III.— Política  interior.— Nuevo  Presidente. —Los  partidos  políticos. - 
La  coalición  para  el  Gobierno.— La  cuestión  obrera  en  Valparaíso.— 
El  parlamentarismo  y  las  crisis  ministeriales.  -Esterilidad  de  la 
labor  del  Congreso a58 

El  Pais  del  porvenir. 

Las  tierras  magallánicas  y  la  Patagonia.  — La  Tierra  del  Fuego.— La 
colonia  chilena  de  Punta  Arenas.— Colonización  de  los  territorios 
chilenos.— Expediciones,  estudios  y  colonización  de  los  argentinos 
en  la  Patagonia.— Puerto  Gallegos.— La  ganadería  y  las  lanas.— 
El  valle  del  Chubut  y  sus  trigos.- Resumen:  cultivos,  animales, 
minas  y  maderas 263 

La  segunda  Conferencia  internacional  americana. 

Antecedentes.— Programa  de  la  Conferencia.  —  La  cuestión  del  arbi- 
traje.—Los  Delegados  en  la  Conferencia  reunida  en  México.  -Inau- 
guración y  tareas  de  la  asamblea.— Pretensiones  de  los  yanquis.— 
La  doctrina  «Monroe»  y  la  doctrina  «Díaz>. -Resoluciones  de  la 
Conferencia.  -Juicios  sobre  el  resultado  de  ésta  y  sobre  la  política 
internacional  americana < 271 

lia  raza  hispánica  en  América. 

Los  Congresos  científicos  latinoamericanos. -El  equilibrio  de  razas  y 
la  América  latina.  — Aproximaciones  ó  alianzas  entre  las  nacionali- 
dades hispanoamericanas.— Los  idiomas  hispanoamericanos  del  por- 
venir     286 

Los  europeos  en  América. 

La  colonización.  — El  comercio.— Las  empresas  financieras,  industria- 
les, agrícolas,  etc.— Papel  secundario  de  los  yanquis  en  América 
con  relación  á  Europa. -Desarrollo  de  la  influencia  alemana.— La- 
zos de  afecto  y  de  interés  entre  el  Nuevo  y  el  Antiguo  Mondo aíl 


1 


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LOS  PUEBLOS 
HISPANOAMERICANOS 

EN  EL   SIGLO   XX 


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LOS  PUEBLOS 
HISPANOAMERICANOS 

EN  EL   SIGLO   XX 


V-:- 


V 


LOS  PUEBLOS 
HISPANOAMERICANOS 

EN  EL   SIGLO   XX 


LOS  PUEBLOS 


HISPANOAMERICANOS 


EN  EL  SIGLO  XX 


POK 


Ricardo  Beltrán  y  Rózpide 

de  la  Real  Academia  de  la  Historia, 

Seeretario  general  de  la  Real  Sociedad  Geográfica, 

Soeio  Honorario  de  las  Geográficas  de  Colombia  y  de  Lima,  de  la  Academia  Nacional 

de  Historia  de  Colombia  y  de  la  Academia  Colombiana  de  Jurisprudencia, 

Socio  Corresponsal  de  la  de  Geografía  y  Estadística  de  México, 

Individuo  Correspondiente  de  la  Academia  Nacional 

de  Historia  de  Venezuela,  etc.,  etc. 


Segundo  trienio 


(Befundidón  y  ampliación  de  las  «Revistas  hispanoamericanas»  publicadas 
I  por  el  autor  en  La  Ilustración  Artistiea,  de  Barcelona). 


MADRID 

Imprenta  del  Patronato  áe  Euérfanos  de  Administración  lülltar. 

1907 


;.:* 


CUBA 


Cñbft  «n  1904.— El  veto  preBidencíal.— La  Bitnacfón  política  interior.- Estado 

t    económico  del  paie.— El  comercio.— España  en  el  mercado  cobano.- El 
empréstito  de  loa  S5  millone8,-El  crédito  de  la  República.— Loa  yanqnli 
y  loa  negros  cubanos. <-El  menaaje  del  Presitlente:  haberes  del  ejército 
libertador:  la  cneetión  de  braccroa:  el  ferrocannl  central:  inatrucciún  pü» 
blica:  relaciones  comercialea  j  políticas  con  loa  Estadoa  ünicldfl. 
Desavenencias  entre  el  Presidente  y  las  Cámaras,  creciente 
hostilidad  entre  los  partidos  liberal  y  moderado,  eran  la  nota 
predominante  áe  la  vida  política  ÍDteri©r  de  Cuba  al  comenzar 
I      «1  año  1904. 

kEl  Presidente  hacía  uso  del  derecho  de  veto  que  le  confiere 
Constitución  contra  acuerdos  de  los  Cuerpos  colegisladores. 
Allí,  como  en  etros  Estados  constitucionaleSi  los  Diputados 
j  Senadores  gozan  de  inmunidad  por  las  opiniones  y  votos  emi* 
tidos  en  el  ejercicio  de  sus  cargos,  y  no  pueden  ser  procesados 
por  delitos  comunes  sin  previa  autorización  del  Cuerpo  res- 
pectivo. 
I  Pero  los  Senadores  y  Diputados  cubanos  querían  mayor  pri- 

^^vilegio  aún,  y  discutieron  y  aprobaron  en  los  últimos  días  de 
^^KSOS  tina  ley  qut  establecía  procedimiento  especial  en  los  Jui- 
^  €Íos  contra  ellos  cuando  fueren  acusados  de  la  comisión  de  al 
||  gún  delito,  substrayéndolos  de  la  jurisdicción  ordinaria  de  loa 
tribunales. 


LOS   PUEBLOS  HISPANOAMERICANOS 


El  Sr,  Estrada  Palma  se  opuso  á  que  prosperase  semejante 
f aero,  que  no  se  avenía  con  la  letra  ni  con  el  espíritu  de  la 
Constitución  cubana  ni  de  ninguna  Constitución  democrática^ 
y  devolvió  el  proyecto  a  las  Cámaras. 

Poco  después  negábase  también  á  sancionar  el  proyecta  de 
Lotería  nacional,  aprobado  por  la  Cámara  de  Diputados  elSdd 
Cnero.  El  mensaje  que  con  este  motivo  subscribió  era  una  ra- 
zonada y  enérgica  protesta  contra  el  juego.  Pero,  segiin  re- 
cordó el  Sr.  Sanguilí,  no  pensaba  lo  mismo  Estrada  hace  algu- 
nos años,  cuando  en  Cayo  Hueso  se  aprovechaba  del  juege  de 
la  lotería  como  medio  de  arbitrar  fondos  para  hacer  la  guerra 
4  £spaña. 

Los  políticos  afiliados  al  partido  liberal  ó  de  oposición  que- 
jábanse del  abuso  que  liacían  de  su  poder  ó  influencia  los  coa* 
serradores  ó  gubernamentales,  Asuntos  personalísimos,  de 
actas  y  de  cargos  ó  destinos  públicos,  preocupaban  preferente- 
mente a  Senadores  y  Diputados.  iSería  muy  deplorable— escri- 
bía con  tal  motivo  el  Diario  de  la  Marina — que  cuando  tode 
marcha  bien  en  esta  joveu  nación,  producción  material,  admi* 
nistración  pública,  relaciones  entre  sus  habitantes,  crédito 
interior  y  exterior,  fuese  una  cuestión,  que  bien  ó  mal  ya  está 
resuelta,  la  cuestión  política ^  la  que  nos  pusiera  en  evidencia 
ante  los  pueblos  civilizados  del  nuevo  y  el  viejo  continentei 
que  no  podrían  explicarse  cómo  Cuba,  con  un  gobierno  ho»- 
rado,  con  una  instrucción  creciente,  con  una  gran  zafra  y  con 
una  salud  pública  inmejorable^  era  un  país  desgraciado». 

Y  en  efecto,  desde  el  punto  de  vista  económico,  no  podía 
quejarse  la  nueva  Kepública.  La  última  zafra  había  sido  ex- 
traordinaria, ¡1.200,000  toneladas!  El  país  se  iba  reponiendoi 
mucho  antes  de  lo  que  se  suponía,  del  estado  de  abatimiento  y 
miseria  en  que  quedó  después  de  la  guerra.  Las  exportaciones 
tuvieron  un  alza  de  más  de  19  millones  de  dólares  de  1899  á  190Q; 
las  importaciones  disminuyeron,  principalmente  por  la  menor 
introducción  de  ganados  en  la  iala,  en  esos  últimos  tiempos  A 


consecuencia  de  la  guerra  quedaron  casi  aniquilados  los  gana- 
dos de  toda  clase  que  poblaban  en  tiempo  de  paz  las  feraces  lla- 
nuras j  espesos  maniguales  de  Cuba,  y  ¿  reparar  esta  parte  tan 
importante  de  la  riqueza  agrícola  se  dedicaron  no  pocos  capita- 
listas>  realizando  con  ello  pingües  negocio».  En  1Í-MJ4  los  cam* 
pos  de  Cuba  volvían  á  ser  recorridos  por  centenares  de  miles  d» 
^abezas  de  ganado  de  diferentes  clases,  y  era  de  esperar  que  en 
breve  plazo  su  riqueza  pecuario,  alcanzase  la  importancia  que 
avo  siempre, 
Al  aumento  de  las  exportaciones  habían  contribuido,  en  pri- 
mer término,  los  productos  mineros,  tales  como  el  hierro  j  el 
iiafalto,  y  los  productos  agrícolas  y  ganaderos,  tales  come  fru- 
tas, cueros  crudos,  miel,  etc.,  sin  contar,  por  supuesLeí  el  azú- 
car  y  el  tabaco.  La  industria  apícola  tomaba  gran  incremento 
y  prometía  ser  una  fuente  no  insignifícante  de  riqueza  para  la 

Kla*  El  valor  de  la  miel  exportada  en  1902  ascendió  ya  á 
íl.OOO  dólares. 
En  el  comercio  general  de  Cuba  correspondía  k  España  el 
\  por  100  de  las  importacLones.  Desde  1899  Inglaterra  se  dis- 
putaba con  España  el  segundo  lugar  en  las  importaciones,  y 
era  y  es  de  temer  que  si  nuestros  comerciantes  é  indnstriales 
no  trabajan  con  tenacidad  por  conservar  y  acrecer  su  influencia 
^«n  es©  mercado,  no  sólo  los  ingleses,  sino  los  alemanes,  france- 
^His,  j  en  especial  los  yanquis,  irán  adquiriendo  lo  que  los  núes- 
tros  pierdan. 

Como  escribía  el  Cónsul  do  España  en  Cienfuegos,  D.  Ma- 
nuel María  Coll— de  cuya  última  Me/moria  Comercial  tomamos 
los  datos  que  preceden — ,  seremos  pronta  é  irremisiblemente 
Tencídos  en  el  mercado  de  Cuba  si  nuestros  comerciantes  no  re- 
^^miten  de  continuo  á  sus  compradores  catálogos  y  notas  de  pre- 
^^Bos  que  les  permitan  establecer  comparaciones  entre  precios  y 
'     precios,  entre  nuestros  productos  y  los  productos  similares  de 
DS  países;  si  no  atienden  las  indicaciones  de  esos  mismos 
ipradores  en  todo  lo  referente  á  la  manufactura,  acondicio- 


8 


LOa  PÜBBL08  PI8PAN0AMRRI0AN08 


namiento  y  presentación  de  los  artículoa;  si  no  mandan  con  fre« 
cuencia  viajantes  inteligentas  qne  los  ilustren  acerca  de  las 
alteraciones  y  novedades  de  interés  que  ocurran  en  el  mercado; 
si,  por  último,  no  inquieren  las  causas^  para  combatirlas,  á  que 
86  debe  el  qae  alganos  de  nuestros  artículos  hayan  desaparecido 
ó  estén  en  vías  de  desaparecer  del  comercio  de  esta  isla. 


El  4  de  Enero  había  aprobado  el  Senado  el  proyecto  de  ley 
para  el  empréstito  de  lo^  35  millones  de  dólares.  Los  veteranos 
del  Ejército  libertador  apremiaban  con  insistencia  en  reclama* 
ción  de  los  haberes  qne  les  fneron  reconocidos ^  y  urgía  resolver 
en  breve  plazo, 

A  principios  de  Febrero  se  temió  que  la  guerra  rnso  japonesa 
dificultara  6  impidiese  la  emisión  del  empréstito.  Pero  á  me- 
diados de  mes  la  operación  estaba  hecha;  la  tomó  á  su  cargo  la 
casa  Speyer  y  Compañía,  de  Nneva  York.  Se  emitieron  bonos 
al  90*50  por  100  con  interés  del  5  por  100,  garantidos  con  el 
15  por  100  de  la  renta  de  aduanas.  El  prestamista  no  intervenía 
en  ésta;  el  Gobierno  recaudaba  y  se  comprometía  á  situar  opor- 
tunamente fondos  para  el  pago  de  capital  é  intereses,  El  plazo 
de  amortización  era  de  cuarenta  años.  En  todo  el  año  debían  en- 
tregarse los  35  millones,  cobrándose  la  casa  Speyer  una  buena 
e omisión.  Pocos  días  después,  los  banqueros  E,  TJpman  y  Com* 
pañía,  agentes  del  empréstito,  vendían  los  bonos  á  96'50porlOOj 
ó  sea  con  un  6  por  100  sobre  el  tipo  de  emisión. 

Marchaba  bien,  pues,  el  crédito  de  la  República.  Los  ban- 
queros yanquis  facilitaban  los  empréstitos  y  demás  operaciones 
financieras  del  Gobierno,  con  lo  que  éste  podía  cubrir  las  más 
apremiantes  necesidades,  una  de  las  cuales^  y  muy  imperiosa, 
era  el  pago  de  las  indemnizaciones  y  sueldos  debidos  con  ooa- 
flión  de  la  guerra  de  independencia. 

Claro  es  que  por  este  medio  los  Estados  Unidos,  principales 
acreedores  dje  Cuba,  afirmaban  y  robustecían  su  influencia  en  la 
isla,  en  la  qne  pretenden  imponer  hasta  sus  costumbres,  por  más 


CUBA 


ue  algunas  pugnen  con  el  espirita  democritico  y  con  los  sen» 
mientos  humanitarios  de  la  raza  española  y^  en  general,  de  la 
raza  latina.  Nos  sugiere  esta  observación  la  lectura  de  periódi- 
cos cubanos  y  centroamericanos  en  los  que  se  formulaba  sentida 
protesta  contra  yanquis  residentes  en  Cuba  que  se  niegan  á  todo 

¡trato  con  los  hombres  de  color,  citándose  especialmente  el  caso 
Be  un  yanqui  fondista  6  dueño  de  hotel  que  no  consentía  que  ne- 
gros ni  mulatos  se  hospedaran  6  comiesen  en  su  establecimiento. 
«Tales  desmanes— exclamaba  uno  de  esos  periódicos— no  deben 
plerarse  en  la  tierra  que  regaron  con  su  sangre  los  Maceos  para 
Bvantar  el  edificio  de  la  Hepública  democrática'». 
I  En  20  de  Octubre  terminó  la  legislatura.  La  labor  de  las  Cá- 
maras fué  insignificante;  habíanse  perdido  siete  meses  á  causa 
de  la  abstención  de  las  oposiciones»  La  concesión  de  loa  crédi- 
toíí  necesarios  para  obras  públicas,  higiene,  fomento  de  la  inmi- 
gración, etc.,  etc.,  quedó  para  la  legislatura  siguiente^  que 
empezó  el  7  de  Noviembre. 

El  El  Presidente,  en  su  mensaje,  mostrábase  muy  satisfecho 
por  el  buen  nombre  y  crédito  de  que  gozaba  la  República,  por 
la  afluencia  de  capitales  extranjeros  y  por  el  progresivo  des- 
■rroUo  de  los  distintos  ramos  de  la  industria  agrícola. 
B  El  estado  sanitario  del  país  era  bueno:  la  mortalidad  en  el 
último  año* había  sido  de  16^87  por  1.000  en  toda  la  isla; 
de  21 '20  por  l.OOfJ  en  el  término  de  la  Habana  durante  los  me- 
ses transcurridos  de  1904.  Como  siempre,  la  tuberculosis  es  la 
enfermedad  que  más  víctimas  causa* 

El  6  de  Octubre  había  empezado  la  entrega  de  cheques  (4  la 

rden  de  las  sucursales  del  Banco  Real  del  Canadá)  en  pago 

[el  50  por  100  de  los  haberes  de  soldados,  cabos  y  sargentos  del 

Sjército  libertador  que  no  habían  vendido  sus  abonarés.  En  el 

día  en  que  se  leyó  el  mensaje  la  deuda  liquidada  ascendía  á 

.768.420  pesos. 

Después  de  pagar  ese  60  por  100  aún  quedaban,  pues,  pesos 


10 


LOB   PUBBLOS   HlSPANOAMRKlCÁNOS 


28. 500, 0(XI  sin  saldar,  y  como  de  la  liquidación  de  los  presu- 
puestos venideros  sólo  resultarían  modestos  sobrantes,  no  ha- 
bría medio  de  atender,  sin  arbitrar  nuevos  y  especiales  reeur- 
sos^  al  pago  de  dicha  obligación.  El  Presidente  proponía  que 
se  aplicase  á  ella  parte  del  producto  de  los  impuestos  creados 
para  cubrir. el  empréstito  de  35  millones;  pero  lo  que  por  este 
concepto  se  retuviera,  sólo  permitiría  contratar  un  nuevo  em* 
prestito  de  11  millones.  Si  se  pasa  de  esta  cantidad,  será  muy 
difícil  que  pueda  Cuba  pagar  los  intereses.  Trátase,  pues,  de  un 
problema  financiero  que  preocupaba^  con  razón,  á  los  gober- 
nantes de  la  República, 

Otra  cuestión  de  capital  importancia  para  el  presente  j  por- 
venir de  la  isla  es  la  de  braceros.  De  la  cosecha  del  año  anterior 
quedaron  más  de  100.000  toneladas  de  caña  sin  cortar,  por  no 
haber  suficiente  número  de  trabajadores.  Se  esperaba  en  este 
año  cosecha  mayor  y  se  insistía  en  la  urgente  necesidad  de 
atraer  inmigrantes,  gente  sana  y  robusta,  y  sobre  todo  familias 
dispuestas  á  establecerse  en  el  campo.  A  inmigrantes  de  tales 
circunstancias  hay  que  tratarlos  y  pagarlos  muy  bien,  y  para 
esto  hacia  falta  votar  créditos  de  alguna  consideración. 

Aún  se  imponía,  j  también  con  caracteres  de  urgencia,  otra 
obligación  que  ha  de  pesar  sobre  el  Tesoro  cuba  ti  o.  La  Empresa 
del  ferrocarril  central  había  hecho  maravillas;  en  treinta  me- 
ses abrió  comunicación  entre  Santiago  de  Cuba  y  Santa  Clara; 
700  kilómetros,  sin  que  el  Estado  cooperase  con  un  centavo  ni 
con  privilegios  ni  compensaciones  de  ningún  género.  Pero  tal 
esfuerzo  agotó  los  recursos  de  la  Compañía;  la  «The  Coba  Rail- 
road  Company»  debía  muchos  miles  de  pesos^  el  tráfico  no  era 
remuneratorio,  y  aqnélla  estvivo  á  punto  de  suspender  el  servi- 
cio. Para  evitarlo,  propuso  el  Presidente  que  el  Estado  se  com* 
prometiera  ¿  pagar  los  intereses  de  la  deuda  de  la  Compañía. 

Al  ramo  de  instrudción  pública  se  concedía  gran  importan* 
cía»  Más  del  '20  por  lOO  del  total  del  presupuesto  de  gastos  se 
destinaba  á  la  educación  del  pueblo.  Notábase,  sin  embargo,  nn 


vacío  en  lo  que  se  reñere  al  magistenor  aún  no  habfa  Escuelas 

Normales  de  Maestros, 
^^  El  tratado  de  reciprocidad  comircial  con  los  Estados  Unidos 
^B»  surtía  todos  los  efectos  que  se  presumieron  en  cuanto  al  au- 
^Haento  de  las  exportaciones  yanquis  á  Cnba.  Esta  les  vendía 
^■biucbo  más  qne  les  compraba.  En  los  mercados  europeos  en* 
^^kentrati  los  cubanos  bastantes  artículos  mejores^  más  baratos 

y  más  acomodados  á  sus  gastos. 

El  1.'**  de  Jallo  se  canjearon  en  Washington  las  ratificaoio- 

oes  del  tratado  de  22  de  Mayo  de  1902^  de  relaciones  políticas 

entre  Cuba  y  los  Estados  Unidos,  Como  consecuenciaj  quedó 

implícitamente  eliminado  de  la  Constitución  cubana  el  apéndice 
I 

í  contiene  las  prescripciones  de  la  ley  Platt. 


II 


Cüb»  en  1906.— Los  partido*  políticos.— La  «ituación  ooonómtcR,— El  mensaje 

Ípresidcecial  de  Abril:  la  Hacienda,  el  comercioj  los  bruceros,  el  poder  ju- 
I   dicialf  Ia  instrucción  pública,  efct*.— PreümiDarea  de  la  elección  presíden- 
I    dal  y  elecciones  generales. — Loa  yaDquis  de  la  isla  de  Pinos, 
UCOJ 
pera 
AY1    a 


Se  exacerba  en  este  año  la  rivalidad  entre  los  partidos  poli- 

Ácos  de  Cnba.  El  nacional  y  el  moderado,  6  sea  radicales  ó  li> 

rales  y  conservadores,  se  hacen  guerra  sin  cuartel. 

No  los  dividen  y  enemistan  ideas  ó  principios  de  gobierno; 

en  el  fondo,  aunque  otra  cosa  aparenten^  no  hay  más  que  odios 

ó  antipatías  personales^  ambiciones  poco  nobles.  Tomar  buena 

liarte  en  el  reparto  del  presupuesto^  ocupar  destinos  públicos 

altas  posiciones  oficiales,  es  la  aspiración  predilecta  de  los 

las  de  los  políticos, 

Se  censuraba  al  Generalísimo  de  la  revolución  porque  había 

recibido  277.000  pesos  entre  sueldos,  regalos  y  gratifiraciones. 

íien  es  verdad  que  también  muchos  creían  que  eso  y  bastante 

aás  mereció  el  gran  Máximo  Gómez,  y  qae  sólo  espíritus  ruines 


„  envidiosos  podían  veg^^^^^,,  de  Ca^-  ,„.  Bl  PresV 

dente.  .-  ^«^^^^^  ^s  í  -  ^^^"  ^l*    nvin-pioB-»*^ '>*'"", 

T,a  crisis  f vie  ^^         ^^.vtui^o  con  itici^^ 

^.uevo  aoU.no,  consU.  ^,  ,,„auocV6n  de  a..c. 

sldente.  .  ^^,^  era  buena.  La  P  g^^^,^  en 

,cK)4  e%»«¿^*  ""       TloB  F^stados  ÜB^d"«'  ^   ,ecU>tocidad 
tando  tnncho  '»"^. ''",  „,asi  los  cubanos  ^  ^^^^,,,0 

elerci^U---;::: aa  .*Ptin.a  ^«^^^^ jábalos p.O' 
^,  3  de  Abnl  --;^^^,,,,te  en  ^  7;;tdn.im^i.aci6n  pí^"^ 
^.clonaUubano^E^J      ^^^^^^  -»^:'^' «didas  toncadas  pa.a 

lica  y  el  «^-^^'^^V;,  condiciones  de  salnb.  ^    ^^  ^^^^ 
Inservar  y  -30-   ;^^^,^,  -^^^te^do  delaHacie^^^ 
íAostribase  gran  ^^^^s.  etc.  El  es  ^^  ^^^,a«te 

f..o.--^^--^^".T  :;    de  Ua..o  ^^"-;%.  gene^ales 
„a  n.«y  h'^^'^S^''""  :"    U.S  de  cubiertos  lo«  »  de 

de  10.164,000  P--^f  :,„He  de  lo»  ^-"l^cito  liberta- 
de  la  na.i6n.  ^"^^^1  ^  ^«-'^^^f  T^ÍiEiltades  .- - 

-rema  P^^-     ..entaba... --r.o:¿ 
del. 600.000.  ^^ 


^n^ 


Como  es  sabido,  el  azúcar  y  el  tabaco  forman  la  gran  masa 
de  la  exportación  cubana:  54.000.000  y  25,000. 00<)  pesos,  respec- 
tivamente, en  1904, 

Los  Agentes  consulares  de  Cuba  en  España  seg^uian  traba- 
ndo para  reclutar  braceros,  principalmente  en  nuestros  parti- 
os rurales,  Durante  el  segundo  semestre  de  1904  llegaron  al 
puerto  de  la  Habana  18.723  inmigrantes,  en  su  inmensa  mayo- 
ría procedentes  de  España,  De  1."  de  Enero  a  10  de  Marzo  de  1905 
desembarcaron  otros  7.587* 

Mas  no  todo  eran  notas  satisfactorias  en  el  mensaje  de  Es- 
trada Palma*  El  Presidente  hablaba  el  lenguaje  de  la  verdad. 
Reconocía  que  la  vigente  Ley  Electoral  daba  ocasión  á  mtiobos 
abusos,  injusticias  y  fraudes.  El  poder  judicial  carecía  de  las 
condiciones  que  necesita  para  que  pueda  girar  independiente- 
mente dentro  de  su  propia  esfera.  El  funcionamiento  de  los  Juz- 
gados municipales  era  en  extremo  defectuoso;  la  legialacióa  de 
Cuba^  así  en  lo  civil  como  en  lo  criminal,  muy  imperfecta.  Loa 
litigantes  pobres  no  encuentran  Abogado  que  los  defienda.  Mu* 
chos  Jueces»  por  evitarse  gastos  extraordinarios^  no  practican 
^^las  diligencias  que  sus  deberes  les  imponen* 
^H    Adviértese  de  día  en  día  mayor  descuido  por  parte  de  los 
F     padres  de  familia  en  la  educación  de  sus  hijos.  Las  asistencias 
á  la  escuela  disminu3'en:  29.410  menos  en  los  últimos  cuatro 
L     meses  de  1904^  comparados  con  igual  período  de  1903. 


Las  elecciones  generales  de  1,^  de  Diciembre  de  1905  dieron 
el  resultado  iiue  ^ii  se  suponía;  el  partido  liberal  se  abstuvo^  y 
sin  conflictos,  sin  lucba^  triunfaron  los  moderados,  ó  sea  el  par- 
tido del  Presidente.  Quedó,  pues,  asegurada  la  elección  de  Es- 
trada Palma  para  la  Presidencia  y  de  Méndez  Capote  para  la 
Vi  ce  presidencia. 

Tranquilidad  completa,  gran  entusiasmo,  estricta  legalidad: 
&les  fueron^  segün  la  prensa  adicta  al  Grobíerno^  las  notas  ca- 
racterísticas de  esas  elecciones;  pero  se  temía  que  la  abstención 


14  LOS   PUEBLOS   UISPANOAMEIRICANOS 


de  los  liberales  fuera  indicio  de  t^ue  intentasen  acudir  á  otros 
medios  para  alcanzar  la  victoria.  Se  habló  de  proyectos  revolu- 
cionarios, atribuidos  á  los  partidarios  del  q^ue  fué  en  un  princi- 
pio candidato  liberal  á  la  Presidencia,  José  Miguel  Gómez. 
Este»  sobrino  de  Máximo,  había  retirado  su  candidatura  para 
evitar,  según  dijo,  que  se  promovieran  desórdenes  y  acaso  una 
guerra  civJL  No  obstante,  los  ánimos  estaban  muy  sobreexci- 
tados, y  agravaban  la  situació»,  por  una  parte,  las  audacias  de 
los  anexionistas,  y  por  otra,  el  proyecto  de  tratado  de  comer- 
cio con  Inglaterra^  mal  acogido  por  los  yanquis^  porque  habría 
de  perjudicar  á  sus  intereses  y  á  su  influencia  en  la  isla,  Agre- 
gúese^ en  lo  que  á  relaciones  comerciales  con  los  Estados  Uni- 
dos se  refiere,  que  muchos  cubanos  pedían  una  revisión  6  modi- 
ficación del  convenio  arancelario  con  aquella  República,  porque 
ae  temía  que  el  azúcar  y  el  tabaco  procedentes  de  Filipinas  pu- 
dieran llegar  á  competir,  libres  de  derechos,  con  la  producción 
cubana. 

Los  yanquis  residentes  en  la  isla  de  Pinos  llevaban  muy  á 
mal  que  esta  isla  quedase  bigo  la  soberanía  de  Cuba;  8e  decla- 
raron independientes  y  constituyeron  un  Gobierno  provisional 
que  pidió  la  anexión  á  los  Estados  Unidos, 

Recordemos  que  la  isla  de  Pinos,  situada  al  Sur  de  la  parte 
occidental  de  Cuba,  constituye  un  término  municipal  de  la  pro- 
vincia de  la  Habana,  y  es  la  mayor  y  más  importante  de  las  mu- 
chas islas  y  cayos  que  hay  alrededor  de  la  Gran  Antílla.  En 
realidad  son  dos  islas  anidas  por  una  tira  de  ciénaga:  la  del 
Norte,  interrumpida  por  lomas,  y  la  del  Sur,  baja  y  arenosa* 
Tiene  840  millas  cuadradas  de  superficie  (unos  2.850  kilóme- 
tros), y  según  el  censo  de  1899,  S«200  habitantes.  Predomina  la 
población  blanca,  pues  lo  son  2.678,  y  de  éstos  2.480  nativos 
y  198  extranjeros.  De  éstos  la  mayor  parte  son  nacidos  en  Es- 
paña; nacidos  fuera  de  Cuba  ó  de  España  sólo  había  14  indivi- 
daos.  Luego  los  200  ó  300  yanquis  que  se  rebelaban  ahora  con- 


CUBA 


15 


tra  el  Gobierno  de  Cuba  habían  ido  a  establecerse  en  1*  Isla 
spués  de  1899. 

Hesulfca,  paes,  ó  que  esos  advenedizos  yanquis  sft  habían  íth- 
iaesto  á  todos  los  cubanos  de  la  isla^  ó  qae  la  gran  mayoría  de 
stos  son  partidarios  de  la  anexión  á  los  Estados  Unidos. 


III 


L— La  fiebre  amadlla.—fiituacióri  económica. -La  iiimitfi^oidn 
española  eti  Cuba,— BocleccfÓn  de  Estrada  Palma.— Mal oiítar  general  y 
descoüñanza  en  lo  porvenir,— El  PresideQteT  jefe  de  partido  político.  -Tra- 

^  tado  de  comercio  con  Inglaterra.— Propósitos  de  forneutar  La  rK^ueza  pú- 

^B    bliciL 

^H  Empezó  el  año  con  algnnos  casos  de  fíebre  amarilla  en  va- 
^^B|S localidades  de  la  isla.  El  Grobierno  y  las  autoridades  cuba- 
^^^B^e  esforzaban  en  demostrar  que  hacían  todo  lo  posible  para 
combatir  el  mal;  no  querían  que  se  les  inculpase  de  la  reapari* 
ción  del  terrible  vómito  negro.  Loa  yanquis  decían  que  la 
fiebre  amariüa  volvía  en  Caba  porque  no  gobernaban  ellos  la 
isla;  sin  embargo,  en  su  mismo  territorio  la  tienen^  y  no  logran 
extirparla.  Y  sucede  así,  porque  hay  comarcas  y  hay  épocas  en 
que  las  circunstancias  climatológicas  pueden  más  qne  las  me- 
didas profilácticas.  Al  resultado  favorable  de  las  que  se  toma* 
ron  en  1899  y  1900  contribuyó  el  hecho  de  qae  Jas  aguas  fueran 
relativamente  escasas  en  los  tres  años  anteriores;  por  el  con- 
^^±rariO)  las  grandes  lluvias  de  1905  contrarrestaron  la  eficacia  de 
^^BLS  disposiciones  adoptadas  por  los  gobernantes  de  Cuba.  A 
^  mediados  de  Enero  el  estado  sanitario  había  mejorado;  en  todo 
caso,  la  Gran  Antilla  bajo  la  administración  cubana  era  país 
mucho  más  sano  que  Nueva  Orleans  y  Panamá,  por  ejemplo, 
bajo  la  administración  yanqui. 


La  situación  económica  continuaba  siendo  muy  satisfacto- 
ria, sobre  todo  desde  el  punto  de  viata  mercantil.  Hefiriéndose 


16 


LOS  PUEBLOS    HI8PANOAMBR10ANO8 


a  la  última  estadíafcica  publicada  (1904),  el  Sr,  D.  Manuel  Con- 
rotte  hizo  notar  en  la  lie k Uta  de  fieo grafía  Colonial  y  Mercan^ 
til  la  prosperidad  del  trjifitío  en  la  Gran  Antilla  y  su  gran  po- 
tencia coraercial,  una  de  las  mayores  del  mando,  tenidos  en 
cuenta  el  número  de  habitantes  y  la  densidad  de  población. 

Breve,  pero  muy  digno  de  atenta  consideración,  es  el  nota- 
ble trabajo  analítico  á  que  aludimos.  De  1899  á  1904,  Cuba  ha 
ganado  li. 000,000  de  peson  en  la  importación  y  44,000, (íOO  en  la 
exportación.  Esta  se  ha  duplicado:  era  de  45,000,000  y  llegó  ya 
á  89.000,000.  Observa  el  Sr.  Conrotteque  en  este  comercio  Es- 
paña, más  bien  aprovechando  el  movimiento  adquirido  que 
utilizando  nuevos  esfuerzos  y  energías,  conserva  aun  lugar  no 
muy  desairado  en  relación  con  los  demias  países  europeos;  pero 
desairadísimo  en  relación  con  la  importancia  total  del  comercio 
en  cuanto  á  las  importaciones  ae  refierej  respecto  de  las  expor- 
taciones^  su  gran  inferioridad  es  ostensible. 

El  único  artículo  que  revela  fuerza  expansiva  en  nosotros 
es  la  carne  humana^  la  inmigración:  en  todo  el  año  desembar- 
caron en  puertos  cubanos  29.116  inmigrantes,  de  ellos  23.759  es- 
pañoles. Triste  impresión  —  dice  el  Sr.  Conrotte — producen  esos 
guarismos  I  que  de  un  lado  demuestran  el  malestar  de  la  vida 
en  nuestro  territorio^  y  de  otro  la  desdicha  inmensa  de  los  com- 
patriotas que,  sin  cultura  y  sin  recursos,  se  expatrían  para 
ejercer  en  tierra  extraña  los  oficios  má.s  humildes  y  que  menos 
merecen  la  estimación  social. 


El  19  de  Marzo  se  constituyeron  en  Asamblea  electoral  los 
compromisarios  nombrados  para  designar  Presidente  y  Vice- 
presidente de  la  República  de  Caba,  Como  ya  se  suponía,  fué 
reelegido  para  la  Presidencia  D.  Tomás  Estrada  Palma ^  y  electo 
Vicepresidente  D,  Domingo  Méndez  Capote. 

Cuba  entraba  en  el  quinto  año  de  su  vida  como  Estado  in- 
dependiente. A  pesar  de  la  buena  voluntad  de  Estrada  Palma, 
la  situación  política  no  era  satisfactoria;  no  había  partidos 


bien  disciplinados,  capaces  de  ser  verdaderos  instrumentos  de 
gobierno.  La  pasión  se  sobreponía  al  buen  sentido  y  al  supremo 
interés  de  la  patria*  Én  el  partido  liberal  figuraban  elementos 
impacientes,  peligrosos  para  el  orden  publico,  que  no  se  ave- 
nían con  los  temperamentos  de  legalidad  y  de  prudencia  que 
aconsejaban  los  más  caracterizados  jefes  de  ese  bando  político. 
Ellos  promovieron  la  intentona  revolucionaria  del  25  de  Fe- 
brero, atacando  á  las  f  aerzas  de  la  Guardia  rural  en  Guanaba- 
I      coa.  Rechazados,  fueron  perseguidos  por  loa  rurales  y  alcanza- 

Ndos;  pero  la  mayor  parte  pudieron  refugiarse  en  la  manigua. 
I     Motivos  eran  también  de  preocupaciones  para  los  gober* 
nantes  de  la  Kepública^  y  de  malestar  general  y  desconfianza 

en  lo  porvenir,  las  dificultades  promovidas  por  los  aventureros 

yanquis  de  la  isla  de  Pinos  y  la  constante  falta  de  los  brazos 
I  necesarios  para  las  labores  del  campo,  El  problema  de  la  in* 
^Buigración  aún  no  está  resuelto.  Muchos  son  los  inmigrantes 
^Bespañoles  casi  todos)  que  entran  en  Cuba;  pero  ni  van  á  ella 
^HpDdos  tos  que  hacen  falta,  ni  sirven  para  esas  labores  todos  los 
'  que  van, 
I  El  Senado  yanqui  se  mostraba  poco  propicio  ¿  sancionar  el 

tratado  con  Cuba  en  la  parte  relativa  á  la  renuncia  de  Estados 
'  Unidos  á  la  isla  de  Pinos  en  cambia  de  las  estaciones  navales  y 
I       carboníferas  que  les  fueron  cohcedidas  por  los  cubanos.  Los 

3^anquis  de  ííueva  Gerona  habían  apelado  al  Congreso  de  Wá- 
I  shington  enviándole  protesta  contra  el  tratado  y  capítulo  de 
I       quejas  contra  el  CTobierno  de  Cuba  y  los  funcionarios  cubanos, 

á  quienes  acusaban  de  corrupción  y  venalidad.  El  Gobierno 
,  norteamericano  trató  de  dar  largas  al  asunto  enviando  á  la  isla 
^^kna  Comisión  investigadora  constituida  por  varios  Senadores. 

^V  Por  virtud  de  las  últimas  elecciones  presidenciales  fué  pro- 
clamado Presidente  de  la  Eepública  de  Cuba  el  Sr,  Estrada 
Palma  para  un  nuevo  periodo  de  cuatro  años,  á  contar  desde  el 
20  de  Mayo.  En  dicho  día  tomó  aquél  solemne  posesión  de  la 

s 


18 


LOS  PUBIBLOS  HiaPAHOAMBRICANOB 


Presidencid,  aaiatíendo  al  acto  oficial  j  á  la  recepción  en  Pala* 
cío  los  representantes  diplomáticos  acreditados  en  la  Habana, 
las  antoridadeSi  Senadores,  Diputados^  etc.  Algunos  de  éstos, 
los  líberaleSj  no  concurrieron  á  la  ceremonia;  Estrada  Palma 
era  jefe  de  partido  á  la  vez  que  jefe  de  Estado^  circunstancia 
poco  propicia  para  la  paz  y  traDquilidad  publicas. 

El  Presidente  de  Cuba  debió  tener  muy  en  cuenta  las  pala- 
bras del  Presidente  de  Colombia,  General  Heyes,  pronunciadas 
en  el  acto  de  prestar  juramento:  <^No  aspiro  á  ser  jefe  de  par- 
tido, sino  jefe  de  la  Administración  pública  y  servidor  del 
pueblo*. 

Volvieron  é.  presentarse  casos  de  fiebre  amarilla;  la  enfer- 
medad parecía  importada  de  los  puertos  yanquis  del  golfo,  y 
por  ello  las  autoridades  cabanas  resolvieron  establecer  cuaren- 
tena contra  las  procedencias  de  Texas,  Luisiana,  Mississippi  y 
Alabama. 

El  Senado  de  Cuba  aprobó  el  tratado  de  comercio  y  navega- 
ción pactado  con  Inglaterra,  Hizo  algunas  enmiendas,  entre 
ellas  la  que  preceptúa  que  ninguna  de  las  partes  contratantes 
podrá  invocar  la  cláusula  de  nación  más  favorecida  consignada 
en  el  tratado,  respecto  de  concesiones  recíprocas  ó  que,  por  vííi 
de  compensación,  cualquiera  de  ellas  haga  en  lo  futuro  á  una 
tercera  potencia. 

No  hubo,  pues,  la  oposición  que  se  temía  por  parte  de  los 
Estados  Unidos,  y  los  hechos  vinieron  á  demostrar  que  la  Re- 
pública de  Cuba  gozaba  de  completa  libertad  para  convenir 
tratados  con  otras  naciones. 


Elementos  técnicos  y  financieros  de  la  isla  trataban  de 
emprend^er  en  gran  escala  las  explotaciones  mineras.  Existen 
yacimientos  de  cobre,  oro,  plata,  hierro,  manganeso^  piorno^ 
zinc,  etc.,  en  varias  provincias^  especialmente  en  la  de  San- 
tiago, que  pueden  rendir  considerables  beneficios.  A  pesar  del 


abaiídono  relativo  en  que  se  encuentra  esta  riqueza,  la  expor- 
tación de  minerales  de  hierro,  manganeso  y  cobre  y  de  asfalto 
Ífi©  valuó  en  1904  en  1.362.700  pesetas. 
I  Pero  la  paz  pública  es  garantía  y  condición  indispensable 
nara  el  desarrollo  de  las  industrias  mineras,  de  la  producción 
agrícola  y  del  comercio  exterior.  Por  desgracia  para  Cuba, 
surgió  la  revolución,  sostenida  principalmente  por  la  gente  de 
color  y  acaudillada  por  hombres  que  lograron  mucho  prestigio 
'  dxirante  la  guerra  de  independencia.  Los  mismos  que  comba- 
k      tieron  á  España  combatían  ahora  al  Gobierno  de  Cuba  libre. 

^^KaSuerra  civil.— El  mensaje  de  Rooiievcílt  á  los  cubanoe.^La  Contlüión  Iq- 
^^f    fortnadora  y  ln  intervención  yanqui,— Gobierno  proviaiODaL— loeñcacíft 
déla  intervención.— El  partido  anexionista.— El  elemento  ueg^ro.— Los 
partidos  poli  ti  COS.— La  produccitin  aaucarera.— La  cuenta  de  la  interven- 
ción yanqui.— Otra  vez  la  fiebre  amarilla. 


IV 


.  reelección  de  Estrada  Palma  para  la  Presidencia  de  la 
E^pública  y  el  predominio  en  la  política  y  en  los  servicios  ad- 
ministrativos de  los  hombres  del  partido  conservador,  fueron  la 
causa  ocasional  de  la  guerra  civil  en  Cuba. 

Com©  antes  se  dijo,  á  principios  de  año  hubo  temores  de 
tentativas  revolucionarias;  los  trabajos  hechos  con  tal  propó- 
sito se  atribuían  k  los  partidarios  del  General  José  Miguel 
Gómdz,  candidato  q^ue  fué  para  la  Presidencia,  si  bien  no  llegó 
á  luchar  porque  comprendió  que  el  partido  liberal  no  se  hallaba 
en  condiciones  de  obtener  la  victoria  en  los  comicios* 

Lo  que  legalment©  no  pndo  entonces  conseguirse,  fuese  por 
nna  razón  ó  por  otra^  ya  porque  los  llamados  liberales  estuvie- 
ran en  minoría,  ya  por  abusos  de  la  acción  oficial ^  dispuesta  á 
impedir  átodo  trance  el  triunfo  do  los  enemigos  del  Presidente, 
s»  pretendió  ahora  lograr  por  medios  de  fuerza* 


20 


LOB   PUEBLOS   HlSPAN0AMiDHI0ANf>8 


Reducido  á  prisión  Gómez  y  muerto  en  un  combate  el  Gene* 
ral  Quintín  Banderas,  el  más  caracterizado  de  los  jefes  rebeldes, 
pareció  que  el  moyimiento  revolucionario  iba  á  contenerse.  Síü 
embargo,  no  sucedió  asi;  Pino  Guerra,  Mendieta,  Campos  Mar- 
quetti  y  otros  jefes  militares  u  hombres  políticos  del  bando 
contrario  al  Gobierno  mantuvieron  la  agitación,  y  durante  el 
mes  de  Septiembre  se  libraron  hechos  de  armas  entre  la  Guar* 
dia  rural  y  las  partidas  de  insarreotos,  sin  éxito  decisivo  para 
unos  ni  para  otros. 

Los  periódioos  de  la  isla,  aun  los  mismos  gubernamentales^ 
reconocían  la  g^ravedad  de  la  situación,  no  tanto  por  la  impor* 
tancia  numérica  de  los  revolucionarios,  sino  porque  la  guerra 
civil  podía  dar  motivo  á  loa  yanquis  para  intervenir  y  pretexto 
para  declarar  que  los  cubanos  eran  incapaces  de  constituir  un 
Estado  libre,  independiente. 

La  acción  de  Koosevelt  se  hizo  sentir,  por  oiertOf  mucho  an- 
tes da  lo  que  podía  presumirse.  Se  apresuró  á  lansear  un  men- 
saje á  los  cubanos,  en  el  que  lea  recordaba  que  el  único  medio 
que  tienen  de  conservar  su  independencia  es  vivir  en  paz^  y  les 
intimaba  que  si  en  plazo  breve  no  concluían  las  hostilidades 
haría  valer  el  derecho  de  los  Estados  Unidos  á  intervenir  en 
Cuba  para  mantener  en  ella  un  Gobierno  capaz  de  proteger  la 
vida,  los  bienes  y  la  libertad  individual  de  sus  habitantes.  Un 
solemne  tratado  le  confiere  ese  derecho;  tiene  medios,  decía,  de 
hacer  cumplir  lo  que  es  para  los  Estados  Unidos  una  obligación, 
y  estaba  dispuesto  á  procurar  que  se  cumpliese. 

Hubo  entonces  cierta  paralización  en  las  operaciones  por 
parte  de  los  insurrectos;  se  habló  de  armisticio,  y  mediante  en* 
trovistas  de  las  personalidades  más  influyentes  de  ambos  baa- 
dos  se  trató  de  llegar  á  un  acuerdo  que  impidiese  la  gran  ver» 
gClenza  de  la  ocupación  militar  de  la  isla  por  los  yanquis,  por 
los  «libertadores)^,  á  los  cuatro  años  de  haberse  reconocido  la 
relativa  independencia  de  Cuba. 

El  Presidente  había  convocado  el  Congreso  k  sesión  extraor 


dinariai  se  buscaron  fórmulas  de  ayenenciaf  no  se  entendieron 

liberales  j  tnoderados  tan  pronto  como  exigía  el  Gobierno  de 

J¡Vá9hington¡— que,  por  otra  parte,  venía  tolerando  los  trabajos 

\  la  Junta  revolnoionaria,  instalada  en  Nueva  York — y  Eoose- 

velt  envió  ¿  la  Habana  una  Comisión  informadora  y  barcos, 

j     cañones  y  soldados. 

L  Las  gestiones  del  Comisaino  Taft  no  dan  resultado;  libera^ 

^Hla  y  moderados  mantienen  sus  puntos  de  vista  y  sus  exigen* 
^^na&;  Estrada  Palma  dimite,  y  Taft  corta  por  lo  sano.  Bajo  la 
^Hutortdad  de  los  Estados  unidos  establece  el  Gobierno  provi- 
^Blona]. 

f  Los  fundamentos  de  su  resolución  los  bace  saber  Taft  rae- 

diante  proclama  ó  manifiesto  dirigido  al  pueblo  cubano.  Como 
,      el  Congreso  no  había  tomado  acuerdo  en  cuanto  á  la  renuncia 
I      irrevocable  del  Presidente,  ó  elegido  un  substituto^  quedaba  el 
'      país  sin  Gobierno  en  época  en  que  prevalecía  gran  desorden; 
hacíase,  pues,  necesario,  de  conformidad  con  lo  pedido  por  el 
I      Presidente  Entrada  Palma^  tomar  las  medidas  indispensables, 
í      en  nombre  y  por  autoridad  del  Presidente  de  los  Estados  Uni- 
I      dos,  para  restablecer  el  orden  y  proteger  las  vidas  y  propieda- 
I      des  en  la  isla  de  Cuba  y  adyacentes.  Con  este  ñn  se  establece 
^      el  Gobierno  provisional  de  los  yanquis,  que  sólo  existirá  el 
tiempo  qne  fuere  necesario  para  restaurar  ©1  orden,  la  paz  y  la 
oonBan;;a  pública,  una  vez  obtenidas  éstas  se  celebrarán  las 
elecciones  para  determinar  las  personas  a  las  cuales  debe  en- 
tregarse el  nuevo  Gobierno  permanente  de  la  Bepáblica,  En  lo 
que  sea  compatible  con  el  carácter  de  un  Gobierno  provisional 
I      establecido  bajo  la  autoridad  de  los  Estados  Unidos,  éste  será 
un  Gobierno  cubano  que  se  ajustará  en  cuanto  quepa  á  la  Cons* 
itución  de  Cuba.  La  bandera  cubana  se  enarbolará^  como  de 
l^stumbref  en  los  edificios  del  Gobierno  en  toda  la  isla. 

TTn  yanqui  será,  provisionalmente,  Gobernador  de  Cuba. 

[>mo  se  ve,  todo  es  proviñonal,  Roosevelt  declara  que  no  tiene 

bl  menor  propósito  de  anexionarse  la  isla;  sólo  se  trata  de  or- 


22 


1^03   PÜBBIrOS   HlfiFANOAMBRlOAI^Oa 


ganizar  un  Gobierno  libre  y  estable.  Los  cubanos  no  saben  ha- 
cerlo^ j  los  yanquis  acuden  á  suplir  aii  ineptitud. 

En  el  discurso  que  Taft  pronunció  ©1  1.°  de  Octubre  en  la 
IJnivetsidad  de  la  Habana,  se  expresaba  en  análogo  sentido. 
«La  isla  de  Cuba^  decía,  República  desde  hace  cuatro  años^  ha 
hecho  tan  rápidos  progresos  en  ese  breve  período,  que  ha  lle- 
gado oasi  á  embriagarnos  de  entusiasmo  á  los  qne  creemos  en 
el  Gobierno  popular.  Fué  como  el  exuberante  crecimiento  de 
una  planta  tropical  que,  posiblemente,  habría  de  necesitar  que 
la  podaran  para  que  el  tallo  ó  tronco  creciera  con  nuevas  fuer- 
zas. Era  quizás  necesario  que  este  pueblo  tuviera  una  adverten- 
cia, aunque  lamentable,  de  que  los  cimientos  sobre  que  ha  de 
levantarse  un  Gobierno  propio  lian  de  ser  amplios  y  sólidos  más 
bien  q^ne  elevados  y  visibles.  Es  penoso  para  mí  haber  sido  lla- 
mado á  esta  isla,  y  aún  más  para  mi  jefe^  el  Presidente  Roose- 
velt,  que  estaba  identificado  con  su  independencia,  y  encon- 
trarme aquí  en  estos  momentos  en  que  el  progreso  hacia  un 
Gobierno  popular  propio  de  este  pueblo  ha  dado  un  traspiés* 
Pero  como  quiera  que  ello  sea,  me  ha  valido  la  oportunidad,  y 
por  ello  mucho  me  complazco,  de  poder  aseguraros  en  nombre 
del  Presidente  Roosevelt  y  en  el  del  pueblo  americano,  que 
nosotros  sólo  estamos  aquí  para  ayudaros,  pasando  nuestro 
brazo  bajo  el  vuestro,  levantándoos  de  nuevo  sobre  la  senda 
de  los  asombrosos  progresos  que  vosotros  mismos  habéis  re- 
corrido»* 

Como  se  ve,  Mister  William  Taft  procuraba  halagar  el  amor 
propio  de  los  cubanos  para  hacerles  más  grata  la  intervención 
norteamericana.  No  obstante,  son  muchos  los  que  la  consideran 
como  una  verdadera  plaga.  Hay,  sí,  cubanos,  y  no  cubanos  que 
en  la  gran  Antilla  viven,  para  quienes  la  intervención  y  aun  la 
dominación  yanqui  es  preferible  á  la  independencia,  porque  la 
consideran  como  garantía  de  orden  y  tranquilidad,  y  de  consi- 
guiente bienestar  material*  Pero  no  puede  negarse  que  calami- 
dad, infortunio  grande,  es  para  los  cubanos  patriotas^  para  lo» 


que  sobreponen  á  todo  otro  interés  ó  medro  personal  la  dig^ni* 
iad  de  hombre  y  de  ciudadano  y  el  orgullo  de  raza,  para  loa 
que  de  buena  fe  gritaban  frente  á  España,  «Viva  Cuba  libre», 
tener  que  humillarse  ante  los  yanquis,  y  por  falta  de  medios 
de  acción  para  la  lucha  con  enemigo  poderoso  tener  ahora  que 
tascar  el  freno  y  que  aplazar  la  guerra  para  ocasión  oportuna ^ 
án  poder,  desde  luego,  frente  á  él  j  armas  en  la  mano,  lanzar 
"el  mismo  grito  con  que  ensordecían  los  oídos  de  los  soldados 
pspañoles. 

Todos  las  demás  Estados  de  la  América  que  fué  española, 
con  reTolucjonea,  con  guerra  civiles  casi  continuas  hasta  hace 
pocos  años,  y  aun  algunos  de  ellos  hoy  mismo  en  estado  casi 
permanente  de  discordia  política,  son  libres,  son  independien- 
tes. Alcanzaron  libertad  é  independencia  por  su  propio  esfuerzo, 
y  lo.  mantienen,  y  nadie  atenta  contra  ellas*  Cuba  necesitó  el 
concurso  activo  y  directo  de  los  yanquis,  y  éstos,  desde  el  ins- 
tante mismo  en  que  le  otorgaron  la  relativa  independencia  que 
gozaba,  hiciéronle  saber  su  resuelto  propósito  de  intervenir,  de 
ocupar  militarmente  la  isla  para  restablecer  el  orden  público  si 
éste  llegaba  a  alterarse  y  el  Gobierno  de  Cuba  era  impotente 
para  pacificar  el  país. 

Bados  esos  antecedentes,  la  intervención  de  los  Estados 
Jnidos  hubiera  podido  justificarse  tras  largo  período  de  guerra 
iviL  Pero  lanzarse  sobre  Cuba  al  primer  asomo  de  revolución, 
es  hacer  alarde  de  un  protectorado,  de  una  tutela  verdadera- 
mente  insoportables.  En  condiciones  tales,  sería  imposible  la 
existencia  de  pueblo  ninguno  que  empieza  á  vivir  como  nación 
soberana, 


m     Al  terminar  el  año,  Hister  Magoon  gobernaba  provisional* 
mente  en  Cuba, 

Aún  no  46  había  hecho  notar  la  eficacia  de  la  intervención 
yanqui  en  cuanto  á  la  tranquilidad  moral  y  material  del  país. 
Sigue  imperando  la  anarquía,  continúa  el  malestar  económico, 


y  los  que  fnerou  á  la  rebelión  ó  á  reforzar  Us  hueates  del  Go- 
bierno caído  I  no  vuelven  al  trabajo  en  las  fincas. 

Por  ahora,  Magoon  y  los  demás  agentes  de  Koosevelt  pro- 
ceden como  sí  fueran  los  representantes  en  el  Poder  del  partido 
liberal  cubano*  Pudiera  decirse  que  la  intervención  se  había 
llevado  á  efecto  para  realizar  nn  cambio  político.  La  labor  del 
Gobierno  provisional  está  reducida,  por  una  parte,  á  repartir 
cesantías  entre  los  moderados  y  destinos  entre  los  liberales;  por 
otra,  á  procurar  que  se  vayan  acondicionando  bien  en  la  isla  las 
tropas  yanquis  que  desembarcan  en  ella. 

Los  que  antes  se  hallaban  satisfechos  se  encuentran  ahora 
contrariados»  Hay  rumores  de  conspiraciones  y  alzamientos^  y 
aun  algo  más  que  rumores.  La  gente  inquieta  y  levantisca  se 
aprovecha  de  la  situación  anormal  del  país.  Desde  fines  de  Oc- 
tubre una  partida  de  negros  cometía  toda  clase  de  desmanes 
en  la  provincia  de  Santa  Clara.  Centenares  de  aquéllos  vaga- 
ban armados  por  los  alrededores  de  Matanzas.  Expolicías  y  ex- 
movilizados  se  sublevaban  en  Sancti-Spiritus* 

Como  es  natural,  tema  de  actualidad  en  la  prensa  yanqui  es 
el  estado  actual  y  probable  porvenir  de  Ciaba.  Vuelve  á  ani- 
marse la  polémica  entre  los  partidarios  de  la  anexión  y  los 
opuestos  á  ella.  Aquéllos  ponderan  los  beneficios  comerciales 
que  obtendría  Cuba  si  llegase  á  formar  parte  de  la  Unión  norte- 
americana; los  otros  señalan  las  dificultades  que  la  anexión  po- 
dría ocasionar  al  Gobierno  de  Washington.  La  aventura^  dicen, 
podría  salir  muy  cara.  ¿Cuba  y  los  cubanos  valen  la  pena  de 
hacer  los  crecidos  desembolsos  que  exigiría  una  ocupación  mi- 
litar permanente? 

Por  otra  parte,  el  elemento  negro  tiene  en  Cuba  una  impor- 
tancia numérica  considerable^  y  es  más  temible  que  la  pobla- 
ción negra  de  los  Estados  Unidos.  Los  negros  cubanos  se  han 
batido  ya  con  blancos  y  están  muy  adiestrados  en  las  artes  de 
la  guerra.  La  cuestión  de  razas  habría,  pues»  de  complicarse  el 
día  en  que  lo»  yanquis  pretendieran  domin&r  en  Cuba.  Tale  más 


DirBA 


blancos  cubanos  se  las  hayan  con  sus  negros.  En  suma 
iiyen  los  adversarios  de  la  anexión—,  ésta  le  conviene  á 
Cuba;  á  los  Estados  Unidos,  no. 

La  población  negra  de  Caba,  acaudillada  por  Juan  Gual- 
erto  Góraez,  se  pone  resueltamente,  corao  era  de  presumir, 
ente  á  los  yanquis.  Entre  las  gentes  de  raza  blanca  se  van 
iñalando  dos  parcialidades;  unos  protestan  contra  la  Ínter- 
vención  de  aquellos  y  están  dispuestos  á  hacer  causa  común 
con  loa  negros;  otros,  los  capitalistas,  los  que  representan  in- 
tereses industriales,  comerciales  ó  agrícolas,  desean  y  piden» 
más  ó  menos  embozadamente,  no  la  anexión  á  los  Estados  TJni- 
^^Bos,  sino  el  protectorado  de  éstos  con  carácter  permanente. 
^™    Cunde  el  desaliento,  porque  se  ve  que  la-  influencia  moral  de 
la  ocupación  yanqui  no  da  resultado  favorable,  y  se  teme  que 
llegue  á  ser  indispensable  la  acción  material  de  las  tropas  in* 
I      terventoras.  Las  partidas  de  insurrectos  siguen  merodeando; 
Magoon  los  califica  de  bandoleros,  amenaza  tratarlos  como  á 
tales,  y  puede  darse  pronto  el  caso  de  que  soldados  yanquis  ten- 
gan que  hacer  fuego  contra  ciudadanos  cubanos. 

En  previsión  délas  anunciadas  elecciones  generales,  se  agi- 
tan los  partidos  politices.  Aspiran  á  la  Presidencia  José  Miguel 
Gómez  y  Alfredo  Zayas,  éste  apoyado  por  Juan  Gualberto»  Con 
frecuencia  hay  manifestaciones  públicas  y  alguno  que  otro  mo- 
tín; suena  ya  como  grito  de  guerra  en  la  contienda  política  el  de 
«exnueran  los  negros». 

Entretanto  se  está  pudriendo  caña  por  valor  de  machos  miles 
de  pesos;  faltan  brazos  y  no  hay  medio  de  lograr  los  que  se  ne- 
cesitan. La  situación  ha  empeorado  por  consecuencia  del  último 
ciclón,  que  destrozó  edificios,  ferrocarriles  y  puentes  y  produjo 
pérdidas  considerables  de  ganados  y  cosechas, 

Y,  sin  embargo,  tanto  valen  las  fértiles  tierras  cubanas 
que  la  producción  azucarera  sigue  en  aumento.  La  zafra  de 
1905*1906  ha  dado  15.500  toneladas  más  que  la  del  año  anterior. 
C>on  otro  régimen  arancelario^  con  otras  costumbres  políticas, 


2fi  LOS   PUEBLOS   H18PAKOAMER10AN08 


con  lina  gran  corriente  emigratoria  no  sería  difícil  duplicar  la 
producción,  que  en  estos  últimos  tiempos  |ha  sido  de  LIOO.OOO 
á  1.200.000  toneladas  anuales.  Se  calcula  ya  que  en  la  próxma 
zafra  de  1907  podrá  llegarse,  á  pesar  de  1»  falta  Am  braceros, 
k  1.500,000  toneladas. 

Cuba  es,  pues,  un  pueblo  que  produce  HO  arrobas  de  azúcar 
por  habitante;  al  valor  que  esto  supone  hay  que  agregar  los 
millones  que  representan  ©1  tabaco,  las  maderas,  los  frutos  rae- 
noresj  eto. 

El  desarrollo  de  la  producción  se  debe  á  los  hacendados  en* 
baños  y  al  comercio  refaccionista,  en  su  mayoría  español,  que 
con  esfuerzo  excepcional  vienen  contrarrestando  las  dificultades 
de  la  escasez  de  jornaleros,  las  contrariedades  meteorológicas 
y  las  revueltas  políticas.  Son  éstas,  sobre  todo,  las  que  hacen 
infeliz  á  ese  pueblo  tan  exuberante  de  riqueza;  son  los  políticos, 
los  malos  políticos,  es  decir,  esas  gentes  que  á  todo  trance  y  por 
cualquier  medio  procuran  ingerirse  en  la  Administración  pú- 
blica para  alcanzar  posiciones  oficiales,  quienes  han  traído  el 
desconcierto  administrativo,  la  guerra  civil  y  la  gran  vergüenza 
de  la  intervención  yanqui, 

Adn  se  prepara  otro  golpe  contra  Cuba.  Allá  en  Washington, 
en  las  Oficinas  de  Contaduría  del  Ministerio  de  la  Guerra,  for 
malízase  con  todo  detalle  la  ^Cuenta  de  la  Intervención  militar 
en  Cubai>  para  presentarla  á  las  Cámaras  á  fin  de  que  éstas  re- 
suelvan si  la  Hacienda  déla  isla  debe  satisfacerla  total  ó  par- 
cialmente. La  intervención  se  ha  hecho  en  beneficio  de  Cuba, 
para  salvarla  de  la  revolución  y  asegurar  el  orden  y  la  paz;  justo 
es,  pues — dirán  seguramente  los  yanquis—,  que  los  gastos  todos 
corran  á  cargo  de  los  cubanos* 

Y  mientras  tanto,  la  fiebre  amarilla  persiste. 

La  Gaceta  de  Madrid  nos  decía  que,  segiin  participaba  con 
fecha  13  de  Octubre  el  Cónsul  de  España  en  la  Habana,  se  había 
reproducido  aquélla  y  registrado  en  el  citado  día  cinco  casos. 


CUBA 


27 


Ahora,  pnes,  existe  ya  de  nuevo  el  terrible  vómito  negro  con 
estado  oficial.  Bien  es  verdad  que  coincide  con  la  reaparición 
también  de  los  yanquis  en  la  isla,  y  su  famoso  servicio  sanitario 
tendrá  ocasión  de  realizar  por  segunda  vez  el  saneamiento  de 
Cuba si  las  circunstancias  meteorológicas  ayudan. 


PUERTO  RICO 


El  hambre  y  la  anemia.— L*  peste  yanqoi.— EainA  y  deBpol>lH,cidu  de  U  Ulii«~ 
Perturbación  ecoudí mica.— Los  efectos  de  la  «brnlal  política  deacolouixti- 
dora».— Peraiátenciadel  maleatar  económico  en  1906.— Agitación  política,— 
Eooeevelt  en  la  Isla, 


Los  portorriqueños  siguen  muriéndose  de  hambre.  El  Presi- 
deate  de  la  Federación  norteamericana  de  obreros,  que  hizo 
una  visita  á  la  isla,  regresó  horrorizado  del  espectáculo  que 
en  1904-  ofrecían  aquellos  campos  y  caseríos,  tan  florecientes  y 
ricos  antes  bajo  la  soberanía  española.  Los  jornales  habían  ba- 
jado á  la  mitadf  y  los  alimentos  costaban  por  io  menos  el  doble. 
El  ari'oz  era  articulo  de  lujo^  y  no  hay  que  hablar  de  la  carne. 

El  cambio  de  la  moneda^  las  tarifas  arancelarias^  las  nuevas 
leyes  fiscales,  proporcionaron  pingües  negocios  ¿los agiotistas, 
plantadores  y  usureros  yanqutSi  que  se  han  ido  embolsando  mi- 
les y  miles  de  dólares  á  costa  de  la  vida  y  la  salud  de  esas  po- 
brei9  gentes  de  Puerto  Rico*  Pero  la  codicia  rompe  el  saco,  el 
filón  se  está  agotando^  y  los  amos  y  explotadores  de  la  isla  em- 
pegaron á  preocuparse  ante  la  tremenda  crisis  económica  que  la 
aflige.  Salvaron  á  Puei'to  Kico,  como  ellos  dicen,  de  la  tiranía 
y  de  la  mala  administración  españolas»  cobráronse  el  supuesto 
servicio  tiranizando  de  veras  y  administrando  con  un  fin  exclu* 
sivamente  mercantil,  sin  más  idea  que  el  lucro;  y  ahora,  cuando 
ya  habían  obtenido  los  mejores  provechos  y  las  consecuencias 
del  mal  que  hicieron  obligaban  á  tomar  nuevos  rambos,  esti- 
maron que  no  había  peligro  en  alardear  de  sentimientos  huma> 
DÍtarios  y  acudieron  en  ayuda  de  los  extenuados  portorrique- 


90 


LOS   FUBBL08    HI&PANOAJf£3BICAH08 


ños,  llevándoles  el  remedio  en  foi*ma  de  flamante  Comisión 
técnica  encargada  de  estudiar  ano  de  los  mas  difíciles  proble- 
mas de  la  ciencia  medica:  averiguar  la  causa  de  la  muerte  por 
hambre! 

No  solamente  el  vulgo,  sino  hasta  los  mas  doctos  médicos 
qtie  no  han  tenido  la  suerte  de  nacer  en  el  país  de  los  yanquis, 
habían  creído  siempre  que  la  muerte  por  hambre  es  consecuen- 
cia de  la  falta  de  alimentación,  y  que  cuando  ésta  es  escasa  y 
mala  sobreviene  la  anemia,  que  puede  producir  la  muerte. 

IjOS  estudios  de  la  Comisión  citada  han  demostrado  el  error 
de  ios  que  así  pensaban.  La  anemia  que  se  padece  en  Puerto 
Rico  es una  epidemia.  Allí  no  se  muere  de  hambre  ó  de  ane- 
mia por  falta  ó  insuficiencia  de  alimentación.  Los  causantes  del 
mal  son  unos  parásitos  invisibles^  una  especie  de  microbios  que 
viven  en  el  agua,  en  el  aire  y  en  la  tierra ,  especialmente  en  la 
tierra  que  cultiva  la  población  rural. 

Este  liltimo  dato  es  de  una  evidencia  abrumadora.  Precisa- 
mente  donde  la  mortalidad  es  mayor,  porque  es  donde  hay  más 
hambre,  es  en  el  campo.  Mas  no,  según  la  Comisión,  porque  la 
gente  del  campo  coma  menos  y  peor  que  la  de  las  ciadadesf  es 
porque  esos  microbios  se  encuentran  más  á  su  gusto  en  los  te- 
rrenos dedicados  á  labranza  ó  cultivo. 

Conclusión:  que  no  hay  que  preocuparse  en  dar  de  comer  á 
los  portorriqueños  hambrientos  ó  anémicos.  Basta  un  vermí- 
fugo para  expulsar  á  los  gusanillos  del  cuerpo  del  enfermo* 

Del  informe  de  la  Comisión— informe  no  ya  luminoso,  sino 
deslumbrante— se  deducía  otra  consecuencia:  que  los  yanquis 
Qo  tienen  la  culpa  de  la  miseria  y  despoblación  de  Puerto  Rioo. 
Los  responsables  son  esos  malditos  microbios  que  envenenan  la 
sangre» 

Según  el  citado  informe,  se  padecía  igual  epidemia  en  Fili- 
pinas. Coincidió,  pues,  bu  aparición  en  Puerto  Rico  y  en  el  Ar- 
chipiélago filipino  con  el  establecimiento  en  dichas  islas  de  la 
soberanía  de  los  Estados  Unidos,  y  no  sería  justo  negar  á  éstos 


FÜEHTO  RICO 


81 


i  derecho  j  el  hotior  de  dar  sti  nombre  ¿  I&  epidemia:  debe  Ha* 
ftrse  la  peste  yanqui* 


En  1905  los  portorriqueños  no  llevaban  camino  de  mejorar. 
Santiago  Iglesias^  representante  de  los  trabajadores  de  la  isla 
eii  la  Asamblea  de  Delegados  de  la  F^^deración  obrera  antes 
citada,  afirmaba  y  probaba  que  la  condición  de  la  clase  traba- 
jadora en  Puerto  Hioo  era  mucho  peor  qae  en  los  tiempos  en 
que  l^^apaña  gobernaba.  Unos  600  portorriqueños  morían  de 
bambre  todos  los  meses. 

Hay  quien  supone  que  el  malestar  que  se  siente  en  Puerto 
Rico  n#  es  sólo  consecuencia  de  la  famosa  peste  yanqui,  la 
anemia;  obedece  también  al  deliberado  propósito  de  lograr  que 
íerda  valor  la  propiedad  para  irla  comprando  t  bajo  precio. 
Lo  cierto  es  que  la  propiedad  va  cambiando  de  manos,  y  la 
mayor  parte  pasa  á  las  de  los  yanquis.  Y  así^  matando  de  ham* 
bre  ó  de  anemia  á  millares  de  portorriqueños,  aq  uéllos  se  afin- 
can en  la  isla  á  poca  costa.  El  negocio  anta  todo. 

Los  naturales  de  Ja  isla  comprenden  el  peligro,  tratan  de 
defenderse  y  procuran  poner  algún  límite  al  predominio  de  sus 
dominadores  en  la  Administración  pública.  La  legislatura  in- 
sular votó  en  Enero  de  1906  un  proyecto  de  ley,  mejor  dicho^  un 
E memorial  dirigido  al  Congreso  yanqui,  pidiendo  la  reforma  de 
k  Ley  Constitutiva  en  sentido  de  otorgar  á  los  isleños  los  dere^ 
chos  de  ciudadanía.  Pretenden  además  que  el  Consejo  ejecutivo 
flue  actúa  como  Senado  ó  Cámara  Alta,  y  en  el  que  tienen  ma- 
yoría los  yanquis,  reduzca  sus  facultades  a  las  meramente  ad- 
ministrativas, reservando  la  función  legislativa  á  los  hijos  del 
país,  elegidos  por  el  pueblo. 

Informes  del  Cónsul  de  España  en  San  Juan  vinieron  a  con- 
firmar cuanto  ya  se  sabía  acerca  de  la  ruina  y  despoblación  de 
esa  desgraciada  tierra  desde  que  d«jó  de  ser  española. 

La  población  agrícola,  que  es  el  62  por  lOO  de  la  tetal  de 


LOS   t'UBHLOfl  HISI^ANOAMERIOAKOS 


Puerto  Rico,  está  muerta  de  hambre.  El  café,  que  en  otro  tiempo 
se  vendía  entre  29  y  35  pesos  provinciales  (17  á  21  moneda  yan- 
q^iii)  el  quinta! f  se  pagaba  á  7,  8  ó  9  pesos.  De  aqui  la  paraliza- 
ción casi  completa  en  el  cultivo  del  café.  El  ron  de  caña  era  \ina 
industria  relativamente  importante;  las  contribuciones  impues- 
tas por  los  dominadores  han  sido  cansa  de  que  se  abandonen 
muchos  alambiques*  También  se  cierran  las  fábricas  de  elabo- 
ración de  tabaco.  Y  el  desaliento,  la  desesperación,  son  tales, 
que  ni  se  siembran  los  campos,  se  pierde  el  hábito  del  trabago  y 
los  campesinos  Dada  hacen,  porque  ha  decaído  la  fe  que  en  él 
tenían,  contribuyendo  así  con  au  propia  actitud  á  empeorar  la 
situación. 

La  crisis  económica  tenía  que  influir  necesariamente  en  el 
movimiento  mercantil  de  la  isla,  y  el  comercio  sufre  honda  per- 
turbación. El  canje  de  la  moneda  provincial  por  la  norteame- 
ricana vino  á  reducir  el  numerario  á  las  tres  quintas  parles, 
dejando  á  la  inla  sin  suficientes  medios  de  circulación.  Esto 
originó  numerosas  quiebras,  y  era  imposible  conseguir  dinero 
á  un  interés  menor  del  12  por  lOQ,  y  aun  á  ese  tipo  se  exigían 
garantías  exorbitantes.  Las  acciones  de  los  Bancos  sufrieron 
enormes  bajas.  Las  del  Banco  Españel,  hoy  de  Puerto  Bico,  que 
se  cotizaban  á  91  pesos  (54*60  moneda  yanqui),  no  valían  en  1905 
más  que  18  ó  20  de  esta  ultima  moneda;  las  del  Banco  Territo- 
rial y  Agrícola  bajaron  desde  46  á  14. 

El  malestar  económico  se  reflejaba  también,  como  es  natu* 
ral^  en  la  riqueza  urbana,  de  tal  suerte,  que  en  la  capital,  en 
San  Juan,  difícilmente  podía  realizarse  la  venta  de  una  casa  en 
condiciones  ventajosas  para  su  dueño. 

Por  todas  estas  causas,  el  comercio  iba  disminuyendo  de  día 
en  día,  y  de  1900  á  1905  habían  desaparecido,  sólo  en  San  Juan, 
unas  50  casas  de  comercio,  algunas  muy  importantes. 

Quienes  más  directamente  sufren  las  consecuencias  de  la 
crisis  son  los  jornaleros;  cuantos  pueden  salen  de  la  isla,  bus- 
cando en  la  emigración  el  remedio  de  la  miseria.  Pero  también 


yan  emigrando  las  personas  relativamfttite  acomodadas  pava  ir 
á  establecerse  á  otros  países  donde  el  agrícnltor  j  el  comerr 
ciante  no  tengan  que  pagar  impuestos  como  los  qtit  allí  rigen 
en  la  actualidad. 

La  Administración  yanqui  nada  hace  para  modificar  favora- 
blemente ese  estado  de  cosas »  ni  muestra  Ínter ótí  en  atender  las 
reclamaciones  de  los  portorriqueños.  El  Delegado  de  éstos  en  el 
Congreso  de  Washington  pide  más  autonomía  para  la  isla»  y 
sobre  todo  medidas  qne  estiranlen  la  producción  y  exportación 
de  cale^  es  decir,  un  impuesto  en  los  Estados  Unidos  sobre  los 
cafés  extranjeros.  Además  solicitan  qiie  se  les  conceda  el  alto 
bonor  de  poder  ser  y  titularse  ciudadanos  americanos ^  es  decir ^ 
biudadanos  de  la  gran  Repáblica  qne  los  veja,  desprecia,  arruina 
y  mata  de  hambre. 

El  Boletin  Mercantil^  de  Puerto  Rico,  señala  un  efecto  más 
Je  la  que  llama  «brutal  política  descolonizadora»  del  Gobierno 
yanqui  en  esa  isla.  La  anarquía  burocrática  llega  á  su  colmo^ 
y  no  hay  más  ley  ni  regla  que  el  capricho  de  los  funcionarios 
públicos.  En  lo  que  se  refiere  á  la  propiedad  urbana,  por  ejemplo, 
ijo  hay  disposición  general  q^ue  dicte  reglas  ó  bases  para  valo- 
rar las  fincas  á  los  efectos  contributivos.  L«3  agentes  del  Fisco 
tasan  arbitrariamente,  y  como  la  miseria  es  tal  que  muy  pocos 
pueden  pagar  la  cuota  impuesta,  los  mismos  propietarios  quie* 
ren  vender;  mas  nadie  compra  sino  á  muy  bajo  precio,  porque 
no  hay  leyes  que  garanticen  la  seguridad  de  la  riqueza  privada 
lontra  el  arbitrio  de  funcionarios  incompetentes  y  engreídos. 

Seguramente  pocos  países  habrá  en  el  mundo  peor  goberna- 
dos y  administrados  que  la  isla  de  Puerto  Rico  bajo  la  domina- 
Ion  yanqui.  En  defensa  del  derecho  y  de  los  sentimientos  de 
isticia  y  de  humanidad,  los  representantes  de  los  Estados 
latinoamericanos  en  las  Conferencias  internacionales  que  tie- 
nen periódicamente,  debían  proponer  y  adoptar  una  acción  co- 
aún   para  poner  remedio  á  tal  estado  de  cosas»  indigno  die 
^luestros  tiempos  y  de  la  civilización  del  Nuevo  Mundo. 


84 


LOS   PÜEIBL08   HISPANOAMBRtOANOS 


A  mediados  de  1906  otra  vez  daba  cuenta  de  la  situación  da 
Puerto  Rico  el  Cónsul  de  España  en  San  Juan,  D,  Enriqae  de 
Vedia. 

El  progreso  que  se  nota  ahora  en  la  producción  de  azúcar  y 
tabaeono  satisface^  ni  puede  satisfacer,  á  la  generalidad  de  los 
habitantes  de  la  isla,  porque  nada  se  ha  hecho  en  favor  del  café 
—producto  queconstituye  el  gran  núcleo  de  la  riqueza  pública — , 
y  sigue^  por  consiguiente,  el  malestar  económico  en  el  país. 
Hoy,  muy  poco  más  del  20  por  ICX)  de  los  terrenas  plantados  de 
cafetos  c^stá  cultivado;  centenares  de  acres  de  aquellos  que,  al- 
gunos años  hace,  constituían  la  mayor  parte  de  la  riqueza  de 
la  isla^  se  hallan  abandonados  y  van  convirtiéndose  en  maleza 
envuelta  por  lianas  tropicales. 

Existen  y  pues,  actualmente  capitales  que  no  producen  nada; 
capitales  que  representan  una  riqueza  muerta  para  el  país,  y 
que  están  llamados  á  desaparecer  totalmente  por  el  abandono 
que  ha  sucedido  al  desconcierto  económico  que  operó  el  cambio 
de  dominación.  Propiedades  qae  valen  de  60  á  70  dólares  por 
acre,  se  ofrecen  hoy  por  15  ó  20,  y  con  frecuencia  se  subastan 
las  fincas  para  el  pago  de  la  contrib ación  ó  del  dinero  á  que  han 
sido  hipotecadas. 

En  las  industrias  fabriles  obsérvase  cierta  animación»  gra* 
cias  á  los  capitales  españoles.  La  Compañía  industrial  de  San- 
turce  ha  establecido  una  fábrica  de  fósforos,  y  tiene  en  proyecto 
otras  instalaciones  diversas,  donde  podrán  encontrar  trabajo 
muchos  de  los  obreros  que  hoy  viven  en  la  mayor  indigencia. 

A  fines  de  año  había  agitación  política.  El  raes  de  Noviem- 
bre fué  época  de  elecciones  para  designar  Comisionado  en  Wa- 
shington, Delegados  á  la  Cámara  é  individuos  de  los  Ayunta- 
mientos. A  los  dos  antiguos  partidos  en  pugna,  republicano»  y 
unionistas,  se  agrega  ahora  el  nuevo  partido  obrero  socialista, 
con  bastante  fuerza  en  algunos  distritos. 


Ocho  años  hace  ya  qu§  la  iiU  sufre  la  dominación  yanqui^  y 


PÜBRTO    RICO 


35 


no  hay  esperanzas  de  que  pueda  aliviarse  el  malestar  sacial  y 
economice  qae  allí  se  siente.  Promesas  de  reforma  no  faltan, 
y  recientemente  las  ha  renovado  Mr.  Rooaevelt  con  motivo  de 
su  visita  á  Puerto  Rico.  Llegó  á  bordo  del  Lumana  y  pasó 
como  nn  meteoro,  el  21  y  22  de  Noviembre.  Por  la  llamada  vía 
militar,  fué  de  Ponce  á  San  Juan  en  automóviL 

En  el  interior  de  la  isla,  sus  hambrientos  habitantes  con- 
templaron admirados  la  lujosa  comitiva  de  diez  ó  doce  ati- 
tomóviles  que  velozmente  recorrían  aquellos  campos,  tan 
hermosos  en  los  días  en  que  era  Puerto  Rico  una  provincia 
española;  ahora  yermos ,  casi  despoblados,  desde  que  son  tie- 
rras de  una  colonia  yanqui.  En  el  fango  de  esas  tierras,  al  pasar 
el  rio  de  Arecibo,  se  hundió  ©1  vehículo  que  conducía  á  Roose- 
Telt;  se  necesitó  una  pareja  de  bueyes  para  arrancar  del  lodo 
portorriqueño  al  carro  triunfal  del  Presidente  de  los  Estadoi 
Unidos  de  Norte  América. 

Como  en  triunfo  entraba^  en  efecto,  en  las  ciudades  y  en 
alguno  que  otro  gran  poblado^  donde  hacía  breve  alto  la  comi- 
tiva para  oir  salutaciones  y  discursos;  invariablemente  respon- 
día Roosevelt  declarando  el  gran  afecto  que  sentía  hacia  los 
portorriqueños,  y  ofreciendo  su  valioso  apoyo  para  conseguir 
qnese  concedan  los  derechos  de  ciudadanía  á  los  míseros  colo- 
nos de  la  isla.  Era  la  repetición  de  la  promesa  que  viene  ha* 
ciendo  años  ha. 


REPÚBLICA  DOMINICANA 


La  feToíucíón.— Preiidcncíft  ñoi  General  Mora.l<!Í4-Protpí;tcii"aii6liflCfll  de  los 
yuDquis.— Oposición  en  loa  Estados  Unidos  y  en  Santo  Dominffo.— Conve- 
nio provisional.  -Polílira  personal  de  Koosevi>lt,— SnR  propósitos  de  in- 
tervencifin  en  los  paísect  bañados^  por  el  mar  Caribe.— Otra  revoluddn»— 
El  General  CácercB:  su  programa  de  í?obierno.  -BituacióD  de  la  Repú- 
hlica,-El  arreglo  de  la  Deuda. 


A  principios  de  1904  seguía  esta  República  en  plena  revo- 
lución. Morales  y  Jiménez  disputábanse  el  podet%  y  también 
ecbaba  sn  cuarto  á  espadas  el  General  Wos  y  Gil.  Se  cerraban 
los  puertos  al  comercio,  no  había  seguridad  en  ninguno;  Santo 
Domingo,  Puerto  Plata  ^  San  Pedro  de  Macoris  sufrían  bombar- 
deos, los  proyectiles  alcanzaban  á  las  Legaciones  extranjeras  y 
los  cruceros  y  cañoneros  yanquis  iban  y  venían  por  aquellas 
aguas  en  espera  de  ocasión  oportuna  ó  conveniente  para  tomar 
buenas  posiciones  en  la  isla. 

A  mediados  de  Marzo  el  Presidente  provisional^  MoraleSt 
pudo  imponerse  transitoriamente  4  sus  adversarios,  recobrando 
-i  San  Pedro  de  Macoris.  No  obstante,  aquéllos  no  se  dieron  por 
vencidos,  y  la  guerra  civil  continuó ^  con  caracteres  tales  de 
gravedad,  que  los  yanquis  reforzaron  su  escuadrilla  en  las 
agnas  de  Santo  Domingo  para,  llegado  el  caso  de  intervención, 
anticiparse  á  las  potencias  europeas  que  pudieran  repetir  lo  de 
Yenezuelai  puesto  que  los  cuatro  quintos  de  la  Deuda  domini- 
cana á  acreedores  de  Europa  so  deben. 

El  Gobierno  yanqui  creyó,  sin  duda,  conveniente,  tal  veu 


para  evitar  conEictos  en  que  su  prestigio  no  quedara  bien  pa* 
radOf  ayudar  á  Morales  en  el  restablecimiento  de  la  paz^  lo  que 
al  ñn  se  consiguió,  á  principios  de  Junio^  gracias  á  los  buenos 
oficios  del  Comandante  de  uno  de  los  buques  norteamericanos. 

El  19  se  legalizó  la  situaciÓD  política,  siendo  elegidos  Pre- 
sidente y  Vicepresidente  constitucionales  los  Generales  Morales 
y  Cáceres,  respectivamente. 

El  1.°  de  Julio  el  General  Carlos  F,  Morales  participaba  á  los 
demás  Jefes  de  Estado  que,  convocado  el  pueblo  dominicano  ¿ 
dar  SQ  voto  libre  y  espontáneo,  le  había  designado  con  sus  su- 
fragios para  ocupar  la  primera  magistratura  de  la  nación. 

No  faltó  el  consabido  programa  de  gobierno.  Morales  se 
proponía  mantener  á  todo  trance  el  orden,  arreglar  la  hacienda, 
fomentar  la  industria,  abrir  nuevas  vías  de  comunicación,  ac- 
tivar la  explotación  de  minaSj  etc.,  etc. 
« 

Ya  en  esta  época  una  Comisión  de  arbitraje  había  diotado 
fallo  en  el  asunto  de  las  reclamaciones  formuladas  por  la  «Santo 
Domingo  Tm  pro  ve  túent  Company»  y  otras  tres  Corapañíasfinan* 
cieras  y  de  ferrocarriles  que  gestionaban  en  unión  de  aquella 
la  defensa  de  sus  intereses. 

Los  arbitros  fueron  dos  yanquis  y  un  dominicano  (D.  Ma* 
nuel  de  J,  Galván);  la  República  Dominicana  quedó  obligada, 
según  el  laudo  arbitral,  á  pagar  4,481.280  pesos  oro  en  plazos 
roensaales,  abonando  un  4  por  100  de  interés,  con  garantía  de 
las  Aduanas  de  Puerto  Plata»  Montecristi,  Sánchez  y  Samaná. 
El  primer  plazo  debió  haberse  hecho  efectivo  en  Septiembre 
de  1904.  Pero  como  el  Gobierno  de  Santo  Domingo  no  cumplía 
BU  compromiso,  los  yanquis  asumieron  la  administración  de  las 
Aduanas. 

Se  atribuía  entonces  al  Presidente  de  los  Estados  Unidos 
el  propósito  de  encargarse  temporalmente  del  Gobierno  de 
Santo  Domingo  para  reorganizarlo  y  liquidar  deudas;  algo  asi 
como  una  ocupación  militar  interina.  Normalizados  los  serví» 


cios  y  establecido  el  régimen  conveniente,  loa  Estados  Unidos 
fifi  retirariaUi  conservando,  por  snpiiestO|  ventajas  y  privilegio» 
en  las  relaciones  políticas  y  comerciales  con  el  nuevo  Gobierno; 
cosa  semejante  á  lo  que  habían  hecho  en  Cuba. 

Si  tal  aspiración  había,  no  llegó,  fin  embargo,  á  realiararae 
por  completo.  Los  Estados  TJiiidos  se  limitaban  á  ejercer,  desde 
L**  de  Enero  de  1905,  un  protectorado  fiscal  temporal  en  la 
República  Dominicana. 

Puso  el  Gobierno  yanqui  empeño  en  que  constase  que  los 
Estados  Unidos  no  habían  solicitado  este  convenio.  Fué,  decían, 
ponsecuencia  de  las  repetidas  solicitudes  de  Tas  potencias  inte- 

"l-esadas,  así  como  de  petición  directa  del  Presidente  Morales. 

La  República  Dominicana  venía  sufriendo  una  gran  crisis 
ecojQÓmica.  Tratándose  únicamente  de  asuntos  del  país,  la  si- 
tuación no  hubiera  sido  grave;  pero  lo  que  le  daba  importancia 

^era  el  hecho  de  que  muchas  potencias  europeas  estaban  di- 
rectamente interesadas  en  la  cuestión.  En  los  últimos  añoi^ 
aquéllas  habían  insistido  en  sus  exigencias;  la  Bepúblicat  casi 
en  bancarrota,  necesitó  la  acción  internacional,  y  se  resolvió  es- 

_coger  al  Gobierno  yanqui  para  que  se  encargase  de  aplicar  los 
Recursos  fínancieros  del  Estado, 

Según  las  condiciones  del  protocolo  firmado,  la  República 
Dominicana  se  reservaba  todos  los  derechos  de  soberanía;  los 
yanquis  declararon  que  no  abrigaban  propósito  de  anexión  y 
que  estaban  dispuestos  á  ayudar  al  Gobierno  de  Santo  Domingo 
para  restablecer  el  crédito,  mantener  el  orden  público,  refor- 
mar la  administración  civil,  y  hacer,  en  suma,  cuanto  fuera 
necesario  para  la  prosperidad  del  país. 

De  los  derechos  arancelarios  que  se  perciben  en  las  Aduanas 

I  de  la  República,  el  Gobierno  yanqui  entregaría  al  Gobierno 
iorainicano  el  45  por  100  del  total  para  atender  a  las  necesida- 
des del  presupuesto. 

Con  el  55  por  100  restante,  el  Gobierno  yanqui  pagará  los 
Jiueldos  de  los  empleados  de  las  Aduanas  y  los  intereses  y  amor- 


40 


LOS   PCEBLtm   HISPANO AM15BICANQS 


tización  de  las  dendas  extraDJeras  y  nacionales.  El  sobrante 
qne  quede  al  ñnal  de  cada  año  fíacal  se  entregará  al  Gobierno 
de  Santo  Domingo  para  el  pago  de  sus  deadai».  No  se  podrán 
hacer  alteraciones  en  el  arancel  vigente  sin  el  consentimiento 
del  Gobierno  de  Washington  hasta  que  la  deuda  este  comple- 
mente liquidada. 

El  Presidente  Morales  dio  cuenta  de  este  convenio  al  Con- 
greso dominicano.  En  el  paía  la  opinión  apareció  mny  divi- 
dida. Los  enemigos  políticos  de  aqnél  protestaban  en  nombra 
del  derecho  y  de  la  dignidad  de  la  nación^  y  organizaban  fuer- 
zas y  elementos  para  provocar  ona  revolución.  Tendían  á  pro- 
curarse el  apoyo,  más  ó  menos  directo,  de  potencias  europeas, 
pues  siendo  europeos  la  mayoría  de  loa  acreedores,  estimaban 
inmotivada  é  intolerable  la  exclusiva  ingerencia  de  los  Estados 
Unidos. 

En  este  país  tampooo  había  unanimidad  de  criterio  respecto 
al  convenio.  Pasó  el  protocolo  al  Senado;  la  Comisión  de  Rela- 
ciones exteriores  lo  modificó  ya  algo,  y  aquél  acabó  jior  re- 
chazarlo, protestando,  principalmente,  de  una  cláusula  que 
establecía  cierta  especie  de  protectorado  sobre  la  Eepdblioa 
Dominicana. 

En  consecuencia,  Roosevelt  dio  orden  á  Dawson,  el  Ministro 
yanqui  en  Santo  Domingo,  para  renovar  las  negociaciones  so- 
bre la  base  ainica  del  pago  de  la  Deuda,  haciendo  un  convenio 
provisional  que  habría  de  regir  hasta  tanto  que  fuese  aprobado 
ó  rechazado  el  tratado  que  pactó  el  Secretario  Hay  con  ©1  Po- 
der Ejecutivo  de  la  Kepúblioa  Dominicana.  Roosevelt  propon- 
dría, y  el  Presidente  Morales  nombraría,  á  ciertos  eiudadanos 
americanos  para  que  tomasen  á  su  cargo  las  Aduanas  domini- 
canas, con  excepción  de  las  mencionadas  con  rela«ión  al  laudo 
arbitral  referente  k  la  «Santo  Domingo  Iraproveraent  Com- 
pany '.  En  caso  de  que  el  tratado  llegara  á  ratificarse  por  el 
Senado,  los  fondos  acumulados  en  depósito  serían  distribuidos 
entre  los  reclamantes  extranjeros,  y  se  continuaría  d  procedí- 


REPÚBLICA    DOMINICANA 


41 


iniento  de  retener  el  55  por  li)0<ie  las  entradas  netas  de  las  Adna- 
nas  en  beneficio  de  dichos  reclamantes,  hasta  que  sns  créditos 
hayan  sido  totalmente  satisfechos.  Pero  si  el  Senado  no  aceptara 
el  convenio,  los  fondos,  depositados  en  nn  Banco  de  los  Estados 
Unidos,  se  entregarían  al  Gobierno  déla  República  Dominicana, 
y  el  agente  de  los  Estados  Unidos  abandonaría  su  puesto. 

Como  se  ve,  Roosevelt  daba  por  válido»  en  lo  principal  y  más 
positivo,  lo  que  no  debía  serlo,  es  decir,  el  convenio  que  el  Se- 
nado se  negó  á  aprobar,  y  D&wson  y  sus  agentes  siguieron  in- 
cautándose de  los  derechos  de  Aduanas.  Cabe,  pues,  afirmar  que 
el  Presidente  de  los  Estados  Unidos  del  Norte  de  América  se  eri- 
gió, personalmente,  en  tutor  de  los  dominicanos^  y  que  ejercía 
esa  tutela  por  medio  de  su  representante  Dawson.  La  Repú- 
blica Dominicana  está,  no  bajo  el  protectorado  de  los  Estados 
Unidos,  sino  de  Mister  Roosevelt. 

Teste  no  se  limita  á  ejercer  protectorado  en  Santo  Domingo* 
Con  las  garras  bien  clavadas  en  esa  República,  y  en  Panamá, 
y  en  Puerto  Rico,  y  en  Cuba,  el  águila  d©  Washington  parece 
haberse  convertido  en  buitre,  que  extiende  y  agita  sus  alas 
sobre  todos  los  pueblos  del  mar  Caribe  y  acecha  la  ocasión 
de  nutrirse  con  ellos,  Y  no  se  recata,  por  cierto,  Roosevelt 
en  darlo  a  entender,  por  más  que  encubra  con  eufemismos  la 
iniquidad  del  propósito.  Públicaraente  declara  en  el  Mensaje  á 
las  Cámaras,  refiriéndose  á  los  patees  hañcido»  por  el  mar  Ca^ 
Hbe,  que  «intervendremos  en  sus  asuntos  en  último  extremo 
y  cuando  aparezca  evidente  su  impotencia  ó  su  falta  de  volun- 
tad para  proceder  con  justicia  en  el  interior  y  en  el  exterior, 
violando  de  algún  modo  los  derechos  de  los  Estados  Unidos  ú' 
ocasionando  con  su  Conducta  agresiones  de  afuera,  con  daño  de 
loe  intereses  generales  de  la  América.  Toda  nación,  ya  perte- 
nezca á  este  continente,  ya  á  cualquier  otro,  que  aspire  á  man- 
tener su  libertad  é  independencia,  debe  comprender  que  el  de- 
recho á  disfrutar  de  esa  independencia  es  inseparable  del  deber 
de  hacer  buen  uso  de  ellai». 


42 


LOS    PUEBLOS    HISPANOAMERICANOS 


Se  intervendri,  pues,  cuando  haya  pretexto  para  stxponer 
qne  tal  ó  cual  República  no  tiene  condicionea  de  vida  y  ha  Ue» 
gado  al  último  extrñmo,  31  el  pueblo  a  quien  sojuzgaba  medio 
muerto  da  señales  de  vida,  y  lucha,  y  se  defiende,  no  hay  que 
esperar  que  el  ^interventor»  ó  conquistador  retroceda  ante  laa 
contingencias  de  una  guerra,  porque,  en  opinión  de  Roosevelt^ 
€s61o  los  pueblos  perezosos,  tímidos,  imprevisores,  enervados 
por  el  lujo  y  el  egoismo  ó  descarriados  por  falsas  enseñanzas, 
han  dejado  de  cumplir  cobardemente  con  deberes  que  exigen 
energía  y  sacrificios,  encubriéndose  á  sí  mismos  tan  bajos  mo- 
tivos con  el  nombre  de  amor  á  la  paz», 

Y,  claro  es,  como  los  Estados  Unidos  tienen  la  pretensión  de 
constituir  un  pueblo  activo,  valeroso,  previsor,  enérgico,  al- 
truista y  bien  enseñado,  nnnca  por  amor  á  la  paz  podrá  dejar 
de  cnmplir  el  deber  que  se  ha  impuesto  de  obligar  á  todos  los 
pueblos  de  América  á  que  hagan  buen  uso  de  su  libertad  ó  in- 
dependencia, 

El  Mensaje  de  Roosevelt  vino  á  ser,  en  realidad,  una  aloeu> 
ción  ó  manifiesto  dirigido  á  las  Repúblicas  hispanoamericanas, 
declarando  su  hegemonía  sobre  todo  el  continente,  ó  por  lo 
menos  sobre  los  pueblos  de  las  Antillas  y  del  Istmo  y  los  de  la 
América  meridional  que  tienen  costa  en  el  mar  Caribe.  Esos 
pueblos  habrán  de  vivir  y  gobernarse  como  plazca  á  los  Esta- 
dos Unidos,  siempre  de  acuerdo  y  en  alianza  con  ellos;  de  lo 
contrario,  serán  declarados  ineptos  é  indignos  de  ser  libres. 
El  supremo  Juez  encargado  de  hacer  esta  soberana  declaración 
es  el  Presidente  de  la  República  yanqui*  Nadie  le  ha  otorgado 
ni  le  reconoce  tan  altas  funciones;  pero  está  dispuesto  á  ejercer- 
las á  título  del  más  fuerte. 

Por  fortuna  para  América,  para  la  America  toda,  la  del 
Norte  y  la  del  Sur,  situaciones  que  no  tienen  más  base  que  la 
fuerza  y  pugnan  con  la  razón  y  con  el  derecho,  son  siempre 
transitorias.  En  los  mismos  Estados  Unidos  inspira  ya  recelos 
la  política  absorbente  é  imperialista  de  Roosevelt*  Va  de  fra< 


HBPÚBLIOA    DOMINICANA 


43 


caso  en  fracaso;  en  el  Senado  y  en  el  Congreso  encuentra  opo- 
sición más  ó  menos  francamente  declarada,  y  ae  aplazan  d  mo- 
difican sus  proyectos  sobre  revisión  da  aranceles,  aumento  de 
la  escuadra,  tratados  de  arbitrajes,  convenios  internacional 
les,  etc.  Está  iniciado  el  conflicto  entre  el  Poder  Ejecutivo  y  el 
Poder  Legislativo  de  los  Estados  Unidos  del  Norte  de  América. 

Por  otra  parte,  como,  más  ó  menos ^  las  potencias  europeas 
tienen  intereses  en  las  Repúblicas  hispanoamericanas,  la  inter- 
vención en  éstas  de  los  Estados  Unidos  vendría  á  ser,  en  mu- 
chos casos,  una  intervención  indirecta  en  los  asuntos  de  aqué- 
llas. Be  aquí  probables  y  muy  graves  complicaciones  para  los 
Estados  Unidos,  si  éstos  llegaran  á  hacer  suya  la  soberbia  doc- 
trina de  Roosevelt  y  adoptasen  resueltamente  una  política  in- 
ternacional en  consonancia  con  ella, 

Y  que  la  tal  doctrina  de  intervención  en  los  Estados  ame- 
ricanos puede  atentar  á  los  derechos  ó  intereses  de  subditos  de 
potencias  europeas,  pruébalo  esta  misma  ingerencia  de  Roose- 
velt en  las  cuestiones  ñnancieras  dominicanas.  Pretende  juzgar 
del  valor  que  tienen  las  reclamaciones  de  los  acreedores  euro- 
peos, y  con  tal  objeto  envió  á  Europa  á  un  Agente  especial, 
apellidado  HoUander. 


Acabó  ©1  año  1905  con  otra  revolución.  Principal  causa  ó 
pretexto  de  ella  fué  el  famoso  convenio  que  pactó  su  Presidente 
con  el  Gobierno  de  Washington.  El  Parlamento  dominicano 
no  se  mostraba  dispuesto  á  aprobar  el  artículo  7.**  de  ese  con- 
venio, que  da  á  los  Estados  Unidos  el  derecho  de  intervenir  en 
el  país  en  caso  de  alteración  del  orden  público. 

El  caso  había  llegado;  el  Presidente  Morales  fué  depuesto, 
y  se  proclamó  Dictador  el  Vicepresidente  Cáceres.  Pero  el  con- 
venio no  había  obtenido  aún  la  aprobación  del  Senado  yanqui, 
j  Roosevelt  no  pudo  hacer  valer  el  derecho  á  restablecer  el  or- 
den. Sin  embargo,  envió  buques  y  tropas  de  marina  por  si  hu- 
biera habido  ocasión  ó  pretexto  de  intervenir. 


44  LOS    PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 


La  ingerencia  de  los  Estados  Unidos  en  los  asuntos  de  Santo 
Domingo  suscita,  como  lo  demuestran  los  hechos,  viva  pro- 
testa en  la  isla.  A  este  sentimiento  responde  sentimiento  ana* 
logo  en  gran  parte  de  la  opinión,  la  más  sensata,  de  los  mismos 
Estados  Unidos.  En  el  Senado  hay  un  núcleo  importantísimo 
que  se  opone  resueltamente  á  las  aspiraciones  de  Roosevelt, 

La  revolución j  la  anarquía  dominicana  que  ahora  éste  fo» 
menta  indirectamente  con  sus  propósitos  de  protectorado,  po- 
drá ser  argumento  de  gran  fuerza  que  aprovechen  los  enemigos 
de  la  política  invasora  é  imperialista  del  actual  Presidente  dt 
los  Estados  Unidos  del  Norte. 

El  nuevo  Presidente,  D.  Ramón  Cáceres,  declaró  en  su  Men- 
saje al  Congreso  que  había  qiie  llevar  á  cabo  reformas  constl* 
tucionales,  mejorar  puertos  y  caminos»  dictar  leyes  agrarias, 
garantir  la  libre  administración  de  justicia  y,  en  suma,  <domar 
cuantas  medidas  sean  dignas  de  una  nación  cívilizadaí».  B.ecc- 
mendaba  especialmente  al  Congreso  ©1  estudio  del  tratado  que 
establece  el  protectorado  financiero  de  los  yanquis  y  que  se  so- 
metió al  Senado  de  éstos^  tratado  que  el  General  Cáceres  con* 
sidera  como  un  triste  fruto  de  los  errores  de  todos.  Por  sn 
partCj  el  Senado  de  Washington  se  avenía  á  aceptar  el  tal  tra- 
tado á  condición  de  agregarle  cláusulas  que  garanticen  lo- 
intereses  pecnniarioa  de  los  acreedores  yanquis  en  concurren- 
cía  con  los  europeos. 

La  indirecta  intervención  de  los  Estados  Unidos  en  la  Repú- 
blica Dominicana  no  i>roduce  hasta  ahora  resultados  favorabler-» 
en  cuanto  al  orden  y  paz  interior  de)  país.  Administran  los 
yanquis  las  Aduanas^  sus  cañoneros  van  y  vienen  entre  los 
puertos,  hacen  pesar  su  influencia  en  los  actos  del  Gobierno,  y, 
sin  embargo,  unos  á  otros  se  suceden  loa  motines,  las  rebeldías^ 
sobre  todo  en  la  parte  Noroeste  de  la  República. 

La  acción  del  Gobierno  de  Washington  es  aquí»  como  en 
Cuba,  una  causa  más  de  intranquilidad  y  desorden;  á  las  dis* 


itfiJPÚBLlcA   DOMINIOAKA 


45 


cordias  que  hay  entre  |>aicialidades  ó  personajes  políticos,  se 
agrega  la  simpatía  de  los  anos  y  la  animadyersión  de  los  otros 
respecto  de  los  yanquis.  Aca&o  si  éstos  se  decid ieran  á  an espio- 
narse Cuba  y  Santo  Domingo  la  situa¿ión  podría  simplificarse, 
porque  los  que  no  simpatizan  con  ellos  se  unirían  contra  1» 
dominación  extranjera,  prescindiendo  de  las  rivalidades  que 
hoy  los  separan.  Mas  no  creo  que  los  Estados  Unidos  lle- 
guen á  anexionarse  esas  Repúblicas;  los  buenos  políticos  yan- 
quis tienden  á  explotarlas*»  no  á  dominarlas*  Poseer  colonias  o 
territorios  que  obligan  á  gijierra  permanente^  y  consiguientes 
gastos,  no  es  negocio.  Ya  tienen  hecha  la  experiencia  en  Fi- 
lipinas. 

Esa  tendencia  de  los  yanquis  la  van  TÍ«ndo  ya  muy  clara  los 
demás  pueblos  americanos»  Prueba  de  ello  es,  eatre  otras,  la 
creación,  según  noticias  recibidas  de  San  José  de  Costa  Rica, 
de  un  club  americano  «para  oponerse  á  los  esfuerzos  que  hacen 
loe  Estados  Unidos  con  el  fin  de  aniquilar  la  independencia  co- 
mercial de  la  América  latinav/. 


A  fin  de  año  parece  que  habían  dado  ya  algún  resultado  las 
gestiones  del  Agente  ñnanciero  de  Boosevelt,  Jacob  Hollander, 
á  quien  secundaba  el  Ministro  de  Hacienda  en  Santo  Domingo, 
D.  Federico  Velázquez.  Los  40  millones  de  dólares  á  que 
ascendía  la  deuda  total,  quedaban  reducidos  á  17^  de  ellos ^  12  re- 
presentan la  deuda  extranfera.  Los  acrreedores  europeos  (Bél- 
gica, Inglaterra,  Italia,  Francia,  Alemania  y  España)  se  ave 
tiíaii  á  perder  algo  más  de  la  mitad  de  sus  créditos^  á  cambio  de 
la  seguridad  en  cobrarlos.  Para  pagar  á  todos  pronto,  el  Go- 
bierne dominicano  emitirá  un  empréstito  de  20  miUenes,  que 
le  facilitarán  los  banqueros  yanquis. 

De  esta  suerte^  la  República  Dominicana  no  tendrá  acreedo- 
res «n  Europa;  todo  lo  deberá  á  loi  yanquis.  Estos,  que  Ínter- 
vienen  en  las  Aduanas,  bien  podrán  cobrarse  capital  ó  intereses. 
EtU  último  término,  si  los  dominicanos  no  se  mostraran  dóciles 


46  L08  PUBBL08  H18PANOAMBK1CAN09 

y  SQScitaran  difícaltades,  medios  sobrados  tendrían  los  yanquis 
de  imponerse,  ya  sin  la  molesta  intervención  de  naciones  eu> 
ropeas,  ¿  quienes  hay  que  respetar  algo  más  que  á  los  pueblos 
del  mar  Caribe. 


■■1 


MÉXICO 


Mézleo  en  l904,--Heform&B  en  t»  Constitución:  el  periodo  preaideaclAl  y  la 
Vlceprefiidencia  de  la  República.— Reelección  rie  Porñrio  Díaz.— Lm  pax 
«n  el  Yucatán,— Homenaje  á  la  memoriadeD.  Juan  Prlm.— La  influeneia 
económica  de  los  janquia  en  México, —La  reforma  monetaria. 


Se  han  reformado  algunos  articalos  de  la  Constitución  fede- 
ral mexicana ,  ampliando  el  período  presidencial  y  creando  el 
(iargo  de  Vicepresidente. 

presidente  y  Vicepresidente  entrarán  a  ejercer  sus  funcio- 
nes, como  antes,  el  1.^  de  Diciembre^  y  durarán  en  ellas  seis 
afios  en  vez  de  cuatro. 

Los  electores  que  designen  al  Presidente  de  la  Kepública 
elegirán  también  el  mismo  día  y  de  ignal  modo^  en  calidad  de 
Vicepresidente,  á  un  ciudadano  en  qnien  concurran  las  condi- 
ciones exigidas  para  la  Pi*esidencia.  El  Vicepresidente  será 
Presidente  nato  del  Senado,  con  voz,  pero  sin  voto»  á  no  ser  en 
caso  de  empate.  Podrá,  sin  embargo,  desempeñar  algún  cargo 
de  nombramiento  del  Ejecutivo,  y  en  tal  caso  se  le  nombrará 
substituto  en  la  Presidencia  del  Senado.  Por  ministerio  de  la 
ley  asumirá  el  ejercicio  del  Poder  Ejecutivo  cuando  el  Presi- 
dente no  tome  posesión  de  sa  cargo  el  día  designado,  cuando 
ocurra  su  falta  absoluta,  ó  cuando  se  le  conceda  lieencia  para 
separarse  de  sus  funcione».  Si  la  falta  de  Presidento  fuere 


48 


LOS   PUEBLOS  HISFANOAMERIOANOS 


absoluta,  el  Yicepresidente  le  substituirá  hasta  el  ñn  del  periodo 
pata  el  que  fué  electo,  y  en  los  demá^  caso»  hasta  que  el  Presi- 
dente se  presente  á  desempeñar  bus  funciones. 

Estas  nuevas  disposiciones  comenzaron  ¿  regir  en  1904,  aao 
en  que  se  hizo  la  elección  de  Presidente;  otra  ve^  fué  reelegidoi 
el  10  de  Julio,  el  General  D,  Porfirio  Díaz.  Se  designó  también 
Vicepresidente;  el  electo  fué  el  Dr,  D.  Ramón  Corral,  persona 
muy  ilustrada  y  laboriosa,  Gobernador  que  ha  sido  varias  veces 
de  su  Estado  natal,  Sonora,  habiendo  desempeñado  también  los 
cargos  de  Diputado  á  la  legislatura  de  Sonora  y  al  Cong^reso  da 
la  Unión,  y  el  de  Gobernador  del  Distrito  federal,  A  la  sazón 
era  Secretario  ó  Ministro  dé  Gobernación. 

El  2í>  de  Septiembre,  el  XXIll  Congreso  de  los  Estados  Uni- 
dos Mexicanos  se  erigió  en  Colegio  electoral.  Pasó  á  la  Gran 
Comisión  el  expediente  formado  por  los  Colegios  electorales  de 
la  República  con  motivo  de  las  elecciones  de  Presidente  y  Vi- 
cepresidente para  la  renovación  del  Poder  Ejecutivo  en  el  pe^ 
ríodo  constitucional  de  1904  á  1910;  y  hecha  la  computación 
rest>ectiva,  se  obtuvo  como  resultado  el  total  de  1{>,008  votos 
unánimemente  dados  en  favor  del  ciudadano  General  Porfirio 
Díaz  para  Presidente,  y  de  18.981,  contra  17,  en  pro  del  ciuda- 
dano Ramón  Corral  para  Vicepresidente.  La  Gran  Comisión 
estimó  legítimo  el  resultado  de  las  elecciones,  y  el  Colegio 
electoral  declaró  por  unanimidad  que  Díaz  y  Corral  eran,  res- 
pectivamente, Presidente  y  Vicepresidente  de  la  República 
para  el  sexenio  que  comenzó  el  I.**  d*  Diciembre  de  1904  y  ter- 
minará el  30  de  Noviembre  de  liílO, 

Tenía  Díast  setenta  y  cuatro  años  de  edad  y  entraba  en 
el  '25."  de  su  gobierno  y  en  su  séptimo  período  presidencial.  Si 
para  fortuna  del  país  alcanza  su  vida  hasta  el  fin  del  pen'ddOf 
aera  entonces  octogenario  y  habrá  gobernado  durante  casi  un 
tercio  de  siglo. 


Antes  de  las  elecciones,  el  Presidente  había  hecho  saber  por 


decreto  qué  estaba  terminada  la  campaña  contra  los  indios  ma- 
yas, en  el  Yucatán. 

La  noticia  produjo  muy  favorables  consecuencias  para  el 
Territorio  de  Quintano  Roo»  al  que  acudían  numerosos  comer- 
ciantes y  trabajadores»  así  nacionales  como  extranjeros.  En 
las  poblaciones  ya  establecidas  se  instalaban  nuevos  almacenes 
y  casas  mercantiles,  estimuladas  por  el  aliciente  de  franquicias 
()Ua  se  habían  otorgado  exceptuando  del  pago  de  toda  clase  de 
derechos  de  importación  y  puerto  á  las  mercancías  extranjeras 
<|ue  se  introdujeran  para  el  consumo  en  el  mencionado  Terri- 
torio, 

El  28  de  Julio  de  11)04  se  rindió  en  la  capital  de  México  ho- 
menaje solemne  á  la  memoria  de  un  español^  D»  Juan  Prim,  No 
han  olvidado  los  mexicanof»  la  noble  conducta  del  ilustre  caudi- 
llo en  186á,  y  por  iniciativa  del  Gobernador  D,  Gmillermo  de 
Landa  y  Escanden  acordaron  dar  el  nombre  de  f General  Prim» 
á  la  gran  avenida,  18  Poniente,  una  de  las  más  hermosas  de  la 
ciudad*  Parte  esta  vía  del  lado  Oeste  de  la  cindadela  ó  fábrica 
do  armas,  cruza  la  avenida  Bucareli  y  va  á  desembocar  en  el 
paseo  do  la  Rt^forrna,  cerca  de  la  glorieta  Cuauhtemoc,  Al  acto 
déla  colocación  de  la  placa  en  que  ae  grabó  el  nuevo  nombre  de 
la  avenida,  concurrieron  el  Presidente  y  los  mas  altos  funciona- 
rios,'  allí  se  oyeron  hermosos  discursos,  pronunciados  por  per- 
sonalidades tan  eminentes  como  D.  Justo  Sierra,  el  ilustre  eí*- 
tadista,  historiador  y  literato  que  representó  á  su  patria  en  el 
Congreso  iberoamericano  de  Madrid  en  1900,  el  Director  de 
Eí  Correo  Español  D.  José  Porrúa  y  el  gran  poeta  D.  Juan  de 
Dios  Peza. 


A  mediados  de  año,  un  importante  semanario  de  México,  El 
Progreso  Latino ^  que  dirige  el  Sr,  D.  Román  Rodríguez  Peña, 
reprodujo  algunos  de  loa  datos  y  comentarios  que  consigné  en  el 
volumen  I  de  esta  obra,  para  demostrar  que  los  Estados  Unidos 


50 


LOS  PÜBIILOS   HlSPAKOAMRUÍUAtíOS 


««  hallan  aún  muy  lejos  de  tener  en  A^mérica  la  supremacía  co- 
mercial  que  pretenden. 

De  acuerdo  con  lo  que  alH  dije^  el  mencionado  periódico 
declaraba  que»  aparte  México^  Cuba  y  algunos  Estadas  de  la 
América  Central,  el  comorciOí  y  en  general  la  influencia  eco- 
nómica de  los  yanquis  en  el  Nuevo  Mundo»  ea  insignificante 
comparada  con  la  de  los  pueblos  europeos. 

Aun  respecto  de  México  no  eg  esa  influencia  tan  exclusiva 
como  suponen  l«s  que  en  Europa  y  en  América  escriben  de  es- 
tas cosas  sin  más  fuentes  de  información  que  las  exageraciones 
ó  falsedades  tan  corrientes  en  libros  y  periódicos  yanquis. 

Las  cifras  y  los  hechos  que  aducía  el  Sr.  Rodríguez  Peña 
evidenciaban  que  los  Estados  Unidos,  aunque  muy  lentamente, 
van  perdiendo  terreno  en  México  ante  los  esfuerzos  que  hacen 
los  europeos  y  ante  el  adelanto  del  país,  que  con  sus  propios 
elementos  de  prosperidad  y  riqueza  tiende  á  nacionalizarlo  todo. 

Las  estadísticas  demostraban  que  desde  Julio  de  190S  á  Fe- 
brero de  1904  inclusives,  el  comercio  de  importación  en  México 
llegó  á  la  suma  de  5<!)  millón  es  de  pesos  oro,  de  los  cuales  27  7^  <^ran 
el  valor  de  mercancías  y  efectos  importados  de  los  Estados  Uni- 
dos. Pero  de  esos  t?7  Y-  millones  había  que  deducir  por  lo  menos 
4  millones,  valor  de  mercancías  ó  efectos  europeos  que  van  á 
México  por  la  vía  de  los  Estados  Unidos.  En  la  exportación  era 
preciso  hacer  aún  mayor  deducción;  de  130  millones  plata  á  que 
llegó  en  esos  ocho  meses,  correspondieron  á  los  yanquis  87  mi- 
llones, y  de  éstos  30  pertenecían  al  comercio  con  Europa  y  el 
resto  de  América. 

Ese  comercio  que  México  hace  por  intermedio  de  los  Estados 
Unidos  tiende  á  disminuir,  aumentando^  en  cambio,  el  directo 
con  los  otros  países.  La  Gran  Bretaña  y  Alemania  son  las  que 
más  se  esfuerzan  en  tal  sentido;  sígnenlas  Francia,  España, 
Bélgica,  Austria  é  Italia.  La  mayor  parte  de  estas  naciones 
procuran  aumentar  sus  medio?  de  comunicación  con  puerto* 
mtacicanos  por  medio  de  líneas  directas.  Encuentran,  sin  em* 


wAxicn 


51 


bftrgo,  un  inoonveniezitQf  el  de  qne  la  red  de  vías  férreas  mexi- 
canas no  está  completa  ni  llega  al  Pacífico^  por  lo  que»  cuando 

I 

I      menos  toda  la  región  occidental  de  México,  tiene  que  recurrir 

I  a  los  medios  de  oomanicación  marítimos,  que  están  en  manos 
I  de  los  yanquis.  Cuando  se  complete  esa  red,  cuando  haya  comu- 
I  ntcacíón  fácil  entre  los  puertos  mexicanos  del  Atlántico  y  del 
^  Pacífico,  los  baques  ingleses,  franceses  y  suramericanos  lucha- 
^H&n  ventajosamente  eñ  ambos  mares  con  la  competencia  yan- 
^^^qui,  como  ahora  lo  hace  ya  una  línea  alemana,  única  que  ha 
i      quedado  por  el  lado  del  Pacífico. 

I  Por  otra  parte^  los  tratados  con  Cuba  y  la  posesión  de  Puerto 

'  Kico  y  Filipinas  han  de  proporcionar  á  los  Estados  unidos  de- 
I  terrainados  productos  agrícolas  en  condiciones  mejores  que  los 
i  que  encuentran  en  México.  Los  azúcares  mexicanos,  por  ejera- 
I  pío,  no  podrán  competir  con  los  de  Cuba  y  Hauaii  en  los  mer- 
cados de  los  Estados  Unidos^  y  lo  mismo  sucederá  con  otros 
I       productos  |>ropios  de  Filipinas  y  Puerto  Rico  si  los  yanquis  lo- 

Ngran  al  fin  normalizar  la  situación  económica  en  dichas  islas* 
£¡1  abacá  filipino  podrá  ser  un  peligroso  competidor  del  hene- 
quén yucateco.  Los  agricul torea  mexicanos  necesitan,  pues,  ir 
buscando  nuevos  mercados  para  sus  principales  productos,  y  al 
encontrarlos,  seguramente,  en  Europa  y  en  los  otros  países  de 
América^  su ñ irán  gran  quebranto  las  relaciones  mercantiles 
con  loa  Estados  Unidos,  y,  por  consiguiente,  la  influencia  y 
predominio  económico  de  éstos  en  México. 

En  cuanto  á  los  capitales  extranjeros—  no  considerando 
^^^omo  tales,  ó  sea  como  introducidos  en  el  país,  los  representa- 
^^|3os  por  las  fortunas  que  los  individuos  de  otras  nacionalidades 
han  hecho  en  México — ,  puede  calcularse  en  7(K)  millones  de  peso» 
oro  ©1  de  los  yanquis,  en  250  el  de  ingleses,  en  200  el  de  alema- 
nes, españoles  y  franceses.  Todos  estos  capitales  juntos  no  lle- 
gan á  la  tercera  parte  de  la  riqueza  comercial— es  decir,  la  que 
hoy  tiene  valor >-de  México,  y  todos  tienden  á  nacionalizarse, 
asea  por  las  uniones  matrimoniales  de  sus  dueños  con  hija« 


52  1.08   PÜEBLOÍS   HISP ANO AMBRIO ANOS 


del  país,  ya  por  la  compra  de  acciones  que  hacen  los  mexicaDos, 
ya  por  las  sucesiones^  ya,  en  fin,  por  muchas  otras  causas,  en- 
tre las  cuale»  tío  es  la  menos  importante  el  desarrollo  del  espí- 
ritu industrial  y  comercial  de  los  lujos  del  país»  que  poco  á  poco 
van  haciendo  ventajosa  competencia  al  extranjero  en  todos  los 
ramos. 

Hay  además  otra  circunstancia  que  impide  é  impedirá  el 
arraigo  y  crecimiento  de  la  influencia  angloamericana  en  Mé- 
xico: la  diferencia,  la  oposición  de  carácter^  ideas  y  costumbres 
entre  mexicanos  y  j^anquis.  Estos,  salvo  muy  contadas  excep- 
cioneSt  abandonan  pronto  el  iiaís.  En  cambio,  la  gran  mayoría 
de  los  españoles  se  confunden  con  la  población  mexicana  á  la 
segunda  generación;  casi  lo  mismo  sucede  con  franceses  ó  ita* 
lianoB,  y  más  aun  con  los  procedentes  de  otras  Repúblicas  his- 
panoamericanas, la  mayor  parte  de  los  cuales  piden  y  obtienen 
la  ciadadania. 

Con  fecha  16  de  Noviembre,  el  Ministro  de  Hacienda^  señor 
Ivés  Liman  toar,  presentó  A  la  Cámara  su  famoso  proyecto  de 
ley  sobre  reforma  monetaria.  La  importancia  de  tal  reforma, 
el  acierto  con  que  se  hizo  y  las  consiguientes  favorables  conse- 
cuencias que  ha  tenido,  son  circunstancias  que  me  impulsan  a 
consignar  aquí,  íntegra,  la  parte  dispositiva  de  la  ley»  De- 
cía así : 

«Artículo  1.°  Se  faculta  al  Ejecutivo  de  la  Unión  para  qu« 
reforme  las  leyes  monetarias  de  la  Hepáblica,  fijando  las  clases 
de  moneda  que  tengan  circulación  legal,  el  valor,  peso,  ley  y 
demás  condiciones  de  las  propias  monedas,  los  límites  de  tole- 
rancia  en  ¡a  fabricación  y  circulacién,  y,  en  general,  estable- 
ciendo las  prescripcionesquejuzguenecesariasparaperfecoionar 
el  sistema  monetario  adaptándolo  &  las  necesidades  eeonó mi- 
cas de  la  República.  Al  ejercer  estas  facultades,  se  sujetará  á 
las  bases  siguientes: 

A)    Se  conservará  el    «peso)»  actual  de  plata  con  24  gra- 


mos  4.391  diezmiligramos  de  plata  pura  y  2  gramos  6.342  diez- 
miligramos  de  cobre,  y  con  poder  liberatorio  ilimitado. 

i?)  A  dicho  peso  de  plata  se  atribuirá  iin  valor  equivalente 
á  75  centigramos  de  oro  puro. 

C]  Las  monedas  fraccionarias  de  plata  contendrán  ana  can- 
tidad de  este  metal  inferior  ¿  la  que  proporcionalmente  les  co- 
rresponda por  su  valor  representativo  con  relación  al  «peso». 

Z>)  No  será  obligatoria  la  admisión  de  estas  monedas  frac- 
cionarias en  un  mismo  pago  por  cantidad  mayor  de'^  pesos,  ni 
la  de  monedas  de  bronce  en  cantidad  mayor  de  un  peso;  pero  ©1 
Gobierno  designará  las  oficinas  en  donde  los  particulares  pue- 
dan libremente  cambiar  por  pesoü  fuertes  la  moneda  fracciona- 
ria ó  de  bronce  que  presenten  en  cantidades  de  100  pesos  ó  sus 
mal  tipil  »s. 

K)  Las  Casas  de  Moneda  no  estarán  obligadas  á  acuñar  loa 
metales  preciosos  que  se  les  presenten^  sino  j]|ue  la  euiiaión  d© 
moneda  de  todas  clases  quedará  reservada  al  Ejecutivo  para 
que  ejerza  esta  facultad  con  sujeción  á  las  leyes  y  en  la  oportu- 
nidad y  cantidades  que  éstas  determinen. 

Art*  2.*^     Se  autoriza,  igualmente,  al  Ejecutiva  de  la  ITnión 

üra  dictar  las  providencias  que  á  continuación  se  expresan: 
~    A)     Prohibir  la  importación  de  peses  de  plata  mexicanos  al 
|erri torio  de  la  República. 

S)  Desmonetizar  las  monedas  que,  á  su  juicio^  convenga  re- 
tirar de  la  circulación. 

C)  Amonedar  para  la  exportación  pesos  de  cuños  anteriore» 
.  actual. 

D)  Variar  en  caso  conveniente  el  cuño  de  los  pesos  de  plata. 

E)  Conceder  circulación  legal,  por  tiempo  limitado,  á  las 
monedas  de  oro  de  otras  naciones,  fijando  su  valor  en  moneda 
mexicana,  si  llega  á  valer  en  Londres  la  onza  de  plata  «stan- 
dard» más  de  28  '/s  peniques. 

F)  Modificar  las  leyes  fiscales  sobre  minería,  disminuyendo 
ios  gravámenes  que  en  conjunto  reportan  los  metales  preciosos 


54 


LOS   PÜEBL03   HXfiFANOAMBRlCANOR 


por  el  2  por  100  de  amonedación,  el  3  por  100  de  Timbre  y  los 
derechos  de  ensaye,  fundición»  afinación  y  apartado. 

G)  Modificar  las  leyes  que  autorizan  el  cobro  de  un  derecho 
de  10  pesos  por  pertenencia  para  la  titulación  de  las  minas  y 
también  el  impuesto  anual  sobre  pertenencias  mineras,  de  modo 
4ue  resulten  favorecidas  las  minas  que  produzcan  metales  pre- 
ciosos, 

IJ)  Modificar  la  ley  de  6  de  Junio  de  1887,  en  el  sentido  de 
reducir  basta  1  Vi  pov  100  el  máximum  de  2  por  100  sobre  el 
valor  de  los  metales  preciosos  á  que  puedan  ascender  los  im- 
puestos locales,  según  la  mencionada  ley. 

I)  Eximir  de  derechos  de  importación  ó  reducirlos  existen- 
tes á  efectos  ó  artículos  destinados  á  la  minería, 

tT)  Organisíar  oficinas  que,  sin  quebranto  para  el  Tesoro  pú- 
blico, anticipen  fondos  sobre  el  valor  de  las  barras  de  plata  y 
proporcionen  á  los  interesados  facilidades  para  la  venta  de  di- 
chas barras  en  las  mejores  condiciones  posibles,  celebrando  al 
efecto  en  la  República  y  en  el  extranjero  los  arreglos  condu- 
centes. 

K)  Modificar  la  legislación  civil  y  mercantil  en  lo  relativo 
á  las  prestaciones  y  pagos  en  dinero. 

L)  Modificar  los  preceptos  de  ley  ban caria  que  tengan  co- 
nexión dii^ecta  ó  indirecta  con  la  circulación  metálica,  ó  que 
afecten  los  títulos  de  crédito  ó  las  operaciones  de  cambio. 

LL)  Crear  una  Junta  cuyas  funciones  tengan  por  objeto  re- 
gular la  circulación  monetaria  y  conseguir,  en  cuanto  sea  po- 
sible, la  estabilidad  del  tipo  del  cambio  exterior^  á  cuyo  efecto 
podrá  dar  el  Ejecutivo  á  dicha  Junta  las  atribuciones  que  jua- 
gue oportunas  y  conferirle  al  propio  tiempo  el  manejo  de  un 
fondo  especial  cuya  dotación  señalará  el  mismo  Ejecutivo. 

jlf)  Expedir  todas  las  disposiciones  conducentes,  inclusas 
las  que  tengan  por  objeto  la  represión  ó  castigo  de  las  faltas  y 
delitos  relacionados  con  la  materiaj  organizar  los  servicios  y 
•ficinas  que  sean  del  caso^  y  erogar  los  gastos  necesarios  par^ 


cualquiera  de  loa  fines  expresados  anteriormente;  pudiendo  al 
efecto  suprimir  ó  modificar  las  actuales  plantas  de  oficinas,  las 
dotaciones  de  empleados  y  las  asignaciones  y  gastos  autoriza- 
dos por  leyes  especiales  ó  por  el  Presupuesto  de  Egresos*. 

Según  manifestación  del  Ministro^  el  Poder  Ejecutivo,  al 
lar  con  esta  iniciativa  el  primer  paso  encaminado  á  resolver  en 
la  práctica  algunas  de  las  más  serias  dificultades  que  entraña 
^1  problema  de  los  cambios  internacionales,  no  pretendía  haber 
ncontrado  una  panacea  para  males  de  índole  tan  diversa  como 
son  los  que  se  derivan  de  la  situación  monetaria  déla  República. 
Hubiera  sido  presuntuoso  y  absurdo  empeñarse  en  remediar 
todos  loa  males  que  aquejan  á  la  sociedad  mexicana  con  motivo 
de  las  deficiencias  de  su  sistema  monetario,  porque  ese  remedio 
está  fuera  del  alcance  del  Poder  Público  en  un  país  cayas  cos- 
tumbres y  condiciones  económicas  no  permiten  una  solución 
Íidícal,  única  susceptible  de  producir  resultados  completamente 
itisfactorios. 
El  objeto  del  Ejecutivo  era  m.enos  ambicioso^  pero  más  prác- 
ico.  En  lugar  de  proponer  un  plan  completo  de  reorganización 
el  sistema  monetario,  prefirió  limitarse  á  medidas  concretas, 
cuya  adopción  bastara  para  dar  suficiente  fijeza  al  valor  en  oro 
de  la  moneda  mexicana. 


II 


ico  en  1905.— Situación  del  país  al  comentar  el  año.— La  roza  nativa  me* 
xicaaa.— Lft  iiolución  del  problema  indio.— Máa  datos  acerca  del  próspero 
estado  de  la  Ilepública:  la  reorgraulzacíón  de  la  Hacienda  y  la  reforma  tno- 

Iuetaria:  la  enseñanza  pública  y  los  trabajos  cieütíflcoa:  intereses  maten»- 
lea  y  lineas  de  comnnicac!ión> 
Al  inaugurarse  en  i.*  de  Abril  ©1  segundo  período  desesio* 
es  del  Congreso,  Porfirio  Díaz  se  felicitaba,  en  primer  término, 
e  la  cordialidad  de  relaciones  entre  México  y  las  demás  poten- 
cias. Estaba  sometido  á  la  aprobación  del  Senado  el  convenio 


5(? 


LOS   PUEBLOS  HISPANOAMBRIüAXOS 


de  arbitraje  aívordado  por  la  segunda  Conferencia  internacional 
americana^  convenio  que  ya  habíau  ratiñcado  varios  de  los  paí- 
ses signatarios.  A  él  habrán  de  ajustarse  las  reolamaeionea  de 
particulares,  con  lo  que  desaparecerá  la  principal  canRa  de  con- 
ílictoa  entre  los  Gobiernos  de  América,  conflictos  promovidos  con 
iarta  frecuencia  por  los  insaciables  especuladores  yanquis»  Se 
á  rectificar  la  frontera  entre  México  y  su  vecina^del  Norte 
'en  la  parte  del  río  Bravo,  cuya  corriente  forma  canalizos  y 
bancos  y  da  lugar  á  dudas  acerca  de  cuál  es  la  línea  divisoria. 
La  cotización  al  94  por  liHl  de  lo8  bonos  del  últimí»  emprés- 
tito de  10  millonea  de  pesos  evidenciaba  el  próspero  estado  del 
país  y  la  gran  confianza  que  inspiraba  su  Hacienda.  El  pro- 
yecto de  reforma  monetaria  había  sido  muy  bien  acogido; 
anuían  los  capitales  extranjeros  y  mejoraban  los  cambios.  Bn 
esta  difícil  y  complicada  cuestión  del  cambio  los  hacendistas 
mexicanos  han  tenido  mayores  aciertos  ó  más  fortuna  que  los 
nuestros.  Los  ingresos  de  Aduanas  y  de  Timbre  continuaban 
en  aumenta. 

Consignábanse  también  en  el  Mensaje  notables  progresos 
y  reformas  muy  convenientes  ©n  el  servicio  de  correos ^  en  ins- 
trucción pública,  colonización,  explotaciones  m^ineras,  indus- 
trias fabriles^  etc.  México,  pues,  sigue  adelantando. 


Otro  progreso,  muy  digno  de  señalarse,  es  la  gran  transfor- 
mación que  se  viene  operando  en  la  raza  nativa  mexicana. 

Según  notable  estudio  publicado  por  el  Licenciado  D.  Juan 
López  Portillo,  los  indios  entran  en  la  vida  moderna.  Se  va  lo* 
grando  paulatinamente  la  mezcla  y  la  amalgama  de  todas  las 
razas,  no  tanto  por  el  cruzamiento  cuanto  por  el  influjo  moral 
de  las  ideas. 

La  verdadera  diferencia  qtie  hay  entre  los  hombres  no  es^ 
triba  en  las  razas,  sino  en  la  cultura.  En  cierto  noodo,  el  indio 
civilissado  deja  de  ser  indio.  La  civilización  cambia  pensamieu 
tos,  gustos,  costumbres,  ideales,  Puede  afirmarse  que  el  hora* 


MÉXICO 


57 


bre  es  de  la  raza  á  cuya  civilización  pertenece.  Por  esto,  el  roce 
cojitinao  trato  de  las  clases  más  ilustradas  de  México  con  las 
lativas  han  ido  mermando  las  filas  indígenas  momento  por 
loraenio. 

Miles  de  indios  saben  ja  leer  y  escribir^  manejar  y  aprove- 
char las  máquinas  agrícolas,  construir  terraplenes,  fijar  travie- 
aas  y  ríeles  de  terrocarrilj  instalar  telégrafos.  Del  seno  de  esa 
raza  salen  soldados,  médicos,  jueces^  abogados  y  sacerdotes;  el 
comercio  y  las  industrias  están  llenos  de  gente  de  tez  bron- 
ceada que  muneja  hábilmente  los  negocios  y  se  eleva  a  los  más 
altos  puestos  de  la  dignidad  y  de  la  riqueza,  Juárez^  el  más 
enérgico  de  los  políticos  mex.icános^  era  indio;  Altamirano, 
^poeta,  literato,  orador,  imo  de  los  escritores  más  gloriosas  de 
léxico,  fué  indio  también. 

La  obra  de  conquista  y  civiliKaoión  comenzada  por  Cortés  y 
los  españoles  en  el  primer  cuarto  del  siglo  xvi,  la  van  termi- 
nando Porfirio  Díaz  y  los  mexicanos  en  los  primeros  albores 
del  siglo  XX.  Ahora  está  concluyendo  la  pacificación  étnica  del 
país;  muy  poco  tiempo  iiace  que  ha  sido  totalmente  conquistada 
la  península  yucateca. 

Se  avanza,  pues,  hacia  la  solución  completa  y  satisfactoria 
del  problema  indígena.  Aán  no  se  ha  llegado  á  ella  porque 
parte  del  pueblo  aborigen  se  encuentra  en  el  estado  primitivo* 

Queda  todavía  labor  muy  ardua  reservada  a  las  nuevas  ge- 
neraciones; pero  el  camino  para  llegar  á  la  fusión  de  las  razas 
nacionales  (por  cru/.amientos  espirituales  y  físicos)  está  ya 
descubierto:  es  el  de  la  paz  y  el  trabajo.  Así  se  logrará  el  total 
renacimiento  de  la  raza  indígena,  no  ala  hosca  civilización  de 
los  aztecas,  sino  á  la  radiosa  civilización  moderna. 

«vSaludemos  -  exclama  el  Sr.  López  Portillo  — ese  día  dichoso 
para  la  patria,  en  que  la  población  de  México,  homogénea  y 
lícompacta,  camine  unida  y  con  esfuerzo  irresistible  á  la  con- 
quista áe  sus  brillantes  destinos*. 

Saludemos  también  nosotros  á  la  gran  nación  mexicana, 


58  L08   PUEBLOS   H I  SPAíJ  O  AMERICANOS 


ijae  con  tanta  fortuna  prosígne  la  nobilísima  obra  iniciada  por 
España  en  el  Nu#yo  Mnndo.  Los  hispanoamencanos  de  México 
no  resuelven  el  problema  indio  exterminando  á.  las  razas  indí- 
genas; antes  al  contrarío,  las  civilizan  y  enaltecen  mediante 
inetracción  j  trabajo,  las  consideran  como  parte  integrante  de 
su  nacionalidad  y  las  ponen  en  condiciones  de  poder  confun- 
dirse con  ellos  espiritual  y  físicamente  para  crear  esa  pobla- 
ción homogénea  y  compacta,  llamada,  acaso,  á  ejercer  la 
hegemonía  en  la  América  del  Norte. 

Es  la  población  de  que  hablaba  Chailley-Bert  en  el  Con- 
greso de  Wiesbaden  (1904)  del  Instituto  colonial  internacional, 
al  señalar  la  inHuencia  profunda  que  ha  ejercido  España  en  la 
marcha  progresiva  de  la  Humanidad;  «esa  raza  nueva  extrema- 
damente interesante,  mezcla  del  español  y  del  indio,  quA  en 
ciertos  lugares  de  la  tierra  presenta  cualidades  notables  y  que, 
especialmente  en  México,  rivaliza  ya  muy  de  cerca  con  los 
yanquis^. 

Kl  16  de  Septiembre  empezó  en  México  nuevo  período  legis^ 
lativo.  En  el  Mensaje  del  Presidente  se  hizo  constar  una  vee 
más  el  próspero  estado  del  país.  El  mantenimiento  de  la  paz  j 
del  orden  y  el  patriotismo  de  los  hombres  políticos  facilitaban 
la  tarea  de  reformas  administrativas  favorables  al  desarrolle 
de  todos  los  elementos  de  la  riqueza  nacional. 

En  la  reorganización  de  la  Hacienda  se  proseguía  en  el  plan 
ideado  por  el  Sr.  Ivés  Liman tour,  que  en  Abril  había  cumplida 
doce  años  como  Ministro  del  ramo* 

La  reforma  monetaria  se  iba  implantando  poco  á  poco  sin 
difícultades.  Los  hechos  demostraron  el  error  de  los  que  creían 
que  la  depreciación  de  la  plata,  del  peso  mexicano,  era  favora- 
ble á  los  intereses  nacionales,  porque  equivalía  á  la  concesión 
de  primas  á  los  exportadores. 

Mediante  modiBcaciones  en  el  régimen  aduanero,  y  especial- 
mente en  la  tarifa  de  derechos  de  importación «  se  procuró  res- 


M  léxico 


m 


tableeer  el  equilibrio  económico,  perturbado  por  la  ráj^ida  ele- 
vación del  valor  del  oro  de  la  moneda  mexicana»  Al  mismo  fin 
tendía  la  reforma  de  los  derechos  consulares,  qne  habrán  do 
satisfacerse  en  moneda  extranjera  con  arreglo  á  las  nuevas 
equivalencias  de  valor  con  la  unidad  monetaria  mexicana. 

Complemento  de  la  Ley  de  Reforma  monetaria  fueron  los 
decretos  por  virtud  de  los  cuales  se  cerraron  Casas  de  Moneda, 
se  estableció  la  Gomisióü  de  Cambios  y  Moneda  y  se  modificó 
la  legislación  bancaría  para  mantener  el  valor  de  la  moneda 
dentro  de  los  límites  fijados  por  aquella  ley.  Se  acuñaron  las 
nuevas  monedas  de  plata  y  cobre  y  circulaban  ya  los  vigésimos 
(5  centavos)  de  níquel.  Con  esto  puede  decirsíe  que  la  reforma 
monetaria  quedó  completa.  Los  cambios  se  habían  normalizado 
y  estaba  en  alza  el  valor  del  peso  mexicano. 

La  situación  financiera  general  era  satisfactoria;  aumen* 
tabau  los  productos  de  las  rentas  federales,  y  los  gastos  ha- 
bían sido  en  el  último  año  ñscal  mucho  menores  que  en  el 
anterior. 

La  organización  de  la  enseñanza  púbÉca  iba  á  recibir  pode- 
roso impulso^  pues  con  tal  propósito  ae  creó  el  Ministerio  á% 
Instrucción  publica  y  Bellas  Artes,  Según  D,  Justo  Sierra,  pri- 
mer Ministro  de  la  nueva  Secretaría  de  Estado,  el  L^  de  Julio 
de  1905  empezó  en  México  la  era  de  la  Escuela  Nacional, 

La  Secretaría  de  Fomento  multiplicaba  bus  labores  para  aten^ 
der  al  creciente  desarrollo  económico  del  país.  Las  Comisiones 
científicas,  como  la  Geografica-exploradora,  la  Geodésica  y  la 
de  Sonora,  realizabsin  trabajos  de  gran  importancia,  lo  mismo 
que  los  Observatorios  Astronómico  y  Meteorológico,  los  Insti- 
tutos Geológico  y  Médico ,  la  Comisión  de  Parasitología  agrí- 
eola^  la  Sección  de  Estadística,  etc. 

Grandes  eran  también  los  progresos  realizados  en  la  minería 
y  el  número  de  concesiones  hechas  para  aprovechamientos  dt 
aguas  y  para  regar  lerrends  y  producir  fuerza  motriz. 

Como  propaganda  agrícola,  se  repartían  con  profusión  fo> 


m 


LOS   PUEBLO»    HI8PANOAMEItlCAK(íS 


lletos  é  ilustraciones  útiles  á  los  labradores,  y  semillas,  plantas 
y  medicinas  para  los  ganados;  se  continuaba  con  buen  resultado 
la  enseñanza  práctica  gi^atuita  de  la  agricultara,  y  se  arreglaba 
el  establecimiento  de  tres  estaciones  experimentales. 

Hacíanse  obras  de  ensanche  y  mejora  en  los  canales^  mae- 
lies  y  puertos  de  ambas  co^as;  en  varios  puntos  del  litoral  se 
coloca  ron  faros  y  otras  señales  marítimas,  y  en  el  vasto  y  es- 
cabroso territorio  de  la  Baja  California  se  construían  líneas 
telegrá6cas. 

La  red  de  vías  férreas  de  la  República  sumaba  en  total  ]  6.866 
kilómetros.  En  el  ferrocarril  Panamericano  proseguían  los  tra- 
bajos de  desmonte,  y  se  activaban  los  de  todas  las  líneas,  espe- 
cialmente en  la  de  Tehuantepec, 


m 


Mélico  ea  3 90íj,— Población  de  In  líepúhlica.-Kitimción  económico.  — Primer 
centetiarjo  del  nactmíe|ito  de  .Tuárex.— Prog^re&o  y  bieuostar  del  país, — 
Los  resultado»  de  la  reforma  monetiina.— El  Estado  y  los  ferrocarriles.— 
Aumento  de  sueldos  y  reducción  de  Impuestos.— El  ferrocarril  de  Teliuan- 
tepec»— El  trat&do  Bobres  ag'tiAÁ  del  río  Bravo.— Las  huelgas  y  loa  sucesos 
de  Cn.oaaea,^ColoQÍzaei(')ii  é  inmig-ración:  loBJapooesea  en  México. 


A  principios  de  año^  y  con  fecha  de  1905,  se  publicó  el  «Re- 
sumen general  del  Censo  de  la  República  Mexicana,  verificad© 
mi  28  de  Octubre  de  ItíCK)».  Se;^ún  ese  censo,  la  población  total 
de  México  es  de  13.607*259  habitantes,  es  decir,  987.000  más 
que  en  1895.  Hablan  los  idiomas  indígenas  2.878,000.  De  la» 
colonias  extranjeras  (57.600  individuos),  la  más  numerosa, 
con  lü.278,  ea  la  española:   siguen  los  yanquis,  que  son  15.266. 

Dada  la  extensión  territorial  de  México  (1.987.000  K.^),  re- 
sulta lina  densidad  de  6'84  habitantes  por  K.* 

Hoy  se  calcula  que  la  polilación  de  la  Renública  fíaaa 
de  15.000.000, 


MÉXICO 


6] 


Los  informes  ó  memorias  del  Ministro  de  Hacienda  daban 
noticia  de  la  situación  económica  del  país.  Del  ejercicio  1904- 19ü5 
resultó  un  sobrante  efectiva  de  8.000.000  de  pesos.  Creía  el  Mi- 
nistro que  en  1906  y  IdOl  habrá  todavía  fluctuaciones  en  los 
cambios  con  el  extranjero^  pues  ha  de  transcurrir  algiin  tiempo 
antes  de  alcanzar  el  equilibrio  y  normalidad  á  que  se  aspira  me- 
diante la  reforma  monetaria  implantada.  El  alza  del  tipo  de 
interés  y  la  consiguiente  diminución  de  negocios  ó  empresas 
ñnancieras  provocarán  acaso  cierto  malestar  pasajero,  que,  bien 
eonslderadoi  ha  de  aer  más  beneficioso  que  perjudicial.  Los  pue- 
blos, lo  mismo  que  los  individuos,  no  deben  habituarse  dema- 
siado á  situaciones  prósperas,  porque  la  facilidad  de  obtener 
capitales  suele  conducir  á  la  prodigalidad  y  á  las  especulaciones 
aventuradas.  La  advertencia  de  ese  posible  malestar  es  tanto 
más  oportuna  y  prudente  ai  se  tiene  en  cuenta  qne  por  haber 
sido  las  últimas  cosechas  inferiores  á  las  de  otros  años  serán 
menos  los  recursos  que  las  clases  productoras  ofrezcan^  lo  que 
contribuirá  también  á  moderar  la  actividad  de  laa  transacciones 
de  toda  clase. 

En  Marzo,  y  en  su  día  21,  se  cumplió  el  primer  centenario 
del  nacimiento  de  Benito  Juárez,  el  gran  indio,  el  gran  ameri- 
cano que  hiüo  ver  á  Europa  cómo  la  poderosa  raza  hispano- 
americana del  Nuevo  Mundo  sabe  defender  su  libertad,  su  inde- 
pendencia y  sus  instituciones  democráticas.  Todas  las  clases 
sociales  tomaron  parte  en  las  fiestas  dedicadas  á  celebrar  el 
Centenario*  La  prensa  de  México  hizo  números  especiales  los 
del  día  21,  consagrados  exclusivamente  al  restaurador  de  la 
República^  y  solicitó  el  concurso  de  los  principales  periódicos 
del  Centro  y  Sur  de  América. 


Los  dos  informes  leídos  en  este  año  por  el  Presidente  en  la 
inauguración  de  sesiones  del  Congreso  (1.**  de  Abril  y  16  de  Sep- 
tiembre) resumen  el  estado  de  los  asuntos  públicos  y  confirman 


m 


LOS    PirDBLOS   HISP&KOAMISRICANOS 


iin  hecho  ya  sabido,  á  saber:  que  la  buena  administración  pú- 
blica de  que  viene  gozando  México  años  haoe^  contribuye  eficaz- 
mente á  sa  ventura  y  progreso. 

La  era  de  prosperidad  en  que  abora  vive  esa  República  s« 
debe  en  buena  parte  á  la  reforma  monetaria»  que,  entre  otros 
resaltados  felices,  ha  estimulado  poderosamente  la  inversión 
de  capitales  extranjeros  en  el  país.  Puedo  asegurarse  que  la 
fíjeza  del  valor  de  la  moneda  es  ya  un  hecho,  merced  al  cual  se 
podrán  explotar  las  grandes  riquezas  del  suelo  mexicano,  que 
han  permanecido  esték*iles  por  la  insuficiencia  de  los  recursos 
con  que  contaba  la  nación. 

No  obstante  la  pérdida  de  una  parte  de  la  cosecha  del 
maíz,  y  muy  especialmente  de  la  de  trigo^  las  transacciones 
de  todo  género  en  1ÍK)5  habían  sido  roas  activas  y  remune» 
radoras  que  nunca,  como  lo  demuestran  los  balances  de  fia 
de  año  de  las  instituciones  de  crédito  y  délas  empresas  indus- 
tríales^  mercantiles  y  mineras.  Lo  comprueban  también  lod 
datos  que  proporciona  la  recaudación  de  los  impuestos  federa- 
les y  locales. 

En  varios  ramos  de  la  Administración  se  van  implantando 
ó  se  preparan  las  reformas  convenientes  para  el  adelanto  y  en- 
grandecimiento del  país.  Con  acertadas  medidas  sanitarias  se 
combaten  la  fiebre  amarilla  en  el  litoral  del  Golfo  y  otras  en- 
fermedades endémicas  en  la  capital  de  la  República,  cuyas 
obras  de  saneamiento  van  muy  adelantadas. 

Aumentan  de  día  en  día  las  vías  férreas;  prosiguen  sin  cesíir 
los  trabajos  en  los  puertos,  en  Tampico,  en  Veracruz,  en  Coat- 
zacoalcos  y  Salí u a  Cruz,  en  Manzanillo,  etc.;  se  celebran  con* 
tratos  para  exploración  y  explotación  de  zonas  mineras;  pro- 
muévese la  colonización  en  terrenos  nacionales,  y  la  agricultura 
continua  su  marcha  progresiva,  beneficiándose  con  el  aprov«* 
ch amiento  de  las  aguas  para  el  regadío  de  terrenos,  á  la  vez 
que  la  industria  crece  también,  ayudada  poderosamente  por 
•sas  mismas  aguas,  bajo  la  forma  de  fuerza  motriz, 


MÉXIOO 


ñn 


Con  objeto  de  atender  á  la  conservación  y  reparación  de  los 
monumentos  históricos,  se  pidió  á  los  G-obernadores  noticiar 
detallada  de  ios  que  existen  en  cada  Estado.  Muchos  la  han  re- 
mitido ya. 

Prosigue  activamente  la  obra  de  exploración  de  San  Jaan 
Teotihuacán:  en  nno  de  ios  lados  de  la  gran  pirámide  del  Sol 
ae  han  descubierto  escaleras  monumentales. 

Continúa  progresando  la  instrucción  [primaria.  Varias  misio- 
nes pedagógicas  estudian  en  Europa  los  mejores  sistemas  de 
escuelas  primarias  industriales  para  introducir  en  las  de  México 
el  trabajo  manual* 

Las  CoTOÍBiones  Greo^^ráfico-exploradora  j  Greodésica  siguen 
trabajando  con  gran  actividad;  se  han  publicado  nuevas  hojas 
de  la  Carta  general  de  la  KepábUca^  y  se  lleva  muy  adelantada 
la  cadena  meridiana  de  triángnlos  que  forma  la  continuación 
de  los  trabajos  similares  que  ejecutan  el  Canadá  y  los  Estados 
Unidos. 

En  comunicaciones  y  obras  públicas  señala  el  Presidente  en 
8a  último  informe  grandes  progresos.  Hoy  la  red  ferroviaria 
federal  alcanza  un  desarrollo  d©  17.446  kilómetros,  que  unidos 
á  4*165  de  ferrocarriles  concedidos  por  loa  Estados  y  vías  par- 
ticulares dan  un  total  de  'il.tíll. 

Continua  y  mejora  el  estado  bonancible  de  la  Hacienda  pú- 
blica. Aumentan  los  ingresos  y  funciona  con  toda  regularidad 
el  nuevo  régimen  monetario.  Actualmente,  la  moneda  de  oro 
mexicana  circula  en  el  país  como  la  moneda  de  plata. 

En  suma,  el  Mensaje  del  Presidente  demuestra  que  la  paz  j 
el  orden  legal  están  produciendo  en  abundancia  los  frutos  que 
eran  de  esperarse.  En  lo  moral,  el  crédito  que  la  nación  ha  con* 
quistado  permite  á  su  Gobierno  ejercer  una  influencia  saludable 
para  la  pacificación  de  Ke públicas  hermanas,  desgraciadamente 
empeñadas  en  sangriento  conflicto  (Guatemala  y  El  Salvador); 
en  lo  material,  los  adelantos  que  por  dondequiera  se  palpan  en 
territorio  mexíoaaof  el  hecho  solo  de  que  las  rentas  federalee 


64 


LOS  PITBBLOS    HÍSPAKOAMBRICAlíOS 


ha^tin  subido  á  un  plinto  jamás  alcanzado  en  la  historia  de 
México,  sin  que  esto  se  deba  á  aumento  algjuno  en  los  impues- 
tos; el  asombroso  movimiento  en  los  negocios  de  toda  especie, 
y  otras  ventajas  que  pueden  ooin probarse  con  datos  estadísticos 
seguros,  tienden  á  confirmar  la  creencia  de  que  la  República 
mexicana  ha  entrado  de  lleno  en  la  vía  que  siguen  las  grandes 
y  prósperas  nacionalidades. 

Por  esto,  la  prensa  de  México,  al  hacer  el  balance  del  año 
190(1»  lo  considera  como  uno  de  los  mejores  entre  los  que  vienen 
señalando  el  progreso  y  bienestar  de  la  Bepúbliea. 

Las  rentas  de  la  nación  durante  1905-íi  han  sido  102.000,000 
de  pesos;  lO.OOOXKX)  más  que  en  el  año  anterior  y  22.500.000  de 
excedente  sobre  los  gastos.  En  diez  años,  es  decir,  desde  1896-97, 
las  rentas  se  han  duplicado. 

La  reforma  monetaria  va  dando  los  previstos  resaltados  fa- 
vorables, La  conversión  de  la  moneda  de  plata  en  moneda  de 
oro  se  hizo  sin  dificultades  ni  pérdidas.  La  industria  minera, 
sobre  todo  la  de  la  plata^  alcanza  situación  más  ventajosa  qae 
en  pasadas  épocas,  Aumentan  los  capitales  europeos  que  se  in- 
vierten en  empresas  mexicanas* 

Ha  sido  un  gran  acierto  la  operación  financiera  referente  á 
los  ferrocarriles.  El  Estado  es  dueño  del  ferro(?arril  central  me- 
xicano, y  está  preparada  la  fusión  de  los  demás  bajo  la  propie- 
dad de  una  Compañía  nacional,  en  laque  la  maj^or  parte  délas 
acciones  serán  del  Gobierno;  éste  tendrá,  pues,  el  dominio  ab- 
soluto de  los  transportes»  que  así  quedan  á  salvo  de  caer  en 
poder  de  los  yanq  nis. 

En  efecto;  por  virtud  de  ley  se  autoriza  al  Ejecutivo  Federal 
para  constituir^  por  medio  de  uno  ó  más  decretos^  una  Compañía 
ó  Sociedad  mexicana,  por  acciones,  de  responsabilidad  limitada 
y  con  domicilio  en  la  capital  de  la  Uepáblica^  que  tendrá  por 
objeto  incorporar  las  propiedades  de  las  Compiwñias  de  los  ferro- 
carriles nacional  de  México  y  central  mexicano,  con  facultad 
de  adquirir,  construir  y  explotar  cualesquiera  otras  líneas  de 


HÉTICO 


65 


ferrocarril,  dentro  del  territorio  nación r1,  y  de  ejecutar  toda 
clase  de  actos^  operaciones  ó  contratos  conexos  con  el  objeto  de 
la  presente  autorización. 

En  el  decreto  ó  decretos  que  se  expidan  el  Ejecutivo  Federal 
fijará  las  bases  constitutivas  que  á  su  juicio  sean  más  adecuadas, 
y  los  requisitos  especiales^  tanto  de  esencia  cuanto  de  forma, 
que  hayan  de  llenarse  para  que  la  Sociedad  tenga  capacidad 
jurídica  y  pueda  realizar  los  fines  de  su  institución. 

Se  facult/i  igualmente  al  Ejecutivo  Federal  para  celebrar  los 
convenios  ó  arreglos  que  estime  conducentes,  con  el  fin  de  llevar 
acabo  la  citada  incorporación ,  sujetándose  á  las  prescripcio- 
hes  que  sigjuen : 

I.  El  Gobierno  Federal  representará  por  derecho  propio, 
en  la  Compañia  ó  Sociedad  que  se  constituya,  un  número  de 
acciones  bastante  para  formar  mayoría  de  votos  en  las  asam- 
bleas generales, 

II.  La  compensación  medtatite  la  cual  se  obtenga  el  numero 
de  acciones  que  proporcione  la  mayoría  de  votos  á  que  se  refiere 
la  fracción  anterior,  no  deberá  consistir  en  desembolso  alguno 
de  dinero  con  cargo  al  Erario  Federal,  ni  en  emisión  ie  títulos 
de  Deuda  pública;  pero  el  Ejecutivo  queda  autorizado  para  cam- 
biar por  acciones  de  la  nueva  Compañía  las  del  ferrocarril  na- 
cional  de  México^  que  pertenecen  á  la  naciduj  y  también  para 
otorgar  la  garantía  subsidiaria  del  Gobierno  Federal  a  favor  de 
nna  de  las  categorías  de  bonos  hipotecarios  que  em.ita  la  nueva 
Compañía  ó  Sociedad,  siempre  que  los  bonos  garantizados  no 
devenguen  un  interés  superior  al  4  por  100  anual. 

III.  La  emisión  de  los  bonos  que  garantice  el  Gobierno  se 
limitará  á  lo  que  sea  necesario «  para  convertir  sólo  una  parte 
de  los  títulos  que  tengan  en  circulación  las  Compañías  cuyas 
propiedades  han  de  incorporaraCj  y  para  proveer  á  la  nueva  So- 
ciedad de  los  fondos  que  requieran  los  gastos  de  la  incorpora- 
ción, la  construcción  ó  compra  de  nuevas  líneas  férreas  ó  de 
títulos  de  Empresas  ó  Compañías  de  transporte,  y,  por  último, 


m 


LOS   PUEBLOS   HtSPANOAMISRlCArtrOíi 


el  perfeccionamiento  y  equipo  de  dichas  líneas  y  de  las  ya  exis* 
ten  tes. 

IV,  Las  acciones  ó  títulos  que  aseguren  al  Gobierno  Federal 
la  mayoría  de  votos  á  que  se  refiere  la  fracción  primera,  no  po- 
drán ser  enajenados,  ni  en  manera  alguna  gravados,  sin  exprese, 
autorización  del  Congreso  de  la  Unión. 

V.  F!n  los  convenios  ó  arreg^los  que  celebre  el  Ejecutivo  Fe- 
deral en  uso  de  la  presente  autorización,  no  se  modificarán  en 
manera  alguna  las  concesiones  de  las  Compañías  cuyas  propie- 
dades se  incorporen  ó  adquieran. 


La  mejor  prueba  del  excelente  estado  económico  y  financiero 
de  México  es  la  iaiciativa  del  Ministro  de  Hacienda^  ya  forma- 
lizada en  el  proyecto  de  presupuestos  de  19OT-8,  para  aumentar 
los  sueldos  de  los  empleados  subalternos  en  los  ramos  civil  y 
militar  y  los  emolumentos  de  Magistrados  y  Jueces  que  no  es- 
tén autorizados  para  ejercer  la  abogacía.  Justo  es  dedicar  pArln 
delinoremento  que  tienen  las  rentas  públicas,  no  sólo  al  alivio 
del  contribuyente,  sino  á  mejorar  la  situación  de  ios  serviiloií  ^ 
del  Estado. 

En  cuanto  á  reducción  de  impuestos,  se  proyectaba  rebajar 
del  25  al  20  por  100  la  contribución  federal.  «Pero  como  ©1  im- 
puesto de  que  se  trata — decía  el  Ministro  de  Hacienda —no  sk 
causa  en  el  Distrito  ni  en  los  Territorios,  justo  era  que  el  Eje- 
cutivo se  ocupara  en  buscar  cuál  de  los  impuestos  municipales 
del  Distrito  3^  Territorios  debiera  reducirse  de  preferencia,  y  ba 
creído  que  los  impuestos  que  pesan  sobre  los  alimentos  debían 
ser  los  preferidos  para  este  objeto,  y  en  tal  virtud  tendrá  la 
tionra  de  proponer  á  la  Cámara  que  se  suprima  el  impuesto  so- 
bre el  pauj  impuesto  que  ha  producido  más  de  200,<>JI ^  pesos  cad/i 
año,  y  que  se  reduzca  el  impuesto  sobre  la  carne,  si  se  llega  4 
encontrar  la  manera  eficaz  de  que  esta  reducción  llene  su  objetí;% 
esto  es,  que  el  consumidor  sea  el  que  la  uDrov^eclm  v  tío  h1  ií-an re- 
dero niel  intermediaríox^. 


México  ñl 

Ya  en  190í],  al  expedirse  la  Ley  del  Timbre »  ae  han  dismi- 
nuido considerablemente  ciertas  cuotas,  y  el  importe  de  esa 
diminución  en  un  año  excederá,  de  un  millón  de  pesos, 

A  otro  punto  de  gran  interés  para  México  aludía  también 
el  Sr.  Ivés  Limantour  en  el  discurso  á  que  me  refiero.  En  las 
obras  de  los  puertos  de  Salina  Craz  y  Coatzacoaloos  se  invier- 
ten 65  millonea  de  pesos,  y  con  este  gasto  tendrá  la  Eepúbliea 
dos  puertos  vei'd.ideraraente  admirables  &  uno  y  otro  extremo 
del  Istmo  de  Tehuantepec.  En  el  Pacífico,  Salina  Cruz  sera  el 
primer  puerto  de  toda  la  América^  y  en  el  Atlántico,  el  de  Coat* 
zacoalcos  podrá  también  admitir  vapores  que  tengan  hasta  tin 
calado  de  ¿ÍO  pies.  Estos  sacrificios  se  han  hecho  con  el  objeto  de 
<lar  á  la  vía  interoceánica  mexicana  el  mayor  tráfico  que  sea 
posible;  y  á  eate  efecto  existen  contratos  celebrados  por  nueve 
años  que  asei^uran  un  movimiento,  cuando  menos,  de  3<X)JJ00  to- 
neladas anuales-  Todo  el  azácar  de  las  islas  Sandwich,  que  ha 
sido  hasta  ahora  transportado  por  la  vía  del  Cabo  de  Hornos, 
pasará  desde  los  primeros  meses  de  1907  por  el  Istmo  de  Te- 
hnantejiec. 

La  antíg-iia  y  debatida  cuestión  con  los  Estados  Unidos,  re- 
£ei*ente  á  la  presa  internacional  para  la  distribución  equitativa 
de  las  aguas  del  río  Bravo,  V»a  tenido  al  ün  término  satisfacto- 
rior  mediante  el  tratado  que  se  firmó  en  Washington  el  21  d(* 
Hayo  de  líWS. 

Se  reconoce  el  derecho  que  tienen  los  ribereños  mexicanos 
al  libre  uso  de  una  cantidad  considerable  délas  aguas  del  men- 
cionado río^  y  86  hace  constar  que  aquéllos  desisten  de  las 
reclamaciones  que  habían  hecho  al  Gobierno  de  los  Estados 
Unidos  por  haberles  impedido  ese  libre  uso  de  las  aguas  durante 
prolongado  espacio  de  tiempo. 

Ha  habido  en  México  algunas  protestas  contra  el  tratado, 
fundadas  en  que  á  esta  Repáblica  sólo  se  le  deja  el  uso  de  pe- 


68 


LOí»   PÜRSBLOa    HISPANOAMBBIOANOS 


quena  cantidad  de  agua  suficiente  para  regar  25,00()  acres  de 
terreno,  mientras  que  á  los  yanquis  se  les  reserva  la  neees&ría 
para  el  regadío  de  175.000  acres.  Tratando  del  asunto^  esoribía 
M  Comercio^  de  Hermosillo: 

*No  obstante  esta  desigualdad  palpable  que  pugna  con  el 
derecho  de  gentes,  como  lo  demostraremos  en  seguida,  nuestro 
Gobierno  se  compromete  á  dar  todo  género  de  garantías  al  de 
los  E^stados  Unidos  contra  cualquiera  demanda  por  reclama* 
Clones  de  cindadanos  mexicanos  que  hayan  sufrido  perjuicios 
hasta  hoy  por  la  captación  de  las  agaas  del  río  Bravo. 

»Sübre  este  punto  debemos  atenemos  á  lo  afirmado  por  tres 
eminentes  tratadistas  de  Derecho  internacional:  Battel^  Bello 
y  Kent,  qne  están  acordes  en  que  «cuando  nn  río  separa  dos 
naciones,  y  que  ninguna  de  las  dos  puede  probar  prioridad  de 
establecimiento,  se  supone  que  ambas  lo  verilearon  aun  tiempo, 
y  la  dominación  de  una  y  otra  se  entiende  hasta  el  medio  del 
rio;  y  cuando  el  río  es  caudaloso,  cada  una  de  las  naciones  con- 
tiguas tienen  el  dominio  de  la  mitad  del  ancho  del  río^  sobre 
toda  lo  ribera  que  ocupa. 

»Y  este  es  precisamente  el  caso  entre  México  y  los  Estados 
Unidos,  pues  sabido  es  que  todo  ese  territorio  qne  abraza  Te- 
xas y  Nuevo  México,  perteneció  á  la  Nueva  España  y  nos  lo 
arrebató  el  coloso  por  medio  do  tina  guerra  inicua,  cuyo  re- 
caerdo  será  imperecedero,  porque  hay  heridas  que  nnncan  ci- 
catrizan. 

^Siendo  así,  como  efectivamente  lo  es,  ni  México  ni  los  Es- 
tados Unidos  pueden  alegar  prioridad,  y  los  derechos  de  ambas 
son  iguales  sobre  el  río  Bravo». 


Durante  el  verano  de  1906  habo  algunos  conflictos  ocasio- 
nados por  huelgas  y  reclamaciones  de  los  obreros  de  minas  y 
de  ferrocarriles. 

Los  sucesos  más  graves  fueron  los  de  Cananea^  donde  los 
mineros  mexicanos  pidieron  que  se  les  diera  el  mismo  jornal 


MÉXICO 


69 


qu»  á  los  obreros  yanquis  y  que  se  reemplazaran  algunos  capa^ 
taces  de  esta  nacionalidad,  qne  trataban  de  manera  mny  dura 
¿  los  trabajadores  del  país,  La  dirección  de  la  Compañía  — 
janqui,  por  supuesto,— se  negó  rotundamente,  y  vino  la  huelga 
pacífica  el  día  L°  de  Junio.  La  imprudencia  de  uno  de  lo  jefes 
de  la  Compañía,  que  quiso  dar  á  entender  el  desprecio  que  le 
inspiraban  los  huelguistas  echándoles  agua  con  una  manga  de 
riego,  convirtió  en  sangrienta  colisión  lo  que  sólo  era  manifes» 
tacíón  pacifica.  Se  libró  una  verdadera  batalla  entre  mexicanos 
y  yanqtus.  Estos  llevaron  la  mejor  parte.  La  fuerza  pública  se 
impuso  á  los  obreros  del  país,  que  poco  á  poco  fueron  volviendo 
á  sus  trabajos. 

Hubo  en  aquellos  días  bastante  i»ánico;  centenares  de  yan- 
-quis  fueronse  con  sus  familias  ¿  los  Esfcados  Unidos,  muchos 
obreros  mexicanos  emigraron  también,  yéndose  ¿  otras  minas, 
y  en  la  prensa  yanqui  se  publicaron  furibundos  artículos  contra 
México,  suponiendo  que  aquí  se  preparaba  una  matanza  de 
extranjeros,  especialmente  de  norteamericanos, 

A  tal  punto  llegaron  las  alarmas,  que,  para  desvanecerlas, 
la  colonia  yanqui  de  la  ciudad  de  México  publicó  una  declara- 
ción haciendo  constar  que  tenían  entera  confianza  en  la  estabi- 
lidad y  equidad  del  Grobierno  de  México,  y  en  su  capacidad  y 
buena  disposición  para  protegerá  las  personas  y  á  los  intereses 
de  los  extranjeros,  j  que  uo  había  temor  ninguno  de  levan- 
tamiento contra  éstos. 

En  el  minmo  sentido  telegrafió  á  su  Gobierno  el  Embajador 
de  los  Estados  Unidos  en  México. 


Como  en  toda  América,  hacen  falta  en  México  braceros  para 
los  trabajes  de  colonización,  minas  y  de  obras  públicas.  Poco  á 
poco  se  va  dando  solución  al  problema.  Kn  Chihuahua  y  en  otros 
Estados  se  fundan  nuevas  coloniaB  de  indios,  entregando  á  cada 
familia  lotes  de  10  hectáreas  de  terreno  para  que  las  cultiven - 
Las  Compañías  de  emigración  japonesas  procuran  colocar  á  sus 


70  LOS  PUEBLOS  HISPANOAMERICANOS 

compatriotas  en  México,  ya  en  faenas  agrícolas,  ja  en  empre* 
sas  de  minas  y  de  ferrocarriles.  Muchos  cientos  de  japoneses 
trabajan  ya  en  plantaciones  de  Oaxaca.  Van  mujeres  y  hombres, 
porque  los  mexicanos  quieren  que  los  amarillos  arraiguen  en  el 
país  y  funden  colonias  permanentes.  Los  tratan  mejor  que  los 
yanquis  tratan  y  consideran  á  los  nipones  que  viven  en  sus 
Estados  del  Oeste.  Los  mexicanos  procuran  halagarlos,  hacer- 
les grata  la  residencia  entre  ellos.  Las  Compañías  que  se  encar- 
gan de  transportarlos  á  México  llevan  también  buen  surtido  de 
las  salsas  y  golosinas  á  que  los  japoxieses  están  acostumbrados^ 

Seguramente  cuando  los  jóvenes  japoneses  de  México  quie- 
ran hacer  estudios  en  escuelas  del  país,  no  se  les  cerrará  las 
puertas  de  éstas,  como  sucede  entre  los  yanquis.  La  gente  espa- 
ñola é  hispanoamericana  es  raza  de  atracción  respecto  de  las 
demás.  Anglosajones  y  yanquis  son  raza  que  repele:  no  se  funde 
con  las  otras;  las  rechaza  ó  extermina. 

¡Y  quién  sabe  si  algún  día  tendrán  los  japoneses  en  México 
sólido  punto  de  apoyo  contra  los  yanquis!  Todas  las  razas  de  la 
tierra  entran  en  contacto,  y  la  costa  americana  del  Pacífico  es, 
por  razón  geográfica,  lugar  apropiado  para  el  encuentro  ó  cho- 
que entre  occidentales  y  orientales. 


GUATEMALA 


l.ii  República  al  comenj^^r  el  año  líioi.— Los  fcrroean'ileí?.  -Ueelecch^n  di 
Entrada  Coliiürn.— La  Exposicióo  nacionjil  y  las  fiestas  dé  MíoervA.—Kl 
Mensaje  y  el  Manitieaíu  del  Presidente:  su  prograTna.— La  eiitrevista  Úoi 
8«n  .?oeé  de  Guatemala.— La  República  en  i»Oá.— La  revolucit'in  en  1906: 
sus  causaa  y  cougecueacias. 


Por  virtud  del  decreto  que  promulgó  la  Asamblea  Nacional 
de  Guatemala,  reformando  el  artículo  66  de  la  ConstitnciÓDi  el 
período  presidencial  durará  seis  años,  y  el  Presidente  puede 
ser  ó  ne  reelegido,  segán  sus  méritos  y  procedimientos  en  el 
ejercicio  del  poder. 

Desde  fines  de  1903,  los  clubs  y  las  sociedades  politicas  esta- 
ban en  plena  actividad,  y  la  Convención  liberal^  presidida  por 
el  exministro  Sr.  Anguiano,  no  omitía  esfuerzo  ni  medio  para 
conseguir  la  reelección  de  D,  Manuel  Estrada  Cabrera. 

La  tiesta  onomástica  del  Presidente  coincidió  con  la  inaugu* 
ración  del  ferrocarril  de  Cocales  á  Maxatenango.  Las  vías  fé* 
rreas  van  tomando  gran  incremento  en  esta  República;  unen 
entre  sí  los  principales  centros  de  población  y  cruzan  ricas 
zonas  agrícolas. 

Se  babia  firmado  ad  referendufn  un  contrato  con  el  repre- 
sentante de  una  Compañía  ferroviaria  de  los  Estados  Unidos  de 
América  para  terminar  en  tres  años  la  línea  entre  Puerto  Ba- 
rrios y  la  capital.  Al  llevarse  á  la  práctica  esta  aspiración^  el 
territorio  guatemalteco  quedará  cruzado  por  la  locomotora  en 
la  extensión  comprendida  entre  las  costas  de  ambos  mares,  j 
será  un  hecbo  el  ferrocarril  interoceánico  de  Guatemala..  Ade- 


72 


LOS   PUEBLOS    H[Í!$FAH(>Aft1BRICANOS 


más,  el  ramal  que  la  raisma  empresa  se  comprometió  á  colocar 
de  Zacapa  ¿  la  frontera  del  Salvador  completará  la  obra  de 
impulso  á  la  región  oriental  de  la  Eepública,  así  como  el  tramo 
del  ferrocarril  panamericano  entre  Caballo  Blanco  y  Ayutla 
contribuirá  á  dar  mayor  empuje  á  la  sección  occidentaL 


La  Asamblea  Nacional,  reunida  el  3  de  Agosto  de  1904,  escu- 
chó el  Mensaje  que  le  dirigió  el  Presidente  D.  Manuel  Estrada 
Cabrera,  á  quien  en  la  sesión  del  7  declaró  electo  popularmente 
para  el  período  presidencial  de  1905-1911.  La  Asamblea  clausuró 
sus  sesiones  y  quedó  terminado  el  preceso  electoral  relativo  al 
nombranLiento  constitucional  del  Presidente  de  la  República. 

La  solución  del  problema  presidencial  de  Guatemala  cansó 
buen  efecto  en  América  y  en  n]nropa.  Estrada  Cabrera  es  hom- 
bre que  vale  y  que  inspira  confianza. 

Fueron  acallándose  los  que,  con  motivo  de  la  reforma  de  la 
Constitución f  procuraban  que  resurgieran  antiguas  rivalidades 
ó  disentimientos,  más  bien  personales  que  políticos;  el  deseo 
de  unión  y  concordia  ganó  los  ánimos,  había  tranquilidad  en 
todo  el  país,  el  Gobierno  inspiraba  confían^sa,  y  á  las  grandes 
manifestaciones  del  trabajo  y  de  la  cultura  intelectual  consa- 
gró ahora  todos  sus  esfuerzos  y  todos  sus  entusiasmos  el  pue^ 
blo  guatemalteco. 

Con  una  magnífica  Exposición  I^acional^  reflejo  fidelísimo 
de  los  progresos  realizados  por  Guatemala  en  estos  últimos 
años,  festejó  la  República  el  aniversario  de  la  independencia  de 
la  América  Central  (15  de  Septiembre).  Cuando  aún  millares  dé 
personas  visitaban  la  Exposición  y  asistían  á  los  concursos,  con- 
ciertos y  conferencias  públicas  que  allí  se  celebraban,  cubríase 
ya  de  arcos  triunfales  la  hermosa  avenida  que  conduce  al  Tem- 
plo de  Minerva  y  se  organizaban  los  demás  trabajos  prelimina- 
res para  la  famosa  fiesta  nacional  consagrada  á  ensalzar  la  edu- 
cación de  la  juventud.  Las  fiestas  de  Minerva  de  1904  aventaja- 
ron^  en  grandiosidad  y  esplendidez,  á  las  de  años  anteriores. 


GITATBMALA 


73 


El  Mensaje  del  Presidente  á  la  Asamblea  Nacional  legisla- 
tiva, reunida  en  Guatemala  ©1  1,**  de  Marsso  de  1905,  es  la  histo- 
ria de  los  siete  años  de  la  administracidn  de  Estrada  Cabrera, 
Hacía  éste  un  resumen  de  los  tratados  convenidos  con  otros 
países,  j  de  todos  los  hechos  de  política  exterior  y  de  orden 
interior  que  han  contribuido  á  consolidar  la  paz,  elemento  in- 
dispensable para  el  desarrollo  de  las  fuerzas  vitales  déla  nación- 

A  pesar  de  los  gastos  extraordinarios  á  que  obligaron  las 
consecuencias  de  los  fenómenos  volcánicos,  y  no  obstante  la 
crisis  monetaria,  la  situación  financiera  era  buena.  El  total 
de  las  rentas  de  Aduanas  y  üontribuciones,  que  ascendió  ¿  unos 
13  millones  en  1903,  pasó  de  BO  en  1904. 

La  agricultura,  principal  fuente  de  la  riqueza  de  Gruatemala, 
merecía  especial  atonción  del  Gobierno,  Se  habían  construido 
y  estaban  en  construcción  muchos  kilómetros  de  ferrocarril,  y 
entre  éstos  la  última  sección  de  la  línea  del  Norte,  qua  atrave- 
sará la  República  del  Atlántico  al  Pacífico  y  abrirá  camino  á 
los  millares  de  viajeros  que  desde  Europa  se  dirigen  á  las  tierras 
occidentales  de  América. 

Si  el  Mensaje  fué  reseña  de  lo  pasado  y  cuadro  de  lo  pre* 
senté,  el  Manifiesto  que  con  motivo  de  la  toma  de  posesión  del 
Poder  para  el  período  1905-1911  dirigió  Estrada  Cabrera  al  país, 
era  el  programa  de  su  gestión  para  lo  futuro:  mantenimiento 
de  la  paz;  represión  enérgica  de  toda  tentativa  de  revolución; 
economía  y  probidad  en  los  servicios  públicos;  pago  de  intere^ 
ees  y  amortización  de  la  Deuda;  robustecimiento  de  la  fuerza 
militar;  política  de  fraternidad  con  todos  los  Estados,  especial- 
mente con  los  Centroamericanos* 

Gobernará  Estrada  conforme  á  los  principios  del  partido 
liberal;  en  cuanto  á  los  hombres,  ha  de  valerse  de  todas  las 
personas  que  puedan  ser  útiles  á  la  patria,  sea  cual  fuere  el  par- 
tido político  á  que  pertenezcan. 

Hubo  algunos  disentimientos  con  El  Salvador.  Para  poner 
«B  claro  la  razón  ó  pretexto  de  ©lios,  reuniéronse  en  fian  José 


74 


LOS  PÜKBLOS   HlfiPANOAMBrilCANOfi 


d©  Giiatemalíi  los  Ministros  de  Eelaciones  exteviores  de  nna  y 
otra  Repúblitja,  y  de  la  conferencia  que  celebraron  resultó  la 
lautna  convicción  de  que  no  había  entonces  motivo  racional 
Tiingnno  que  pudiese  alterar  el  propósito  de  unión  y  fraternidad 
que  inspiraba  los  actos  de  amboa  Gobiernos, 


De  la  situación  de  la  República  y  de  los  progresos  realizados 
durante  el  año  1905,  dio  noticia  el  Mensaje  del  Presidente, 
leído  'Con  motivo  de  la  apertura  de  la  legislatura  ordinaria 
el  1/  de  Marzo  de  1906. 

Continuábase  atendiendo  con  pi-eferencia  al  fomento  de  la 
instrucción  pública  y  de  la  cultura  general  del  país;  aumenta- 
ban sin  cesar  el  número  de  escuelas  y  de  alumnos.  En  las  fiestas 
de  Minerva  se  presentaron  los  primeros  trabajos  de  la  Carta 
j:;eügrafíca  en  relieve  de  la  República,  carta  cuya  superficie 
mide  4  metros  cuadrados-  Se  proyectaba  organizar  nu  Museo 
para  el  estudio  y  conservación  de  los  monumentos  «rqueológi- 
.eos  de  Guatemala. 

Adelantaban  los  trabajos  del  ferrocarril  del  Atlántico  y  es* 
Iftban  en  estudio  nuevas  vías  férreas*  Las  rentas  públicas  exce- 
dieron á  los  ingresos  presupuestos. 

Todo,  pues,  iba  bien.  Pero  ©n  Junio  comenzaron  á  circular 
en  Europa  noticias  muy  alarmantes  sobre  la  situación  de  Gua- 
temala. A  fines  de  Mayo  habían  invadido  e!  territorio  de  la  Re- 
pública  gentes  armadas  que  se  proponían  derribar  del  poder  ¿ 
Estrada  Cabrera.  Uno  de  los  caudillos  de  los  revolucionarios 
era  el  expresidente  General  Manuel  Lisandro  Barillas, 

Corao  siempre  que  hay  guerra  civil  en  cualquiera  de  las  Re- 
públicas americanas,  la  prensa  europea  publicó  telegramas  é 
informes  contradictorios,  y  no  había  medio  de  saber  á  ciencia 
cierta  cuál  era  la  verdadera  causa  de  1&  revolución,  ni  qniéne^ 
eran  vencedores  y  vencidos.  Por  lo  general^  los  telegramas  que 
de  allí  vienen  reflejan  la  parcialidad  de  quien  los  envía;  lo 
|ue  aquí  se  escribe^  reñejo  es  también  de  intereses  partioa* 


JATB>IALA 


75 


lares  de  una  ú  otra  índole,  cuando  no  de  Ja  inorancia  ó  lige- 
reza con  que  en  Europa  se  trata,  por  lo  general,  de  las  coaas  de 
América. 

A  lo  que  parece,  Estrada  Cabrera,  reelegido  en  1905  para 
otros  seis  años^  tiende  á  dar  condiciones  de  estabilidad  y  tírmeza 
al  Poder  Ejecutivo,  y  aspira  á  ser  el  Porfirio  Díaz  de  Guatemala. 
D©  tirano  y  déspota  le  califican  sus  adversarios,  y  el  de  mayor 
prestig-ioy  autoridad  entre  ellos,  Barillas,  que  se  considera  con 
iguales  derechos  y  aptitudes  que  aquél  para  seguir  los  rumbos 
trazados  por  el  Presidente  perpetuo  de  México,  apeló  á  las  ar- 
mas, á  la  revolución,  para  lograr  sus  propósitos. 

Los  descontentos  se  agrupaban  en  derredor  de  Barillas,  y 
entraron  en  juego  algunos  miles  de  pesos  yanqui-s  y  europeos, 
paes  sin  ellos  segurnmente  que  no  hubiera  sido  posible  rechitar 
las  bandas  de  aventureros  que  procedentes  de  México,  El  Sal- 
vadbr  y  Belice  penetraron  por  varías  partes  de  la  frontera  en 
territorio  guatemalteco. 

Segiin  los  datos  más  verídicos,  los  revolucionarios  que  desde 
México  marcharon  contra  Ocós  no  pudieron  mantenerse  en 
este  panto;  los  del  lado  de  El  Salvador  fueron  también  rechaza- 
dos,  así  como  los  que  luego  intentaron  la  entrada  por  la  fron- 
tera de  Honduras.  Apoyaba  á  estas  invasiones  y  ataques  un 
buqtie  yanqui,  fletado  por  Barillas,  que  iba  y  venía  por  el  Pa* 
eifico,  y  que  al  entrar  en  puertos  de  las  demás  Repúblicas  izaba 
el  pabellón  estrellado  para  embarcar  imp Quémente  hombres  y 
material  de  guerra. 

Los  Jefes  de  la  revolución  y  los  periódicos  que  les  eran 
adictos  no  ocultaban  — antes  al  contrario,  lo  aducían  como 
prueba  de  simpatías  hacia  su  causa^—la  adhesión  al  movimiento 
de  colonos  alemanes,  ingleses  y  yanquis  establecidos  en  Gua- 
temala; eran,  sin  duda,  los  que  en  estas  guerras  civiles  en  Amé- 
rica se  dedican  á  prestar  unos  cuantos  centenares  de  pesos,  ó 
cosa  qae  lo  valga,  á  la  revolacióu,  ó  á  fingir  grandes  perjuicios 
causados  por  ella,  para  luego  poner  el  grito  en  el  cielo  y  recia- 


76  LOS   PÜBBLOS   HISPANOAMBRICANOR 


mar  miles  ó  millones,  amparados  por  los  buques  de  guerra  de 
las  respectivas  nacionalidades. 

La  revolución  ocasionó  breve  guerra,  con  la  República  de 
El  Salvador  y  nuevos  tratados  de  paz  y  amistad  con  dicha 
República  y  con  las  de  Honduras  y  Costa  Rica  (1). 

A  fines  de  año,  y  á  juzgar  por  el  Mensaje  que  leyó  á  la  Asam- 
blea Nacional  en  sesión  extraordinaria,  el  Presidente  de  Guate- 
mala mostrábase  muy  satisfecho  y  complacido  por  la  excelente 
situación  en  que  se  halla  el  país  después  de  acordada  la  paz  con 
las  vecinas  Repúblicas. 

Afirma  en  ese  documento  el  Sr.  Estrada  Cabrera  que  el 
conjunto  de  los  acontecimientos  que  acababan  de  suceder  cons- 
tituye el  hecho  histórico  más  notable  en  Guatemala  después  de 
la  proclamación  de  la  independencia;  sus  consecuencias  inter- 
nacionales son  tan  importantes,  que  el  año  1906  abre  para  el 
país  una  era  completamente  nueva,  en  la  que  podrá  consagrarse 
al  completo  desarrollo  de  sus  fuentes  de  riqueza  y  prosperidad, 
la  más  positiva  promesa  de  su  magnífico  porvenir. 

La  paz  es  el  mayor  bien  que  un  pueblo  civilizado  puede  am- 
bicionar, y  Guatemala  se  encuentra  ahora  en  posesión  de  ese 
preciado  bien. 


(1)    Véase  en  este  mismo  TolumeD  el  capitulo  titulado:  PolUica  intemmei0- 
nal  Centroamericana. 


EL   SALVADOR 


Lft  BxpoflicHn  Nacíoaat.— La  deuda  BurreH.— Economía?.— Refoi^mus  leífial«- 
tiva8.-La  nuera  OnlensDza  del  Ejí^rcito.— La  sitoación  g'eneral  delpaíg, 
ñegún  el  Meas«je  de  1005.— La»  obi-aa  del  Palacio  Nacional.— La  Agrical- 
tnra^  la  lustruL-cióu  púhUca  y  Ja  IlacieQda.— b:i  estado  de  sitio  y  las 
elecciones  j/resídeacíales, 

A  fines  de  1903,  ©1  Gobierno  salvadoreño,  con  propósito  de 
estimular  en  sns  empresas  á  todas  las  clases  trabajadoras  del 
país,  dispnso  llevar  á  cabo  nua  Exposkúón  Nacional,  que»  al 
mi^mo  tiempo  que  llenara  dioho  objeto,  contribuyese  á  la  cele- 
bración de  las  tiestas  de  la  independencia  patria.  La  Exposición, 
que  habría  de  comprender  productos  agrícolas,  industriales  y 
artísticos,  se  abriría  el  día  1."  de  Ag^osto  de  1904  en  la  <tFinca 
Modelo»  de  San  Salvador,  para  cerrarse  con  la  distribución  de 
premios  el  día  15  de  Septiembre.  Destináronse  para  premios 
Ib*. 000  pesos,  y  fué  nombrado  Director  general  déla  Exposición 
una  de  laa  personalidades  más  eminentes  de  Centro  América,  el 
autor  de  loe  «tApuntamientos  sobre  la  Topografía  física  de  la 
Bepública  del  Salvador»,  D.  David  J.  Guzmán, 

En  efecto,  en  el  citado  día  1.**  de  Agosto,  declarado  de  fiesta 
nacional,  se  inauguró  solemnemente  la  prim^era  Exposición 
salvadoreña.  Al  acto  concurrieron  el  Jefe  del  Estado,  loa  Mi- 
nistros y  todas  las  autoridades  civiles  y  militares.  Fuerzas  de 
infantería  vestidas  de  gran  gala  formaban  valla  en  la  calle 
que  conducía  á  los  campos  de  la  Exposición.  Revistió  la  cere- 
monia un  carácter  imponente  y  al  mismo  tiempo  conmovedor, 
porque  esa  ñesta  del  trabajo  venía  á  representarla  suma  de 
energías  y  el  grado  de  adelanto  del  pueblo  salvadoreño,  que  ha 


78 


LOS  FUBBLOa  UISFAKOAHBR ICONOS 


visto  realizarse  la  primera  Exposición  Nacional  sin  violencias 
nt  gravámenes  económicos,  disponiendo  de  sns  propios  recursos, 
sin  vanos  alardes  de  ostentacíóo^  y  contentándose  con  que  sos 
faentesde  vida  corran  libres  por  apropiado  y  seguro  cauce.  Así 
lo  consignaba,  con  legítima  sati8tacción,  el  Diario  Oficial  déla 
liepública.  Dos  buenas  piezas  oratorias  fueron  los  discursos 
pronunciados  en  el  acto  de  la  inauguración  por  el  Ministro  de 
Fomento,  Dr.  José  Rosa  Pacas,  y  por  el  Director  general  del 
certamen,  Sr,  GrU7*mán. 


Empezó  á  pagarse  la  famosa  deuda  BurrelL  EnMa^^ode  1904, 
el  representante  legal  del  cUnion  National  Bank»,  de  Oakland, 
recibió  el  primer  plazo,  5f},503*29  pesos  oro.  En  el  Diario  Ofictui 
de  15  de  Junios©  insertó  el  recibo  otorgado  por  aquél,  para  co- 
nocimíeoto  — según  se  decía— del  piíblico  y  satisfacción  del  sn- 
pi-emo  Gobierno,  en  asunto  tan  enojoso  como  complicado,  que, 
si  es  verdad  que  hirió  en  Ío  más  vivo  el  sentimiento  nacional,  en 
cambio  ha  venido  a  poner  de. manifiesto  que  la  actual  adminis- 
tración salvadoreña  sabe  atender  á  sus  compromisos  y  salvar 
el  crédito  y  la  honra  de  la  nación.  <iEs  doloroso — añadía  el 
Diario ^hskCBv  confesiones  que  lastiman  y  deprimen  la  dignidad 
del  paísj  pero  en  las  actuales  circunstancias  no  queda  más  re- 
curso qne  aceptar  los  hechos  consumados,  antes  de  vernos  en- 
vueltos en. mayores  y  más  serias  complicaciones». 

Esta  obligación,  que  impuso  á  la  pequeña  República  ana 
carga  extraordinaria  de  «50.000  pesos  oro  anuales  para  ir  pii« 
gando  á  banqueros  y  agiotistas  yanquis  lo  que  en  realidad  no 
se  les  debe,  obligó  al  Gobierno  á  grandes  economías  y  á  pres 
cindir  de  servicios  que,  ounque  de  indisctitible  utilidad,  pueden 
reservarse  para  cuando  mejore  la  situación  rentística,  Sesupri- 
mieron  el  Cuerpo  de  Caballería  y  la  compañía  de  Infantería  de 
la  capital,  el  Conservatorio  Nacional  de  Música  j  las  Escuelan 
formales  de  Santa  Ana  y  San  Miguel,  cuyos  alumnos  podrán 
continuar  sus  estudios  en  la  Normal  Central, 


BL  SALVADOR 


7¡* 


Ko  obstante,  se  atiende  con  gran  celo  á  la  enseñanza  y  se 
establece  la  Escuela  de  Comercio  y  Hacienda^  anexa  al  Instituto 
Nacional  Central.  Las  tareas  legislativas  son  más  útiles  y  fe- 
cundas que  en  otras  Repúblicas  americanas;  ya  es  ley  el  Código 
de  Comercio  presentado  porla  respectiva  Comisión,  y  está  decre- 
tada y  publicada  la  ley  orgánica  del  Ejército  de  la  República, 
que  establece  el  servicio  oliliga torio  para  todos  los  salvadoreños 
de  diez  y  ocho  á  cincuenta  años  de  edad»  Entre  los  que  la  ley 
exceptúa  figuran  los  estudiantes  matriculados  y  los  funciona- 
rios y  empleados  públicos  durante  el  tiempo  que  lo  fueren. 

En  el  Diario  Oficial  de  Octubre  se  publicó  la  nueva  Orde- 
nanza del  Ejército  de  la  República,  decretada  por  la  Asamblea 
iíacional  legislativa  con  i^chn.  18  de  Abril, 

Mediante  dicha  Ordenanza  se  quiere  desarraigar  liábitos 
funestos  y  prácticas  anticuadas  que  entorpecían  la  marcha  pro- 
gresiva de  las  instituciones  miUtares^  abriendo  la  puerta  al 
estímulo  por  medio  del  astudio  y  la  disciplina,  poderosos  ele- 
mentos de  moralización  y  de  engrandecimiento.  La  noble  ca- 
rrera de  las  armas,  elevada  por  la  Carta  Fundamental  á  la  ca- 
tegoría de  institución  principalísima,  llegará  á  ser  con  la  nueva 
organi^fiación  lo  que  hay  derecho  á  esperar  que  sea:  un  anscilTar 
del  Derecho  y  de  las  Leyes. 


En  18  de  Febrero  de  UK)b  abrió  sus  sesiones  ordinarias  la 
Asamblea  Kacional  legislativa  de  El  Salvador*  En  el  solemne 
acto  leyóse  el  Mensaje  del  Presidente  de  la  República,  Sr*  Esca- 
lón, que  por  segunda  vez,  durante  su  período  constitucional, 
rendía  cuenta  de  los  principales  actos  del  Poder  Ejecutivo  en 
los  diversos  ramos  de  la  Administración  pública. 

El  Presidente  hacía  constar,  en  primer  t<írmino,  con  justifi- 
eada  complacencia,  que  el  país  vive  en  completa  calma  y  tran- 
quilidad, sin  que  el  Gobierno  haya  tenido  que  hacer  frente  al 
más  ligero  trastorno,  ni  que  emplear  tampoco  medida  alguna 
extraordinaria  para  la  conservación  del  orden  público.  El  pue- 


:  \rS    ri.  KULOiS    liliSP  ANO  AMERICA  NO» 


.  .  ir.io  iui  piíl:  ado  las  veutajas  de  la  paz,  de  que  hace 
.  ..  o  \  loao  úisírutando,  y  se  esmera  en  conservarla, 
N  ..    .'íiio  :»ion  ^Ití  los  pueblos  y  base  imprescindible  de 

,     .  ..V. <.-(.' iluiüilCO. 

,.v-  ili^ciadel  pueblo  salvadoreño,  hacíalo  igualmente 

^  V   ..  1.»-.  vloiiiús  de  Centro  América  y  á  los  Gobiernos  que 

,v  L,     ¡upciiudos  todos  en  mantener  la  armonía  y  cordiali- 

. . . .-  i  piclios  Kstados,  que  tarde  ó  temprano  tendrán  que 

.    Ii'..i.iiius  aa  uno  solo. 

:  Mt^ft,  «iiio  |itírsiste,  y  en  documentos  ofíciales  se  de- 

i  i ,;  iiavióu  á  oou"*tituir  la  gran  República  Centroame- 
■  .-,  .1  tdeul  do  todos  los  políticos  eminentes  en  esta  re- 
.  :  Niuí\  V»  Mundo. 

:ui   i->ii  Uiiubíón  el  Sr.  Escalón  los  importantes  trabajos  y 

i     -lio  -lO  iitiu  llevado  a  cabo,  especialmente  en  el  ramo  de 

:.«•.   Lu  exposición  Nacional  vino  á  poner  de  manifiesto 

,.  .■:!  il  |>iiis  hay  digno  de  conocerse;  los  extranjeros  que  la 

•  i  t'\|'iosiiban  su  admiración,  no  sólo  por  la  cantidad, 

i  .  .iliiliid  de  los  objetos  expuestos. 

.1   u»ii  linaiiciera  era  buena.  No  pesa  sobre  la  nación 

.    i  .-Nui  ii»r  4U0  la  resultante  de  la  reclamación  Burrell, 

.  ;.i    ;.»:!.  I  l.">'r>i»  pesos  de  principal  y  9í).88y'72  de  intere- 

.   hIm-.iIo.mIo  la  techa  del  arreglo  celebrado  en  AVáshing- 

.     .1   l.i  u»i;il  oauctílación  de  la  deuda,  en  un  período  de 


,1 .  iiMiiiis^  siu  excepción,  habían  producido  en  1904 
.liuin'iiio  que  en  el  año  anterior.  Esto  acusaba  un 
iM.'iiii»  lio  la  vitalidad  del  país,  que  parece  ir  saliendo 
,  .íl.i  .-.i  i^i.s  por  ([ue  venía  atravesando  desde  hace  más 


i.K  xM'^n-ii  hal)ían  ya  empezado  los  trabajos  preliminares 
.i.-.i  «lo  loronslrucción  del  Palacio  Nacional,  magno  y 
.  .  .liiii-.m  quo  fué  presa  de  las  llamas  en  las  postrimerías 


EL    SAL.V ADOR 


tíl 


de  la  administración  del  General  Menéndez.  El  Grobierno  que 
presidía  el  ciudadano  P,  José  Escalón  hizo  pnñto  principal  de 
su  programa  administrativo  la  reconstrucción  del  mencionado 
edificio,  y  el  Diario  Oficial  del  30  de  Enero  participaba  á  9UB 
lectores  que  esa  obra^  proyectada  y  tanto  tiempo  acariciada  por 
varias  administraciones,  pronto  se  verá  convertida  en  una  be- 
lla realidad,  merced  al  decidido  empeño  que  en  ello  puso  desde 
que  subió  al  poder  el  Jefe  de  la  nación,  activamente  secundado 
por  sus  colaboradores  de  Ministerio, 

Se  calculaba  «jue  el  Palacio  quedaría  dispuesto  pura  el  servi- 
cio en  los  primeros  días  de  1907. 


El  20  de  Febrero  de  190^1  empezaron  las  sesiones  ordinarias 
de  la  Asamblea  Nacional  de  la  República  de  El  Salvador,  En  el 
solemne  acto  de  inauguración  se  leyó  el  Mensaje  del  Presidente, 
Sr,  Escalón,  breve  reseña  del  curso  que  ban  llevado  los  asuntos 
de  gobierno  y  de  las  medidas  y  mejoras  más  notables,  realiza- 
das unas  y  en  vías  de  realización  otras. 

La  agricultura,  ramo  de  vital  importancia  para  el  país,  ha 
recibido  protección  constante  y  decidida.  La  Finca  modelo  d« 
la  capital  b a  tenido  gran  ensanche  con  el  establecimiento  de 
nuevos  y  pintorescos  jardines,  elegantes  kioscos,  amplias  ala- 
medas y  otros  sitios  accesorios  que  hoy  constituyen  el  más 
ameno  ó  higiénico  paseo  de  1»  ciudad.  Lo  mismo  puede  de- 
cirse de  la  Fiooa  modelo  de  Santa  Ana,  aunque  de  más  reciente 
creación. 

En  el  ramo  de  Instrucción  pública  se  han  emprendido  últi- 
mamente laboriosos  trabajos^  dirigidos  á  reorganizar  los  cen- 
tros docentes  de  educación  é  instrucción  popular,  adoptando,  á 
la  medida  de  los  recursos  del  país  y  de  las  necesidades  de  la 
época,  los  métodos  modernos  más  perfeccionados  y  que  han 
producido  fecundos  resultados  prácticos  en  otras  naciones. 

En  lo  que  á  la  Hacienda  pública  concierne,  el  Presidente 
apela  á  la  ilustración  y  patriotismo  de  los  Diputados  para  ar- 

f 


LOS    PUBIILOS   IÍI8PANOAMIÜIIICAN08 


bifcrar  los  medios  más  prácticos  de  nivelar  los  presupuestos  sin 
acudir  al  recurso  rutinario  y  contraproducente  de  inteutar  eco- 
nomías md.1  meditadas^  que  desconciertan  y  entorpecen  la  e^^ 
pedita  marcha  de  la  Administración  pública. 


En  el  verano  do  IdOG  sobrevino  la  guerra  con  Guatemala  (1), 
El  11  de  Septiembre  se  declaró  en  la  Hepublica  el  estado  de 
sitio. 

Según  manifiesto  del  Gobierno^  terminada  la  guerra  con 
GuatemaUt  y  cuando  el  país  entero  entraba  en  un  periodo 
de  convalecencia  tras  lucha  sangrienta  y  heroicos  sacrificios, 
planteóse  el  problema  de  elecciones  presidenciales,  y  al  amparo 
de  las  leyes  y  disfrutando  de  la  más  amplia  libertad,  las  diver- 
sas agrupaciones  políticas  lanzaron  sus  respectivas  candidatu- 
ras y  emprendieron  trabajos  de  propaganda» 

El  Poder  ''jecntlvo  vio  con  agrado  esas  cultas  manifestacio- 
nes de  lit  vida  republicana;  pero  cuando  se  trató  de  llevar  al 
país  H  la  revuelta,  á  la  asonada  6  al  motín,  el  .Tefe  de  la  nación 
se  decidió  á  cortar  por  lo  más  sano^  escogiendo,  entre  dos  males, 
el  menor.  Se  trataba  de  evitar  uu  nuevo  escándalo,  una  nueva 
vergüenza  á  la  nación  salvadoreña  ante  el  concepto  de  propios 
y  extraños. 

Los  términos  del  decreto  fijaron  un  plazo  improrrogable 
para  los  efectos  de  la  ley  de  estado  de  sitio  (30  Noviembre):  fie 
quería  que  la  implantación  del  régimen  constitucional  fuera 
un  liecho  el  I,*'  de  Diciembre^  con  la  mira  de  que  ya  las  elec- 
ciones de  autoridades  locales^  que  son  las  preliminares  de  las 
de  Altos  Poderes,  se  practicasen  con  entera  libertad. 

LfOS  efectos  del  decreto  que  declaró  el  estado  de  sitio  se  re- 
dujeron pocos  días  después,  el  4  de  Octubre,  á  la  suspensión  de 
las  garantías  del  amparo  personal  y  de  la  libertad  absoluta  de 
la  prensa,  quedando,  en  consecuencia,  restablecidas  las  demás 


X 1)    VéADse  los  e&ptttilos  ÚuQiemaU  y  PúHsíea  Sittemaeionat  emitoannrieat^a. 


EL   SALVADOR  83 


garantías  constitucionales.  Siguieron  en  suspenso  aquéllas  sin 
otro  objeto  que  tener  el  Ejecutivo  á  mano  medios  de  acción 
para  reprimir  desórdenes  durante  el  período  de  elecciones. 

No  se  trataba  de  entorpecer  los  trabajos  electorales  de  tal 
ó  cual  candidato  á  la  Presidencia  de  la  Repáblica,  sino  de  evitar 
que  en  ese  período  en  que  los  ánimos  se  exaltan  degenerasen  los 
apasionamientos  en  hechos  y  manifestaciones  impropios  de  un 
pueblo  culto,  que  pudieran  perturbar  el  libre  ejercicio  del  de- 
recho electoral. 

Que  tales  eran  los  propósitos  del  Gobierno,  lo  prueba  la  cir- 
cunstancia de  que,  á  pesar  de  las  facultades  que  en  cuanto  á  la 
prensa  se  reservó  aquél,  los  periódicos  déla  República  siguieron 
gozando  de  la  misma  libertad  que  antes  tenían.  Se  citaba  como 
caso  raro  de  tolerancia  y  de  respeto  á  la  libertad  de  la  prensa 
en  pleno  período  de  suspensión  de  garantías,  el  hecho  de  ha- 
berse permitido  la  publicación  de  una  carta  escrita  en  tonos 
muy  duros  por  el  General  Villavicencio  y  dirigida  al  comité  de 
su  partido  (1). 


(1)    El  naevo  Presidente,  que  entrará  en  funciones  el  i.°  de  Marzo  de  190'7, 
es  ©1  General  D.  Fernando  Figueroa. 


HONDURAS 


Situacióu  del  país  al  empes&r  el  año  191)1.— La  deuda  del  empréstito  pAra  el 
feí-rocArrll.— La  deuda  interior.— El  estmlr»  de  sitio  y  la  dictadura  de  Bo- 
nilla,—La  Asamblea  Naoional  Constituyonto.— Elección  prenifieDCiaL — 
I^anoeva  Conatitiici^m  y  las  refonnaa  le gl ¿ilativas.— La  nacionalidad  de 
loa  h&bitantea  de  las  islaa  de  la  BalUa.— Publicación  de  doctimeutos  refe- 
rentes &  la  deuda  del  ferrocarrlL 


A  Unes  de  1903  aún  no  se  había  restableoido  por  completo  la 
tranquilidad  en  esta  Repi^blica.  El  8  de  Diciembre  hubo  desór- 
denes en  Santa  Bárbara,  tí  vas  al  Dr.  Arlas  y  miaeras  al  Gene- 
ral Bonilla,  y  se  cruzaron  disparos  de  arma  de  fuego  entre  loa 
revoltosos  y  la  policía.  En  el  raotin  murió  el  Diputado  D,  Pedro 
A.  Trejo,  enemigo  declarado  del  Presidente. 

Pero  el  Qobierno  manteníase  firme  y  dispuesto  ¿  reprimir 
con  dureza  toda  tentativa  revolucionaria;  logró  así  imponerse 
a  sus  adversarios,  y  en  el  Mensaje  que  el  1.^  de  Enero  de  IVíCH, 
en  la  solemne  instalación  del  Soberano  Congreso  Nacional,  leyó 
I  Sr.  Bonilla,  pudo  éste  declarar  que  el  país  disfrutaba  de  trau* 
qnilidad  interna  y  de  paz  exterior,  (.jue  la  acción  administrativa 
había  entrado  en  período  normal  y  que  el  Gobierno  se  consa- 
graba á  los  trabajos  de  reorganización  que  exigían  los  aconte* 
cimientos  pasados. 

Entre  otros  asuntos,  se  aludía  en  el  Mensaje  á  la  reclama- 
ción que  los  tenedores  de  bonos  del  ferrocarril  interoceánico 


LOS  PUEBLOS   HI8PAK0A1IBR10AN0S 


hicieron  á  la  nación  por  medio  de  su  apoderado  Mr,  Batn,  EJ 
Gobierno  ae  ocupaba  en  el  esclarecimiento  de  esta  delicada 
caestión,  y  al  efecto  había  nombrado  un  agente  con  residencia 
en  Londres,  á  qaien  se  dieron  las  instrucciones  convenientes  á 
fin  de  remiir  todos  los  datos  que  deben  tomarse  en  cuenta  para 
la  mejor  solución. 

Había  otra  reclamación  del  «Honduras  Syndicate»,  que  no 
cumplió  varías  de  las  estipulaciones  expresadas  en  el  contrato 
de  arrendamiento  del  ferrocarril  de  Puerto  Cortés  á  La  Pi- 
mienta. Hescindído  aquél,  el  Gobierno  se  encargó  da  explotar 
por  91  mismo  dicho  ferrocarril. 

Refiriéndose  a  estos  asuntos,  decía  el  Presidente  del  Con* 
greso,  D.  Fausto  Dávila,  en  su  contestación  al  Mensaje: 

«Sensible  es  que  continúen  ocupando  la  atención  del  Go- 
bierno y  del  país  los  empréstitos  para  la  construcción  del  ferro- 
carril interoceánico,  con  la  exagerada  reclamación  que  hace 
Mr.  W,  J,  Bain,  como  representante  de  los  tenedores  de  bonos. 

»Como  lo  manifestó  el  Congreso  en  sus  sesiones  precedentes, 
hay  que  tratar  este  asunto  con  bastante  calma,  con  mucho  de- 
tenimiento y  circunspección,  ya  que  no  se  conoce  el  verdadero 
fondo  del  negocio;  y  para  concretarlo,  debe  conocerse  detalla- 
damente en  su  origen,  en  su  desenvolvimiento  histórico  y  en 
su  situación  actual;  para  lo  que^  muy  acertadamente,  habéis 
dado  comisión  á,  hondnreños  de  reconocida  competencia,  quie- 
nes dentro  y  fuera  del  país  harán  la  más  escrupulosa  investi- 
gación para  que  se  pon^a  en  claro  la  verdadera  responsabilidad 
del  Estado. 

•  Hecha  esa  investigación  y  recogidos  todos  los  documentos 
conducentes,  se  verá  si  la  República  es  deudora  de  alguna  can- 
tidad, y  caso  de  ser  así,  se  determinará  adoptar  el  medio  máa 
conveniente  para  su  solvencia,  en  cuya  oportunidad  la  Asam* 
blea  habrá  de  intervenir  dentro  de  los  límites  de  sus  facultades*. 

*E1  Congreso  cree  también,  como  Vos,  Sr.  Presidente,  que 
la  reclamación  hecha  por  el  Sindicado  americano  que  tuvo  en 


imNDURA.S 


H7 


arrendamiento  la  r^ección  del  ferrocarril  de  Puerto  Cortés  ¿  La 
Pimienta  carece  de  fimdftmento  qme  pndiera  hacer  esperar  una 
.solución  desfavorable  para  el  Estado;  y  para  con  vencerse  de 
ello,  basta  considerar  la  próiroga  sol  i  rilada  por  el  mismo  Sin- 
dioado  y  la  entrega  voluntaria  del  ferrocarril,  hecha  yior  don 
Adolfo  Pereira,  representante  del  arrendatario;  hechos  que 
implican  la  convicción  de  no  haber  cumplido  la  contrata». 

Los  trabajos  agrícolas  de  la  costa  Norte  cobraban  de  día  en 
día  mayor  importancia.  Ese  territorio  puede  llegar  á  ser,  en  no 
lejano  tiem[>o,  el  emporio  de  la  riqueza  de  Honduras,  Naturales 
y  extranjeros  se  consagran  con  ardor  á  diversas  empresas,  con- 
tando con  la  fecundidad  de  loe  elementos  que  en  aquellos  luga- 
res les  ofrece  la  Naturaleza  y  con  las  favorables  circunstancias 
que  allí  concurren  para  facilitar  la  exportación. 

La  fuerte  deuda  contraída  para  los  gastos,  de  la  última  gue- 
rra oivil  estaba  ya  casi  del  todo  satisfecha  y  seguía  amortizán- 
dose la  deuda  pública  interna-  Por  acuerdo  gubernativo  del  3  de 
Diciembre  se  procedía  al  estudio  detenido  y  minucioso  de  todas 
Jas  cuentas  que  constituyen  dicha  deuda  interior,  que  consisten, 
en  su  mayor  parte»  en  sueldos  atrasados  de  las  administracio- 
nes pasadas t  en  el  importe  de  pérdidas 'sufridas  durante  las 
guerras  civiles,  reconocidas  por  los  Gobiernos,  en  montepíos  no 
pagados,  en  los  billetes  del  Tesoro  y  algitnos  otros  valores  cuyo 
monto  DO  se  conocía  aún  y  que  repreí^entan  el  trabajo  del  em- 
pleado y  el  stidor  del  labriego  que  vio  perderse  con  sus  ganados 
ó  sus  siembras  el  esfuerzo  de  largo  tiempo»  8e  calculaba  que 
estas  deudas  importaría»  unos  tres  millones  de  pesos. 

Afirmaba  el  General  Bonilla  en  el  Mensaje  que  no  había  un 
solo  ciudadano  en  prisión  ó  extrañado  del  suelo  de  la  patria 
por  causas  políticas,  y  declaraba  sn  firme  i«ropósitode  procurar 
la  conciliación  de  todos  los  hondurenos,  Síq  embargo,  la  afir- 
mación del  Presidente  no  estaba  muy  de  acnerdo  con  la  reali- 
dad de  los  hechos.  En  la  sesión  del  Congreso  de  23  de  Enero 
se  leyó  un  voto  particular  del  Diputado  D.  P,  Bonilla  que  di- 


LQíi   PUI&BL06   HISPANOAMidUlOANOS 


sentía  de  sus  colegas  de  la  Comisión  encargaba  de  formular  el 
proyecto  de  contestación  al  Mensaje,  y  en  ese  voto  ^e  pedia 
una  amnistía  para  los  delitos  que,  aunque  caen  bajo  la  acción 
de  los  Tribunales  comunes,  están  relacionados  directamente 
con  la  política  ó  tienen  su  origen  en  ella,  «-.Esa  amnistia — de- 
ciase  en  el  documento  á  que  me  reíiero— permitirá  vivir  tran- 
quilamente en  su  país  a  millares  de  hondurenos  que  hoy  están 
privados  de  la  libertad  ó  se  hallan  lejos  de  sus  hogares  por  tales 
motivos,  y  dará  lugar  á  la  extinción  de  los  renoords  qne  creó 
la  última  lucha  electoral  y  agravó  la  guerra  civib. 

Y  los  rencores,  ciertamente,  no  se  habían  extinguido,  La 
Gaceta  del  10  de  Febrero  piihlioaba  un  decreto  del  8  declarando 
el  estado  de  sitio  en  el  departamento  deTegucigalpa.  Fundaba 
Bonilla  essta  resolución  en  que,  según  las  justificaciones  que 
tenía  el  Poder  Ejecutivo,  se  había  tratado  de  atentar  contra  la 
vida  del  Presidente  de  la  Bepública  y  de  alterar  el  orden  pú- 
blico por  los  DiíJUtados  Policarpo  Bonilla  y  otros»  y  en  que  el 
incendio  de  la  Escuela  de  Artes  y  Oficios  de  la  capital,  qne 
tuvo  lugar  en  la  m^adrugada  dal  6,  obedeció  á  esa  tentativa  de 
asesinato  contra  el  Presidente. 

Policarpo  Bonilla  y  demás  fueron  presos  y  sometidos  á  proce- 
dimiento militar,  é  inmediatamente,  el  12^  dictóse  otro  decreto 
por  el  cual,  considerando  que  el  Congreso  se  había  disuelto  sin 
dar  la  ley  del  Presupuesto,  que  la  tranquilidad  pública  se  ha- 
llaba seriamente  amenazada  y  que  era  urgente  prevenir  la 
anarquía  y  sus  funestas  consecuencias^  se  convocaba  Asam- 
blea Constitayentei  y  en  tanto  que  comenzase  el  nuevo  régimen 
constitucional,  el  Presidente  de  la  República  asunua  todos  los 
poderes  del  Estado,  los  cuales  ejercería  discrecioual mente,  que- 
dando suspenso  el  imperio  de  la  Constitución. 

Las  elecciones  de  Diputados  a  la  Constituyente  se  hicieron 
en  los  días  24  á  26  de  Abril,  y  el  1.**  de  Junio  se  instaló  con  gran 
solemnidad  la  Asamblea,  ante  la  cual  el  Presidente  de  la  Repú- 
blica leyó  breve  Mensaje  explicando  los  motivos  que  le  impul- 


HONDURAS 


8ÍI 


saron  á  tomar  resoluciones  extraordinarias,  y  encareciendo  la 
necesidad  de  reformar  al^íUQOs  artículos  de  la  última  Carta 
oonatitutiva,  que,  aunque  dictados  con  laudable  intención,  no 
han  correspondido  á  su  objeto,  y  más  bien  han  sido  perjudi- 
ciales. 

Le  contestó  el  Presidente  de  la  Constituyente,  Dr*  D.  Fausto 
Dávila,  con  frases  muy  lisonjeras  fmra  el  diotad  o  i-,  y  daspuéa, 
A  propuesta  del  Dr*  D»  Rafael  Al  varado  Guerrero,  la  Asamblea 
dio  un  voto  de  gracias  al  General  Bonilla,  quien^  según  los 
términos  del  correspondiente  decreto^  había  salvado  de  los  ho- 
rrores de  la  anarquía  al  país,  lo  condacía  por  las  vías  del  pro- 
greso, del  orden  y  la  libertad,  con  sincero  patriotismo  y  cons- 
tante afán  se  empeñaba  en  mantener  y  afianzar  la  armonía  en 
Centro  América,  y,  en  suma,  por  sus  esfuerzos  en  favor  de  la 
Patria  merecía  pública  manifestación  de  gratitud, 

entretanto,  como  el  mismo  Bonilla  declaró  en  su  Mensaje, 
la  cansa  que  se  seguía  á  los  reos  aprehendidos  en  8  de  Febrero, 
y  que  se  hallaban  en  la  Penitenciaría,  continuaba  substancián- 
dose^  y,  llegado  el  caso,  el  Tribunal  que  los  juzgaba  emitiría  el 
fallo  que  estimase  de  justicia. 

El  8  de  Septiembre  la  Asamblea  nombró  Presidente  de  la 
República,  por  unanimidad,  al  General  D.  Manuel  Bonilla, 
consignándose  en  el  correspondiente  decreto  que  tal  elección 
garantizaba  la  existencia  de  las  instituciones  y  contribuía  á 
mantener  la  paz  interior  y  exterior,  condición  indispensable 
para  el  progreso  de  los  pueblos* 

El  Si\  Bonilla  siguió  gobernando  con  carácter  discrecional 
hasta  el  1.**  de  Marzo  de  i90tí,  día  en  que  comenzó  á  estar  vi- 
gente la  nueva  Constitución  decretada  por  la  Asamblea  el  2  de 
Septiembre  de  1904.  Además,  por  acuerdo  de  14  de  Noviembre 
de  este  último  año,  la  Presidencia  de  la  República  encomendó 
á  la  llamada  «.Comisión  general  de  Legislación í>  la  elaboración 
de  los  proyectos  de  Código  civil ^  Código  de  Procedimientos,  Ley 
de  organización  y  atribuciones  de  los  TribunaleSi  Código  penal 


90  LOS   PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 

común,  Código  fiscal,  Ley  del  Notariado,  Ley  de  extranjería  y 
de  inmigración,  Código  penal  militar,  Ley  de  amparo,  de  es- 
tado de  sitio,  de  imprenta,  municipal,  de  policía,  de  elecciones, 
y  Código  de  Instrucción  pública,  los  cuales  debían  redactarse 
en  armonía  con  los  principios  establecidos  en  la  nueva  Consti* 
tución  política  y  contener  disposiciones  que  llenaran  las  defi- 
ciencias de  que  adolecía  la  legislación. 

En  Marzo  de  1904  se  publicaron  en  la  prensa  hondurena  las 
comunicaciones  suscritas  en  Noviembre  y  Diciembre  anterior 
por  las  autoridades  del  departamento  de  Islas  de  la  Bahía,  y 
dirigidas  al  Presidente  de  la  República,  para  darle  á  conocer  el 
texto  de  las  actas  que  se  habían  levantado  en  Julio  de  1902 
referentes  á  la  nacionalidad  de  los  habitantes  de  dichas  islas 
(Roatán,  Guanaja,  Titila,  etc.) 

Consta  en  dichas  actas  que  el  representante  de  la  Gran  Bre- 
taña, después  de  haber  leído  en  público  el  texto  del  tratado 
de  1859  entre  Honduras  y  la  Gran  Bretaña,  en  la  parte  relativa 
á  la  nacionalidad  de  los  habitantes  de  las  islas,  les  hizo  saber  que 
todos  los  ingleses  y  sus  descendientes  que  se  hayan  quedado 
habitando  en  ellas  con  anterioridad  al  año  1860 son  considerados 
como  verdaderos  ciudadanos  hondurenos,  y  únicamente  aque- 
llos ingleses  que  hayan  fijado  su  residencia  posteriormente  á  la 
fecha  del  tratado  y  que  hayan  cumplido  con  los  requisitos  del 
caso  serán  tenidos  como  subditos  ingleses.  Además  les  hizo  sa- 
ber que  aunque  sean  ingleses  los  que  para  ello  tengan  verda- 
dero derecho,  están  en  la  obligación  de  obedecer  y  respetar  las 
leyes  de  Honduras. 

La  cuestión  de  la  enorme  deuda  amañada  por  los  agiotistas 
que  intervinieron  en  los  empréstitos  para  la  construcción  del 
ferrocarril  interoceánico  continuaba  atrayendo  con  preferencia 
la  atención  del  Gobierno  hondureno.  Bajo  los  auspicios  de  éste 
se  publicaron  á  fines  de  1904  los  documentos  y  datos  que  com- 


:í 


HONDURAS 


Í)I 


piló  D.  J.  María  Moncala  para  demostrar  qae  se  trata  de  una 
deuda  inJQstiíicabNa  de  dineros  que  el  país  no  ha  gozado,  |:or- 
que  faetón  distraídas  de  su  objeto ,  pasando  al  dominio  par- 
ticular de  los  piestaraistas  y  de  los  a,gentes  enoargadoa  del 
empréstito. 

En  el  impreso  á  que  nos  referimos  se  ve  y  se  paipa  la  ilegi- 
timidad de  la  pretendida  reclamación  internacional.  Ingleses 
eran  In.  mayor  parte  de  los  contratistas  y  accionii^taij  del  ferro- 
carril, y  sin  embargo^  en  defensa  de  Honduras  y  con  lógica 
irrebatible,  una  Comisión  del  Parlamento  inglés  declaró  á  Ib» 
faz  del  mundo  que  los  tenedores  de  los  bonos  reclamaban  lo 
que  no  se  les  debía.  Áhi  ei^tan  las  partidas,  las  cuentas,  los  an- 
tecedentes— exclama  Moncala— revelando  toda  la  iniquidad  Es 
un  banquete  en  el  que  cada  cual  toma  su  porción  y  destroza  el 
país Todos  le  engañan  con  mentidas  promesas  de  prosperi- 
dad, Pero  la  justicia  se  destaca  soberana  del  fondo  nausea- 
bundo, del  reparto  líscandaloso Queda  allí  nn  pedazo  de 

ferrocarril^  una  sección  construida^  como  recuerdo  de  los  dine- 
ros gastados^  arrojados  á  la  sima  de  la  avaricia  y  la  estafa..,  . 
Eb  necesario  poner  punto  ñnal  a  esta  antigua  contienda  y  á 
estas  amenazas.  Confórmense  los  reclamantes  con  la  oatás^ 
trofe.  El  país  no  la  provocó.  Ellos  ó  sus  antecesores^  los  cuales 
se  iiallaban  en  el  teatro  de  las  cosas,  debieron  pedir  cnenta.s  a 
los  comisión istus,  registrar  sus  libros,  las  partidas,  los  detalles 
del  negocioj  contando  el  numero  de  bonos  emitidos.  ¿Quién  lo 
sabe  ahora?.....  Nadie,  Las  cuentas  nuevas  se  han  formado  con 
ios  papeles  encontrados  en  el  mercado,  con  los  restos  deshechos» 
Las  nuevas  partidas  carecen  de  antecedentes  y  de  fundamento* 
¿Cómo  es  posible  que  sobre  base  tan  impura  se  levante  la  ame- 
naza de  una  reclamación?  ¿Por  qué  no  terminar  de  una  vez  con 
ese  fantasma  dé  deuda,  con  este  otro  Panamá  hondureno? 

Había  otra  enojosa  cuestión,  promovida  por  reclamaciones 
de  los  yanquis  y  que  ahora  consiguió  arreglar  el  Gobierno  del 
Greneral  Bonilla,  resuelto  á  hacer  el  sacrificio  de  unos  cuantos 


LOS   PUEBLOS   H1SPAÑOAME3RICANOH 


railes  de  pesos  para  evitar  imposiciones  humillantos.  En  1H94 
fué  asesinado  en  Honduras  un  tai  Renton^  ciudadano  yanqui. 
Ningún  hondureno  tomó  parte  en  el  delito,  y  los  tribunales  del 
país  hicieron  todo  lo  posible  para  castigar  á  los  autores  del 
crimen,  Pero  la  Cancillería  de  Washington  no  se  di«S  por  sa- 
tisfecha; la  viuda  de  Renton  á  todo  tranco  quería  dinero,  y  al 
fin  consiguió  que  Honduras  le  diera  78.0()0  pesod  mexicanos. 


ÍI 

Ln  oaentft  rte  la  denda  interior.— Loa  presos  políticos,  —  La  Asamblea  N»- 
eional  en  lifi^B.—  NuevAS  dedar&clonea  sobre  ol  asunto  de  1%  deuda  del 
feíTodurrtl  interoeeáolco.— Promulgación  de  lus  nuevas  leyes  y  ñu  de  la 
dictadura.— Fi\ volcables  consecuencias  de  la  paz  pública,— Laudo  arbitral 
de  Allonso  KIII  en  la  cuestión  de  límites  con  Nicaragua, --Otras  cuestio- 
nen de  límites  pendientes. 

En  los  primeros  días  de  1905  se  publicaron  los  resultados  del 
estudio  que  se  había  hecho  sóbrela  deuda  interior,  por  acuerdo 
de  8  de  Diciembre  de  1903. 

Este  trabajo  se  extiende  hasta  el  BI  de  Julio  de  1903,  época 
en  que,  debidamente  regularizadas,  se  continuaron  por  el  Go- 
bierno del  General  D.  Manuel  Bonilla  las  operaciones  adminis- 
trativo-económicas. 

El  pasivo  total  ascendía  hasta  el  día  mencionado  ¿  la  suma 
rde  3.145.897  pesos  43  %  centavos. 


Desde  mediados  de  Abril  de  1903  se  hallaba  preso  ol  Dr.  Juan 
Ángel  Arias,  candidato  que  fué  á  la  Presidencia  de  Honduras, 
vencido  por  el  actual  Presidente,  General  Bonilla. 

Por  oauHa  de  enfermedad  se  le  bahía  concedido  que  saliera 
de  la  Penitenciaría,  designándole  por  cárcel  su  casa  y  como 
enfermeras  sus  propias  hijas.  El  cautivo  aprovechó  estas  cir- 
cunstancias para  evadirse  y  logró  refugiarse  en  León  de  Nica- 
ragua, donde  estaba  ya  en  Enero  de  19C^. 


Hf>NnUKA8 


Íít4 


Aunque  no  tenia  necesidad  de  hacerlo,  pues  todo  prisionero 
procura  libertad  por  cualquier  medio,  el  Dr.  Arias  dianulpó  su 
fuga  alegando  la  mala  voluntad  qtie  le  tenía  el  Gobierno  bon- 
dureño,  que,  según  él,  no  consentía  que  se  terminara  el  proceso 
qnese  le  formó  por  asesinato  del  español  Arnero,  Sus  contra* 
rios  aseguraban  que  el  cielito  estaba  probado  y  ya  iba  á  recaer 
sentencia  condenatoria. 

Los  sucesos  en  que  intervino  el  Dr.  Arias  tuvieron  meses 
después  resonancia  en  España,  En  nuestro  Congreso  de  Dipu- 
tados, uno  de  éstos  llamó  la  atención  del  Gobierno  sobre  el  pro- 
ceder del  representante  iliplomáfcioo  de  la  nación  en  la  América 
Central.  Con  tal  motivo  se  recordó  la  muerte  del  español  don 
Nicolás  Arnero,  atribuida  al  Dr.  D.  J\ian  Anícel  Arias,  y  se 
supo  que  el  actual  Gobierno  hondureno  había  otorgado  una 
pensión  á  los  hijos  de  la  víctima»  concediéndoles  además  una 
beca  para  que  bagan  sus  estudios  en  los  Institutos  nacionales. 
Aplaudamos,  como  lo  hizo  ya  la  Cámara,  los  generosos  y  justi- 
ficados acuerdos  del  Poder  Ejecutivo  de  la  RepúbUca  de  Hon- 
duras, 

Otro  de  los  ilustres  hondurenos  que  estaban  en  prisión^  el 
Dr,  D,  PoUcarpo  Bonilla^  í*n^  puesto  en  libertad  á  principios 
de  líKJíj.  Este  acto  valió  muchos  plácemes  al  Gobierno  de  Hon- 
duras. El  Presidente,  en  el  Mensaje  de  I.**  de  Enero,  terminaba 
apelando  al  patriotismo  y  elevación  de  ideas  y  sentimientos  de 
los  Diputados  para  que  decretasen  una  amnistía  é  indulto  ge- 
neral para  los  reos  políticos.  Había,  pues,  corrientes  de  toleran- 
cia y  generosidad. 


La  instalación  definitiva  déla  Asamblea  Nacional  hondurena 
hXo>  principio  de  la  labor  importante  que  deben  cumplir  los  le- 
gisladores para  normalizar  la  situación  del  país  y  promover  sa 
bienestar  y  progreso.  Según  la  prensa  que  en  Tegucigalpa  re> 
fitíja  las  ideas  y  aspiraciones  del  General  Bonilla,  el  Presidente 
dictador  podía  prolongar  el  estado  actual,  con  suma  de  motivos 


u 


LOS   rUBBLOa  mSPANOAMBRICÁN0!% 


que  lo  justificaran;  pero  ienía  sobre  sus  hombros  nn  a  res  ponida* 
bilidad  que  deseaba  declinar^  y  su  mayor  anhelo  era  poner  loe 
actoe  de  su  Gobierno,  con  entera  fe^  en  la  balanza  de  la  opinión 
pública  sensata  y  desinteresada,  y  esperar  tranqnilo ,  con  la 
conciencia  satisfecha  por  el  deber  oiiraplido,  el  fallo  qn*  la 
Patria  3^  la  Historia  dicten  sobre  su  persona  y  su  gobierno. 
Justo  es  decir  que  en  el  tiempo  transcurrido  desde  que  Bonilla 
asumió  la  dictadura  hubo  paz  en  Honduras»  se  mantenían  afec- 
tuosas relaciones  con  los  demás  Estados  de  Centro  América 
y  se  fomentaban  estadios  y  obras  públicas  de  gran  utilidad 
general. 

Como  antes  se  ha  dicho,  la  Constitación  política  estaba  ya 
aprobada  en  las  sesiones  de  1904;  no  obstante^  á  principios 
de  190G  algunos  representantes  del  pneblo  pretendieron  some- 
ter á  la  Asamblea  la  reconsideración  de  varios  puntos  de  i  a 
Carta  fundamental,  y  entre  ellos  el  artículo  que  prohibe  U 
reelección  de  Presidente.  Alegaban  el  egemplo  de  los  Estados 
Unidos  y  de  algunas  otras  Repúblicas  donde  los  Presidentes 
pueden  ser  reelegidos,  y  sostenían  que  este  sistema  es  favora* 
ble  al  mantenimiento  de  la  paz  interior  y  consiente  que  el  pue<^ 
blo  ratifique  y  prorrogue  los  poderes  á  los  hombres  que  se  hmn 
hecho  dignos  por  su  patriotismo,  su  inteligencia  y  sus  aoiertoe 
de  continuar  rigiendo  los  destinos  del  país.  La  mayoría  de  los 
Diputados  fué  de  distinto  parecer;  creyó  que  la  reforma  podría 
ofrecer  peligro,  abriendo  más  fácil  camino  á  tentativas  de  tira- 
nía ó  dictadura,  y  rechazó  la  moción. 


El  Ministro  de  Hacienda,  en  la  Memoria  presentada  á  la 
Asamblea,  dio  cuenta  de  las  gestiones  hechas  en  el  famosa 
asunto  de  la  deuda  del  ferrocarril  interoceánico,  que  agiotistas 
y  especnladores  sin  conciencia  honrada  habían  hecho  subirá 
muy  cerca  de  cien  millones  de  pesos  oro.  Por  virtud  de  esas 
gestiones,  demostrado  queda  ya  que  el  Gobierno  de  Honduras, 
Odioso  del  buen  nombre  y  crédito  de  la  República,  ha  hecho 


ün  esfuerzo  más  por  salvarlos,  ofVeoienclo  lo  que  humanameiUcs 
pttede  pagar  á  los  que  conservan  sus  bonos,  sin  entrar  á  dis- 
cutir lo  que  éstos  tengan  de  viciado  en  sn  mayor  parte.  Tal 
ofrecimiento  mLf>LLca  sacriñcios  de  gran  alcance  pai:a  la  ilación; 
sacrificios  que  si  no  han  podido  ser  justamente  apreciados  por 
los  tenedores  de  las  obligacionesj  han  merecido  de  jiarte  de  lu 
opinión  imparcial  de  los  centros  ^nancieros  de  Europa  y  Es- 
tados Unidos  las  más  honrosas  manifestaciones  para  el  gober- 
nante que»  á  nombre  de  la  nación,  ofrece  lo  que  ésta  puede 
eq ni ta ti  Vilmente  pagar. 

Honduras  defiende  su  derecho  y  sus  intereses  contra  la  estafa 
de  que  se  la  quiere  hacer  víctima;  desea  conocer  la  cantidad  de 
pesos  que  realmente  recibió  el  país,  para  entrar  en  arreglos 
con  los  llamados  acreedoreSí  por  mas  que  el  mismo  Parlamento 
inglés  haya  declarado  el  vicio  de  la  deuda^  su  ilegitimidad  y 
hastn  ]r*<  frMudes  cometidos. 


La  Comisión  de  Codificación  dio  por  terminados  sus  trabajos 
el  1.**  de  Febrero  de  1906.  Antes»  el  19  de  Enero,  la  Asamblea 
Nacional  Constituyente  dictó  decreto  facultando  al  Poder  Eje- 
cutivo para  que  emitiese  los  códigos  y  leyes»  á  fin  de  que  em* 
pesasen  á  regir  el  día  I.**  de  Marzo,  día  en  que  comenzaría  jV 
estar  vigente  la  nueva  Constitución  y  tomaría  posesión  de  la 
Pi^esidencia  de  la  República  el  electo  [rara  dicho  cargo,  General 
B,  Manuel  Bonilla. 

Así»  pues,  las  nuevas  leyes  fueron  promulgadas  con  fecha 
8  de  Febrero  y  empezaron  k  regir  el  1.^  de  Mar>5o,  En  este 
mismo  día  prestó  Bonilla  la  promesa  constitucional  para  el 
«tjeroicio  de  la  Presidencia  de  la  República. 

Los  hechos,  la  ex:periencia,  demuestran  que  unos  cuantos 
años  de  sosiego  bastan  para  alcanzar  evidentes  progresos.  Así, 
pues,  en  l&OB  pudieron  realizarse  en  Honduras  importantes 
obras  de  utilidad  pública,  mereciendo  señalarse  esjieci  al  monto 
el  desarrollo  pasmoso  de  la  costa  atlántica,  en  la  cual  se  llevan 


96  LOS   PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 


á  cabo  emfiirePas  y  trabajos  do  tocia  clase.  Líneas  de  tranvías  ya 
construidas»  feírocarriks,  canales  con  los  <jne  so  aniñen  tan  las 
fácil  iflades  del  en  1  ti  yo  y  de  la  exportación,  nuevas  Aduanas  que 
ayudan  al  comercio.  Junta»  de  fomento,  todo  lo  que  con  mani- 
fiesto poder  contribuye  al  desarrollo  y  progreso  de  un  pueblo, 
todo  se  hacía  ya  en  Honduras. 

Gracias  4  los  tres  años  de  paz  que  llevaba  la  República,  su 
Gobierno  pudo  empeñarse  en  esas  tareas  con  meritorio  esfuerzo; 
estudiaba  nuevas  líneas  por  donde  se  pudieran  construir  carre- 
teras y  ferrocarriles  y  concedía  derechos  y  privilegios  razona- 
bleí4  á  todos  los  empresarios  que  en  esta  clase  de  trabajos  y  en 
los  de  colonización  y  explotación  de  tierras  quisieren  emplear 
sus  capitales  y  energías, 

En  los  últimos  días  de  190fJ  dictó  el  Rey  de  España  laudo 
arbitral  en  la  cuestión  de  límites  entre  Honduras  y  Nicíí'ragua- 

Los  representantes  de  ambas  Repúblicas,  reunidos  en  Gna* 
témala,  bajo  la  presidencia  del  Decano  del  Cuerpo  diplomático 
allí  reí^idente^  para  nombrar  de  coraún  acuerdo  el  arbitro  que 
habría  de  decidir  acerca  de  esa  cuestión,  habían  designado  como 
tal  á  S.  M.  Don  Alfonso  XIÍI. 

No  podía  menos  de  ser  así  — escribía  la  prensa  de  Teguci- 
galpa — ,  porque  existiendo  en  España  como  en  ninguna  otra 
parte  pruebas  auténticas  y  ff^hacientesy  documentos  incuestio- 
nables para  la  resolución  de  los  conflictos  territoriales  que  sur- 
gen á  diario  entre  los  pueblos  americanos,  en  el  Archivo  de  In- 
dias, en  el  de  Simancas,  en  el  de  Alcalá,  en  los  fjarticulares  de 
las  casas  de  Veragua,  de  los  Marqueses  del  Valle  y  de  la  Con- 
quista, de  loa  Condes  de  Revillagigedo  y  en  tantos  otros,  lógico 
es  que  cuantos  persigan  la  justicia  y  la  equidad  hayan  de  recu- 
rrir allí  donde  está  la  fuente  de  que  pueden  manar  y  manan  en 
realidad,  y  donde  los  derechos  pueden  ser  puestos  en  claro  con 
mayor  suma  de  elementos. 

A  principios  de  1905  llegó  á  Madrid,  presentó  sus  credencia* 


les  y  faé  soleniTi emente  recibido  por  8.  M.  el  Hej^  el  8r.  D.  Al- 
berto Membrefio,  Representante  de  la  República  de  Honderas, 
ex-Mínistro  de  Fomento  en  su  país  j  una  de  las  personalidades 
más  eminentes  por  an  clara  inteligencia  y  vasta,  cultura  entre 
lo5i  centroamericanos  contemporáneos.  Con  él  vino  el  Doctor 
D,  Antonio  Á.  Ramírez  T.  Fontecha,  Presidente  de  la  Acade- 
mia de  Hondnras,  bien  conocido  en  España  por  la  brillante 
participación  qne  tomó  en  los  Congresos  hispanoamericanos 
de  1892,  Traía  especialmente  la  misión  de  aportar  cuantos  datos 
y  documentos  interesaran  al  derecho  de  Honduras. 
--  Representaba  á  Nicaragua,  y  también  faé  recibido  por  el 
Rey  en  solemne  acto»  otro  ilustre  centroamericano,  el  señor 
D.  Crisanto  Medina,  diplomático  consumado  y  escritor  de  gran 
valía*  cuya  firma  aparece  con  freenencia  en  acreditadas  revis- 
tas científicas  y  literarias  de  Europa  y  América, 

La  Comisión  técnica  nombrada  por  el  Real  arbitro  la  cons- 
tituyeron los  Sres.  Santamaría  de  Paredes^  Académico,  Ca- 
tedrático de  Derecho  político  y  ex- Ministro  de  Instrucción 
publica;  Alvarez  Sereix,  Ingeniero  ^eóo;raf o;  Vera  (D.  Vicente), 
Secretario  adjunto  de  la  Real  Sociedad  Geográfica,  y  Marqués 
de  Villasinda,  Secretario  de  Embajada,  hoy  Ministro  residente. 
Poco  más  de  un  año  invirtió  la  Comisión  en  el  estudio  de  la 
cuestión;  su  informe  paso  al  Consejo  de  Estado,  y  con  fecha 
28  de  Diciembre  de  1906  dictó  Don  Alfonso  XIII  razonado  laudo, 
según  el  cual  la  línea  divisoria  entre  ambas  Repúblicas  desde 
el  Atlántico  hasta  el  portillo  de  Teotecacinto,  donde  la  dejó  la 
Comisión  mixta  de  límites  en  1901  por  no  haber  podido  ponerse 
de  acuerdo  sobre  su  continuación  eü  sus  reuniones  posteriores, 
queda  determinada  en  la  forma  siguiente: 

#E1  punto  extremo  limítrofe  coman  en  la  costa  del  Atlántico 
será  la  desembocadura  del  río  Coco,  Segovia  ó  Wanlcs  en  el 
mar,  junto  al  cabo  de  Gracias  á  Dios,  considerando  como  boca 
del  río  la  de  su  brazo  principal  entre  Hará  y  la  isla  de  San  Pío, 
en  donde  se  baila  el  mencionado  cabo,  quedando  para  Honduras 

í 


98 


LOS  PÜIQBLOÉt   UlgPANOAMKRIÜAKOS 


las  íslefcas  ó  cayos  existentes  dentro  de  dicho  brazo  principal 
antes  de  llegar  á  la  barra,  y  conservando  para  Nicaragua  la 
orilla  Sur  de  la  referida  boca  principal  con  la  mencionada  isla 
de  San  Pío,  más  la  bahía  y  población  del  Cabo  de  Gracias  a  Dios 
y  el  brazo  ó  estero  llamado  Gracias,  que  va  á  la  bahía  de  Gra- 
cias a  Dios,  entre  el  continente  y  la  repetida  isla  de  San  Fío. 

Á.  partir  de  la  desembocadura  del  Segovia  6  Coco,  la  línea 
fronteriza  seguirá  por  la  vaguada  ó  thalweg  de  este  río  aguas 
arriba  sin  interrupción  hasta  llegar  al  sitio  de  su  confluencia 
con  el  Poteca  ó  Bodega,  y  desde  este  punto,  la  dicha  línea  fron- 
teriza abandonará  el  río  Segovia,  continuando  por  la  vaguada 
del  mencionado  afluente  Poteca  ó  Bodega,  y  siguiendo  aguas 
arriba  hasta  su  encuentro  con  el  rio  Guineo  ó  Namasli, 

Desde  este  encuentro  la  divisoria  tomará  la  dirección  que 
corresfiOfide  a  la  demarcación  del  sitio  de  Teotecacinte,  cod 
arreglo  al  deslinde  practicado  en  1720,  para  concluir  en  el  Por- 
tillo de  Teotecacinte,  de  modo  que  dicho  sitio  quede  integro 
dentro  de  la  jurisdicción  de  Nicaragua». 

Los  Gobiernos  nicaragüenses  habían  hecho  concesiones  de 
tierras  al  Norte  de  esa  frontera,  es  decir,  en  zona  que»  según  el 
laudo,  es  de  Honduras.  Es  de  suponer  que  ésta  res  petar  ji  los 
derechos  que  los  particulares  hayan  podido  adquirir  mediante 
esas  concesiones. 

Telegramas  llegados  a  Europa  en  los  primeros  días  de  1907 
anunciaban  cierta  agitación  revolucionaria  en  Honduras,  y  se 
sospechó  que  pudiera  impulsarla  ó  favorecerla  el  Gobierno  de 
Nicaragua,  algún  tanto  contrariado  por  no  haber  conseguido 
que  el  fallo  arbitral  reconociese  sus  Infundadas  pretensiones 
territoriales* 


Quedan  pendientes  análogas  cuestiones  con  El  Salvador  y 
Guatemala* 

A  causa  de  la  indeterminación  de  la  línea  divisoria  entre 
Honduras  y  El  Salvador  ocurrieron  en  los  pueblos  fronterizos 


HONDURAS  99 


de  Santa  Elena  y  Arambla'  graves  conflictos,  de  lamentables 
consecuencias.  Con  este  motivo  ambos  Gobiernos  han  comen- 
zado sas  gestiones  á  fin  de  llegar  á  un  avenimiento  que  ponga 
término  á  tan  enojosa  cuestión. 

En  cuanto  á  Guatemala,  por  iniciativa  de  este  Gobierno  se 
acordó  la  prórroga  por  un  año  de  la  Convención  de  Límites 
de  1.**  de  Marzo  de  1895,  vigente  entre  ambas  Repúblicas.  Como 
consignaba  en  su  última  Memoria  el  Ministro  hondureno  de 
Relaciones  exteriores,  D.  Mariano  Vázquez,  las  estipulaciones 
de  la  Convención — que  establecía  una  Comisión  técnica  mixta 
para  estudiar  todos  los  antecedentes,  documentos  y  datos  que 
«xistan  sobre  loa  limites,  y  consagraba  el  arbitraje  para  el  caso 
de  desacuerdo  en  la  línea  limítrofe — ,  no  pueden  ser  más  ade- 
cuadas para  la  solución  de  estas  cuestiones,  que  han  sido  por 
mucho  tiempo  causa  de  perturbación  y  discordias  entre  pueblos 
llamados  á  vivir,  por  la  comunidad  de  su  origen,  en  la  más  per- 
fecta armonía. 


NICARAGUA 


Stttimclón  de  la  República  «n  19M.— Fomento  de  los  medios  de  oomunif^ftoíón: 
ferrocariil  interoceánico.— Reelecció»  del  8r.  Sauto'fi  ZeUya  i>ftra  U  Pre- 
sidencia.— TriitUíioft  cotí  tfiOi  au  Bret&lia.  VA  aotielericalisrao  de  Zelajra.— 
Fomento  df;  ta  Jn»tfuocIdu  y  de  tas  obras  pübltcaB.— SUttación  económica: 
1 09  capital lísitaA  vanquiB. 


El  General  Sr.  Santos  Zelaya,  Presidentfl  áe  Nicaragua,  en 
el  Mensaje  dirigido  el  í.^  de  Agosto  de  1904  ¿  la  Asamblea  Na- 
cional, mostrábase  muy  satisfecho  del  estado  d©  relaciones  con 
las  demás  Repúblicas  de  Centro  America  y  de  la  situación  inte- 
rior del  país.  Su  Gobierno  atendía  con  preferencia  al  fomento 
de  la  instracción  publica-  El  régimen  d©  instrucción  laica^  gra- 
tuita y  obligatoria,  ya  vigente,  daba  resultados  satisfactorios 
en  toda  la  República,  Aspirando  á  que  la  enseñanza  de  segundo 
grado  tenga  acertada  dirección,  el  Gobierno  nicaragñense  pidió 
Jil  de  España  dos  Profesores  idóneos,  «porque  reconoce  el  posi- 
tivo interés  de  integrar  los  claustros  docentes  con  el  personal 
que,  por  más  de  un  concepto,  es  el  llamado  á  dirigir  la  maroba 
escolar  hispano-americana». 

Arregladas  quedaban  las  dificultades  qne  surgieron  con  In- 
glaterra con  motivo  del  apresamiento  de  tripulaciones  de  barcos 
ingleses.  En  Marzo,  el  Inspector  de  la  comarca  de  Gracias  ¿ 
Dio«  había  capturado  cinco  goletas  con  sus  respectivos  tripu- 
lantes, por  haberlas  encontrado  pescando  en  las  aguas  territo- 
riales de  los  bancos  Mosquito.s,  pertenecientes  á  Nicaragua^  sin 
haber  obtenido  la  autorización  necesaria  ní  pagado  losimpues- 


102  LOS   PÜBJBL08   HISPANOAMERICANOS 


tos  que  ]a8  leyes  nicaragüenses  establecen.  La  autoridad  de 
Hacienda  de  la  comarca^  basada  en  la  confesión  clara  y  termU 
nante  de  los  detenidos  y  en  las  declaraciones  tomadas  á  tasti- 
goa  imparciales,  dictó  sentencia  condenando  á  aqaéllos  á  }as 
penas  de  arresto,  inulta  y  decomiso.  Hubo  reclamación  6  «soli- 
citud amistosa)^  del  Ministro  residente  de  S.  M,  B.,  y  el  Gobierno 
de  Nicaragua»  haciendo  constar  que  los  pescadores  habían  sida 
juzgados  con  perfecto  derecho  con  arreglo  á  las  leyes  del  paía^ 
aceptó  la  excusa  de  que  se  creían  exentos  de  responsabilidad 
por  desconocer  dichas  leyes^  y  resolvió  indultarlos  de  las  penas 
impuest&s. 

Habían  empegado  los  estudios  y  trabajos  para  el  ferrocarril 
interoceánico.  No  habrá  canal  por  territorio  nicaragüense;  mas 
parece  que  si  ferrocarril.  Por  vías  férrea  y  lacustre  combinadas 
podrá  pasarse  desde  Punta  Mona,  en  el  Atlántico,  á  Corlnto,  en 
el  Pacífico. 

Entre  el  puerto  de  Punta  Mona  ó  Monkey  Point  (nombre  in- 
glés que  se  piensa  cambiar  por  otro  nacional)^  el  ferrocarril 
llamado  del  Atlántico  establecerá  comunicación  con  San  Mi- 
guelíto  en  la  orilla  SE.  del  lago  Nicaragua,  Sou  unos  170  ki- 
lómetros. Viajeros  y  mercancías  cruzarán  el  lago  en  vapores 
hasta  Granada »  al  NO,,  y  aquí  tomarán  el  ferrocarril,  yendo  por 
la  orilla  occidental  del  lago  Managua  y  hacia  el  NO.  basta  el 
puerto  de  Corinto. 

También  se  trata  de  llevar  el  ferrocarril  á  los  departamento» 
del  Norte,  tan  ricos  por  su  extensa  zona  minera  y  por  su  pro- 
4QCC¡ón  de  café, 

lia  línea  de  vapores  que  mantiene  el  trauco  entre  los  puertot 
del  gran  lago  y  el  río  San  Juan,  la  cual  s%  bailaba  en  poder 
de  nna  Compañía  con  derecho  exclusivo  de  hacer  ese  tráfico, 
fué  comprada  por  la  nación.  Con  los  barcos  de  vapor  así  adqui- 
ridos asciende  á  catorce  el  número  de  los  qne  el  Estado  posee  y 
que  dedica  al  comercio  en  sus  lagos  y  en  el  río  mencionado.  Hay, 


>;iCARAuiiA 


103 


además,  buqaes  de  mayor  capacidad  que  se  emplean  en  servi- 
cios militares  y  fiscales  en  ambos  océanos. 

Vapores  bien  acondicionadoi?  para  hacer  servicio  cómodo  y 
rápido  navegan  por  los  caudalosos  ríos  de  la  vertiente  atlántica, 
gracias  á  lo  cual  se  opera  creciente  desarrollo  en  la  extensa  y 
riquísima  región  que  esos  ríos  bañar^  zona  aurífera  y  de  gran 
movimiento  agrícola  y  comercial,  muy  codiciada  del  elemento 
laborioso  nacional  y  extraujero, 

Para  fomentar  la  agricultura,  la  minería  y  el  comercia  se 
diqtó  la  ley  de  Caminos  de  1905^  en  virtud  de  la  cual  el  Gro- 
bierno  tomó  por  su  cuenta  la  apertura,  mejoramiento  y  conser- 
vación de  todos  loa  caminos  carreteros  de  herradura  y  rurales 
del  país,  a  fin  de  que  reúnan  las  condiciones  técnicas  indispen- 
sables para  llenar  debidamente  las  necesidades  del  tráfico. 

Hay  servicio  de  automóvíle*  de  carga  entre  el  departamento 
de  León  y  los  de  Matagalpa  y  Jinotega,  productores  de  café. 


El  Sr.  Santos  Zelaya  ha  sido  reelegido  Presidente  para  el 
período  19LÍ6-1911.  El  Mensaje  que  leyó  á  fines  de  1905  es  un 
completo  resumen  de  su  gestión  política  y  administrativa  y  de 
la  situación  del  país. 

Por  consecuencia  de  tratados  que  se  pactaron  con  la  Gran 
Bretaña  durante  el  año  19Q5,  esta  potencia  ha  reconocido  la 
absoluta  soberanía  de  Nicaragua  sobre  el  territorio  que  formó 
la  antigua  Reserva  Mosquita^  y  se  han  anulado  los  privilegios 
del  puerto  libre  de  San  Juan  del  Norte,  que  en  lo  sucesivo  es- 
tará bajo  las  mismas  condiciones  que  los  otros  de  la  Repáblíca. 

El  Obispo  y  algunos  sacerdotes  del  culto  católico  fueron  ex- 
pulsados del  país  por  desobediencia  á  los  mandatos  de  la  ley 
que  prohibe  el  uso  del  hábito  talar.  El  gobierno  de  Zelaya  viene 
distinguiéndose  por  su  resuelto  anticlericalismo,  como  ahofa 
se  dice*  Claramente  se  revela  en  el  Mensaje  la  mala  voluntad 
contra  «los  que,  llenos  de  soberbia,  se  pusieron  en  pugna  con- 
tra el  Poder  público....,,  y  quisieron  hacer  de  su  sotana  bandera 


104 


LO»  PtTBJILf»8   fltMPA^OAMlBRl CANOAS 


para  la  revuelta»;  contra  los  que,  «Uevaado  la  of ación  en  los 
labios^  el  rosario  6q  nDa  mano  y  la  bomba  de  dinamita  en  la 
otra»f  intentaron  sublevar  los  ciicirteles. 

Atendiendo  al  fomento  de  la  iustrucoión  pública,  se  han 
creado  nuevos  Institutos,  Esouelas  Noimales  é  Inspecciones  do 
enseñanza*  y  se  ha  dispuesto  el  establecimiento  de  dos  Escue- 
las de  Ingenieros  topógrafos. 

En  loa  ramos  de  Fomento  y  Obras  públicas  se  han  realizado 
alguna»  de  positivo  progreso  é  iniciado  otras  que,  llevadas  ¿ 
feliz  término,  cambiarán  la  faz  económica  del  país.  La  cons- 
trucción del  feí  Looarril  á  Matagalpa  con  ramales  á  Rio  Grande, 
Prinzapolka,  Estelí  y  Boaco  empieza  á  ser  una  hermosa  reali- 
dad,  pues  la  Compañía  concesionaria  envió  ya  varios  Ingenieros 
que  hacen  los  trabajos  preliminares  de  locali^ación  de  la  línea. 
Otra  de  las  obras  más  importantes  es  el  citado  ferrocarril  de 
Punta  Mona  al  lago  de  Nicaragua,  que  no  sólo  pondrá  en  rá- 
pida Gomunicación  el  Pacííico  con  el  Atlántica,  sino  que  abrirá 
al  traVjajo  y  al  capital  extensas  y  privilegiadas  regiones  donde 
podrán  desarrollarse  toda  clase  de  valiosas  empresas. 

La  situación  del  Erario  acuaa  bienestar  rentístico.  En  Agosto 
de  1904  había  déficit  de  un  millón  de  pesos;  á  fin  de  1905  resul* 
taba  un  superábit  de  1»257.000  pesos.  Este  bienestar  financiero 
y  económico  se  debe  en  gran  parte  á  los  capitalistas  yanquis^ 
La  *IJnlted  States  and  Nicaragua  Companyt,  cuyo  Gerente  es 
Dietrick,  el  concesionario  de  vastas  extensiones  de  terreno  en 
la  comarca  de  Gracias  á  Dios,  se  proponía  invertir  muchos 
millones  de  dólares  en  explotación  de  minas,  ferrocarriles,  vías 
tluviale£  de  navegación,  puertos,  etc»  Otras  empresas  yanquis 
tratan  de  explotar  las  maderas  del  litoral  Mosquito  y  dedicarse 
al  c altivo  y  comercio  de  plátanos,  que  tanta  importancia  van 
tomando  en  la  América  Central.  Nicaragua  sabe  aprovecharse, 
y  hace  bien,  del  dinero  de  los  yanquis,  que  la  ayuda  á  ir  des- 
envolviendo sus  elementos  de  producción  y  riqueza. 


COSTA   RICA 


Kl  Tolcán  de  IrARíi  y  ti  ferrocarril  interoceánico.— Lo»  extranjero»  eo  la  R«- 
pt'iblica.—Competencift  entre  yanquis  é  iugtc8e3.—Lt  cue,stián  de  limiten 
eon  Panamá.— La  riqueza  ngvíco la.— Des?irrol lo  des  loi  intereses  rn atería- 
loa,— Infiioda^os  rumores  de  onión  con  Panam&.— LihB  elecciones  de  190Ó 
y  190R  y  el  nuevo  Presidente,— Bienestar  econ<5mico. 


En  el  centro  de  la  República  <3e  Costa  Rica  se  alssa»  á  3.500 
metros  sobre  el  nivel  del  mar,  el  volcán  de  Irazií,  en  cuyas  fal- 
das se  producen  con  relativa  frecuencia  grandes  derrumbes, 

Este  fenómeno  geológico  puede  interrumpir  la  nornaalidad 
del  servicio  por  el  ferrocarril  interoceánico,  cuya  vía  atraviesa 
la  zona  en  que  está  el  volcán.  Así  sucedió  á  principios  de  1904; 
las  enormes  peñas  que  cayeron  hacia  el  río  Reventazón  habían 
ocasionado  considerables  desperfectos  en  la  línea  férrea  en  un 
recorrido  de  50  kilómetros. 

Con  tal  motivOf  la  prensa  de  San  José  recordaba  que  año  tras 
año,  especialmente  en  los  lluviosos  meses  de  Octubre  y  Noviem- 
bre, vienen  aucediéndose  esos  inmensos  derrumbes  que  han  cau- 
sado  la  destrucción  de  enormes  moles  de  montaña*  dejando  á  la 
vista  del  observador  escarpados  precipicios  de  color  rojizo. 

En  esta  comarca,  absolutamente  inútil  para  el  cultivo  por  lo 
quebrado  y  la  mala  calidad  del  terreno,  nacen  multitud  de  ver- 
tientes que  juntas  forman  el  río  Sucio^  tan  notable  por  el  rojo 
color  y  densidad  de  sus  aguas.  Puede  decirse  que  no  es  agua, 
sino  lodOf  lo  que  arrastra;  de  sabor  tan  desagradablt,  qno  no  es 
posible  beber  sin  sentir  náuseas. 


lOB 


LOS   PLTEBLOS    HlSPANOAMBRlCANOÍ^ 


Aparte  el  interés  científico  qne  ptieda  ofrecer  el  estndio  del 
fenómeno  que  se  repite  en  el  Irazú,  merece  el  hecho  atención 
muy  preferente  del  Gobierno  oostarrícensej  puesto  que  se  trata 
de  la  seguridad  y  conservación  de  una  vía  tan  importante  y  tan 
decisiva  para  el  porvenir  de  la  República  como  es  el  ferroca- 
rril interoceánico. 

Los  Ingenieros  han  reconocido  ya  la  necesidad  de  variar  en 
esta  ^ona  el  trazado  de  la  línea,  pues  á  los  inconvenientes  que 
en  general  tiene  la  interrupción  del  servicio,  ae  unen  aquí  los 
especiales  derivados  de  la  naturaleza  del  país,  que  es  la  regidn 
más  elevada^  abrupta  é  ingrata  de  Cesta  Rica, 

En  los  días  siguientes  al  liltimo  derrumbe »  los  viajeros  te- 
nían que  subir  á  la  cúspide  de  las  montañas,  cayendo  y  levan- 
tándo^e,  apoyándose  en  las  piedras  y  bejucos;  al  principio  &e 
hacía  la  ascensión  por  un  suelo  fangoso  y  bajo  lluvias  torren* 
cíales,  después  bajo  un  sol  candente,  que  mantiene  el  suelo  á 
iLoa  temperatura  tan  alta  que  las  suelas  del  calzado  se  tuestan 
y  los  pies  se  llenan  de  ampollas. 

El  Gobierno  de  Costa  Rica  ponía  gran  empeño  en  terminar 
el  ferrocarril  interoceánico,  del  que  á  principios  de  1904  sólo 
quedaban  por  construir  unos  20  kilómetros.  Por  decreto  de 
31  de  Mayo  se  declaró  que  la  ciudad  de  Puntarenas  debía  ser 
el  término  del  ferrocarril  del  Pacifico,  y  se  autorizó  al  Poder 
Ejecutivo  para  hacer  los  gastos  que  exigiese  el  estudio  del  em- 
plazamiento de  la  vía. 


La  designación  de  Obispo  para  San  José  no  satisfizo  á  mu- 
chos costarricenses.  El  Gobierno  había  propuesto  en  terna  á 
Su  Santidad  dos  naturales  del  país  y  un  extranjero.  Éste,  el 
P.  Juan  Stork,  alemán,  que  iba  en  tercer  lugar,  fué  el  favore* 
cido.  £1  sentimiento  nacional  se  consideró  lastimado;  pidieron 
unos  que  se  consignara  en  la  Constitución  que  para  ser  Obispo 
en  la  República  era  preci:5o  haber  nacido  en  Costa  Rica:  apro- 
vecharon otros  La  ocasión  para  dolerse  del  predominio  que  lot 


COÉÍTA    RICA  107 


extranjeros  han  alcanzado  en  el  país.  Un  periódico,  La  Patria, 
exclamaba:  «|0h  costarricenses  más  cliifiados  y  ciegos  1  La  Uni- 
ted Fruit^  dueña  de  Limón  y  de  casi  la  totalidad  de  Guanacaste 
y  del  comercio  de  ganado;  los  alemanes,  del  comercio  al  por 
mayor;  los  españoles,  del  comercio  al  por  menor,  y  los  mejores 
beneñcioB  de  café^  de  propiedad  extranjera.  Y  la  mitra  y  los 
mejores  cnratos,  de  los  alemanes.  No  tardará  en  llegar  el  día 
«n  que  seamos  extranjeros  en  nuestro  propio  suelo,  y  como  la 
mendicidad  callejera  la  prohibirán  los  extraños,  no  tendremos 
el  consuelo  siquiera  de  ruendigar  á  la  puerta  del  palacio  epis* 

copal  ó  de  otras  puertas » 

Revelan,  sin  duda^  cierto  apasionamiento  tales  quejas.  Loa 
extranjeros  laboriosos  y  honrados,  que  contribuyen  con  sus  ini- 
ciativas, con  su  trabajo^  con  su  capital,  al  progreso  económico 
de  la  Bepública,  merecen  el  aprecio  y  la  consideración  de  todos 
los  costarricenses,  y  conviene  halagarlos  y  procurar  que  no 
cese  la  corriente  de  la  inmigración  de  elementos  beneficiosos 
para  el  país.  A  los  que  para  nada  sirven,  y  más  bien  perjudican, 
se  les  puede  prohibir  la  entrada,  como  se  hizo  con  árabes,  tur- 
cos, sirios,  armenios  y  gitanos,  según  decreto  publicado  en  la 
Gaceta  oficial  de  la  Eepáblica  del  15  de  Junio  de  1904. 

La  competencia  entre  yanquis  ó  ingleses,  que  tanto  vienen 
influyendo  en  la  vida  financiera  y  económica  de  Costa  Bica, 
parece  que  se  decide  á  favor  de  los  primeros.  Ref  íresenta  á  éstos 
la  «United  Fruit  C.'**,  que  explota  la  venta  y  comercio  de  plá- 
tanos; á  los  ingleses,  la  Compañía  de  Ferrocarriles. 

El  nuevo  régimen  del  talón  de  oro  3^  los  pagos  que  en  esta 
metal  hace  la  Compañía  frutera  han  contribuido  á  que  aumente 
considerablemente  la  circulación  de  oro  en  la  República,  Ji-l  dó* 
lar  norteamericano  lleva  camino  de  ser  la  principal  moneda 
del  país.  El  predominio  de  los  yanquis  contraría  á  los  ingleses, 
que  poseen  las  vías  férreas  y  la  mayor  parte  de  los  créditos 
contra  la  República,  cuya  deuda  exterior  asciende  k  unos  11  mi- 


108  LOS   PUEBLOS    HI8PANOAMEHI0^NO« 


Jlones  de  pesos  oro.  El  peligro  que  ponía,  venir  por  este  lado, 
lo  ataja  el  Gobierno  costarricense  echándose  en  hraseos  de  los 
yanqtus.  Ln.  banca  de  Nueva  York  toma  á  .su  eargo  eaa  deiida, 
y  de  ella  responden  las  Aduanas  de  Costa  Rica,  inspeccionadas 
por  agentes  norteamericanos. 

En  este  mismo  año  de  1904  empezó  á  tratarse  de  la  cuestión 
de  límites  con  Panamá,  Tomó  la  iniciativa  el  Gobierno  de  Costa 
Rica,  á  quien  se  atribuía  el  propósito  de  gestionar  nueva  de- 
marcación. No  le  satisfizo  la  sentencia  arbitral  del  Presiden t« 
déla  República  francesa  (1),  é  intentaba  negociar  con  la  Repú- 
blica de  Panamá  para  ganar  territorio  en  la  cnsr.A  de^l  Atlántico 
á  trueque  de  ceder  en  la  del  Pacífico. 

Ya  entrado  el  año  de  1905  llegaron  4  un  acuerdo  los  Pleni- 
potenciarios respectivos;  pero  aún  faltan  las  ratificaciones  do 
las  Asambleas. 

Los  Ministros  de  Fomento  y  Hacienda  dieron  cuenta  en  sen- 
das Memorias  del  estado  de  los  servicios  que  corren  á  su  cargo 
j  de  los  más  importantes  trabajos  realizados  en  1904-1905  oom 
objeto  de  fomentar  la  agricultura,  el  comercio  y  las  vias  d© 
comunicación. 

La  riquejca  agrícola  es,  hoy  por  hoy,  la  principal,  casi  la 
única  de  Costa  Rica.  A  su  desarrollo  contribuyen  la  Sociedad 
Nacional  de  Agricultura  y  la  titulada  United  Frait  C",  que  se 
dedica  especialmente  á  la  exportación  de  plátanos. 

£s  asombroso  el  incremento  que  toma  el  cultivo  del  plá^ 

stno*  Ocho  mil  quinientos  racimos  fueron  heraldos  de  la  nueva 

f|tidu6tria  en   1881;  veintitrés  años  después,  en  1904.   pasaron 

da  6  millones  el  número  de  los  exportados,  y  aumentará  año 

por  año  de  millón  en  millón  la  cifra  del  preciado  fruto^  que  pi* 

den  y  pagan  á  buenos  precios  los  82  millones  de  habitantes  de 


(1|    Véase  tD  tai  págians  1416  y  106  del  toiiio  6  trienio  pdtoai'odt  v&la  obr*^ 


COR-PÁ  moA 


los  Estados  Unidos,  los  fi  millones  del  Canadá  y  los  44  millones 
del  Reino  Unido.  Toda  la  región  apta  de  Costa  Rica,  dedicada 
á  ese  ctiltivo,  no  alcan?íaría  á  satisfacer  la  inmensa  demanda 
que  el  plátano  tiene  hoy  en  el  mundo  comeroial. 

En  generH.1,  los  datoí^  consi ainados  en  las  Memorias  á  que 
me  refiero  demnestr^n  que  el  país  reacciona  contra  la  pos- 
tración en  qne  estabn;  la  mayor  importaoión  revela  vida  más 
Btiva  en  el  comercio  y  un  bienestar  general  qne  facilita  el 
insumo  de  lo  importado;  la  agricultura  ensancha  Su  esfera  de 
acción,  y  ha  aumentado  a^í  la  riqueza  publica;  el  constante 
reinado  de  la  pajs  y  las  excelencias  del  suelo  han  atraído  el  ca- 
pital extranjero,  acreciendo  de  modo  considerable  la  circulación 
monetaria,  no  con  valores  ficticios,  sino  con  la  presencia  mistiia 
del  oro  norteamericano. 

Kn  resumen,  ha^^  más  comercio^  más  agricultura  y  máíí 
dinero. 

Eu  1005  corrió  el  rumor  de  qne  Panamá  pretendía  la  anexión 
á  Costa  Rica,  y  que  esta  República  no  acogía  mal  el  propósito 
para  aumentar  su  territorio^  en  él  tener  el  canal  interoceánico 
y  particij^ar  de  los  beneficios  mateiiales  que  proporciona  el  oro 
yanqui.  Los  re|>reséntfintes  de  Costa  Rica  en  Europa  se  apresu- 
raron á  desmentir  la  noticia. 

El  órgano  oticial  du  la  República,  La  Gaceta^  hizo  constar  dd 
modo  terminante  que  la  referida  especie  era  del  todo  inexacta. 
El  Gobierno  de  Co^ta  Rica  no  había  recibido  de  parte  del  de  la 
República  del  Istmo  indicación  alguna  en  dicho  sentido^  ni  en 
ninguna  forma  se  había  tratado  del  supuesto  proyecto  de  unión. 

Er»tre  los  Gobiernos  de  Costa  Rica  y  Panamá^  aparte  de  las 
negociaciones  habidas  sobre  la  fijación  de  la  línea  fronteriza^ 
no  han  existido  desde  que  esta  última  entró  en  el  concierto  de 
los  Estados  libres  sino  las  relaciones  de  cordial  afecto  que  siem- 
pre han  ligado  á  ambos  pueblos. 

En  el  pais  nadie  ha  pensado  en  tal  unión  con  Panamá;  no  hay 


lio  tiOS  PUEBLOS   HISPANOAMERICANOS 


siquiera  un  movimiento  social  qne  indique  tal  perspectiva  como 
una  posibilidad  de  realización  más  ó  menos  próxima  n¡  como 
ana  aspiración  vigente  en  el  sentimiento  popular. 

Por  otra  parte,  «i  la  unión  ó  anexión  se  llevara  á  efecto, 
Costa  Rica  tendría  qae  renunciar  á  muchas  de  las  prerrogati- 
vas propias  de  loa  Estados  soberanos,  porque,  según  una  de  las 
cláusulas  del  contrato  entre  yanquis  y  panameños,  en  el  oaso 
de  que  Panamá  se  anexionase  á  otro  Estado  ó  se  confederase 
con  él,  la  nación  de  que  se  trate  tendría  que  someterse  4  lo 
dispuesto  en  aquel  contrato  y  reconocer  todos  los  derechos  que 
los  Estados  Unidos  disfrutan  en  Panamá. 

En  los  días  21  á  23  de  Agosto  se  hicieron  las  elecciones  para 
constituir  el  Colegio  que  había  de  nombrar  nuevo  Presidente 
en  190n.  La  campaña  electoral  se  presentó  muy  empeñada;  en- 
traron en  juego  cinco  partidos  políticos:  el  nacional,  el  repu- 
blicano, el  popular  ó  populista»  el  republicano  independiente  y 
el  clerical,  cada  uno  con  su  respectivo  candidato  (Cleto  Gon- 
zález Víquez,  Bernardo  Soto,  Máximo  Fernández,  Tomás  Zii- 
ñiga  y  Panfilo  Villaverde). 

Llegó  el  nuevo  año,  y  en  1.®  de  Abril  resultó  elegido  Presi- 
dente de  la  República  para  el  período  constitacional  190B4910  el 
Licenciado  D.  Cleto  González  Víquez,  que  entró  en  funciones, 
substituyendo  al  Sr*  Esquivel,  el  8  de  Mayo,  El  Sr,  Gons^ále^ 
Víquez  era  uno  de  los  Vicepresidentes  de  la  República,  y  había 
desempeñado  varias  carteras  ministeriales  y  la  Presidencia  del 
Municipio  de  San  José. 

En  las  elecciones  generales  para  Diputados  triunfaron  en 
provincias  los  adictos,  los  cletistas;  en  la  capital,  los  de  oposi- 
ción* Al  nuevo  Gobierno  incumbe  resolver  varios  problemas 
[•administrativos  planteados;  el  principal  es  el  referente  al  arre- 
glo de  la  deuda,  interior  y  exterior,  que  asciende  en  total  á 
mnos  1!)  millones  de  pesos  oro. 


COSTA   RICA    ,  111 


Sigue  el  país  disfrutando  del  bienestar  económico,  que  debe 
á  la  paz  absoluta  de  que  goza  la  Bepública.  Durante  los  últi- 
mos cuatro  años,  el  costarricense  y  el  extranjero  residente  en 
el  país  han  podido  dedicarse  con  entera  libertad  y  confianza  al 
cultivo  del  suelo,  al  desarrollo  de  las  industrias,  al  incremento, 
pues,  de  la  riqueza  nacional,  sin  que  acto  alguno  del  Gobierno 
haya  ido  á  perturbar  la  faena  bienhechora;  antes  al  contrario, 
recibiendo  de  continuo  los  pueblos  pruebas  fehacientes  de  la 
protección  del  gobernante  á  las  vías  de  comunicación  por  donde 
puedan  circular  los  frutos  de  zonas  privilegiadas,  y  avivarse, 
por  lo  tanto,  la  actividad  y  producción  nacionales. 


9m 


política  internacional 
centroamericana 


La  tendencia  á  la  uniñcación.— La  Liga  Federal  de  Estudiantes.— El  partido 
unionista  centroamericano.— Ratificación  del  tratado  de  1903.— La  Confe- 
rencia de  Corinto.~La  Conferencia  de  San  José  de  Guatemala. 

Persevera  en  Centro  América  la  tendencia  á  la  unificación. 
Es  el  ideal  de  aquellos  pueblos,  algún  tanto  contrariado,  sin 
embargo,  por  ciertos  políticos  de  profesión  á  quienes  el  estado 
actual  da  mayores  facilidades  de  satisfacer  sus  codicias  ó  am- 
biciones. 

A  principios  de  1904  se  constituyó  en  Guatemala  una  «Liga 
Federal  de  Estudiantes»,  cuyo  primer  acto  fué  dirigirse  á  sus 
compañeros  y  á  la  prensa  de  las  demás  Repúblicas  de  la  Amé 
rica  Central,  invitando  á  todos  á  cooperar  en  la  obra  de  reconci- 
liación de  la  familia  centroamericana  para  llegar  á  reconstituir 
la  patria  común. 

En  Agosto  del  mismo  año,  varios  salvadoreños  publicaron 
un  manifiesto  en  el  que  declaraban  que  se  ponían  al  frente  del 
partido  unionista  centroamericano,  y  se  comprometían  á  tra- 
bajar por  el  restablecimiento  de  la  República  de  Centro  Amé- 
rica y  á  defender  el  territorio  de  cualquier  invasión  extranjera, 
sea  de  donde  fuere. 

Ya  en  esta  época  las  respectivas  Asambleas  habían  apro- 

8 


114  LOS  PÜBBL08   HiaPANOAMHRlCAlíOS 


bado  el  Tratado  de  paz  centroamericano,  que  se  celebró  en  U 
ciudad  de  San  Salvador  el  día  2  de  Noviembre  de  1903  por  Ple- 
nipotenciarios de  Guatemala,  Nicaragua,  El  Salvador  y  Hon- 
duras. 

Seg^ún  dicho  tratado^  las  mencionadas  naciones  se  compro- 
metieron ¿  mantener  la  paz,  aceptando  como  principio  de 
conducta  el  de  no  intervención  de  ninguna  de  ellas  en  los  asun* 
tos  de  las  otrasf  á  fomentar  laa  mutuas  y  buenas  relaciones, 
acreditando  recíprocamente  Cónsules  generales  con  el  carácter 
de  Encargados  de  negocios  en  las  capitales  de  cada  nación;  á 
confirmar  como  obligatorio  el  principio  de  arbitraje  para  diri- 
mir las  contíendfls  que  pudieran  surgir  entre  las  Repúblicas 
signatarias;  á  solicitar  la  mediación  amistosa  de  las  naciones 
neutrales  para  el  arreglo  pacífico  en  caso  de  dificultad  grave 
entre  una  ó  mas  Repúblicas;  por  último,  á  invitará  Costa  Rica, 
como  República  hermana^  para  que  aceptase  y  suscribiera  el 
tratado  por  ser  de  i u teres  general  para  Centro  América. 

A  mediados  de  Agosto  de  1904,  los  Sres.  Escalón,  Bonilla  y 
ZelaA'a,  Presidentes  de  El  Salvador,  Honduras  y  Nicaragua,  y 
el  Sr.  Soto  Hall,  Delegado  del  Presidente  de  Guatemala,  se  con- 
gregaron  en  el  puerto  de  Corinto  (Nicaragua)  con  el  fin  patrió* 
tico  de  afianzar  la  paz  en  sus  respectivos  países  y  hacer  más 
eficaces  loa  pactos  celebrados. 

Después  de  la  Conferencia,  en  la  que  se  discutieron  proble- 
mas políticos  de  actualidad  centroamericana  t  y  habiéndose 
tomado  en  cuenta  todos  los  factores  que  contribuyen  de  modo 
favorable  ó  adverso  al  desarrollo  de  esas  nacionalidades,  se 
convino  en  hacer  á  los  pueblos  de  la  América  Central  las  si- 
guientes  declaraciones,  que  suscribieron,  con  fecha  20  deleitado 
mes.  los  tres  Presidentes  y  el  Delegado  de  Guatemala: 

L  El  manteniniiento  de  la  paz  es  el  primordial  objetivo  de 
los  cuatro  Gobiernos  que  han  concurrido  á  la  Conferencia,  no 
sólo  porque  la  paz  constituye  una  necesidad  de  los  pueblos  qn»j 


ICA   INTERNAflJONAlV 


CANA 


representan,  sino  también  porque  se  impone  como  nn  deber  que 
han  de  cumplir  las  nacionalidades, hispanoamericanas.  Por  eso 
tienen  el  propósito  firme  de  vencer  en  la  América  Central  todo 
obstáculo  que  pudiera  alterar  la  paz,  y  aunarán  sus  esfueraos 
para  frustrar  los  intentos  de  aquellos  que  pretendan  infundir 
desconfianzas  y  recelos  entre  unos  y  otros,  impulsados  por  es- 
pirita de  ambición,  de  odio  6  de  desorden. 

II,  El  cumplimiento  estricto  de  los  pactos  internacionales 
qne  ligan  á  loa  Gobiernos  será  la  norma  á  que  sujetarán  sus 
AOtos  los  que  subscriben  estas  declaraciones,  de  manera  que 
todo  empeño  en  contrario  sera  vano  j  estéril,  pues  preciso  es 
reconocer  q'ne  la  generalidad  de  los  trabajos  de  los  enemigos  de 
cada  administración  no  propenden  á  ningún  fin  laudable,  sino 
que  son  la  obra  de  intereses  egoístas,  de  personales  enemista- 
des ó  de  aberraciones  de  un  criterio  extraviado, 

in.  No  vacilan,  pues,  los  firmantes  en  hacer  presente  que 
cualquier  obra  disociadora,  empeño  subversivo  6  sugestión  que 
propenda  á  romper  su  leal  amistad,  no  encontrará  apoj^o  en 
ellos^  porque  la  sinceridad  y  firmeza  de  sus  relaciones,  como 
representantes  de  los  pueblos  á  quienes  sirven,  está  y  estará 
afianzada  con  este  compromiso  solemne  que  á  la  faz  de  la  Amé- 
rica Central  contraen;  compromiso  que  sintptixa  los  esfuerzos 
que  han  hecho,  como  hombres  públicos,  en  ocasiones  diversas. 

IV.  Esperan  que  los  buenos  ciudadanos  les  darán,  en  el  sen- 
tido que  indicado  queda,  su  cooperación  patriótica,  inspirán- 
dose en  ideales  tle  paz  y  fraternidad  y  contvibviyendo  á  este 
acuerdo  de  poner  termino  á  la  discordia  que  atizan  los  enemi- 
gos del  público  reposo  T  de  la  política  liberal  y  progresista 
que  informa  los  actos  de  los  actuales  gobernantes  de  El  Salva* 
dor,  Honduras,  Nicaragua  y  Guatemala. 

Nótase  en  esta  conferencia  y  consiguientes  declaraciones  la 
falta  del  Presidente  ó  representante  de  Costa  Bica,  República 
que  tampoco  subscribió  el  Tratado  de  paz  centroamericano  de 
Noviembre  de  1903, 


hOñ   PUt>]0LOj4   Hlí^k'ANOAMflUlCAN^}^ 


El  17  de  Marzo  de  1905^  el  Diario  del  Salvadoi'  hacía  constar 
que  la  política  del  Gobierno  de  esta  República  se  venía  inspi- 
rando, en  sus  relaciones  internacíonalea  con  loa  demás  Estados 
de  Centro  América,  en  un  alto  espíritu  de  confraternidad  y 
mutua  independencia,  que  servía  de  base  inalterable  á  la  pa^ 
general. 

A  secundar  tan  nobles  tendencias  contribuyeron  las  entre- 
vistas cordiales  y  amistosas  de  los  Jefes  de  estos  países  del  gran 
Istmo,  con  lo  que  se  lograba  la  consolidación  de  relaciones  >|ue 
por  todos  motivos  nunca  deben  alterarse. 

Sin  embarí»;o,  perpetua  remora  á  tan  hidalgos  y  patrió  ticos 
propósitos  eran  los  trabajos,  más  ó  menos  embozados,  de  quie» 
nes,  enemigos  de  todo  Gobierno  en  donde  no  tienen  poder  ó  in- 
fluencia, satisfacen  sus  pasiones  excitando  odios  y  despertando 
sospechas,  para  ver  de  producir  choques  y  conflictos  á  cuyo  fa* 
vor  esperan  lograr  medros,  de  otro  modo  imposibleíí, 

A  los  manejos  de  tales  gentes  se  debió  cierta  tirantez  de  re- 
laciones entre  Guatemala  y  El  Salvador;  pero  ambos  Gobiernos 
decidieron  tratar  de  modo  directo,  para  que  se  hiciera  la  ]nz  y 
se  garantizaran  con  mayor  firmeza»  y  de  una  vez  por  todas,  las 
fraternales  relaciones  internacionales  pactadas  en  Corinto. 

De  acuerdo  con  estas  tendencias  fué  á  San  José  de  Guate- 
mala el  Ministro  de  Relaciones  exteriores  de  El  Salvador,  Doctor 
D.  Manuel  Delgado,  reuniéndose  en  aquel  puerto  con  el  Doctor 
D.  Juan  Barrios  M.,  Jefe  de  la  Cancillería  en  Guatemala,  y  de 
la  conferencia  entre  ellos  celebrada  nació  la  mutua  convicción 
de  que  entre  ambos  Gobiernos  no  se  habían  alterado  los  propó- 
íiitos  de  unión  y  fraternidad  que  los  inspiran  en  sus  recíprocJi-s 
relaciones,  así  como  se  puso  de  manifíe^fto  la  doblez  y  sórdida 
campaña  de  quienes  trataron  de  asegurar  lo  contrario,  favore- 
ciendo sus  intentos  personales  y  mezquinos. 

El  Gobierno  dé  El  Salvador  y  el  de  Guatemala  estaban  ín- 
timamente convencidos  de  que  el  camino  único  para  conducir  a 
los  pueblos  á  ?u  roas  alto  grado  de  civilización  y  progreso,  y  para 


realizar  el  ftcercaniienfco  espontáneo  y  sincero  entre  ellos— qne 
al  cabo  de  los  años  debe  dar  como  resaltado  la  verdadera  uni- 
ficación—^  es  el  de  una  paz  constante,  sin  temores  ni  descon- 
fianzas, que  afianzando  el  orden  interior  sea  garantía  suprema 
de  un  porvenir  halagüeño. 

A  mayor  abundamiento,  se  acordó  en  la  conferencia  la  crea- 
ción de  Encargados  de  Negocios  de  cada  nna  de  las  dos  Repú- 
blicas en  su  respectiva  vecina^  facilitando  así  el  cambio  de  ideas 
k^  impresiones  y  los  medios  de  atacar  en  su  principio  las  maqui- 
^^Baciones  que  en  allano  de  los  dos  territorios  pudieran  fra* 
I  gnarse,  ya  contra  la  tranquilidad  de  uno  de  los  GobiernoSi  ya 
I      contra  las  buenas  relaciones  de  ambos. 

Los  resguardos  que  los  respectivos  países  tienen  en  sus  fron- 
teraSi  no  pocas  veces  se  extralimitan  en  el  ejercicio  de  sus  fun» 
cioneSf  dando  ocasión  á  hechos  que  pudieran  orear  dificultades, 
qne  es  de  todo  punto  necesario  evitar.  Y  sobre  esto  trataron 
también  los  Cancilleres  de  ICl  Salvador  y  de  Guatemala,  resol- 
viendo celebrar  una  Convención,  al  igual  de  la  pactada  entre 
El  Salvador  y  Honduras,  para  alejar  toda  probabilidad  de  con- 
flicto y  establecer  un  perfecto  acuerdo  en  la  vigilancia  sobre 
el  contrabando  y  velar  por  la  tranquilidad  de  ambos  países. 


II 


La  entrarista  de  El  Ocotal.— Et  ideal  de  utiióa  ceDtroAmencaD& Hechos 

qae  lo  coutrarjun.^La  guerra  entre  Guatemala,  El  Salvador  y  Honduras. 
—Inobservancia  de  lois  tratados.— Resíahlecl miento  de  la  paz.— Carácter 
de  la  mediación  de  Rooaovelt,— Tratado  g'eneral  centroatuericanü  de  paz» 
amistad  y  ooiiiorcio.— La  Ofloitia  Iniernacional  Centro  americana  y  el  Ins- 
tituto Ped&gój^íco. 


A  principios  de  1906,  el  Oeneral  Sr.  Santos  Zelaya,  Presi- 
ente de  Kicaragua,  recorría  los  departamentos  septentriona- 
í  del  interior  de  la  República  (Matagalpa,  Jinotega^  Estelí  y 


118 


LOS    PUEBLOS    UlsPANc:iAMKRICANU> 


NueVa  Segovia)  para  dafse  cuenta  exacta  de  los  progresos  reftli- 
zados  eu  ellos  durante  los  iiltimos  años. 

Con  motivo  de  ese  viaje  realizóse  un  acto  que  confirmó  las 
buenas  relaciones  que  existían  entre  Nicaragua  y  Hond tiras. 
El  Gentsral  Bonilla,  Presidente  de  esta  última  República,  envid 
á  la  ciudad  de  El  Ocotal  (Nueva  Segovia)  una  niisión  con  el  es- 
pecial encargo  de  saludar,  en  su  nombre  y  en  el  de  su  Gobierno, 
al  General  Zelaya. 

Los  comisionados  eran  el  Ministro  de  la  Gobernación,  Gene- 
ral Ordóñess,  y  los  Sres.  D.  Augusto  C.  Coello  y  D.  Jerónimo 
E-eina,  quienes,  segán  consigniaba  la  prensa  de  Honduras,  fue- 
ron objeto  de  las  más  exquisitas  atenciones  y  de  las  más  paten- 
tes pruebas  de  cordialidad  y  simpatía. 

Esa  entrevista  llenó  de  satisfacción  á  nicaragüenses  y  hon> 
dureños,  porque  están  esos  pueblos  firmemente  persuadidos  de 
que  la  paz  y  armonía  entre  ellos  son  condiciones  necesasias  de 
su  felicidad  y  progreso, 

Al  mismo  fin  de  garantir  la  paz,  estrechar  relaciones  y  pre- 
parar la  unión  de  las  Repúblicas  de  la  América  Central  tienden 
centros  y  sociedades  en  Costa  Rica.  Según  una  correspondencia 
de  San  José,  suscrita  por  D^  Salvador  Mendíeta,  se  trata  de 
fundar  eu  dicha  ciudad  un  Ateneo  científico^  literario  y  artís- 
tico que  sirva  de  lazo  fraternal  entre  las  clases  ilustradas  de 
las  cinco  capitales  centroamericanas*  Existe  ya  en  la  ciudad 
de  Heredia  nna  asociación  titulada  <»,Sociedad  Unionista  Cen- 
troamericana», cu3^os  propósitos  claramente  están  indicados 
por  su  nombre. 

La  idea  de  unión,  dice  el  Sr.  Mendieta,  avanza  continua* 
mente,  y  avanzará  cada  día  más  mientras  haya  centroameri- 
canos dignos.  Si  el  entusiasmo  por  la  nacionalidad  ha  empe- 
gado á  despertar  en  Costa  Rica,  ¡cuánto  más  no  ha  de  suceder 
asi  en  Guatemala,  cuna  de  tantos  nnionistaSf  en  El  Salvador, 
abanderado  legendario  de  la  causa;  en  líicaragna,  donde  las 
ideas  y  sentimientos  de  Jerez  iluminan  y  encienden  á  la  juven- 


VOLiriCA    lN*rKRKACI(»NAL   CKNTItOAMKRICANA 


110 


tad;*eii  Honduras»  especialmísnte  base  y  esencia  del  unionismo! 

Así  piensan  y  así  escriben  los  centroaniericanos.  La  unión, 
en  una  ú  otra  forma,  es,  en  efecto,  el  noble  ideal  á  que  todos 
aspiran;  pero  las  imporexas  de  la  realidad,  representadas  por 
esos  sentimientos  de  soberbia  d  de  ambición  personal,  que  tan 
fácil  acogida  hallan  siempre  en  el  ánimo  de  los  profesionales 
de  la  política  activa,  dificultan  la  obra  de  concordia  y  anulan  6 
desvirtúan  pactos  y  compromisos  solemnemente  convenidos. 

Surge  un  movimiento  revolucionario  en  alguna  de  estas  Re- 
públicas, y  aparte  el  daño  moral  y  material  que  ocasiona  en  el 
país  víctima  de  él,  produce  otro  deplorable  efecto:  contrariar, 
atinque  sólo  sea  transitoriamente  ,  al  mantenimiento  de  las 
buenas  relaciones  con  los  Estados  vecinos.  Aunque  éstos  no 
tomen  parte  directa  en  la  revolución,  no  pueden  evitarse  ciertos 
recelos  y  las  consiguientes  reclamaciones  por  falta  de  la  debida 
vigilancia  de  las  autoridades  en  las  zonas  de  la  frontera  en  que 
se  organiza  la  expedición  invasora.  Es  lo  q  ue  sucedió  con  motivo 
de  la  revolución  en  Q-uatemala  durante  el  verano  de  190(>. 

Guatemala  se  creyó  en  el  caso  de  enviar  fuerzas  hacia  la 
frontera  de  Rl  Salvador^  después  de  haber  notitícado  al  Go- 
bierno de  esta  República  bu  sospecha  de  que  en  ella  se  orga- 
nizaba una  facción  de  emigrados  guatemaltecos.  Cruzáronse 
'  notas  entre  ambos  Gobiernos,  y  k  mediados  de  Junio  quedahan 
interrumpidas  sus  relaciones. 

Al  siguiente  mes,  el  11  de  Julio,  el  Presidente  de  Honduras, 
General  Bonilla,  decretaba  el  ei^tado  de  sitio,  fundándose  en 
que  el  territorio  nacional  había  sido  invadido  por  fuerzas  pex*- 
tenecientes  á  la  República  de  Guatemala,  cuyo  Gobierno  tra- 
taba de  perturbar  el  orden  legal  constituido  en  el  país. 

Hubo  guerra  entre  estas  Repúblicas,  principalmente  entre 
Guatemala  y  El  Salvador.  Los  combates  debieron  ser  duros  y 
empeñados;  según  un  informe  del  Director  del  hospital  Rosales, 
de  San  Salvador,  entre  los  días  12  á  26  de  Julio  ingresaron  en 
el  establecimiento  1  (X)4  heridos.  En  uno  de  los  combates  murió 


el  ex-Presidente  de  la  República  de  £1  Salvador,  General  dof: 
Tomáft  Regalado.  Los  guatemaltecod  qtiA  babían  invadida  e 
ierritorio  hondureno  avanzaron  hadta  el  paeblo  de  Santa  Fe,  éñ 
doode  fueron  desalojados  por  los  Generales  VUlela  j  Antonio 
Lópe2.  No  llegó  á  librarle  DÍngima  acción  importante. 

Habíase,  paes^  prescindido  de  anteriores  compromisos,  cuyo 
objeto  era,  precisamente,  evitar  revoliicionei  y  gnerras.  Recor- 
demos que  por  el  tratado  de  Noviembre  de  1903^  Guatemala, 
Hicaragaa,  El  Salvador  y  Honduras  aceptaron  como  norma  de 
eondncta  el  principio  de  no  ¿ntervención  de  ninguno  de  ellos  en 
loe  asantes  de  log  otros;  confirmaron  como  obligatorio  para 
todos  el  arbitraje  para  dirimir  contiendas  entre  las  Repúblicas 
eignatarias,  y  se  comprometieron  á  solicitar  la  mediación  amis* 
tosa  de  naciones  nentratea  para  el  inmediato  restablecimiento 
de  la  paz  si  hubiera  peligro  de  guerra  entre  ellas. 

Después,  como  antes  se  ha  dicho,  los  Presidentes  de  El  Salva- 
dor, Hondnras  y  Nicaragua  y  un  Delegado  especial  del  Presi- 
dente de  Guatemala,  reunidos  en  el  puerto  de  Corinto,  bicteron 
y  subscribieron  solemnes  declaraciones  de  que  la  paz  era  el 
primordial  objetivo  de  los  cuatro  Gobiernos,  qne  tenían  el  ñi^me 
propósito  de  vencer  cuantos  obstáculos  se  opusieran  á  aquélla, 
que  el  cumplimiento  estricto  de  los  pactos  internacionales  había 
de  ser  la  regla  á  que  ajustaran  sus  actos,  y  que  cualquier  obr» 
disociadora,  empeño  subversivo  ó  sugestión  que  propendiese  a 
romper  su  leal  amistad^  no  encontraría  apoyo  en  ellos. 

Dos  años  apenas  habían  transcurrido,  y  ya  las  obras  diso- 
ciadoras,  empeños  subversivos  y  malas  sugestiones  encuentran 
apoyo  eu  unos  ú  otros,  se  procede  contra  lo  convenido  en  los 
pactos  internacionales,  no  se  pone  resuelto  empeño  en  vencei* 
Ion  obstáculos  que  puedan  contrariar  el  mantenimiento  de  la 
paz,  se  acude  á  las  armas  sin  cuidarse  de  solicitar  mediación 
amistosa  ni  arbitraje  de  nadie,  y  más  ó  menos  directamente^ 
por  acción  ó  por  omisión,  unas  Repúblicas  intervienen  en  Iom 
asuntos  de  las  otras. 


POLÍTICA   INTIDHKACIONAL   CKNTROAMBKICAKA 


121 


Había  ocarrido  ahora  lo  de  siempre:  que  los  revelación  arios 
guatemaltecos  prepararon  aas  expediciones  ea  los  países  fron- 
terizos, y  que  G-uatemala  inculpaba,  con  razón  ó  sin  ella,  a  los 
Gobiernos  de  El  Salvador  y  Honduras,  si  no  de  conniveiiciaj 
por  lo  menos  de  incuria  en  el  cumplimieato  de  sus  deberes  res- 
pecto de  una  nación  amíga^ 
!,  Pero  después  de  los  tratados,  pactos  y  conferencias  de  1903 
y  1904  no  debió  hacerse  lo  de  siemp^^e^  sino  lo  resuelto  en  esos 
pactos  y  tratados,  lo  declarado  en  las  conferencias,  pues  prect- 
sámente  para  evitar  Ío  de  siempre  se  celebraron  y  convinieron* 
'  Se  apresuró  á  ofrecer  sus  buenos  oficios  el  il asiré  Presidente 
de  los  Estados  Unidos  Mexicanos,  secundado  por  el  Gobierno 
de  Washington,  y  aceptada  la  mediación  amistosa  de  ambos, 
a  paz  quedó  restablecida. 

El  convenio  se  celebró  el  día  20  de  Julio  á  bordo  del  orticero 
yanqui  Marbtehead;  era  un  tratado  de  bases  generales,  segán 
las  que  los  ejércitos  debían  retirarse  de  las  fronteras;  se  reco- 
mendaba una  amnistía  para  todos  los  perseguidos  ó  procesados 
políticos,  y  se  convenía  en  establecer  una  seria  y  formal  vigi- 
lancia de  los  emigrados,  negociar  en  breve  plazo  tratados  de 
umistad,  comercio  y  navegación,  y  someter  las  cuestiones  que 
lo  sucesivo  pudieran  surgir  al  arbitraje  del  Presidente  de 
s  Estados  Unidos  Mexicanos  ó  del  de  la  Unión  Norteame- 
cana. 
El  tratado  se  hizo  con  la  sanción  moral  de  las  potencias 
mediadoras  y  de  Nicaragua  y  Costa  Rica*  Se  aspiraba  a  renovar 
los  acuerdos  de  confraternidad  entre  las  cinco  E;epúblÍQas  cen- 
troamericanas. Buena  falta  hacia,  porque  los  últimos  sucesos 
irodiijeron  general  disgasto  y  los  ánimos  estaban  un  tanto 
sobreexcitados  en  Honduras,  Guatemala  y  El  Salvador* 

Conviene  llegar  á  situaciones  definitivas,  permanentes,  do 
tal  modo  que  los  hechos  no  vengan  a  desmentir,  k  los  pocos 
días  ó  meses,  lo  que  en  docamentoa  oficiales  y  públicos  se  con- 


122  1.0«   ^VWBtA>B  BtSPAKOAMBBICAaCOS 


signa.  Asi,  por  ejemplOf  en  la  Memoria  en  que  el  Ministro  áe 
Gobernación  y  Fomento  de  El  Salvador  daba  caenta^  en  Marzo 
de  1906,  de  los  actos  del  Poder  Ejecutivo,  bacíase  constar  que, 
gracias  al  estado  de  paz  y  tranqniUdad  que  reinaba  en  el  país, 
no  había  rjue  preocuparle  ^en  previsiones  contra  la  tirantez  ó 
ruptura  de  relaciones  con  los  vecinos  Estados /i.  Satisface  no* 
tar — añadía  el  documento  á  que  me  retíero — que  cada  día  va 
alejándose  más  «aquella  aciaga  época  de  trastornos  en  que  con- 
sumí amos  nuestra  riqueza  y  agotábamos  nuestiaa  energías, 
acaso  sin  obtener  otros  frutos  que  el  acrecentamiento  de  ínies- 
linos  rencores  y  el  justificado  descrédito  en  el  exteriort. 

Refiriéndose  á  la  mediación  de  Mr»  JBoosevelt  en  estos  asan- 
to5|  la  prensa  salvadoreña  deploraba  que  la  del  extranjero— y 
especialmente  aludía  á  la  de  España  —  haya  supuesto  que  el 
Presidente  de  los  Elstados  Unidos  impone  su  autoridad  o  su  ixx- 
tluencia  á  los  pueblos  centroamericanos.  Los  periódicos  de  San 
Salvador  hacen  constar  que  la  mediación  fué  propuesta  por  el 
Presidente  de  la  República  mexicana;  que  el  crucero  en  que  los 
Delegados  se  reunieron  estaba  en  alta  mar,  á  más  de  tres  leguas 
de  tierra,  para  que  así  resaltase  mejor  la  neutralidad  de  los 
mediadores  y  se  mantuvieran  bajo  un  pie  de  perfecta  igualdad 
todas  las  altas  partes  contratantes,  y  que  en  las  comunicacio- 
nes de  Roosevelt  á  los  Gobiernos  de  los  Estados  contendientes 
por  lo  menos  en  la  dirigida  al  de  El  Salvador,  tuvo  aquel  bucu 
cnidado  de  expresarse  con  todo  el  respeto  que  exigen  los  dere- 
chos y  la  dignidad  de  Repáblicas  soberanas* 

La  base  4."  del  convenio  de  20  de  Julio  preceptuaba  que 
dentro  de  dos  meses  de  la  fecha  se  celebrase  por  las  partes  con- 
tratantes un  Tratado  general  de  paz,  amistad,  comercio,  etcé* 
tera,  etc.;  se  designaba  la  capital  de  Costa  Rica  para  que  en 
ella  se  reunieran  y  lo  acordaran  los  representantes  de  los  res- 
pectivos Gobiernos,  plenamente  autorizados. 


POLITIÜA    ÍNTKHNAUIONAL    CRN^f  KOAM J£R  ICANA 


Í2S 


Asi  se  hizo,  y  el  25  de  Septiembre  Costa  Hicaj  El  Salvador, 
Guatemala  y  Honduras  subscribieron  el  Tratado  general  cen» 
troainericano  de  paz^  amistad  y  co7nercio.  Consta  de  38  ar- 
tículos, en  su  mayor  parte  repetición  de  cláusulas  de  convenios 
anteriores  entre  los  mismos  países. 

El  articulo  1.**  declara  que  babrá  paz  perpetua  y  amistad 
franca,  leal  y  sincera  entre  las  cuatro  citadas  Repúblicas,  de- 
biendo cada  cual  de  sus  Gobiernos  considerar  como  una  de 
sus  principales  obligaciones  el  manteninaiento  de  esa  paz  y  el 
cultivo  de  esa  amistad,  procurando  poner  de  su  parte  todos 
aquellos  medios  que  conduzcan  á  su  logi'O  y  remover  dentro  de 
la  esfera  de  sus  atribuciones  cuantos  obstáculos,  de  cualquier 
naturaleza  que  seauj  pudieran  impedirlo.  Para  llegar  á  este  fin 
se  pondrán  áe  acuerdo,  siempre  qne  la  importancia  del  caso  lo 
demande,  con  objeto  de  impulsar  su  progreso  moral,  intelectual 
¿i  industrial,  unifonnando  así  sus  intereses,  cual  cumple  á  pue- 
blos liermanos. 

En  los  demás  artículos  se  hace  constar  <iue  cualesquiera  di- 
ficultades concretas  que  sobrevengan  entre  las  partes  contra- - 
tantes  se  resolverán  necesariamente  por  el  medio  civilizado  del 
arbitraje.  El  Salvador,  Guatemala  y  Honduras,  de  conformidad 
con  lo  establecido  en  el  tratado  que  se  celebró  á  box^do  del  Mar- 
blehead^  designan  desde  luego  como  arbitros  á  los  Presidentes 
de  los  Estados  Unidos  de  América  y  de  los  Estados  Unidos 
Mexicanos*  Las  dificultades  que  pueda  haber  entre  Costa  Kica^ 
El  Salvador  y  Honduras  se  arreglarán  conforme  á  la  Conven- 
ción de  Corinbo  de  20  de  Enero  de  1902  y  al  Reglamento  de- 
cretado por  el  Tribunal  de  Arbitraje  centroamericano  el  9  de 
Octubre  del  mismo  año* 

Los  ciudadanos  de  cualquiera  de  las  cuatro  Repúblicas  re* 
etdentes  en  territorio  de  alguna  de  las  otras  gozarán  de  los 
mismos  derechos  civiles  de  que  gozan  los  naturales;  se  recono- 
cerá validez  á  los  títulos  profesionales  que  presen  ten  ^  así  como 
4  los  estudios  científicos  y  literarios  que  hayan  cursado,  y  dia- 


124 


LOS  PITIBBLOS   HI^PANOAMBRICANflS 


frutarán  del  derecho  de  propiedad  literaria,  artística  ó  indas- 
trialj  en  los  miamos  términos  y  sujetos  á  los  mismos  requisitos 
que  lo8  nacionales. 

Habrá  libertad  de  comercio  marítimo  y  terTestre^  con  algu- 
nas restricciones,  entre  El  Salvador,  Guatemala  y  Honduras, 
£n  cnanto  4  las  relaciones  comerciales  entre  éstas  y  Costa 
Rica,  la  libre  introducción  se  limita  por  ahora  á  los  productos 
nacionales  qne  no  se  obtengan  en  alguna  de  ellas  en  cantidad 
suficiente  para  las  necesidades  del  consumo.  Las  naves  mer- 
cantes de  los  cuatro  países  se  considerarán  en  los  mares,  costas 
y  puertos  de  todos  ellos  como  naves  nacionales. 

Los  Agentes  diplomáticos  y  consulares  de  cualquiera  de  las 
Repúblicas  dispensarán  á  las  personas,  buques  y  demás  propie* 
dades  de  los  ciudadanos  de  las  otras  igual  protección  que  á  los 
suyos.  Los  cuatro  Gobiernos  se  comprometen  á  construir  bue- 
nas vías  de  comunicación  entre  los  respectivos  territorios*  Los 
instrumentos  públicos  otorgados  en  una  de  las  Repúblicas  serán 
válidos  en  las  otras.  Otros  varios  artículos  se  refieren  á  la  ex- 
tradición de  criminales. 

El  artíoulo  34  tiene  excepcional  importancia.  Es  una  so- 
lemne declaración  de  que  las  partes  contratantes  no  pueden 
conceptuarse  ni  conceptuar  como  naciones  extranjeras  á  laa 
Repúblicas  de  Centro  América,  y  que  trabajarán  constante- 
mente por  mantener  entre  todas  ellas  los  vínculos  de  familia  j 
la  mayor  cordialidad  en  sus  relaciones ^  haciendo  causa  común 
entre  sí  en  los  casos  de  guerra  ó  de  difícultades  con  naciones 
extranjeras^  y  mediando  amigable  y  fraternalmente  en  sus, 
trastornos  de  carácter  privado.  En  el  caso  de  que  emigrados 
políticos  residentes  en  cualquiera  de  las  Repúblicas  inicien  6 
fomenten  trabajos  revolucionarios  contra  alguna  de  las  otras, 
serán  inmediatamente  expulsados  del  territorio, 

Al  mismo  fin  de  unificar  intereses  y  mantener  franca  y  leal 
amistad  concurren  dos  convenios  especiales,  también  firmados 
en  San  José  de  Costa  Rica,  como  el  Tratado  general»  Por  vir- 


POLÍTICA   INTERNACIONAL   CBNTROAMBRXCANA         125 

tud  de  uno  de  ellos,  los  Gobiernos  signadnos  se  comprometen 
á  establecer  una  Oficina  Internacional  Centroamericana,  for- 
mada por  un  Delegado  de  cada  país;  dicha  Oficina  residirá  en 
la  ciudad  de  Guatemala.  Según  el  otro  convenio,  las  cuatro  Re- 
públicas fundarán,  á  expensas  y  en  provecho  de  todas,  un  Ins- 
tituto Pedagógico,  con  sección  de  hombres  y  de  mujeres,  para 
la  educación  profesional  del  Magisterio;  Costa  Rica  será  asiento 
del  establecimiento. 

Como  se  ve,  Nicaragua  no  ha  tomado  parte  en  esos  conve- 
nios. Oportunamente  fué  invitada  esa  República  para  que  se 
hiciera  representar  en  la  Conferencia,  y  su  Presidente,  el  Ge- 
neral Zelaya,  hizo  saber  que  el  Gobierno  de  Nicaragua  tenía 
interés  en  que  se  conservase  integro  el  Pacto  de  Corinto,  insi- 
nuando al  propio  tiempo  la  idea  de  ser  preferible  el  organizar 
el  arbitraje  obligatorio  con  elementos  propios  y  no  con  los  ex- 
traños á  Centro  América. 


PANAMÁ 


EL   CANAL   INTEROCEÁNICO 


I 


LiL  Asamblea  GonBtituyeDC«,-El  tratiulo  Hay-Vanilii  eu  b\  Senado  de  Wá- 
shiuíítun.— Coiistitucíí^ii  definitiva  del  Goliierno  panameño.— Aprobaftíón 
del  tratado.— La  cuGBtióu  del  canal  desde  el  pnnto  de  vista  fiDancitn-ó.— 
Otros  proyectos  de  canal.— Conflicto  entre  yanquis  y  panameños  l'ou  mo- 
tivo de  las  Aduanas. 


El  15  de  Enero  de  1904  se  reunió  la  Asamblea  Constituyente 
de  Panamá,  Ante  ella  dio  cuenta  de  s\i  gestión  la  Junta  de  Go- 
bierno proviáíonal,  y  entre  otros  datos  hizo  constar  que  los  in- 
gresos eran  muy  inferiores  á  los  gastas.  La  aprobación  del  tra- 
tado Hay -Varilla  se  imponía,  pues,  como  condición  indispensa- 
ble para  que  el  nuevo  Estado  pudiera  vivir,  Sin  los  millones  de 
los  yanquis  no  habría  República  de  Panamá,  Sin  ellos  y  sin  el 
concurso  de  la  Compañía  del  canal  tampoco  se  hubiera  procla- 
mado la  independencia.  Segán  las  informaciones  del  Worid,  de 
Nueva  York,  un  Sindicato,  dirigido  por  Mr,  Varilla,  propov- 
GÍonó  bastantes  miles  de  pesos  para  ganar  adeptos  en  el  istmo. 
Ese  Sindicato  fué  el  que  hijso  entrar  en  el  negocio  á  importan* 
tes  personalidades  de  Norte  América,  y  el  tal  negocio  parece 
que  empezó  con  muy  buenos  auspicias,  pues  su  primer  efecto» 
la  consecuencia  inmediata,  fué  que  las  acciones  de  la  Compa- 
ñía subieran  desde  67  á  115. 


V^,  JL/XI   ^'«f£»%  BlJ6PAAOA]f:C^lCA3íf«« 


^ ^Mf.*J¡,zrJf  <w:  «3  S«ia¿o  TjiXiqT:í  1*  ái^'o&iójí  sobre  •!  ir»iA¿« 

«i  *:l  iLififi*/,  'í*  Píirj«mi.  Un-)  ^*:\o^,  ^n^áons.  el  Sr.  Cant»?k, 
t*¿y<f  ;a  ^Mf:nTf*iX^*úii,  d*  4ií>cír  o-:e  Pana  mi  era  cun  r^cir-  acono 
*r^  ;*  '>*>v5';r;';ái/J  'Je  la  n-xhe*.  j  oüe  e!  eneendraáor  del  aivorto 
fi**f/¿A  ^íd'>  K^K^íevelt.  CTjva  derAteritada  política  r-seie  eoan- 
prorijeVrr  al  f/aj*  «i  j^oerras,  no  sólo  con  los  hispanoamericanos, 
♦íftoeofj  nacíonev  e'iro.-.eaíf.  Otro  Senador.  Morcan,  consideraba 
n^>%uo  íjfja  verjrueri2M.  <|ne  el  Gobierno  de  los  Estados  "Unidos  se 
rebajara  ¿  tnit^r  con  la  Compañía  francesa,  y  propuso  que  se 
abriera  el  cana]  por  Nícaragna.  El  Sr.  -Scott  pidió  que  se  nom- 
brara tina  Comisión  técnica  para  estadiar  el  trazado  del  canal, 
con  t'jne),  por  la  vía  de  San  Blas,  al  Este  del  Colón-Panamá; 
dicho  .Senador  era  contrarío  á  todo  canal,  y  trataba  así  de  crear 
djfícuUadei»  y  aplazar  resoluciones. 

Fuera  de  la  Cámara  también  se  oían  protestas  contra  la  con- 
ducta deJ  Gobierno,  Los  Catedráticos  de  la  Universidad  de  Yale, 
en  Vew-Tíaven,  enviaban  exposiciones  pidiendo  que  el  canal  se 
fiíciííia  cjí  condiciones  honrosas  para  los  Estados  Unidos,  y  que 
no  s*;  ii*tíj;ns(',  justicia  á  los  que  carecen  de  medios  de  fuerza  para 
fixi^/ívln.  Un  gran  núclí-o  de  opinión  quería  que  á  todo  tráncese 
evitase  la  (guerra  con  Colombia.  Que  se  indemnice  á  esta  Repú- 
blica exclamaban—  por  el  peijuicio  que  la  hemos  causado  pri^ 
vandola  ílel  canal,  pero  que  no  se  dé  el  esjjectáculo  de  esa  gue- 
ira,  «íjiie  nos  deshonrará  ante  el  mundo  civilizado». 

Kn  cuanto  á  Colombia,  rechazadas  todas  las  soluciones  de 
concordia  que  propuso  el  General  Jueyes,  estaba  ya  en  el  caso 
de  dol)legarsej  con  indemnización  ó  sin  ella,  á  la  voluntad  im- 
pei'iosa  de  Roosevelt,  ó  de  lanzar  al  istmo  numerosas  partidas 
de  guerrilleros  que  no  dejaran  un  momento  de  sosiego  á  pana- 
meños y  yanquis. 

Kntrotanto,  la  nueva  República  de  Panamá  iba  viviendo  y 
la  reconocían  todos  los  Estados,  incluso  España.  Su  Presidente 


PANAMÁ    V    «¡L    CANAL    ÍNTKI10<!KÁNIC0  12M 


\ ^ 

fué  D.  Mannel  Amador  Guerrero,  que  formó  Gabinete  con  cua- 
tro Ministros  (Interior  y  Asuntos  extranjeros»  Hacienda^  Jus- 
ticia ó  Instrnccíón  publica^  Obras  públicas),  No  hay  Ministro 
do  la  Guerra,  porqae  no  hay  Ejército;  la  fueríía  armada  se  re- 
ducirá aun  Cuerpo  de  Policía  con  100  hombres.  Y  no  hay  Ejér- 
cito porque  no  es  necesario,  pues  A  propuesta  del  mismo  señor 
Amador  la  Asamblea  Constituyente  aprobó  un  articulo  de  la 
Constitución  facultando  al  Gobierno  de  Wásbington  para  inter- 
venir siempre  que  fuer©  preciso  restablecer  el  orden.  El  Ejército 
de  Panamá  es,  pues,  el  Ejército  yanqui. 

Según  plantilla  hecha  por  el  Fresídentej  el  total  de  funcio- 
narios de  la  Adrainistraeión  panameña  no  pasa  de  80.  Esto  mo- 
tivó vivas  protestas,  porque  los  aspirantes  á  destinos  públicos 
eran  muchos  más.  Pero  había  que  economizar,  pues  desde  el 
3  de  Noviembre,  ó  sea  desde  el  día  de  la  independencia,  hasta 
el  17  de  Febrero^  en  que  entró  en  funciones  el  Presidente,  se 
habían  gastado  ya  700,000  pesos  oro,  y  las  ingresos  no  llegaban 
á  la  mitad  de  esta  suma. 

El  25  de  Febrero  el  Senado  de  Washington  aprobó  el  tratado 
Hay-Yarilla  por  66  votos  contra  14^  y  contando  los  adheridos 
después,  por  72  contra  17. 

Votaron  en  pro  muchos  Senadores  demócratas  que  habían 
hablado  en  contra,  porque  todo  lo  subordinaron  á  la  conve- 
niencia  de  tener  canaL  Y  como  ©1  Presidente  sostenía  firme- 
mente  su  propósito  de  abrir  el  canal  por  Panamá,  fué  preciso 
someterse  á  la  voluntad  de  Mr.  Roosevelt.  Inmediataraente  se 
nombró  el  personal  que  había  deformarla  Comisión  encargada 
de  dirigir  las  obras. 

Y  empeííaron  las  verdaderas  dificultades.  Hacen  falta  para 
construir  el  canal  muchos  millones.  Los  yanquis  disponen  de 
ellos.  Pero  no  bastan  millones,  se  necesitan  hombres.  Para  ter- 
minar las  obras  en  diez  ó  doce  años,  teniendo  en  cuenta  los 
efectos  de  aquel  clima  en  el  organismo  humano»  son  menester 

9 


130 


LOS    f URBLQS  títSPANOAMJSRICANOS 


40.00(J  braceros.  ¿Dónde  eatán?  Se  encontrarán,  probablemente, 
pagando  primas  y  jornales  y  sueldos  espléndidos;  pero  será 
preciso  elevar  al  triple  ó  al  cuádruple  lo  presupuesto  para  tra- 
bajos, y  cuando  el  canal  se  termine  y  entre  en  explotación,  sus 
rendimientos  significarán  un  beneficio  irrisorio  para  el  enorme 
capital  empleado. 

El  fracaso  financiero  puede  aún  ser  muobo  mayor  si  prospe- 
ran proyectos  de  que  aliora  vuelve  á  hablarse  para  abrir  canal 
por  otra  parte,  como  el  ideado  entre  el  golfo  de  San  Blas  y  la 
costa  del  Pacífico^  frente  al  archipiélago  de  las  Perlas*  £3  la 
parte  más  estrecha  del  istmo,  y  según  los  patrocinadores  del 
proyecto  ptiede  construirse  en  dos  años,  con  un  gasto  de  100 
millones  de  pesos,  Sería  canal  á  nivel,  que  podría  pasarse  en 
cinco  horas.  Allí  todo  es  roca  y  no  haj'  que  dragar.  Todo  se 
haría  á  fuerza  de  barreno,  dejando  un  túnel  de  unos  10  kiló- 
metros. 

Hay  otro  proyecto  de  canal  por  el  Atrato,  también  en  parta 
antiguo.  El  Comandante  Selfridge  proponía  que  ©1  canal  se  di- 
rigiese normalmente  al  Pacífico  por  el  valle  del  Napipi:  hoy  se 
trata  de  reducir  la  obra  de  excavación  y  de  internar  más  el 
canal  en  Colombia.  El  canal,  propiamente  dicho,  se  abriría 
entre  el  río  Atrato  y  el  San  Juan,  que  desemboca  en  el  Pací- 
fico cerca  y  al  NO-  de  la  bahía  del  Chocó. 

En  los  últimos  días  de  4bril  quedó  firmada  la  escritura  del 
traspaso  de  los  derechos  y  propiedades  de  la  Compañía  francesa 
de  Panamá  á  los  Estados  Unidos.  Esta  cesión  valió  á  los  fran- 
ceses 40  millones  de  pesos;  mucho  menos,  acaso  la  séptima  ú 
octava  parte,  dé  lo  que  el  ahorro  francés  comprometió  en  el 
negocio  de  Panamá. 


A  mediados  de  año  surgió  un  con  nieto  entre  yanquis  y  pa* 
ñámenos.  Considerándose  aquéllos  como  soberanos  de  la  sena 
que  compraron  para  la  construcción  y  explotación  del  canal, 
establecieron  en  ella  Aduanas,  aplicaban  su  arancel  y  disponían 


PANAMÁ   Y   BL   CANAL    iNTEROClflÁKíCQ 


131 


á  au  arbitrio  del  tráfico  en  los  puertos  de  Panamá  y  Colón,  con 
grave  perjuicio  para  los  intereses  comerciales  y  fínancieros  de 
la  nueva  Bepública,  cuyo  G-obierno  no  pudo  por  menos  de  bacer 
llegar  su  respetuosa  protesta  al  de  Washington,  Si  se  bacía 
caso  omiso  de  ella^  la  Hepúblioa  de  Panamá,  perdidos  los  me- 
jores ingresos  de  su  Hacienda,  y  puesto  su  comercio  á  merced 
de  las  autoridades  yanquis,  no  podría  vivir  y  forzoso  le  sería 
pedir  la  anexión  á  los  Estados  Unidos, 

La  cuestión  no  se  resolvió  del  todo  mal  para  los  panameños» 
gracias  á  la  benevolencia  relativa  de  Roosevelt,  Empezó  éste 
por  enviarles  á  su  Ministro  de  la  Guerra  Taft  para  ir  tranquili- 
zando los  ánimos,  Después  no  puso  inconveniente  en  que  se 
prescindiese  del  arnncel  yanqui  en  la  zona  del  canal.  Los  ar- 
tículos que  llegan  al  istmo,  aunque  desembarquen  en  los  pner* 
tos  habilitados  por  los  yanquis  en  su  zona,  es  deoir^  en  Ancón 
y  Cristóbal^  pagarán  derechos  arancelarios  y  consulares  á  la 
Bepublica  de  Panamá.  Pero  ésta  reducirá  sus  tarifas,  y  además 
consiente  que  caigan  bajo  la  férula  de  la  Administración  yanqni 
los  artículos  destinados  á  todo  cuanto  se  relacione  con  la  cons- 
trucción del  canal. 

Claro  es  que  este  y  cualquier  otro  convenio  con  el  Gobierno 
indígena  de  Panamá  ha  de  durar  el  tiempo  que  convenga  á  los 
yanquis,  y  no  ha  de  ser  difícil  que  encuentren  pretexto,  y  aun 
razón,  para  proceder  como  mejor  les  cuadre.  Hay  mu cbos  sepa- 
ratistas ya  desengañados,  unos  porque  ven  con  disgusto  el  pre- 
dominio de  los  norteamericanos,  otros  por  codicias  personales 
mal  satisfechas.  Esto  es  muy  peligroso  en  un  pueblo  qne  em- 
pieza á  vivir  con  pujos  de  independencia  y  sin  medios  ni  con- 
diciones para  gozarla,  y  no  sería  extraño  que  un  movimiento 
revolucionario  provocase  acción  más  directa  aún  por  parte  de 
los  compradores  de  Panamá.  A  En  de  1904  había  ya  cierta  ti- 
rantez de  relaciones  entre  los  Poderes  públicos  y  el  elemento 
militar,  » 


132 


LOS    PUEBLOS   HISPA  NO  AMBUIOANOB 


II 


Los  escudos  de  la  Repábüca  de  PunainA  y  de  ln  ZonA  del  Oaoftl. —Los  Anexio- 
nistas.—I^a  Üebre  iLmarílla.  —  Lafi  obras  del  canal:  deacoiiflanxa»  y  di* 
Acuitado*.  — La  recluta  de  braceros.  -La  trampa  del  siplo.— Loa  trabajos 
de  saneamiento.— Persistencia  ile  U  crisis  obrera.— La  alocucldu  del  Pre- 
81  de  uto  de  la  Repáliüca. 


Un  sable  y  nn  tiusil,  un  pico  y  una  pala,  nn  cuerno  de  la 
abundancia  y  una  rosa  con  alas;  todo  esto  figura  en  el  flamante 
escudo  de  la  nueva  República  de  Panamá.  Símbolo  son  las  ar- 
mas, sin  dada,  de  los  esfuerzos  bélicos  que  se  proponían  hacer 
los  panameños  para  defender  su  independencia;  los  instrumen- 
tos de  trabajo  aluden  á  las  obras  que  se  ejecatan  para  abrir  el 
canal;  el  cuerno  y  la  flor  alada  presagian  días  de  riqueza  y  de 
florecimiento  para  ese  pequeño  Estado  en  que  se  forjan  la  ilusión 
de  vivir  independientes  loa  colombianos  de  Panamá.  Mas  son 
sus  amos  los  3'anquÍSí  y  sólo  á  ellos  deben  ahora  independencia^ 
y  deberán  acaso  en  lo  porvenir  canal  y  prosperidad;  sobre  aquel 
escudo  ondea  de  hecho  la  bandera  rayada  y  estrellada. 

También  los  yanquis,  considerando  como  un  pequeño  Es- 
tado la  zona  del  canal  que  compraron,  la  proveen  do  su  corres- 
pondiente escudo  de  armas.  En  pleno  país  de  lengua  española 
ejercen  soberanía,  y  para  que  no  haya  lugar  á  duda,  rodean  el 
escudo  con  inscripciones  en  lengua  inglesa.  Sobre  un  galeón 
que  navega  á  velas  desplegadas  entre  dos  altos  acantilados  se 
lee;  i^Grovernment  of  the  canal  aone>;  debajo:  <tThe  Earth  di- 
vided,  the  World  united»  (La  Tierra  dividida»  el  Mundo  unido\ 

Posible  es  que  este  escudo  substituya  pronto  al  de  la  Repú- 
blica de  Panamá.  Un  Diputado  yanqui  presentó  á  su  Congreso 
!a  proposición  siguiente;  ^'Teniendo  en  cuenta  que  con  ello  ha* 
brían  de  resultar  altamente  benefíciados  los  más  legítimos  in- 
tereses del  mundo,  y  en  especial  los  de  las  dos  partes  contra- 


fiíAMÁ   T  BL    O  ANAL.    INTIflHOCEÁNIOO  138 


tantes,  se  rue^fi.  al  Presidente  de  la  República  que  conmnique 
al  Congreso  bajo  qué  condiciones  puede  ser  anexionado  á  los 
Eíjtados  Unidos  el  territorio  de  la  República  de  Panamá^  de- 
biendo quedar  los  habitantes  del  mismo  en  posesión  de  todos 
los  derechos,  privilegios  é  inmnnidades  que  la  Constitución 
federal  garantiza  á  todos  los  ciudadanos». 

Todo  es  cuestión  de  oportunidad,  y  seguramente  no  han  de 
encontrarlos  yanquis  grandes  dificultades  entre  los  paname- 
ños para  decidir  la  anexión.  Peor  enemigo  es  el  mosquito  de  la 
fiebre  amarilla.  No» será,  ciertamente,  obstáculo  para  hacer  de 
Panamá  u\\  Estado^  un  territorio  ó  una  colonia  yanqui;  pero  si 
para  activar  las  obras  del  canal*  En  las  épocas  en  que  la  terri- 
ble peste  cunde,  el  piinico  es  general,  é  ingenieros,  capataces  y 
obreros  se  niegan  &  trabajar.  Extraño  es  que  esos  yanquis,  que 
tan  fácilmente  extirparon  el  mal  en  Cuba,  no  consigan  análogo 
resultado  en  sus  propios  territorios^  en  la  Zona  del  Canal  y  en 
Nueva  Orleans. 

LlegíS  el  año  )ik)b  y  el  asunto  del  canal  era  un  verdadero 
embrollo;  nadie  sabía  á  qué  atenerse.  La  Oom.isión  técnica  nom- 
brada por  el  Gobierno  yanqui  había  propuesto  un  canal  á  nivel 
de  45*72  metros  de  ancho  y  10' 66  de  profundidad;  calculaba  los 
gastos  en  235  millonea  de  dólares  j  la  duración  de  los  trabajos 
en  diez  ó  doce  años.  Pero  ese  proyecto  aún  no  se  daba  como 
acuerdo  definitivo/ 

Los  que  tienen  fe  ciega  en  la  omnipotencia  de  los  yanquis 
no  dudan  que  el  canal  se  hará.  Los  desconfiados— que  son  mu- 
chos, y  entre  ellos  el  Times  de  Nueva  York, — hacían  notar  que 
la  confusión  á  que  dio  lugar  el  vacilante  progreso  de  la  obra 
del  cHual  desde  que  la  gente  de  Lesseps  introdujo  la  primera 
pala  en  aquel  cenagoso  suelo,  continúa  y  crece  sin  cesar  con 
la  aparición  de  nuevas  dudas  y  dificultades. 

Con  esclusas  6  sin  ellas — dicen — el  canal  habría  de  costar 
muchos  millones  más  de  los  que  se  presuponen;  pero  ni  éstos 


tal  ve^  UegHráii  á  invertirse^  porque  autes  se  demostrará  prác- 
ticamente que  la  obra  es  imposible,  o  por  lo  menos  qae  el  pro- 
blema del  Ohagres  no  puede  resolverse  sino  gastando  suinaa 
fabulosas. 

Una  de  las  mayores  difícultades  para  la  constrocción  es  la 
recluta  de  braceros,  Se  necesitan  muchos  hombres,  y  hombres 
bien  resueltos  ¿jugarse  la  vida  en  un  país  de  clima  tan  mor- 
tífero, cuyas  morbosas  influencias  alcanzan  máximo  grado 
sobre  gentes  que  trabajan  en  el  campo  y  en  el  bosque  remo- 
viendo tierras  pantanosas,  y  expuestas^  por  consiguiente,  á 
todos  los  peligros  de  aquella  inclemente  naturaleza.  Comprén- 
dese, pues»  que  la  cuestión  de  braceros  vaya  tomando  da  día 
eu  día  aspecto  más  grave  y  pueda  ser  causa  de  conflictos  como 
el  que  ocurrió  á  principios  de  Octubre  de  IÍX)5. 

Los  yanquis  habían  contratado  650  hombres^  que,  proceden- 
tes de  la  isla  Martinica,  llegaron  á  Colón  el  1*°  del  citado  raes. 
Durante  la  travesía  y  al  arribar  al  puerto  los  obreros  procura- 
ron informarse  de  las  verdaderas  condiciones  en  que  iban  á 
realizar  el  trabajo,  y  tales  fueron  los  informes,  que  se  negaroa 
rotundamente  á  desembarcar^  alegando  que  se  les  había  eogft*' 
nado  y  que  no  estaban  dispuestos  a  ser  victimas  de  la  fiebre 
amarilla  y  de  la  peste.  Se  pudo,  con  amenassas  ó  con  [íroroesas, 
convencer  á  unos  500;  pero  el  resto  persistió  en  su  actitud»  k 
pesar  de  las  excitaciones  del  mismo  Cónsul  de  Francia,  Se  pre- 
sentó á  bordo  la  policía  del  canal  y  de  Panamá,  y  los  obreros  se 
cruzaron  de  brazos  ante  los  fusiles  de  los  agentes,  declarando 
que  preferían  morir  asesinados  antes  que  descender  á  tierra* 
Se  les  dio  plazo  de  dos  horas  para  que  reflexionasen;  transen* 
rridaSy  insistieron  en  su  propósito,  y  la  policía  yanqui-pana- 
meña cayó  garrote  en  mano  sobre  aquellos  desgraciados,  que 
llevaban  ya  más  de  veinticuatro  horas  sin  comer,  porque  éste 
fué  uno  de  los  medios  á  que  se  apeló  para  someterlos.  Ni  uno 
solo  de  los  150  hombres  se  libró  de  la  feroz  paliza;  todos  que- 
daron más  ó  menos  heridos  ó  lesionados.  Pespués,  como  sifué- 


PANAMÁ   Y  EL  CANAL  INTBBOCBÁNICO 


135 


lan  bestias,  los  hacinaron  en  vagones  del  ferrocarril  y  ios  ex- 
pidieron á  los  talleres  del  Corozal,  donde  en  el  acto  se  les  obligó 
á  trabajar. 

Subditos  franceses  de  la  Martinica,  negros  ó  blancos,  que 
lo  mismo  da,  eran^  pnes,  tratados  como  esclavos,  con  asen- 
timiento, al  parecer,  del  Cónsul  francés.  No  hay  que  decir  que 
la  prensa  de  la  vecina  República  protestó  contra  la  condncta 
del  representante  de  Francia  3'  contra  los  procedimientos  de  las 
autoridades  ó  funcionarios  de  la  Empresa  del  canal,  que  con- 
vierte el  contrato  de  trabajo  en  pacto  de  esclavitud.  El  Panamá 
yanqui  lleva  camino  de  ser  má8  fecundo  en  escándalos  que  el 
famoso  Panamá  francés. 

Contribuye  así  la  caestión  del  canal  á  que  vayan  perdiendo 
prestigio  en  América  los  yanquis.  Creyeron  muchos  que  desde 
el  instante  en  qne  Panamá  cayó  en  poder  de  éstos  iba  á  ser 
obra  sencilla  y  rápida  la  construcción  de  aquel.  Mas  ahora  se 
ve  que  las  dificultades  se  suceden  unas  á  otras,  y  en  los  mis- 
mos Estados  Unidos  se  pone  ya  en  duda  la  posibilidad  de  tal 
empresa.  El  himibutfj  el  fraude,  la  trampa  del  siglo»  la  deno- 
minan muchos.  Hay  quien  hace  el  cálculo  del  tiempo  que  se 
necesitará  para  dar  fin  á  la  obra,  y  lo  fija  en  ¡ciento  diez  añosí 
Lo  que  se  construye  en  Panamá  no  es  un  canal,  son  sepultaras 
destinadas  á  los  incautos  ó  los  hambrientos  que  se  contratan 
para  trabajar  en  aquellas  tierras.  Caando  Roosevelt  deje  el 
Poder — escribe  El  Progreso  Latino ^  de  México — ,  su  sucesor » 
que  no  tendrá  motivos  especiales  para  encapricharse  con  la 
idea  del  canal  interoceánico,  se  verá  en  la  necesidad  de  decir  al 
mundo:  f  Seño  res,  ustedes  dispensen^  nos  equivocamos  y  ahí 
queda  eso?v.  Y  eso  serán  los  millones  tirados  en  Panamá,  un  an- 
drajo de  Repáblica  partida  por  el  eje  con  la  zona  del  canal, 
que  vive  precariamente,  y  el  crédito  de  los  yanquis  hundido  en 
las  turbias  aguas  del  río  Ghagres. 

Y  com^o  ya  se  va  generalizando  la  idea  del  probable  nuevo 
fracaso  de  Panamá,  vuelve  á  pensarse  en  el  canal  de  Nicaragua, 


y  hay  runo  ores  de  un  acuerdo  anglo-japonós  para  oonstnürlo. 
Inglaterra  pondrá  el  capital;  Japón  los  obreros.  Loa  que  mane- 
jaron el  fusil  en  la  Manchuria  irán  á  trabajar  con  el  azaddn  y 
el  pico  en  las  tierras  centroamericanas. 

Entretanto,  las  obras  del  canal  van  despacio.  La  insalubri- 
dad de  aquellas  tierras  preocupa  cada  vez  má^  á  los  yanquis. 
La  viruela  y  la  tiebre  amarilla  ó  palúdica  cansan  numerosas 
víctimas,  y  los  operarios  negros»  á  quienes  cuando  caen  enfer- 
mos se  trata  como  si  Ineran  bestias,  abandonan  los  trabajos  y 
bnyen  del  país.  Ahora  hay  que  sanear  á  todo  trance,  aunque 
sea  haciendo  arder  ciudades:  á  las  brigadas  sanitarias  so  atri- 
buyeron los  incendios  que  hubo  en  Panamá  á  principios  de  1906. 
Seguían  discutiéndose  las  condiciones  técnicas  del  canal.  £1 
Presidente  de  los  yanquis  es  partidario  del  canal  con  esclusas, 
de  acuerdo  con  la  mayoría  de  los  Ingenieros  constructores.  Re- 
comienda un  canal  cerrado  de  B5  pies  de  ancho,  porque  así  cos- 
tará la  mitad  de  lo  que  habría  que  gastar  si  se  hiciera  al  nivel 
del  mar  y  se  invertirá  mucho  menos  tiempo  en  la  construcción. 
La  falta  de  braceros^  las  ñebres,  la  mala  fe  y  la  inmoralidad 
de  los  funcionarios  yanquis,  todo  contribuye  á  que  las  dificul- 
tades aumenten.  Se  han  gastado  ya  muchos  millones  de  dólares, 
y  las  cosas  siguen  casi  como  estaban  en  los  días  en  que  se  pro- 
clamo la  independencia  de  Panamá. 

Ni  las  medidas  sanitarias  dan  hasta  aliora  los  resultados  que 
se  esperaban,  Como  acertadamente  escribía  un  periódico  mexi- 
cano, exterminar  los  millones  de  mosquitos  que  generan  la  fie- 
bre amarilla  y  las  demás  enfermedades  palúdicas,  desecar  los 
pantanos,  acabar  con  los  animales  ponzoñosos,  etc.,  puede  pare- 
cercosa  fácil  á  quien  recibe  comisiones  y  despacha  mensajes  en 
la  Casa  Blanca  6  discute  tranquilamente  en  las  alturas  del  Capi* 
tolio;  pero  no  á  quien  lucha  cuer]>o  acuerpo  con  el  sinnúmero  de 
plagas  y  calamidades  que  hacen  de  Panamá  mortífero  país  y 
suelo  inhospitalario,  para  quien  llega  de  otras  latitudes  hecho  á 
otra  temperatura  y  á  condiciones  geográíicas  muy  diferentes. 


En  Noviembre,  anles  de  ir  á  Puerto  Rico,  Mr.  Roosevelt 
dióse  UTJ  paseo  por  lo  que  ha  de  ser— si  llega  á  serlo- canal ^ 
interoceánico  de  Panamá,  Ko  hay  que  decir  la  acogida  que  le 
hicieron  el  Presidente  y  los  altos  funcionarios  de  esa  Bepiiblica, 
que  nació  y  subsiste  gracias  á  la  buena  voluntad  de  aquél,  No 
como  nn  rey,  como  un  dios  luó  de  Colón  á  Panamá  y  volvió 
desde  el  Pacífico  al  Atlántico, 

Dos  años  hace  que  los  yanquis  tomaron  la  dirección  de  los 
trabajos  del  canal.  Se  han  gastado  ya  algunos  millones  do 
pesos,  pero  se  adelanta  poco.  En  la  época  en  que  allí  estu 
Rooseveit  trabajaban  unos  23.00íJ  obreros:  americanos  blancos 
en  escaso  número,  muchos  negros,  chinos  y  japoneses,  algunos 
italianos  y  españoles;  éstos,  en  su  mayoría  gallegos  y  vizcaí- 
noS|  son  los  que  más  trabajan  y  cnás  resisten. 

Pera  ^Cf  bastan  los  trabajadores  que  hay;  la  cifra  de  las 
bnjas  es  enorme,  no  se  renueva  suücientexnente  el  personal  y  la 
crisis  obrera  persiste*  Llegan  al  istmo  de  vez  en  cuando  carga- 
mentos de  braceros,  y  casi  siempre  hay  que  desera-barcarlos 
con  gran  aparato  de  fuerza  armada.  Durante  la  travesía  sufren 
pésimo  trato,  quieren  después  exigir  responsabilidades  y  piden 
garantías  de  que  una  vez  en  tierra  se  cumplirá  lo  convenido, 
Pero  nadie  les  atiende  ni  hace  justicia,  y  la  policía  yanqui-pa- 
nameña  se  encarga  de  conducirlos  á  palos  y  culatazos  si  es  pre- 
ciso á  los  lugares  en  que  han  de  trabajar. 

Tales  van  siendo  las  dificultades  que  se  encuentran  para  re- 
clutar  el  personal  jjecesario  en  esas  obras,  que  los  agentes  de 
emigración  en  Europa  al  servicio  de  la  Empresa  del  canal  se 
comprometen  á  trasladar  gratuitamente  emigrantes  trabajado- 
res, Basta  leer  las  planas  de  anuncios  de  los  grandes  peinódicos 
de  España:  30,  10,  50  duros  cu^-ita  el  transporte  á  Chile,  Argen- 
tina, Cuba,  México;  á  Panamá,  gratis. 


Se  ha  cumplido,  en  los  primeros  días  de  Noviembre  de  líOí, 
el  tercer  aniversario  de  la  proclamación  de  la  República  de  Pa- 


138  LOS   PUEBLOS  HISPANOAMERICANOS 

namá.  El  Presidente  dirigió  una  alocución  á  sus  conciudadanos 
congratulándose  de  haber  logrado,  tras  larga  y  dolor  osa  expe- 
riencia, la  consolidación  del  gobierno  autónomo. 

Sin  embargo,  el  Sr.  Amador  Guerrero  no  parece  muy  sa- 
tisfecho, pues  declara  que  aún  no  están  realizadas  todas  las 
aspiraciones  de  los  panameños,  y  deja  para  lo  porvenir  el  cum- 
plimiento del  ideal  de  concordia  en  que  su  Gobierno  se  inspira. 
Deber  de  todos — dice — es  consagrarse  sin  reservas  á  la  gloria 
de  la  nación,  á  su  prosperidad  y  á  su  grandeza.  Nada  de  ambi- 
ción personal;  todo  hay  que  sacrificarlo  al  bienestar  de  la  Pa- 
tria, prescindiendo  de  pasiones  y  de  intereses  mezquinos. 


COLOMBIA 


La  presidencia  del  Oeneral  D*  Bufael  Beyes.— Situación  del  paí^.— Lor  pw- 
tidarios  de  la  federación,— El  Mensaje  de  MaiToquín.— Pi'opósítüB  concí- 
Ijadores  del  uaevo  Preí%ideute.^Disposicione«í  adoptadas  para  aílauzar  la 
paí  interior.— Poli ticft  exterior,— Traiad o  de  arbitraje  sobre  limiten  entr© 
Colombia  y  Ecuador,— La  obra  de  Reyes  en  loa  pHmeros  meses  de  su  ad- 
mlnletración.—Conñicto  con  Francia  con  motivo  de  las  iiccionea  del  canul 
d6  Panamá  depositadas  en  las  cajaá  de  la  Compañía.- La  Deuda  colombiana. 


El  2  de  Febrero  de  1904,  en  reuBión  del  Colegio  Electoral  en 
Bogotá,  faé  designado  para  la  Presidencia  de  la  República  de 
Colombia  el  General  D,  Rafael  Reyes.